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Conquista americana



La conquista de América fue el proceso colonialista de la exploración, conquista y asentamiento en el denominado Nuevo Mundo realizado por España y Portugal en el siglo XVI, y en la que participaron otras potencias europeas como Gran Bretaña o Francia posteriormente, después de que Cristóbal Colón descubriera América en 1492.[1]​ Este proceso colonial dio lugar a regímenes virreinales y coloniales muy poderosos, que resultaron en la asimilación cultural de la mayor parte de poblaciones indígenas, y su sumisión ante las potencias conquistadoras.[2][3]

Las riquezas de América permitieron que toda Europa creciera, no solo España y Portugal. Este proceso dio lugar a la importación de nuevos productos agrícolas en Europa como el tomate, el maíz, la papa o el cacao, productos que tuvieron un gran impacto también en la economía y en los hábitos europeos de otros continentes. Igualmente, la llegada de las variedades agrícolas y diversidades ganaderas de Eurafrasia produjo un cambio en el paisaje productivo y alimentario del continente americano. La introducción de minerales americanos impulsó enormemente la economía europea pero al mismo tiempo creó situaciones de alta inflación. En los siglos posteriores, el oro y la plata desempeñaron una función importante en el nacimiento del capitalismo, principalmente en los Países Bajos, Gran Bretaña y Francia. Este fue un proceso casi permanente, ya que algunas sociedades indígenas opusieron una resistencia constante mientras que otras nunca fueron asimiladas completamente.

España fue la que empezó la colonización e incluso la que logró conquistar la mayor parte de América, debido a que fue el país que obtuvo el patrocinio del viaje de descubrimiento por medio de los Reyes Católicos. Mediante una bula del papa Alejandro VI, se declaró legítima la posesión española de todas las tierras encontradas más allá de trescientas leguas al oeste de las islas Azores.[4]​ Más tarde, una ligera modificación repartió el continente americano entre las potencias de España y Portugal, lo cual quedaría ratificado en el Tratado de Tordesillas. Sin embargo, otras potencias europeas se sumaron a la conquista y colonización en América posteriormente, a menudo compitiendo entre ellas y con los imperios ya existentes. Entre ellas se encuentran Francia, Gran Bretaña, los Países Bajos e incluso Rusia y Dinamarca.

Varios pueblos originarios americanos intentaron oponerse a la ocupación de los europeos,[5]​ a pesar de encontrarse en desventaja desde el punto de vista de la tecnología bélica. Las armas y las técnicas de guerra españolas y de las otras potencias europeas eran más avanzadas respecto a las indígenas. Los europeos conocían la fundición, la pólvora y contaban con caballos y vehículos de guerra. Los americanos, en cambio, contaban con una tecnología lítica y carecían de animales de carga, a pesar de ser superiores en número y en conocimiento del territorio. No obstante, el establecimiento de alianzas de los capitanes españoles con líderes nativos, fue decisivo para equilibrar el número de combatientes .[6]​ Las enfermedades que los europeos llevaron a América —para las cuales los indígenas carecían de defensas— cobraron cientos de miles de vidas y fueron un factor que debilitó las sociedades americanas que, en medio de la guerra, tuvieron que enfrentarse también con el desastre epidemiológico.[7]​ La historia de este proceso ha sido relatada principalmente desde el punto de vista de los europeos.[8]​ Salvo en el caso de los mesoamericanos, la gran mayoría de los pueblos indígenas desconocían la escritura. De hecho, los registros de los hechos desde la perspectiva indígena consisten principalmente en relatos recuperados algunos años después por los propios europeos. Se cuenta con ellos en los casos de Nueva España, Perú y Yucatán.

La evidencia geológica, arqueológica y genética muestra que el continente americano fue poblado desde el extremo norte de Asia, a través del puente de tierra de Beringia, lo cual ya existía hace milenios, pero que actualmente está sumergido bajo el nivel del mar. Existen evidencias de que el continente americano ya estaba poblado en algunas regiones hace 14 000 años.[9]​ Sin embargo, no se conoce con precisión la duración y el número de oleadas migratorias desde Asia, aunque sí hay pruebas de que existieron al menos tres oleadas. Por ejemplo, es bien conocido que los pueblos de la familia lingüística esquimo-aleutiana constituyeron la última oleada de inmigrantes que se expandió por la región del ártico.

