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Convento de Santo Domingo (Quito)



La Iglesia de Santo Domingo es un templo católico levantado en el Centro Histórico de la ciudad de Quito DM, capital de Ecuador. El conjunto de convento, iglesia y capillas se ubica en la calle Flores, frente a la Plaza de Santo Domingo, llamada así por la referida iglesia que la precede.

Su construcción inició en el año 1540, cuando se asigna el solar a la comunidad de padres dominicos; posteriormente, y después de haberse levantado una capilla provisional, los planos definitivos del templo que persiste hasta la actualidad fueron levantados en 1581 por el arquitecto Francisco Becerra.[1]​ Tras la muerte de Becerra, la obra pasó a manos del padre Rodrigo Manrique de Lara; fray Antonio Rodríguez se hizo cargo de las obras del convento, mientras que fray Juan Mantilla fue el encargado de concluir las obras de la iglesia en 1688.[1]

Durante el siglo XIX, un grupo de dominicos italianos hicieron importantes reformas en el interior del templo; según el intelectual ecuatoriano Ernesto La Orden Miracle «decidieron pintarla como un teatrillo de ópera, arrasar sus altares, su coro y su púlpito». La hermosa y sobria fachada no sufrió estos afanes reformadores, y aunque la iglesia parece haber tenido esos cambios internos importantes, mantiene una presencia riquísima e impresionante que no muestra de una forma abierta los estragos que cuenta La Orden.[2]

El templo está cubierto por trabajos en cedro cubierto con pan de oro, y por numerosas pinturas y tallas que adornan su interior. Junto al retablo mayor, las diez capillas laterales que completan el conjunto interior de Santo Domingo enriquecen aún más el cuerpo interno de la iglesia con bellísimos trabajos en madera y hojilla de oro.[2]

Sin duda, la Capilla de la Virgen del Rosario es la más conocida del conjunto; no obstante, no es la única que evidencia el interés cultural del templo como indica Pazos Barrera: «en otra capilla se conserva la pintura mural de la Virgen de la Escalera, obra del padre Pedro Bedón, y que data de los primeros años del siglo XVII».[2]

El Claustro, por su parte, presenta corredores y crujías de doble arquería con pilares ochavados, y se debe al hermano Antonio Rodríguez, quien lo levantó a partir del diseño de Francisco Becerra.[2]

Como en otras iglesias y construcciones civiles de la ciudad de Quito, los constructores de Santo Domingo se encontraron desde un comienzo con un terreno abrupto y desigual, por lo que debieron inventar varias soluciones arquitectónicas para darle continuidad al templo principal y sobre todo a las capillas; de allí nació el célebre Arco de Santo Domingo, sobre el que se encuentra la Capilla de la Virgen del Rosario, y por cuya base discurre, sin interrupciones, la calle Rocafuerte.[2]

La Plaza de Santo Domingo se encuentra frente a la Iglesia. En el centro se levanta un monumento al mariscal Antonio José de Sucre, héroe de la Independencia. En torno a la Plaza, además de la Iglesia y el convento, se levantan edificios civiles de importancia, como la antigua universidad colonial de Santo Tomás de Aquino y la mansión del expresidente Gabriel García Moreno. La Plaza tiene una superficie aproximada de 7200 metros cuadrados, con lados que miden en metros lineales aproximadamente 85 metros. Al igual que las otras plazas de la ciudad, fue originalmente una simple explanada, y luego se lo convirtió en un parque y en una estación de autobuses. Actualmente es una explanada pavimentada con piedra.

La más rica y conocida de las capillas de la iglesia de Santo Domingo es la Capilla del Rosario, que está ubicada hacia el lado sur del crucero, y que está construida en tres niveles diferentes. Esta capilla se asoma a la antigua calle de La Loma (hoy llamada Rocafuerte), donde para solucionar otro desnivel del terreno los arquitectos construyeron el Arco de Santo Domingo, con contrafuertes en forma de cono que evocan puestos de vigía.[2]

Los tres niveles de la capilla responden a una suerte de estratificación: el más bajo era destinado al ciudadano común, el segundo al sacerdote y las autoridades, y el tercero a la Virgen del Rosario. Desde 1650, en esta capilla funcionaban tres cofradías; la primera de españoles peninsulares y españoles nacidos en América (criollos), la segunda de aristas negros y mestizos, y por último otra formada enteramente por indígenas. Cada grupo tenía su espacio correspondiente en una suerte de capillas más pequeñas.[2]

La Virgen y el Niño, cuyos mantos y coronas son ricos en hilos preciosos y pedrería, protagonizan la composición del retablo; este último es descrito por Pazos Barrera con los siguientes términos:[2]

En los altares laterales a esta capilla se conservan reliquias de santos, traídas de Roma en los mismos inicios de la fundación quiteña. Con ellos se cumplían los rituales de la Cofradía del Rosario de Nuestra Señora y se realizaba la Procesión de la Soledad, de los Viernes Santos, ambas de gran devoción en la ciudad. A juicio de los expertos, en la decoración de la Capilla del Rosario se llega a una saturación barroca derivada de la abundancia ornamental.[2]

Dentro del Claustro del conjunto de Santo Domingo, ubicado en el extremo norte del templo mayor, y sobre la plaza, se ha designado un espacio para convertirlo en un museo abierto a todo el público. Según la descripción de Julio Pazos Barrera:[3]

Tanto dentro del Museo, como en el Convento y el templo mayor con sus capillas, el conjunto de Santo Domingo alberga un gran número de obras de arte de la Escuela Quiteña especialmente, y otras llegadas desde Europa y otras colonias hispanas de América. Entre ellas podemos nombrar las siguientes:

Puerta exterior.

Vista de la nave y del techo.

Detalle del altar mayor.

Altar de la capilla del Rosario.

Imagen del Rosario.

Vista de la capilla del Rosario desde el altar.

Vista de la capilla del Rosario desde el altar.



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