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Café con piernas



Un café con piernas es una variedad de cafetería originaria y característica de Chile [1][2]​, cuya particularidad es que son atendidos por mujeres jóvenes y atractivas en ropa ceñida, bikini, lencería o semidesnudas,[3]​ y donde no hay expendio de bebidas alcohólicas ni alimentos (a diferencia de cadenas con un concepto parecido, como la estadounidense Hooters). Aunque presentes en varias ciudades del país, se concentran en la capital y más específicamente en la comuna de Santiago centro. Su nombre obedece a que en los primeros locales de este tipo las meseras vestían minifalda, exhibiendo sus piernas. Además el término alude a la presencia femenina que complementa la experiencia de tomar un café y distingue a este tipo de establecimiento respecto a otros de su especie.

A fines de los 1970s la cadena de cafés Haití —en pleno centro de Santiago— impuso la minifalda ceñida como uniforme. Luego dicho código fue adoptado por el Café do Brasil, siendo ambos establecimientos los más tradicionales del rubro y que hasta hoy continúan operando en los paseos peatonales de Ahumada, Estado y Huérfanos, algunos de ellos atendidos por mujeres de trayectoria en el rubro (mayores de 35).[4][5]

Sin embargo, la escena cafetera vería un fuerte impulso en 1994 con la llegada de la cadena Barón Rojo. En una audaz jugada comercial para la época, su dueño (Miguel Ángel Morales) cambió la tradicional minifalda por el bikini, para atraer más clientes, e instaló vidrios polarizados que ofrecieran privacidad, lo cual fue todo un éxito y congregó a numeroso público masculino entre una sociedad que apenas comenzaba a sacudirse las restricciones impuestas durante la dictadura militar.[6]​ La alta demanda significó un rápido crecimiento para Barón Rojo, y motivó a otros pequeños comerciantes, empresarios y competidores a sumarse al pujante sector. Esto generó un aumento explosivo de cafés en la capital, llegando a existir multitud de locales contiguos en una misma calle o al interior de galerías comerciales, y ocupando desde tiendas diminutas hasta amplios espacios, con dos pisos o niveles.

Para fines de la década de 1990 el rubro estaba consolidado en la capital, con recorridos guiados para turistas[7]​ y rápida expansión a regiones, aunque también fue una época de continua fiscalización por parte de Carabineros y la Inspección del Trabajo.[8]​ La fuerte competencia por clientes en Santiago llevó a Barón Rojo a diversificar la actividad, ofreciendo a sus trabajadoras participar en espectáculos, discotecas y clubes nocturnos bajo la modalidad "team" (o equipo de promotoras) e implementando el «minuto feliz», momento en que las meseras quedaban en toples.[9]​ La competencia también se manifiesta a través de reclutar a las meseras más populares, pues atraen a sus fieles clientes a cualquier local donde ellas trabajen.[cita requerida] Por ese entonces surgen figuras reconocidas y hasta legendarias como Noelia Arias (alias "Licenciada Tetarelli", por su exuberante busto, quien llegó a participar en producciones de televisión y publicitarias, además de ser dueña de su propio café)[10]​ o Doris Leiva (alias Candy Kournikova o la "Kournikova chilena", por el espectáculo erótico que protagonizaba con una raqueta de tenis, y su cabello rubio similar al de la famosa tenista rusa Anna Kournikova. Leiva realizó varias giras por el país hasta su fallecimiento en 2014, como resultado de un accidente automovilístico).[11][12]

En su apogeo, se estima que en Santiago operaba un total de 150 locales[13]​, llegando a existir cafés para clientes homosexuales o de sexo femenino, donde los meseros eran hombres.[14]​ Desde 2005 sin embargo, se produce una contracción del sector, desapareciendo varios de ellos o cambiando al rubro de máquinas tragamonedas, más popular y rentable. El pionero Barón Rojo cerró operaciones este mismo año.[15]

Durante la pandemia de 2020 permanecieron fuera de servicio por 6 meses, y a algunos sorprendidos funcionando se les aplicó sumario sanitario.[16][17]

