Descolonización




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La descolonización es el proceso de independencia política de una colonia o territorio en relación con la nación extranjera que lo domina en condición de dependencia política, social y económica.

El término apareció después de finalizar la Segunda Guerra Mundial para referirse al proceso social, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas, de poner fin al colonialismo, mayoritariamente europeo, que dio lugar a la independencia nacional de varios continentes, principalmente en África y Asia.

Más recientemente, el término "Descolonización" ha sido usado para referirse a una postura y una operación cultural, tendiente a revelar y revertir situaciones institucionales, culturales y epistemológicas afectadas por el Eurocentrismo y otros mecanismos de subordinación y poder. Este significado está impulsado por las corrientes llamadas poscoloniales y decoloniales.

La descolonización, en sentido político, se produce mediante la independencia plena, la integración dentro de una nación soberana o la decisión de establecerse como un estado libre asociado a otro estado soberano. El proceso histórico de descolonización se aplicó al periodo que va desde el año 1945, con el final de la Segunda Guerra Mundial, y el año 1991, con el final de la Guerra Fría, con un periodo de máxima actividad entre 1947 y 1969 que afectó casi en su totalidad a Asia y África. No obstante la descolonización de los territorios coloniales se remonta a finales del siglo XVIII.

Este gran proceso de descolonización ha sido apoyado por las Naciones Unidas con su Resolución 1514 (XV) adoptada por la Asamblea General el 14 de diciembre de 1960: La Declaración de Garantías de Independencia para las Colonias y los Pueblos.

La resolución declara que la sujeción de los pueblos a dominio extranjero es una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y la cooperación mundiales. Así mismo, la resolución especifica que todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación, y que se deben tomar medidas para traspasar el poder a los pueblos colonizados, sin condiciones y sin represión de por medio.[1]

Ochenta y nueve países votaron a favor, ninguno votó en contra, y se abstuvieron nueve países: Australia, Bélgica, Francia, Portugal, España, Sudáfrica, Reino Unido, Estados Unidos y la República Dominicana . Los ocho primeros se encontraban las potencias coloniales tradicionales o administraban algún territorio .

En 2000, con la ocasión del 40° aniversario de la Resolución 1514, la Asamblea General de la ONU. adoptó la resolución 55/146 que declaraba 2001-2010 la Segunda Década Internacional para la Erradicación del Colonialismo.

La descolonización exige la liberación completa, de un territorio colonial, de la dependencia que le une a la metrópoli. Por tanto, esta liberación exige un largo proceso que puede incluir una o varias formas de independencia.

Más allá de la guerra y la represión policial por parte de la potencia colonial, la resistencia a la descolonización puede tener diversos motivos y actores. Como oposición política y económica a las fuerzas que representan la independencia están las comunidades locales minoritarias que se sienten amenazadas por la posibilidad de independencia como pueden ser la minoría blanca emigrada desde la metrópoli (Kenia o Zimbabue en el caso británico o franceses y españoles en la Argelia francesa) que en muchos casos acaparaba la tenencia de tierras y la actividad económica. También ciertas minorías étnicas que se han beneficiado de la colonización y ahora, con la independencia, pueden verse desplazados o perseguidos por los nuevos poderes nacionales.

Es destacable que los ejércitos y fuerzas policiales coloniales se nutrían de soldados nativos que eran empleados para atacar a esos grupos independentistas como ocurrió con los indígenas de América que engrosaron las huestes españolas en las guerras de independencia de Hispanoamérica, los Askari africanos o los gurkha en el ejército británico.

Pese a existir un periodo de descolonización tradicional, los procesos de descolonización política se remontan a finales del siglo XVIII y principios del XIX, con la descolonización que se inició en América, empezando por la llamada Revolución estadounidense contra Gran Bretaña, que dio lugar a los actuales Estados Unidos de América, las Guerras de Independencia Hispanoamericanas (1808-1826), la independencia de Haití (1804) o la constitución del Imperio del Brasil (1822).

