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Tercer Cine



Tercer Cine fue un movimiento latinoamericano surgido en la década de 1960 que se contrapone al modelo construido por Hollywood, el cual era de carácter industrial y dominaba el cine a nivel mundial. Este movimiento se enfocó en rearticular los modos de producción y de exhibición del cine e innovar el lenguaje cinematográfico, además buscaba crear un cine político que tomara en cuenta cuestiones sociales del momento y que rompiera de manera radical con la pasividad del espectador.[1]

La década de los sesenta a nivel mundial fue testigo de varios acontecimientos de importancia como el desarrollo de la Guerra Fría, la crisis de los misiles y la carrera espacial, por mencionar algunos. Esta época estuvo protagonizada por múltiples confrontaciones internacionales a la par que se creaba una verdadera conciencia entre los individuos, quienes de forma más regular protestaron contra las acciones de los grupos en el poder, como sus gobernantes por ejemplo.

En este periodo podemos encontrar fácilmente la organización de movimientos de protesta como los que se oponían a la Guerra de Vietnam, la invasión de tropas soviéticas a Checoslovaquia, la Primavera de Praga, el Mayo de 1968 en Francia y el movimiento de 1968 en México, entre otros. En África se comenzó el proceso de descolonización en la República Democrática del Congo, la cual se independizó de Bélgica en 1960. De igual forma atravesaron por la descolonización Samoa, Argelia, Jamaica y Uganda cuando se liberaron del Reino Unido.

América Latina no se quedó atrás, ya que también se dieron de manera importante movimientos revolucionarios inspirados sobre todo en la Revolución cubana o el golpe de estado de Pinochet. Asimismo encontramos una íntima relación entre el arte y la política en el periodo que abarca la década de los sesenta y setenta. Por lo que respecta al cine mexicano, este ya contaba con una industria consolidada, pues la mayoría de sus films se exportaban por todo el continente y hacia Europa; a la vez que sus producciones obtenían ganancias económicas y sus actores y directores eran reconocidos a nivel internacional.

En la época de los sesenta y setenta en América Latina los actores sociales se encontraron ante un panorama en el cual tenían dos opciones. La primera era incorporarse al capitalismo o al imperialismo y la segunda a la revolución socialista. En este contexto también se realizaron películas en India, China y Japón con la idea de una concientización para la liberación de estos países. Dentro de esta misma expectativa cultural, con el golpe de estado en 1966 del general Juan Carlos Onganía en Argentina, el proceso de resistencia y movilización social se incrementó de forma que propició la aparición de tendencias anticapitalistas y grupos políticos de izquierda que se organizaron en fuerzas armadas, por lo que no es sorprendente que el origen del Tercer Cine esté en este país, precisamente uno latinoamericano.

En 1969 apareció el artículo titulado Hacia un tercer cine, escrito por Fernando Solanas y Octavio Getino, el cual fue publicado en la revista Tricontinental editada en La Habana, Cuba, en el cual se proponía la definición de Tercer Cine apuntando que


En marzo de ese mismo año, apareció por primera vez una referencia al Tercer Cine. De igual forma, fue publicada en Cuba por los cineastas Fernando Solanas y Octavio Getino, en el que proponían que el cine ahondara


Aunque la definición de Tercer Cine fue formulada por cineastas argentinos, éstos incluyeron en su teorización en un primer momento a todos los latinoamericanos y después la extendieron a cualquier país que formara parte del Tercer Mundo, de ahí la fórmula Tercer Cine (aunque es importante señalar que no es un movimiento cerrado y dirigido solo al Tercer Mundo sino que incluye aquellos cineastas que sean capaces de adaptarse a las características de este tipo de cine).

