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Rufino José Cuervo



¿Qué día cumple años Rufino José Cuervo?

Rufino José Cuervo cumple los años el 19 de septiembre.


¿Qué día nació Rufino José Cuervo?

Rufino José Cuervo nació el día 19 de septiembre de 1844.


¿Cuántos años tiene Rufino José Cuervo?

La edad actual es 179 años. Rufino José Cuervo cumplirá 180 años el 19 de septiembre de este año.


¿De qué signo es Rufino José Cuervo?

Rufino José Cuervo es del signo de Virgo.


Rufino José Cuervo Urisarri (Bogotá, 19 de septiembre de 1844-París, 17 de julio de 1911) fue un destacado filólogo, lexicógrafo, humanista y erudito colombiano. Fue el iniciador del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,[1]​ un estudio lexicográfico de grandes proporciones, que sigue exhaustivamente el origen y la modificación del significado de las palabras del idioma español.

Los padres de Rufino José fueron María Francisca Urisarri Tordecillas y el Dr. Rufino Cuervo Barreto, vicepresidente de la República durante el mandato del general Tomás Cipriano de Mosquera. Rufino José fue el último de siete hermanos, tres de los cuales murieron en la niñez y juventud. Fue bautizado por el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera, amigo de su padre. Su infancia transcurrió en la casa paterna, ubicada en el barrio La Catedral (hoy llamado barrio de La Candelaria), donde tradicionalmente vivían las familias más distinguidas de la capital; allí recibió, directamente de su padre, las primeras enseñanzas, debido al caos en que se encontraba la educación después de la expulsión de los jesuitas en 1850. Su enorme capacidad de asimilación y observación permitió que los preceptos y normas aprendidos de su padre y captados en la tradición familiar fueran moldeando su espíritu; por otra parte, los elementos de geografía y gramática que recibió durante su primera educación fueron decisivos en el desarrollo de sus posteriores estudios sobre la lengua.

Muerto su padre en 1853, Cuervo ingresó al Liceo de Familia, dirigido por su hermano mayor Antonio Basilio, donde enseñaban profesores como Pedro Fernández Madrid, el expresidente José Ignacio de Márquez, quien —viendo la disposición para los idiomas de Cuervo y Miguel Antonio Caro— los separó de los demás alumnos, para darles lecciones especiales de latín y castellano. En 1860 Cuervo estudió con don Santiago Pérez, quien introdujo las enseñanzas gramaticales de Andrés Bello en Colombia. En 1861 ingresó al Colegio Mayor de San Bartolomé para estudiar lógica, pero su permanencia allí fue corta, puesto que la comunidad jesuita fue nuevamente expulsada del país. A causa de la inestabilidad política y social imperante en Colombia, la educación intelectual de Cuervo no pudo ser continua, coherente y metódica; con todos los claustros clausurados en 1861, su educación llegó a un fin prematuro cuando tenía 17 años. Los siguientes seis años constituyen un período de silencio en su vida, pero se presume su dedicación al estudio solitario y perseverante de las disciplinas lingüísticas.


Para aliviar la mala situación económica por la que atravesaba su familia, Cuervo se dedicó, por un corto tiempo, a la enseñanza. Fue catedrático de latín en el Colegio del Rosario, entre 1867 y 1868, y en el Seminario Conciliar de Bogotá enseñó latín y griego en 1868; en 1870 se dedicó a la latinidad, y dejó la enseñanza. En estos años escribió, junto a Miguel Antonio Caro, el texto original de la Gramática de la lengua latina para el uso de los que hablan castellano,[2]​ en la que aparecen los resultados de las investigaciones llevadas a cabo hasta entonces por los filólogos más destacados de la época; por medio de la comparación entre las modalidades del castellano y el latín, y el uso continuo de ejemplos tomados de los escritores más notables, la Gramática latina de Caro y Cuervo sienta las bases de la moderna lingüística, empleando un método que se adelanta a los mejores de hoy. Según Fernando Antonio Martínez, este trabajo fue considerado por la Real Academia Española una obra magistral y la mejor de su género escrita en castellano. Caro y Cuervo, las dos figuras más notables de la filología, aparecen aquí unidas en el plan pero distanciadas en el desarrollo. Según Martínez, la analogía, parte que correspondía tratar a Cuervo, fue considerada como un análisis sagaz; la sintaxis, tratada por Caro, una síntesis completa. Así, la Gramática latina revela el trabajo conjunto de un erudito de la lengua y un filósofo del idioma. Como la situación económica empeoraba, Cuervo dejó la enseñanza para dedicarse a trabajar en la fábrica de cerveza que había fundado su hermano Ángel en 1868. Según Fernando A. Martínez, Cuervo vivía yendo por fondas y tabernas aguardando y volviendo. Sin embargo, durante estos años Cuervo continuó con su formación filológica, y se sospecha que fue en esos ires y venires por tabernas y fondas, donde recopiló las particularidades del lenguaje bogotano. Estudioso de los avances del comparatismo lingüístico europeo y del movimiento científico y bibliográfico que venía operándose dentro del campo de la filología, su preparación intelectual estaba ya casi completa.

