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Obispado de Córdoba



La diócesis de Córdoba comprende la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía (España) y es sufragánea de la archidiócesis de Sevilla.

La diócesis de Córdoba se extendía por el norte hasta las orillas del Guadiana y al sur comprendía tan sólo una mínima parte de la campiña cordobesa, coincidente con el conventus romano. Fue evangelizada posiblemente desde los primeros momentos del cristianismo. Las primeras noticias históricas son de la segunda mitad del siglo III en las que aparece como sede episcopal. El primer obispo conocido, Osio, fue ordenado hacia 290, y luchó activamente contra el arrianismo y fue el principal impulsor del primer concilio de Nicea (325) en el que, por encargo del Emperador Constantino I el Grande, dirigió el desarrollo. Según algunos el Credo Niceno fue redactado por él; al menos se le debe atribuir la expresión homoúsios ("consustancial"). También participó en el de Sárdica (la actual Sofía, 341 o 343) que, como continuación del de Nicea, fue convocado por Julio I. La Iglesia ortodoxa y la Iglesia católica de rito oriental lo veneran como santo confesor, y celebran su fiesta el día 27 de agosto.

Tras las invasiones bárbaras, se construyen las primeras basílicas, que se convierten en mezquitas tras la invasión musulmana en 711. Hacia 785 no queda ninguna iglesia en el centro urbano y los edificios de culto cristiano estaban extramuros. La sucesión episcopal parece que se mantenía, según una crónica árabe de la segunda mitad del siglo XI. Además, en Córdoba hubo, en el siglo IX los primeros mártires de la persecución islámica anticristiana: Adolfo, Juan, Leocricia y Eulogio. En 891 fueron martirizados cerca de un millar de cristianos en Poley y en el siglo X se recuerdan los mártires Dulce, Pelagio, Argéntea y Vulfura.

Tras la reconquista por Fernando III el Santo en 1236 se establece una configuración territorial de la diócesis acomodándola a los límites del reino almohade de Córdoba, añadiendo los territorios de la antigua sede de Égabro parte de las de Astigi, Itálica y Elvira. La sede se convierte en sufragánea de la archidiócesis de Toledo. La antigua mezquita se convierte en Catedral de Santa María desde el momento de la ordenación episcopal de su primer obispo, Lope de Fitero, en 1238, a la vez que se crea el cabildo catedralicio.

En el siglo XIII pasa a depender de la archidiócesis de Sevilla. En 1464, Pedro de Córdoba y Solier fue el último obispo elegido por el cabildo.

Los concordatos con la Santa Sede de 1851 y 1953 supusieron ampliaciones o recortes en la delimitación de la diócesis.

Según el Anuario Pontificio de 2013,[3]​ la diócesis cordobesa contaba con:

En el curso 2017-18 se formaron 60 seminaristas mayores en la diócesis: 40 en el Seminario Mayor diocesano y 20 en el Seminario Redemptoris Mater local.[4]​ Además, se ordenaron dos nuevos sacerdotes[5]​.



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