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Cine animado



El cine de animación es una categoría de cine (o de una manera general, una categoría de arte visual o audiovisual) que se caracteriza por no recurrir a la técnica del rodaje de imágenes reales sino a una o más técnicas de animación. Las técnicas tradicionales de animación han sido durante mucho tiempo el dibujo animado (dibujos planos en dos dimensiones fotografiados imagen por imagen) o la animación en volumen (modelos reducidos o marionetas, también fotografiados imagen por imagen), aunque en tiempos más recientes también se recurre a la animación por computadora.

El cine de imagen real registra imágenes reales en movimiento continuo, descomponiéndolo automáticamente en un número determinado de imágenes por segundo. En el cine de animación no existe movimiento real que registrar, sino que se producen las imágenes separadamente de la realidad, ya sea automáticamente (con la ayuda de una computadora, en el caso de la animación por computadora), ya sea una por una (como en el caso de las técnicas de animación tradicionales, mediante dibujos, modelos, objetos y otras múltiples técnicas), de forma que, al proyectarse consecutivamente la película resultante, se produzca la ilusión de movimiento. La diferencia entre la animación y la imagen real estriba pues en que el cine de imagen real analiza y descompone un movimiento real, mientras que el cine de animación produce la sensación visual de un movimiento que en realidad es inexistente en el mundo real.

La definición correcta de la palabra animación proviene del latín, lexema «anima» que significa «alma». Por tanto, la acción de animar se debería traducir como «dotar de alma», refiriéndose a todo aquello que no la tuviera.

Según el animador norteamericano Gene Deitch, «“animación cinemática” es el registro de fases de una acción imaginaria creadas individualmente, de tal forma que se produzca ilusión de movimiento cuando son proyectadas a una tasa constante y predeterminada, superior a la de la persistencia de la visión en la persona.»

La idea de recrear la ilusión del movimiento con una serie de dibujos es más antigua que el nacimiento del cine. Algunos historiadores se remontan a la prehistoria, en la que, mediante pinturas rupestres, se intentaba expresar movimiento, para que se mantengan estáticos. Otros descubrimientos posteriores, en Egipto y en Grecia corroboran esta tendencia a representar diferentes fases del movimiento en su arte.

El primer intento que se conoce de una animación mediante la proyección de imágenes data de 1640, cuando el alemán Athanasius Kircher inventó el primer proyector de imágenes, la «linterna mágica», en la que, mediante grabados en cristales, era capaz de proyectar diferentes fases consecutivas del movimiento, cambiando los cristales de forma mecánica. En una de sus proyecciones representaba a un hombre mientras dormía, abriendo y cerrando la boca.

El incipiente mundo de la animación estuvo estancado hasta 1824, cuando Peter Mark Roget descubrió el principio de persistencia de la visión, fundamento en el que se basan todas las imágenes proyectadas que conocemos hoy en día. Demostraba que el ojo humano retiene la imagen que ve durante el tiempo suficiente para ser sustituida por otra, y así sucesivamente, hasta realizar un movimiento completo, como se ve en su taumatropo.

Aunque fueron muchos los inventos nacidos a la sombra del principio de persistencia de la visión, ninguno pasó de la categoría de juguete hasta la llegada del «Phenakistoscopio» de Joseph Antoine Plateau, en 1831, en el que conseguía plasmar un movimiento completo mediante el uso de dibujos.

Entre las bases del origen de la animación está el mismo juego de sombras y la proyección de siluetas de papeles recortados creados por la cultura china.

La animación apareció antes que el propio cinematógrafo. En 1888 el francés Émile Reynaud, padre del cine de animación, inventó el praxinoscopio, uno de los muchos juguetes ópticos de la época, en el cual se utilizaba una técnica pre-cinematográfica de animación. Posteriormente lo perfeccionó con su teatro óptico, que permitía proyectar películas animadas dotadas de argumento en una pantalla para un público y, acompañadas de música y efectos sonoros, mantuvo un espectáculo de dibujos animados desde 1892 hasta finales del siglo XIX. De su producción, en la actualidad se conserva ¡Pobre Pierrot!, de 4 minutos de duración.

