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Asóka el Grande



Aśoka o Ashoka Vardhana (304-232 a. C.) fue el tercer emperador mauria. Era hijo de Bindusara y nieto de Chandragupta. Reinó sobre la mayor parte del subcontinente indio desde circa 269 a. C. hasta 232 a. C.[1]​ del actual Afganistán hasta Bengala y también hacia el sur, hasta la actual Mysore. Hacia 260 a. C., conquistó Kalinga en una destructiva guerra,[2]​ cosa que no había logrado ninguno de sus antecesores.[3]​ Tras presenciar las matanzas de la guerra, se convirtió gradualmente al budismo.[4]

La muerte de Bindusara llevó a una guerra de sucesión. Según el Divyavandana, Bindusara quería que le sucediese su hijo Susima, pero Aśoka obtuvo el apoyo de los ministros de su padre, que encontraban a Susima demasiado arrogante.[6]​ Un ministro llamado Radhagupta parece haber jugado un importante papel en su acceso al trono. La coronación tuvo lugar en 269 a. C.

Kalinga era un estado de la costa este de India, de monarquía parlamentaria. Aśoka emprendió la guerra de conquista, ocho años después de su coronación. La guerra ocasionó más de 100 000 muertos, y 150 000 deportados. Cuando celebraba su victoria, paseando por los jardines de Kalinga, quedó conmovido ante el número de cadáveres, y los lamentos de los familiares de los muertos.

El edicto XIII de los Edictos de Aśoka refleja el gran remordimiento que sintió el rey tras observar la destrucción de Kalinga:

La letal guerra con Kalinga transformó al vengativo emperador Aśoka en estable y pacífico mecenas del budismo. Si se convirtió o no al budismo no está aclarado,[7]​ a pesar de la tradición budista que lo afirma. De acuerdo con el eminente indologista, A. L. Basham, la religión personal de Aśoka llegó a ser el budismo, al menos después de la guerra con Kalingal, pero el Dharma propagado por él no era budismo.[8]

Sin embargo, su patrocinio condujo a la expansión del budismo durante su mandato en el Imperio Maurya, en otros reinos, y en el mundo entero hacia el 250 a. C.[9]

Hasta el siglo XIX, Aśoka era simplemente un nombre más en las genealogías inventadas de los reyes indios del periodo budista. Varios eruditos europeos de la época también tradujeron relatos budistas de la literatura india. Estos relatos mostraban las doctrinas budistas, así como las historias y biografías legendarias de la doctrina.

En estas fuentes budistas —procedentes de Ceilán, Tíbet y China— presentes en relatos como el Divia avadana, el Aśoka avadana, el Maja-vamsa y otros, aparecía la figura de un gran rey Aśoka. A causa de la existencia de varias historias de este tipo consideradas de poco rigor histórico, ya que se creían procedentes de la cultura popular, se tomó como una figura legendaria y no se le dio credibilidad.

La historia habitualmente lo describía como un príncipe cruel que asesinó a sus hermanos para ascender al trono, pero que tras su sangrienta conquista de Kalinga (en la costa este de India, actualmente en el estado de Orissa), Aśoka se convirtió en un budista pacifista, y contribuyó a la difusión del budismo, reinando desde ese momento de una manera justa y pacífica.

En el año 1837, el arqueólogo y filólogo James Prinsep tradujo una antigua inscripción de un gran pilar de piedra situado en la ciudad de Delhi (en el norte). La escritura de la inscripción era el brahmi, la escritura más antigua de India, que se utilizaba para escribir el sánscrito y el prákrito. Se trataba de una versión ancestral del brahmi, que durante los siglos había evolucionado de tal manera que estas primeras inscripciones eran ilegibles.

La inscripción reveló una serie de edictos proclamados por un rey que se autoproclamaba Devanampiya Piyadasi (‘el amado de los dioses, rey Piyadasi’). Debido a las referencias budistas que encontró, el investigador creyó inicialmente que Devanampiya Piyadassi era un rey de Sri Lanka.

Pero en el mismo año James Prinsep tuvo oportunidad de leer dos de las crónicas más antiguas de la historia de Sri Lanka, el Dipa vamsa y el Maha vamsa, compuestas por monjes budistas. En las crónicas se deducía que el título de Piyadassi se le atribuía al famoso rey Aśoka.

Se conocen otros pilares y rocas con inscripciones, y durante las siguientes décadas se irán descubriendo y traduciendo más edictos del monarca. La fuente de la mayoría de nuestros conocimientos sobre Aśoka son estas numerosas inscripciones que hizo grabar en pilares y rocas por todo su imperio, mayoritariamente en magadhi (una lengua prácrita) en escritura brahmi (y a veces en caracteres kharosthi), pero también en griego y en arameo.

Además de que estas inscripciones representan las primeras muestras de la notación escrita de una lengua india y que esta misma escritura originó todas las lenguas semisilábicas presentes actualmente en suelo indio (como la escritura devánagari), favorecieron la propagación de la ética budista y fomentaron la no violencia y la adhesión a la doctrina del dharma, el deber o comportamiento justo.

