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Lengua leonesa



Indoeuropeo
Itálico
 Grupo Romance
  Romance
   Italo-occidental
    Subgrupo Occidental
     Ibero-romance
      Ibero-occidental
       Asturleonés
        Asturleonés Occidental

El leonés[4]​ (llamado en las hablas tradicionales como cabreirés,[5][6]senabrés[7]​o paḷḷuezu[8][9]​) es el término glotónimo utilizado para hacer referencia al conjunto de hablas romances vernáculas de la lengua asturleonesa en las provincias españolas de León[10]​y Zamora[11]​.

El término leonés también se ha venido utilizando históricamente por ciertos autores, desde que Menéndez Pidal publicase en 1906 su estudio Sobre el dialecto leonés, para referirse a la totalidad del idioma, cuya ubicación tradicionalmente se ha situado desde Cantabria hasta Extremadura aunque actualmente en estas dos últimas comunidades solo se hablan dialectos de transición con el castellano, como también sucede con las hablas tradicionales de la provincia de Salamanca. Por otra parte, dada la poca aceptación social y política de denominar leonés al idioma en Asturias, y asturiano al idioma en otras partes del dominio como León o Zamora,[12]​ hoy en día una parte importante de los autores y especialistas prefieren referirse al conjunto del mismo como asturleonés, si bien otros siguen empleando las denominaciones regionales o comarcales (como asturiano, leonés, mirandés, etc.).

Derivado del latín, se fue implantando como la lengua empleada tanto a nivel público como privado en los territorios del Reino de León hasta que progresivamente fue sustituida por el castellano en el uso público tras la unión de ambos reinos,[13]​ quedando reducido a un ámbito de uso oral, en donde la lengua castellana adquirió un papel predominante.

Tras varios siglos relegado a un segundo plano, en el siglo XIX comenzó su recuperación, consolidada a lo largo del siglo XX, con autores como Eva González Fernández, y especialmente en los primeros años del siglo XXI, con una nueva generación de escritores a los que se suman diversos estudios sociolingüísticos, al mismo tiempo que varias asociaciones culturales e instituciones (siendo reconocido por el Estatuto de Autonomía de Castilla y León) fomentan su uso y difusión.[14]

La Unesco cataloga al asturleonés como idioma en peligro de extinción y recomienda su preservación.[15]

Existen diversos autoglotónimos utilizados por diferentes grupos para referirse al leonés:

Las hablas leonesas actuales se engloban en su mayor parte dentro del dialecto occidental del asturleonés, que es también el más extendido en Asturias, ocupando la mayor parte del occidente asturiano desde la costa del Cantábrico y en el que se incluye también el mirandés de Miranda do Douro en Portugal.[21]​ El asturleonés es un idioma evolucionado del latín, y se engloba dentro de las lenguas romances iberorrománicas. A su vez, este idioma está subdividido en tres dialectos o bloques lingüísticos (occidental, central y oriental) que trazan verticalmente la división real del idioma de norte a sur, desde Asturias hasta el norte de Portugal:

Respecto a la dialectología del territorio leonés, existen subdialectos o entidades menores como berciano-sanabrés, cepedano-alistano, leonés-ribereño y leonés extremado.[22]

En cuanto a las hablas de transición, nos encontramos con zonas dialectales de fuerte influencia asturleonesa como el extremeño, el cántabro o las hablas de Salamanca.

La trascripción se hace acorde con las normas del alfabeto fonético internacional.

El sistema vocálico del leonés distingue cinco fonemas en posición tónica, divididos en tres grados de abertura (mínima, media y máxima) y tres situaciones (central, anterior y posterior). En posición átona (pretónica o final) el número de alófonos posible se reduce a tres [a, i, u]. /e/ e /i/ se confunden en [i] (en posición pretónica sobre todo), mientras que /o/ y /u/ se confunden en [u]; existiendo unas reglas para decantarse por una de las dos grafías a la hora de la escritura.[22]

/n/ se pronuncia como /ŋ/ en posición de coda y /g/ suele pronunciarse como fricativa sonora incluso en inicio de palabra.[22]

El fonema /ʝ ~ j/ tiene varios alófonos [ɟʝ ~ dʒ] (tras pausa o nasal) y [ʝ ~ ʒ] en el resto de contextos.

El leonés se escribe con el alfabeto latino, pero carece de una norma escrita oficialmente regulada. Algunas asociaciones han propuesto un estándar propio, diferenciado de los ya existentes en el dominio lingüístico (como el aplicable en Asturias, regulado por la Academia de la Lengua Asturiana, o el Anstituto de la Lhéngua Mirandesa, aplicable al mirandés de Miranda do Douro), en tanto que otras asociaciones y escritores de León y Zamora proponen seguir las normas ortográficas de la Academia de la Lengua Asturiana.[23][20]

La Academia de la Lengua Asturiana propone las siguientes soluciones para las variedades dialectales occidental y oriental:[24]

Como los grafemas y ḷḷ no aparecen en la mayoría de los tipos de letra empleados habitualmente tanto en los medios informáticos como en las publicaciones gráficas, suelen cambiarse, y así está admitido también, por h. y l.l («ts») respectivamente.

Habla de Somiedo

Paḷḷuezu

Cabreirés

Mirandés

Estremeñu

Cántabru / Montañés

Los sustantivos tienen dos géneros: masculino y femenino, así como dos números: singular y plural. Las principales terminaciones, por género y número, son:

Los adjetivos tienen dos géneros: masculino y femenino, así como dos números: singular y plural. Las principales terminaciones, por género y número, son:

El adjetivo en leonés concuerda en género y número con el sustantivo, al igual que sucede en otros idiomas latinos como el castellano, el francés, el portugués o el italiano.

El leonés incluye el artículo en posición antepuesta al determinante posesivo, como sucede en gallego o italiano.

