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Dictadura de Onganía



Juan Carlos Onganía (Marcos Paz, Buenos Aires; 17 de marzo de 1914-Buenos Aires, 8 de junio de 1995) fue un militar, presidente de facto y dictador argentino que ejerció el cargo de presidente de la Nación Argentina de facto entre 1966 y 1970, durante la primera etapa de la dictadura cívico-militar autodenominada "Revolución Argentina". Onganía fue el líder del bando azul, uno de los dos bandos en que se dividieron las Fuerzas Armadas argentinas luego del golpe de 1955 que derrocó, prohibió y persiguió al peronismo. La dictadura de Onganía se caracterizó por ser la única en la historia argentina que disolvió los partidos políticos y por ser la primera que tuvo carácter permanente bajo la forma del Estado burocrático-autoritario.

Hijo de Carlos Luis Onganía y Sara Rosa Carballo, Onganía ingresó al Colegio Militar de la Nación en 1931, del cual egresó en 1934 como subteniente del arma de caballería. En 1937 contrajo matrimonio con María Emilia Green Urien (1915-1990), hija de Enrique Zacarías Green y Emilia Micaela Urien. Tuvo una carrera poco destacada pero eficiente hasta 1959, cuando fue ascendido al rango de general de brigada.

Durante el Gobierno de facto de José María Guido, las Fuerzas Armadas argentinas se enfrentaron en dos facciones por la posición a tomar respecto del peronismo en el marco de las nuevas políticas adoptadas.[4]​ Los «azules» —autodenominados «legalistas» y apoyados por el desarrollismo— proponían un peronismo sin Perón, y denominaron a sus opositores como «colorados».[5]​ Estos —integrados por los liberales y exfuncionarios de la «Revolución Libertadora»— consideraban al peronismo un movimiento clasista afín al comunismo y que debía ser erradicado.[5]​ El teniente general Onganía era uno de los líderes de la facción «azul».[4]

El triunfo de los azules llevó al nombramiento de Onganía como comandante en jefe del Ejército el día 22 de septiembre de 1962, aunque ya los principios originales de cada una de las facciones se fueron diluyendo. Al asumir la Presidencia Arturo Umberto Illia, Onganía decidió pasar a un segundo plano.

En agosto de 1964, Onganía asistió a la Quinta Conferencia de Jefes de Estado Mayor de los Ejércitos Americanos celebrada en la Academia Militar de West Point, EE. UU. Allí, anunció que la Argentina adoptaba la doctrina de la seguridad nacional.[6]

A raíz de la insatisfacción de sectores exteriores, la prensa, y grandes empresas con la política nacionalista y socialdemócrata de este, y a la decisión de Illia de revocar la proscripción del peronismo, fue derrocado por un golpe de Estado que se autodenominó Revolución Argentina, encabezado por los titulares de las tres Fuerzas Armadas —el teniente general Pascual Ángel Pistarini (Ejército), el brigadier general Adolfo Álvarez (Fuerza Aérea) y el almirante Benigno Varela (Armada)— y que designó a Onganía como presidente.[7][8]

Luego del golpe, recién asumido como dictador con el título de presidente, comunicaba a la población:

Onganía inicialmente nombró como su ministro de economía al demócrata-cristiano Jorge Néstor Salimei, aunque dentro de gobierno coexistían otras corrientes políticas (nacionalistas y liberales)[10]​ pero el 3 de enero de 1967 lo reemplazó por el economista liberal Adalbert Krieger Vasena, quien revocó las medidas de nacionalización y control de capitales, y contuvo la inflación congelando los salarios y devaluando un 40% la moneda nacional. Se alejó, sin embargo, de la ortodoxia liberal afrontando obras públicas, con lo que mantuvo el ritmo de la actividad industrial. La participación de los salarios en la renta nacional estuvo cercana al 43% durante el período 1967-1969. Las exportaciones se mantuvieron altas, pero el sector industrial se vio perjudicado por la devalución y por el aumento de los porcentajes de retención a las exportaciones, así como por la supresión de las medidas de protección. Durante su presidencia se sancionó el Decreto-Ley 18.188/1969 que creó una nueva moneda para el país, En lo laboral se sancionó una ley de arbitraje obligatorio, que condicionó la posibilidad de hacer huelga.[11]

Durante su gobierno desarrolló la teoría de la necesidad de atender primero el 'tiempo económico' sobre el 'tiempo social' y el 'tiempo político'. Onganía intentó mantener la participación de los distintos sectores del país en su gobierno mediante la formación de comités consultivos en áreas específicas de la política agraria, industrial y económica. Esta medida recibió fuertes críticas de los sectores más conservadores del ejército; sumado al disenso entre los generales, el asesinato del teniente general Pedro Eugenio Aramburu en 1970 terminó con los días de Onganía frente al Poder Ejecutivo.[12]

Un mes después del golpe de estado, las universidades públicas argentinas estaban entonces organizadas de acuerdo a los principios de la Reforma Universitaria, que establecían la autonomía universitaria del poder político y el cogobierno tripartito de estudiantes, docentes y graduados.

