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Achatina fulica



El caracol gigante africano (Achatina fulica) es una especie de caracoles terrestres de la familia Achatinidae, en el orden Pulmonata.[1]​ Esta familia de caracoles contiene los caracoles terrestres de mayor tamaño. Estos caracoles son frecuentes en jardines y cultivos, donde se alimentan de distintas plantas, llegando incluso a convertirse en plagas de importancia económica.[2]

Su concha puede medir desde 12 cm (centímetros) de largo y 6 cm de diámetro, llegando algunos ejemplares a medir hasta 20 cm de longitud, aunque esto, en casos muy raros. A pesar de que es una especie herbívora, puede alimentarse prácticamente de todo, incluyendo excrementos.[cita requerida] En cautiverio, también puede consumir alimentos de origen animal, como comida de perros y gatos, aunque es notorio que el caracol común también consume estos alimentos en las épocas de lluvia.[2]

Son ilegales en algunos países, entre ellos España (desde 2011), donde esta especie ha sido incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras,[3]​ así como en Estados Unidos, dado que puede convertirse en una plaga y puede cobijar nematodos, parásitos que se alojan en tejidos fibromusculares y secreciones de baba del animal, los cuales pueden causar diversas afecciones, como meningoencefalitis eosinofílica y angiostrongiliasis abdominal en humanos, transmitida por la lombriz Angiostrongylus cantonensis, que parasita los pulmones de las ratas. También es vector de la bacteria gramnegativa Aeromonas hydrophila, que causa diversos tipos de síntomas, principalmente en las personas con sistemas inmunológicos delicados, siempre en el supuesto de que su preparación para consumo no haya sido bien realizada.[4]​ Asimismo, el consumo de esta especie por parte de perros domésticos les ha causado la muerte.

Como otras especies, Achatina fulica es hermafrodita, y crece y se reproduce a gran velocidad, por lo que puede llegar a producir graves daños en ecosistemas y cultivos tropicales.

Se recomienda no tomarlo con las manos desnudas y menos si en ellas hay cortaduras o heridas (se debería usar guantes siempre).[cita requerida][5]

Los caracoles gigantes africanos están activos entre los 9 y los 45 °C, cuando se superan esas temperaturas, entran en un estado de hibernación, viven un promedio de seis años y están principalmente activos entre la tarde y las primeras horas de la mañana.[2]

Es originario del África tropical: su distribución natural abarca amplias zonas tropicales y subtropicales de varios países de África Oriental, entre ellos Kenia, Tanzania y Somalia, en algunos de los cuales se denomina lambí.

En las últimas décadas se ha extendido por Sudamérica en Colombia,[6]Venezuela, avistado en Ciudad Guayana, sector Puerto Ordaz en 2014[7][cita requerida] y en la ciudad de Corrientes, también se ha desplazado por el estado Táchira en Venezuela (21 de agosto de 2016), principalmente por Táriba y La Fría, Argentina,[8]​ Bolivia,[9]​ Islas del Pacífico y, en general, casi todas las zonas tropicales del mundo.

La especie se detectó en Cuba en 2014; actualmente ha aparecido en trece provincias y solamente no ha sido reportada su presencia en Guantánamo, Pinar del Río y Cienfuegos.[10][11][12][13]

Últimamente, se ha tenido conocimiento de que este caracol ha comenzado a proliferar en Perú, exactamente en la zona costera de Piura y Tumbes, además de la Selva Central como Chanchamayo y Satipo, debido a la humedad y las fuertes lluvias.[14]

Es considerada una de las plagas agrícolas más perjudiciales del mundo, debido a su alta plasticidad a las variables ambientales, dieta polífaga y, principalmente, su alto potencial reproductivo, ya que pueden llegar a poner hasta seiscientos huevos.[15][5][16]Achatina fulica ha sido incluido en la lista 100 de las especies exóticas invasoras más dañinas del mundo[17]​ de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Además de los perjuicios económicos, es de interés sanitario dado que puede ser un vector de patógenos perjudiciales para la salud humana.

Debido a su potencial colonizador y constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, esta especie ha sido incluida en el Catálogo Español de Especies exóticas Invasoras, aprobado por Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto.[3]

En Argentina se introdujo por transporte humano a través de Brasil por uso alimenticio. Fue detectada oficialmente en junio de 2010 en la provincia de Misiones por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y, posteriormente, en la provincia de Corrientes, se utiliza como carnada en la pesca deportiva los ríos argentinos.

Los últimos registros del sistema nacional de información sobre especies exóticas invasoras, indican que esta especie se encuentra en Corrientes y en Puerto Iguazú, pero también se puede encontrar en la Selva Paranaense.[16]

Solo puede contagiar enfermedades al ser humano tras su consumo, que no es muy habitual: en caso de que no se consuma es difícil o, incluso, imposible su contagio.[cita requerida]



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