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Mexicanismo



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El español mexicano (o español de México, es-MX[2]​) es la variedad de dialectos y sociolectos del idioma español hablada en el territorio mexicano. También sobresalen el dialecto del español propio de la península de Yucatán, conocido como español yucateco y el español norteño hablado en la región norte del país. México posee el mayor número de hablantes de español, llegando a sobrepasar el doble de hablantes que en cualquier país del mundo. El español es hablado por poco más del 98.5 % de la población, en la mayoría de los casos como lengua materna y en otros como segunda lengua.[3]

Históricamente, la evolución del español mexicano coincide con el desarrollo del idioma español en el Perú, Sevilla, Madrid, Bogotá y las grandes urbes estandarizantes de la época. La Ciudad de México fue durante siglos el centro de uno de los dos grandes virreinatos de la América colonial, el virreinato de la Nueva España, el cual se expandía desde el suroeste de Canadá, pasando por el centro de lo que son ahora los Estados Unidos, en el norte, hasta Costa Rica, en el sur. Como resultado del prominente papel de la Ciudad de México en la administración colonial al norte del ecuador, esta se convirtió en uno de los centros hispanohablantes más importantes fuera de España. Consecuentemente, como Lima dentro de la Audiencia de Lima y las otras grandes ciudades, la Ciudad de México tendió históricamente a ejercer un efecto estandarizador dentro de su propia esfera de influencia lingüística, la región central del país, un estado de cosas que se refleja en la lluvia de encomios al patrón de habla mexicana dada por los comentaristas de los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, en México como en otros países de habla hispana, existen distintas variaciones y acentos con igual peso e importancia lingüística.

El hispanista sueco Bertil Malmberg apunta que en el español de México las vocales tienden a perder fuerza, mientras que las consonantes son siempre pronunciadas. Malmberg explica ello por la influencia del complicado sistema de consonantes de la lengua náhuatl a través de los hablantes bilingües y la toponimia de la región.

El territorio del México contemporáneo no es coextensivo con lo que podría ser llamado español mexicano. Debido a diversas variaciones como en el caso de Yucatán con peculiaridades únicas tanto en su léxico como en su pronunciación y entonación que lo distinguen de cualquier otro español hablado en México y país hispanohablante. Se han señalado algunas características muy particulares y generales a casi todas las versiones del español de México, también se ha referido (aunque no insistido en) que existen algunas peculiaridades regionales y sociales, que fragmentan el español mexicano en múltiples dialectos. Las variedades regionales poseen algunos rasgos que son muy específicos, y en algunos casos más que ser regionales son comunitarias, por ejemplo, en pueblos alejados o pequeñas rancherías con considerado aislamiento donde se preservan variedades extremadamente peculiares, en comparación con las mayoritarias; poblaciones de origen mestizo, pero de gran antigüedad, que fueron castellanizándose desde hace mucho tiempo y gradualmente; y lo que tenemos son islas lingüísticas donde se hablan variedades de castellano bastante antiguo y regionalizado, que pueden ser, por ejemplo, dialectos o hablas con influencias muy fuertes de voces asturianas o extremeñas, como terminaciones en u, en vez de en o; por ejemplo perru, en vez de perro; o pronunciar la h muda con sonido de j o h aspirada; también decir puyí, en vez de por ahí, prober por pobre, etc. Formas de hablar el español que se aprendieron hace mucho tiempo y a lo largo de los siglos adquirieron características fonológicas y léxicas muy particulares y muy fuertes, sobre todo por influencia de las lenguas indígenas. Esto sucedió principalmente, y subsiste hoy día, en los estados del centro del país, como el Estado de México, donde la influencia fonológica y léxica en estas variedades que sobreviven en islas se debe en gran parte a lenguas originarias, en especial al náhuatl y al otomí-mazahua y el purépecha en Michoacán.

