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Gaucho Rivero



Antonio Rivero, (desconocido, tradicionalmente provincia de Entre Ríos - Vuelta de Obligado, 20 de noviembre de 1845, fechas y lugares especulativos) llamado en la historiografía argentina moderna el Gaucho Rivero, fue un gaucho peón de campo argentino conocido por liderar un alzamiento en las islas Malvinas en 1833, el año de la ocupación británica de las islas. En la sublevación, fueron asesinados cinco empleados de Luis Vernet (gobernador argentino de las islas) a manos de Rivero y sus compañeros. Aparte de su papel en el alzamiento, muy poco se sabe de él; los colonos en las islas lo apodaron Antuco o Antook [2][3][4]​ mote cuya etimología es difícil de explicar.

Muy poco se sabe de la vida de Rivero, y las fuentes contemporáneas no proporcionan un lugar de nacimiento.[5]​ La historiografía argentina tiende a sostener que nació en el territorio del imperio español que devendría Argentina, y que era criollo. De acuerdo a un acta de nacimiento que figura en el libro de la Basílica de Concepción del Uruguay, aparece un sujeto de nombre Antonio Florencio del Rivero nacido en esa ciudad en noviembre de 1808, que algunos investigadores han identificado con Rivero.[6]​ Sin embargo, parece que el Rivero uruguayense fue un médico y político local, fusilado en 1842 a las órdenes de Juan Manuel de Rosas.[7]​ Según las cartas de James Onslow, comandante de las fuerzas británicas que tomaron control de las Malvinas, Rivero tenía 26 años en 1833, oriundo de Buenos Aires.[8]​ En cuanto su etnia, la única referencia que se tiene por parte de alguien que le había conocido le describe simplemente como «español», en inglés «Spaniard», término que podría referirse a cualquier hispanoparlante.

Viajó a las islas Malvinas con Luis Vernet en 1829, con el objetivo de ejercer allí el oficio de peón para tareas agropecuarias.[9]​ En las islas, entre otras tareas, amansaba ovejas, vacas y cerdos, trabajando con otros gauchos e indígenas charrúas que también oficiaban de peones.[6]

Sin embargo, Vernet, su empleador, lo describe no como gaucho, sino 'marinero prófugo'.[10]

El 3 de enero de 1833 el Reino Unido ocupó por la fuerza las islas con la corbeta HMS Clio. Su capitán John Onslow, no dejó ninguna autoridad británica en el archipiélago,[11][12]​ pero encargó al colono irlandés William Dickson, que era el contable de la colonia y que había sido el representante principal de Luis Vernet en las Malvinas desde el ataque del USS Lexington en 1831, la tarea de izar y arriar el pabellón británico cada vez que pasara un barco y todos los domingos.[11][12]

El descontento cundía entre los gauchos empleados de Vernet, pues el capataz, el francés Juan Simón, apoyado por el mayordomo de Vernet, el anglo-argentino Matthew Brisbane, con la excusa de la ocupación británica, intentaba extenderles las ya pesadas tareas campestres, entre otros excesos de autoridad. Sumado a eso, se les abonaba no con dinero, sino con vales firmados por el propio exgobernador, los cuales no eran aceptados por William Dickson, el responsable de los almacenes. Además, les prohibían alimentarse con el ganado doméstico, obligándolos a cazar animales asilvestrados.

De los 13 gauchos que todavía vivían en las islas, un grupo de ocho de ellos se sublevó en desacuerdo con la situación, el 26 de agosto de 1833, seis meses después de la ocupación británica de las islas.[13]

Su líder era el gaucho Antonio Rivero (apodado Antook). Lo secundaban otros dos gauchos: Juan Brasido, y José María Luna; más cinco indios charrúas: Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre.[cita requerida]

