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Tratado de Límites de 1881



El Tratado de Límites de 1881 fue firmado en la ciudad de Santiago, Chile el 23 de julio por Francisco de Borja, cónsul general de Chile en Buenos Aires, y Bernardo de Irigoyen, ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina en representación de sus respectivos gobiernos para fijar sus límites precisos a lo largo de su frontera común.

El anterior Tratado de 1856 acordaba la aplicación del principio del Uti possidetis iure, ordenamiento legal bajo la base de que los nuevos estados, al pasar a la vida independiente, tendrían como fronteras las que le corresponderían de las colonias españolas cuando formaban parte integrante del Imperio español como un virreinato, capitanía general o Real Audiencia, para 1810, último de la monarquía española para la posesión legítima de sus provincias en América. En un principio ambos estados interpretaron de manera similar los registros coloniales, aunque estos no eran conocidos muy exhaustivamente. Las reales cédulas a menudo eran contradictorias o superponían jurisdicciones, pues el conocimiento del territorio aún en 1810 era limitado, en especial el de la parte austral del continente.[cita requerida]

A medida que el progreso técnico en transportes y la búsqueda de nuevos recursos para enriquecer a ambas naciones se acrecentaba, las disputas por los valles encerrados en la cordillera, las tierras de la Patagonia, el estrecho de Magallanes y las islas al sur de este comenzaron a aumentar la tensión entre los dos países. La Cámara de Diputados de Argentina aprobó en 1873 la adhesión al Pacto Perú-Bolivia,[1]​ pero el Senado, que debía confirmarlo, lo rechazó en 1874.

Al comienzo de la Guerra del Pacífico (1879-1884), en Argentina existieron fuertes corrientes populares que exigían al gobierno entrar al conflicto de parte de los aliados Perú y Bolivia.[cita requerida] En 1881, y con la mediación de los ministros plenipotenciarios de los Estados Unidos en las respectivas capitales, se acordó la firma del tratado.[n 1]

Según el historiador Pablo Lacoste, los mapas utilizados como argumento por los historiadores tradicionales en ambos países han sido causa de versiones contradictorias sobre la frontera colonial entre ambas administraciones regionales de la corona española.

Los historiadores chilenos utilizaron las Reales Cédulas de 1554, 1555 y 1558, que disponían la administración chilena sobre el territorio desde el desierto de Atacama hasta el Estrecho de Magallanes, con un ancho de cien leguas desde el Pacífico hacia el este. Mediante la Real Cédula de 1563, se separó de Chile la Gobernación del Tucumán y posteriormente por Carlos III hizo lo mismo con Cuyo, que fue incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776. De acuerdo a la tradición historiográfica chilena, la Corona, hasta 1810, nunca separó la Patagonia del Reino de Chile.[2]

Esta es la visión sostenida por todos los historiadores chilenos de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre, Sergio Villalobos y por los colegas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago de Chile.[2]

Por el lado argentino, los historiadores tradicionales se basaron en otros documentos. Su argumentación se basaba en las reales cédulas por las cuales se impuso el sistema de intendencias en el Reino de Chile en 1786, que quedó dividido en dos intendencias: la de Santiago (desierto de Atacama hasta el Río Maule y desde la cordillera al Pacífico) y la de Concepción (del Maule hasta la Araucanía, desde la cordillera al Pacífico). Estas disposiciones habrían dejado sin efecto las reales cédulas de mediados del siglo XVI. Como España consideraba suyos todos los territorios americanos, los territorios del Biobío hacia el sur debían pertenecer el Virreinato del Río de la Plata hacia 1810. Y por lo tanto, les correspondía a su heredero histórico, es decir, la República Argentina.[2]

Estos eran los sustentos de todos los mapas que circularon en las escuelas argentinas en las últimas décadas. Diego Luis Molinari, Elena Chioza, Daniel Santamaría, Randel, Enrique Tandeter y Juan Suriano han aprobado, legitimado y difundido mapas con estos contenidos. Así también el EUDEBA, el Centro Editor de América Latina y Editorial Sudamericana, y el Instituto Geográfico Militar y del Ministerio de Educación de la Nación.[2]

En la investigación de Lacoste, se presenta una serie de mapas y documentos coloniales que no fueron considerados, por diferentes razones, por los historiadores a ambos lados de la cordillera. Entre ellos, la Real Cédula de 1570 (desplaza la frontera de Río de La Plata del 36°57'S al 48°21'15''S) ni las disposiciones con que se administraron posteriormente los territorios de Chile (creación de la Intendencia de Chiloé).[2]