El siguiente pionero del cine de animación fue el francés Émile Cohl, que desde 1908 realizó los primeros cortometrajes de dibujos animados, entre los que se destaca Fantasmagorie, de un minuto y veinte segundos de duración. En 1912 creó el que seguramente sea el primer personaje de la historia del cine de animación, Baby Snookum.[1]​ Otro pionero fue George Méliès, el cual utilizó en sus filmes abundantes efectos realizados con técnicas de animación.

James Stuart Blackton y el español Segundo de Chomón Suecia incorporó nuevos movimientos en acción.

En 1906 J. Stuart Blackton estrenó Humorous Phases of Funny Faces, considerada la primera película de animación, en la que unos personajes dibujados en tiza sobre una pizarra se desplazan por la pantalla y hacen distintos gestos e incluso interactúan entre sí.

Encontramos también a Winsor McCay, quien en 1914 estrenó Gertie the Dinosaur, película rodada con personajes y localizaciones reales, pero en la que aparece una secuencia animada siguiendo una técnica parecida a la de Blackton. Una sucesión de dibujos de un dinosaurio dan la sensación de que este está en movimiento. McCay elaborará otras películas como The Sinking of the Lusitania (1918), en la que usa la misma técnica combinándola con un montaje por capas como el que ya había usado Georges Méliès en sus películas, para darle profundidad y cierto realismo.

En sus películas McCay dibujaba cada fotograma desde cero, lo que ralentizaba y por tanto encarecía todo el proceso de animación. Fue Earl Hurd quien patentó el sistema de acetatos, en el que se basaría la animación comercial clásica. Este consistía en dibujar los fondos fijos, y a los personajes sobre láminas de acetato transparentes, lo que agilizaba mucho la producción de películas animadas. Cabe destacar que el sistema de acetatos se inspiraba en el de John Randolph, que en lugar de usar fondos fijos en sus películas, creó algunos de los elementos invariables tanto del fondo como de los personajes sobre unas láminas que usaría en la animación. Se considera que con este sistema creó la primera serie comercial de animación en 1913, titulada Colonel Heezaliar in Africa.[2]

Max Fleischer hizo una gran aportación al mundo de la animación al inventar en 1917[3]​ el rotoscopio, un aparato que proyectaba una película real sobre una mesa, permitiendo dibujar a los personajes ficticios basándose en el de los personajes reales, una técnica parecida a la de captura de movimiento, que aparecería mucho después. Junto a su hermano, Dave Fleischer, y a Lee De Forest, estrenó en 1924 la primera animación con sonido, Oh Mabel. Cabe destacar que en la época, en la mayoría de casos no se proyectó con sonido puesto que los cines no disponían todavía de la tecnología para reproducir el sonido. Los hermanos Fleischer fueron creadores de algunos de los personajes más icónicos del cine sonoro de animación como son Betty Boop o Popeye el marino (en su adaptación al cine animado).

Pero el creador de lo que hoy entendemos como cine de animación es seguramente Walt Disney, por las innovaciones y aportaciones que hace a este campo. Disney comenzó rodando spots publicitarios en un garaje en el estado de Kansas con una cámara de alquiler. Fotografiaba unas letras que iban moviéndose hasta colocarse en su posición correcta para transmitir un mensaje. Tras un breve periodo trabajando en la productora Ad Films, donde aprendió técnicas de animación, fundó junto a Ub Iwerks y otros tantos animadores y pequeños empresarios la productora Laugh-O-Gram Films. Sus primeras películas eran adaptaciones revisitadas de los cuentos infantiles tradicionales como Caperucita Roja o Cenicienta.