Los gauchos estaban armados con facones, boleadoras, espadas, pistolas y mosquetes. Decidieron actuar por sorpresa, aprovechando la ausencia de William Lowe, Faustin Martínez, Francis Muchado, José Manuel Prado y Antonio Manuel, que se habían alejado por mar en una expedición de caza de lobos marinos. Fueron muertos William Dickson, Matthew Brisbane, Juan Simon y otros dos colonos: el argentino Ventura Pasos y el alemán Antonio Vehingar, todos empleados de Vernet. Ninguno de ellos logró alcanzar sus armas antes de ser matado.[14][5]​ Los ataques fueron llevados a cabo cuando las víctimas estaban a solas, para aprovecharse de la superioridad numérica. Posteriormente se instalaron los gauchos en la casa de la comandancia. La muerte de Dickson, y el subsecuente abandono de Port Louis, impidió el izado de la bandera británica durante los siguientes cinco meses, y según la historiografía revisionista argentina, los gauchos izaron en su lugar una azul y blanca (colores entonces de la Bandera Argentina). Sin embargo no existe ninguna evidencia histórica del izado de la bandera argentina, ni de la presencia de otros símbolos patrióticos.[15]

El resto de los colonos se fugaron a la isla Celebroña (Kidney Island, en inglés), temiendo que ellos también serían asesinados. Durante dos meses (entre el 26 de agosto y el 23 de octubre de 1833) ambos grupos vivieron separados.[16][14][17]

El 23 de octubre de 1833 atracó en Puerto Luis la goleta británica Hopeful seguida por dos balleneras también británicas. La Hopeful rescató a los colonos de la isla Celebroña. Rehusaron a enfrentarse a los facciosos y decidieron en cambio reportar la situación a sus superiores del sector sudamericano, por lo que se retiraron.[17]

El 9 de enero de 1834, la Hopeful regresó a la isla Soledad junto con la también británica HMS Challenger. El capitán Seymour despachó al teniente Henry Smith junto a 4 suboficiales y 30 soldados, que inmediatamente izaron la bandera británica. Rivero y sus compañeros estaban en ese momento preparando una rudimentaria embarcación para dirigirse al continente. Los gauchos enviaron el inglés Channon, que según Robert Fitz Roy era parte de la banda de Rivero pero que no había participado en los asesinatos, a negociar con Smith. Channon avisó que Rivero y sus hombres tenían dos gauchos como rehenes, y que estos serían matados si Channon fuese detenido, pero informó que el gaucho José María Luna estaba preparado a entregarse a cambio de la inmunidad legal. Smith mandó con Channon una botella con un crucifijo como señal para Luna.[18]

El 11 de enero de 1834 se entregó ante el capitán Seymour Luna, a cambio de conservar su vida sería el baqueano de los británicos en la captura de sus compañeros. Recién el 21 de enero de 1834 los británicos lograron recuperar el control de Puerto Soledad.[19][20]​ Los siete restantes, muy superados en número y armamento, optaron por retirarse al interior de la isla. Smith, el oficial a cargo, ordenó la persecución de los sublevados, aunque no les resultó fácil capturarlos, necesitando enviar varias expediciones para obtenerlo. También los insurgentes debieron pedir pequeñas treguas por la falta de alimentos. Finalmente, la rebelión pudo ser controlada, lográndose apresar a todos los gauchos rebeldes. El último en permanecer insubordinado fue el mismo Rivero, quien solo se entregó el martes 18 de marzo de 1834 al saber que todos sus compañeros ya estaban presos y viéndose rodeado por dos grupos de fusileros británicos.[21][22]

Hay varias versiones sobre su juicio. En la primera, los insurrectos fueron trasladados encadenados a la estación naval británica de América del Sur a bordo del HMS Beagle,[23]​ que al mando de Robert Fitz Roy realizaba su segunda visita a las islas, viaje que sería inmortalizado en la historia de la ciencia. Allí se les inició un proceso penal en la fragata de tercera HMS Spartiate. Por motivos no bien documentados el almirante británico no convalidó el fallo y ordenó que Rivero y los suyos fueran liberados en Montevideo.