A partir del siglo XX, la descolonización se refiere, habitualmente, a los logros independentistas de varias colonias y protectorados europeos en Asia y África. Pese al esfuerzo que había hecho las colonias a la victoria en la Gran Guerra (1914-1918), su situación colonial no se vio alterada, salvo en casos como Egipto o Iraq que obtuvieron la independencia en 1922 y 1932 respectivamente, y el esfuerzo colectivo institucionalizado para que progresara esta causa a través de la Sociedad de Naciones se vio frenado por las potencias coloniales. Bajo el artículo 22 del Tratado de Versalles se crearon los mandatos de dichos territorios (principalmente antiguas colonias alemanas y otomanas) para su administración y en algunos casos eventual independencia. Estos mandatos debían ser supervisado por la Comisión Permanente de Mandatos de la Sociedad de las Naciones y se dividieron en tres modelos: los A con alto grado de desarrollo y preparados para la independencia (territorios musulmanes del Imperio otomano); los B, para territorios sin desarrollo que alcanzarían la independencia en los años 60 (colonias africanas del Imperio alemán); y los C, cuya lejanía geográfica y densidad de población les mantenía en su estatus de colonia (territorios alemanes en el Pacífico)

Durante la Segunda Guerra Mundial, las colonias africanas y asiáticas se vieron muy afectadas por la guerra, y su esfuerzo a la victoria aliada fue muy importante. No obstante, al igual que durante la Primera Guerra Mundial, las colonias africanos mantuvieron su situación. En Asia, por su parte, la expansión japonesa había alentado el nacionalismo asiático contra el dominio europeo, creando estados títeres en Filipinas o Indochina francesa, que fomentó la resistencia a los intentos de las potencias de recuperar sus antiguas colonias. Sólo los países musulmanes de Oriente Medio como Siria y Líbano obtuvieron la independencia.

Tras la Segunda Guerra Mundial se produce el auge de la descolonización. Este proceso ha dado lugar, además, a un movimiento intelectual denominado Poscolonialismo. En los años 40 inmediatamente acabada la guerra mundial, los movimientos nacionalistas se acrecentaron en las colonias asiáticas, actuando con métodos pacíficos (movimiento de no violencia de Mahatma Gandhi en India), violentos como la guerra de Indochina o la guerrilla nacionalista en las Indias Orientales Neerlandesas o la mezcla de ambos. A principios de los años 50 la mayoría de los estados asiáticos estaban libres del dominio europeo si exceptuamos algunos enclaves británicos como Malasia, Brunéi, Singapur y Hong Kong; Timor portugués o Irian Jan retenido por los neerlandeses hasta 1963.

En los años 50 y 60 se completó casi por completo la descolonización de África y los restos coloniales que quedaban en Asia, algunos elementos de Oceanía y América, y los territorios en Europa de Chipre y Malta. Afectó a las posesiones francesas y británicas principalmente, pero también a Bélgica, España, Países Bajos, Dinamarca e Italia. Portugal, bajo el régimen autoritario creado por Salazar, se negó a conceder la independencia y mantuvo una guerra colonial en todas sus colonias hasta el año 1975, cuando el cambio de gobierno propició un acuerdo de independencia.

La última fase corresponde al final de la Guerra Fría, desde los 70 hasta los 90, cuando se completaron las últimas independencias coloniales como las ya referidas colonias portuguesas (1974-1975), Yibuti (1977), Emiratos Árabes Unidos (1971), Brunéi (1984), los territorios de Oceanía (1968-1994) o las islas del Caribe (1973-1983) o Surinam (1975). Algunos casos de especial relevancia fueron la devolución a China de los enclaves de Hong Kong británico (1997) o Macao portugués (1999). Otro ejemplo fue la independencia de Timor Oriental de Portugal (1975) pero rápidamente ocupado por Indonesia, manteniendo el control hasta 2002 cuando el país logró la independencia tras una sangrienta crisis. Finalmente, en África destaca la independencia de Namibia (1990) después de una larga guerra de liberación contra Sudáfrica, quien había obtenido el mandato en 1919.

