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Tarotismo



El tarot es una baraja de naipes a menudo utilizada como medio de consulta e interpretación de hechos (presentes, pasados o futuros), sueños,[1]​ percepciones o estados emocionales que constituye, además, un tipo de cartomancia. Sus orígenes datan al menos del siglo XIV. La técnica se basa en la selección de cartas de una baraja especial, que luego son interpretadas por un lector, según el orden o disposición en que han sido seleccionadas o repartidas. La baraja de tarot está compuesta por 78 cartas, divididas en arcanos mayores los cuales son 22 y menores que son 56. La palabra «arcano» proviene del latín arcanum, que significa "misterio" o "secreto".

Las primeras referencias al tarot aparecen en el siglo XV en Italia. La baraja más antigua es el tarot del duque de Milán, Filippo María Visconti (1412-1447), hoy día en la Biblioteca de la Universidad Yale.[2]​ Es conocida actualmente como la baraja Visconti-Sforza, posiblemente para celebrar el casamiento de su hija Bianca Maria con su sucesor el futuro duque Francisco I Sforza.[3]

De acuerdo al historiador italiano Giordano Berti, algunas imágenes del tarot de Filippo María Visconti son iguales a las de otra baraja diseñada por el duque en 1415: el juego Los XVI Héroes.

En estudios realizados por ocultistas de los siglos XVIII y XIX, como Antoine Court de Gebelin, Eliphas Levi y el doctor Gérard Encausse (Papus), se intenta demostrar la conexión existente entre el tarot y la cábala, así como con el simbolismo egipcio.[4]

Según plantean los investigadores Daniel Rodes y Encarna Sánchez, el origen del tarot habría que buscarlo entre los cátaros medievales y la cultura occitana, cuya filosofía encaja perfectamente en la idea básica del juego de tarot.[5]

Así, la presencia de una papisa, la importancia de los personajes femeninos y claras referencias a un cristianismo distinto al de la ortodoxia romana harían pensar en un uso original del tarot como una transmisión de un conocimiento filosófico, si bien con el paso del tiempo pasarían a ser usadas como un sistema adivinatorio. Pero la papisa fue, en realidad, un símbolo de la fe cristiana, como demuestran numerosas obras de arte de la Edad Media.

Otros autores afirman que los gitanos, en su deambular por los países europeos, promovieron el tarot como un sistema adivinatorio. Hay, de hecho, quien sostiene que el tarot logró sobrevivir a la Inquisición, ya que los gitanos no representaban objetivos prioritarios de la jurisdicción inquisitorial, por los que ellos, sus conocidas prácticas esotéricas y sus efectos personales consiguieron zafarse de la persecución y la hoguera y llegar hasta nuestros días. Pero es cierto que los gitanos llegaron a Europa cuando el tarot era ya conocido. Por otra parte, el tarot se juega en Italia desde el siglo XV, y en el siglo siguiente se propagó en muchas regiones de Europa: en primer lugar Francia, después Suiza, Bélgica, Alemania y Austria. La adivinación con el tarot aparece con seguridad en Italia y Francia en el siglo XVIII.[cita requerida][6]

Parece que los motivos específicos por los cuales fueron añadidos los "triunfos" a la estructura del mazo corriente de cuatro palos de 14 cartas, eran ideológicos.

La idea sería constituir un sistema particular de enviar mensajes de diferente contenido; los primeros ejemplos conocidos exhiben ideas filosóficas, sociales, poéticas, astronómicas y heráldicas. Por ejemplo, así como un grupo de antiguos héroes de la Antigua Roma, Grecia, Babilonia, como en el caso del Tarot Sola-Busca (1491)[7]​ y el poema de Boiardo Tarocchi[8]​ (producido en una fecha desconocida entre 1461 y 1494). Por ejemplo, el mazo conocido más antiguo, existente solamente por la descripción en el breve libro de Martiano, fue producido para mostrar el sistema de los dioses griegos, un tema muy de moda en Italia en ese tiempo. Su producción bien puede haber acompañado una celebración triunfal del comisionado Filippo Maria Visconti, duque de Milán, o sea que el propósito de ese mazo fue expresar y consolidar el poder político en Milán (como era común en otras obras de arte de esa época). Los cuatro palos mostraban aves, motivos que aparecían regularmente en la heráldica de los Visconti, y el orden específico de los dioses da fundamento para asumir que el mazo estaba pensado para demostrar que los Visconti se identificaban como descendientes de Júpiter y Venus (que no eran vistos como divinidades pero endiosados como héroes terrenales). El historiador italiano Giordano Berti supone que fue el propio duque de Milán, Filippo Maria Visconti, el inventor del Tarot. Stuart Kaplan, un reconocido experto en el Tarot, dice que todo el simbolismo del Tarot tal como lo conocemos hoy en día se desarrolló del Tarot italiano.