Los artículos en leonés son:

Los pronombres personales en leonés son:

El leonés presenta los siguientes determinantes demostrativos:

Singular

Plural

En leonés existen tres conjugaciones:

El leonés carece de tiempos compuestos en su sistema verbal, contando con un sistema en que las acciones se subdividen en las categorías:

El leonés divide el modo en modo indicativo y modo subjuntivo.

El leonés realiza apostrofaciones, especialmente con los artículos: l'amigu (el amigo).

El leonés realiza contracciones entre artículos y otros determinantes: na (en la).

Ver más tablas comparativas

La transformación del latín al leonés se produce de un modo progresivo e imperceptible como sucede en el resto de las lenguas, así que es imposible datar con precisión cuándo el latín se convierte en leonés. A partir de Asturias se extendió hasta casi Andalucía. En la Edad Media se consideraba que el leonés era preferido para la literatura, sin embargo, el castellano lo fue desplazando desde muy pronto.[34]

En el siglo VIII, la lengua de la Iglesia y la administración era tan diferente de la hablada que ya se puede pensar en dos sistemas diferentes: el latín y el romance. Así, en el siglo X tenemos un escrito en lengua romance, la Nodicia de Kesos, en la que el romance de esa época sustituye al latín en un acto rutinario de compra-venta. Se considera a la lengua de este escrito como la antesala del asturleonés.[35]

La lengua empleada en la escritura de todo tipo de actos va a ser progresivamente el asturleonés en el territorio del Reino de León.[13]​ Es por tanto, una lengua que se emplea a nivel administrativo, público y privado: testamentos, cartas de venta, todo en este periodo está redactado en romance asturleonés. Incluso se redactan escritos legales como pueden ser el Fuero juzgo y los fueros concedidos a diversas ciudades como Avilés, Oviedo, León, Zamora o Salamanca.[40][41]​ En este periodo se percibe un acercamiento hacia la consecución de una homogeneización lingüística que pudiera tener un uso cancilleresco.[42]​ Fuera del ámbito administrativo y jurídico, se distinguen rasgos del leonés del siglo XIII en manuscritos como el Libro de Alexandre o la Disputa de Elena y María, probablemente introducidos por copistas leoneses.[43][44][45]

Incluidos ya los territorios leoneses bajo la órbita castellana, y en el tiempo en el que se podrían dar las circunstancias adecuadas para un desarrollo como lengua de prestigio y cultura, el castellano va a sustituir al leonés en estos ámbitos, al igual que en la vecina Galicia, postergándolo al uso oral, como pasara antes con el latín. En consecuencia, va a haber un distanciamiento importante entre la lengua hablada y la lengua escrita, el castellano.[46]

Desde este siglo hasta el siglo XVIII puede hablarse de este periodo como el de los siglos oscuros, donde al igual que en otras zonas de la península ibérica y de Europa, las lenguas de los estados resultantes, en un proceso de centralización, van a marginar a las del resto de esos territorios, quitando homogeneización lingüística y cultural que pone en peligro la existencia de algunas lenguas y lleva a la fragmentación dialectal de estas.[47]

En la Edad Moderna la producción en leonés se centra en el campo literario donde autores como Juan del Enzina, Lucas Fernández o Torres Naharro publican obras utilizando el leonés, especialmente las centradas en las églogas.[48]

Con el movimiento de la ilustración se atisba un impulso por la recuperación de las lenguas (dialectos en la terminología de la época), con Jovellanos proponiendo la creación de una Academia, una gramática y un diccionario del bable,[49]​ nombre aplicado también al asturleonés. Igualmente hay una actividad literaria que hace presentir la posibilidad de una continuidad de la literatura asturleonesa desde la Edad Media.[50]​ Otro autor destacado es el salmantino Torres Villarroel.

Es en este momento con el Romanticismo, al igual que en toda Europa, cuando las lenguas cobran un empuje en la literatura y en la cultura de entonces. En el dominio lingüístico asturleonés se sigue este camino. En Miranda se traducen los Evangelios,[51]​ como en León donde podemos añadir la existencia de poesía de carácter menor.[1]​ Es en Asturias donde recobra más fuerza, debido sobre todo a la presencia de la universidad. Así habrá propuestas de gramática, diccionarios y una abultada literatura con autores como José Caveda y Nava o Juan María Acebal.[50]

A principios de siglo sigue este periodo de recuperación con un acercamiento a los modelos estéticos de la época, con gente como José García Peláez («Pepín de Pría») y sobre todo el Padre Galo Fernández («Fernán Coronas»), autor de una poesía en tono melancólico en la que afronta la realidad lingüística de Asturias, León, Zamora y Miranda como base para el acceso a una lengua de prestigio.[52]​ Con la Guerra Civil Española y el periodo posterior de la dictadura franquista, este proyecto se detiene y cae en el olvido. En los años 70 vuelve a retomarse el proyecto y cuaja en la creación de la Academia de la Llingua, organismo oficial, en un crecimiento literario y en una demanda social por la lengua, que contribuye a la presencia de la misma en la escuela asturiana y mirandesa, junto a una petición amplia por la oficialidad de la misma (ya alcanzada en el caso mirandés).[53][54]​ Nada más quedaría incluir a León y Zamora en ese proceso normalizador que concierne a todo el dominio.