En cualquier caso, los pueblos americanos muestran una gran diversidad cultural y lingüística, y una cercanía genética menor con los actuales europeos que con las poblaciones de Extremo Oriente. Presumiblemente, los grupos asiáticos de los que proceden los indígenas americanos fueron, posteriormente, desplazados o diezmados por otros grupos.

La conquista de América supuso la ocupación del territorio de algunos pueblos que habitaban en el continente, y que se hallaban en desigual desarrollo cultural. Por ejemplo, existían poblaciones de cazadores-recolectores como los pericúes, guaycuras, cochimíes, o más bien, se podían encontrar culturas más avanzadas con sistemas estatales que se extendían sobre varios centenares. Además, en algunos casos, estas poblaciones ocupaban miles de kilómetros en Mesoamérica, como por ejemplo el Imperio azteca, el Imperio purépecha y los cacicazgos mayas en Yucatán. En América del Sur vivían al centro de Colombia la confederación muisca, y a lo largo de los Andes residía el gran incaica (en el siglo anterior había sometido a varios de los reinos y cacicazgos más importantes de la región). En América del norte la confederación iroquesa destacó por mayor grado de organización socioeconómico.

Se han documentado casi 800 lenguas indígenas en América (ver Anexo:Lenguas indígenas de América), aunque muchos grupos desaparecieron antes de que sus lenguas pudieran ser adecuadamente documentadas. No cabe duda de que el número de lenguas y presumiblemente el de los grupos étnicos superaba ampliamente el millar. En la actualidad, se siguen hablando centenares de lenguas indígenas, a pesar de que la mayoría de éstas tienen unos pocos miles de hablantes. De hecho, muy pocas lenguas indígenas superan el medio millón de hablantes (náhuatl, quechua, aymara, guaraní).

Se deduce que en una isla del Archipiélago ártico canadiense los vikingos establecieron un asentamiento humano, al que como mucho se da una duración de una década, y que está situado en L'Anse aux Meadows. Se ha demostrado con fechado de radiocarbono que los restos que se han encontrado en aquel lugar se datan entre los años 975 y 1020. El sitio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Las primeras investigaciones fueron expuestas por el geógrafo francés Conrad Malte-Brun, quien fue primer secretario general de la Sociedad de Geografía (Société de Géographie) en 1821.[10][11][12]​ En ese mismo año, el sacerdote neoleonés, insurgente en la independencia de México, fray Servando Teresa de Mier, en su carta de despedida comunicó a los mexicanos:

Las investigaciones realizadas por el explorador Helge Ingstad y su esposa la arqueóloga Anne Stine, publicadas en su libro El Descubrimiento Vikingo de América: La Excavación del Sitio Norte en L'Anse Aux Meadows, Newfoundland, sugieren que Leif Ericson fue su fundador.[14]​ En 1964, el Congreso de los Estados Unidos declaró como "Día de Leif Erikson" al 9 de octubre; esta fecha marcó el comienzo de las primeras oleadas de emigrantes de Noruega a Nueva York en 1825, y se estableció en conmemoración a los estadounidenses de origen nórdico y su contribución a los Estados Unidos.[15]​ En 2007, el presidente de los Estados Unidos George W. Bush declaró en ocasión de la celebración del Día de Leif Ericson que:

La presencia de los vikingos en la isla de Terranova, en el extremo norte de América, solo tuvo consecuencias locales y pasó desapercibida para los pueblos autóctonos del continente. Sin embargo, el contacto con los europeos establecido a partir de los viajes de Cristóbal Colón, tendría un impacto enorme y permanente sobre las culturas americanas y el mundo europeo.

El navegante Cristóbal Colón emprendió el viaje de descubrimiento desde Palos de la Frontera (Huelva, España) hasta el oeste. La flota, que estaba bajo su control, constaba de tres embarcaciones: La Santa María, La Niña y La Pinta, que gobernaba bajo la bandera de la corona de Castilla y gracias a las cuales llegó a América el 12 de octubre de 1492. Sin embargo, Colón creyó haber llegado a la costa oriental de Asia, por lo que denominó dichos territorios bajo el nombre de "Las Indias". Esta denominación se difundió en toda América como pasó a Marco Polo con Asia, y a su vez entre los europeos emplearon el nombre de "Indias" y "West Indies" para indicar las posesiones británicas. Lo mismo pasó con la denominación de "indios" para referirse a los indígenas sin que se hubiera hecho una distinción entre sus culturas, sociedades y miembros.

