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Las Sinsombrero



Las Sinsombrero es el nombre por el que son conocidas un grupo de mujeres artistas españolas nacidas entre 1898 y 1914. El nombre responde al gesto de quitarse el sombrero en público que protagonizaron Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca en la Puerta del Sol. "Nos apedrearon llamándonos de todo", relata la misma Mallo en unas grabaciones hechas por TVE tras volver del exilio. El documental "Las Sinsombrero", que recogía gran cantidad de material de archivo y entrevistaba a investigadores y familiares de estas mujeres, recogía el impulso de quienes durante décadas se habían afanado en rescatarlas en el ámbito más o menos erudito o académico, especialmente dentro de los círculos universitarios, para divulgarlo y extenderlo al gran público. El éxito del documental extendió el interés por este grupo y consolidó la etiqueta con que hoy son conocidas. [1]

Madrid fue la ciudad donde la gran mayoría de ellas residieron, estudiaron y desarrollaron su actividad artística. Abiertas a nuevos conceptos de modernidad y a las corrientes de vanguardia que provenían de Europa, recuperaron también la tradición popular. Profundamente comprometidas con su tiempo y su realidad social, su actitud fue rompedora y abierta, transformando el panorama cultural y artístico de una España convulsa.

Sus aportaciones están todavía poco estudiadas y, en su gran mayoría, han quedado al margen de las antologías y los manuales de arte y literatura hasta nuestros días, aunque desarrollaron una actividad constante y destacada en campos tan variados como la escritura, la pintura, la escultura, la ilustración o la filosofía.

Un día, en el Madrid de los años 20, Federico García Lorca, Salvador Dalí, Margarita Manso y Maruja Mallo pasearon por la Puerta del Sol quitándose el sombrero. Esta actitud transgresora pretendía romper la norma y, metafóricamente, en ausencia de la pieza que tapa la cabeza, liberar las ideas y las inquietudes. El mismo Jorge Luis Borges se hizo eco de esta práctica en su artículo “Los intelectuales son contrarios a la costumbre de usar sombrero”. Una de estas mujeres que protagonizó la anécdota, Maruja Mallo, la explica de la siguiente manera “Un día se nos ocurrió a Federico, a Dalí, a Margarita Manso y a mí quitarnos el sombrero porque decíamos que parecía que estábamos congestionando las ideas y, atravesando la Puerta del Sol, nos apedrearon llamándonos de todo”.

El origen del nombre Las Sinsombrero para denominar a las mujeres pertenecientes a la Generación del 27 viene del proyecto transmedia del mismo nombre creado por Tània Balló Colell, Serrana Torres y Manuel Jiménez Núñez (estrenado en el Festival de Cine de Málaga el 24 de abril de 2015 y posteriormente emitido en La 2 de TVE dentro del programa Imprescindibles, el día 9 de octubre de 2015) quienes tomaron la anécdota contada por Maruja Mallo para dar nombre al proyecto que acabaría denominando a estas mujeres.

En plena dictadura de Primo de Rivera, en una España todavía cerrada y de espaldas al mundo, este gesto, quitarse el sombrero, los convirtió en rebeldes, especialmente a las mujeres. Para ellas, prescindir del sombrero implicaba abandonar el corsé de la época y, por tanto, no conformarse con el papel de esposas y madres.

Se cuentan entre las mujeres que tuvieron ese enorme peso en la vanguardia artística de principios del siglo XX nombres como Maruja Mallo (Vivero 1902-Madrid 1995), pintora; Rosario de Velasco (Madrid 1904-Barcelona 1991), pintora; Marga Gil Roësset (Madrid 1908-Las Rozas 1932), escultora, ilustradora y poeta; María Zambrano (Vélez-Málaga 1904-Madrid 1991), filósofa; María Teresa León (Logroño 1903-Madrid 1988), escritora; Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1907-Madrid 2002), poeta; Rosa Chacel (Valladolid 1898-Madrid 1994), escritora; Ernestina de Champourcín (Vitoria 1905-Madrid 1999), poeta; Concha Méndez (Madrid 1898-México 1986), escritora; Margarita Manso (Valladolid 1908-Madrid 1960), pintora; Delhy Tejero (Toro, Zamora 1904- Madrid 1968), pintora e ilustradora, Ángeles Santos (Portbou 1911-Madrid 2013), pintora y artista gráfica y Concha de Albornoz (1900-1972), feminista española exiliada, Luisa Carnés (1905-1964), periodista y escritora.

Entender el contexto histórico de Las Sinsombrero es entender los años que engloban la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil.

