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Pasillo (música)



Alta a fines del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX.

El pasillo es un género musical y danza folclórica autóctona de Colombia.[1][2]​ A fines del siglo XIX pasó de Colombia a Ecuador, Panamá y Venezuela donde se conoce como valse[3]​ y en Perú el pasillo proveniente de Ecuador goza de relativa popularidad, principalmente en el norte del país.[4]

Según el musicólogo Guillermo Abadía, "La denominación de “pasillo” como diminutivo (pequeño) de “paso” se dio justamente para indicar que la rutina planimétrica consta de pasos menudos. Así, si el “paso” corriente tiene un compás de 2/4 y una longitud de 80 centímetros, el “pasodoble” como marcha de infantería tiene un compás de 6/8 y una longitud de 68 a 70 centímetros. El “pasillo” es de 3/4 tiene una longitud de 25 a 35 centímetros"[5]

El pasillo surgió durante la época independentista en los Andes neogranadinos como aire y danza de la libertad, pues se originó como expresión de alegría en el momento de la independencia[6]​ en las primeras décadas del siglo XIX como una adaptación del vals austriaco, variación que determinó un cambio rítmico. El movimiento se hizo acelerado y hasta vertiginoso en su forma coreográfica. En Colombia y Ecuador recibió el nombre de pasillo y en Venezuela conservó el de valse.[5]​ La exigencia de su interpretación exigió una celeridad que puso en prueba a los bailarines más diestros y se convirtió en una “pieza de resistencia” en que un bailarín, después de tres o cuatro ejecuciones quedaba físicamente agotado. Era de rigor en los salones el uso del pañuelo en la mano para no impregnar de sudor a la dama, ya que se trataba, no de una danza suelta popular sino de un baile “cogido” en que la pareja estrechamente abrazada por la cintura debía girar velozmente muchas veces hasta provocar el vértigo; eran frecuentes los desmayos en estos saraos muy concurridos.[5]​ Llegó a ser un símbolo musical del mestizaje hispanoamericano.

Desde Panamá, que en ese tiempo era parte de Colombia y donde fue introducido por militares y altos funcionarios del gobierno colombiano para convertirse en la música preferida de la aristocracia urbana y rural del istmo, el pasillo se extendió a finales del siglo XIX hacia Centroamérica. Debido a la llegada de colonos panameños provenientes de la provincia de Chiriquí pasó hacia Costa Rica,[7]​ y de este último a Nicaragua y a El Salvador.[cita requerida]

Así mismo, desde Ecuador llegó a ser popularizado en Perú y otros países de Sudamérica .[5]

En sus inicios el pasillo era solamente instrumental y su ejecución se basaba en los tres instrumentos "básicos" de la música andina: bandola, tiple y guitarra a veces complementados con violín. Posteriormente aparece el pasillo vocal que incluye letras de gran contenido poético e incluso son poemas musicalizados como "Sombras", de la poeta mexicana Rosario Sansores y musicalizado por el ecuatoriano Carlos Brito; "Mis flores negras" poema del colombiano Julio Flórez cuya versión musicalizada se atribuye al ecuatoriano Carlos Amable Ortiz, y "Adoración" del ecuatoriano Genaro Castro musicalizado por el también ecuatoriano Enrique Ibáñez Mora.[8]

Básicamente existen dos tipos representativos de pasillo:[9]

Abadía también menciona una tercera modalidad: el pasillo coreográfico ahora en desuso y que era una variedad del pasillo fiestero para ser bailado con coreografías grupales.[5]