Colón murió sin saber que su descubrimiento de una nueva ruta naval le había hecho llegar a un nuevo continente, y que eso tendría como consecuencia la conquista e incorporación por parte de los europeos de civilizaciones,culturas,sociedades e individuos en el siglo XV. La ocupación de estos territorios y la imposición de las costumbres de Europa se basó en tres argumentaciones principales:

Cuando volvió de su primera expedición,Colón concedió parte del hallazgo a Juan II de Portugal en 1493. Esto generó una serie de negociaciones entre España y Portugal que se resolvieron mediante la intervención del papa Alejandro VI, el cual adjudicó los territorios descubiertos por Colón al reino de Castilla. Además, él impuso la pena de excomunión a cualquier cristiano que viajara a los dominios de Las Indias sin autorización del rey de Castilla (Bulas Alejandrinas), orden que siglos más tarde sería desobedecida por británicos y holandeses (que por otras razones rompieron con la Iglesia católica) así como franceses. Una década después, el navegante al servicio de la monarquía española, Américo Vespucio describiría que las tierras descubiertas por Colón no se encontraban en Asia, sino en un continente nuevo, desconocido por los europeos de aquella época. Debido a esta tesis, los europeos acabarían llamando "América" al continente recién descubierto.

Pasados unos 30 o 50 años, ya existían gobiernos coloniales más o menos establecidos, que controlaban especialmente las áreas antes dominadas por los principales imperios americanos (otras áreas periféricas a ellos tardaron más tiempo en ser efectivamente dominados). Los gobiernos coloniales incorporaron la actividad productiva de las sociedades americanas al comercio mundial, para exportar minerales preciosos y productos agrícolas americanos a Europa. Con el tiempo se desarrolló el mercantilismo, y luego el capitalismo.[18]​ Sin embargo, el proceso de gestión se llevó a cabo por un mecanismo de concesiones privadas que, debido a su independencia, no terminaba de agradar a Felipe II. En 1495, los reyes católicos prohibieron la esclavitud de los nativos, pero Inglaterra y otras potencias impusieron sistemas de trabajo servil a los indígenas,[19]​ y un extendido régimen esclavista (propio de las civilizaciones americanas, asiáticas, europeas y africanas), que se alimentó del secuestro de personas en África y su traslado forzoso a América.[20]​ Desde el inicio del asentamiento español en América, se crearon leyes para la protección de los habitantes indígenas, las primeras de la historia, un concepto inaudito para esa época histórica. El papa Paulo III en 1537, también, promulgó la bula Sublimus Dei, donde establecía el derecho a la libertad de los indígenas, y su prohibición de esclavizarlos. Sin embargo, en 1548, el papa Paulo III confirmó el derecho a tener esclavos, incluso por miembros de la iglesia, aunque reafirmó que los «indios» no lo eran por lo que tenían derecho a ser libre.[21]​ De hecho, tanto los papas como los reyes de España, se oponían a reducir a los nativos a la esclavitud.[21]​ El Libro VI, Título II, de las Leyes de Indias de 1525, decía:

No obstante, hubo otras instituciones que ofrecieron la mano de obra nativa necesitada para distintos trabajos y explotaciones agrícolas; el yanaconazgo y la encomienda, aunque algunos abusos hicieron que se limitaran, dando lugar a la importación de esclavos negros de África.[21]​ En las colonias de España, se estableció un sistema de castas que imponía un rol social. Después de la Conquista de América, algunas de las constituciones de las naciones que se independizaron abolieron la esclavitud, siguiendo el ejemplo teórico de Francia[cita requerida], mientras que otras como la de Argentina promovían la ocupación de europeos en los territorios poblados por indígenas. En otros países americanos, como el Reino de Brasil y los Estados Unidos, la esclavitud continuó hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Culturalmente, la conquista de América impuso las características de la civilización europea: propuso el uso de lenguas europeas (principalmente español, inglés, portugués y francés), extendió la escritura y la economía mercantil, convirtió a la población al cristianismo (en la península ibérica ese proceso se produjo a través de lo que se denominó evangelización, derivada de la misión de salvación de los indígenas que el papa Alejandro VI impuso a las monarquías ibéricas[23]​). Todo eso sirvió para eliminar las variadas formas de sincretismo en las que persistían las religiones precolombinas y africanas, para imponer la cristiandad. Otro aspecto de la colonización afecta a los sacrificios humanos que, según Bartolomé de las Casas practicaban los aztecas, aunque se supone que fue previo a la llegada de los mismos, y los totonacos.[24]

