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Belorado



Plaza Mayor de Belorado

Belorado es una localidad y un municipio español perteneciente a la provincia de Burgos, comunidad autónoma de Castilla y León. Ubicado al este de la provincia, próxima a La Rioja y en la falda de la Sierra de la Demanda, al pie de los Montes de Ayago. Se encuentra situado en la comarca de Montes de Oca, partido judicial de Briviesca, a 47,3 Kilómetros de Burgos. Su principal cauce fluvial es el río Tirón (afluente del Ebro), que nace en la Sierra de la Demanda burgalesa. Es la capital de la subcomarca llamada La Riojilla Burgalesa. En 2019 contaba con 1781 habitantes censados, según los datos oficiales del INE.[1]

Según la tradición popular, y parece ser que los vestigios arqueológicos lo confirman, el primitivo pueblo, de fundación romana, estuvo enclavado en la meseta cercana en la margen izquierda del Río Tirón que llaman La Mesa, trasladándose al actual emplazamiento por razones que se desconocen. Desde esa altiplanicie se divisaba a la perfección el poblado celta, también germen del actual Belorado, ubicado en el término conocido como La Muela, en lo alto de la montaña que los lugareños llaman Cara del Indio. En la Edad Media llegó a ser una plaza importante a la que Alfonso I de Aragón concedió fueros. El primer fin de semana de junio, se celebra en la localidad la feria Alfonsina dónde entre otras muchas actividades se lleva a cabo la representación de la Entrega del Fuero.

En 2013 abrió sus puertas el Museo de Radiocomunicación Inocencio Bocanegra, único de su clase en España.

En 2015, en la aprobación por la Unesco de la ampliación del Camino de Santiago en España a «Caminos de Santiago de Compostela: Camino francés y Caminos del Norte de España», España envió como documentación un «Inventario Retrospectivo - Elementos Asociados» (Retrospective Inventory - Associated Components) en el que en el n.º 1233 figura la localidad de Belorado, con un ámbito de elementos asociados.[2]

Los tres primeros fueron municipios independientes hasta los años 70. Los tres siguientes eran pedanías de los primeros respectivamente y a su vez habían sido independientes hasta el siglo XIX. En los años 90 se unió también el municipio de Castil de Carrias, que se quedó despoblado.

Belorado tiene un clima Csb[3]​ (clima mediterráneo de verano suave) aunque de tener apenas ligeramente más precipitación en verano tendría un clima Cfb (clima templado de verano suave sin estación seca) según la clasificación climática de Köppen modificada.[4]

El origen de Belorado es celta, probablemente autrigón, como demuestra la arqueología y epigrafía (estelas, teselas hospitales, monedas), aunque se configura como villa en la Edad Media siendo frontera entre los reinos de Castilla y Navarra.

Era el paso natural del Valle del Ebro a la Meseta y para controlarlo se construyó, a comienzos de la Reconquista, el Castillo sobre un cerro a cuyo pie se trasladó la población que tuvo su origen al otro lado del río en época romana.

Las calles del casco antiguo, estrechas y tortuosas, con típicos pasadizos denotan la numerosa población que habitó dentro de sus murallas. Fue plaza fuerte del Cid, como dote de Fernando (primer conde castellano y luego rey de León), al casarse con Jimena. Hoy del castillo apenas queda un murallón terroso desde el que se divisa una bella panorámica.

El apogeo económico de Belorado fue temprano como cruce de caminos entre el valle agrícola y la sierra ganadera, entre reinos distintos que favorecían a la villa para atraerla.

En el siglo X, el primer conde castellano independiente, como agradecimiento a que en Belorado le libraron de los hierros con que le tenían preso el Rey de Navarra (como dice el poema de Fernán González), concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado los lunes costumbre que anima todavía la Plaza Mayor porticada.

En 1116, Alfonso I el Batallador (rey navarro-aragonés), le concedió el fuero y entre los privilegios que recoge, le permite celebrar una feria que es la más antigua documentada en la historia de España; para entonces ya era importante la Judería al pie del Castillo cuyo Barrio "El Corro" conserva un aire pintoresco.

Su desarrollo fue en aumento y a principios del siglo XIII, en el reinado de Alfonso VIII, por privilegio real pudo el Concejo de la Villa usar sello que legitimara sus documentos. Su apogeo previció a lo largo del siglo XIII potenciada especialmente por Alfonso X el Sabio que en sus estancias en la Villa le hizo importantes donaciones.

