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Noche de los Lápices



Se conoce como la Noche de los Lápices en Argentina[nota 1]​ a una serie de secuestros y asesinatos de estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores, en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. En total diez estudiantes secundarios fueron secuestrados por grupos de tareas de la dictadura gobernante, de los cuales seis fueron asesinados sin que sus restos se hallaran hasta la fecha: Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel A. Racero y Horacio Ungaro. Los cuatro sobrevivientes fueron Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler.

Este suceso, fue uno de los más conocidos entre los actos de represión cometidos por la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983), ya que los desaparecidos eran estudiantes, en su mayoría adolescentes menores de 18 años, que fueron torturados antes de ser asesinados. La CONADEP, estableció que la policía bonaerense había preparado un operativo de escarmiento para los que habían participado de la campaña por el boleto estudiantil, considerada por las Fuerzas Armadas como «subversión en las escuelas[1]​».

El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, en el Juicio a las Juntas. Además, Díaz participó de la creación del guion que llevó la historia al cine días antes de cumplirse una década de lo ocurrido, en el filme homónimo. Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.

Las víctimas fueron en su mayoría estudiantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), de la ciudad de La Plata. Esta agrupación, junto a otras escuelas habían reclamado en 1975 ante el Ministerio de Obras Públicas, el otorgamiento del boleto de autobús con descuento estudiantil.[2]

Esta circunstancia, junto al testimonio de uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, ha popularizado la hipótesis de que los secuestros hayan sido consecuencia directa de aquel reclamo. Sin embargo, otros sobrevivientes, como Emilce Moler[3]​, afirman que ese reclamo específico no tuvo ninguna incidencia en el episodio del 16 de septiembre.[4]​ Pablo Díaz afirmó que el boleto estudiantil, que habían conseguido los estudiantes secundarios en septiembre de 1975, fue suspendido en agosto de 1976 con la intención de detectar, mediante un trabajo de inteligencia, quiénes eran los líderes en cada escuela e ir a buscarlos. Al respecto, mencionó un documento hallado en la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires, titulado La Noche de los Lápices, firmado por el comisario general Alfredo Fernández,[5]​ en el que describía las acciones a realizar contra los estudiantes, a quienes se calificaba como «integrantes de un potencial semillero subversivo».[6]

Las órdenes de detención, habían sido libradas por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército[7]​ y llevaban las firmas de Fernández[8]​ y del coronel Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101. Lo más llamativo de las mismas es que, en todos los casos, se les asignó grado de peligrosidad mínimo a los estudiantes. Los secuestros fueron llevados a cabo por miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en aquel entonces por el general Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.[7]

Las víctimas fueron:[9][10]

Tras una semana de torturas, el 23 de septiembre, un grupo de detenidos dentro del cual se hallaban los estudiantes fue trasladado en al menos dos camiones celulares. El convoy se detuvo en la Brigada de Investigaciones de Banfield, en donde bajaron a un número de personas previa lectura de una lista en la que sus nombres figuraba. Casi todos continúan desaparecidos. El resto de los prisioneros siguió camino hasta el Pozo de Quilmes.[15]

Según la CONADEP, «los adolescentes secuestrados habrían sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5.ª, 8.ª y 9.ª de La Plata y 3.ª de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires».[16]​ Se presume que habrían sido fusilados a principios de enero de 1977.[7][15]

Artículo 1.º: Modifícase el artículo 1.º de la Ordenanza Municipal n.º 50.834, el que quedará redactado de la siguiente forma:
«Artículo 1.º: Se establece la fecha del 16 de septiembre, en conmemoración a "La Noche de los Lápices", como Día de los Derechos del Estudiante Secundario, el cual quedará incorporado al calendario escolar de cada ciclo lectivo».
Artículo 2.º: Comuníquese, etc.
Enrique Olivera
Miguel Orlando Grillo
Ley Nº 29
Sanción: 14/05/1998
Promulgación: Decreto Nº 1109/98 del 12/06/1998

En Bahía Blanca en 1995, se inauguró la Plaza de los Lápices, en la cual quedó emplazado un monumento[17]​ que consiste en seis placas de hormigón que recuerdan a los desaparecidos de aquella noche.[18]​ En 2013 se colocó una placa recordatoria en la Plaza Vera de La Plata para las víctimas, según una ordenanza municipal.[19]​ A su vez existe una placa homenaje a Claudio de Acha en la Escuela nº 111.[20]​ En 2014, se instaló en la esquina de las calles 1 y 58, una placa como piedra fundamental del monumento a la Lucha Estudiantil.[21]​ En la ciudad de Buenos Aires, alumnos docentes y padres en una votación de toda la comunidad escolar decidieron bautizar a la escuela 491 de Palermo como María Claudia Falcone,[22][23]​ también existe en su honor una escuela en la localidad de Presidente Derqui, en Pilar[24]​ y una escuela Polimodal en el partido de Tres de Febrero.[25]​ En La Plata, se inauguró el 16 de septiembre de 2016 el mural La Noche de los Lápices, ubicado en la biblioteca del Colegio Nacional Rafael Hernández de La Plata. Este mural fue realizado colectivamente por alumnos del colegio, y estudiantes y profesores de la facultad de Bellas Artes de la UNLP. Además, en dicha ciudad, la Municipalidad de La Plata colocó una baldosa por la memoria en la calle 56 entre 5 y 6, para señalar el lugar donde fueron secuestradas hace 35 años las estudiantes María Clara Ciocchini y María Claudia Falcone.[26]​ Una calle del barrio Bella Vista, de Puerto Madryn fue nombrada María Claudia Falcone.[27]​ también fue nombrado en su honor el Programa Nacional de Promoción de los Derechos Humanos, Claudia Falcone.[28]




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