Eva González Fernández, nacida en Palacios del Sil, es la escritora más importante en lengua leonesa de este periodo. Su escritura surge totalmente de la tradición oral, siguiendo inclusive su métrica, estilo y mismo ritmo.[55]​ Su hijo Roberto González-Quevedo, miembro de la Academia de la Llingua Asturiana, continúa con la labor de dignificación y difusión del leonés emprendida por su madre.[56]

Fruto de diversas iniciativas colectivas, y sucesora de diversas aportaciones personales realizadas en la década de los ochenta, en 1994 nace en León Facendera pola Llengua, colectivo que defiende un nuevo papel para el asturleonés. Desde su creación organiza cursos, charlas y todo tipo de actividades conducentes a llenar los grandes vacíos de información que tiene la sociedad leonesa y zamorana. Su objetivo es acercar la realidad de la lengua asturleonesa, su historia, su literatura y su situación.[57]

Florecimiento de la literatura leonesa. Roberto González-Quevedo se convierte en el escritor más reconocido y prolífico en lengua leonesa.[58]​ Tras él surge una nueva generación de escritores, apadrinados en su mayoría por el escritor y editor Xosepe Vega Rodríguez y el proyecto editorial de Libros Filandón,[59]​ el cual pretende servir de soporte de desarrollo a la literatura y la creación de autores leoneses, pero en especial a la expresión creativa en las hablas tradicionales de esa región.[59]​ Se inicia una reivindicación más acentuada por parte de asociaciones culturales que piden una implicación institucional completa respecto a la protección y promoción del uso del leonés,[60]​ y a iniciativa de la Universidad de León se celebran una serie de congresos lingüísticos con la pretensión de sentar las bases de una normalización lingüística.[20]

La investigación sobre el leonés como lengua comienza, a nivel internacional, en el siglo XIX. El alemán Gessner publicará Das Altleonesische en Berlín en el año 1867, identificando a la lengua del antiguo Reino de León como leonés.[61]​ En Santiago de Chile, Hanssen publica, en 1896, sus Estudios sobre la conjugación leonesa.[62]

El comienzo de siglo XX es el punto en el que los estudios y la producción de obras en leonés alcanzan un gran nivel. Menéndez Pidal realizó en 1906 un estudio sobre todo el dominio lingüístico asturleonés, creando una escuela que marcará la pauta no sólo de la filología española, sino también internacional.[32]​ El estudio sobre el leonés no sólo se centra en la realidad presente sino también en el leonés de la Edad Media. El sueco Erik Staaf publica el Étude sur l'ancien dialecte léonnais d'après les chartes du XIIIÈ siècle en 1907 y el propio Hanssen publicará en el año 1910 Los infinitivos leoneses del Poema de Alexandre.[63]

Los filólogos de talla internacional, como el alemán Krüger, se interesan por los estudios sobre el leonés y tras un estudio sobre el occidente (1906), estudia el leonés en Sanabria (1923).[64]​ En 1999 la profesora bretona de filología Janick Le Men publicó Léxico Leonés.[65]

Otros filólogos publicarán trabajos sobre el leonés en determinadas comarcas y regiones. Santiago Garrote lo hace sobre Astorga, Agustín Blánquez sobre Alcañices, Puebla de Sanabria y La Bañeza, y Américo Castro que en su obra de 1913 Contribución al estudio del dialecto leonés de Zamora analiza el leonés en esa provincia.[66]​ En Salamanca, donde el leonés ha sido menos estudiado, el lingüista y catedrático Antonio Llorente Maldonado estudió la extinta habla riberana, otorgándole un «eminente carácter dialectal leonés occidental, con abundantes rasgos arcaizantes», identificando en ella además elementos comunes con el sayagués y el mirandés.[67]

Posteriormente, durante la segunda mitad del siglo XX y primera del siglo XXI, se realizarán varios estudios lingüísticos centrados en las hablas leonesas tradicionales que aún hoy (2010) mantienen hablantes patrimoniales. Entre otros ejemplos, en 1948, la etnóloga María Concepción Casado Lobato publicó El Habla de Cabrera Alta;[27]​ en 1959 el filólogo Ángel R. Fernández González publicó El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre;[68]​ en 1985 el filólogo y profesor Guzmán Álvarez Pérez publicó El habla de Babia y Laciana;[69][70]​ en 2001 el filólogo Roberto González-Quevedo publicó La Fala de Palacios del Sil;[26]​ Margarita Álvarez Rodríguez publicó en 2010 un completo estudio de los rasgos fonéticos, morfológicos y de vocabulario propios de Valdesamario[71]​ y en 2011 el profesor Fernando Bello publicó Léxico y literatura de tradición oral en el entorno de Las Médulas.[72]​ Estos trabajos fueron complementados por diferentes diccionarios y recopilaciones de vocabulario: Vocabulariu de Palacios del Sil, de Roberto González-Quevedo,[73]Vocabulariu de La Baña, de Jonatan Rodríguez Bayo,[74]El vocabulario del Concejo de la Lomba en las montañas de León, de César Morán Bardón,[75]​ la obra póstuma de José Díaz y Díaz-Caneja y de Olegario Díaz-Caneja, finalizada antes de 1965, se publicó en el año 2001 con el título de Vocabulario sajambriego;[76]Diccionario de Sanabrés y Nuevo Diccionario de Sanabrés,[77]​ de José Domingo Martín Álvarez o Voces del Eria: usos del dialecto leonés en la Valdería de Isidora Rivas Turrado,[78]​ entre otros.

