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Diócesis de Cádiz



La diócesis de Cádiz y Ceuta es una jurisdicción de la Iglesia católica de España que comprende el sur de la provincia de Cádiz, al sur de la península ibérica, tomando como frontera natural el curso del río Guadalete. Abarcando la mayor parte de la provincia, su territorio comprende La Janda, el Campo de Gibraltar, la ciudad de Ceuta y gran parte de la Bahía de Cádiz, exceptuando la mayor parte de la zona urbana y norte de El Puerto de Santa María. Tiene una zona extensa de costa y otra de carácter rural e interior.

La mitad norte de la provincia se encuentra encuadrada en la diócesis de Asidonia-Jerez, escindida de la archidiócesis de Sevilla en 1980.

Geográficamente, la Diócesis consta de cuatro zonas bien delimitadas: la Bahía de Cádiz; la Zona Rural, llamada La Janda, en parte costera y en parte interior; la Bahía de Algeciras, que configura la Comarca del Campo de Gibraltar; y la Ciudad de Ceuta, que es territorio español aunque geográficamente está en la costa norte de África y parte de la ciudad de El Puerto.

a) La Bahía de Cádiz, de una gran densidad demográfica, cuenta con 340.000 habitantes, distribuidos en cinco ciudades: Cádiz, que ostenta la capitalidad de la Provincia, es la Sede Episcopal, a la vez que emplazamiento de todos los organismos oficiales; es también sede de la Universidad. Chiclana de la Frontera, Puerto Real, San Fernando son las otras ciudades que forman la comarca de la Bahía bajo la diócesis.

b) La Comarca de La Janda, que está compuesta por una franja de territorio que se extiende en dirección SO hacia el NE, cuenta con cuatro municipios costeros, entre ellos Barbate y Conil, cuyas fuentes principales de ingresos son la pesca y el turismo; y cinco municipios interiores, dedicados a la agricultura y a la ganadería; uno de ellos es Medina Sidonia, donde estuvo en la época visigoda la Sede diocesana. Esta es la zona más extensa en territorio, pero la menos poblada: 84.000 habitantes.

c) La Bahía de Algeciras, a cuyo alrededor se configura la Comarca del Campo de Gibraltar, cuya capital natural es Algeciras (116.000 habitantes), uno de los principales puertos de España, sobre todo por ser enlace con el norte de África; le sigue muy de cerca La Línea de la Concepción (62.000 habitantes) y hay otros cuatro municipios menores.

d) La ciudad de Ceuta, al otro lado del estrecho de Gibraltar, en la costa norte africana.

e) La zona sur de la ciudad de El Puerto de Santa María, que debido a su condición especial de pertenecer a dos diócesis, ya que la divisoria es el propio río Guadalete.

El número total de habitantes de la diócesis asciende a 710.000.


El origen del Cristianismo, en la diócesis de Cádiz, se atribuye con muchas reservas, después de la investigaciones de José Vives, a San Hiscio o Isicio/Hesiquio, uno de los siete Varones Apostólicos, fundador de la sede de Carteya, hoy campo de ruinas romanas en el fondo de la bahía de Algeciras, en el cortijo del Rocadillo.

Acabadas las persecuciones, la sede fue trasladada a un lugar más conveniente del interior, a Asido o Asidonia, la actual Medina Sidonia. De la iglesia visigoda asidonense han quedado diversos testimonios que arrancan del siglo VII, y que han permitido conocer a los obispos Rufino, Pimenio, Teoderacio y Geroncio.

De la Iglesia mozárabe de Asidonia se sabe de Miro, de Esteban y al último titular, cuyo nombre se ignora, pero por la Crónica del arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada consta que con otros obispos de Andalucía se retiró a la imperial ciudad en 1144, con motivo de la entrada de los almohades.[cita requerida]

Alfonso X el Sabio continuó la reconquista y restauración cristiana de Andalucía de su padre Fernando III de Castilla, y pretendió, sobre todo, asegurar las conquistas del Sur de España y realizar los proyectos africanos paternos. Ocupó la mayor parte de la provincia gaditana y logró establecer un importante puerto en el Atlántico, como llave del Estrecho de Gibraltar, Cádiz.

El arzobispo don Raimundo de Losana (o don Remondo) quería incorporar a su diócesis sevillana todos los territorios conquistados de la parte sudoccidental de España. Satisfizo sus deseos con la agregación de Huelva, a cuya conquista había contribuido con sus huestes, pero no con Cádiz y sus aledaños.

