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Diócesis de Antioquia



La Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia (en latín Archidioecesis Sanctae Fidei de Antioquia) es una jurisdicción eclesiástica de la Iglesia católica en Colombia, sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Antioquia, con cuatro diócesis sufragáneas: Apartadó, Istmina-Tadó, Quibdó y Santa Rosa de Osos.

La sede episcopal de Santa Fe de Antioquia fue erigida como diócesis el 31 de agosto de 1804 por el papa Pío VII y el 18 de junio de 1988 fue elevada a arquidiócesis por el papa Juan Pablo II. Su territorio está conformado por 18 municipios y dos corregimientos, cuanta con 48 parroquias y su actual arzobispo es mons. Orlando Antonio Corrales García.

Gran parte del territorio de la Provincia de Antioquia (hoy departamento de Antioquia) dependió de la diócesis de Popayán, creada en 1546. Debido a las distancias, se creó una Vicaría superintendente en 1754 con sede en la villa de Medellín, con jurisdicción sobre las demás Vicarías de la provincia.[2]​ Entre tanto, en las ciudades de Antioquia (hoy Santa Fe de Antioquia) y Rionegro y las Villas de Medellín y Marinilla, surgió en cada una de ellas el deseo de ser sede diocesana.[3]

Finalmente, luego de varios intentos, la ciudad de Antioquia, capital de la provincia, logró su aspiración y el 31 de agosto de 1804 el papa Pío VII erigió la diócesis de Antioquia desmembrando la mayor parte de ella de la diócesis de Popayán (hoy arquidiócesis),[2]​ y, en extensión más pequeña, de la diócesis Cartagena y de la Arquidiócesis de Santa Fe de Bogotá. Se nombró como obispo de la nueva jurisdicción al español Fernando Cano Almirante, pero por motivo del proceso de independencia no pudo tomar posesión, por consiguiente nunca gobernó, finalmente fue nombrado obispo de las Islas Canarias (España)

Pero no fue hasta 1827 que la Santa Sede se designó un nuevo obispo con el aval del gobierno republicano, fue entonces que fray Mariano Garnica y Orjuela,[2]​ de la Orden de Predicadores, fue nombrado obispo de Antioquia el 21 de mayo de 1827, recibió la consagración episcopal el 23 de mayo de 1828 y llegó a la ciudad el 1 de julio del mismo año. Fue el primer obispo que gobiernó la sede. La diócesis comprendía toda la provincia de Antioquia, y en 1828 estaba conformada por 56 parroquias.[3]

El 20 de julio de 1828, Garnica instaló el Capítulo Catedralicio y cumplió otros actos que resultaron jurídicamente nulos, por haberse instalado primero el Capítulo que la diócesis. Por lo cual, intervino la Santa Sede, ordenando al obispo repetir en orden jurídico los actos de instalación, que se cumplieron en la ciudad de Rionegro, el 19 de enero de 1829.

Durante su gobierno, Garnica dictó normas para la organización de la diócesis, entre ellas el reglamento para la catedral, la cual era el Templo de Santa Bárbara que servía provisionalmente como iglesia catedralicia; creó varias parroquias, y el 18 de abril de 1830 inauguró oficialmente el seminario bajo el patronato de Santo Tomás de Aquino, si bien el establecimiento ya funcionaba desde el 25 de marzo anterior.[4]

Garnica residía frecuentemente en Rionegro, e insistió incansablemente por conseguir del Gobierno y de la Santa Sede el traslado de la sede episcopal a Medellín. Las razones aducidas por el obispo fueron: la ciudad de Antioquia se ubica en el extremo de la Provincia, es difícil el paso por el río Cauca y su clima es muy cálido.[5]​ Por tal motivo, le generó el desafecto y la antipatía de los ciudadanos de Antioquia. Murió en Medellín el 16 de agosto de 1832, tras cuatro años de episcopado.

El 24 de julio de 1835 se nombra como obispo de Antioquia a Juan de la Cruz Gómez Plata, fue consagrado el 17 de enero de 1836 y tomó posesión de la diócesis el 12 de julio del mismo año. Precisamente, Gómez Plata es considerado como uno de los creadores de la grandeza de Antioquia. Desplegó una gran labor pastoral en todos los campos de la administración eclesiástica.