A medida que avanzaba en sus lecturas, Cuervo hacía adelantos rápidos y seguros, como sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1867-1872),[3]​ la Muestra de un diccionario de la lengua castellana (1872) y los Estudios filológicos. Cuando Cuervo publicó en 1872 la Muestra, su argumentación lingüística era tan amplia que abarcaba varios troncos idiomáticos: armenio, celta, danés, flamenco, griego, latín, lituano, ruso, sueco y sánscrito, y dentro de las lenguas románicas: francés, italiano, portugués y provenzal, contando con el español, de cuya repartición dialectal daba información. Remitía también al euskera, y en el campo de las lenguas semíticas, al árabe y al hebreo. Fernando A. Martínez dice: Si Cuervo hubiera proseguido por el campo acotado del comparatismo, hubiera podido ser uno de los primeros indoeuropeos del siglo XIX. Paralelamente, Cuervo se esforzaba por mantener un círculo de relaciones sociales en el que se destacan las figuras de Venancio González Manrique, su colaborador en la Muestra, el doctor Ezequiel Uricochea, quien lo mantenía al corriente de las noticias literarias y científicas europeas, y, especialmente, Miguel Antonio Caro.

Ingresó en la Real Academia Española el 5 de noviembre de 1878 como miembro honorario y correspondiente de Colombia. Fue miembro honorario y correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.[4]

Su más conocido libro de esta época, las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1867-1872),[3]​ constituye una continua corrección de impropiedades del lenguaje, de voces mal formadas, de palabras con acentos errados y de giros defectuosos. Es una corrección, dice Nicolás Bayona Posada, encaminada a hacer patria, pues la patria es la lengua. Las correcciones de Cuervo se hallan fundamentadas en un sin número de citas de los clásicos, etimologías y referencias a otras lenguas. Cuervo aceptaba una irremediable ruptura de la comunidad lingüística hispánica, debido a la existencia de usos divergentes en el lenguaje, unida a su concepción naturalista de este.

Bayona Posada dice que la obra tiene un solo defecto: su modesto título. Lo que llama "apuntaciones", son estudios que no pueden contener mayor ciencia y más certero análisis; además, casi la totalidad de lo que se censura a los bogotanos, puede aplicarse a los americanos en general, y aún a los mismos españoles. El libro llamó la atención de los lingüistas y se extendió rápidamente por los países de habla castellana. Las Apuntaciones convirtieron a Cuervo en una de las mayores autoridades de la lengua.

En las Apuntaciones, Cuervo establece datos provenientes de la historia que son susceptibles de ilustrar o confirmar la evolución fonética o el desarrollo semántico de la palabra. Sin embargo, la obra en la que aparecen los principios históricos aplicados con más clara conciencia es el Diccionario de construcción y régimen. En sus textos literarios, Cuervo se vale de la historia, pero recurre además a fuentes lexicográficas y bibliográficas, a las crónicas y a la tradición.

Cuervo no se encontraba satisfecho con su trabajo filológico. Su meta era elaborar un diccionario que reuniera las etimologías, las autoridades y las comparaciones. Pero consciente de que esta labor le era imposible, puesto que no contaba con los elementos necesarios para un trabajo de tal envergadura, Cuervo decidió sacrificar su ambición y reducirse a lo posible: en lugar de un diccionario general, elaboraría otro, en el cual figuraran solamente las palabras que tuvieran un valor sintáctico importante en la frase. Así, en 1872 Cuervo comenzó la lectura de los clásicos, subrayando las palabras notables de cada escrito. El léxico, las construcciones sintácticas de todos y cada uno de los maestros de la lengua, fueron quedando fijados poco a poco en tarjetas. Se dice que el estudio y anotación de Don Quijote de la Mancha le llevó dos años de trabajo; esto muestra la magnitud del análisis a que cada obra era sometida. Marco Fidel Suárez, amigo suyo, le ayudó a elaborar las tarjetas. Cuervo trabajó ininterrumpidamente en su obra durante seis años, hasta 1878 cuando suspendió transitoriamente su labor, para ir con su hermano Ángel a Europa en busca de nuevos materiales y tecnologías para la fábrica. Allí visitaron la exposición de París, y estudiaron una que otra fábrica de cerveza, sintiéndose Ángel muy satisfecho del sistema de producción que utilizaba. En el año de estadía, Cuervo aprovechó para establecer contacto con filólogos europeos como Pott, Ribbeck y Teubner y para adquirir las publicaciones de la época. Los hermanos Cuervo regresaron a Bogotá en 1879, pero con la idea de que sólo en París se daban las condiciones necesarias para que Rufino José terminara su obra, ya que allí había encontrado bibliotecas que le ofrecieron las primeras ediciones de las obras y colecciones de manuscritos, y personas eruditas a quienes consultar sin demora.