Los deseos del rey castellano eran muy distintos: estaba empeñadísimo en crear una sede episcopal en la parte más meridional de la Península e isla de Cádiz, lugar escogido para la preparación del fecho del Mar o acción en África. El apoyo prestado en Roma favoreció los planes de Alfonso X, al dar el Papa su asentimiento a que la sede de la antigua Asido fuera trasladada a Cádiz y establecer el río Guadalete como línea divisoria de los obispados de esta ciudad y de Sevilla.

El arzobispo sevillano, adelantándose a los designios reales, había creado en Cádiz en 1261 el arcedianato de su nombre. Desde 1263, Fecha de la bula Excelsis de Urbano IV creando la sede, hasta 1267 se suceden los documentos que marcan el cumplimiento de los designios alfonsíes.

La empresa africanista quedó inédita, pero aquí dejó una diócesis y una sede episcopal, que durante la Edad Media llevó una vida sin relieve particular. Con la conquista de Algeciras por Alfonso XI, los obispos gaditanos agregaron a su título el de Algeciras, que ostentaron sus sucesores hasta nuestro siglo. Durante la segunda mitad del XV y buena parte del XVI, la diócesis languidece por la ausencia de sus pastores dedicados a otros menesteres de más importancia en la Corte, en Sevilla o en Roma, engrosando con sus rentas los ingresos de algunos cardenales acumuladores de sedes episcopales, antes del Concilio de Trento.[cita requerida]

A mediados del XVI se recupera la diócesis gaditana con la presencia de los obispos García de Haro y Antonio Zapata, el cual aplicará los decretos de Trento creando el Seminario Conciliar de San Bartolomé, aunque estuvo amenazada con la invasión de los ingleses reiteradas veces, sobre todo en el desastre de 1596. Cádiz va despertando y crece hasta convertirse poco a poco en la sede del Monopolio del comercio indiano en 1717 desplazando a Sevilla.

El siglo XVIII fue un auténtico "siglo de oro" para la capital y su diócesis, incluso en el aspecto religioso y eclesiástico, con grandes obispos de personalidad grande y actividad intensa, como Lorenzo Armengual de la Mota, Fr. Tomás del Valle, Fr. Juan Bta. Cervera y José Escalzo Miguel.

La memoria del obispo Armengual quedó en la visita general de la diócesis en 1717-1718, en el apoyo para iniciar la construcción de la Catedral nueva en 1722 y en la fundación de la parroquia auxiliar de San Lorenzo de Cádiz desde los cimientos hasta la torre inaugurándola y consagrándola en 1729.

A Fr. Tomás del Valle se le deben la fundación de los Carmelitas Descalzos de Cádiz en 1733, la construcción del Hospital de Mujeres de la capital y el Hospital de San José de la Isla de León en 1749 y 1768 respectivamente, y las religiosas de la Enseñanza de esta vecina población, además de la Iglesia Mayor de San Pedro, con otras muchas iglesias y capillas e instituciones benéficas por todo el territorio diocesano, como las parroquias de San Roque, Los Barrios y Algeciras.

Al obispo Fr. Juan Bta. Cervera se deben la ampliación de los estudios en el Seminario de San Bartolomé con la Filosofía, Teología dogmática, Disciplina, etc. en 1777 y el traslado del mismo al antiguo Colegio de los Jesuitas expulsados en 1780. Para la instrucción del pueblo instauró la Congregación de la Doctrina Cristiana en 1778.

D. José Escalzo dio Estatutos y nuevo plan de estudios al Seminario de Cádiz en 1785, fundó la parroquia de San José (extramuros), modelo de templo de la Ilustración cristiana con todas su dependencias y servicios, en 1787 y promovió la construcción de la Iglesia parroquial de San Juan Bautista de Chiclana.[cita requerida]

Cádiz y su obispado experimentaron un siglo XIX de crisis económicas y de revoluciones. La Guerra de la Independencia contra los invasores franceses coincidió con la caída del Antiguo Régimen y la promulgación de la Constitución Política de la Monarquía Española, la "Pepa", en Cádiz el 19 de marzo de 1812. En las circunstancias menos propicias se reanudaron en 1832 las obras de la Catedral Nueva, que se abrió al culto en 1838.