La conquista europea se realizó a partir de enclaves urbanos, sin embargo en amplias áreas del continente que no poseían el grado de civilización de los aztecas o incas, no penetró o fue rechazada. Así, varios pueblos originarios mantuvieron el dominio sobre vastos territorios hasta finales del siglo XVIII o del siglo XIX, cuando sufrieron una nueva ola de conquista por parte de los estados americanos independizados. Entre dichos encontramos: la Patagonia, la llanura pampeana, el Gran Chaco, el Mato Grosso, la Región Amazónica, la Región del Darién, las grandes llanuras del oeste norteamericano y Alaska, territorios que permanecieron bajo el dominio de naciones como los mapuche, het, ranquel, wichí, qom, algonquina, hopi, comanche, inuit y otros.

Algunos pueblos indígenas, llamados salvajes en el siglo XIX por los gobiernos nacionales de algunos países como Argentina, Brasil, Estados Unidos, Uruguay, Chile, o denominados indios por otras instituciones, padecieron acciones de guerra por parte de estados nacionales independientes de América y sus fuerzas armadas a lo largo del siglo XIX y XX. Este proceso ha sido denunciado como genocidio aunque los gobiernos conquistadores lo han considerado como "acción civilizatoria" o "pacificadora".[cita requerida][25]​ En la Conquista de América, algunos estados independientes como Argentina, Chile y los Estados Unidos, llevaron adelante acciones de exploración, apropiación y conquista para ocupar territorios indígenas en diferente estadios de desarrollo; algunos estudiosos sostienen que en dichas acciones estos países emplearon políticas de limpieza étnica y de genocidio,[26][27]​ mientras que otros lo niegan.[28]​ En el siglo XX también, algunas naciones americanas impulsaron políticas racistas contra indígenas, afroamericanos y sus descendientes como reflejo de una doctrina racista biológica pseudocientífica, aunque hay estudiosos que no lo admiten.

Si bien es clara la fecha de inicio de la Conquista de América (1492), la de finalización no lo es. En el caso español, en 1570 un decreto del rey Felipe II prohibió que los actos de conquista se llamaran de esta manera, y exigió que se denominaran bajo el nombre de actos de pacificación. Más allá de las cuestiones terminológicas, se puede decir que la Conquista de América terminó gracias al proceso de emancipación iniciado con la independencia estadounidense en 1776, y con la siguiente creación de estados independientes y soberanos que se extendió a lo largo de los siglos XIX y XX. La última nación en independizarse de una potencia europea fue Belice en 1981, a pesar de que permanecieron algunos enclaves coloniales.

Los procesos de conquista de pueblos originarios continuaron en los países ya independizados de América. Destacan la Conquista del Oeste [29]​ empezada por los Estados Unidos, y las denominadas Conquista del Desierto y Pacificación de la Araucanía en Argentina y Chile, mediante las cuales se conquistaron las tierras y se sometió al pueblo Mapuche. Igualmente, en países como Colombia, Venezuela, Brasil y Perú se registraron casos de colonos blancos que desposeían a los pueblos aborígenes de sus territorios de manera violenta o por medio de negocios no claros.[cita requerida][30]​ De hecho, la organización continental de los pueblos indoamericanos continúa a denunciar los procesos de conquista como no respetuosos de los derechos humanos. La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia en 2006, primer presidente de un país americano perteneciente a un movimiento indígena, ha sido presentado por sus seguidores como la primera oportunidad para desmontar el matiz étnico-colonial subsistente de los Estados americanos.[31]