Tres años después, en 1882, su anhelo de varios años se hizo realidad: los hermanos Cuervo cedieron la cervecería, y viajaron a París, donde se radicaron. Recorrieron toda Europa y luego viajaron hasta Tierra Santa, Egipto y Arabia, estudiando a fondo las lenguas de esos pueblos, estableciendo amistad con sus gramáticos y adquiriendo colecciones de sus literaturas. La vida parisiense de Cuervo se puede asimilar a una existencia de carácter religioso. Iniciaba su trabajo cotidiano al alba, dedicándose especialmente a su principal obra, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana[1]

El primer tomo del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana apareció en 1886, y el segundo, en 1893. En este último, Cuervo se dio a una tarea de ordenación y redacción más sencilla que en el primero. En el Diccionario, Cuervo establece la acepción correcta de cada palabra de acuerdo a un contexto, busca su etimología, justifica el uso de cada palabra utilizando gran cantidad de ejemplos, la analiza sola o como parte de un modismo, anota la variación que haya podido sufrir a través de su uso y del tiempo, establece científicamente sus relaciones con otras palabras, corrige con razones válidas las construcciones erradas, y formula comparaciones entre la respectiva construcción castellana y la de otras lenguas. Aquí un manuscrito de la lista de palabras pertenecientes a la letra C. [5]

Al escoger como campo de trabajo la construcción y el régimen de la lengua castellana, Cuervo abrió el camino a una doble consideración del problema lexicográfico: la selección escrupulosa de un vocabulario restringido, pero pleno de un contenido expresivo, y su redacción y ordenación desde los puntos de vista de la función y el valor sintácticos. Era evidente que si se trataba de construcción y régimen, estas peculiaridades lingüísticas sólo cobraban sentido si se las encuadraba en un ambiente propio: la sintaxis. En el Diccionario Cuervo introdujo una nueva dimensión al problema lexicográfico que se había propuesto resolver: la dimensión histórica, y fue aquí, en el concepto de historia lingüística, donde Cuervo puso a trabajar su capacidad de análisis para advertir y determinar evoluciones semánticas, y contrastar etimologías, formas y variedades sintácticas; donde vertió su experiencia de investigador que recoge los resultados de la lingüística para aplicarlos a un dominio especial de los estudios referentes a la lengua materna.

Una de las obras de Cuervo ideológicamente más interesantes es Notas a la Gramática Castellana de Andrés Bello,[6]​ junto con el índice alfabético de la misma. Bello fue el primero en estudiar las características del castellano para fijar sus rasgos propios y su índole peculiar. Con Cuervo, lo que había pasado de anatomía a fisiología, se convirtió en algo superior: en psicología. Se puede decir que Cuervo fue el complemento de Bello: lo que en Bello es anticipación, en Cuervo toma la forma de un estudio científico riguroso; lo que en Bello es falta, en Cuervo está en abundancia; cuando Bello avanza, Cuervo lo aligera aún más; si Bello se equivoca, Cuervo lo corrige con firmeza de erudición y profundidad de análisis. Cuervo es considerado por unanimidad el continuador directo de la obra de Andrés Bello; según Eugenio de Bustos Tovar, esto se impone por una doble realidad: por una parte, por el hecho innegable de que la Gramática Latina responde a la Gramática Castellana de Bello; por otra, porque las Notas a la Gramática Castellana, de Cuervo, se han incorporado ya, inseparables, a la obra del filólogo caraqueño.

Cuervo era minucioso a la hora de evaluar los documentos con base en los cuales sacaba conclusiones, y la elaboración del Diccionario fue lenta. A ese hecho creativo se sumaron dificultades de salud, lo mismo que la soledad y el aislamiento del autor, en particular después de la muerte de su hermano en 1896. Envejecido prematuramente, Cuervo podía dedicar a su labor apenas algunos unos minutos de corrido, y debía interrumpirlo con frecuencia. En 1905 redactó su testamento, y parecía haber abandonado sus estudios para encontrar la paz en la lectura del breviario de la Imitación de Cristo y las obras de Santa Teresa de Jesús.

