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Semana Santa en León



La Semana Santa de León es uno de los principales acontecimientos culturales, religiosos y turísticos de esta ciudad española. Entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Resurrección procesionan dieciséis cofradías, algunas de las cuales se remontan a los siglos XVI y XVII, que desfilan grupos escultóricos realizados por imagineros como Juan de Juni, Juan de Angers, Gregorio Fernández, Luisa Roldán, Ángel Estrada o Víctor de los Ríos.

Su patrimonio artístico, tradición, fervor y espíritu de conservación motivaron a que en 2002 fuese declarada de Interés Turístico Internacional, con especial mención a la Ronda que recorre la ciudad la noche de Jueves Santo y a la Procesión de los Pasos, que desfila la mañana de Viernes Santo.[1]

La Junta Mayor de Cofradías es el órgano encargado de la regulación del conjunto de procesiones de Semana Santa, agilizar trámites y acuerdos con las instituciones oficiales y controlar los horarios. Sus orígenes se remontan a 1944, cuando inició su andadura la Comisión Pro-fomento de las Procesiones de la Semana Santa, formada por los abades y seises de las cofradías de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, Dulce Nombre de Jesús Nazareno y Minerva y Vera Cruz. El 1 de marzo de 1947, mediante decreto del obispo de León, Luis Almarcha, se constituyó la Junta Mayor:

Su primer reglamento fue aprobado el 30 de diciembre de 1972 por el obispo Luis María de Larrea y Legarreta, al que siguió el aprobado en 1997. Este se sustituyó en 2009 con la aprobación de unos nuevos unos estatutos, entre cuyas medidas incorporaba el cambio de nombre, y así la Junta Mayor Pro-Fomento de Procesiones de Semana Santa de León se convirtió en Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de León.

Está compuesta por los dieciséis abades de las Cofradías y Hermandades de la ciudad y un segundo representante; de entre estos últimos se elige al Presidente, Vicepresidente, Secretario y Tesorero y el resto de los vocales se asignan a diferentes comisiones de trabajo.

Organizada por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, la Ronda es un acto singular y único que se celebra la noche entre el Jueves Santo y Viernes Santo. Da comienzo a las 00:00 h. en la plaza de San Marcelo, donde, frente al antiguo consistorio, tiene lugar el primero de sus toques oficiales con el que llama al pueblo de León a la procesión de los Pasos. Para ello, varios hermanos de la cofradía hacen sonar la esquila, el clarín y el tambor y un cuarto clama «¡Levantaos, hermanitos de Jesús, que ya es hora!». Ese primer toque es recibido por el Alcalde en representación del pueblo de León.[3]

Acto seguido, la Ronda se desplaza al Palacio Episcopal, donde repiten el toque en presencia del Obispo, que los recibe en nombre de la Diócesis; más tarde, ante el Palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación Provincial, cuyo presidente los recibe en nombre de la provincia de León; a continuación, ante la Subdelegación de Defensa, que los recibe en nombre de las Fuerzas Armadas; ante la Subdelegación del Gobierno, que los recibe en nombre del Gobierno de España, y, por último, ante la casa del abad de la Cofradía, que los recibe primero en su puerta, y luego, en un segundo toque, en su balcón. Tras ello, la Ronda recorre la ciudad durante toda la noche.[3]

La Procesión de los Pasos, organizada también por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, ha sido distinguida con las declaraciones de Interés Turístico Regional (1985), Nacional (1998) y con una mención especial en la declaración de Interés Turístico Internacional de la Semana Santa de León (2002). Comienza a las 7:30 h. de la mañana del Viernes Santo, para no concluir hasta pasadas las 16:00 h., tras recorrer las calles del casco histórico y el ensanche de la ciudad. En ella, más de 4000 papones acompañan a trece pasos que recrean los momentos centrales de la Pasión. La mayoría de estos son obras del siglo XX debido a que gran parte del patrimonio de la Cofradía, así como el de su hermana la Cofradía de Angustias, se perdió en el siglo XIX a consecuencia del incendio de la que hasta entonces era su sede, el desaparecido Convento de Santo Domingo.[4]

Los pasos que aparecen son, por orden; la Oración en el Huerto, de Víctor de los Ríos (1952), El Prendimiento, de Ángel Estrada (1964), La Flagelación, Gaspar Becerra (siglo XVI), La Coronación, de Higinio Vázquez (1977), el Ecce Homo, de la Escuela Catalana (1905), Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la Escuela Castellana (siglo XVII), La Verónica, de Francisco de Pablo (1926), El Expolio, de Francisco Díez de Tudanca, La Exaltación de la Cruz, de José Antonio Navarro Arteaga (2000), La Crucifixión, anónimo (1908), el Cristo de la Agonía, de Laureano Villanueva (1973), San Juan, de Víctor de los Ríos (1946) y por último, La Dolorosa, también de Víctor de los Ríos (1949).[4]

El momento central de la procesión tiene lugar en la plaza Mayor, donde se escenifica el encuentro entre San Juan y la Dolorosa en presencia del Nazareno y donde los trece pasos son bailados al son de la música.[5]

Al amparo de la celebración de la Semana Santa se ha desarrollado una jerga de términos y acepciones que, durante unos días, se convierten en coloquiales para la sociedad leonesa. Ha sido recopilada por Javier Fernández Zardón en su obra Palabra de papón. Estos son algunos ejemplos:[6]

En el aspecto gastronómico destacan una serie de platos y tradiciones que adquieren protagonismo los días en los que se celebra la Semana Santa. Así, la expresión matar judíos hace referencia a la ingesta de limonada de vino (hecha con vino tinto, zumo de naranja y de limón, azúcar y canela en rama) por los bares de la ciudad, tradición que parece remontarse a la Edad Media y a la relación entre cristianos y judíos.[7][8]

Entre los platos típicos destacan los heredados de la costumbre de no comer carne los viernes de cuaresma, como el potaje de vigilia o el bacalao al ajoarriero, así como las sopas de ajo.[9]​ En lo referido a la repostería destacan las torrijas, de gran tradición en León, donde cada año se celebra el Concurso Nacional de Torrijas.[10]

Asociada a las celebraciones de la Semana Santa, pero sin tener relación directa con ellas, la madrugada del Jueves Santo se organiza la procesión pagana del Entierro de Genarín. Este —Genaro Blanco— fue un pellejero de principios del siglo XX, aficionado al orujo y los burdeles que, en la noche del 29 de marzo de 1929 (Jueves Santo), fue atropellado por el primer camión de basura de la ciudad — La Bonifacia— mientras defecaba a los pies de uno de los cubos de la muralla, a la altura de la calle Carreras.[11][12]

Tras su muerte, cuatro personas (Nicolás Pérez, Eulogio el Gafas, Luis Rico y Francisco Pérez Herrero) decidieron recordarle mediante la lírica y la poesía, y así, la noche de Jueves Santo de 1930 se reunieron en la plaza del Grano y se dedicaron a visitar tascas, beber orujo y recitar poesía para conmemorar la vida de Genaro. Surgió entonces la costumbre de recordar tal acontecimiento con una procesión organizada por la Cofradía de Nuestro Padre Genarín.

La procesión, en la que desfilan los pasos de la Cuba, Genaro, la Muerte y la Mocha, recorre las calles del casco antiguo de la ciudad y concluye en la muralla, junto al cubo en el que fue atropellado Genarín. Allí, uno de los hermanos trepa la muralla para depositar varias ofrendas, como una corona de laurel, queso y una botella de orujo.[11][13]​ Esta costumbre fue reflejada por Julio Llamazares en su ensayo El Entierro de Genarín.[14]



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