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Elecciones generales españolas de 1982



  202   PSOE   107   AP-PDP   12   CiU   11   UCD   8   PNV   4   PCE   2   CDS   2   HB   1   ERC   1   EE

El jueves 28 de octubre de 1982 se celebraron elecciones generales en España. Las elecciones fueron anticipadas seis meses, ya que debían haberse celebrado el sábado 30 de abril de 1983. El entonces presidente del gobierno, Calvo-Sotelo, convocó elecciones anticipadas debido a la difícil situación que vivía el partido del gobierno y ante la dificultad para seguir gobernando.

Estos comicios tuvieron un carácter histórico, ya que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González consiguió una amplísima mayoría absoluta, ocupando 202 de los 350 escaños del Congreso, 134 puestos en el Senado y casi la mitad del total de sufragios válidos emitidos. Fue de hecho la primera ocasión desde la época de la Segunda República en que el PSOE ganaba unas elecciones generales y suponía la primera vez que el PSOE lograba una mayoría absoluta a nivel nacional. Miles de personas se echaron a la calle para celebrar el histórico triunfo.

El otro gran hecho de los comicios fue el hundimiento de la UCD, víctima de sus luchas internas y la desintegración que había vivido el partido, que perdió 155 escaños y prácticamente desapareció de la vida política española. La debacle sufrida por UCD solo es comparable con el hundimiento que el Partido Republicano Radical de Lerroux sufrió en las elecciones de 1936. Por el contrario, la coalición formada por Alianza Popular, el Partido Demócrata Popular y otros partidos pasó a ocupar el espacio político de UCD, convirtiéndose así en el principal partido de la oposición. El PCE también fue otro partido que sufrió una fuerte debacle electoral, ya que perdió más de un millón de votos y 19 escaños, quedando en la irrelevancia política y con una importante crisis interna.

Históricamente, con la desaparición de la UCD y su eventual reemplazo por Alianza Popular (predecesor del Partido Popular) como principal oposición, se suele considerar que quedó formado el sistema de bipartidismo político que con más o menos variaciones ha regido la política española durante los siguientes treinta años, hasta 2015 coexistiendo con los partidos nacionalistas. Sin embargo, la realidad era que durante los siguientes diez años, los socialistas dominarían la vida política española sin que ningún otro partido tuviera una posibilidad realista de formar gobierno. El PSOE no comenzaría a ser desafiado seriamente sino hasta 1993, y no sería desbancado del poder hasta 1996. Hasta la fecha, la permanencia de Felipe González en el poder (cuatro períodos que abarcan 14 años) sigue siendo el período más largo de gobierno continuo por un Presidente del Gobierno elegido democráticamente, y los gobiernos desde entonces generalmente han tenido una duración más corta, de 8 años (dos mandatos).

Respecto a los comicios de 1979 el PSOE gana las provincias de La Coruña, Santander, Álava, Navarra, Logroño, Huesca, Zaragoza, Teruel, Lérida, Castellón, Baleares, Albacete, Ciudad Real, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Palencia, León, Zamora, Valladolid, Salamanca, Badajoz, Cáceres, Huelva, Granada, Almería, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas, Ceuta y Melilla mientras que pierde Gerona; AP gana las provincias de Pontevedra, Orense, Lugo, Burgos, Soria y Ávila; y CiU gana Gerona.

La I Legislatura fue una etapa muy complicada. Después de la entrada en vigor de la Constitución y las elecciones generales de 1979, el consenso existente entre los partidos desapareció para dar paso a una lucha más abierta entre ellos, en especial el PSOE. A mediados de 1980 Felipe González presentó una moción de censura contra Suárez, que aunque no consiguió que saliera adelante lo convirtió en el líder político mejor valorado en las encuestas, desbancando por primera vez a Adolfo Suárez,[2]​ y el PSOE se puso por delante de UCD en intención de voto.[3]​ Desde 1979 el desgaste de los gobiernos de la UCD fue aumentando, a la postre que el descontento de la población por la situación general que vivía el país.