Tras crear varias películas con esta productora, Disney comenzó a experimentar con otras técnicas. A la inversa de M. Fleischer, Disney rodó una película de animación en la que aparecía un personaje real: Alice in Cartoonland ("Alicia en el país de los dibujos animados"). Para ello grabó a la actriz Virginia Davis sobre un fondo negro, lo que le permitía dibujar luego por encima los personajes animados. Tras no encontrar una distribuidora que aceptase la película, Disney decidió mudarse a Hollywood, a pesar de que el centro neurálgico de la producción de películas animadas fuera en esos momentos Nueva York. Allí, para ganarse la vida, volvió a realizar cartoons en un garaje y con una cámara alquilada. Sin embargo, una productora se interesó en Alice in Cartoonland y propuso a Disney un contrato por una serie de 12 capítulos del corto original. Así nació la Disney Brothers Cartoons Studio, que Walt decidió crear junto a su hermano para llevar a cabo esta producción. Tras finalizar los primeros cortos, decidieron contratar a algunos dibujantes. Disney diseñaba los personajes, pero eran los dibujantes quienes los desarrollaban y elaboraban los distintos frames. La serie tuvo tanto éxito que se negoció una segunda serie de la misma temática. En 1926 la compañía empezó a llamarse Walt Disney Studio.

Después de esta serie comenzaron a trabajar en una nueva producción y un nuevo personaje: Oswald, the Lucky Rabbit ("Oswald, el conejo afortunado"), en quien posteriormente se inspiraría Mickey Mouse. El primer corto en el que aparecería Oswald se llamaría Poor Papa. Ante la demanda de complicar los argumentos de estas películas por parte de las distribuidoras, ya que hasta ahora la mayoría de películas eran una sucesión de gags, se empezaron a dibujar bocetos sobre cómo se desarrollaría la historia, que se proyectaban en muchos casos para ver si funcionaban antes de perfeccionar y entintar los dibujos. Aquí vemos el precedente del guion gráfico.[4]​ Será en 1928 cuando Walt Disney registre el personaje de Mickey Mouse, que había creado a partir del conejo Oswald. Tras finalizar la primera película de Mickey, para conseguir vender una serie de dibujos animados a alguna distribuidora, Disney se propone ofrecer una película sonora. Se trataba de la época en la que el cine sonoro estaba simplemente comenzando (El cantor de jazz, primera película sonora, se estrenó en 1927), y la tecnología del momento era muy rudimentaria. Disney hizo algunas marcas en los fotogramas de la película para medir el tempo de la música y los sonidos. Una de las opciones era grabar los sonidos en un disco y luego sincronizarlo, como se hacía en los comienzos del cine sonoro, pero Disney se empeñó en grabar el sonido en la propia película, para lo que se valió del Cinephone de Pat Powers. Así, el 18 de noviembre de 1928 se estrenó Steamboat Willie en un teatro de la Universal Studios.

A lo largo de los años 30 surgieron nuevos personajes como el pato Donald, Pluto o Goofy, y nuevas películas como Los tres cerditos, que tuvieron un gran éxito, haciendo que los estudios de Disney crecieran exponencialmente, llegando a contar con unos 800 trabajadores en la década de los 40. Es entonces cuando el trabajo del estudio se empieza a mecanizar, asemejándose al de una fábrica. La realización de los dibujos de cada fotograma se dividía entre varios dibujantes. Había departamentos para la ideación de la narrativa, los nuevos personajes, el trabajo del movimiento y la animación, etc. Se hacían bocetos que se pulían en otros departamentos después de ser proyectados para conseguir que los personajes siempre fueran iguales a pesar de ser realizados por distintos dibujantes.

El primer largometraje de animación fue mudo y argentino El apóstol (1917) de Quirino Cristiani, película que se ha perdido porque el celuloide en el que había sido revelado fue utilizado posteriormente, siguiendo la costumbre de la época, en la fabricación de peines.[5]

Otros largometrajes tempranos (que sí están a disposición del público actual) fueron Las aventuras del príncipe Achmed (Alemania, 1926) de Lotte Reiniger y Le roman de Renard (Francia, concluida en 1930 pero estrenada en 1937) de Starewicz. Finalmente, en 1937 Walt Disney estrenó Blancanieves y los siete enanitos.