México, tras proclamar su independencia, aceleró el proceso de conquista de los territorios pertenecientes a las naciones indígenas que quedaron dentro de sus fronteras.[32]​ Una especial virulencia alcanzó la lucha contra los apaches, calificada por algún autor como una guerra de exterminio,[33]​ y que llevó al jefe apache Gerónimo a pronunciar estas palabras poco antes de morir:

Uruguay, al poco de su independencia, conquistó los territorios de sus indígenas y resolvió el problema de una manera radical, exterminando los últimos núcleos que no se habían adaptado.[35]​El gobierno independiente de Uruguay realizó el exterminio sistemático y deliberado de los amerindios, y planificó, de manera especial, la eliminación de las tribus charrúas, “poseedoras desde la edad remota de la más bella porción del territorio de la República”.[36]​ De hecho, el 11 (o el 10, según la fuente) de abril de 1831 concentraron, bajo engaño, a un gran número de caciques y guerreros charrúas en un lugar llamado Salsipuedes, y cuando los tuvieron rodeados, los soldados gubernamentales, a las órdenes del general Rivera, abrieron fuego sobre ellos aniquilando a la mayoría. Los que lograron escapar de la matanza de Salsipuedes fueron perseguidos por el ejército que no cejó hasta asesinar a todos. Tras la masacre, las mujeres y los niños hijos fueron repartidos como esclavos entre las familias adineradas de Montevideo (a cuatro de los sobrevivientes los enviaron a París, donde fueron exhibidos por las calles como los últimos ejemplares de una etnia en extinción; tres de ellos murieron allí, mientras que el cuarto consiguió huir). Por fin, el territorio más rico del Uruguay fue definitivamente conquistado y la nación charrúa desapareció con el Uruguay independiente.

Las consecuencias que destacan por su importancia en la Conquista de América son:

En general, el conflicto social[38]​ marcó la mayoría de las relaciones entre conquistadores y poblaciones indígenas. Sin embargo, cuando los grupos europeos llegaron por primera vez, dado que constituían una exigua minoría, las relaciones fueron, en muchos casos, amistosas.

De hecho, en la colonia encabezada por William Penn (lo que más tarde serían los estados de Pensilvania y Delaware) inicialmente se mantuvieron relaciones pacíficas y de amistad con los indígenas. Además, en México y Perú las mujeres pertenecientes a la antigua nobleza formaron frecuentemente matrimonios mixtos con los conquistadores, y parte de la intelligentsia indígena estaba aliada a los colonizadores que mantenían algunos de sus privilegios. En la costa de Brasil, la escasez de mujeres llevó a muchos hombres portugueses a casarse con mujeres indígenas, por lo que las línguas gerais (língua geral paulista y Ñe'engatú), formas adaptadas de lenguas indígenas tupíes, fueron las lenguas predominantes de la población colonial, hasta que el rey de Portugual trató de marginarlas en favor del portugués de la metrópoli.

Durante la conquista de América se produjo un colapso demográfico de la población indígena. Todavía se deben aclarar las razones, puesto que hay quien lo atribuye a las enfermedades epidémicas traídas por los colonizadores europeos, y quien sostiene que se trató de un genocidio como la Federación Pijao en Colombia.[39]

Algunos autores piensan que la derrota de las civilizaciones americanas se debe a la introducción de enfermedades e infecciones inexistentes en América hasta ese momento, para las que los pueblos originarios carecían de defensas biológicas adecuadas. El investigador estadounidense H. F. Dobyns[40]​ ha calculado que un 95 % de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón. Por su parte, Cook y Borak, de la Universidad de Berkeley, establecieron después de años de investigación, que en 1518 la población en México disminuyó de 25,2 millones a 700 mil personas en 1623, menos del 3 % de la población original.[41]​ En 1492, España y Portugal juntas no superaban los 10 millones de personas.[42]​ No obstante,este estudio ha recibido críticas, algunas de las cuales tienden a contradecir lo que se afirma en él.[43]

El colapso demográfico de la población original de América fue, según algunos autores, la causa esencial de su derrota militar como ocurrió a los ambigues en Colombia. Steven Katz ha afirmado al respecto:

Lo mismo sucedió con el Imperio inca, derrotado por Francisco Pizarro en 1531. La primera epidemia de viruela fue en 1529 y mató entre otros al Emperador Huayna Cápac, padre de Atahualpa. Nuevas epidemias de viruela se declararon en 1533, 1535, 1558 y 1565, así como de tifus en 1546, gripe en 1558, difteria en 1614 y sarampión en 1618.[45]​ Dobyns estimó que el 90 % de la población del Imperio inca murió en esas epidemias. En Norteamérica la cultura misisipiana colapsó aparentemente poco después de la expedición de Hernando de Soto; él transcurrió meses con sus tropas en el actual territorio de Estados Unidos y se piensa que pudo transmitir enfermedades contagiosas a la poblaciones indígenas.