En 1873 el Cantón Federal de Fermín Salvochea cerró y derribó varias iglesias. La Restauración de la dinastía borbónica en la persona de Alfonso XII abrió un periodo de tranquilidad. En 1882 se celebró el Sínodo del obispo Jaime Catalá y Albosa, que renovaba y actualizaba el Antiguo Sínodo de D. Antonio Zapata y Cisneros, que estuvo vigente desde 1591. El prelado Vicente Calvo y Valero remodeló y modernizó el edificio del Seminario de San Bartolomé en 1885-1890 y adaptó la formación y estudios de los futuros sacerdotes a los nuevos tiempos. en su pontificado se restauraron los Dominicos y Franciscanos Observantes en Cádiz en 1890 y 1892 respectivamente y se fundaron varias congregaciones de religiosos y religiosas.[cita requerida]

El siglo XX trajo nuevas crisis económicas para una ciudad y puerto como Cádiz, sin las últimas colonias de Ultramar, (Puerto Rico, Cuba y Filipinas). El obispo D. José María Rancés y Villanueva se destacó por la renovación pastoral, en la predicación, en el empleo de la prensa como medio de difusión de la doctrina católica y en la acción benéfica y social. En 1927 fundó el prelado D. Marcial López y Criado la Acción Católica como la mejor participación de los seglares desde su esfera y responsabilidades.

En 1933 se nombra a Ramón Pérez y Rodríguez como obispo de Cádiz y Ceuta, título empleado por primera vez.

La proclamación de la II República Española coincidió con el saqueo y quema de iglesias y conventos en 1931, que se repitieron en 1936. El Movimiento Nacional con su enfrentamiento con la España Republicana en una larga Guerra Civil del 1936-1939, la España de Francisco Franco y el llamado Nacional Catolicismo marcan una etapa que repercutió en este territorio gaditano de manera especial.

La muerte de Ramón Pérez Rodríguez, obispo patriarca de las Indias, abrió una prolongada sede vacante hasta 1943, en que entró Tomás Gutiérrez Díez. Obispo celoso y visitador de su diócesis, dejó como recuerdo once nuevas parroquias y su figura de anciano venerable.

La Santa Sede nombró al obispo coadjutor Antonio Añoveros Ataún en 1954. el Dr. Añoveros pastoreó la diócesis como titular entre el 1964 y 1971, pero en su etapa anterior sería ya el promotor del "aggiornamento" de la Iglesia Gaditana como partícipe activo del Concilio Vaticano II (1961-1965). Sus preocupaciones fueron el seminario, la conciencia social, la alfabetización y la vivienda, como se refleja en sus cartas pastorales. Su traslado a la sede de Bilbao le supuso grandes preocupaciones y una pastoral sobre el pueblo vasco le costó un enfrentamiento que le trajo más sufrimientos hasta su jubilación.

El fin del franquismo y la llegada de la democracia le tocó a D. Antonio Dorado Soto, que gobernaría la diócesis 20 años desde el 1973 al 1993, cuando fue trasladado a la sede de Málaga, siendo auxiliado en esta tarea por Ignacio Egurza El Busto (1926-1992), desde 1974 Vicario General de la diócesis. Los desvelos de Dorado se centraron sobre todo en las tareas pastorales, como manifiestan el Plan Diocesano de Renovación Cristiana iniciado en 1977 y que culminaría en la celebración de la I (1980) y II (1986) Asamblea Diocesana, la promulgación de las Normas de Pastoral Sacramental (1983), la creación del Movimiento de Profesores Cristianos y las Semanas de la Familia. Son de destacar sus numerosas cartas pastorales sobre temas tanto generales como particulares del obispado de Cádiz y Ceuta, de especial problemática, como el paro, la falta de vivienda, la marginación y la emigración.

A monseñor Dorado le sucedió el actual obispo emérito de la diócesis, Antonio Ceballos Atienza, nacido en la localidad giennense de Alcalá la Real en 1935, obispo de Ciudad Rodrigo en 1988, desde el 10 de diciembre de 1993 prelado de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Sus numerosas pastorales y homilías son el resultado de su profunda preocupación por resolver los problemas que se le plantean como pastor. El contacto frecuente con las parroquias y grupos le permitió conocer la complejidad y la fragmentación en comarcas extensas del obispado y para su mejor atención creó tres vicarios episcopales de los territorios correspondientes a las zonas de la Bahía de Cádiz, la zona Centro y la del Campo de Gibraltar. Para una formación más adecuada de los futuros sacerdotes gaditanos reabre el Seminario de San Bartolomé trasladando los estudios de Filosofía y Teología de Sevilla a Cádiz, donde continúa proporcionando anualmente promociones de presbíteros que han ido incorporándose al clero diocesano. Sin embargo, el envejecimiento de la edad media de los sacerdotes constituye una grave preocupación y un motivo para no dejar de insistir por todos los medios en el fomento de vocaciones. La actual inmigración de las pateras del Estrecho es el motivo mayor de sufrimiento.