A finales del 2017, y con el respaldo económico de la Junta de Castilla y León, la Universidad de León comenzó el desarrollo del embrión de la «Cátedra de Estudios Leoneses», principalmente en lo que será su organización y encaje en la estructura universitaria. Además, está previsto que, una vez puesta en marcha, la cátedra también abra la puerta a la enseñanza del leonés y que los escolares lo escojan como una materia más en su formación académica.[79]

Lingüísticamente se considera que dentro del dominio lingüístico asturleonés, las denominaciones conocidas como leonés, asturiano o mirandés forman parte de una macrolengua, entendida como una lengua que existe en forma de diferentes variedades lingüísticas,[81]​ en donde los trazos isoglóticos, especialmente en el vocalismo y en los grupos cultos, evolucionan de occidente a oriente compartiendo así algunos rasgos con el galaicoportugués y el castellano.[32][50][82]

Por extensión geográfica, la lingüística describe que los trazos fundamentales de la lengua asturleonesa se extienden actualmente por Asturias, León, Zamora y Miranda do Douro. El carácter común del asturleonés en todos estos territorios, no se caracteriza por ser una agregación de un dialecto asturiano, otro leonés, otro zamorano, otro salmantino y otro mirandés; la primera división científica del asturleonés, que describe la lingüística, es precisamente otra, vertical y dividida en tres bloques dialectales transfronterizos compartidos principalmente entre Asturias y León: Occidental, Central y Oriental. Solamente en un segundo nivel de análisis se podrían describir entidades menores. Las entidades políticas o administrativas y los espacios lingüísticos raramente coinciden biunívocamente, lo más habitual es que las lenguas sobrepasen las fronteras y no coincidan con ellas.[83][84][85][86]

No existe ningún censo lingüístico que permita conocer con precisión cuál es el número real de hablantes de leonés en las provincias de León y de Zamora. Las estimaciones realizadas oscilan entre los 5000 y los 50 000 hablantes.

Algunos estudios sociolingüísticos afirman que un 82,6 % de los asturianos encuestados opinan que no existe asturiano más allá de las fronteras de la comunidad autónoma asturiana.[95]​ Otros estudios realizados en los municipios leoneses que lindan con Asturias afirman que un 65 % de los encuestados creen no estar de acuerdo o poco de acuerdo en que el habla tradicional de León tenga unidad lingüística con el asturiano; paradójicamente, en este mismo estudio, los hablantes denominan mayoritariamente a la lengua como asturleonesa.[96][97]

Esta incongruencia es debida principalmente a que un 30 % de la población leonesa no tiene interiorizada la idea de que el asturiano o leonés sea un idioma diferente del castellano.[98]

Por otra parte una cuarta parte de los leoneses dice entender el habla tradicional y el 67,2 % de los leoneses se muestra favorable a colaborar con Asturias en política lingüística. Casi el 50 % se muestra a favor de que el habla tradicional (ya sea denominada leonés, asturleonés, fala o bable) adquiera un reconocimiento jurídico pleno en el Estatuto de Autonomía, frente a un 42 % que no estaría nada o poco de acuerdo.[98]

Independientemente del nombre que se le dé a las hablas tradicionales, éstas generalmente han gozado de poca reputación entre los propios hablantes, sobre todo en el ámbito rural. Hasta el punto de querer ocultarlas en presencia de forasteros, considerándolas burdas y propias de analfabetos frente al castellano, lengua a la que otorgarían mayor prestigio social. En el estudio Límites del dialecto leonés occidental en Alcañices, Puebla de Sanabria y La Bañeza de 1907 se refleja claramente esa connotación negativa que tiene el hablante hacia su propia lengua:

Sólo el mirandés goza de reconocimiento oficial en el municipio de Miranda de Duero en virtud de la Ley n.º 7/99, de 29 de enero de 1999 de la República Portuguesa (Reconocimiento oficial de derechos lingüísticos de la comunidad mirandesa)[54]​ mientras que en las comunidades autónomas españolas de Castilla y León y Asturias sólo se menciona a la lengua para indicar que será objeto de protección, uso y promoción, sin que haya ningún reconocimiento de oficialidad.[3]​ Desde la Convención Ortográfica de la Lengua Mirandesa se habla de 'zonas leonesas en Portugal', y se identifica al mirandés como una lengua que, aún perteneciendo al mismo dominio lingüístico que el asturiano o leonés, se cree conveniente la utilización de una ortografía más cercana al portugués.[23]

En octubre de 2005 las asociaciones culturales Facendera pola Llengua Llionesa, Furmientu y Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana emiten un comunicado conjunto en el que piden, atendiendo al debate de la reforma estatutaria en Asturias y en Castilla y León, responsabilidad a los representantes políticos para lograr el máximo grado posible de protección, estatus jurídico y normalización del idioma. En ese sentido, dichas asociaciones entienden que es interesante el uso de un término común para referirse al idioma que, en línea con la realidad sociopolítica de León y Zamora, no cree confusión ante las instituciones españolas y europeas y deje claro que se está hablando de la misma lengua que la que se menciona en el Estatuto de Autonomía de Asturias.[99]

El leonés se cita y su protección se reconoce en el Estatuto de Autonomía de Castilla y León,[100]​ en el artículo 5º del Título Preliminar:[14]

En noviembre de 2008, la asociación Furmientu presentó ante el Procurador del Común de Castilla y León una queja frente a la Consejería de Educación y la Consejería de Cultura y Turismo,[60]​ solicitándole que instara a dichas consejerías a desarrollar y llevar a cabo los aspectos recogidos en el artículo estatutario n.º 5.2.[101]​ Como consecuencia de esa queja, en mayo de 2009 el Procurador del Común recriminó al gobierno autonómico por no fomentar el leonés, pese a figurar en el propio estatuto, y dio la razón a Furmientu enviando a la administración autonómica una resolución formal instando a «...impulsar la correspondiente iniciativa legislativa a través del pertinente proyecto».[102]

En mayo de 2010 el PSOE presentó en las Cortes de Castilla y León una Proposición no de Ley para cumplir con la reforma del Estatuto y hacer efectivo el artículo 5.2,[101]​ permitiendo así la regulación, protección, uso y promoción del asturleonés en las zonas donde, por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad de Castilla y León, todavía se habla. En consecuencia las Cortes acordaron por unanimidad el impulso al leonés con medidas de protección específicas y la regulación para su uso y protección, debido principalmente a su valor patrimonial lingüístico y por ser una seña de identidad de la Comunidad autónoma.[103]