Sin embargo, algunas batallas de la conquista de América contradicen el planteamiento ucrónico que se expone más arriba. Así, antes de que la epidemia de viruela llegara a Tenochtitlán, [46]​ los aztecas y sus aliados fueron vencidos en la batalla de Otumba por un contingente de españoles y aliados amerindios muy inferior en número y en condiciones físicas lamentables tras sufrir la derrota de la Noche Triste.[47]​ Y en la batalla de Cajamarca, en la que se produjo la captura de Atahualpa, decisiva para la caída del Tahuantinsuyo, tampoco las epidemias tuvieron incidencia alguna. Aquel 16 de noviembre de 1532 el Inca no estaba enfermo, ni lo estaban los nobles que le acompañaban, ni los soldados (entre 6000 y 10000) que debían protegerles pero que huyeron ante la celada diseñada por Pizarro y sus soldados (168 hombres en total).[48][49][50][51]

A lo largo del tiempo se ha debatido en cuanto a las consecuencias de la conquista española de América, por lo que se han expresado diversos puntos de vista:

La Cumbre de los Pueblos Indígenas de América sostiene que la acción de los conquistadores europeos no solo causó uno de los genocidios más grandes de la historia, lo cual destruyó cientos de culturas y estableció un sistema permanente de opresión y explotación, sino que también el genocidio y la explotación continuaron con los estados nacionales sucesores de las potencias coloniales.[53]​ En ese sentido, el Primer Encuentro Continental de Pueblos Indios, reunidos en Quito en 1990 expresó en la Declaración de Quito:

Según algunos historiadores, se ignoraría la misma situación de opresión y explotación a la que estaban sometidos muchos pueblos precolombinos, y los mismos habitantes de reinos indígenas por sus caciques o señores. También, se desconocerían los conflictos y las guerras entre pueblos indígenas existentes antes de la conquista.

La Cumbre Continental de Pueblos y Organizaciones Indígenas del Continente de Abya Yala, reunidos en Mar del Plata en 2005, declaró:

Que, esta Cumbre Continental Indígena en Mar del Plata 2005, es la continuación de 1990 en el Encuentro Continental Indígena. El Segundo Encuentro Continental de un proceso de Unión Continental del Águila y el Cóndor, iniciado en Quito.
Que somos los representantes de más de 50 millones de mujeres y hombres indígenas del continente y somos Pueblos preexistentes a la creación de los actuales Estados, por lo que ejercemos y reclamamos el reconocimiento de nuestro derecho a la libre determinación como Pueblos, a fin de decidir nuestra organización política y nuestro propio desarrollo económico, social y cultural.

De todos modos, según ciertos[¿quién?] historiadores, la posición indigenista moderna tiende a idealizar la situación de supuesta paz y prosperidad existente en el periodo anterior a la llegada de los europeos, por lo que las guerras, la esclavitud, y las prácticas como sacrificios humanos demuestran que la vida de los habitantes precolombinos no estaba exenta de gran dureza y crueldad. Sin embargo, la Cumbre de los Pueblos Indígenas de América presentó a las Naciones Unidas una Carta de la Tierra de los Pueblos Indígenas que proclamaba la imprescriptibilidad de los derechos de los pueblos indígenas y el derecho a la autodeterminación, y exigía la reforma de la Convención de las Naciones Unidas contra el Genocidio con el fin de incluir «las numerosas formas de genocidio de pueblos indígenas», en particular el «genocidio cultural».[56][fuente cuestionable]

En América Latina, es cierto que una considerable cantidad de intelectuales y fuerzas políticas así como muchos países como Venezuela[57]​ o Bolivia han adoptado la versión donde se declara que la obra de conquista de América fue en serio una matanza. En Europa y parte de Norteamérica es más habitual que los funcionarios oficiales, la opinión pública, los intelectuales y las organizaciones políticas y sociales no consideren que la conquista de América haya constituido un genocidio, en términos generales.