Como resultado final, podemos decir que pocas veces la descolonización es lograda por una sola ley histórica particular, sino que en general se desarrolla a través de una o más etapas de emancipación, cada una de las cuales puede ser otorgada o conseguida con lucha. Estas pueden incluir la introducción de representantes elegidos (solo en calidad de consejeros o que votan, minoría o mayoría, o incluso exclusivos) y distintos grados de autonomía o autogobierno. Así, la etapa final de descolonización puede ser poco más de entregar responsabilidades de relaciones externas y seguridad y solicitar el reconocimiento por el nuevo estado soberano. Pero, aun siguiendo el reconocimiento del estado, el grado de continuidad puede ser mantenido por tratados bilaterales entre gobiernos ahora formalmente iguales involucrando prácticas como entrenamiento militar conjunto, pactos de protección mutua, o aún la instalación de bases militares.

Ampliando la noción más, una 'descolonización interna' puede ocurrir adentro de un estado soberano. Así, en Estados Unidos la expansión hacia el Oeste dio como resultado la creación de territorios, destinados a colonizar tierras conquistadas a lo largo de las fronteras de los estados ya existentes chocando con las tribus nativas en las llamadas Guerras Indias (1783-1924). Cuando su desarrollo se probó exitoso (muchas veces con nuevas divisiones geográficas), estos territorios pasaron a convertirse en estados como miembros iguales de la unión federal.

Aún en un estado que no coloniza en sentido legal sus partes, la iniquidad real a menudo causa que el componente políticamente dominante —muchas veces la parte más grande o más populosa — sea percibido, por lo menos subjetivamente, como un colonizador en todo menos en el nombre; así que la desintegración de tal estado podría considerarse una descolonización. En este ámbito tenemos los casos de los imperios o estados multiétnicos como el Imperio chino, sobre mongoles y tibetanos que obtuvieron la independencia a principios del siglo XX; el Imperio ruso sobre minorías eslavas (ucranianos, polacos o bielorrusos), finesas (Finlandia), turcomanos, kazajos, uzbekos... (Asia Central); o el Imperio austrohúngaro sobre una amplia gama de minorías como los húngaros (adquieren preponderancia a partir de 1867), croatas, eslovenos, musulmanes, rumanos, ucranianos, checos y eslovacos que lograron su independencia con la caída del imperio en 1918. También al finalizar la Primera Guerra Mundial se desintegró el Imperio otomano, principalmente su poder sobre los pueblos musulmanes de Arabia y Mesopotamia, ya que su poder sobre los Balcanes se había perdido entre 1878 y 1913.


A finales del siglo XX, la federación que conformaba la antigua Yugoslavia se desintegró, tras un periodo de guerras civiles (1991-2001) dando lugar al surgimiento de estados como Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia del Norte, Montenegro y Kosovo. Casos menores son la ruptura de la uniones personales de Suecia y Noruega (1905) o Dinamarca e Islandia (1944) o la separación de territorios como Bélgica y Luxemburgo de los Países Bajos en 1830 y 1867 respectivamente.

En el tercer caso tendríamos la conquista de los territorios pero que incluye su inmediata integración en el territorio nacional. Así, las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania argumentan que a ellas, en contraste con otras repúblicas ex-soviéticas, no se les podía otorgar independencia de la Unión Soviética porque nunca se integraron, sino que fueron ocupadas y anexadas militarmente por Stalin (1940), tras su independencia del Imperio ruso en 1918, y por lo tanto habían sido colonizadas ilegalmente, incluyendo deportaciones masivas de sus connacionales e inmigración no invitada de rusos étnicos y otras nacionalidades soviéticas.

En este apartado se desglosan, por continentes, los procesos de independencia desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XXI con las últimas descolonizaciones. En esta lista figuran las colonias y protectorados de las potencias coloniales de Reino Unido, Francia, Portugal, España, Bélgica, Países Bajos, Japón y Estados Unidos.

     Colonias de gobierno directo      Colonias asimiladas a la metrópoli      Protectorados      Mandatos      Colonias con autogobierno


La dirección de la grupos anti-colonialistas cayó principalmente en líderes políticos o militares pero con diferentes características. En las independencias americanas de los siglos XVIII y XIX, los principales líderes eran descendientes de los primeros colonizadores y que tenían cierto estatus político y económico en la sociedad colonial. En las independencias posteriores de África y Asia, los líderes eran nativos indígenas, en algunos casos eran de extracción humilde, que se había educado en el sistema educativo colonial a nivel local e incluso en la metrópoli o quienes había servido en el ejército colonial.