.Por lo tanto nadie puede se ejecutó en voz sola de trovador o, más usualmente, en la conjugación de las dos voces típicas, primo y segundo. Del mismo modo a como ocurrió en lo instrumental, el repertorio de canciones en aire de pasillo fue copiosísimo. El acompañamiento varió desde el habitual de los salones que era el piano, hasta el característico del ambiente popular que eran el tiple y la guitarra de los serenateros o bien la estudiantina o conjunto de cuerdas. En cuanto al tipo fiestero e instrumental se hizo tan popular que llegó a sobrepasar en número de composiciones al bambuco. Y "Si en los salones predominaba la ejecución al piano (y para el piano se escribió la inmensa mayoría de los pasillos signados) o las conjugaciones llamadas arpas y liras que asociaban violines y flautas al piano o a los cordóns populares, a veces asociados al laúd, en el ambiente puramente popular no se salía de los grupos de cuerdas llamados “estudiantinas”, con percusión de “chuchos” y “guaches” y más habitualmente para este caso especial de los pasillos, de “panderetas” y “cucharas”. En la ejecución instrumental del pasillo hoy se considera insustituible la percusión de “cucharas” que llenan su función de cencerros o, mejor aún, de castañuelas criollas; pero estas cucharas no van enfrentadas como las castañuelas por su cavidad, sino por el dorso. En los salones el pasillo instrumental, desde comienzos del siglo XIX (1800) hasta las tres primeras décadas del siglo XX (1930) se interpretaba con coreografías, modalidad que ahora solo se aprecia en las representaciones culturales"''[5]

En Colombia el pasillo es un ritmo que se encuentra en casi todas las zonas geográficas del país, con gran autenticidad folclórica en cada una de ellas, lo cual se refleja en el uso de su propia organología y tipos de danza. El pasillo tiene presencia no solo en toda la Región Andina sino en San Andrés y Providencia, Chocó y Mompós. En la Costa Caribe fue un ritmo popular a principios del siglo XX.[10]

Se interpreta con mandolina, tináfono y carrasca de burro.

Se ejecuta con chirimía chocoana. Modalidades: pasillo fiestero, clásico, parche y parche, cajoniao, barresala, rebolao, entre otros.

Se toca con diferentes instrumentos dependiendo de la región. En el departamento de Caldas, se encuentran las siguientes modalidades de pasillo: toriao, arriao, boliao, arrebatao, a lo desconfiao, sarandiao, a lo acostao y marcao.

Sus figuras y peculiares estilos fueron sufriendo una paulatina influencia de otros aires, pues al pasar a los estratos populares por curiosidad o por imitación que estos hacían, recibió la influencia del bambuco, haciéndose en la ejecución vocal más lento y cadencioso, adoptando calderones, hasta el punto de que en algunas interpretaciones resulte difícil afirmar que son aires de pasillo o de bambuco.[5]

En Aguadas, Caldas, desde 1990 se realiza el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, considerado Patrimonio cultural de la Nación según la Ley 983 del 12 de agosto de 2005.[11]

En Ecuador, el pasillo recibió a su vez la influencia del Sanjuanito y del yaraví, por ello el pasillo ecuatoriano es lento y melancólico, y solo permanece el pasillo de movimiento lento y tonalidad menor. En Ecuador el pasillo se convirtió en el símbolo musical de la nacionalidad. Según la investigadora Ketty Wong el pasillo ecuatoriano desde principios del siglo XX deja de ser un género festivo tocado en las retretas o en los salones y se vuelve canción que recita textos melancólicos y reflejan sentimientos de pérdida y de añoranza, hablan de la belleza de sus mujeres o expresan la valía de sus hombres y la nostalgia por el ser amado. Aunque existen además, textos que expresan admiración por los paisajes ecuatorianos, y muchas veces estos pasillos en honor de una región o ciudad son más conocidos que los propios himnos como es el caso del conocido "Guayaquil de mis amores" de Nicasio Safadi o "Alma Lojana" de Emiliano Ortega. Tal sentimiento evidencia un comportamiento fuertemente representativo de la nacionalidad ecuatoriana que acompaña el sentido abiertamente romántico de este género musical.

Wong señala que en Ecuador, "Debido a su capacidad de integrar y generar distintos significados entre distintos grupos sociales, étnicos y generacionales, el pasillo se ha convertido en la música nacional por excelencia".[12]

Es así que se puede hacer diferencia (aunque no muy marcada) entre el pasillo costeño, el pasillo lojano, el pasillo cuencano y otro quiteño. A partir de la segunda década del siglo XX, se han introducido al pasillo poemas de escritores ecuatorianos.