Ante esta propuesta, varias asociaciones culturales leonesas y zamoranas (El Teixu, La Caleya, Furmientu y Facendera pola Llengua) recibieron la noticia con cierto recelo, debido a que en otras ocasiones, declaraciones similares de apoyo acabaron quedando en simple retórica. En este sentido, en el mes de junio de 2010 estas mismas asociaciones enviaron un detallado informe al Consejo de Europa denunciando el incumplimiento total de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias por parte de la Junta de Castilla y León, a pesar de estar aprobado el citado artículo n.º 5.2. del Estatuto de Autonomía.[104]

En diciembre de 2010 el Partido Popular rechazó en las Cortes la enmienda presentada por el PSOE, a pesar de que en el mes de mayo todos los grupos parlamentarios aprobaran por unanimidad que la Junta de Castilla y León impulsaría el leonés con medidas de protección específica. Se materializó así la duda y el escepticismo negativo que las asociaciones culturales relacionadas con la recuperación de la lengua asturleonesa mostraron en el momento de ser presentada esta propuesta.[105]

En consecuencia y ante la pasividad de la Junta, en febrero de 2011 un nutrido grupo de asociaciones culturales de Castilla y León dedicadas a la defensa, promoción y estudio del gallego y el leonés (Furmientu, Xente Nova, Buraco, Campo Aliste, Agora, Ciudadanos del Reino de León, Documentación y Estudio de El Rebollar, Facendera, Fala Ceibe, El Teixu y La Caleya), se unieron en defensa de ambas lenguas en esta comunidad autónoma; pidiendo respeto y protección autonómica para las lenguas y hablas minoritarias, y reclamando a la Junta una política activa y respeto al Estatuto. Las asociaciones constituyentes de la Plataforma en Defensa del Gallego y del Leonés argumentaron que, la Junta de Castilla y León desatendía completamente la protección del leonés, haciéndolo de forma parcial en el caso del gallego. Asimismo, compararon esta situación con la de otras comunidades autónomas en las que sí se amparaba el patrimonio lingüístico distinto del castellano, siendo o no lenguas oficiales.[106]​ En 2017, el Consejo de Gobierno de Castilla y León concedió 200 000 euros para la dotación de una cátedra académica en la Universidad de León como parte del «apoyo al leonés por su valor dentro del patrimonio lingüístico».[79]

La Unesco clasifica al leonés dentro de las lenguas en alto riesgo de extinción. La precaria situación del leonés está directamente determinada por los siguientes condicionantes:[108]

La Unesco recomienda los siguientes planes de acción para garantizar la preservación de esta y otras lenguas minoritarias:[109][110]

La normalización lingüística es un proceso de establecimiento de normas lingüísticas que tiene por objeto hacer de una lengua un instrumento adecuado para la comunicación. Para conseguir la normativización debe contarse o crearse con una ortografía, una gramática normativa y un diccionario normativo. Esta tarea está a cargo de especialistas normalmente congregados en una academia o institución semejante. En lo que se refiere a la lengua leonesa, su normalización se está desarrollando en un proceso lento y complejo, debido en parte a varios factores, como por ejemplo la falta de medidas reales de actuación por parte de la Junta de Castilla y León, ausencia de colaboración institucional entre los diferentes territorios del domino lingüístico, e incluso discrepancias, sobre todo en la consecución de un estándar lingüístico, por parte de las diferentes asociaciones que promueven el leonés.

En mayo de 2008 la Universidad de León organizó un congreso sobre la lengua leonesa en el que se planteó el reto de analizar cuál debe ser el papel que jugará el leonés en el siglo XXI. En él participaron expertos y especialistas con experiencia en procesos similares de recuperación y normalización lingüística de lenguas minoritarias. También participaron representantes de algunas de las diferentes asociaciones culturales, que pese a tener diferentes planteamientos, les une el objetivo común de promover el uso del leonés. Por un lado existe un grupo de asociaciones culturales que se posicionan a favor de la normalización conjunta de todo el dominio lingüístico asturleonés y no les supone un problema el empleo de las normas ortográficas y gramaticales de la Academia de la Lengua Asturiana:[20]El Teixu[111]​ y Furmientu en Zamora, La Caleya y Facendera pola Llengua en Astorga. Y por otro estarían las asociaciones afines a la ideología de Conceyu Xoven quienes consideran a la lengua leonesa diferente de la asturiana y promueven el uso de un código escrito diferenciado: El Fueyu y L’Alderique en León y El Toralín en la comarca de El Bierzo.[112]

En este congreso se destacaron las siguientes propuestas y medidas a adoptar para encaminarse hacia una normalización lingüística:[20]

Desde la década de los 90 se han venido realizando una serie de actividades con el fin de promover el uso y la recuperación del leonés. Estas acciones han sido realizadas por asociaciones culturales y algunas instituciones:

La literatura escrita en leonés, como tal, no lo es prácticamente hasta bien entrado el siglo XX. Salvo algunos ejemplos, la mayoría de la literatura que se ha conservado ha sido gracias a la transmisión oral, si bien existen algunas obras escritas en leonés o en las que alguno de los dialectos del leonés tiene un peso significativo.

Fue a partir del siglo XIII cuando progresivamente se acentuó la sustitución del latín por la lengua romance en la documentación administrativa, tal y como se aprecia en la documentación medieval del Tumbo Viejo del Monasterio de San Pedro de Montes:[141]

Saban quantos son e quantos an de venir que you, don Alvaro, com mia muler donna Tereysa, vendemus al abat Johan de Sant Pedro de Montes quanta erdade avemos en Priaranza, que coubo a donna Tereysa de parte de don Pedro Correa, que fu sou marido, que le dio todo quanto avia en Priaranza, que le coubo de su patrimonio, ye quanto y comprou, ye ganou, ye deve por aver, todo lo dio a donna Teresa en arras. Et yo don Alvaro, com mia mulle, donna Teresa, assi lo vendemos al abat pora el monesterio quanto y avemos: casas, terras, vinas, linares, arbores, pastos, montes, molineras, exidas, todo lo vendemos al abat por XXX moravedis, que nos deron, ye somos pagados de todos los maravedis ye del rovramento de la carta. Ye you donna Teresa dou a mio marido don Alvaro por enjurador desta herdad, ye outorgolo, ye dio ende juro a Johan Fernandez e a don Beneyte que furon de parte del abat. Ye don Alvaro e yo donna Teresa quin quier que herdade quiera demandar outorgamosnos de la alongar de todo ome que la demandar per nostra boma, ou quer que la hamos.