Pedro I de Castilla, llamado el Cruel por sus detractores y el Justiciero por sus partidarios, agradeció a los moradores de la villa, su apoyo en la guerra pero tras su muerte la nueva dinastía castigó a la villa que perdió su carácter realengo y especialmente a la judería a quien fue gravando con impuestos y trabajos cada vez más humillantes provocando su diáspora a la decadencia de Belorado.

Los Reyes Católicos son su decreto de expulsión acabaron por arruinarla. No obstante quedaron adineradas familias de conversos pues aquí nació Simón Ruiz Embito, banquero de Felipe II.

Si los Reyes potenciaron la villa en la Edad Media, en la Edad Moderna, Belorado perteneció al Señorío de los Condestables de Castilla contando con importantes familias nobiliarias que destacaron en expediciones a América, en las letras (beliforano fue el preceptor de las hijas de Felipe II), y en las ciencias (Hipólito Ruiz dirigió en el siglo XVIII una expedición científica para estudiar la flora americana).

En la antigüedad a escasos metros del actual aguas arriba, había otro del que se conservan algunos arcos en los extremos y donde se puede observar el tipo de construcción. Contaba con una caseta de arbitrios. Según la tradición mandado reconstruir por Alfonso VI a Santo Domingo de la Calzada que fue ayudado por el santo constructor por excelencia, San Juan de Ortega. Sus fundamentos pueden ser de época romana aunque en la actualidad apenas son visibles. Tenía once arcos desiguales y fue derribado en su parte central para realizar el paso de la actual carretera.

Museo de Radiocomunicación Inocencio Bocanegra. Alberga una de las mejores colecciones públicas de radio de toda Europa. Podremos darnos un paseo a lo largo de la segunda mitad del s. XX e incluso periodos anteriores como la Segunda Guerra Mundial. Podremos recorrer la reconstrucción de una trinchera de la Primera Guerra Mundial que se ha convertido, gracias al Regimiento n 1 de ingenieros de Castrillo del Val, en la más grande de Europa.

Situado en pleno casco urbano, se trata del género en todo el territorio nacional. Alberga una completa colección de maquinaria de radiocomunicaciones procedente de diversos lugares del mundo. El 14 de diciembre de 2013 se presentaba el informe que justificaba que lujo de los decorados con los que cuenta el Museo, una recreación de una trinchera de la Primera Guerra Mundial, es el más grande que existe en Europa. El edificio que lo alberga también es singular ya que se trata del único silo restaurado íntegramente en España. Hay otros espacios de almacenamientos acondicionados, transformados, rehabilitados, etc. pero ninguno que conserve íntegramente todos sus mecanismos y pueda interpretarse tan detalladamente su función.[9]

Las fiestas patronales de San Vitores se celebran el 26 de agosto y las fiestas de Gracias son el primer fin de semana de septiembre.

La fiesta de la patrona, la Virgen de Belén, es el 25 de enero.

El primer día de fiesta se arranca con el Chupinazo, una serie de petardos que inauguran las fiestas de dicho año. Seguidamente, las peñas desfilan con la banda de Belorado por todo el pueblo. El día 25 se proclama a la reina de las fiestas, a las damas y a la dama veraneante. Durante todas las fiestas son muy conocidos y seguidos por los jóvenes los pasacalles nocturnos, animados por la banda municipal. A lo largo de las fiestas las damas y la reina presencian todos los actos (misas, toros, fútbol sala) acompañadas de la corporación del Ayuntamiento.

También es tradición celebrar la entrada de marzo en la Plaza Mayor, donde se reúnen hombres del pueblo para cantar.

En el año 1616 los regidores de la ciudad de Burgos acuerdan llevar para las fiestas de la capital danzas de La Rioja, entre ellas de Belorado. Así queda reflejado en el Archivo Municipal de Burgos:

Belorado y su comarca tienen una profunda personalidad que se expresa a través de su danza. Hay una razón profunda, una especie de honor aldeano, un orgullo de ser danzador. Se siente en el pueblo.