No obstante, algunos pensadores[¿quién?] de Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Alemania, Francia, Suecia y Noruega sostienen que la acción de los conquistadores españoles en América fue bárbara y constituyó un genocidio. Al contrario, otros[¿quién?] han criticado esas afirmaciones como exageradas (llegando incluso a considerarlas como una conspiración), impulsada principalmente por británicos y franceses para crear una leyenda negra contra España. Algunos historiadores[¿quién?] sostienen que naciones como Gran Bretaña, Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, habrían realizado genocidios al conquistar las tierras de los indígenas americanos que ocupaban sus actuales territorios. En general puede decirse que, en los procesos de conquista de los territorios indígenas en América, en la diversas épocas, varios sectores[¿quién?] e investigadores[¿quién?] continúan a denunciar la existencia de genocidios, mientras que otros[¿quién?] consideran exageradas dichas denuncias, por lo que en algunos casos se trata de mitos o leyendas negras.[cita requerida]

Ejemplos de esta segunda visión es la opinión de María Saavedra, profesora de la Universidad CEU San Pablo de España, que considera que el movimiento indigenista es un invento de la izquierda y opina lo siguiente:

Por su parte, el historiador argentino Félix Luna comentó una noticia difundida por la agencia oficial de noticias bajo el título «Se cumplen 513 años del mayor genocidio de la historia»:

En el siglo XVI, pensadores mexicanos como Fernando de Alva Cortés Ixtlilxochitl cuestionó la crueldad de los conquistadores españoles con estas palabras:

Otro texto mexicano del momento de la conquista afirma:

El debate en cuanto a la moralidad empleada en la conquista se produjo también en Europa. En el siglo XVI, Fray Bartolomé de las Casas denunció que los conquistadores y encomenderos estaban explotando bárbaramente a los pueblos originarios. No obstante, hubo quien afirmó que las afirmaciones de De las Casas eran falsas y que hacían parte de una leyenda negra antiespañola y anticatólica. Sin embargo, la Corona Española tomó en cuenta las denuncias de De las Casas y sancionó en 1542 las Leyes Nuevas con la intención de proteger los derechos de los pobladores de América frente a conquistadores y encomenderos.

El siguiente es un fragmento de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias (wikisource) de Bartolomé de las Casas:

Respecto a la Conquista de Yucatán (1527-1546), que forma parte del actual territorio de México, pero en el siglo XVI era un conjunto de señoríos o jurisdicciones independientes, fray Diego de Landa narra en sus manuscritos de Relación de las cosas de Yucatán (1566) el despoblamiento de las provincias:

En 1615 Felipe Guamán Poma de Ayala envío un relato de 1200 páginas, denominado La primera nueva crónica y el buen gobierno, al Rey de España. Guamán era un antiguo miembro de la nobleza incaica que se quejó en los años de su vejez por haber ayudado a los conquistadores y que quiso informar al Rey de todos los problemas. Su crónica contenía la historia de los incas, su conquista y el maltrato a los indígenas. El libro se perdió hasta 1908 cuando apareció en la librería privada de la Casa Real de Dinamarca.[cita requerida]

España, en algunos casos utilizó métodos excesivamente violentos para reprimir la oposición de los pueblos originarios en sus tierras. Caupolicán, el toqui mapuche que lideró la resistencia contra la invasión española, fue ejecutado por medio del empalamiento.[63]Túpac Amaru II que guio un levantamiento inca en 1780 fue ejecutado luego de ser obligado a presenciar la tortura y la ejecución de su esposa e hijo; luego se le cortó la lengua y fue atado a cuatro caballos con la intención de descuartizarlo, tarea que finalmente fue realizada con hachas[64]​ Algunos sectores cuestionan estas ejecuciones calificándolas como métodos bárbaros destinados a infundir el terror entre los indígenas, mientras que otros sostienen que se trataba de excesos de violencia que el rey de España no aprobaba.

