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Reino de Valencia



Reino de la Corona de Aragón y parte de la Monarquía Hispánica

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El Reino de Valencia[1]​ (en valenciano Regne de València) fue un reino dentro de la Corona de Aragón. Abarcó desde la reconquista de la taifa de Valencia en 1238 por parte de Jaime I el Conquistador, rey de Aragón y conde de Barcelona, hasta 1707, año en que con la promulgación de los Decretos de Nueva Planta para los reinos de Aragón y Valencia sus instituciones fueron abolidas y sus fueros sustituidos por los castellanos; desde esa fecha hasta la división territorial de España en 1833 acometida por Javier de Burgos, el reino de Valencia mantuvo ese nombre como territorio dentro de las diferentes administraciones de la España de los Borbones.[2]

Tras la conquista inicial fue ampliado hacia el sur de la línea Biar-Busot. Jaime I inicia la repoblación del reino con repobladores provenientes de otros territorios de la Corona de Aragón, mayoritariamente catalanes,[3]​ si bien el componente aragonés estuvo presente en todas las comarcas y fue mayoritario en muchas de ellas.[4][5]​ En 1261 se proclaman los Fueros de Valencia (Els Furs), a partir de los cuales el territorio conquistado se constituía como un reino en sí mismo,[3]​ integrado dentro de la Corona de Aragón pero con entidad jurídica y administración propias, al mismo nivel que los demás territorios integrantes de la corona. La creación del reino provocó una iracunda reacción de la nobleza aragonesa, que veía así imposible la prolongación de sus señoríos hacia las tierras valencianas.[4]

Tras haber sido la cuna de la cultura íbera, y receptora de diferentes culturas antiguas (fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos, musulmanes, etc.), en el año 1233 el rey Jaime I el Conquistador inicia la conquista del territorio valenciano marcado entonces por cinco siglos de presencia de los sarracenos: los reinos taifas de Balansiya, Alpuente, Denia y Murcia.

Una vez conquistadas las Islas Baleares, los esfuerzos militares de Jaime I se redirigieron hacia los territorios islámicos del sur. En el año 1233 se planificó la campaña de Alcañiz, desarrollada en tres etapas:

El año 1283 el rey Pedro III de Aragón autoriza la instalación del Consulado del Mar en Valencia, siendo este el primero de España.

En 1305 sería dividido este reino quedando para Castilla la zona occidental, que constituiría dentro de la corona castellana el Reino de Murcia, y para Aragón la zona oriental, que pasaría a formar parte del Reino de Valencia, en virtud a la Sentencia Arbitral de Torrellas y el Tratado de Elche.

El reino era, al principio, de mayoría mudéjar, musulmana y mozárabe. Con la conquista, el reino de Valencia recibió cristianos principalmente de la Corona de Aragón y Navarra, pero también de otros países europeos. El proceso de poblamiento del Reino de Valencia fue un proceso largo que no acabará hasta el siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos. La población del Reino de Valencia, desde el principio, era de origen diverso, si bien el grueso de los repobladores provenía de Cataluña y Aragón, que se repartieron en porcentajes desiguales en cada comarca.[4][5]​ En menor medida, también acudieron repobladores de otras procedencias, la mayoría de los cuales era de origen castellano.[4][5]

Estas poblaciones, junto con los judíos, dieron como resultado una sociedad multiconfesional y multicultural, siendo los cristianos quienes tenían plenos derechos en comparación con el resto de las culturas. Estos mismos crean las bases de un sistema económico aprovechando las infraestructuras árabes existentes (azudes, bancales, sistemas de riego, mezquitas, torres de vigilancia, etc.), así como los productos agrícolas asentados (cítricos, pasas, almendras, arroz, chufa, hortalizas, palmeras, etc).