Durante mucho tiempo las cartas de tarot permanecieron como un privilegio de la clase alta y, aunque pueden rastrearse hasta el siglo XIV algunos sermones que arrojaban invectivas contra el demonio inherente a las cartas, la Iglesia católica y la mayoría de los gobernantes civiles no condenaban habitualmente las cartas de tarot en los primeros tiempos de su aparición. De hecho, en algunas jurisdicciones las cartas de tarot estaban específicamente exentas de normas legales que, por el contrario, prohibían el juego de cartas.

Las cartas de tarot más antiguas que sobreviven son las del llamado Tarot Cary-Yale (o Tarot Visconti-Modrone), que fue creado en 1442-1447 por un pintor anónimo para los Visconti-Sforza, la familia dominante de Milán.[9]​ Las cartas (solo 66) están hoy día en la Biblioteca de la Universidad de Yale, EE. UU.

Entre los primeros mazos de tarot, el más famoso fue pintado a mediados del siglo XV para celebrar la conquista del poder en Milán por Francesco Sforza y su esposa Bianca Maria Visconti, hija del duque Filippo Maria. Probablemente fue pintado por Bonifacio Bembo, pero algunas cartas fueron hechas por miniaturistas de otra escuela. 35 de las cartas están en la Biblioteca y Museo Morgan, 26 en la Accademia Carrara, 13 en la Casa Colleoni y dos, el Diablo y la Torre, se encuentran perdidas o, quizá, no se hicieron nunca. Este mazo de tarot "Visconti-Sforza", que ha sido largamente reproducido, combina los palos de espadas, bastos, oro y copas y las figuras rey, reina, caballo y sota con triunfos que reflejan la iconografía convencional de la época en un grado significativo.[10]

Las cartas que más adelante caracterizarían al tarot parecen haberse desarrollado unos 40 años después, y se mencionan en el texto superviviente de Martiano da Tortona.[11]​ Se cree que Martiano lo escribió entre 1418 y 1425, dado que en 1418 su pintor Michelino da Besozzo volvió a Milán, y Martiano murió en 1425. No se puede probar que las cartas de tarot no existieran antes de esa fecha, pero parece improbable ya que el texto de Martiano fue escrito por lo menos quince años antes que otros documentos corroborativos.

El mazo del Tarot que Martiano describe se puede considerar un precedente del mazo que conocemos hoy en día, ya que es distinto en algunos aspectos; por ejemplo, su mazo tenía solo 16 triunfos, sus figuras no eran comparables a las cartas ordinarias de tarot (hay dioses de la mitología griega) y los palos no son los españoles comunes sino cuatro clases de pájaros.

Lo que vincula al mazo de Martiano con las cartas de tarot es que esas 16 cartas estaban consideradas como triunfos en el juego de cartas; alrededor de 25 años después, un casi contemporáneo, Jacopo Antonio Marcello, las llamó ludus triumphorum, o «juego de los triunfos». La correspondencia en la cual Marcello usó ese término ha sido documentada y traducida en Internet.[11]

El siguiente documento que parece confirmar la existencia de algo similar a los naipes de tarot, son dos mazos de Milán (el Brera-Brambrilla y el Tarocchi Cary-Yale) —existentes, pero incompletos— y tres documentos, todos del Tribunal de Ferrara, Italia. No es posible poner una fecha precisa a las cartas pero se estima que fueron hechas alrededor de 1440. Los tres documentos datan del 1* de enero de 1441 a julio de 1442, con la palabra trionfi documentada por primera vez en febrero de 1442. El documento de enero de 1441, que usa la palabra trionfi, es visto como poco fiable; sin embargo, el hecho de que el mismo pintor, Sagramoro, fue comisionado por el mismo patrón, Leonello d'Este, como en el documento de febrero de 1442, indica que es al menos plausiblemente un ejemplo del mismo tipo. Después de 1442 pasan siete años sin ningún ejemplo de material similar, lo que permite inferir que no hubo una mayor difusión en esos años.

El juego pareció ganar en importancia en el año 1450, que fue un año de Jubileo en Roma, lo que implicaba muchas festividades y movimiento de peregrinos. Hasta ese momento todos los documentos relevantes apuntaban a un origen de las cartas de trionfi en la clase alta de la sociedad italiana, específicamente las cortes de Milán y Ferrara, en esa época, las cortes más exclusivas en Europa.