A la conflictiva situación política se añadió el agravamiento de la situación económica a consecuencia de la «segunda crisis del petróleo» de 1979 —se superó el millón de parados—, el recrudecimiento de las acciones terroristas de ETA que en 1979 y 1980 marcaron el punto álgido de su actividad con 174 muertos, el "problema" vasco y catalán, el creciente «desencanto» ciudadano con las reformas, etc.[4][5]​ Todo ello acentuó las diferencias políticas entre los grupos que integraban UCD sobre diversos temas, lo que abrió una crisis de gobierno a mediados de abril de 1980.[2][6][3]​ A la larga, la crisis en UCD no hizo más que agravarse y aumentar el desgaste del gobierno, especialmente en la persona de Suárez. De hecho, para finales de 1980 el presidente del gobierno se encontraba muy acosado dentro y fuera de partido. Esta situación llevó a que el 29 de enero de 1981 Adolfo Suárez hiciera pública por televisión su decisión de dimitir de la presidencia del gobierno y del partido. La UCD acordó proponer a Leopoldo Calvo-Sotelo como sucesor de Suárez.[7][8][9]

En la tarde del 23 de febrero, cuando se estaba procediendo a la votación de investidura de Calvo-Sotelo, irrumpieron en el hemiciclo del Congreso de Diputados un grupo de guardias civiles armados al mando del teniente coronel Antonio Tejero.[10][11][12]​ Al mismo tiempo el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, declaraba el «estado de guerra» en su demarcación, establecía el toque de queda y ordenaba que carros de combate ocuparan la ciudad de Valencia, sede de la capitanía general. Se iniciaba así un golpe de estado que llevaba meses preparándose.[13]​ El luego conocido como "23-F", sin embargo, no logró prosperar más allá de estas acciones y quedó en entredicho cuando el rey salió en TVE desautorizando a los golpistas.[14]​ Milans del Bosch ordenaba la retirada de sus tropas y a la mañana del día siguiente Tejero se rendía, siendo liberados el gobierno y los diputados.[15]​ Poco después se convocaron manifestaciones de apoyo a la Constitución y en defensa de la democracia que fueron las más multitudinarias de las celebradas hasta entonces.[16]

El nuevo gobierno liderado por Calvo-Sotelo, si bien logró sacar adelante algunos de los temas más urgentes (como la «cuestión militar» y la «cuestión regional») con el acuerdo del PSOE,[17][18]​ no logró detener la grave crisis interna que atravesaba UCD.[19]​ Durante 1981 y 1982 la situación fue empeorando progresivamente, al tiempo que se producían numerosas escisiones o fugas a otros partidos. La imagen del gobierno también se vio muy afectada por la gestión gubernamental de la llamada "Enfermedad del aceite de colza", provocada por la distribución fraudulenta de aceite adulterado y la consecuente intoxicación de un gran número de personas.[20]

El gobierno Calvo-Sotelo, muy desacreditado entre la población y falto de un apoyo firme por parte de su propio partido (que además se encontraba en plena descomposición interna), decidió convocar elecciones anticipadas para el 28 de octubre.[21][22]​ En esta ocasión la campaña electoral se desarrolló en un gran clima de espíritu cívico.[23]

Para el día anterior a la celebración de los comicios un grupo de conspiradores militares había previsto llevar a cabo un nuevo golpe de estado.[23]​ En principio esta nueva intentona golpista estaba mejor organizada que el 23-F y tenía un alcance mucho mayor, especialmente en lo referido a la toma de los principales centros de poder. La conspiración, sin embargo, fue descubierta unos días antes por el gobierno y sus principales instigadores detenidos, quedando abortado este intento de golpe de estado.[24]​ Tanto el gobierno como los medios de comunicación minimizaron la noticia con el objetivo de no alarmar a la población.