Sepan cuantos están [presentes] y cuantos han de venir que yo don Álvaro con mi mujer doña Teresa hemos vendido al abad don Juan, de San Pedro de Montes, cuantas heredades tenemos en Priaranza, las cuales recibió doña Teresa de parte de don Pedro Correa, el que fue su marido, quien le dio todo cuanto tenía en Priaranza [y] que le tocaba a su patrimonio, y [todo] cuanto allí compró y ganó y debe de haber, todo lo dio a doña Teresa en arras. Y yo don Álvaro con mi mujer doña Teresa, así se lo vendemos al abad para el Monasterio, [todo] quanto allí tenemos: casas, tierras, viñas, linares, árboles, pastos, montes, molinos, cercados (sic salidas), todo lo vendemos al abad por treinta maravedíes que nos dieron y quedamos pagados con todos estos maravedíes y de [los gastos de] la firma (corroboración) de la carta. Y yo doña Teresa tengo a mi marido don Álvaro por garante de esta heredad, y lo otorgó y doy, por ende lo juro ante Juan Fernández y ante don Benito que fueron (estuvieron presentes) de parte del Abad.Y don Álvaro y yo doña Teresa, cualesquiera que las heredades quiera demandar, nos reservamos la [facultad] de alargar (legitimar) a todo hombre que la demandare por nuestra, 'boma' o donde quiera que la hallamos. .

De ese mismo periodo se conocen varias obras romances, caracterizadas por la abundancia de leonesismos en sus textos, como el «Libro de Alexandre» , la «Disputa de Elena y María» o la «Crónica de Alfonso XI». En el caso de la primera obra, de la que se conservan dos ediciones manuscritas originales, algunos autores afirman que la amplia existencia de leonesismos en una de las ediciones podría ser debido al origen leonés del copista que transcribió la obra, transmitiendo así sin conciencia de ello hábitos lingüísticos de su lengua primera:[142]

Señores, se quisierdes mio serujçio prender,
Querrjauos de grado seruir de mjo menster:
Deue de lo que sabe omne largo seer,
Se no podrje de culpa o de rjeto caer.

Mester trago fermoso, non es de ioglarja;
Mester es sen peccado, ca es de clerezia:
Fablar curso rjmado por la quaderna uia,
A sillauas cuntadas, ca es grant maestria.

Quj oyrlo quisier, a todo mjo creer,
Aura de mj solaz, en cabo grant plazer;
Aprendra bonas gestas que sepa retraer;
Auerlo an por ello muchos a connosçer.

Non uos quiero grant prologo nen grandes nouas fazer;
Luego a la materia me uos quiero coger.
El Criador nos lexe bien apresos seer;
Si en aquel pecarmos El nos deñe ualer.

Señores, si quisierais recibir mi servicio,
Os querría servir de grado de mi arte:
Debe de lo que hombre liberal sabe ser,
Si no podría de culpa o en acusación caer.

Mester traigo hermoso, no es de juglaría;
Mester es sin pecado, puesto que es de clerecía:
Hablar curso rimado por la cuaderna vía,
A sílabas contadas, que es gran maestría.

Quien oírlo quisiera, a todo mi juicio,
Habrá de mi consuelo, en cabo gran placer;
Aprenderá buenas gestas que sepa rememorar;
Haberlo han por ello muchos a conocer.

No os quiero gran prólogo ni grandes noticias hacer;
Quiero acogerme enseguida a la materia.
El criador nos deje felices ser;
Si en algo hemos pecado Él nos amparará.

En el siglo XVI, en torno a la Universidad de Salamanca y bajo la firma de autores como Juan del Enzina o Lucas Fernández entre otros, surgió una producción de piezas teatrales pastoriles en dialecto sayagués caracterizadas por presentar rasgos leoneses básicamente fonéticos y apenas morfosintácticos, casi estereotipados junto con determinado léxico que buscaban la comicidad y la risa de sus contemporáneos, en el que lo sayagués se utiliza como paradigma de lo rural y tosco, exagerando e inventando expresiones que finalmente nada tendrían que ver con el propio dialecto sayagués.[45]​ Un ejemplo de una égloga sayaguesa en el «Romance de Gallinato»:

Señor Ri, Dius vos mantienga
Y á ñuesa reina además,
Pues que tal fiyo ños das,
Que sigros de vida tienga.

Ño ha quedado, ño par Dius
En Sayago Sayagues,
Que ño vos faga entremes
Porque vos llu guarde Dius.

La ñobre ñiversidá
Della vuesa Salamanca
Ño vos anda endebre y manca,
Que par Dius vallente está.

Es el vivo Barrabas
La ñiversidá, vos fabro,
Fecho ha fechos del diablo,
On mas que Sayago, mas.

Señor Rey, Dios os mantenga
Y también a nuestra reina,
Pues que tal hijo nos das,
Que larga vida tenga.

No ha quedado, no por Dios
En Sayago, sayagués,
Que no os haga entremés
Porque Dios os lo guarde.

La noble universidad
De vuestra Salamanca
No os anda endeble y manca,
Que por dios valiente está.