En el Archivo General de Indias es conservado un manuscrito del primer delineador del Depósito Hidrográfico de la Corona de España, el teniente de navío Andrés Baleato. Creado por una real cédula, termina con tres notas, en la segunda de las cuales enuncia:

Después de independizarse, los gobiernos de Argentina y Chile entendieron como su frontera la cordillera de los Andes. Chile lo promulgó en su constitución de 1833, vigente hasta 1925. Al sur de estos países estaba la Patagonia, nombre dado por los europeos al territorio indígena del extremo austral de América que no conquistaron.

La toma de posesión del estrecho de Magallanes habitado por kawésqars en 1843, significó la instalación de población chilena en la zona, primero en el Fuerte Bulnes y luego en Punta Arenas (1848), lo que provocó la molestia del gobierno argentino, interesado en aquel y porque aún la Patagonia no era asignada, por lo que en 1847 ambos países comenzaron a negociar su demarcación para conquistarla.[4]​ En 1856 firmaron un tratado donde acordaron resolver sus problemas limítrofes de manera pacífica y Argentina fundó una colonia en el estrecho para bloquear la soberanía chilena, la cual Chile disolvió en 1874.[5]

A partir de 1862, Argentina logró dejar atrás las guerras internas y dio comienzo a un sostenido crecimiento económico y demográfico que se manifestó en la ocupación de la pampa y la preocupación por su frontera sur. En 1863, el pionero argentino Luis Piedrabuena debió retirarse de la bahía San Gregorio, en la orilla norte del estrecho, por orden de las autoridades chilenas. En 1876 —mientras cargaba guano en la costa de Monte León, en la desembocadura del río Santa Cruz, con autorización del cónsul argentino en Montevideo (Uruguay)— el barco francés Jeanne Amélie fue detenido en aguas del océano Atlántico por la corbeta chilena Magallanes; durante el traslado al puerto chileno de Punta Arenas, con la idea de poner la jurisdicción chilena sobre esa zona, el buque francés zozobró. Estos sucesos provocaron gran revuelo en Argentina, por lo que en 1878 inició la Conquista del Desierto sobre su reclamada Patagonia oriental poblada por tehuelches, efectuó la Expedición Py en el sector sur para resguardarlo de la política expansionista de Chile en el siglo XIX y creó la Gobernación de la Patagonia, fijándole sus límites así:[6]

Ambos países concordaban el límite en la cordillera de los Andes, pero discrepaban en la zona del estrecho de Magallanes y el archipiélago de Tierra del Fuego. A Chile le interesaba el estrecho porque la mayor parte de su comercio se orientaba a Europa[n 2]​ y quería mantener la continuidad de su territorio. Para Argentina, por sus intereses estratégicos y su comercio dirigido también hacia dicho continente, el estrecho poseía un valor inferior al que le confería Chile. En 1878, acordaron en el Tratado Fierro-Sarratea formar una comisión que debía determinar la frontera. Al comienzo de la Guerra del Pacífico en 1879, convinieron la paz: no intervenir en favor de Bolivia y Perú, así como aplicar el principio bioceánico en el tema limítrofe.

A través de mapas históricos es posible seguir el curso de las negociaciones que llevaron a la firma del tratado. En los mapas chilenos quedaron plasmados propuestas argentinas de 1872, 1876 y 1879, como statu quo entre ambos países hasta que surgiera el tratado de límites definitivo.

A la derecha podemos apreciar el mapa argentino confeccionado por Seelstrang y Tourmente en 1875 que fue utilizado por el ministro de Chile en Buenos Aires, Diego Barros, para comunicar el 10 de julio de 1876 a su gobierno en Santiago una propuesta de solución del ministro de relaciones exteriores de la Argentina, Bernardo de Irigoyen, extendida durante las negociaciones que precedieron a la firma del Tratado de Límites de 1881. La propuesta está trazada con línea roja y es de hecho muy semejante a la que es hoy día el límite entre los dos países.

El mapa ilustra lo difícil de la demarcación por el desconocimiento de la zona. El mapa no muestra accidente natural alguno como para marcar la frontera, con la excepción de algunos cerros: Cerro Moore cerca de Puerto Natales y más al norte Cerro Cay frente a las islas Guaitecas.