Aunque los resultados fueron previsibles, la contundencia de la victoria del PSOE de Felipe González resultó ser más abultada de lo esperada. Bajo el lema Por el cambio, el PSOE cosechó un resonante triunfo al obtener más de diez millones de votos, lo que suponía cerca del 50 % de los votantes, y la mayoría absoluta en el Congreso de Diputados (202 diputados) y en el Senado (134 senadores).[25][26]​ Esto se tradujo en que el PSOE obtuviera la mayoría de votos en cuarenta de las cincuenta provincias españolas, así como en muchas capitales de provincia y grandes centros urbanos. Los 10.127.392 de votos (48,4% del censo) que obtuvieron los socialistas consituían toda una novedad.[27]​ Para el PSOE ésta era la primera vez en su historia que el partido ganaba unas elecciones generales con mayoría absoluta. Y de hecho, suponía la primera vez desde la Guerra civil que el PSOE regresaba al poder, liderando el gobierno de la nación.

La segunda fuerza política más votada fue la coalición formada por Alianza Popular (AP) y el Partido Demócrata Popular (PDP), que obtuvo casi la mitad de votos que el PSOE (5 millones y medio), 106 diputados y que quedó a 20 puntos porcentuales de distancia de los socialistas. La nueva coalición liderada por Manuel Fraga se convertirá a partir de entonces en el gran referente de la derecha,[28]​ y en la alternativa conservadora al poder socialista. En contraposición, el gran derrotado de las elecciones fue la UCD, que de ser la primera fuerza política con 168 escaños en 1979 pasó a apenas 11 escaños. Ni siquiera el presidente del gobierno, Calvo Sotelo, que iba el segundo en la lista por Madrid, logró obtener el acta de diputado.[nota 2]​ Esta debacle supuso en la práctica la desaparición de UCD, que unos meses después se autodisolvería (aunque hasta 1986 mantendría grupo parlamentario). Adolfo Suárez ya había salido de la UCD durante el verano de 1982, para a continuación fundar el Centro Democrático y Social (CDS), que logró entrar en el Congreso de los Diputados con 2 diputados y 604.309 votos.[25][26][27]​ No obstante, los dos escaños obtenidos por el CDS constituían un resultado muy magro para Suárez.[27]

El Partido Comunista de España (PCE) también sufrió una importante debacle electoral, en buena medida consecuencia de sus disputas y disidencias internas.[29][27]​ El liderazgo de Carrillo y la política oficial del partido hacía tiempo que eran criticadas desde numerosos sectores. Esta situación se tradujo en la pérdida de más un millón de votos y 19 diputados, obteniendo tan solo cuatro escaños. Esto dejó al partido prácticamente barrido de la escena política. Incluso el otrora poderoso PSUC, la sección catalana del PCE, se vio afectado por las disidencias internas[nota 3]​ y apenas si obtuvo un diputado (dentro del grupo del PCE). Tras los pésimos resultados, un mes después —en noviembre— Carrillo dimitió de la dirección del PCE, abriendo con ello una nueva etapa en el partido.[30]

Los partidos nacionalistas y regionalistas mantuvieron prácticamente idéntica su representación parlamentaria con respecto a las elecciones de 1979. La coalición nacionalista catalana Convergència i Unió (CiU) fue la que más mejoró sus resultados, consolidando su grupo parlamentario con cuatro diputados más y 772.726 votos. La excepción fue el Partido Socialista de Andalucía-Partido Andaluz (PSA-PA), que en estas elecciones no obtuvo ningún diputado y con ello quedó fuera del parlamento.[27]