Los líderes estaban sometidos a la persecución y la represión de las autoridades coloniales, y en algunos casos acabó con largas condenas de prisión, exilio, ejecuciones o asesinatos por parte de la potencia colonial o grupos afines. Aquí se muestra una lista con algunos de los líderes más destacados de los movimientos nacionalistas y anticolonialistas:

América

Asia

África

Muchos de estos asesinatos siguen sin resolverse, como ejemplo, el asesinato de Mehdi Ben Barka sigue investigándose hoy en día y tanto Francia como Estados Unidos se niegan a desclasificar documentos en su poder.[7]​ Es incuestionable que detrás de algunos de ellos se encontraban potencias extranjeras en el marco de la Guerra Fría, si bien otros fueron perpetrados por motivos internos.

Completado el proceso de descolonización de un territorio colonial, la relación con su antigua potencia colonizadora, en teoría, se enmarca en relaciones internacionales en plena igualdad. No obstante, el peso de la metrópoli es importante:

Esta tendencia se ha venido a denominar neocolonialismo, un término surgido a partir de la Guerra Fría, cuando los países estaban divididos en dos bloques antagónicos, el bloque capitalista liderado por Estados Unidos, y el comunista o socialista liderado por la Unión Soviética. Estos dos estados no había participado en el reparto colonial (Estados Unidos se limitó a Filipinas, Puerto Rico e islas del Pacífico) y fomentaban la descolonización con el objetivo de debilitar los antiguos imperios coloniales y obtener nuevas áreas de influencia a través de gobierno afines o grupos de oposición.

Con el final de la Guerra Fría el neocolonialismo superó su faceta política y se amplió al campo económico con las inversiones, préstamos o venta de tecnología a los países africanos y asiáticos por parte de Francia, Reino Unido o Estados Unidos (actualmente ha ganado peso China); el control, a través de empresas, de los recursos naturales y la presencia militar en países africanos o asiáticos como es el caso de Francia en el África occidental o Estados Unidos en el Extremo Oriente.

En el aspecto cultural, gracias a tener una cultura y una historia común, las antiguas potencias coloniales crearon instituciones que indirectamente las ligaban a sus antiguas colonias. Unirse es voluntario y en algunos casos puede revocarse la pertenencia si alguno de los estados miembros deja de cumplir algún criterio objetivo, generalmente un requisito de gobierno democrático. Estas organizaciones sirven a propósitos culturales, económicos y políticos entre los países asociados, aunque algunas de estas organizaciones se han convertido en políticamente prominentes y en entidades de pleno derecho.

Hay bastante controversia acerca de la descolonización. El objetivo final de la misma se interpreta, generalmente, como algo positivo, pero se han dado muchos debates acerca de cual es la mejor manera de conceder una independencia completa.

Algunos opinan que el movimiento descolonizador posterior a la Segunda Guerra Mundial fue demasiado rápido, especialmente en África, y dio como resultado la creación de regímenes inestables en los nuevos países independientes. Otros argumentan que esta inestabilidad es, de lejos, el resultado de problemas derivados de la época colonial, incluyendo las fronteras arbitrarias de los nuevos países, la falta de formación de las poblaciones locales y una economía desequilibrada.

John Kenneth Galbraith sostiene que la descolonización posterior a la Segunda Guerra Mundial se llevó a cabo por razones económicas. En A Journey Through Economic Time, escribe: «El motor de la economía del bienestar se encontraba ahora en los países avanzados e industrializados. El crecimiento de la economía doméstica —como ahora la medimos, de un modo discutible— pasó a percibirse como mucho más importante que el comercio mundial con las colonias... El efecto económico en los Estados Unidos de conceder la independencia a Filipinas no se notó en absoluto. La independencia de India y Pakistán tuvo efectos mínimos en la economía del Reino Unido. Economistas holandeses calcularon que el efecto económico de la pérdida del gran imperio holandés en Indonesia fue compensado en un par de años de crecimiento interno después de la guerra. El final de la era colonial se celebra en los libros de historia como el triunfo de las aspiraciones nacionales en las antiguas colonias y un benigno buen sentido por parte de las potencias coloniales. Oculto debajo de todo eso, como suele suceder, existía una fuerte confluencia de intereses económicos — o, en este caso, desintereses».

