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Amalek



Los amalecitas o amalequitas fueron un pueblo bíblico[1]​ que habitó en Canaán cuya historia se menciona en los libros bíblicos del Génesis, Éxodo, Deuteronomio, Jueces, I Samuel y I Crónicas. A lo largo de su existencia la Biblia los muestra como enemigos declarados de los israelitas, a tal punto que para estos su exterminación se convirtió en estatuto de corte divino, esto lo podemos encontrar en Deuteronomio 25:17

Existen discrepancias en torno al antepasado bíblico de los amalequitas.

Comúnmente suele señalarse a estos como un pueblo semita, descendientes de Abraham por línea directa de su nieto Esaú, también conocido como Edóm (el rojo), por lo cual los amalequitas son una rama distinguida dentro del pueblo idumeo.

De aceptar que los amalequitas son descendientes de Esaú estos se encuentran ubicados dentro de la quinta generación de Abraham, tercera de Esaú. o Por otro lado la mención de un pueblo amalequita en Génesis 14:7, habitando en el mismo lugar donde en el futuro se enfrentarían con los israelitas (Cades en el Parám), mucho antes del nacimiento de Esaú puede señalar que el nombre del nieto de este no fuera el epónimo de esta tribu sino una coincidencia

Según la tradición los amalecitas son retratados como un pueblo nómada que deambula por el desierto del Sinaí incursionado también a los territorios del sur de Canaán y que llegaron a establecerse en la franja de tierra ubicada entre el mar Muerto y el mar Rojo.

El lugar más común que se asocia a los amalequitas es Cades, locación que después del éxodo compartían con el pueblo cineo. Fuera de Cades la ubicación más precisa que de ellos nos da la Biblia en un territorio mayor la encontramos en el libro I de Samuel:

De acuerdo al relato bíblico, el primer encuentro entre amalequitas e israelitas se da en una confrontación violenta conocida como la batalla de Refidim.[2]​ Durante la batalla Josué comanda las tropas mientras Moisés, Aarón y Hur imploraban ayuda a Yahveh, dicha ayuda se hace manifestada en combate mientras los brazos de Moisés se mantuvieran en alto, siendo que cuando este desfallecía y bajaba los brazos los amalequitas adquirían ventaja en el campo de batalla. Al final Aarón y Hur ingenian la forma de mantener los brazos de Moisés en alto colocando dos piedras que le sirvieran de base sobre la cual sentarse mientras los dos sostenían los brazos de Moisés hacia el cielo. El texto bíblico nos deja inferir que los israelitas finalmente lograron ganar la batalla. (Éxodo 17: 8 - 16).

El segundo encuentro de los israelitas con la nación de Amalec que nos relata la Biblia no es menos violento que el anterior, pero a diferencia de este, los israelitas son derrotados. Después de acampar en el desierto de Param en un lugar llamado Cadesh Moisés procede a enviar a doce espías para que reconocieran la tierra de Canaán durante cuarenta días. Diez de los informantes enviados regresan acobardados por los pueblos que en ella habitaban e intencionalmente dan un reporte desfavorable sobre la calidad de la tierra y exageran el poder de sus habitantes, en una clara muestra de desconfianza hacia Yahveh. El informe surte efecto y los israelitas comienzan a murmurar contra Dios y Moisés y se plantean el dilema de regresar a Egipto pese a que Josué (Oseias) y Caleb, quienes eran los dos espías faltantes, desmienten la versión de los otros diez. El incidente acaba desatando la ira de Yahveh, quien no sólo acaba con la vida de los espías embusteros sino que maldice a los israelitas, condenándolos a vagar cuarenta años por el desierto, uno por cada día de exploración. Muchos israelitas optan por incursionar en Canaán pensando que es una forma de resarcirse con Dios, y pese a que Moisés les advierte que ya es muy tarde para sentir valor y que su Dios no los acompañará en batalla los israelitas hacen caso omiso y avanzan; es entonces cuando los amalequitas salen a enfrentarlos destruyendo a la gran mayoría y haciéndolos huir rumbo a un lugar llamado Jormá. (Números 14: 43 – 45).

En el libro de los Jueces, en el episodio que relata los hechos de Eúd se muestra cómo, antes que el juez haga su entrada en escena, Dios abandona a los israelitas por cuenta de sus iniquidades y estos pierden la Ciudad de las palmas a manos de una coalición amonita – amalequita para luego ser subyugados por los moabitas durante dieciocho años. En este capítulo no se relata qué ocurrió con respecto a los amalequitas tras la liberación de Israel (Jueces 3: 13).

Establecida ya la monarquía, durante el tiempo del reino unificado, los israelitas consiguen tres grandes victorias en contra de Amalec, la primera en tiempos de Saúl en el marco de la campaña contra los pueblos que arruinaban Israel: moabitas, amonitas, edomitas, filisteos, y amalequitas, campaña de la cual la Biblia dice a cualquier lugar sobre el que marchaban las tropas israelitas la victoria les era concedida. (I Samuel 14:48).