Gómez Plata decidió darle al seminario el carácter de Colegio-Seminario que abrió el 4 de septiembre de [1836]] y le dio el nombre de San Fernando.[4]​ Además permitió la enseñanza de estudios civiles o profanos como jurisprudencia, medicina y otros, con la facultad de conferir grados académicos. Creció tanto el personal del Colegio-Seminario, que mons. Gómez Plata resolvió construir en la parte que daba a la calle un segundo piso. Emulando a los colegios de Nuestra Señora del Rosario y San Bartolomé de Bogotá”.

Es tal el prestigió que adquirió el Colegio-Seminario, que años más tarde el escritor y político Marco Fidel Suárez escribió: “El seminario de Antioquia es en Colombia instituto verdaderamente histórico y monumento glorioso”. En él se formaron, entre otros, los obispos Manuel Canuto Restrepo, Joaquín Guillermo González, José Ignacio Montoya, Jesús María Rodríguez y Francisco Cristóbal Toro. Entre el laicado se destacan Gregorio Gutiérrez González, Pedro Justo Berrío, Juan Esteban Zamarra, etc.

El 6 de diciembre de 1837, monseñor Gómez Plata consagra la catedral. Contrató para ella el primer reloj y el primer órgano. Organizó admirablemente la diócesis, que recorrió repetidas veces en visitas pastorales. Publicó varias cartas pastorales, entre ellas una muy célebre sobre la Inmaculada Concepción.

A Gómez Plata no le faltaron dificultades con sus relaciones con el gobierno civil. Con motivo de la persecución contra la Iglesia antioqueña promovida por el Coronel Salvador Córdoba, fueron apresados los presbíteros José Manuel Lobo Rivera, cura de la catedral y José María Montoya, cura de Abejorral. El prelado le escribió al Coronel una enérgica carta el 2 de diciembre de 1840.

Su labor pastoral la alternó con política, asistió varias veces y en diversos períodos al Congreso Nacional, del que hizo parte como representante de la provincia de Antioquia. Después de 14 años de estar al frente de la diócesis, murió en Medellín el 1 de diciembre de 1850. Sus despojos mortales permanecieron en dicha ciudad hasta 1936, cuando fueron trasladados a ciudad de Santa Fe de Antioquia. Hoy reposan en le cripta de los obispos.

El 8 de febrero de 1855, el papa Pío IX nombró como obispo de Antioquia a monseñor Domingo Antonio Riaño, quien llegó a su sede en noviembre del mismo año.

Durante su gobierno se enfocó en el mejoramiento del seminario, le cambió el título por el del Sagrado Corazón de Jesús el 5 de enero de 1859 y le dio escudo;[4]​ además amplió la edificación, al que le añadió el segundo piso en la parte posterior completando así la reforma empezada por su antecesor, lo dotó de mobiliario y otros elementos, como también de ingresos. Promovió de la catequesis, con la difusión del texto del padre Astete, modificado por el Arzobispo Mosquera. Veló mucho de la integridad de la fe y de la vivencia de las costumbres cristianas. En 1856 envió una petición a la asamblea del estado, a favor de la religión católica.

Escribió varias cartas pastorales en defensa de los derechos de la Iglesia y promover la vida cristiana. Defendió firmemente la autoridad y los derechos de la Iglesia, cuando estos se vieron agraviados por el gobierno civil, en especial por el General Tomás Cipriano de Mosquera, presidente de la Nueva Granada, que el 20 de julio de 1860 dictó el conocido “Decreto de tuición de cultos”, por el cual ningún ministro podía practicar las funciones del culto sin la autorización del poder ejecutivo. Fue ésta una polémica que duró varios años y causó mucho daño a la Iglesia y que luego generó el destierro del prelado, que se vio obligado a salir hacia el vecino país del Ecuador.

Por la tensión político-religiosa y por el destierro de Riaño, obligaron a las vocaciones sacerdotales, buscar su ordenación a Bogotá, en consecuencia cerro también el Seminario; desde su destierro Riaño dio un decreto el 7 de agosto de 1865 ordenando la apertura del Colegio-Seminario del Sagrado Corazón de Jesús, nombró Rector al Pbro. Lino Garro y Vicerrector al Doctor Martínez Pardo.