La danza de Belorado y su comarca posee además de un genuino contenido estético, suficientes elementos como para considerarla un “hecho social”. En ella se encuentra el mejor emblema de la identidad comarcal. Desde hace al menos cuatrocientos años la danza ha formado parte de los rituales festivos de Belorado. De su importancia dentro de la vida ceremonial de la villa deja constancia la existencia de un cargo municipal, el diputado de danzas, encargado de enseñar el baile a los jóvenes danzadores. Un aspectod e la cuestión, en absoluto desdeñable, es la estimación monetarizada que de los danzadores ha tenido el grupo social que los ha sustentado: el pueblo.

La danza se manifiesta como eje fundamental de las fiestas desde el momento mismo del inicio. Hasta los años y tras la notificación festiva, las cuadrillas de mozos interesadas en coger la danza subían al salón de juntas del ayuntamiento donde tenía lugar su remate en pública subasta. Hoy el método de asignación ha sido sustituido por el habitual y aséptico procedimiento del pliego cerrado. A partir de ese momento la cuadrilla ganadora, generalmente un grupo de amigos, comienza el adiestramiento bajo la dirección de un maestro, un antiguo danzador. Entre los protagonistas de la danza y su audiencia, en principio todo el vecindario, se establece también una relación de tipo pecuniario a través de la petición de propinas. Así el viernes, el día grande de la fiesta, se pide a la entrada de la misa mayor a las mozas y por la tarde a los hombres a la puerta de los cafés. La cuestación dirigida a las mamas de casa se reserva para el domingo por la mañana cuando danzantes y gaiteros recorren bailando las calles de la población mientras por la tarde se pide a los forasteros.

La danza procesional de Belorado se escenifica exclusivamente en las fiestas de Gracias, el primer fin de semana de septiembre. En el mediodía de la víspera, la presencia de los gaiteros en la Plaza Mayor, bajo el balcón del ayuntamiento, funciona por sí sola como elemento desencadenante de un tiempo diferente. Expuestos a los ojos de un público del que forman parte, los danzadores, si son noveles, viven entonces la experiencia decisiva de su transformación en mozos. Dispuestos en dos líneas enfrentadas de cuatro danzadores cada una, esperan expectantes la señal sel cachibirrio para iniciar el baile. La actuación de los danzadores se inicia la víspera de las fiestas, un jueves, con el Arranque: un emotivio acto civil que hace congregar a toda la colectividad beliforana. En estos momentos se ha iniciado el protocolo para su declaración como Bien de Interés Cultural (B.I.C.) regional. Como todas las demás danzas, comienza con una melodía, la entradilla, que funciona como llamada de atención para los bailarines y se concreta en un salto con los pies juntos.

Posteriormente siguen con un paso rítmico y uniforme girando alternativamente a un lado y otro y tocando simultáneamente los pitos. Las tonadas de los pasacalles,a pesar de su variedad, tienen todas una clara connotación militar.

El pasacalles y los troqueaos son similares a los de las localidades próximas de la C.A. de La Rioja.

Un viernes por al tarde, en septiembre, los danzadores acometen la doble tarea de celebrar en nombre de la colectividad la recolección de los frutos y la de conmemorar el comienzo de un nuevo ciclo agrícola. La danza combina así las circunstancias históricas y humanas de cada cosecha con la temporalidad de los ciclos estacionales. La procesión se inicia con la salida de las imágenes de la iglesia de Santa María, al pie de las ruinas del castillo y los sucesivos saludos, los vivas, y bailes a cada una de ellas. En último lugar abandona el templo al Virgen de Belén y su presencia es saludad con los habituales toques de campana, cohetes y marchas triunfales. En un clima de gran seriedad los danzadores dedican dos bailes a la Virgen, uno de ellos, invariablemente, la Bailada y tras su interpretación secundan los fritos del cachiburrio: Viva la Virgen de Belén, Viva la Panaderota corriendo y saltando hacia la imagen de la patrona. Obedeciendo una señal del cachiburrio y al inmediato sonido de las gaitas se pone en marcha el interminable cortejo procesional, con los danzadores bailando sin interrupción a los acordes invariables, monótonos, de la melodía del pasacalles. El ritual exige además que los danzadores acompasen su marcha a la, más lenta, de los porteadores de las imágenes por lo que, con demasiada frecuencia, se ven obligados a volver a su busca. Al pasar la comitiva por las plazas de San Nicolás y Mayor se repite la secuencia anterior y al llegara la ermita, fuera ya de los muros protectores de la vieja muralla, se interpreta el catálogo completo de los bailes. Aquí se renuevan los acostumbrados vítores a los santos en una apoteosis de saltos y carreras. Tras dos horas de procesión y la escenificación de veinte bailes, la Virgen queda acogida a su ermita propiciando, tal vez, la llegada de una nueva primavera.