En el manifiesto Hacia un tercer cine, tanto Fernando Solanas como Octavio Getino describen lo que ellos consideran el primer y el segundo cine. El primer cine es el dominante a nivel mundial, dedicado a la gran industria con todo y sus estructuras de comercialización por lo que también es llamado cine institucional, sobre todo este tipo se identifica con el cine norteamericano. En el escrito de los cineastas argentinos el primer cine es definido como aquel que impone sus modelos de estructura y lenguaje, modelos industriales, comerciales y hasta técnicos


El segundo cine nace como la primera alternativa al primer cine, su principal característica es ser cine de expresión, de autor, por lo que también se le conoce como Nuevo Cine. Este tipo reivindica la libertar del autor para poder expresarse como él quiera sin seguir el estándar. Sin embargo, su carácter individualista no le permitió llegar a ser un verdadero descolonizador cultural. En Hacia un tercer cine se plantea que la ambición de estos cineastas era

La consecuencia de dicha ambición fue que el segundo cine quedó mediatizado por los condicionamientos ideológicos y económicos del sistema generando así un cine institucionalizado o presuntamente independiente como lo llaman Solanas y Getino, que el dicho sistema utiliza para decorar de “amplitud democrática” sus manifestaciones culturales.[5]​ A partir de la crítica de estos dos cines, es que se busca crear una conciencia en la sociedad de la realidad social del momento a través de un medio de comunicación visual como lo es la cinematografía; por lo tanto

La importancia del Tercer Cine radica en que por su condición de social y político nos permite conocer ciertas circunstancias en las que se desarrollan hechos ya sea de un país o de una comunidad, además nos da a conocer hasta cierto punto la verdad de sus causas, oponiéndose a la versión oficial que por lo regular es impuesta por los poderes políticos.La relación de estos cineastas con el movimiento se basa en un compromiso ético de plasmar la realidad tal cual es, realizando así la denuncia de toda clase de injusticias y contribuyendo a la recuperación de la memoria histórica. En este sentido, primero está el compromiso y la honestidad antes que la ambición comercial. Una prioridad del Tercer Cine es la difusión de las ideas para que el hombre que está alineado y sometido sea libre, lo cual lo hace un cine que se produce en medio de la revolución y no desde el poder.

El principal objetivo del movimiento es crear un cine que pretende hacer una reflexión, una denuncia de las injusticias, busca despertar conciencias y provocar acción de los espectadores mientras refleja la diversidad social y cultural, al mismo tiempo que está al servicio de la sociedad y por tanto se compromete en favor de los oprimidos


Los temas más recurrentes tratados por el Tercer Cine son: la tierra, el hambre, la juventud, la política, la inmigración, la emigración, las minorías, la lucha de clases, los conflictos armados, los movimientos sociales, la memoria histórica, entre otros. Estos temas fueron de vital importancia ya que


Uno de los aspectos más importantes del Tercer Cine fueron los escritos realizados por cineastas latinoamericanos en donde plasmaron de manera teórica sus principales inquietudes y aportaciones al tema. Entre los más importantes tenemos en 1965 Estetica da Fome del brasileño Glauber Rocha, en 1969 Hacia un Tercer Cine cuyos autores fueron los argentinos Fernando Solanas y Octavio Getino, y Por un cine imperfecto del cubano Julio García Espinosa.[9]​ Este tipo de cine es de carácter abierto y político por lo que en varias ocasiones fue censurado. Por lo regular, su realización es de índole colectiva en contraposición al cine individualista o cine de autor. Los medios en que se proyectaba la película o el formato en el que se realizaba dejaron de ser convencionales y pasaron al campo de la experimentación. Dentro de las técnicas no convencionales, el Tercer Cine se valió de la simplificación de las cámaras y los grabadores. Se buscó hacer películas rápidas con luz de ambiente, el lenguaje se volvió didáctico de manera que se convirtió en un cine-acción buscando dejar huella en el espectador.