Parte de la razón de la falta del impacto económico notado en los países colonizadores tras desprenderse de las colonias fue que los costes y los beneficios no fueron eliminados, sino cambiados. El colonizador ya no tuvo la carga de la obligación, financiera o cualquiera otra, con sus colonias. El colonizador continuaba teniendo acceso a bienes y servicios baratos de sus antiguas colonias. La presión financiera, política y militar podía ser usada para obtener objetivos deseados por el colonizador. La diferencia más obvia es la habilidad del colonizador de desligarse de responsabilidades para con el colonizado.

La descolonización no es un asunto sencillo en las colonias donde reside un número elevado de colonos, especialmente si han residido durante varias generaciones. Esta población, generalmente, tuvo que ser repatriada, muchas veces perdiendo sus propiedades. Por ejemplo, la descolonización de Argelia por parte de Francia fue especialmente complicada debido a la presencia de gran número de habitantes de origen europeo y judío (véase Pieds-Noirs), los cuales fueron evacuados a Francia cuando Argelia alcanzó su independencia. En Zimbabue, la antigua Rodesia del Sur, el presidente Robert Mugabe se marcó como objetivos a los granjeros blancos, arrebatándoles sus posesiones por la fuerza a partir de la década de 1990[cita requerida].

Más recientemente, el término "descolonización" o "decolonización" ha sido usado para referirse a una postura y una operación cultural, tendiente a revelar y revertir situaciones institucionales, culturales y epistemológicas afectadas por el eurocentrismo y otros mecanismos de subordinación y poder. Este significado está impulsado por las corrientes llamadas poscoloniales y decoloniales.[8]

Entre los principales autores de estas corrientes se destacan Edward Said, Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, Ramón Grosfoguel, entre otros. Varios movimientos sociales, feministas, de derechos humanos, antiracistas y sindicales, sobre todo en América Latina, adhieren a estas visiones decoloniales.

Actualmente existen territorios que dependen de una potencia colonizadora, pero en todos los casos se tratan de territorios que por propia voluntad, expresada a través de referéndum, mantienen esa dependencia aunque con cambios sustanciales respecto a las viejas colonias.

La antigua colonia española se ha visto envuelta en una importante disputa internacional desde 1975. En los años 70, España, pese a las presiones de la ONU, mantenía el control colonial sobre el Sáhara español; pero ya había surgido un movimiento armado que tenía como objetivo la independencia de la colonia, el Frente Polisario. La autonomía (1974) y la posibilidad de un referéndum de autodeterminación (1975), chocaban con los deseos de Marruecos y Mauritania de hacerse con el territorio.

La presión de Marruecos se tradujo con el 6 de noviembre de 1975 Marcha Verde (organizada por el rey Hassan II de Marruecos el 6) traspasó la frontera internacionalmente reconocida del Sahara Español sin llegar hasta las posiciones de los militares españoles. Marruecos contaba con el apoyo de Francia, Mauritania,Argelia y Estados Unidos [9]​ frente a la crisis interna que atravesaba España con el final del franquismo (el dictador Franco murió el 20 de noviembre de ese año) y el aislamiento diplomático para hallar apoyo en Europa.

Finalmente, España abandonó su responsabilidad sobre el Sáhara con el Acuerdo Tripartito de Madrid (14 de noviembre de 1975) dejando el territorio repartido entre Marruecos y Mauritania. No obstante, la situación cambió en la región cambió a partir de 1976:

Actualmente el Estatus político del Sahara Occidental es discutido. La ONU sigue considerando a la potencia administradora de iure a España, pese a que esta renunció a su administración en 1976. Por su parte Marruecos ha potenciado la emigración marroquí a la zona, con vistas a un posible referéndum sobre el estatus del territorio; en el plano militar se ha construido un muro fortificado de 2000 km para defender el territorio que administra.

En 1961 se creó el Comité Especial de Descolonización o Comité Especial de los 24 de la Organización de las Naciones Unidas, encargado de monitorear e impulsar el proceso de descolonización de los territorios no autónomos bajo administración de potencias coloniales, con el propósito de poner fin al colonialismo.[11]​ Actualmente están incluidos 17 (10 británicos, 3 estadounidenses, 2 franceses, 1 neozelandés y 1 español)



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