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Antiescorbútica



El escorbuto es una enfermedad causada por el deficit de vitamina C (ácido ascórbico),[2]​ necesaria para la síntesis de colágeno en los humanos. El nombre químico de la vitamina C, ácido ascórbico, proviene de la raíz latina scorbutus. Era común en los marinos que subsistían con dietas en las que no figuraban fruta fresca ni hortalizas (reemplazando estas con granos secos y carne salada).[1]

Es frecuente atribuir al médico naval escocés James Lind, que vivió en el siglo XVIII, la identificación de la causa del escorbuto y la manera de prevenirla y curarla añadiendo cítricos a la dieta.[3]

Sin embargo, los españoles ya conocían el uso de los cítricos como remedio desde la segunda mitad siglo XVI,[4]​ más de 100 años antes del nacimiento de James Lind, gracias al tratado de fray Agustín Farfán en 1579 bajo el título Tratado breve de anatomía y cirugía, y de algunas enfermedades donde se recomienda el uso de naranjas y limones para el tratamiento del escorbuto.

La palabra llegó al castellano a través del francés scorbute, desde su origen en los Países Bajos, del bajo sajón medio schorbûk o el temprano neerlandés moderno schorbuyck, que significa aproximadamente ‘ruptura de vientre’.

La síntesis normal del colágeno depende de la hidroxilación correcta de la lisina y la prolina (para obtener hidroxiprolina e hidroxilisina) en el retículo endoplasmático. Dicha hidroxilación la llevan a cabo la lisil hidroxilasa y la prolil hidroxilasa, enzimas que necesitan el ácido ascórbico (vitamina C) como coenzima. La deficiencia de ácido ascórbico impide la correcta hidroxilación de estos, por tanto se obtienen cadenas de procolágeno defectuosas y la síntesis no puede finalizarse correctamente.

Las características de la enfermedad consisten en pápulas perifoliculares hiperqueratósicas en las que los pelos se fragmentan y caen; hemorragias perifoliculares; púrpura que se inicia en la parte posterior de las extremidades inferiores y acaba confluyendo y formando equimosis; hemorragias en los músculos de los brazos y las piernas con flebotrombosis secundarias; hemorragias intraarticulares; hemorragias en astilla en los lechos ungueales; afectación de las encías, sobre todo en personas con dientes que comprenden hinchazón, friabilidad, hemorragias, infecciones secundarias y aflojamiento de los dientes; mala cicatrización de las heridas y reapertura de las recientemente cicatrizadas; hemorragias petequiales en las vísceras; y alteraciones emocionales. Pueden aparecer síntomas similares a los del síndrome de Sjögren.

En estados terminales son frecuentes la ictericia, el edema y la fiebre, y pueden producirse súbitamente convulsiones, shock y muerte.[5]

Es frecuente la anemia normocrómica y normocítica, que se debe a las hemorragias tisulares. La anemia puede ser macrocítica o megaloblástica en la quinta parte de los pacientes. Muchos de los alimentos que contienen vitamina C también contienen folatos y las dietas que provocan escorbuto también pueden inducir el déficit de estos. Sin embargo, el déficit de ácido ascórbico produce además un aumento de la oxidación del ácido formil tetrahidrofólico a metabolitos inativos de folatos. No se conoce con exactitud si en la patogenia de la anemia interviene también una alteración en la distribución y almacenamiento del hierro. La anemia se corrige con el aporte de vitamina C y con la instauración de una dieta equilibrada.

En algunos hospitales se utiliza la determinación de los niveles de ácido ascórbico en las plaquetas para establecer el diagnóstico de escorbuto, pues en esta enfermedad su valor suele ser inferior a la cuarta parte de la cifra normal. Los niveles plasmáticos de la vitamina guardan peor correlación con el estado clínico. En los lactantes, las alteraciones radiológicas óseas pueden ser diagnosticadas. La bilirrubina está a menudo elevada. La fragilidad capilar es normal.

Las dosis habituales de vitamina C en los adultos es de 100 mg tres a cinco veces al día por vía oral hasta que se hayan administrado 4 gramos, siguiendo después con 100 mg/día. En los lactantes y niños pequeños, la posología adecuada es de 10 a 25 mg tres veces al día. A la vez se establece una dieta rica en vitamina C. Las hemorragias espontáneas suelen cesar en 24 horas, los dolores musculares y óseos ceden con rapidez, y las encías comienzan a curar en dos a tres días. Incluso los grandes hematomas o equimosis regresan en diez a doce días, aunque las alteraciones pigmentarias en las zonas de grandes hemorragias pueden persistir durante meses. La bilirrubina sérica se normaliza en tres a cinco días y la anemia se suele corregir en dos a cuatro semanas o meses.[6]

La mayor parte de las especies animales son capaces de sintetizar la vitamina C, al poseer la enzima L-gulonolactona oxidasa, (GULO, por sus siglas en inglés). Como destacadas excepciones podemos citar a la mayor parte de los quirópteros, y a primates superiores muy relacionados taxonómicamente con los humanos, en concreto el suborden Anthropoidea (Haplorrhini) que incluye tarsiformes y simios. Tampoco sintetizan ácido ascórbico dos especies de Caviidae, el capibara[7]​ y el conejillo de indias. Variadas fuentes se contradicen sobre el escorbuto en animales de compañía, como perros y gatos.



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