Se observa también la importancia dada a una lengua vulgar y vernácula, el prácrito, en detrimento de la lengua «noble» y literaria, el sánscrito, demostrando así una preocupación por ser comprendido por el pueblo.

Fue en 1915 cuando se tradujo un edicto que mencionaba el nombre de Aśoka y así se confirmó definitivamente su identidad.

La interpretación que se hizo en un primer momento es precisamente la que H. G. Wells muestra en este fragmento: que Aśoka había sido un avanzado a su tiempo y un gran devoto del budismo, y por eso habían fracasado sus sucesores. Se aceptó la historia que empieza con Aśoka descrito como un guerrero sanguinario, ya que muchas fuentes budistas lo describen así.

Según el Aśokavadhana, Aśoka construyó una prisión donde se dedicaba a torturar a los presos. En el mismo texto se nos cuenta cómo intentó torturar a un monje budista que parecía inmune al sufrimiento. Aśoka, impresionado, se convirtió al budismo, destruyó la prisión y se propuso construir 84.000 stupas budistas por todo el imperio.

Otras fuentes afirman que fue después de las devastadoras consecuencias de su guerra en Kalinga, durante el octavo año de su reinado, se sintió tan culpable que esto lo llevó a convertirse al budismo, influido según las fuentes por su esposa o concubina Deví. Desde ese momento se dedicó a propagar la política del dharma budista por su imperio y envió misioneros a lugares lejanos, tales como la isla de Ceilán, convertida por su hija Sanghamita y su hijo (o hermano) Mahinda, citados solamente en las crónicas cingalesas, e ignorados en las inscripciones indias que no mencionan más que a tres de sus hijos: Tuara, Kunala y Yalauka.

Desde entonces, defendió una política pacífica emitiendo una serie de edictos dirigidos al pueblo. Un reinado que conoció una política oficial de a-jimsá (‘no violencia’), llegando a construir hospitales para animales y restaurar las carreteras principales de India, convirtiéndose también Aśoka probablemente en el gran difusor del vegetarianismo en el país.

Así pues, los estudios de los siglos XIX y primera mitad del XX y otros posteriores basándose en estas fuentes, describen su conversón al budismo como una «iluminación». Pasó de ser Chanda Aśoka (Aśoka el Cruel) a ser Dhamma Aśoka (Aśoka el Piadoso). El monarca que amplió la capital, Pataliputra (la actual Patna), hizo construir un palacio al estilo persa y convocó el Tercer Concilio Budista (233 o 243 a. C.).

Aśoka, históricamente, fue un ferviente propagandista del budismo, pero no necesariamente por motivos píos. Hay toda una línea de historiadores, como la especialista Romila Thapar, que consideran el dharma de Aśoka como una religión para ser utilizada como símbolo de una nueva unidad imperial y una fuerza cohesionadora para unir los variados y heterogéneos elementos de un imperio. O sea, que Aśoka se sirvió del budismo para la consolidación política y económica de su gobierno. Y es que sus edictos y los textos budistas no terminan de coincidir con la imagen proyectada.

El budismo le permitía una nueva política social bien definida, acorde al mismo tiempo con los intereses de la sociedad de la época, ya que la población no se oponía a las nuevas ideas budistas, y las nuevas clases comerciales (interesadas en las nuevas tendencias) le apoyarían, beneficiando a Aśoka, ya que no tuvo el apoyo de los ortodoxos al inicio de su reinado. Así, el budismo dejó de estar perseguido.

Tras el reino «iluminado» de Aśoka, la reforma del Imperio mauria fue aprovechada por los invasores, y pronto cayó en declive y se fragmentó en multitud de principados. Hasta la colonización británica (cerca de 2000 años más tarde), nunca una parte tan grande de un subcontinente estuvo unida bajo un mismo gobierno.

Reconociendo el papel sin precedentes de Aśoka en la historia del país, India hizo del capitel de las columnas de Aśoka (o lat) uno de los símbolos de la República India. Su simbología también la podemos encontrar en la propia bandera de India, ya que en el centro de ésta se encuentra el chakra Aśoka (la ‘rueda de Aśoka’). Aśoka aparece igualmente en monedas, e incluso protagoniza una superproducción del cine de Bollywood (Aśoka) o se convierte en uno de los personajes principales de un famoso videojuego de estrategia (Civilization IV).

Los Aśoka stambha (‘pilares de Aśoka’) son la serie de columnas distribuidas por el norte del subcontinente indio, en los que Aśoka escribió una serie de edictos. El primero se encontró entre las ruinas de la antigua Delhi en el siglo XVI. Pero también se encuentran edictos en las rocas. Hay mayores y menores en función del tamaño. De los edictos de Aśoka hay dos categorías:

Estas inscripciones estaban ubicadas en enclaves importantes como cerca de las ciudades, rutas comerciales o centros religiosos, con lo que Aśoka se aseguraba de llegar al máximo número de gente posible. Eran preceptos morales, religiosos y prestaciones sociales en relación con los hombres y los animales.



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