Algunos investigadores han considerado que los relatos sobre los abusos y los excesos cometidos por los conquistadores españoles fueron utilizados por las potencias europeas protestantes y rivales de España para crear una leyenda negra antiespañola y anticatólica. Otros, en cambio, dada la existencia de una supuesta leyenda negra, inventaron una leyenda blanca de sentido opuesto, con el fin de presentar la acción de los conquistadores como civilizada y cristiana.

En el verano de 1550, el concejo del rey de España discutió acerca de estos temas, en la llamada Junta de Valladolid. El humanista e ilustrado aristoteliano Juan Ginés de Sepúlveda afirmó que los indios eran “esclavos naturales” tal como Aristóteles los había definido en la frase, «bárbaros inhumanos que pensaban que la ofrenda más grande que ellos le podían dar a Dios era su corazón humano». Incluso sus brillantes artes, escultura y arquitectura no eran, para Sepúlveda prueba de su civilización, «por cuanto ni las abejas ni las arañas realizan obras que los humanos no puedan imitar».

El fraile dominicano defensor de los derechos indígenas, Bartolomé de las Casas, trajo al concejo un vasto expediente, un reportaje de primera mano sobre las crueldades que los conquistadores estaban realizando en América, en defensa de la humanidad de los indios. Aquel día afirmó que: «Todo el mundo es humano», De las Casas, sin embargo aceptaba como legítima la esclavitud de hombres y mujeres de África. Algunos investigadores reconocen en Bartolomé de las Casas un precursor de los derechos humanos que comenzarían a ser reconocidos a partir del siglo XVIII, mientras que otros sostienen que De las Casas falseaba los hechos por lo que se creó la llamada leyenda negra antiespañola y anticatólica.

El rey de España ordenó que la Conquista se detuviera mientras que se investigara más detalladamente (Ver Junta de Valladolid). Finalmente, el Rey de España aceptó que los indígenas eran seres humanos, pero disminuidos en sus facultades, por lo que les denominó "encomendados" a los españoles, conformó un régimen de tipo servil, fundado en el trabajo forzado y el abuso sexual contra las mujeres.

Mansio Serra de Leguizamón, uno de los conquistadores del Perú,cuando estuvo a punto de morir, expresó un lamento profundo por la injusta destrucción de la sociedad inca: «Y que se me dio la figura del sol que era de oro y los incas guardaban en la Casa del Sol, que ahora es el convento de Santo Domingo y donde practicaban la idolatría, que yo creo que valía unos dos mil pesos [...]. Y deseo que mis testamentarios registren esa suma para la paz de mi conciencia y paguen esa suma exacta de mi patrimonio».[65]​ Además, españoles como Sahagún, se enamoraron de la cultura azteca, y aún entre los conquistadores como Bernal Díaz, quien marchó con Cortés, se conmovieron hasta comparar la tragedia de México con la Caída de Troya. Los investigadores que se oponen a las visiones indigenistas están convencido de que los indígenas aceptaron voluntariamente la cultura española y que las mujeres mantuvieron voluntariamente relaciones sexuales con los conquistadores dando origen a una nueva etnia de criollos y mestizos.

En 2007 se encontraron accidentalmente los restos de 70 personas cerca de la ciudad de Lima, los cuales fueron registrados por los arqueólogos como fallecidos durante 1536. Además, junto con los cadáveres se descubrieron restos de armamento europeo, y evidencias de que muchos de ellos fueron empalados o estrangulados. Todavía no se ha definido si se trata de colonizadores o colonizados, pero el hallazgo corresponde cronológicamente al período de la defensa de la ciudad colonial de Lima fundada por Francisco Pizarro y por las fuerzas militares del Imperio inca. No cabe duda de que han sido una de las primeras evidencias arqueológicas de como se desenvolvieron algunos eventos militares de la Conquista del Nuevo Mundo.[66][67][68]

aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.
Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.

¡Ccollanan Pachacutec! ¡Ricuy
anceacunac yahuarniy richacaucuta![72]
TUPAC AMARU!
I.
Vienen por las islas (1493)
Los carniceros desolaron las islas.
Guanahaní fue la primera
en esta historia de martirios.
Los hijos de la arcilla vieron rota
su sonrisa, golpeada
su frágil estatura de venados,
y aún en la muerte no entendían.
Fueron amarrados y heridos,
fueron quemados y abrasados,



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