Previamente a la II Guerra Mundial, la animación era utilizada como arma política, en la que se ridiculizaba a los grandes dictadores de la época. Durante la guerra, eran populares entre los soldados estadounidenses las proyecciones y las tiras cómicas de "Ducktators", una serie de cortometrajes de Warner Brothers. Los soldados decoraban las bombas y los aviones con dibujos de "Ducktators".

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un enorme desarrollo de lo que ya era la Industria del Cine de Animación.

En Estados Unidos, se consolidó el cartoon clásico con los largometrajes de Disney y los cortometrajes de la Warner Bros. (con artistas como Chuck Jones y Friz Freleng; personajes como Bugs Bunny, el pato Lucas, Elmer, Porky, etc.), de la Metro Goldwyn Mayer (con Tex Avery), y posteriormente el nuevo estilo de la UPA.

El National Film Board of Canada promovió todo tipo de experimentos vanguardistas, lo que convertiría a Canadá en una potencia de primer orden. Destaca el trabajo de uno de los principales animadores experimentales y abstractos de todos los tiempos: Norman McLaren. Aún hoy se pueden ver conceptos que inventó McLaren hasta en anuncios y videoclips. Hasta nuestros días, el NFB ha producido la obra de numerosos artistas, entre los que se puede destacar a Frédéric Back, Ryan Larkin, Ishu Patel, Caroline Leaf, Chris Landreth, etcétera.

En los países del bloque comunista, el Estado promovió intensamente la animación. Esto permitió a muchos animadores trabajar sin presiones comerciales y crear obras de inmensa variedad y riesgo (y en muchos casos realizaron películas contra el régimen político que sufrían, en clave para pasar la censura). La primera gran figura de este desarrollo fue la del animador checo de marionetas Jiri Trnka, un artista popular y delicado.

En estos años también empezaron a realizarse películas animadas en China y Japón.

En los años 1960 y 1970, con la popularización de la televisión, los cortometrajes de animación desaparecieron definitivamente de los cines, a partir de entonces limitadas a los largometrajes comerciales, terreno dominado por Disney hasta los años 1990. A pesar de ello el cortometraje floreció en otros canales de distribución (festivales, circuitos especializados, etc.), sobre todo con la aparición de numerosas escuelas de animación en todo el mundo.

En Estados Unidos, Hanna-Barbera dominó la animación para televisión y Disney la animación para cine. Sin embargo, en los años 70 algunas alternativas gozaron de favor del público. El más conocido puede ser Ralph Bakshi, con sus primeras películas pertenecientes al movimiento underground (Heavy Traffic, Fritz el gato caliente) y posteriormente sus películas de fantasía (El señor de los anillos, Wizards, Tygra). Entre los cortometrajistas destacaron John y Faith Hubley.

Las industrias de Europa del Este y la Unión Soviética, se convirtieron en las más potentes del mundo: la producción fue enorme en volumen y variedad, desde las series de televisión para niños hasta los cortometrajes artísticos más vanguardistas y radicales. De entre los muchos artistas importantes, el más famoso es el checo Jan Švankmajer, que utiliza el stop-motion y la plastilina para crear mundos surrealistas. Otros nombres que se pueden mencionar son los de Marcell Jankovics, Sándor Reisenbüchler, Yuri Norstein, Walerian Borowczyk, Jan Lenica, etcétera.

Osamu Tezuka protagonizó la explosión de los dibujos animados nipones, en lo sucesivo conocidos como anime. Autor de historietas prolífico, adaptó varias de sus propias obras, consiguiendo el primer éxito con la serie de televisión Astroboy, que definió los rasgos habituales del anime: rasgos faciales de los personajes, animación limitada, narración semejante al cine de imagen real, vínculo entre la industria de la animación y la del cómic. Tezuka, un huracán creativo, también realizó largometrajes y hasta cortometrajes experimentales. Durante los años 60 el anime fue habitual en las salas de cine, pero en la década siguiente quedó confinado a la televisión. También hubo notables animadores independientes como Yoji Kuri y Kihachiro Kawamoto.

