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Operación Chavín de Huántar



La Operación Chavín de Huántar fue una operación militar del gobierno del Perú llevada a cabo en abril de 1997 por el Comando Chavín de Huántar para rescatar a los 72 rehenes cautivos del grupo terrorista MRTA restantes[1]​ durante la crisis de la residencia del embajador del Japón en el Perú. Ha sido calificada como una de las más exitosas operaciones militar de rescate de la historia.[2][3][4]

A las 8:19 de la noche del 17 de diciembre de 1996, 14 miembros del grupo terrorista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru tomaron la residencia del embajador del Japón en el Perú, Morihisa Aoki, cuando se celebraba el natalicio del Emperador de Japón Akihito evento al que asistían 500 invitados entre empresarios, diplomáticos, religiosos, militares y políticos. Los 14 terroristas ingresaron por la propiedad colindante que se encontraba vacía, dinamitaron la pared limítrofe, avanzaron al terreno de la residencia, los asistentes en los jardines entraron en pánico y se refugiaron dentro de la residencia, los terroristas ingresaron armados y les comunicaron que eran rehenes.

Los terroristas fueron liberando rehenes (mujeres, ancianos y empleados del evento) a petición del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que no tenían "peso político". No obstante liberaron a Javier Diez Canseco (militante de partidos de izquierda) y a Alejandro Toledo, futuro presidente del Perú (2001-2006).

Dentro del grupo de rehenes liberado por su condición de mujeres y/o ancianos, liberaron sin saberlo, a la madre del presidente Alberto Fujimori, y a razón del tipo de evento, esto ha de haber sido un error del grupo terrorista.[cita requerida] Después de haber liberado a los ciudadanos comunes y haber seleccionado a los de mayor "valor" para su operación, el grupo de rehenes se redujo a 72 hombres. A cambio de su liberación, pedían que se pusieran en libertad a 400 miembros del MRTA que se encontraban encarcelados por delitos de terrorismo.

Entre las personalidades importantes que permanecieron bajo secuestro, se encontraba el Canciller Francisco Tudela, el Ministro de Agricultura Rodolfo Muñante, el futuro presidente del Perú Francisco Sagasti, varios congresistas, miembros de la Corte Suprema y diplomáticos extranjeros, empezando por el embajador japonés Morihisa Aoki y sus colegas de Alemania, Canadá, Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Cuba y otros, así como el director de AID, un funcionario de la DEA, entre otros. También se encontraban cautivos oficiales de policía, entre ellos los generales Máximo Rivera, director de la Dincote y Carlos Domínguez exdirector de ese organismo, el coronel Marco Miyashiro, adscrito a la Sunat y José Matayoshi director de Migraciones.

Durante el tiempo que duró la crisis, el Perú fue el centro de la atención del mundo entero. Periodistas de todo el planeta acamparon en las afueras de la residencia durante 4 meses. Algunos corresponsales internacionales arrendaron departamentos en edificios aledaños, para emitir sus despachos.

Durante la crisis, que se prolongó hasta abril del año 1997, el gobierno no podía arriesgarse a efectuar en lo inmediato un movimiento militar que pudiera poner en riesgo la vida de los secuestrados por las presiones nacionales e internacionales. Durante los 126 días que duró la toma de la Residencia, el gobierno mostró una apertura para negociar. El entonces Ministro de Educación, Domingo Palermo Cabrejos fue nombrado negociador durante la crisis y actuó en busca de una salida pacífica, visitando a los rehenes y negociando con su líder Néstor Cerpa Cartolini. El entonces arzobispo de Ayacucho Juan Luis Cipriani Thorne fue parte de la comisión negociadora y administraba los sacramentos a terroristas y rehenes.