Esta vinculación está poco documentada. Los mazos ordinarios aparecieron por primera vez en la Europa cristiana, en los reinos de la península ibérica (muy probablemente traídos de Oriente por los árabes), ya que el Consejo de Ciento, prohibió los juegos de cartas en 1310, en Barcelona,[12]​ fecha de la que data la primera evidencia documentada conocida de su existencia (ver Baraja para la discusión sobre sus orígenes).

Las primeras fuentes de Europa describen un mazo con las 56 cartas típicas (1 al 10 y cuatro figuras), como un mazo moderno sin comodines.[13]​ Los palos eran cimitarras, bastones, copas y monedas. Estos dibujos evolucionaron rápidamente hacia los palos básicos latinos: espadas, bastos, copas y oros, que se usan todavía en los mazos de naipes tradicionales españoles e italianos.[14]

Desde 1377 en adelante puede fijarse, con alguna certeza, una difusión mayor de los naipes en Europa.

El primer mazo conocido parece haber tenido el formato ordinario de diez cartas numeradas pero con reyes como las únicas cartas de la corte y solo 16 cartas de triunfo. El siguiente formato (mazo con cuatro palos de 14 más 22) tardó en aparecer; ya en 1457 hay referencias a mazos de trionfi con 70 cartas.[15]​ No hay evidencia que muestre que el formato final de 78 cartas existiera antes del poema Tarocchi de Boiardo y el Tarot de Sola Busca.

Algunos investigadores opinan que los mazos de trionfi de la primera época tenían cinco palos de solo 14 cartas;[16]​ los triunfos y el comodín o joker eran considerados simplemente un quinto palo con la predefinida función de "triunfos".

El diseño de los naipes es diverso, aunque existen diseños clásicos como el del tarot de Marsella (finales del siglo XVII), que ha servido como guía en la elaboración de las figuras y su simbología. Una baraja muy popular y actualmente la más reconocida es el Rider-Waite-Smith Tarot, (o Rider-Waite o simplemente Rider), ideado en 1910 por Arthur Edward Waite, elaborado por su discípula Pamela Colman Smith e impreso por la Rider Company. Cayó en el olvido hasta que la hija de Waite rescata los dibujos originales y vende los derechos a la casa U.S. Games en 1971 alcanzando entonces un enorme éxito en el mundo anglosajón y extendiéndose su uso por todo el mundo hasta competir con el modelo marsellés. Otra baraja común es el Book of Thoth Tarot, ideado entre 1938 y 1942 por el mago inglés Aleister Crowley y realizado por su discípula Frieda Harris; esta baraja se publicó en 1944, en blanco y negro, junto con El Libro de Thoth, que explica la simbología y uso, pero fue editado con sus colores originales solo hasta 1977, en Nueva York, por US Games Systems y Samuel Weiser. Otra conocida baraja es la ideada por Fergus Hall para la película Vive y deja morir (1973), popular por su fantasioso diseño.

Las 78 cartas están divididas en arcanos mayores y menores. Arcano proviene del latín arcanum, que significa misterio o secreto.

Los 22 Arcanos Mayores se conocen como triunfos (atouts, en francés; atutti en italiano), lo que significa "por encima de todo". El nombre de arcanos mayores es usado en la práctica esotérica; el nombre de triunfos mayores es usado en el tarot como juego, en el que solo se muestra el número romano en cada carta, más una decoración que es la misma en cada una. En las variedades para la interpretación esotérica, cada arcano representa una imagen de carácter arquetípico, con numerosos simbolismos. Aunque existen mazos que tienen el número y el nombre, los tarots más viejos no tienen ni número ni nombre para estos arcanos. Asimismo, no tienen un orden predeterminado. De cualquier modo, los nombres y números de cada carta son los siguientes:

Los arcanos menores son 56 cartas divididas en cuatro palos, las «bajas» o «falsas» numeradas del As (1) al diez, más los «honores» o «figuras» que son los personajes de la corte: Sota, Reina, Rey y Caballero. Los palos son los mismos que en la baraja común la nobleza, simbolizada por las espadas; los campesinos, por los bastos; el clero, por las copas, y los comerciantes, por los oros, los que se cree que eran los cuatro niveles sociales durante los tiempos medievales[cita requerida]. Algunos mazos utilizan los oros, copas, espadas y bastos, como en la baraja española y otros el pique, corazón, trébol y diamante como en la baraja francesa.