En una segunda campaña Saúl consigue otra victoria sobre los amalequitas, tras enviar emisarios a los cienos para que estos evacuaran las tierras de Amaléc y no sufrieran daño por cuenta de los combates. Las tropas de Saúl acometen contra los amalequitas causándoles gran destrucción, Pero Saúl desobedece el mandato divino y en vez de arrasar por completo con la nación amalequita se reserva para sí los mejores ganados del enemigo y toma prisionero a su rey, lo que ofende sobremanera a Yahveh y al profeta Samuel, quien tras degollar al rey amalequita frente a Saúl anuncia que la desobediencia del rey a los mandatos de la Torá han señalado el fin de su reinado. (I Samuel 15).

Posteriormente, cuando David se transforma en un gran comandante del ejército israelita y dirige parte de las campañas de Saúl en contra de los enemigos de Israel, en el marco de estas, el futuro rey de Israel propina una severa derrota a los amalequitas que los deja al borde de su exterminio. En esos tiempos los amalequitas saquean la ciudad de Siceleg, prendiéndole fuego y raptando a las mujeres y los niños, incluidas dos esposas de David, en un principio los habitantes de la ciudad buscan desquitarse con David por lo acaecido, ante cual David procede a organizar una campaña contra los amalequitas no sin antes preguntar a Yahveh si le favorecerá en dicha campaña, ante el beneplácito del Eterno, David marcha con su tropa en pos de Amalec. Un esclavo egipcio, abandonado por uno de los amalecitas en medio del camino alimenta a David y le indica en donde han acampado aquellos que han saqueado la ciudad, David llega al lugar donde encuentra a los amalequitas entregados a la celebración y procede a destruir a la gran mayoría a excepción de cuatrocientos que logran huir al desierto cabalgando en camellos. David rescata a todos los rehenes, y devuelve las posesiones a sus antiguos dueños y reparte el restante del botín por igual entre sus tropa. (I Samuel 30: 1 -24).

Mientras David daba muerte a los amalecitas Saúl hacía frente a los filisteos en la batalla de Galboe, y es en esta donde pierde la vida, un amalecita huye del campo de batalla luego de apoderarse de la corona y el brazalete de Saúl, en el camino se encuentra con David quien le indaga por los objetos que trae en posesión, por lo cual el amalecita le cuenta todo lo ocurrido en Galboe, presumiendo haber sido él quien supuestamente dio muerte al rey israelita. David se entristece por la noticia y le indigna la actitud del amalecita hacia la muerte de Saúl por lo cual lo hace ejecutar en el acto. (II Samuel 1: 8 - 13).

La última aparición de los amalequitas en la Biblia nos relata el momento, en tiempos del rey Ezequías, en que los miembros de la Tribu de Simeón, buscando campos donde apacentar sus ganados entran al valle de Guedor donde enfrentan y destruyen a varios pueblos camitas y posteriormente subieron al monte Seir donde hirieron al resto de la nación de Amalec que habían escapado en tiempos de David. (I Crónicas 4: 24 - 43).

Como ya veíamos, no hubo en la Biblia un solo momento de paz entre Amalec e Israel, antes bien, Yahvé establece el mandato divino de destruirlos totalmente:

Fue precisamente como ya se relataba el incumplimiento expedito de este mandamiento lo que hizo que Yahweh quitara la bendición a Saúl, pues antes de la batalla contra los amalequitas Samuel le señaló:

Acorde con la interpretación de algunos rabinos, el versículo 16 de Éxodo 17 indica que la nación amalequita no será destruida sino hasta el fin de los tiempos cuando Yahveh envíe al Mesías y por lo tanto Amalec sigue manifiesto en forma de pueblos, ideas y actitudes que atacan y buscan el exterminio de los principios de vida exaltados por el judaísmo y al pueblo judío en sí mismo.

Una tradición dentro del judaísmo rabínico es aquella según la cual durante la fiesta de Purim, durante la lectura del rollo de Esther en la sinagoga los asistentes al servicio religioso hacen ruido con las palmas o con tradicionales matracas cuando se pronuncia el nombre de Hamán (virrey del rey Asuero quien había orquestado la aniquilación de la comunidad judía del Imperio persa) pues de dicha manera, de un modo festivo, buscan dar cumplimiento al mandato de borrar la memoria de los amalequitas, pueblo al cual tradicionalmente se dice pertenecía el malvado virrey. El pretendido linaje amalequita de Amán se extrae de la siguiente cita:

El término agagueo es asociado con Agág, rey amalequita ejecutado por Samuel.

Si bien en la Biblia son varias veces en las que se refiere a los amalequitas son en contraste bastante pocos los nombres propios que se dan de personas ligadas al clan de Amalec:

Aparte de las citas anteriormente referidas los amalecitas también son nombrados, si bien de forma aislada o como parte de una lista general de pueblos, en los siguientes versículos bíblicos:



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