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Fernando de Pulgar



No debe ser confundido con su contemporáneo Hernán Pérez del Pulgar.

Hernando del Pulgar (o, más correctamente, de Pulgar) (Madrid, ¿1436? - 1492), también llamado Fernando o Fernán, fue un humanista e historiador español.

El testimonio más antiguo, el de Gonzalo Fernández de Oviedo, lo tiene por nacido en Madrid (y era hombre de gran memoria, que lo conocía en persona).[1]​ El bibliógrafo Tomás Tamayo de Vargas, en el prólogo a Diego García de Paredes y relación breve de su tiempo (1621) creía, fundándose en fray Francisco de Santa María, de Loja, que se apellidaba en el mundo también Pulgar, que Fernando de Pulgar nació en Pulgar, cerca de Toledo, tal vez por los años de 1430 o en 1435. De esta opinión es Nicolás Antonio, pero Pedro Salazar de Mendoza lo da como natural de Toledo.

Quizás descendía de judíos conversos, pues su padre era un escribano de Toledo, Diego Rodríguez, y este solía ser oficio reservado entonces a los de tal estirpe. Se educó en la corte de Juan II de Castilla, y estuvo en la de su sucesor Enrique IV, quien le nombró secretario real, profesión en la que continuó (1471) con su hermana Isabel la Católica y a la que agregó el cargo de consejero de Estado. Fue embajador en Roma en 1473 ante Sixto IV y luego en París, hacia donde marchó en 1475 para comunicar a Luis XI la muerte de Enrique IV; un tiempo después volvió a París para concertar el matrimonio entre el delfín Carlos y la princesa Isabel, hija de los Reyes Católicos. En ese mismo viaje realizó negociaciones sobre los condados del Rosellón y la Cerdaña. Vuelto a la Corte, se le encomendó la educación de varios nobles importantes:

En 1479 se retiró de la Corte y de la política a una finca con importantes viñedos que poseía cerca de Madrid, en Villaverde, pero en 1481 fue llamado para ser nombrado cronista real por los Reyes Católicos, cargo que ejerció imitando a historiadores latinos como Tito Livio. Elaboró en estas funciones una Chrónica de los muy altos y esclarecidos reyes Cathólicos don Fernando y doña Ysabel en tres libros que quedó incompleta, pues comprende los años entre 1468 y 1490. Reluce en esta obra más la prosa que la exactitud histórica, pero gozó los honores de una traducción al latín realizada por Antonio de Nebrija por encargo de la reina; esta versión se publicó al fin en 1545 y 1550. En favor de los marranos (judioconversos) replicó al cardenal y arzobispo de Toledo, y obtuvo una indolente respuesta del inquisidor general Tomás de Torquemada y su gabinete. Su valentía le costó ser degradado del puesto de secretario real al de cronista.

Todos los códices y ediciones de su principal obra histórica, los Claros varones de Castilla, 24 semblanzas apologéticas de altos personajes del clero, la milicia y las artes de su tiempo al modo de Plutarco, derivan de una primera edición burgalesa y contienen un texto censurado por conveniencias de ese primer editor; se conserva, sin embargo, un manuscrito que ofrece lecciones más fiables y sin censurar aún no impreso y descubierto recientemente en el Museo de Santa Cruz, en Toledo.[2]​ En esta obra sigue los pasos del otro gran biógrafo de la época, Fernán Pérez de Guzmán. En cuanto a su epistolario, titulado Letras, se inspira en las Epístolas familiares de Cicerón y las de Plinio el Joven. Sin embargo, su obra de mayor éxito fue la Glosa a las coplas de Mingo Revulgo, cuya primera edición parece ser la de Fadrique de Basilea en Burgos, alrededor de 1485, en cuarto. Hay, asimismo, un códice manuscrito en la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander.



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