La extrema derecha, en contraposición con lo ocurrido en 1979, volvió a acudir a los comicios desunida y muy enfrentada entre sí.[nota 4]​ Blas Piñar y Fuerza Nueva no lograron revalidar el escaño obtenido por la Unión Nacional 3 años antes, como tampoco lo consiguió el resto de fuerzas de extrema derecha.[27]​ Curiosamente uno de los cabecillas del 23-F, Antonio Tejero, fundó su propio partido político con el que concurrir a las elecciones, aunque fue un fracaso dado que obtuvo 28.451 votos (0,14%) y ningún escaño.[31]​ A partir de 1982 la extrema derecha española entró en una crisis de la que no se recuperaría hasta la entrada en el Congreso con 24 parlamentarios del partido ultraderechista VOX tras las elecciones del 28 de abril de 2019.[32]

Otro récord en términos electorales conseguido en estas elecciones, fue el porcentaje de participación que rozó el 80%, el cual constituye una de las cifras de participación más altas conseguidas en unas elecciones generales desde el final de la dictadura franquista y la restauración de la democracia.

Con este resultado, calificado como de auténtico «terremoto electoral», el sistema de partidos experimentó un vuelco radical pues del bipartidismo imperfecto (UCD/PSOE) de 1977 y 1979 se había pasado a un sistema de partido dominante (el PSOE).[33]​ Las elecciones de 1982 han sido consideradas por la mayoría de los historiadores como el final del proceso de transición política iniciado en 1975. En primer lugar, por la elevada participación que se produjo, la más alta de las registradas hasta entonces (79,8 %), lo que revalidó el compromiso de los ciudadanos con el sistema democrático y demostró que la vuelta atrás que defendían los sectores involucionistas no contaba con ningún respaldo del pueblo. En segundo lugar, porque por primera vez se producía la alternancia política propia de las democracias, gracias al libre ejercicio del voto por los ciudadanos. En tercer lugar, porque accedía al gobierno un partido que nada tenía ver con el franquismo, ya que en origen era uno de los vencidos en la guerra civil.[25]​ El nuevo sistema de partidos se vio confirmado en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 1983 que de nuevo supusieron un triunfo arrollador del PSOE, ya que 12 de las 17 comunidades autónomas pasaron a estar regidas por socialistas —por mayoría absoluta en 7 de ellas—[34]​, mientras que siguieron ostentando las alcaldías de las principales ciudades. Solo los gobiernos autonómicos de Galicia, Cantabria y Baleares (de Alianza Popular), y de Cataluña (de CiU) y el País Vasco (del PNV), escapaban al control socialista.[35]

a En coalición con el Partido de Acción Democrática (PAD) de Francisco Fernández Ordóñez.
b De ellos, 25 del PSC-PSOE y 5 del PAD.
c Incluye a Unión del Pueblo Navarro (UPN), Partido Aragonés Regionalista (PAR), Unió Valenciana (UV) y liberales independientes.
d De ellos 84 de AP, 14 de del PDP, 2 de UPN, 2 del PAR, 2 de UV y 2 liberales independientes. De ellos, 1 más de UCD, elegido en las listas por el País Vasco, donde se presentaron en coalición AP, PDP, PDL y UCD; posteriormente se integra en el Grupo Parlamentario de UCD.
e Respecto a Coalición Democrática en 1979.
f Incluye a Centristes de Catalunya-UCD.
g De ellos, 1 correspondía al PSUC.
h De ellos 8 de CDC, 3 de del UDC y 1 independiente.
i Respecto a Unión Nacional en 1979.

El jueves 2 de diciembre de 1982 Felipe González fue investido Presidente del Gobierno con 207 votos a favor, una mayoría absoluta que pasó a la historia como "el rodillo"[36]​ y que se mantiene como el registro de mayor apoyo parlamentario a un candidato en una sesión de investidura. La investidura de Felipe González estaba tan garantizada que el diputado socialista y Presidente del Congreso, Gregorio Peces Barba, se permitió la insólita libertad de abstenerse, siendo esta la primera y única vez en la democracia española en la que un diputado presente en la votación no votó a favor del candidato de su partido.[37]

Artículo 100.



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