En este mapa argentino aparece la interpretación argentina del Tratado de 1856 marcada como una línea de cruces (++++). Se puede observar que la frontera pasa pocos kilómetros al este de la ciudad chilena Punta Arenas y continúa por el centro del Estrecho de Magallanes hacia el océano Pacífico (noroeste) dejando todas las islas al sur del Estrecho de Magallanes como territorio argentino.

El siguiente mapa a la derecha fue confeccionado por el ingeniero Carlos Prieto de la Oficina Hidrográfica de Chile y publicado por el gobierno de Chile en 1881 para dar a conocer la génesis y el contenido del Tratado de Límites de 1881. Están indicadas en él tres propuestas y la solución final:

Otro mapa que guarda relación con la gestación del Tratado de 1881 es el de la proposición del ministro de relaciones exteriores de la Argentina, Rufino de Elizalde de marzo de 1878. Este mapa lleva la firma del ministro y se encuentra en la Biblioteca Nacional de Chile. El límite ofrecido pasa en gran parte a través de canales, como la de mayo de 1879, pero deja todas las islas al sur de la isla Grande de Tierra del Fuego bajo soberanía chilena. El "límite legítimo" del mapa, es decir, la interpretación argentina del Tratado de 1856, está trazado con una línea azul y corre al oeste de Punta Arenas, dejando a esta ciudad en territorio argentino.

Tanto el mapa de Seelstrang y Tourmente (1875), como el de Rufino de Elizalde (1878), muestran también un punto que posteriormente tendría fundamental importancia en la argumentación argentina durante el Conflicto del Beagle.

Argentina postuló el principio bioceánico, según la cual el Uti possidetis iure de 1810, acordado en el Tratado de Límites de 1856, impedía a la Argentina poseer costas en el Pacífico, Argentina supuso que implícitamente Chile no podía poseer costas en el Atlántico. La tesis oceánica sería uno de los pilares de la presentación argentina ante la corte arbitral de 1977.

En ambos mapas la interpretación argentina del Tratado de 1856 dejaba a Argentina en posesión de amplias costas en el océano Pacífico en contradicción con dicha tesis.

El tratado deslumbra por su sencillez, tratándose de una de las fronteras terrestres más largas del mundo. Tiene un preámbulo y siete artículos.

El límite se define en tres etapas:

Para ese sector se definió en el artículo 1 que

Se sabía que no siempre las más elevadas cumbres coinciden con la línea divisoria de las aguas por lo que en el mismo artículo se previó un método para zanjar las dificultades. Sin embargo no sería suficiente y se debió recurrir posteriormente a arbitrajes para delimitar algunas zonas difíciles.

En el artículo 2 se define el límite desde la orilla norte del Estrecho de Magallanes hasta la intersección del paralelo 52° S con el límite fijado en el artículo 1 como la siguiente secuencia de accidentes geográficos y el paralelo 52°:

El artículo 3 es clave para la comprensión del Conflicto del Beagle y en toda su extensión dice:

En el artículo 5 se neutraliza el Estrecho de Magallanes a perpetuidad y se asegura la libre navegación para barcos de todas las banderas, no pudiéndose construir en las costas fortificaciones ni defensas militares.

El artículo 6 declara obsoletos los tratados anteriores y establece una potencia amiga como instancia de arbitraje:

Los artículos 4 y 7 solo dan instrucciones administrativas para la ejecución del tratado.

Muchas de estas deficiencias fueron abordadas por el protocolo de límites de 1893.

Según Lacoste, basado en un estudio realizado por un investigador argentino en una universidad chilena, el Tratado de 1881 y su prolongación al sur, el Tratado de 1984, se ajustaron al principio de Uti Possidetis Iuris de 1810 y que ni el uno ni el otro ha despojado ni ha sido despojado de territorios que le hubieren pertenecido en administración en 1810.[2]

Este tratado sentó la base de la frontera entre ambos países, desmilitarizó el estrecho de Magallanes, declaró obsoletos los tratados anteriores y nombró una instancia en caso de controversias.

Las deficiencias 1, 2 y 4 originaron el conflicto del Beagle que, aunque no ha sido el único, ha sido el más recordado.

Es válido hasta hoy, nunca ha sido puesto en duda por ninguno de los países y, pese a sus deficiencias, ha permitido la solución pacífica de las controversias.



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