El movimiento del Tercer Cine incorporó a un conjunto de asociaciones en los países latinoamericanos siendo el más destacado el conocido como Grupo Cine Liberación en Argentina representado por Octavio Getino, Fernando Solanas y Gerardo Vallejo, quienes en sus films testimoniaron la realidad del país, incorporando la perspectiva del revisionismo histórico y centrando su atención en la clase obrera afiliada al peronismo como factor central en la trasformación revolucionaria de la sociedad argentina. Siendo la película La hora de los hornos el reflejo de su perspectiva político-ideológica en la que plasmaron una realidad atrofiada y maltratada por el subdesarrollo. Además promovían la verdad y el documental como elemento de concientización para que el ser humano se comprometiera con su mundo real.

Otra asociación de importancia fue el Grupo Ukamau, que en idioma aymará quiere decir “así son las cosas”. Este grupo se desarrolló en Bolivia a principios de la década de los sesenta y estuvo conformado por Jorge Sanjinés, Óscar Soria y Ricardo Rada, cuyo objetivo era realizar un cine auténtico, que no se hiciera con la pretensión de obtener un beneficio económico, sino que mostrara la realidad de la sociedad boliviana, descubriendo su fisonomía como país, denunciando la descomposición social que se vivía en esa región causada por el Estado. Sobre todo, a través de sus cintas se buscaba promover un instrumento de liberación ingresando en la memoria colectiva de los bolivianos.

Para el caso de Cuba no contamos con un grupo específico sino con una filmografía encaminada en el sendero del Tercer Cine. Este país tuvo un impulso en su producción cinematográfica tras la Revolución cubana de 1959, a la que se adhirieron distintos cineastas bajo la denominación de Cine Imperfecto. Entre los realizadores más importantes del cine cubano tenemos a Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa, Humberto Solás y Santiago Álvarez. Las temáticas abordadas por el Cine Imperfecto se dividen en dos etapas: la primera antes de la Revolución cubana, la cual describe una sociedad sumida en el subdesarrollo y explotada por el dictador Fulgencio Batista y la adición de civiles a movimientos guerrilleros y la segunda después de dicha revolución en la que se explica la revolución socialista como una solución al atraso económico y como un arma de combate ante el capitalismo.

El modelo de Tercer Cine estuvo presente en Brasil con el nombre de Cinema Novo, término propuesto por el cineasta Glauber Rocha, quien preocupado por la situación social, cultural y económica del país, vio en el cine una herramienta de manifestación en contra de las medidas impuestas por el gobierno desde la década de los cincuenta. Utiliza este medio para denunciar que el problema de América Latina ha sido el colonialismo y que el remedio ante el mismo es la violencia. Este movimiento sostenía que la tergiversación de los hechos sobre América Latina se debía a las producciones extranjeras por lo que era necesaria la nacionalización del cine.

La producción cinematográfica de los chilenos dentro del Tercer Cine comenzó hacia 1967 con el gobierno de Eduardo Frei quien reinauguró la Compañía Chile Films. Sin embargo, a la par surgió otro grupo de cineastas en la clandestinidad que buscaron tratar temáticas sobre el subdesarrollo, la mala impartición de justicia, la delincuencia como producto de la explotación y las malas condiciones de América Latina, siendo su mayor exponente Miguel Littín. Con el ascenso de Salvador Allende a la presidencia del país, el cineasta fue nombrado director de la Compañía Chile Films, con lo que inició una etapa de cine militante vinculado a la construcción del socialismo en ese país.

El movimiento cinematográfico del Tercer Cine logró arraigarse en distintos cineastas latinoamericanos, africanos y asiáticos que buscaban la propagación de su propuesta de cine-acción. Sin embargo, debido a la temática de su contenido constantemente fue censurado, ocasionando que la exhibición de algunas películas se diera muchos años después de su elaboración, por lo que no siempre se lograba obtener el impacto esperado. Podría decirse que gracias a este retraso en la proyección de las producciones cinematográficas el objetivo principal de transformación revolucionaria no se consiguió. Además es importante mencionar que los realizadores de estas cintas dejaron de producirlas a gran escala debido a los altos costos de éstas a pesar de implementar recursos económicos de bajo costo.



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