Interesa dejar constancia ahora de que a lo largo del desarrollo procesional se bailan exclusivamente danzas de pitos (el término podría tener su origen en el nombre “piteros”, con que fueron conocidos en la comarca los tamboriteros) y que solamente al final del traslado se ponen en práctica las coreografías de las tres en que los danzadores utilizan palos, los famosos truquiaus.

Sabemos también que a lo largo de la dilatada historia de la danza de Belorado se ha producido una notable disminución en sus actuaciones festivas. A este respecto conocemos que hasta el siglo XVIII los danzadores bailaban además durante los días de los patronos locales, San Juan y San Vitores.

Entretanto, en los últimos años se ha recuperado la costumbre de danzar dentro de la iglesia el día de la víspera. En este sentido, y por una vez, el peligroso intervencionismo practicado sobre los aspectos más vendibles de la cultura popular se ha mostrado afortunado a devolver a la danza un ámbito propio y confuso que mezclaba lo profano y lo sagrado. La tradición desapareció como consecuencia de la famosa Real Orden de 1780 por la que Carlos III prohibía el concurso de las danzas dentro de las iglesias, aunque anteriormente, en 1756, el abad de San Millán ya había desautorizado danzar, jugar y comer dentro de la iglesia del priorato de San Miguel de Pedroso.

Las danzas beliforanas se dividen en dos tipos: de pitos y de palos o troqueaos

Los Brincos, El Pelele, Las Callejas, La Cascabelada y La Bailada.

Las Ovejitas, La Susana y El Herrador.

Aunque los modelos coreográficos presentan notables semejanzas, es fácilmente constatable que en los números de palos el grado de teatralización es mayor, o al menos más evidente con las claves interpretativas manejadas por los modernos espectadores.

El traje de danzador ha sufrido un claro proceso de empobrecimiento, hasta el punto de que su vestimenta coincide esencialmente con la de cualquier varón endomingado en los años cuarenta: el pantalón del domingo, la camisa blamca, la faja y las alpargatas de los días señalados, y como únicos elementos distintivos el pañuelo de colores en la cabeza, las bandas que cruzan el pecho y los lazos anudados en los brazos. En las poblaciones importantes, Cerezo y Belorado, se produjo, ya antes del comienzo del siglo XX, la sustitución de las sayas por pantalones blancos y se cambiaron las bandas de colores por los usuales mantones de Mnaila que traían los quintos desde plazas del norte de África. Curiosamente en Belorado la indumentaria destaca todavía la distinción entre la víspera y los demás días festivos ya que, en la jornada previa, los danzadores visten, digamos, de calle.

En Belorado el cachibirrio viste con unos pantalones abombados de colores vivos, rojo y amarillo, una faja faltriquera de lana para guardar el dinero y una boina cruzada por una cinta. En el siglo XVII, el cachibirrio beliforano cubría su cabeza con un capirote. Su indumentaria sigue siendo claramente uno de los aspectos de su variada personalidad: el de payaso, el de bufón medieval. Pero también porta el atributo de la realeza, de los personajes capacitados para administrar justicia: el cetro, la fusta de tiras de cuero, en otros pueblos el rabo disecado de un toro.

El Cebolla Rock es un festival que se hace el primer fin de semana de agosto.

En Belorado existe el Club Deportivo Belorado. Milita en la Primera Provincial de Burgos.


A la caída del Antiguo Régimen queda constituida como ayuntamiento constitucional del mismo nombre en el partido Belorado, región de Castilla la Vieja, contaba entonces con 1807 habitantes.

Entre el Censo de 1981 y el anterior incorpora a Eterna (09126), Puras de Villafranca (09278) y Quintanaloranco (09285). Entre el Censo de 1991 y el anterior, incorpora a Castil de Carrias (09080).

La capital del municipio es Belorado, aunque el resto del municipio comprende tres Entidades Locales Menores: que son Eterna, Puras de Villafranca y Quintanaloranco y cuatro localidades: Avellanosa de Rioja, Castil de Carrias, Loranquillo y San Miguel de Pedroso.

     Población de derecho (1857-1991) o población residente (2001) según los censos de población del INE.[11]      Población según el padrón municipal de 2011-2021 del INE.


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