Monseñor Riaño falleció en el Ecuador el 20 de julio de 1866. Sus restos mortales después de alguno tiempo fueron trasladados a Medellín y posteriormente a Santa Fe de Antioquia, donde reposan en la cripta de la Catedral.

Entre tanto, la villa de Medellín, fue adquiriendo mayor importancia política y comercial, siendo declarada «Ciudad» en 1813 y designada capital de la provincia en 1826,[6]​ desplazando a la ciudad de Antioquia. Además, en 1856 la provincia pasó a llamarse Estado Federal de Antioquia,[7]​ que más adelante, en 1856 la provincia pasa a llamarse Estado Soberano de Antioquia.

Varios años antes de la muerte de Riaño, muchos sacerdotes de Medellín se dirigieron al papa Pío IX para pedirle el traslado de la Sede de Antioquia a Medellín, alegando razones pastorales de ubicación, distancia y clima.[8]​ Después del fallecimiento de Riaño, los presbíteros volvieron a insistir ante la Santa Sede añadiendo a las razones anteriores las siguientes:[8]

El papa Pío IX, el 14 de febrero de 1868, teniendo en cuenta que la población de Medellín era casi el doble de la de Antioquia, que Medellín era la capital del Estado desde 1826 y que por su clima, su posición geográfica y su comercio aventajaba a Antioquia, decretó la extinción de la Silla Episcopal de Antioquia y la erección de la Silla Episcopal de Medellín, la que debía conservar el título de la Silla suprimida, denominándose Diócesis de Medellín - Antioquia.[8]

En esta fecha fue nombrado ejecutor del decreto el arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Vicente Arbeláez, quien en cumplimiento del mandato del Romano Pontífice expidió el decreto ejecutorial el 1 de agosto de 1868.[8][9]

Fue nombrado como primer obispo Valerio Antonio Jiménez,[10]​ quien trasladó el Capítulo de la Catedral de Santa Fe de Antioquia a Medellín, lo mismo que el seminario del Sagrado Corazón de Jesús.[9]​ La población de la diócesis en ese entonces, según los censos oficiales era de unos 283 325 habitantes.

El traslado de la sede episcopal a Medellín generó muchos problemas con la ciudad de Antioquia, que años atrás había perdido el título de capital política, y ahora perdía el de capital diocesana que tanto tiempo les había costado conseguir a sus ciudadanos y que con mucho esfuerzo la dotaron con lo necesario. Su catedral bajó a la categoría de iglesia parroquial, y fue un duro golpe. Los habitantes se opusieron a que trasladaran a Medellín aquellos tesoros religiosos, y pusieron en manos de la municipalidad las llaves de la catedral.[11]

Además, la propiedad de varios de los inmuebles de la curia fueron arrebatados por la municipalidad, agravando las tensiones con Medellín.[11]​ Por tal motivo, intervino el presidente del Estado, Pedro Justo Berrío, quien logró que ambas partes se reunieran y dialogaran. En el encuentro, Jiménez después de escuchar a los representantes de la ciudad de Antioquia, y de darles la razón, acordó interponer su influencia para conseguir la erección de la diócesis de Antioquia.[11]

Finalmente, para solucionar estos y otros problemas, y con el visto bueno del obispo Jiménez, fue restablecida la diócesis de Antioquia por bula del papa Pío IX, del 29 de enero de 1872 y ejecutada el 25 de septiembre de 1873.[12]

El restablecimiento de la diócesis de Antioquia recuperó parte de su antiguo territorio, se le entregaron las siguientes parroquias: Santa Fe de Antioquia, Anzá, Buriticá, Cañasgordas, Frontino, Abriaquí, Giraldo, Ituango, Urrao, Belmira, Ebéjico, Liborina, Sabanalarga, San Jerónimo, Sacaojal y Sucre. En total fueron 18 municipios.[11]

Luego el obispo de Antioquia y el capítulo solicitaron que se les anexaran más parroquias y así lo determinó la Santa Sede el 16 de abril de 1875, cuando ya había muerto José Joaquín Isaza Ruíz, segundo obispo de Medellín y quien se oponía a ceder parte del territorio de Medellín.[13]​ Se anexaron: Nueva Caramanta, Valparaíso, Támesis, Jericó, Andes, Jardín, Bolívar, Concordia, San Pedro, Donmatías, Entrerríos, Santa Rosa de Osos, San Andrés, Yarumal, Campamento, Carolina, Angostura, Anorí, Zea, Zaragoza, Cáceres, Nechí, Amalfi, Remedios, Cancan y San Bartolomé, en total 26 municipios, quedando la diócesis de Antioquia con 44 municipios.[13]

Mediante decreto de la Congregación Consistorial del 24 de febrero de 1902, la diócesis de Medellín fue elevada al rango arquidiócesis metropolitana, como diócesis sufragáneas quedaron las diócesis de Antioquia y Manizales (hoy arquidiócesis).