Secundando las orientaciones de Juan Pablo II para el siglo XXI, Monseñor Ceballos promovió el Sínodo Pastoral de la Diócesis de Cádiz y Ceuta en el año jubilar 2000 desde la carta de convocatoria el 14 de septiembre de 1997, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, hasta el decreto de promulgación de las seis constituciones del Sínodo Diocesano el 12 de octubre de 2000, pasando por los trabajos de preparación, las sesiones y la clausura del Sínodo en la Catedral Nueva de Cádiz el 11 de junio, domingo de Pentecostés. Para potenciar esta etapa renovadora procedió al nombramiento del vicario episcopal de Pastoral, supresión de los vicarios de zona y a dar mayor protagonismo a los arciprestes.

El 30 de agosto de 2011, el Santo Padre acepta la renuncia del actual obispo por jubilación y designa a Monseñor Rafael Zornoza Boy, obispo titular de la diócesis de Mantesa y obispo auxiliar de la diócesis de Getafe, como nuevo obispo de Cádiz y Ceuta. Por lo tanto, Monseñor Rafael deberá tomar posesión de la diócesis en octubre de dicho año.

La ciudad de Ceuta entra en la geografía antes que en la historia. Su privilegiada situación como puerta entre el Mediterráneo y el Atlántico, como puente entre Europa y África hacen que aparezcan en derroteros y cartularios, como topónimo, antes de que existiera como urbe. Hallazgos de arqueología submarina hacen remontar el uso de sus fondeaderos varios siglos atrás de la Era, pero es hacia el 11 a. C. cuando se detecta actividad en su factoría de salazones.

En el siglo IV se ha documentado una comunidad cristiana, siendo prueba de ello la Basílica Tardorromana. La comunidad cristiana de Ceuta envió a un sacerdote al Concilio de Cartago del 484, convocado por Humerico.[1]​ De entonces a la invasión islámica su población pasa de manos de vándalos a godos y bizantinos, siempre bajo la cruz, que caerá en el 709, dejando en su rendición una pequeña comunidad mozárabe.

Los siete siglos de dominación islámica serán variables en cuanto a la tolerancia de otras religiones. Sabemos que en el siglo XIII, con los almohades, hubo un arrabal cristiano con iglesia y sacerdote, incluso antes del martirio de S. Daniel y sus Compañeros en 1227. También en esta centuria hubo un obispo al menos, pero realmente la reconquista cristiana se deja esperar hasta 1415 con la gesta de Juan I de Portugal.[cita requerida]

Nada más ser conquistada, con bula de Cruzada, se bendice la mezquita como iglesia parroquial y, delimitada la diócesis se convierte en Catedral, nombrándose Obispo. Años después la diócesis, entonces dependiente de Roma, será Primada de África. Hasta 1516 los prelados tienen su residencia en la metrópoli pero ese año la fijan en Olivenza, hasta que en 1570 se unen los obispados de Ceuta y Tánger, compartiendo residencia en ambas ciudades.[cita requerida]

Al hacerse Felipe II del trono luso se mantiene la estructura del obispado pero, cuando en 1640 Portugal se subleva, Ceuta mantiene su fidelidad a Felipe IV. La muerte del Prelado da Silva en 1645 sin estar resuelto el conflicto da lugar a una larga sede vacante, que se resuelve, tras el tratado de Paz y Amistad de 1668, nombrando a Antonio Medina Cachón en 1675, ya sin vínculo con Tánger.[cita requerida]

La diócesis mantendrá su marcha en paralelo al resto de España hasta el concordato de 1851, que mandó su reducción, aunque el decreto correspondiente no se ha dictado nunca. La vacante de 1856 se cubrió designando vicarios capitulares y desde 1876 administradores apostólicos, hasta que en 1879 el Obispo de Cádiz Jaime Catalá acepta esa administración. En 1933 el nombramiento del entonces Patriarca de las Indias, Ramón Pérez y Rodríguez, se hace por vez primera como Obispo de Cádiz y Ceuta, dos diócesis independientes, pero regidas por un mismo prelado.[cita requerida]

Según fuentes oficiales, durante el curso 2017-18, estudiaron en el Seminario Mayor diocesano 13 seminaristas.[3]



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