Legó su biblioteca[7]​, documentos y manuscritos a la Biblioteca Nacional de Colombia. Allí se encuentra la máscara mortuoria y los libros de contabilidad donde llevaba los registros para su diccionario. Distribuyó sus bienes personales y rentas entre sus familiares y personas cercanas. Cuando falleció llevaba una casaca que únicamente se ponía en ocasiones especiales. Está enterrado en el sector 90 del Cementerio del Père-Lachaise.[8]

Las obras de Cuervo se ubican dentro del pensamiento lingüístico dominante en su época, y la manifestación de su pensamiento científico, que se refleja en su actividad de investigador, podría señalarse en su idea del lenguaje. Para Cuervo, el lenguaje es un mecanismo que está en constante transformación, de acuerdo al tiempo y a los constantes cambios de la sociedad. De esta manera, la lengua puede modificarse hasta el punto de convertirse en otra, lo que implica que el idioma no es idéntico ni en el tiempo ni en el espacio. La lengua es un conjunto de hechos que se explican históricamente; además, se debe tener presente que el clima, el dominio de ciertas profesiones y la naturaleza, realzan ciertos elementos que introducen nuevas asociaciones de ideas; así se origina una alteración lingüística cuyos principales agentes son la evolución fonética y la analogía. Pero esta alteración no sólo se produce en el lenguaje figurado o en maneras generales de expresión, sino también en la forma material de las palabras y su construcción, donde las palabras se agrupan de acuerdo a su significado o forma. Estos elementos fueron los supuestos teóricos que sostuvieron su tesis de la fragmentación del español en América. Por otra parte, la obra de Cuervo se encuentra compenetrada con los principios de la lingüística del siglo XIX, en la cual predominaban el historicismo, el radicalismo y el positivismo, junto a la idea de ajuste a la realidad, a los puros hechos. Cuervo, trabajando conforme al método del positivismo, veía en la historia un concepto fecundo, y le daba mucha importancia, puesto que, en cierto modo, los estudios gramaticales de índole descriptiva lo llevaban a explorar y determinar a través del tiempo las variaciones de la lengua, según dice Fernando Martínez. Así, este concepto domina en todos los trabajos de Cuervo, pero lo aplica de una manera rigurosa en dos escritos: Disquisiciones sobre, antigua ortografía y pronunciación castellanas[9]​ y Los casos enclíticos y proclíticos del pronombre de tercera persona en castellano.

Cuervo introdujo, con rigor metódico, un principio esencial en torno al problema central del español americano: la corrección idiomática. Tal principio esclarecedor, crítico, es el uso lingüístico, superior y anterior a la gramática misma, e íntimamente relacionado con su concepción general del lenguaje como ser vivo sometido a constante mutación.

La Gramática Latina de Cuervo se desarrolla con base en el mismo principio descriptivo que Bello usó en la Castellana, considerando que el sistema de una lengua se debe examinar desde la lengua misma. A este principio se agregan los conceptos del comparatismo lingüístico de Bopp. A propósito, dice Eugenio de Bustos, Cuervo busca una finalidad que en la actualidad parece evidente, que consiste en probar una función secundaria, pero de gran relevancia del latín, que es su valor documental en orden a la unidad y pureza de la lengua castellana, como clave para identificar e interpretar tanto el origen como el sentido de muchos problemas que este ofrece. Así, Cuervo incorpora en las Notas a la Gramática Castellana, las innovaciones que el comparatismo y el positivismo trajeron a la ciencia lingüística. El núcleo fundamental de los trabajos de Cuervo está en su concepción dinámica de la lengua, es decir, en la validez del estudio histórico para alcanzar una imagen real y auténtica de la lengua. Su obra magna, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, donde plasmó su preocupación por la organización científica de nuestro vocabulario según un criterio semántico, que por primera vez se aplicaba al castellano, fue la que consumió sus mayores afanes; no obstante, quedó interrumpida tras la publicación del segundo tomo.

El 25 de agosto de 1942 el Ministerio de Educación de Colombia creó el Instituto Caro y Cuervo con el objetivo, entre otros, de continuar el Diccionario de construcción y régimen. En 1994 fue publicado el octavo tomo del Diccionario. También se han hecho recopilaciones de sus estudios lingüísticos y literarios, y de su correspondencia[10][11][12][13][14][15][16][17][18][19]

Durante el año 2011 hasta inicios del 2012 para conmemorar el centenario de su fallecimiento se realizaron diversas actividades, entre las que se encontraron:[20]



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