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Guardamar del Segura



Casa Consistorial de la localidad

Guardamar del Segura (en español antiguamente hasta 1916 Guardamar)[3]​ es una ciudad y municipio costero de la provincia de Alicante, en la Comunidad Valenciana, España. Situado en la costa sureste de la provincia, forma parte de la comarca de la Vega Baja del Segura. Cuenta con 15 058 habitantes (INE 2018).

En su término municipal se encuentra la desembocadura del río Segura; la localidad es también conocida por su pinar, plantado a principios del siglo XX para frenar el avance de las dunas móviles litorales, que hasta ese momento invadían los campos de cultivo aledaños.

El centro del casco urbano de Guardamar se encuentra a dos kilómetros al sur de la desembocadura del río Segura, que desemboca en el Mediterráneo en su término municipal. Oficial y tradicionalmente ha formado siempre parte de la comarca de la Vega Baja del Segura.

Su término municipal cuenta con 11 km de costa, en el que se encuentran de norte a sur:

Este espacio forestal tiene 800 hectáreas de extensión y en su origen fue un conjunto de dunas de arena móviles, que fueron fijadas a través de la plantación de diversas especies vegetales como agaves, pinos, palmeras, cipreses o eucaliptos.

En la zona siempre había existido un denso pinar, pero en el siglo XVIII fue talado para construir barcos de guerra[5]​ sin ser nunca repoblada. La desertificación consecuente impide fijar los sedimentos del río Segura y la arena proveniente del mar, que arrastrados por el viento de levante forman dunas que en 1896 comienzan a invadir la parte norte del pueblo, amenazando varias viviendas y parte de la huerta.

El 2 de diciembre de 1897 se aprobaba por Real Orden el Proyecto de Defensa y Repoblación de las Dunas de Guardamar (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial, la primera versión y la última).. El ingeniero de montes Francisco Mira y Botella aborda la tarea de fijar las dunas, utilizando el llamado método Bremontier. Comienza por plantar líneas de barrón y juncos, protegiendo el espacio con brozas de pino carrasco, hasta formar empalizadas de 80 cm de alto. A medida que las arenas la van enterrando, se planta una nueva serie, hasta que se forma una contraduna de 4 metros de alto. Entonces se sustituye los cañizos por agaves, que van creciendo al compás de la duna, y se van plantando las vertientes. Con ello se logra detener la arena proveniente del mar.[6]

Una vez logrado esto, debe repoblar las dunas entre Elche y Guardamar. En el proceso se repueblan 700 hectáreas con 600.000 pinos (principalmente pino carrasco), 40.000 palmeras y 5000 eucaliptos. De las especies herbáceas, se plantan hierba mora, esparceta y pegamoscas, siendo esta última la que proporcionó mejores resultados. Se construyeron 8 km de caminos, 14 km de contradunas, 3 viveros, 3 casas forestales, y almacenes. En todos estos trabajos se invirtieron 647.000 pesetas, cantidad que el ingeniero creyó inferior al valor de los edificios y tierras que se salvaron.[7]

El proceso es visitado por el Director General de Agricultura, Minas y Montes en 1911 y por Alfonso XIII en 1923, lo que contribuye a divulgar el éxito de la intervención.[7]​ En 1929 se finaliza el proceso dando lugar a la actual masa forestal consolidada al lado del mar. Esta pinada, dividida en dos parques denominados Parque de Alfonso XIII y Parque Reina Sofía, se extiende entre el centro de la ciudad y las playas de Babilonia y de los Viveros.

Uno de los legados del proceso a la villa es la fiesta del árbol en la que se realizan plantaciones en la pinada desde 1902. Originariamente reservada a escolares supervisados por el maestro del pueblo, pervive hoy en día con el respaldo del Ayuntamiento de Guardamar. Se celebra el 31 de enero de cada año[8]

En el término municipal de Guardamar del Segura se encuentran varios restos arqueológicos de la Prehistoria e Historia Antigua, como un yacimiento fenicio del s. VIII a. C. y otro íbero donde se descubrió la Dama de Guardamar.