Es común el uso de gran cantidad de léxico indígena para designar varios elementos, así como léxico español antiguo con formas verbales y de conjugación también antiguas, además de anteponer o posponer prefijos o sufijos en lengua indígena a las palabras castellanas, como en el Estado de México. Para los inmigrantes o turistas, muchas veces resulta difícil comprender la totalidad del discurso de los interlocutores lugareños. Algunas macrovariedades son perfectamente distinguibles y su extensión es más o menos amplia, como los dialectos empleados en el norte, sur y centro de México, en su forma general y en su forma particular, como el caso de la península de Yucatán y la Ciudad de México, con variaciones graduales según sociolectos e influencias de otras regiones por las migraciones.

Esta variación del español mexicano se usa en el norte de México en los estados de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Sinaloa, Nayarit, Coahuila, Tamaulipas, y Durango. Se diferencia de otras regiones de México principalmente en la entonación (prosodia) y contracción de las palabras en las formas cortas como se pronuncia y se escribe, así como el encuentro de determinadas preposiciones con los artículos, conservando las mismas conjugaciones que tiene el mexicano central con respecto al uso universal del pronombre personal de ustedes y tuteo, para situaciones formales e informales con el seseo, respectivamente. Así mismo por una menor presencia de americanismos o léxico indígena y una influencia notable del inglés, ante todo en las zonas fronterizas con Estados Unidos. Su uso coloquial es el empleo del lenguaje, de alguna forma en un contexto informal, familiar y distendido, con vocablos caracterizados por su uso común.

Esta variación del español mexicano es la más popular y usada en su mayoría por todos los estados de México, en su forma general en la Ciudad de México, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Aguascalientes, Jalisco y San Luis Potosí, así como en menor grado en estados costeños (Oaxaca, Guerrero, Colima y Michoacán), septentrionales (Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Durango, Sinaloa y Coahuila) y meridionales (Chiapas, Tabasco y Campeche con Quintana Roo). Y en casos especiales con Veracruz y Yucatán.

El español central mexicano es el más conocido internacionalmente por ser usado con frecuencia como base del español neutro de los medios audiovisuales, y su tipo de pronunciación se usa en la mayoría de los doblajes al español para Hispanoamérica, aunque con una entonación más neutra, siendo también quizás el que mejor dicción tiene y el más claro comparado con los demás países de habla hispana de América Latina, ya que se toma como principal modelo referente para las industrias de doblaje como la venezolana y argentina.

Esta variación del español mexicano se habla en el sur de México; en los estados de Chiapas, Campeche y Yucatán existen diversas diferencias en la entonación (acento) y gramática (vos/tú). En algunas regiones del sur el voseo es producto de la influencia guatemalteca, cuya variación del español mantiene estos aspectos gramaticales. El término tuteo habitualmente significa tratar de o de vos, en contraposición a usted. Cuando se usa el tuteo como antónimo de voseo, suele ser necesario aclararlo. De cualquier forma, el vos convive con el debido a ser mayoritario, aunque no es bien visto el voseo pronominal. El vos desde los tiempos coloniales se ha considerado en muchas partes como una forma incorrecta en los países de uso mixto o en aquellos donde su uso no es común.

Esta variación del español mexicano es usado en las áreas costeras pacíficas de Tabasco, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, aunque principalmente en áreas costeras de Veracruz es asimismo distintivo al menos a nivel del habla local, como el que exhibe más rasgos fonéticos de la costa que el hablado en el resto de México. El acento costeño exhibe en general una idiosincrasia con rasgos bastante comunes a lo largo de todo el litoral, si bien existen ligeras diferencias regionales y maneras de ser muy diferentes a los de los habitantes del interior del país y estados. Zonas geo-sociológicas que definen a los habitantes de las costas y otras regiones cercanas o limítrofes a los mismos estados.

(dialectal)


Los siguientes son rasgos generales:

Los siguientes son rasgos que se dan principalmente en algunas regiones y en otras casi no se dan:

Algunos modelos sintácticos se diferencian del español peninsular. En primer lugar está la elipsis de la partícula negativa ‘no’ en oraciones que contienen la preposición 'hasta':

Una segunda forma que coexiste con el uso peninsular involucra el empleo del interrogativo qué en conjunción con el cuantificador tan(to), como en:

Otra diferencia son las oraciones correlativas de cantidad:

Otra característica del español de México es el uso anómalo del marcaje del plural del receptor u objeto indirecto de una acción. En español mexicano se añade una marca de plural -s cuando el receptor (objeto indirecto) es semánticamente un plural, pero se añade al clítico de objeto directo:

Esto contrasta con la mayoría de los otros dialectos del español de América Diciembre de 2009[cita requerida] donde las oraciones anteriores serían:

Es decir, en la mayoría de las variedades cuando el objeto directo es clítico (2a) y (2b) son idénticas y por tanto potencialmente ambiguas, ya que el número gramatical del objeto indirecto no tiene marca explícita.