A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX las cartas del tarot fueron asociadas al misticismo y a la magia. La tradición comenzó en 1781, cuando Antoine Court de Gébelin, un clérigo suizo y francmasón, publicó Le Monde Primitif, un estudio especulativo sobre el simbolismo religioso antiguo y sus remanentes en el mundo moderno. De Gébelin argumentaba que el simbolismo del tarot de Marsella representaba los misterios de Isis y Thoth. Gébelin más tarde afirmó que el nombre "tarot" venía de los vocablos egipcios tar, que significa "real", y ro, que significa "camino", y que el tarot representaba, por lo tanto, un "camino real" a la sabiduría.

Gébelin arguyó estos y similares puntos de vista en forma dogmática; no presentó evidencias para sostener sus argumentos. Además, Gébelin escribió antes de que Champollion hubiera descifrado los jeroglíficos egipcios. Los modernos egiptólogos nada encontraron en el lenguaje egipcio que sustentara las fantasiosas etimologías de Gébelin, pero estos descubrimientos llegaron demasiado tarde. Cuando se dispuso de los auténticos textos egipcios, ya estaba firmemente establecida la identificación de las cartas del tarot con el Libro de Thot egipcio en la práctica ocultista.

Aunque las cartas del tarot se usaban para predecir la fortuna en Bolonia, en el siglo XVIII, fueron publicadas originalmente como un método de adivinación por Jean-Baptiste Alliette, también llamado "Etteilla", un ocultista francés que revirtió las letras de su nombre y trabajó como adivino poco antes de la revolución francesa. Etteilla diseñó el primer mazo de tarot esotérico y añadió atribuciones astrológicas y motivos "egipcios" a varias cartas, alterando muchos de los diseños marselleses y añadiendo significados adivinatorios en el texto de las cartas. Los mazos de Etteilla, aunque ahora eclipsados por los ilustrados de Smith y Waite y el mazo "Thoth" de Aleister Crowley, aún se encuentran disponible.

Más tarde, Marie-Anne Le Normand popularizó la adivinación y la profecía durante el reinado de Napoleón I. Esto se debió en parte a la influencia que tuvo sobre Josefina de Beauharnais, la primera esposa de Napoleón. Sin embargo, esta no usaba el tarot habitualmente.

El interés en el tarot para la adivinación a cargo de otros ocultistas llegó después, durante el auge de los herméticos, de la década de 1840, en la cual (entre otros) estuvo involucrado Víctor Hugo. La idea de las cartas como clave mística fue desarrollada posteriormente por Eliphas Lévi y pasó al mundo de habla inglesa por la Orden Hermética del Alba Dorada. Lévi, y no Etteilla, es considerado por algunos el verdadero fundador de las escuelas más contemporáneas de tarot; su Dogme et Ritual de la Haute Magie, de 1854, introdujo una interpretación de las cartas que las relacionaba con la Cábala. Aunque Lévi aceptó las afirmaciones de Court de Gébelin sobre un origen egipcio de los símbolos de las cartas, rechazó las innovaciones de Eteilla y su mazo alterado y arregló en su lugar un sistema que relacionaba al tarot, especialmente al tarot de Marsella, con la cábala y con los cuatro elementos de la alquimia. Por otro lado, algunos significados adivinatorios de Etteilla todavía son usados por algunos lectores de tarot.[cita requerida]

La lectura del tarot se enmarca en la creencia de que las cartas pueden ser usadas para comprender situaciones actuales y futuras de la persona consultante. Algunos dicen que las cartas son guiadas por una fuerza espiritual como guía, mientras otros creen que las cartas los ayudan en introducirse a un inconsciente colectivo. Uno de los métodos más utilizados son las tiradas, que consisten en voltear un número de cartas que previamente han sido barajadas al azar y repartidas en un cierto orden boca abajo, y darle una interpretación (valor o significado) a cada carta según la posición relativa en la que se encuentre sobre la mesa y en relación con las cartas adyacentes, y el tarotista formula su interpretación sobre su significado. Existen además programas de cómputo o aplicaciones para Facebook o teléfono móvil que replican las tiradas con cartas. Hoy en día también existen sitios webs que ofrecen lecturas del Tarot en línea gratuitas o de pago.

Si refiriéndonos a tipos de Tarot hacemos alusión a sobre qué materias o temáticas de vida suele aplicarse el tarot, las principales son el amor, la salud y el dinero. Estas son las aristas sobre las cuales la mayoría de las personas buscan realizar sus consultas o sesiones de tarot. Esto se justifica sabiendo que dichas aristas son la base de las incertidumbres y problemas que suelen tener las personas en su vida cotidiana.