El 28 de abril de 1908 la diócesis de Antioquia cedió una porción de territorio en favor de la erección de la Prefectura Apostólica del Chocó.

El 29 de enero de 1915, por medio de la bula Universi Dominici Gregis del papa Benedicto XV, erigió la diócesis de Jericó,[14]​ con territorio desmembrado de la diócesis de Antioquia.

El 5 de febrero de 1917 en virtud de la bula Quod catholicae del papa Benedicto XV, la diócesis volvió a ceder una parte de su territorio en favor de la erección de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, y al mismo tiempo la unió con la diócesis de Jericó, establecida 2 años antes, y asumió el nombre de la diócesis de Antioquia-Jericó.[14]

Esta unión se debió a la erección de la diócesis de Santa Rosa de Osos, pues la diócesis de Antioquia se reducía a solamente a nueve parroquias. Además, a la mitad de ese mismo año llegó la comunicación de que tres de estas parroquias pasarían a la Prefectura Apostólica de Urabá, que sería erigida el año siguiente.

24 años después de la unión, la Diócesis de Jericó fue nuevamente erigida el 3 de julio de 1941 con la bula Universi Dominici Gregis del papa Pío XII. Tras la división de la diócesis de Antioquia-Jericó, la jurisdicción de Antioquia recupera su nombre original. Además, las dos diócesis también han incorporado el territorio de la Prefectura Apostólica de Urabá, que fue suprimida al mismo tiempo.[14]

El 14 de noviembre de 1952 cedió otra porción de territorio en favor de la erección del Vicariato Apostólico de Quibdó (hoy diócesis).

El 18 de junio de 1988 volvió a ceder una parte del territorio en favor de la erección de la Diócesis de Apartadó y al mismo tiempo ha sido elevada al rango de arquidiócesis metropolitana y tomó su nombre actual. La arquidiócesis quedó conformada con apenas 11 municipio y 25 parroquias.

El 5 de febrero de 2004 el papa Juan Pablo II amplió la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia agregándole 18 parroquias, ubicadas al margen oriental del río Cauca, y que fueron desmembradas de la Diócesis de Santa Rosa de Osos.

La Arquidiócesis está ubicada en el occidente del departamento de Antioquia, en la parte noroccidental de Colombia. Cuenta con una extensión territorial aproximada de 9.925 km², en la parte oriental de su territorio es travesada de sur a norte por el río Cauca, posee los cuatro pisos térmicos básicos: páramo, frío, templado y caliente.

Su territorio lo comprende los municipios de Abriaquí, Anzá, Betulia, Buriticá, Caicedo, Cañasgordas, Dabeiba, Ebéjico, Frontino, Giraldo, Liborina, Olaya, Peque, Sabanalarga, San Jerónimo, Santa Fe de Antioquia, Sopetrán, Uramita, Urrao y los Corregimientos de Palmitas de Medellín y Altamira de Betulia, todos ellos en el departamento de Antioquia.

La Arquidiócesis limita por el norte con las Diócesis de Apartadó y Montelíbano, por el oriente con las Diócesis de Santa Rosa de Osos, Medellín y Caldas, por el sur con las Diócesis de Jericó y Quibdó, por el occidente con la Diócesis de Quibdó.

Para efectos de su organización interna y la provisión de los servicios pastorales a los fieles, la arquidiócesis está dividida en ocho vicarías foráneas que a su vez contienen, finalmente a las parroquias, la célula básica de la estructura de la Iglesia Católica en cualquier parte del mundo. Cada vicaría foránea está a cargo de un vicario foráneo.

A finales de 2004 el territorio de la diócesis contaba con una población de 180.000 personas, de las cuales 160.000 son católicos, que corresponde 88,9 % del total.



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