Tras la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), el país se sumergió en una profunda crisis nacional que propició cambios económicos, políticos e intelectuales. A esta nueva España pronto se sumó el debate sobre “el problema femenino”. Inmersa en una corriente antifeminista que utilizaba el determinismo biológico para justificar la desigualdad de los sexos y señalar la debilidad del género femenino, la sociedad y sus estamentos más tradicionalistas pretendía frenar la aparición de una nueva mujer europea, que había conocido la autonomía durante la Primera Guerra Mundial, forzada a asumir el lugar de los hombres que marchaban al frente.

Es en este contexto en el que aparecen los movimientos feministas y sufragistas, impulsado por aquellas que toman conciencia de su capacidad intelectual y deciden no aceptar nuevamente un papel de sumisión. La participación en la vida pública, el acceso a la educación generan mujeres cosmopolitas, independientes, creativas. En España, el proceso se consolida con la proclamación de la Segunda República en 1931. La mujer no solo refleja su modernidad en su aspecto físico y su modo de vestir, sino que tiene vocación profesional, formación cultural, conciencia política y aplaude los avances tecnológicos y sociales. Las Sin Sombrero, deudoras de la incorporación al mundo laboral y político que habían protagonizado las mujeres de la Generación del 14 (Clara Campoamor, Victoria Kent o Carmen de Burgos, entre otras), se presentan ante la sociedad y conquistan también el mundo artístico.

La Guerra Civil truncará este camino y su desenlace supondrá un brutal retroceso respecto a los avances obtenidos en décadas anteriores. Los largos exilios fueron la tónica general de estas mujeres, que encontraron en América y Europa su nuevo espacio. Las que se quedaron en España sufrieron represalias que comprendían la cárcel y, en muchos casos, el silencio intelectual, que se conseguía matándolas en la mayoría de los casos.

Las artistas españolas del 27 reivindicaron su papel intelectual no solo sobre su propia figura, sino sobre la vida cultural que las rodeaba. Así, es fácil seguir la pista de muchas ellas en publicaciones de la época, haciendo reseñas sobre libros, opinando sobre arquitectura y formando parte de una ajetreada agenda social.

Reflexionaron, además, sobre la iconografía propia de la feminidad. Este detalle puede comprobarse incluso a la hora de denominarse. Empiezan a imponerse fórmulas como “autora”, “escritora”, “pintora”...

El trazo más relevante es, sin duda, la introducción de un perfil femenino consecuente a su realidad en sus obras. La mujer se convierte en un personaje pictórico y literario fuerte, emancipado, que lucha contra su destino. Se representan grupos de mujeres con un aspecto moderno, fumando o en actitud intelectual. Las personalidades son fuertes e independientes y hacen suyo un espacio que, hasta el momento, solo estaba permitido a los hombres.

A pesar de no coincidir en muchos aspectos, la relación entre estas mujeres fue muy estrecha, extendiéndose incluso a generaciones anteriores. Les unía la lucha común contra una sociedad que las rechazaba y ninguneaba en gran medida.

En este sentido, los centros de encuentro fueron escenarios comunes de vital importancia para ejercer esa defensa y unión. Algunos de ellos, los no físicos, eran compartidos también con sus compañeros de generación. Con estos tuvieron intensas relaciones, aunque incluso ellos mismos olvidan mencionarlas en la mayoría de ocasiones. Son espacios de intercambio cultural como la Revista de Occidente o La Gaceta Literaria.

Pero también existieron lugares físicos exclusivos donde estas mujeres se reunían y compartían ideas. En el Madrid de aquellos años se consolidaba la Residencia de Señoritas, grupo femenino de la Residencia de Estudiantes, el Lyceum Club Femenino o la Asociación Universitaria Femenina. La semilla de la transformación femenina de varias generaciones y el camino de la igualdad de derechos se gestó en estas instituciones, de las cuales saldría grupos excepcionales de mujeres.

Pepa Merlo publicó en 2010 Peces en la tierra (Fundación José Manuel Lara), una antología poética de los nombres más conocidos de esta generación, así como otros que fue descubriendo y reuniendo y que abarcan desde finales del XIX hasta el inicio de la Guerra Civil. Son Gloria de la Prada, Margarita Nelken, Lucía Sánchez Saornil, Clementina Arderiu, Dolores Catarineu, Casilda de Antón del Olmet, María Luisa Muñoz de Vargas, Cristina Arteaga, Pilar de Valderrama, Concha Espina, Susana March, Elisabeth Mulder, María Teresa Roca de Togores, Rosa Chacel, María Cegarra, Josefina Romo Arregui, Josefina Bolinaga, Esther López Valencia, Marina Romero y Margarita Ferreras, cuyo libro inspira el título de la antología.

La serie española El Ministerio del Tiempo dedicó su capítulo 18 a recuperar la memoria de estas olvidadas por la historia.



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