En Europa occidental los logros fueron más puntuales: películas como El submarino amarillo de George Dunning, Allegro non troppo de Bruno Bozzetto o El planeta salvaje de Réne Laloux tuvieron repercusión. En el cortometraje destacaron artistas como Raoul Servais, Jean-François Laguionie o Paul Driessen

En Estados Unidos, Disney ha tenido un momento de esplendor a principios de la década de 1990, con algunas de sus más exitosas y mejores películas, sobre todo La bella y la bestia de Trousdale y Wise. El auge de la infografía ha llevado a la compañía Pixar de John Lasseter (inicialmente una pequeña productora que realizaba cortos infográficos experimentales en los años 1980) a convertirse en la más exitosa productora del mundo, con películas tan bien acogidas como los mejores Disney: Toy Story, A Bug's Life, Monsters, Inc., Cars, etc.

También se han producido algunas películas aisladas de gran calidad, como El gigante de hierro de Brad Bird, Pesadilla antes de Navidad de Henry Selick, y las totalmente independientes y artesanales Me casé con un extraño y Mutant aliens de Bill Plympton, un frenético humorista que también es el autor de cortometrajes más conocido del período.

El anime japonés se ha convertido en la industria más prolífica del planeta, popularizándose en todo el mundo. Las series de televisión son innumerables y siguen siendo la atracción principal para millones de aficionados. Los largometrajes para cines, después de desaparecer prácticamente durante los años 1970, volvieron con una fuerza creativa y comercial inusitada, principalmente a partir de Nausicaa del valle del viento de Hayao Miyazaki y Akira de Katsuhiro Otomo. Se ha producido una explosión en la variedad de los estilos y temáticas que se tratan, con autores tan diferentes como Mamoru Oshii, Satoshi Kon o Isao Takahata, y más recientemente Makoto Shinkai, mientras el citado Miyazaki se ha convertido en un director de culto internacional con el prestigio de los grandes directores de imagen real. Un animador independiente que ha logrado reconocimiento en Occidente ha sido Koji Yamamura.

Las diferentes industrias europeas han atravesado situaciones muy diferentes en este período.

En Francia han destacado los cortometrajes de la productora Folimage; en largometraje, el éxito de Kirikú y la bruja de Michel Ocelot ha abierto el camino para un número creciente de películas de ambiciones y calidad notables: Las trillizas de Belleville de Sylvain Chomet, Corto Maltese: La cour secrète des Arcanes de Pascal Morelli, La prophétie des grenouilles de Jacques-Remy Girerd, etc. En adición y como largo más destacable se halla la película el planeta salvaje dirigida por René Laloux está considerada como uno de los grandes clásicos de la animación.

En el Reino Unido, la productora Aardman Animations (dedicada principalmente a animación con plastilina) se hizo popular a ambos lados del Atlántico con sus cortometrajes (especialmente la saga de Wallace y Gromit, de Nick Park) y se lanzó a la producción de largometrajes con Evasión en la granja del mismo director. Al abrigo de este éxito florecía la animación independiente, donde se puede citar al estudio Bolexbrothers, y los cortometrajistas Barry Purves, Phil Mulloy y los hermanos Quay.

Nuevas generaciones de animadores de los países del Este han mantenido viva su tradición, casi exclusivamente en cortometrajes, entre los que destacan: los rusos Garri Bardin, Aleksandr Petrov y Konstantin Bronzit; los checos Aurel Klimt (con su prestigioso largometraje Fimfarum) y el veterano pero aún activo y conocido Jan Svankmajer; el polaco Piotr Dumala; los letones Priit Pärn y Priit Tender y, sobre todo, la Escuela Checa de Animación, con Jiří Trnka a la cabeza.

Santiago 'Bou' Grasso, realizador de cortometrajes como "El Empleo" (2008) y "Padre" (2013), multipremiados en Festivales de primera línea como Annecy, Hiroshima, Stuttgart, SICAF, Biarritz y Anima Mundi, entre muchos otros. Javier Mrad con sus cortometrajes 2 metros (2007) y Teclopolis (2009) Destacándose por su visión autoral y única del mundo.