Otro punto es la ausencia de leísmo[5]​ y el uso de -le como un clítico dativo defectivo,[6]​ lo que incidentalmente produce variaciones como:

El estudio de José G. Moreno de Alba sobre los valores de las formas verbales en el español de México arroja numerosos datos lingüísticos de indicativo, imperativo y subjuntivo que caracterizan este dialecto. A continuación se muestran tablas referentes únicamente al indicativo, por ser este modo el más empleado tanto en registros orales como escritos:

Otra característica del español de México, el pretérito perfecto simple, ha aumentado su frecuencia de uso con respecto al español del siglo XVI. Un estudio contemporáneo basado en muestras de lengua hablada coloquial de diversas ciudades de América, realizado también por J. G. Moreno de Alba,[7]​ muestra que México ha seguido también ese patrón:

El español de México difiere del español general y particularmente en el uso de ciertos determinantes indefinidos, o las expresiones sin determinante son más frecuentes en México que en otras áreas:

Sin embargo, al igual que el español de América tiende a usar artículo determinado cuando en español de España no aparece, debido a que en Galicia sí se dice:

En conjugaciones, de manera no normalizada, algunos verbos terminados en -iar presentan ruptura de diptongo en su conjugación en el presente del indicativo, terminando en ía o en ío, como en los siguientes casos:

A veces se llegan a cambiar completamente los verbos, haciendo falsas conjugaciones, de modo que se conserva el modo infinitivo del verbo, como sigue:

En buena parte del territorio mexicano se acostumbra añadir un -le al final de los verbos conjugados en modo imperativo.

A causa de la procedencia social de la mayor parte de los conquistadores y colonizadores españoles -soldados, expresidiarios, aventureros, etc.- pueden señalarse el vulgarismo y el carácter rústico como rasgos característicos del español de América. Sin embargo, la ciudad de México fue donde se formó el lenguaje más culto de la colonia. Con una gran capacidad de asimilación, muy pronto estuvo al nivel cultural de las más grandes ciudades españolas: nueve años después de la conquista, en 1530, tiene una imprenta, la primera de América, en 1537 comienza a ser corte de virreyes; en 1547 es cabeza de arzobispado, en 1553 inaugura su universidad, y su ambiente literario era muy atractivo para los escritores españoles. Por todas estas características, no es el vulgarismo el rasgo peculiar de su español, aunque no falten rasgos de carácter rústico. Entre ellos, tal vez el más importante sea el de convertir los hiatos (término con el que se denomina la combinación de dos vocales que son elementos constituyentes de sílabas contiguas y que no forman diptongo) en diptongos: pior (peor), peliar (pelear), cuete (cohete), pasiar (pasear), linia (línea).

Los mexicanismos son las palabras, acepciones y frases que distinguen el español que se habla en México de otras variedades de la lengua española. Se define un mexicanismo como:

Estos son algunos ejemplos de mexicanismos con su correspondiente significado, los cuales aparecen en el Diccionario del español de México:

Los siguientes ejemplos de mexicanismos y su correspondiente significado aparecen en el Diccionario de mexicanismos:

comúnmente en México

(algunas también conocidas en México)

En noviembre de 2010, la Academia Mexicana de la Lengua editó el Diccionario de mexicanismos (primera edición), dirigido por la lingüista, filóloga, lexicógrafa y académica mexicana Concepción Company. Posteriormente en febrero de 2011, el lingüista, lexicógrafo y académico mexicano Luis Fernando Lara publicó en la revista Letras Libres una crítica al Diccionario de mexicanismos, donde disiente del concepto de “mexicanismo” presentado. Al respecto, Lara menciona que este es reducido por Company y otros autores al vocabulario soez, del sexo, de la muerte y del machismo y que se toma como punto de referencia al español peninsular.[9]​ En el Diccionario del español de México (DEM), Lara define “mexicanismo” como:

En tanto, Company en el DM registra “mexicanismo” como:

Diccionario de mexicanismos (DM)

Esta obra define y explica los mexicanismos sincrónicos, los cuales pueden ser entendidos como vocablos que actualmente emplean los mexicanos, y que son desconocidos por hablantes de español de otras regiones de habla hispana. El corpus está conformado por varios tipos de fuentes de información, entre los que se encuentran: páginas de Internet, diccionarios y películas; además del habla espontánea de hablantes en diversas situaciones comunicativas. La nomenclatura está organizada alfabéticamente. Aparecen extranjerismos y nombres comerciales que son marcas registradas.

El Diccionario de mexicanismos muestra la relación entre lengua, cultura y sociedad. Los mexicanismos en este diccionario son entendidos como las palabras simples y complejas, las expresiones lexicalizadas, las acepciones que caracterizan la lengua popular o culta de México; principalmente las que pertenecen a variedades urbanas del Altiplano Central de México. Algunos mexicanismos son compartidos con otras variedades del español americano, por lo que un mexicanismo al mismo tiempo puede ser un panamericanismo o americanismo general. En esta obra, un mexicanismo no se refiere necesariamente a un indigenismo (nahuatlismo, zapotequismo, etc.); asimismo existen indigenismos que son considerados mexicanismos, por ejemplo: “itacate”, “molcajete”, “cenzontle” y “chapopote”. Existen indigenismos que no pueden ser clasificados como mexicanismos, ya que su uso se ha generalizado en todas las variedades de la lengua española; tal es el caso de “tomate” y “chocolate”. Finalmente existen algunos mexicanismos que no son indigenismos, ya que su origen y empleo no se relacionan con lenguas indígenas, puesto que no resultan del contacto cultural y de tipo lingüístico entre el español y las lenguas indígenas mesoamericanas, sino al uso del léxico; por ejemplo, “banqueta”, “pendejo”, ”ándale” y “madrear(se)”.[12]

Diccionario del español de México (DEM)

Este es un diccionario integral, el segundo para el español, que reúne el español en su variedad mexicana (ver Enlaces externos). Sus datos provienen del Corpus del español mexicano contemporáneo. Los vocablos aparecen por frecuencia de uso. Contiene las siguientes secciones para consulta: Uso de los tiempos verbales, Reglas de ortografía y puntuación. La nomenclatura está organizada alfabéticamente. No aparecen vocablos de origen extranjero.[13]

El término chicle es definido en los dos diccionarios como:

chicle. Pastilla que se mastica como dulce o golosina y se prepara industrialmente a base de una sustancia pegajosa que se extrae del tronco del chicozapote, o algún sustituto sintético de esta, a la que se añaden endulzantes, aromatizantes y saborizantes; al masticarse adquiere una consistencia blanda y elástica: chicle de menta, una caja de chicles 2 Chicle bomba Pastilla o bolita que cuando se mastica puede inflarse haciendo salir un pequeño globo por la boca 3 Sustancia pegajosa que se extrae del tronco del chicozapote[14]

chicle. Persona que llega a ser molesta a otra por estar siempre en su compañía. “La chicle de Daniela no se me separa”[15]

El español de México puede resultar como un habla conservadora para oyentes de otros países hispanohablantes, como el caso de España. En efecto, no son pocos los casos en que el habla de México ha conservado modos que en otros países han desaparecido, sin dejarse influir por las innovaciones realizadas en otras zonas de la comunidad lingüística hispana.