Su masificación se dio con las primeras grabaciones realizadas por el dueto "Ecuador" compuesto por Enrique Ibáñez Mora y Nicasio Safadi, pero tuvo su auge y tuvo apogeo internacional durante la carrera del cantante guayaquileño Julio Jaramillo, a quien se considera creador del pasillo rockolero y la actual música rockolera; cuya fecha de nacimiento, 1° de octubre, fue declarado como el Día del Pasillo Ecuatoriano mediante decreto ejecutivo 1.118 expedido en el gobierno de Sixto Durán Ballén.[13]​ Otros intérpretes y compositores de este género que caben mencionar son: Jorge Luis Valverde, Francisco Paredes Herrera, el "Príncipe del Pasillo ecuatoriano", quien musicalizó los pasillos destacados: Alma en los Labios, Rosario de Besos, Fatalidad y entre oros: Tu y Yo que ganó el premio Iberoamericano de la Canción en España en la década de los años 60. Enrique Espín Yépez, quien destacó por la interpretación del pasillo de difícil interpretación Reír Llorando, obra del compositor Carlos Amable Ortiz; otros compositores son Segundo Cueva Celi, Enrique Ibáñez Mora, Cristóbal Ojeda; entre los intérpretes destacados están: el guitarrista Homero Hidrovo, el pianista y guitarrista Segundo Bautista, el dúo Benítez-Valencia, los hermanos Miño Naranjo, Los Brillantes, los Hermanos Villamar, y en la actualidad Las Tres Marías, los hermanos Nuñez y Marcelo Reyes cantante Guayaquileño que desde los 8 años de edad canta pasillos para un público más joven ya que los jóvenes no aman lo que no conocen.

De las intérpretes femeninas del pasillo se destaca Carlota Jaramillo llamada "La Reina de la Canción Nacional" y "Reina del pasillo ecuatoriano".[14]

El pasillo en Panamá es considerado un baile de carácter popular o de salón. [15]​ Era cultivado generalmente en fiestas, eventos especiales, visitas diplomáticas y bailes de salón; teniendo su máximo desarrollo entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX.[16]​ Así se deduce de las reflexiones finales del músico Narciso Garay, insertas en su obra "Tradiciones y Cantares de Panamá" (1930), en las que menciona el carácter extranjero del pasillo frente a la identidad musical panameña, y a su vez resalta la popularidad que tenía entre los músicos cultos de principios del siglo XX:

El pasillo cultivado en Panamá es muy similar al colombiano, sin embargo mantiene una estructura musical más desarrollada con tres y cuatro partes. Además, posee como característica identitaria, la mezcla en una misma composición de la modalidad lenta y la modalidad fiestera. Otra característica muy utilizada en el pasillo panameño es el ritmo con un aire al estilo mejoranero, ejecución propio del interior del país proveniente de la guitarra mejoranera.[16]

A los pasillos de baile y al pasillo canción, se sumó otro actualmente extinto denominado "pasillo de reto", en el cual se enfrentaban dos cantantes que rivalizaban con sus coplas.[16]

En Panamá el pasillo se suele instrumentar con violín, guitarra y maracas.[16]

En lo que corresponde a su análisis musical, su estructura básica responde a la forma A-B-A y sus posibilidades; la introducción, si se presenta, consta comúnmente de 4, 8 o 12 compases, que generalmente están en tonalidad menor. La primera parte del pasillo se presenta también el tema en tonalidad menor. (Es importante indicar que en el anterior siglo y a principios de este, se componían buen número de pasillos en tonalidad mayor). La segunda parte se presenta una modulación a mayor (en los pasillos antiguos, se utilizaba como recursos, el cambio rítmico en la segunda parte, que provocaba un aparente cambio de tiempo). El final o frases de final puede presentar una armonía ritmizada que pertenece a la cadencia final.[16]

Entre los compositores más renombrados de este género musical en Panamá se encuentran: Máximo Arrate Boza (1859-1936), Alberto Galimany (1889-1973), Artemio Córdova (1896-1988), Narciso Rufino Urriola, Vicente Gómez Gudiño (1903-1964) y Eduardo Charpentier Herrera (1904-1992). [16][18]

El más famoso de los pasillos panameños, "El suspiro de una fea" de Vicente Gómez Gudiño, es un pasillo con letra.[16]



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