El estallido ocurrió el 29 de julio de 1966 cuando estudiantes y docentes manifestaban en la Universidad, en contra de un intento por parte del nuevo gobierno de facto, de revocar la reforma universitaria. La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

La policía tenía órdenes de reprimir duramente. El nombre proviene de los bastones largos usados por la policía para golpear con dureza a las autoridades universitarias, los estudiantes, los profesores y los graduados, cuando los hicieron pasar por una doble fila al salir de los edificios, luego de ser detenidos.

Fueron detenidas 400 personas y destruidos laboratorios y bibliotecas universitarias. Como resultado de esta política represiva, cientos de científicos e investigadores se exiliaron, lo que constituyó una significativa "fuga de cerebros".

El gobierno de Onganía prohibió las representaciones del ballet El mandarín maravilloso de Béla Bartók, de La consagración de la primavera de Ígor Stravinsky y posteriormente el estreno argentino en el Teatro Colón de la ópera Bomarzo de Alberto Ginastera y Manuel Mujica Lainez, que venía de estrenarse en Washington.[13]​ La censura se extendió al cine con la prohibición de Blow Up de Michelangelo Antonioni y de espectáculos teatrales en el Instituto Di Tella entre otros.

El 29 de mayo de 1969 ocurrió en la ciudad industrial de Córdoba uno de los mayores levantamientos populares de masas de toda la historia argentina denominado como el Cordobazo.

El estallido tuvo como antecedentes otras grandes movilizaciones estudiantiles, en algunos casos acompañadas por obreros, en Corrientes, Tucumán y Rosario. Todas ellas reprimidas con gran violencia por la dictadura militar, en la que ya habían muerto dos estudiantes. Para el día 30 de mayo, los integrantes de la CGT combativa de Córdoba, encabezada por Agustín Tosco, había convocado un paro general en toda la nación. El gobierno militar estableció el toque de queda en Rosario y Córdoba. Los puntos de la convocatoria fueron:

Ya desde el 28 de mayo el clima de efervescencia había motivado un inmenso despliegue policial en toda la capital cordobesa. Pero el 29, por iniciativa de Tosco, Secretario General del gremio de Luz y Fuerza, se resolvió un paro activo: los obreros dejaron sus puestos de trabajo y marcharon al centro de la ciudad. A los de Luz y Fuerza se unieron miles de trabajadores que provenían de grandes fábricas metalúrgicas, como Renault, FIAT, Perkins y otras. También columnas numerosas de estudiantes universitarios. Estas columnas de obreros y estudiantes hicieron retroceder a los destacamentos policiales y tomaron el control del centro de la ciudad, algunos barrios y las principales radios y comisarías barriales. A las cinco de la tarde, el ejército se hace cargo de la situación y reprime violentamente a los ciudadanos. Los tanques del ejército, aviones y diversos batallones de Gendarmería se despliegan por la ciudad, disparando armas de fuego contra los manifestantes, contra techos y viviendas. En respuesta, y a pesar del toque de queda y del despliegue militar, la resistencia popular incendió el casino de suboficiales de la Aeronáutica y se atacaron comisarías y puestos policiales. Aparecen francotiradores en los techos de los edificios más altos: sus balas se llevan también un número indeterminado de miembros de las fuerzas policiales y militares. Finalmente, durante la noche el ejército logra controlar la capital de Córdoba.

En las capitales de todas las provincias argentinas se habían efectuado, también, manifestaciones y concentraciones. La sucesión de revueltas populares, obreras y estudiantiles, son consideradas por algunos historiadores como la verdadera causa de la posterior caída del gobierno de Juan Carlos Onganía.

En junio de 1969 renunció el gabinete en pleno. El nuevo ministro de economía convocó a paritarias para descomprimir la presión laboral, pero las aguas siguieron revueltas. Conflictos gremiales, paros activos, y puebladas similares al Cordobazo se manifestaban en todo el país. También empezaban a surgir las guerrillas urbanas, como el ERP y Montoneros.[14]​ En una reunión con los altos mandos castrenses fue consultado por los plazos estimados para la concreción de su mandato y el general respondió:

Muchos hicieron cuentas rápidas y pensaron en 1990, pero Onganía fue más lejos diciendo:

El secuestro y asesinato del teniente general Pedro Eugenio Aramburu por parte de la guerrilla Montoneros, que tuvo lugar el 29 de mayo de 1970, terminó de debilitar su gobierno y el 8 de junio los 3 comandantes depusieron al general. Debió renunciar de modo humillante al dejar su renuncia de forma personal en la sede del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.[15]

Luego que Lanusse reemplazara a Levingston, un mes después Onganía plasmó en un documento su desacuerdo con tal general al declarar:

El presidente de facto y la junta restaron importancia a sus dichos. El general decidió retirarse definitivamente a vivir en una estancia bonaerense. En 1989 el Partido Nacionalista Constitucional le propuso ser candidato, pero no llegó a un acuerdo. Para las elecciones de 1995 fue candidato a presidente por el Frente para la Coincidencia Patriótica. Antes de la elección Onganía renunció a la fórmula por cuestiones de salud, aunque su nombre siguió apareciendo en la boleta.

Falleció tres semanas después de realizada la elección, el 7 de junio de 1995, poco después de cumplir 81 años.[16]



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