En 2021 se encontraron restos de una villa romano en la playa.[9]

Posiblemente el nombre de Guardamar en época árabe era Almodóvar, siendo los andalusíes quienes fortificaron la población y fundaron, en el año 944, una rábita califal que es considerada una de las más antiguas de España.

Hacia 1244 Alfonso X el Sabio reconquistó la zona para la Corona de Castilla, manteniendo a la población musulmana. Sin embargo, una sublevación general mudéjar en el reino de Murcia en el 1264 tuvo como represalia la expulsión de los musulmanes de la población. Unos años después, hacia 1277, Alfonso X fundó la villa cristiana de Guardamar a la altura del actual castillo. El rey la creó como municipio independiente con las mismas leyes de gobierno que la ciudad de Alicante (el Fuero de Alicante). Posteriormente, en 1296 el rey Jaime II de Aragón ocupó militarmente el sur de la provincia de Alicante, y a partir de 1304, por la Sentencia arbitral de Torrellas, pasó definitivamente a la Corona de Aragón incorporándose al Reino de Valencia y organizándose políticamente dentro de la Gobernación de Orihuela. En Guardamar se mantuvo la legislación anterior y los privilegios de la Villa de Guardamar. Además, el municipio obtuvo el rango de Villa Real, es decir, era propiedad directa del rey, y estaba fuera del régimen de señorío aristocrático, por lo que tenía representación directa en las Cortes dentro del Brazo Real.

En una incursión efectuada por los granadinos al frente de Rebdán o Redwan (fundador de la cercana población de Redován) en 1331, cuyo objetivo consistía en atacar Orihuela, la población fue saqueada y capturados 1200 cautivos. Posteriormente (1358-1359), durante la Guerra de los Dos Pedros entre Castilla y Aragón, el castillo fue incendiado. En castigo por su débil oposición a las tropas castellanas, Pedro el Ceremonioso le suprimió al municipio su condición de Villa Real y su autonomía, pasando a ser desde aquel momento una aldea de Orihuela. Todas estas circunstancias creaban dificultades para mantener una población estable a lo largo del siglo XIV. Los habitantes del Guardamar medieval se dedicaban principalmente a la pesca, la explotación de la sal, y en menor medida a la agricultura, mientras que la ganadería, más importante, estaba en manos de ganaderos oriolanos. Existía también una población flotante de contrabandistas, forajidos y corsarios, que se aprovechaban de la situación marginal de la villa.

Este situación empezó a cambiar cuando en 1400 Martín el Humano le concedió Carta Puebla la cual, unida al aumento del terreno cultivable permitió un crecimiento importante de la población. En 1558, para defender la villa de los ataques berberiscos se reforzó la muralla; en 1692, tras numerosos pleitos con Orihuela y el pago de una cuantiosa suma, Carlos II rehabilitó al municipio el título de Villa Real. Durante la Guerra de Sucesión apoyó a Felipe V de Borbón, por lo que sufrió el ataque y el saqueo de los austracistas.

El siglo XVIII fue, como el resto de la comarca, un siglo de crecimiento basado en la agricultura. El cardenal Belluga compró 13 000 atahúllas (unas 15 hectáreas) del término de Guardamar para su proyecto de las Pías Fundaciones; en 1770 se segregó del término guardamarenco el lugar de Rojales para constituirse en municipio independiente.

A comienzos del siglo XIX un pequeño grupo de liberales al mando de los hermanos Bazán desembarcó y ocupó la villa, proclamando la Constitución de 1812 con la esperanza frustrada de que toda la Vega Baja se alzase contra Fernando VII.