Fueron llevados a Reino Unido, permaneciendo durante varios meses encerrados en la prisión de Sherness sobre el río Támesis. Luego fueron trasladados a Montevideo y liberados.[24]

Según otra visión de los hechos, si bien en el juicio en Inglaterra se exigió para ellos la pena de muerte, el tribunal británico que los juzgó se declaró incompetente debido a que sus acciones habían sucedido fuera de la jurisdicción del tribunal, la cual excluía Escocia y las colonias británicas.[25]

Como tantos aspectos de su vida, el lugar y fecha de la muerte de Rivero se desconocen. Algunos autores plantean que Antonio Rivero, incorporado en las filas del ejército argentino por Juan Manuel de Rosas, falleció en la Vuelta de Obligado,[6]​ debido a que se encuentra un Sargento Antonio Rivero en una lista de combatientes. Pero dicha lista trata de combatientes, no de bajas e incluso sus proponentes reconocen que el Sargento Rivero podría ser un homónimo.[16]​ Una segunda versión de su muerte sugiere que falleció de muerte natural.

No hay unanimidad de opinión respecto a la figura de Rivero y sus acciones en Malvinas por parte de los historiadores argentinos. Ricardo Caillet Bois y Humberto Burzio, miembros de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, mediante un dictamen emitido en el año 1967,[5]​ opinaron que las acciones de Rivero carecieron de todo motivo patriótico, aunque llegaron a esta conclusión luego de analizar los documentos contemporáneos al alzamiento, que son de origen británico y estadounidense.[15]​ Esta posición encuentra el apoyo de escritores modernos como Federico Lorenz[26]​ y Natasha Niebieskikwiat.[27]

Por su parte, el revisionismo histórico argentino tradicional, pretende rescatar la figura de Rivero, identificando motivos patrióticos de una rebelión gaucha contra la autoridad británica. Finalmente, una nueva corriente revisionista de la historia argentina, sostenida por Felipe Pigna (1959-), José María Rosa (1906-1991),[28][29]Fermín Chávez (1924-2006), Pablo Hernández, y Horacio Chitarroni, encuentra en este alzamiento una conjunción entre las luchas y reivindicaciones sociales y populares por un lado, con las nacionales y patrióticas por el otro.[30]​ Los historiadores revisionistas reconocen que en las fuentes históricas no se encuentra referencia a ningún motivo patriótico por los asesinatos de los cinco empleados de Vernet, pero sostienen que el origen británico de las mismas significa que son poco fiables.[9]

Juan Lucio de Almeida mantiene una posición intermedia: no logra probar que Rivero actuó «movido por patriotismo», aunque no cree que «su acto fue el de un criminal común».[30][31]

En una buena parte del imaginario colectivo argentino, Rivero es considerado como un «héroe popular».[6]

La historiografía británica ha dado poca importancia a las muertes de los colonos británicos y argentinos a las manos de Rivero, y se ha escrito una sola monografía de 19 páginas dedicado exclusivamente a los acontecimientos.[32]​ En las historias generales de las Malvinas, los historiadores británicos, basando sus opiniones en los escritos de los testigos directos como James Onslow, Thomas Helsby, Robert FitzRoy y Charles Darwin, tienden a considerar Rivero como un delincuente, aunque motivado por quejas legítimas económicas, denominando al incidente en que protagonizó «Los asesinatos de Port Louis».[17]​ En su historia oficial de las islas, el Gobierno de Las Islas Malvinas consta que Rivero fue un asesino que «vendió sus hombres a los británicos», además sugiere que el retrato de Rivero como «rebelde patriota» se basa en narrativas ficticias argentinas de los años 50. [8]

Entre 2011 y 2012, todas las legislaturas de las provincias argentinas con costas en el Mar Argentino del océano Atlántico, sancionaron la ley Gaucho Rivero, que prohíbe la permanencia, el amarre y el abastecimiento de barcos con la bandera colonial británica de las Islas Malvinas, la bandera del Reino Unido y de otras colonias británicas en los puertos de dichas provincias.



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