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Escépticos



El escepticismo, en un sentido amplio, es generalmente cualquier actitud de duda hacia el conocimiento, sea este hechos, opiniones o creencias declaradas como hechos,[1]​ o de duda respecto de afirmaciones que son tomadas por supuestos en otra parte.[2]

El escepticismo en Filosofía es una teoría del conocimiento que afirma la inexistencia de la verdad, o que, si existe, el ser humano es incapaz de conocerla.[3]​ El término se usó para nombrar a los miembros de la escuela filosófica que "no afirman nada", es decir, que se quedan en reflexión sin pronunciarse ni aceptando ni negando.[4]​ Adherentes del pirronismo (y más recientemente, sinónimo parcial con falibilismo), por ejemplo, suspenden el juicio en las investigaciones.[5]​ Los escépticos pueden incluso dudar de la fiabilidad de sus propios sentidos.[6]​ El escepticismo religioso, por el otro lado, es una "duda respecto de los principios religiosos básicos (tales como la inmortalidad, la providencia, la revelación o la existencia de la deidad)".[7]​ El escepticismo científico exige dudar de toda la información que no sea apoyada por la evidencia.[8]​, por lo cual examina científicamente la veracidad de las teorías al someterlas a una investigación sistemática a través del método científico para descubrir si existen pruebas empíricas que las apoyen.

El escepticismo clásico deriva del griego 'skeptikós'. Usualmente se considera que está relacionado con el significado de "pensativo" o "reflexivo", posiblemente por influencia de la traducción de Lyddel & Scott al inglés.[9]

Sin embargo, el término se vincula con el verbo σκέπτομαι (sképtomai): mirar, observar, examinar, investigar y éste, a su vez, del proto-indo-europeo speḱ: mirar[10]

Del mismo origen provienen los nombres de objetos con el sufijo "-scopio":

Etimológicamente, entonces, el escepticismo parecería estar mucho más caracterizado por la insistencia en la observación cuidadosa y detenida y en el - para ello requerido - estado de tranquilidad de la mente,[11]​ más que por la duda o la desconfianza metódica como suele sostenerse.[12]

Como escuela o movimiento filosófico, el escepticismo surgió tanto en la antigua Grecia como en la India. En India, la escuela de filosofía de Ajñana defendió el escepticismo. Fue un importante rival temprano del budismo y el jainismo, y una gran influencia en el budismo. En Grecia, los filósofos ya desde Jenófanes expresaron opiniones escépticas, al igual que Demócrito[13]​ y varios sofistas. Gorgias, por ejemplo, argumentó que nada existe, que incluso si hubiera algo que no podríamos saber, y que incluso si pudiéramos saberlo, no podríamos comunicarlo.[14]​ El filósofo heraclíteo Crátilo alegó que la comunicación es imposible ya que los significados cambian constantemente.[15]Sócrates también tenía tendencias escépticas, alegando que solo sabe que no sabía nada.[16]

Había dos escuelas principales de escepticismo en el mundo griego y romano antiguo. El primero fue el pirronismo, fundado por Pirrón; y el segundo fue el escepticismo académico, llamado así porque sus dos principales defensores, Arcesilao y Carnéades, al ser sucesores de la academia de Platón. Los objetivos del pirronismo son psicológicos para lograr la suspensión del juicio (epojé) la tranquilidad mental (ataraxia). Los escépticos académicos negaban que el conocimiento sea posible.

El antiguo escepticismo se desvaneció durante el Imperio Romano tardío, particularmente después de que San Agustín atacó a los escépticos en su trabajo Contra los Académicos. El interés revivió durante el Renacimiento y la Edad Moderna, particularmente después de que los escritos completos de Sexto Empírico se tradujeran al latín. Varios escritores católicos, incluidos Francisco Sánchez el Escéptico, Michel de Montaigne, Pierre Gassendi, Marin Mersenne y Pierre Bayle desplegaron antiguos argumentos escépticos.[17]

El filósofo y matemático francés René Descartes en su obra Meditaciones de la primera filosofía, trató de refutar el escepticismo, después de haber formulado el caso del escepticismo más extremo posible, al afirma el conocimiento del yo (pienso, luego existo) y tratando de demostrar que Dios existe y no nos engañaría acerca de la realidad de la naturaleza.[18]

En el siglo XVIII, el filósofo escocés David Hume ofreció un nuevo y poderoso caso de escepticismo. Hume era empirista, afirmando que todas las ideas se remontan a impresiones de los sentidos. Hume argumentó que, por razones empiristas, no hay razones sólidas para creer en Dios, el yo o alma, un mundo externo, una necesidad causal, una moralidad objetiva o un razonamiento inductivo. Hume abrazó lo que llamó un escepticismo moderado, mientras rechazaba un escepticismo pirroniano, que él consideraba poco práctico y psicológicamente imposible.[19]

Hoy en día, el escepticismo sigue siendo un tema de debate entre los filósofos.[20]

El escepticismo es una teoría del conocimiento que afirma la inexistencia de la verdad, o que, si existe, el ser humano es incapaz de conocerla.[21]​ En la filosofía clásica el término se usó para designar a una corriente filosófica basada en la duda, representada en la escuela por el filósofo griego Pirrón, quien decía que "no afirmaba nada, solo opinaba".[22][23]

El escepticismo moral es una clase de teoría metaética, cuyos miembros implican que nadie tiene ningún conocimiento moral. Muchos escépticos morales también hacen la afirmación modal más fuerte de que el conocimiento moral es imposible. El escepticismo moral se opone particularmente al realismo moral: la opinión de que hay verdades morales objetivas y que se pueden conocer.

Un escepticismo científico (o empírico) es aquel que cuestiona las creencias con base al conocimiento científico. La mayoría de los científicos, siendo escépticos científicos, prueban la veracidad de ciertos tipos de afirmaciones al someterlas a una investigación sistemática a través del método científico.[24]​ Como resultado, un número de afirmaciones son consideradas pseudocientíficas si se descubre que aplican inadecuadamente o ignoran los aspectos fundamentales del método científico. El escepticismo científico puede desechar creencias pertenecientes a cosas afuera de las observaciones perceptibles y por lo tanto fuera del ámbito de la falsabilidad/prueba empírica sistemática.

El escepticismo religioso generalmente se refiere a dudar de determinadas creencias o afirmaciones religiosas. Históricamente, el escepticismo religioso puede rastrearse hasta Sócrates, quien dudó de muchas declaraciones religiosas de la época. El escepticismo religioso moderno típicamente pone más énfasis en los métodos científicos e históricos o en la evidencia. Michael Shermer escribió que es un proceso de descubrir la verdad en lugar de un rechazo en blanco. Por esta razón un escéptico religioso podría creer que Jesús existió en ese tiempo, pero cuestionar afirmaciones de que fue el Mesías o realizó milagros (véase historicidad de Jesús). El escepticismo religioso no es lo mismo que ateísmo o agnosticismo, a pesar de que a menudo implica actitudes escépticas hacia la religión y la teología (por ejemplo, la divina omnipotencia). Las personas religiosas son generalmente escépticas hacia las afirmaciones de otras religiones, al menos cuando dos confesiones entran en conflicto en alguna creencia declarada. Además, ellas pueden ser escépticas hacia las declaraciones hechas por ateos.[25]



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