Aunque difieren en ubicación, iluminación, dinámica, espacio y clientela, casi todos tienen en común la estructura de un mesón en plataforma (muy pocos disponen de sillas o baño público; se asume que el visitante no permanece más tiempo del necesario para beber su café) y espejos que cubren todo muro, permitiendo que el cliente contemple a la mesera desde cualquier ángulo, y creando ilusión de amplitud, sobre todo en locales pequeños.[cita requerida] Algunos cuentan con televisor para ver noticias o videos musicales, altavoces para música o bien jukeboxes donde la propia clientela escoge canciones. La mayoría de estos cafés opera con un sistema de turnos en horario de oficina[18]​: mañana y tarde, separados por la hora de colación, cuando cambia el staff de meseras. El pago por consumir o ser atendido es a través de un cajero, y solo en raras ocasiones la mesera lo recibe directamente. La atención personalizada (el visitante escoge a la señorita que le atenderá) y hasta cierto punto seductora es un recurso habitual para fidelizar clientes y obtener propina, ingreso adicional al que perciben las trabajadoras y que puede traducirse en importantes ganancias.[2]

En general se distinguen dos tipos de establecimiento:

Se entiende como zona de cafés con piernas al cuadrante del centro de Santiago comprendido entre calle San Pablo (al norte), Avenida Alameda Bernardo O'Higgins (al sur), calle Enrique Mac Iver (al oriente) y calle San Martín (al poniente). Aunque existen muchos otros en distintos rincones de la capital e incluso en otras ciudades del país (como Antofagasta o Concepción), se reconoce este sector como preferente, emblemático y de mayor atractivo turístico.

Cabe destacar que al menos en Santiago no tienen presencia en comunas del barrio alto (o de clase alta), siendo Providencia la única excepción.

Desde sus inicios han sido cuestionados por sectores conservadores de la sociedad chilena, aduciendo que menoscaban el rol de la mujer y promueven la inmoralidad e incluso infidelidad, puesto que muchos oficinistas dedican rutinariamente parte de su hora de colación a visitarlos (aunque algunos sostienen que las relaciones entre mesera y cliente son meramente platónicas).[19]​ A pesar de ello, alcaldes de distintas sensibilidades socio-políticas les han brindado respaldo pues generan trabajo, no obstante sancionar o clausurar aquellos que en la práctica funcionaban como fachada para prostíbulos.[20]

También han sido criticados por ofrecer empleo precario (desde mediados de la década de 2010 la mayoría de meseras son inmigrantes,[21]​ especialmente venezolanas, colombianas y peruanas que encuentran dificultades para postular a otros empleos calificados[16]​; pocas cuentan con contrato laboral o seguro social)[22][23]​ y además, en condiciones inadecuadas (largas horas de pie sobre zapatos altos, exhibiendo el cuerpo, sin luz natural y en algunos casos presionadas para mantener un determinado peso corporal). Tanto intelectuales como defensoras del feminismo cuestionan la objetivación de la mujer y el modelo de sumisión anacrónico que se da en estas cafeterías, aunque no al punto de exigir su erradicación.[24]

Otro aspecto que afectó la reputación de ciertas cafeterías es que fueron escenario o trasfondo de hechos delictivos,[25][26][27][28][29]​ algunos de los cuales generaron gran revuelo público en su época.[30]

Más allá de las críticas que rodean a estos establecimientos comerciales, no cabe duda que los cafés con piernas ya son parte de la cultura de Chile, como queda de manifiesto en multitud de reportajes, telenovelas, caricaturas, exposiciones fotográficas, libros, estudios sociológicos o artes escénicas.[31][32][33][34][35][36][37]

Durante la década de 1980 aparecieron representados en el segmento de humor televisivo "Café Gigante", emitido dentro del programa familiar Sábados Gigantes. Allí, las vedettes Tatiana Merino (chilena) y Cristina Tocco (argentina) actuaban como meseras tras la barra de un ficticio café con piernas, junto a célebres cómicos de la escena local.

En 2014 se estrenó la obra teatral Trópico de Santiago, que reflejaba la realidad del rubro cafetero, con sus luces y sombras.[38]​ En 2016 se estrenó la obra teatral Un minuto feliz, inspirada en los cafés con piernas y protagonizada por las actrices Coca Guazzini, Paula Zúñiga y Caro Quito.[39]

El formato de estas cafeterías ha sido replicado en varios países de Sudamérica (como en Perú,[40]Bolivia,[41]Argentina,[42]Colombia[43]​ o el Café con Piernas en Mérida, Venezuela) y tiene equivalentes en Norteamérica (como el Bikini Beans Coffee en Arizona, EE.UU.), pero no ha alcanzado el mismo nivel de popularidad que en Chile y tampoco ha estado exento de polémica.[22][44]



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