Colombia tiene una historia de la animación que se remonta hasta 1938. Aunque surgió como iniciativas artísticas aisladas, el trabajo de Fernando Laverde quien realizó los largometrajes La pobre viejecita, Cristóbal Colón y Martín Fierro, así como la obra de animación experimental del artista Carlos Santa El pasajero de la noche, abrieron el terreno para los creadores interesados en este arte. Es también reconocida la labor de Nelson Ramírez cuya empresa encabezó la producción de comerciales publicitarios entre los años 1970 y comienzos de los años 1990.

En 1960 fueron creados en Cuba los Estudios de Animación del ICAIC, institución que hasta la fecha ha creado innumerables series, cortometrajes y largometrajes. Entre ellos el laureado Vampiros en La Habana, del director Juan Padrón.

La animación mexicana, en sus comienzos, se experimentó con producciones en formato de cortometraje realizadas por artistas con el deseo de ser parte de ese ámbito artístico poco explotado en el país.

En 1927 Miguel Acosta realizó las primeras películas animadas que duraban 30 segundos.

Cabe mencionar los trabajos de Alfonso Vergara Andrade y algunas de sus primeras obras como “Paco Perico en premier” de 1935 y “Los cinco cabritos y el lobo” de 1937 cortometrajes realizados en ava films, estudio que él mismo fundó.

En 1943 estrenan "Me voy de cacería" por Caricolor, estudio fundado por Santiago Richi y Manuel Mario Moreno.

En las décadas de 1970 y 1980 se produjeron una serie de películas representativas del cine de animación mexicano:

En 1994, el cortometraje animado "El héroe" de Carlos Carrera gana una palma de oro en el Festival de Cannes, uno de los premios más destacados en el mundo del cine.

Aunque la realización de largometrajes de animación en los años posteriores fue nula, limitándose la animación a los cortometrajes, comerciales y publicidad; en años recientes se ha intensificado su producción.

Lista de largometrajes de animación mexicanos a partir del 2000:

Algunos de los estudios de animación mexicanos son:

Perú ha sido el primer país de Hispanoamérica en realizar un largometraje animado en 3D. En 2003 fue creado en Perú el estudio Alpamayo Entertainment, especializado en animación en 3D. Estas son algunas de las películas producidas por Alpamayo Entertainment: Piratas en el Callao (2005), Dragones, destino de fuego (2006), Valentino y el clan del can (2008). También inició la producción de la película El diente de la princesa (2010), pero luego, por diversas circunstancias, vendió los derechos de producción a otra productora que lanzó esta película bajo el nombre "Rodencia y el diente de la princesa".

El comienzo de la animación en Venezuela se remonta a 1934, cuando el alemán Herbert Weis, técnico especialista, fue contratado por Efraín Gomes para realizar unos trabajos en los Laboratorios Naciones. De ahí salió una animación de 3 minutos hecha con recortes, desde ahí la animación en Venezuela se usó para fines propagandísticos y publicitarios.

Uno de los primeros cortometrajes animados del país fue el corto "Danza de los esqueletos" de 1934 hecho por Efraín Gomes. En 1947 se hizo una corta secuencia basada en las fábulas de "Tío Tigre y Tío Conejo" del escritor Antonio Arráiz. Hecha por Fernando Álvarez Sabater, Rafael Rivero Orama y Luis Mejía.

En Venezuela el cineasta José Castillo (1922-2019) fue el principal precursor de la industria animada en el país, realizó varias producciones que le valieron reconocimiento tanto nacional como internacional. Entre sus obras se destacan: Conejín (1975); La Hormiga de Hiroshima (1985), Fiesta (2001) y Vivir en libertad (2008).

Los festivales de animación acogen tanto largometrajes comerciales como cortometrajes de todos los tipos, y son el principal medio de difusión para los mismos.



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