Es el vivo Barrabás
La universidad, os hablo,
Hecho ha hechos del diablo,
Aún más que Sayago, más.

A partir del siglo XIV la literatura leonesa fue generalmente popular y trasmitida oralmente, manifestándose principalmente en cuentos, leyendas, refranes, romances o cantares. La sociedad leonesa y zamorana era principalmente rural, y teniendo en cuenta el alto grado de analfabetismo que había, el único acceso que se tenía a la literatura era de forma oral.[143]​ El filandón o serano era donde esta literatura alcanzaba su máxima expresión; al calor de la lumbre y en horas nocturnas se reunían los vecinos y familiares de las aldeas celebrando así un acontecimiento social en donde se contaban historias, se cantaba, se bailaba y se hilaba.[144][145][146]

Esta literatura tradicional está caracterizada por varios aspectos:

Según afirma el lingüista especializado en lenguas minorizadas Juan Carlos Moreno Cabrera, el hecho de que una lengua carezca de escritura no significa que esté exenta de literatura o que no sea una lengua de cultura y añade como ejemplo que «Cada vez que muere un anciano en África es como si se quemase una biblioteca».[147]

Ejemplo de una típica copla empleada en canciones populares, generalmente acompañadas por pandereta o pandeiru cuadráu, de la que se pueden encontrar diversas versiones en la tradición oral:[148][149]

Este pandeiru que toco
Y este que llevo na manu
Ye de la mía cuñadina,
La muyer del mieu hermanu.

Toca compañeira, toca
Y allegra los corazones
Que nun digan que tenemos
Pena por outros amores.

Este pandeiru que toco
Ye de pilleyu d'ouveya
Ayer birraba nu monte
Güei toca que ritumbiella.

Cuandu me paríu mi madre
Paríume nuna escudiella
Vino’l gatu y comieume
Cuntando que yera morciella.

Mándanme cantare, nun sei.
Mándanme baillare, tampoucu.
Mándanme toucare’l pandeiru
Y esu si que sei un poucu.

Y agora nun canto más,
Acabóuseme la gracia
Y la pouca que me queda
Vou deixala pa mieu casa.

Este pandero que toco
Y este que llevo en la mano
Es de mi cuñadita,
La mujer de mi hermano.

Toca compañera, toca
Y alegra los corazones
Que no digan que tenemos
Pena por otros amores.

Este pandero que toco
Es de piel de oveja
Ayer daba berridos en el monte
Hoy toca que retumba.

Cuando me parió mi madre
Lo hizo en un tazón
Vino el gato y me comió
Creyendo que era morcilla.

Me mandan cantar, no sé.
Me mandan bailar, tampoco.
Me mandan tocar el pandero
Y eso sí que sé un poco.

Y ahora no canto más,
Se me acabó la gracia
Y la poca que me queda
Voy a dejarla para mi casa.

Es a partir del siglo XIX cuando se vuelven a conocer nuevas muestras de literatura escrita. En 1847 se escribió el texto en dialecto cepedano «La parábola del fíu pródigu» de J.B. Dantín. También a partir de la segunda mitad de este siglo se escriben las «Cartas a Gallardo» en dialecto babiano. Trata sobre las reflexiones propias de su lengua que un hablante de leonés hace. La información en cuestión aparece de forma anónima y en forma de varias cartas que un corresponsal babiano envió al bibliógrafo y escritor Bartolomé José Gallardo y que el filólogo Emilio Alarcos Llorach publicó posteriormente:[150]

«Nun sei si b. acertará a pernunciar muitus bucablus qe. che escrivu; peru quandu nus veiamus you che dierei la verdadeira pernunciación de cada unu; yá cun esu pudrá servirche de regla pa outras Cartas, qe. che escriva nu mesmu dialectu. Además de la dificulta q’alcuentru pâ escrivir de manera qe. las chêtras y’acentus marquen la pernunciación, trupiezu cun tantas ya tales irregularidades nus verbus, qe. yera menester una gramática particular, poucu menus cumplicada qe. la francesa, pâ quitar muitas dificultades al qe. nun tien idea d’este bastu chapurrau (…). Buste qe., tanto cunoz las cousas antiguas de nuesa querida España, puede ser qe. pur causalida alcuentre n’este toscu chinguaxe alguna cousa qe. s’asemexe cun algun manuscritu d’estraurdianria antigueda de lus muitisimus qe. reconocen su uechus pa ilustrar mas ya mas nuesu preciosu ya incomparable idioma castiechanu; si asi fos, esperu qe. s’alcuerde algn. dia de decirme si pudu servirche d’algn. pruveitu, la pequena idea qe. you che darei de nuesu chapurrau bavianu. Amigu, cumu acho muitas dificultades pa escribir mieu idioma maternu nun puede pur guei estenderme mas (…)».

«No sé si usted acertará a pronunciar muchos vocablos que le escribo; pero cuando nos veamos yo le diré la verdadera pronunciación de cada uno; Ya con eso podrá servirle de regla para otras Cartas, que le escriba en el mismo dialecto. Además de la dificultad que encuentro para escribir de manera que las letras y acentos marquen la pronunciación, tropiezo con tantas y tales irregularidades en los verbos, que era menester una gramática particular, poco menos complicada que la francesa, para quitar muchas dificultades al que no tiene idea de este basto chupurreado (…). Usted que, tanto conoce las cosas antiguas de nuestra querida España, puede ser que por casualidad encuentre en este tosco lenguaje alguna cosa que se asemeje con algún manuscrito de extraordinaria antigüedad de los muchísimos que reconocen sus ojos para ilustrar más y más nuestro precioso e incomparable idioma castellano; si así fuese, espero que se acuerde algún día de decirme si pudo servirle de algún provecho, la pequeña idea que yo le daré de nuestro chapurreado babiano. Amigo, como hallo muchas dificultades para escribir en mi idioma materno no puedo por hoy extenderme más (…)».