Sin embargo, en forma paralela a las conversaciones se fue entrenando a una fuerza de operaciones especiales conformada por elementos del Ejército y de la Unidad Especial de Combate (UEC) de la Fuerza de Infantería de Marina de la Marina de Guerra del Perú (IMAP), la misma que debería estar lista para intervenir en caso se tuviera que optar por una solución militar. El entrenamiento de esta unidad se produjo en una réplica de la residencia construida en las instalaciones de la Escuela Militar de Chorrillos a la cual se accedía mediante túneles subterráneos, tal y como se había previsto ocurriría en el escenario real.

De hecho, para dicho efecto el gobierno peruano ya había reclutado en secreto un importante número de mineros a quienes puso a construir estos laberintos con múltiples salidas al interior de la residencia. Durante la planificación de la operación se comentó que los túneles tenían una similitud a los templos de una ancestral cultura peruana preinca conocida como Chavín de Huantar, los cuales fueron realizados bajo tierra y estaban compuestos de diferentes accesos y pasillos subterráneos.

Durante las mañanas el ejército propalaba marchas militares con megáfonos en los alrededores de la casa. Los medios de comunicación especularon que era una maniobra para bajar la moral de los terroristas. El estruendo de las marchas militares alteró los nervios de quienes permanecían en la Residencia de la Embajada del Japón; sin embargo, el verdadero motivo de estas maniobras era evacuar la tierra extraída durante la noche por medio de camiones que salían de una casa ubicada en la calle posterior de la residencia.

El 22 de abril de 1997, después de varios fracasos en la negociación y ante la perspectiva de que por este motivo los secuestradores empiecen a negar la atención médica a los rehenes, el Gobierno toma la decisión de enviar al Comando Chavín de Huantar. Tras comprobar que los terroristas estaban distraídos por medio de cámaras de video introducidas de forma secreta desde los túneles y micrófonos introducidos por personal militar de sanidad por medio de los cuales se comunicaban algunos rehenes de rango militar, se decide iniciar la operación. A las 15:23 una fuerte explosión dio inicio a la operación, con la voladura del piso del salón principal, en donde un grupo de terroristas jugaba futsal. 148 comandos irrumpieron por ese y otros accesos disparando sus ametralladoras.

Todos los terroristas fueron abatidos. Uno de los rehenes, el magistrado Carlos Giusti, fue herido en una pierna, lo que le causó una violenta hemorragia que le provocó la muerte; fue el único rehén muerto en la acción. Dos comandos también murieron, uno de ellos, según algunos testimonios, protegió al Canciller Tudela mientras este escapaba por la azotea.

El total de los catorce terroristas que tomaron la residencia fueron abatidos, siendo estos:

El 12 de diciembre de 2016, la Universidad San Ignacio de Loyola realizó un homenaje especial de reconocimiento a los héroes que participaron en la operación Chavín de Huantar. En dicha ceremonia, el rector de esa casa de estudios, Ramiro Salas, preciso que “queremos rendir un justo y sincero homenaje, a un acto heroico que devolvió al Perú la confianza y la fuerza para luchar, precisamente, por su libertad, democracia y por sus valores patrios”.[5]

El 19 de abril de 2017 el Presidente Pedro Pablo Kuczynski condecoró con la Orden Militar de Ayacucho en el grado de Gran Cruz al estandarte de la operación militar Chavín de Huántar, conforme a la Resolución Suprema N° 031-2017-DE. La ceremonia de condecoración se llevó a cabo en el Patio de Honor de Palacio de Gobierno. Durante el evento asistieron los ministros de Estado, ex rehenes del MRTA, entre otras autoridades e invitados.[6]

Mediante Ley n.º 30554[7]​del 21 de abril de 2017, el Congreso de la República del Perú declaró “héroes de la democracia” a los comandos de la operación Chavín de Huántar, que en 1997 participaron en la operación de rescate.[8][9]​ Asimismo, mediante Ley n.º 30758 del 19 de abril de 2018, el congreso peruano declaró “Defensores Calificados de la Democracia” a los mineros y personal auxiliar que participaron en la construcción de los cuatro túneles que utilizaron los comandos en el Operativo Militar Chavín de Huántar.[10]



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