Existen distintas configuraciones utilizadas para las tiradas:[17]

Aun cuando es conocido el interés que el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung mostró por diversas mancias, como el I Ching,[19]​ la astrología[20]​ o el significado del tarot, no escribió obra o tratado alguno sobre este último, y se ciñó a esporádicas alusiones contenidas en sus obras completas.[21]

Sus discípulos desarrollaron y amplificaron los fundamentos arquetípicos junguianos y su principio de sincronicidad en el tarot, de entre los cuales destaca la analista Sallie Nichols y su obra Jung y el tarot. Un viaje arquetípico[22]​en la que reitera ya desde el mismo prólogo el uso que hace Nichols de la obra junguiana para desarrollar su propia propuesta del tarot, integrando psicología analítica y dicha mancia.

Postulaba que en virtud del principio de sincronicidad la psique humana es capaz de intuir el presente, el pasado y el futuro del "continuum" espacio-temporal en el momento de la tirada de cartas; dicho de otro modo, en el momento de la echada de cartas, las imágenes simbólico-arquetípicas resultantes de la tirada mantienen una relación sincronizada con acontecimientos pasados, presentes y futuros. Desde la perspectiva junguiana, las cartas del tarot se ven a su vez como representantes simbólico-arquetípicos de tipos fundamentales de personas o situaciones del inconsciente colectivo. La carta del Emperador, por ejemplo, representa posiblemente la figura del patriarca o del padre, la autoridad en el plano temporal en general, mientras que la carta del Papa representa la autoridad en el plano espiritual, la sabiduría teológica, etcétera.[23]

De todas formas cabe señalar que la práctica psicológica no tiene nada que ver con esta práctica, aunque algunos psicólogos optan por el tarot como una herramienta para su consulta.

Algunas escuelas del pensamiento oculto y del estudio de los símbolos, como la Orden Hermética del Alba Dorada, consideran el tarot como un libro de texto y un artilugio mnemotécnico para sus enseñanzas.[cita requerida] Esta puede ser la causa de que la palabra arcanos (o arcana) sirve para describir dos secciones del mazo del tarot: arcana es la forma plural de la palabra latina arcanum, que significa "cerrado" o "escondido".

El tarot se ha utilizado como naipes comunes en un juego que parece a bridge. A este siguen jugando sin asociaciones ocultas, especialmente en Francia. Es el único juego de baraja ampliamente distribuido que se ha conservado hasta el día de hoy, que usa la baraja completa de tarot de 78 hojas. El juego está documentado en varios fragmentos de literatura francesa del siglo 16 y aparece en el capítulo “Gargantúa y Pantagruel” de 1534, en el que Rabelais especifica los juegos que eran jugados por Gargantúa.[24]​ Las reglas de jeu de tarot se publican por la Federación francesa de tarot.[25]

Al Jeu de tarot juegan con la baraja de 78 naipes, que consiste en una serie numerada de 21 triunfas, un Bufón y cuatro palos de 14 naipes, incluso los numéricos de 1 a 10, el valet, el caballero, la dama y el rey. El único naipe con una acción especial es el Bufón que se llama Perdón (en fr. L'Excuse). El Bufón se puede jugar con cualquier baza: “excusa” al jugador por alterar el palo. Sin embargo, casi nunca hace baza. La exclusión es el juego de Bufón en la última baza. Si la parte que juega al Bufón haya tomado todas las bazas anteriores, el Tonto hará la última baza. El uso de Bufón como naipe de valor variable representa su significado caótico durante cartomancía con los naipes Tarot.[26][27]

Cada carta tiene una asignación de significados arbitraria. Los mismos están relacionados con los grandes arquetipos universales (en este sentido, los significados pueden ser solo alusiones para dar flexibilidad en la interpretación). El conjunto de los significados de cada carta forma un universo semántico, rico en interpretación (filosófica, situacional).

Cada carta de un tarot cuenta con una ilustración que sirve como referencia memorística, en la cual es importante la selección de iconos y colores, ya que cada color tiene un valor simbólico (por ejemplo, azul-espiritualidad). Existen distintas ilustraciones dependiendo del tipo de tarot y de baraja que se está usando.

Ligado al número de cartas, hay toda una tradición acerca del significado de cada número.

La tradición divide el tarot en: espadas (elemento aire, pensamiento e inteligencia), bastos (elemento fuego, vida, pasiones), copas (elemento agua, amor y sentimientos) y oros o pentáculos (elemento tierra, naturaleza, materia, lo económico).

Aunque este elemento no es forzoso, es importante para reutilizar el aprendizaje de otros tarots.

Desde el punto de vista científico, no está comprobado que sea posible conocer los hechos futuros a través de método adivinatorio alguno. Tampoco está comprobado que sea posible describir una situación actual sin disponer de información.[cita requerida]



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