Ya en el siglo XX, se editó en 1907 el libro «Cuentos en dialecto leonés» de Cayetano Álvarez Bardón. Es una recopilación de cuentos en prosa y verso procedentes de la Ribera alta del Órbigo, la Cepeda y la Montaña leonesa. Un fragmento de este libro:

¡Oh rapazas! ¡Oh muyeres!
¿Pur qué sodes perezóusas?
¿Nun vedes qu'aquestas ñieves
Trayen fugazas e tortas?

Delantre estos asadores
Que respetorun las fieras,
Nun temádes en culgare
Llardu, butiellu y murciellas.

Prepará lus aguinaldus,
Mas que sean de regiellas,
Y nusóutrus vus daremus,
Cagayas pa las mundiellas.

Las Cabras y las ugüeyas,
Vus darán si lu faceis,
Muchos cabritus y añus,
Q'han de ñacer tous reis.

¡Oh muchachas! ¡Oh mujeres!
¿Por qué sois perezosas?
¿No veis que estas nieves
Traen hogazas y tortas?

Delante de estos asadores
Que respetaron las fieras,
No temáis en colgar
Tocino, botillo y morcillas.

Preparad los aguinaldos,
Mas que sean de rejillas,
Y nosotros os daremos,
Cagarrutas para las escobas del horno.

Las Cabras y las ovejas,
Os darán si lo hacéis,
Muchos cabritos y años,
Que han de nacer todos reyes.

En 1921 se publicó la novela costumbrista «Entre Brumas» del astorgano José Aragón Escacena, quien fuera maestro rural en una aldea cabreiresa. Este libro, cuya acción se sitúa en los primeros años del siglo XX, cuenta en primera persona las relaciones y experiencias del protagonista en la Comarca de La Cabrera. En la voz de su autor reproduce en ocasiones un exagerado, y no del todo fiel, dialecto del pueblo de La Baña. Así se muestra en el siguiente fragmento:[31]

¿Acuérdasevos de cuando se mandóu lla cometiva a Arlanga pa recogere'l San Damián?... ¿Acuérdasevos tamían que se xuntóu cunceyu pa legire lla cometiva qu'había de dire a falare cun ll'Obispo, y pedire lla lecencia? ¿On, tamían sabedes que foi a tío Llurienzo que dixóronle que fuera él, que yera quien mexore abondaba pa falare cun ll'obispo?... Chegóu tío Llurienzo a Arlanga, y cuando víu al Obispo, pur sere pulítico, vai y dícele: «¿Qué tal vai, siñore Obispo?... ¿Qué tal vai lla obispa y llos obispines?...» Ll'obispo enfadóuse, dio en regañare llos dientes y dícele: «Ah tú: ¿ñon tién outro menos palamán llos de La Baña, qu'enviare pa falare cunmigo?» Y vai él y cuntesta: «Ah, siñore, todo se miróu y todo se reparóu; y dixeron, que pa quien yérades vos abondábamos ños.»

¿Os acordáis de cuando se mandó la comitiva a Arlanga para recoger el San Damián?... ¿Os acordáis también que se reunió el concejo para elegir la comitiva que tenía que ir a hablar con el Obispo, y pedir la licencia? ¿Aún, también sabéis que fue a tío Lorenzo al que le dijeron que fuera él, que era el más apropiado para hablar con el Obispo?... Llegó el tío Lorenzo a Arlanga, y cuando vio al Obispo, por ser diplomático, va y le dice: «¿Qué tal va, señor Obispo?... ¿Qué tal van la obispa y los obispitos?...» El Obispo se enfadó, enseñó con furor los dientes y le dice: «Ah tú: ¿No tienen otro menos imbécil los de La Baña, para enviarme a hablar conmigo?» Y va él y contesta: «Ah, señor, todo se miró y todo se reparó; y dijeron, que para quien era usted suficiente era yo.»

Durante el siglo XX fueron pocas las muestras de literatura y no fue hasta finales del mismo cuando volvió a resurgir la producción literaria. De este último periodo sobresalen las poesías de la escritora Eva González. Su estilo se ha caracterizado por surgir de la tradición oral, adoptando así su métrica, estilo y mismo ritmo. Junto a su hijo Roberto González-Quevedo han sido unos de los autores más destacados en dialecto paḷḷuezu.

En Laciana surgió un movimiento en defensa del patrimonio cultural autóctono al que se sumaron nuevos escritores en leonés (González-Banfi, Néstor Baz, Severiano Álvarez, Emilce Núñez, etc), en su mayoría gracias a la revista El Calecho, que se editaba en Villablino.

En 1996 se editó el libro «Cuentos de Lleón (antoloxía d'escritores lleoneses de güei)». Se trata de un conjunto de relatos de autores leoneses coordinados por el lingüista Héctor Xil,[151]​ muchos de ellos nuevos hablantes, que de alguna manera pudo marcar el punto de inicio desde el que se comenzó a considerar la posibilidad de fomentar y recuperar la lengua leonesa.

Posteriormente han destacado nuevamente en el mapa leonés autores como el prolífico Roberto González-Quevedo o Xosepe Vega (responsable de Llibros Filandón, editorial astorgana que publica poesía y narrativa en asturleonés), entre otros, quienes suelen escribir en un asturleonés de base dialectal en paḷḷuezu y cabreirés respectivamente, y cuya escritura rompe con la tradición oral de temática rural, moralizante y de diálogo y se caracteriza por seguir las pautas y líneas contemporáneas.

Entre tanto aparecen nuevos nombres en el panorama literario de León y Zamora que constatan el creciente interés por esta lengua: Juan Andrés Oria de Rueda, Francisco Pozuelo, Emilio Gancedo, Ramón Rei, Dori Barrio, etc.[45][152]



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