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Motemei



El motemei (mote maíz) es un tipo de mote, como el mote de trigo, pero hecho de maíz. Los moteros de antaño, de tanto gritar «mote de maíz» (y sin saber modular), acabaron bautizando este grano como motemei (aunque el nombre correcto es Mote Maíz).[1]

El origen del nombre «motemei» procede de la transformación del término maíz, que al grito del pregón popular fue cambiando con el tiempo por el conocido mei.[2]

Los quechuas llamaban al maíz hervido con el nombre de «mot’e» o «mut’i», mientras que los mapuches usaron el término «muthi» o «muti» para el maíz y el trigo cocido. El motemei es por tanto «mote de maíz».

La preparación del producto es un proceso largo, llegando a tardar cerca de 9 horas y parte con la cocción de los granos de maíz en abundante agua con cenizas (lejía) para que bote el hollejo y quede pelado. Después se lava, se frota, se saca el carboncillo y ya limpio parte la segunda cocción hasta que está listo para poner en la canasta.[3]

El «motero» o «motemei» es un personaje característico y muy popular como comerciante callejero. Tradicionalmente era un individuo que vivía en las afueras de la ciudad y hacía su entrada especialmente en las noches de otoño e invierno, con un canasto colgando del brazo, cuyo contenido iba cubierto por albos paños que resguardaban el calor del mote de maíz.

Este personaje llevaba un farol de confección casera con una vela en su interior para iluminar su camino. Su pregón era el siguiente: «¡Mote'e mei, pelao el meyo, calentitoooo!», grito con el cual el motemei anunciaba su producto.[4]

Carlos Martínez Becerra es conocido como el último motemei de Valparaiso', un oficio que fue declarado Patrimonio Intangible de la ciudad de Valparaíso, Chile.[5]​ Durante más de 40 años siguió el mismo recorrido que le enseñó su abuelo. El lunes salía a Playa Ancha, el martes al cerro Los Placeres, el miércoles a Cerro Alegre y Concepción, el jueves por Recreo y Viña del Mar, y el viernes las partes bajas de cada sector. Esta ruta la heredó junto con la receta. Aún existe un motemei en Rancagua el último que queda en la ciudad llamado Carlos Garrido Riquelme de 60 años, con más de 45 años vendiendo motemei y que lo sigue vendiendo actualmente, oficio que heredo de su padre que le enseñó todo lo que sabe a la edad de 10 años cuando él salía a vender el producto junto con su progenitor.



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