El hecho de que algunas voces o expresiones ya desaparecidas en el habla de España se sigan oyendo en México es la razón por la cual se ha señalado el "arcaísmo" como característica del español mexicano. Son arcaísmos respecto a España (porque en México es expresión y palabra vigente) expresiones como: se me hace (me parece), ¿qué tanto? (¿cuánto?), muy noche, dizque, donde (usado como condicional en expresiones como: «Donde se lo digas, te mato»). Los arcaísmos resultan más evidentes en el vocabulario. Palabras ya olvidadas en España conservan vigencia en México: pararse (ponerse de pie), prieto, liviano, angosto, demorarse, dilatarse, esculcar, luego, fierro (hierro), flama (llama), recibirse (graduarse).

Entre otras voces desaparecidas en otros países se encuentran formas de conjugar verbos, usadas por lo general en poblaciones donde no hay mucha comunicación con el exterior, a saber: truje por traje, naza por nazca (de nacer), vide por vi, traiba por traía. Incluso en la capital es común para mucha gente (la mayoría de los habitantes de los pueblos y barrios originarios y en general en el territorio de la Ciudad de México) usar una conjugación antigua del verbo haber, haiga en vez haya, y emplear la terminación en -stes, como en hablastes o hicistes, mesmamente (por así mismo o así es), mesmo (por mismo); aunque estas últimas son consideradas incorrectas, su uso en el lenguaje cotidiano alrededor del país incluso es muy común. También la pronunciación de la hache fricativa en palabras como hediondo, que en el habla rural se pronuncia jediondo, y el uso de adverbios arcaicos como ansina 'ansí, así'.

A su vez, en México se consideran arcaísmos el uso de "vosotros" y algunas expresiones y palabras que aún están vigentes en España, pero que no se usan prácticamente en territorio mexicano, como lo son "fontanero", "bañador", "chaquetilla" o "chaval".

Estas formas persisten sobre todo en las zonas relativamente aisladas de la mayoría de la sociedad, constituyendo islas lingüísticas, como se ha señalado previamente. Así en las zonas serranas del Estado de Chihuahua, Zacatecas, Durango y Sonora es donde se pueden apreciar estas formas vivas aún.

Junto al conjunto de rasgos comunes a todas las variantes del español mexicano, existen diferencias de vocabulario, entonación y gramática características de cada región del país. Por ejemplo:

El español de México ha tenido como sustrato lingüístico diversas lenguas indígenas. Especialmente significativo ha sido el influjo del náhuatl, sobre todo en el léxico. Sin embargo, si bien en el vocabulario su influencia es innegable, apenas se deja sentir en el terreno gramatical. En el léxico, además de las palabras originarias de México con las que se ha enriquecido la lengua española, como tomate, hule, tiza, chocolate, coyote, petaca, etcétera; el español de México cuenta con muchos nahuatlismos que le confieren una personalidad léxica propia. Puede ocurrir que la voz náhuatl coexista con la voz española, como en los casos de cuate y amigo, guajolote y pavo, chamaco y niño, mecate y reata, etc. En otras ocasiones, la palabra indígena difiere ligeramente de la española, como en los casos de huarache, que es un tipo de sandalia; tlapalería, una variedad de ferretería, molcajete, un mortero de piedra, etc. En otras ocasiones, la palabra náhuatl ha desplazado casi completamente a la española. tecolote, atole, popote, milpa, ejote, jacal, papalote, etc. Son muchos los indigenismos que designan realidades mexicanas para las que no existe una palabra castellana; mezquite, zapote, jícama, ixtle, cenzontle, tuza, pozole, tamales, huacal, comal, huipil, metate, etc. Hay que hacer notar que la fuerza del sustrato náhuatl cada día hace sentir menos su influencia, ya que no hay aportaciones nuevas.

Nahuatlismos muy frecuentes:

Nahuatlismos medianamente frecuentes:

Purépechismos o tarasquismos:

La influencia del náhuatl en la fonología parece restringida a la pronunciación homosilábica de los dígrafos -tz- y -tl- (México: [a.'t͡ɬan.ti.ko] / España: [ad.'lan.ti.ko]), y a las diversas pronunciaciones de la letra -x-, llegando a representar los sonidos [ks], [gz], [s], [x] y [ʃ]. En la gramática, uno puede citar como influencia del náhuatl el uso y abuso de los diminutivos: ¿Acaso un minutito tiene menos segundos que un minuto? ¿Un cieguito ve más que un ciego, o bien, es más amable?[16][17]​ También se puede citar como influencia del náhuatl el uso del sufijo -le para darle un carácter enfático al imperativo. Por ejemplo:

Se considera que este sufijo es un cruce del pronombre de objeto indirecto español le con las interjecciones excitativas nahuas, tales como cuele.[18]​ Sin embargo, este sufijo no es un verdadero pronombre de objeto indirecto, ya que se usa aún en construcciones no verbales, tales como:

Aunque la hipótesis del sufijo -le como influencia del náhuatl ha sido ampliamente cuestionada.[19]​ Navarro Ibarra (2009) encuentra otra explicación sobre el carácter intensificador de le. La autora advierte que se trata de un clítico dativo defectivo; en lugar de que le funcione como un pronombre de objeto indirecto, modifica al verbo. Un efecto de la modificación es la intransitivización de los verbos transitivos que aparecen con este le defectivo (eg. moverle no es "mover algo para alguien" sino "hacer la acción de mover").[6]​ Este uso intensificador es un rasgo gramatical particular de la variante del español mexicano. En cualquier caso, no se debe confundir el uso de le como modificador verbal, con los diversos usos de los pronombres de objeto indirecto (dativo) en el español clásico, pues estos son ampliamente usados para indicar en particular el caso genitivo y el dativo ético. En lo que se considera una de las actas de nacimiento del idioma español, el poema de Mio Cid escrito alrededor del año 1200, ya se pueden encontrar varios ejemplos de dativo posesivo o ético.[20][21]

México tiene una frontera de más de 2,500 kilómetros con los Estados Unidos. Recibe cada año gran afluencia de turistas estadounidenses y canadienses. Cientos de miles de mexicanos van a trabajar temporal o permanentemente al país vecino. México es, de hecho, el país con más ciudadanos estadounidenses viviendo fuera de Estados Unidos, con más de 1'000,000, distribuidos alrededor del territorio nacional. El inglés es la lengua extranjera más estudiada en México y la tercera más hablada después del español y de las lenguas autóctonas tomadas en conjunto. En cambio, la corriente de anglicismos, o sea, palabras del inglés incorporadas al español, va en continuo aumento. Hay muchas palabras del inglés que se usan tanto en América como en España: filmar, béisbol, club, cóctel, líder, cheque, sándwich, etc, Pero en el español mexicano se usan otros anglicismos que no se utilizan en todos los países de habla hispana. En este caso se encuentran: bye, ok, nice, cool, checar, hobby, fólder, overol, suéter, réferi, lonchería, clóset, maple, baby shower, etc.

En la región del norte de México y el sur de Estados Unidos, especialmente en los estados fronterizos, el español incorpora palabras del inglés de uso común: troca (truck), lonche (lunch), yonque (junkyard).

El Centro de Lingüística Hispánica de la UNAM realizó un número de encuestas en el Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Iberoamérica y de la Península Ibérica. En las realizadas a hablantes mexicanos de norma culta urbana el número total de anglicismos era de aproximadamente un 4 %. Sin embargo, en esta cifra se incluyen anglicismos que permearon el español general hace tiempo y no particularizan el habla nacional, como son nailon, dólar, ron, vagón y otros.

Los resultados de dicha investigación se resumen en:

Anglicismos de uso general:

Anglicismos frecuentes:

Anglicismos de uso medio:

Algunos ejemplos de anglicismos sintácticos, que coexisten con las variantes comunes, son:

Al igual que sucede con el español en otros países, el español mexicano hace uso de ciertos anglicismos y otros extranjerismos. Por ejemplo: ¡Qué cool!, significa que algo está muy bien o que ha gustado. Decir que algo "está súper in", quiere decir que algo está de moda o que es vanguardista: decir "está out", significa lo contrario.

Son principalmente , de origen Gallego y , Andaluz , pero pocas veces se reconocen como Iberismos , ya que se encuentran muy arraigadas al Español Mexicano

Tales ,como : Dizque, A mayores , Vale , Pocillo ,Antiayer , Chavalo, Gaveta ,Hacer caso E.T.C



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