En 1829 un importante terremoto causó numerosos muertos, dejó sin techo a más de tres mil personas en toda la comarca y destruyó la villa medieval, lo que obligó a la planificación de un nuevo casco urbano: el nuevo Guardamar se planificó con un criterio de urbanismo neoclásico (calles rectas y perpendiculares orientadas de norte a sur y tres plazas dispuestas simétricamente) y un diseño de viviendas con una finalidad de prevención contra los terremotos (casas bajas con patios amplios). El emplazamiento antiguo fue usado como cantera para la construcción de las nuevas viviendas.

A principios del siglo XX se plantó el pinar de Guardamar para frenar el avance de las dunas y se volvió a ampliar la superficie de regadío del término. La década de 1950 saludó los primeros balbuceos del turismo que, con el paso de los años, se ha convertido en el principal motor de crecimiento urbano y demográfico de Guardamar.

Guardamar lleva presentando un fuerte crecimiento demográfico desde los años ochenta, alcanzado los 16.863 según el censo INE 2011. Un 40,4% de sus habitantes es de nacionalidad extranjera, principalmente procedentes de otros países del continente europeo.[10]

El turismo es el gran dinamizador de la economía local. También tienen importancia la construcción y la agricultura de regadío. El cultivo de la "ñora" es tradicional y emblemático de Guardamar, así como el del melón, el limón y la naranja. La pesca de langostinos y angulas constituía una actividad tradicional y artesanal hoy en día prácticamente desaparecida y sustituida por el cultivo en piscifactorías situado en el propio mar. En industria cabe destacar la fábrica de baterías para automóviles de Johnson Controls-Varta (denominada Johnson Controls Autobaterías) situada en el norte del término.[12]

Actual distribución del Ayuntamiento

Es el municipio más meridional donde se habla valenciano. Esta lengua tiene rango cooficial junto al español, en el municipio, y es utilizado por tanto en la administración local.

Las características del valenciano en Guardamar son las propias del dialecto meridional, comunes a los pueblos situados al sur de la línea Biar-Busot. Además, debido a su condición de isla lingüística, el habla de Guardamar posee numerosas características propias, especialmente en el léxico, en las que es patente la influencia del dialecto murciano, hablado en el resto de la Vega Baja del Segura.

Al igual que en otras zonas de la Comunidad Valenciana, el uso del valenciano ha ido decreciendo durante todo el siglo XX. Las razones que explican este proceso son de distinta índole. Por un lado se encuentran las políticas, en concreto la prohibición del valenciano en las esferas de la vida pública durante el largo periodo de la dictadura. En este sentido, la llegada de la democracia ha permitido realizar campañas y medidas de revitalización del uso del valenciano por parte de la población local. El sistema educativo, en manos de la administración autonómica valenciana, también ha contribuido en este sentido integrando la enseñanza del valenciano en el currículum general para todo el alumnado.

Otra de las razones que han acentuado este proceso de abandono del valenciano es el hecho de que Guardamar constituye una isla lingüística rodeada de poblaciones cercanas de predominio lingüístico castellano, de los 27 municipios que componen la comarca de la Vega Baja en ninguno se habla valenciano excepto en Guardamar; es preciso resaltar que esta situación siempre tuvo una importancia limitada: A pesar de ser un núcleo valencianohablante aislado, el pueblo de Guardamar siguió utilizando el valenciano al margen del devenir político e histórico del país, desde finales del siglo XIII hasta hace unas pocas décadas; este es un fenómeno que se repite en otras zonas de la comunidad.

La razón fundamental de este cambio de tendencia en favor del castellano es el desarrollo turístico y económico de la zona, que ha multiplicado la población del municipio, atrayendo desde hace más de cuarenta años a una gran población inmigrante estable y a un número aún mayor de veraneantes procedentes de otras partes de España y del resto de Europa. Según los datos del censo de habitantes de 1991, un 41,8% de la población de Guardamar del Segura sabía hablar valenciano y solo el 20,5% de la población era capaz de leerlo.[13]


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