A pesar de compartir rey con los territorios de la Corona de Aragón (Reino de Aragón, Reino de Mallorca y Condados catalanes), el rey Jaime I instaura los fueros de Valencia, fundando de esta manera un reino con identidad política propia, con sus propias instituciones, con su moneda, administración, y aranceles. Estos fueros se mantendrían hasta 1707, con la centralización borbónica.

Entre 1356 y 1365, los reyes Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón se enfrentaron en una cruenta guerra que tuvo su escenario principal en el Reino de Valencia, debido al interés del monarca aragonés de controlar el Reino de Murcia. Ciudades como Alicante estuvieron sitiadas durante varios años, y como premio a su valentía por resistir dos veces el asalto de los castellanos, la ciudad de Valencia recibió las dos "L" de su escudo (doblemente leal), y a su bandera real se le concedió la corona real. De esta concesión nació la bandera valenciana que ha llegado hasta nuestros días. Durante esta guerra, además, las poblaciones de Villena y Sax, que habían pasado a Valencia mediante la Sentencia de Torrellas en 1304 (aunque se mantenían en el castellano Señorío de Villena), serían devueltas a Castilla y no regresarían a Valencia hasta el siglo XIX.

Asimismo, el Reino de Valencia financia económicamente la expansión de la Corona de Aragón durante los siglos XV y XVI, por lo que alcanza su máximo esplendor durante el Siglo de Oro, gracias al consecuente comercio marítimo con los nuevos territorios extra peninsulares de la Corona (Cerdeña, Sicilia, Nápoles, etc.) y la creación de la Taula de Canvis, la primera bolsa de valores de la historia. Esta época coincide, además, con una explosión literaria notable en valenciano, siendo una de las primeras sociedades en entrar en la época del Renacimiento, con importantes escritores, humanistas y filósofos.

Con la unión dinástica efectiva de la Corona de Castilla y de la Corona de Aragón en el emperador Carlos I, el Reino de Valencia sigue manteniendo su independencia política. No obstante, el reino empieza a verse sometido a la presión de una política cada vez más centralista por parte de la hegemonía de la Corona castellana, dando lugar a importantes conflictos sociales como las Revueltas de las Germanías de los gremios y agricultores valencianos contra diversos virreyes y lugartenientes. Otro problema importante es la drástica reducción demográfica, hasta un tercio de la población, como consecuencia de las diferentes expulsiones de judíos y moriscos del Reino, lo cual hace que su economía entre en una grave crisis debido, principalmente, a la falta de mano de obra barata que había con la población morisca valenciana (denominados tagarins), y a la fuga de capitales y activos acumulados por los sefarditas.

En 1700, con la muerte de Carlos II, fue proclamado rey de Castilla y de Aragón Felipe de Anjou, lo que provocó la Guerra de Sucesión Española. La Corona de Aragón se puso de parte del archiduque Carlos, el otro pretendiente. La resistencia del Reino de Valencia se concentró especialmente en Játiva, Denia, Altea y Alicante, que fueron incendiadas en repetidas ocasiones (de ahí el gentilicio socarrats, "quemados" en castellano, propio de la ciudad de Játiva), y su población masacrada. Cuando la guerra terminó, Felipe V promulgó los Decretos de Nueva Planta, por los que quedaban abolidas todas las instituciones de la Corona de Aragón y de los Reinos que la componían, que desaparecían y se integraban en la Corona de Castilla, haciéndose los fueros de este último reino extensivos para todo el territorio; no obstante, para ser asimilada a la legislación y sistema político castellanos, el rey tuvo que sofocar numerosas sublevaciones y revueltas sociales a lo largo del territorio dirigidas por excombatientes del bando de los austrias, los migueletes.

El Reino de Valencia estuvo dividido en dos gobernaciones desdel siglo XIV, la de Valencia y la de Orihuela. La Gobernación de Valencia estaba dividida en tres territorios: la Gobernación de Játiva o dellà Xúquer, para la zona comprendida entre Jijona y el Júcar, la Gobernación de Castellón o dellà Uixó, para el territorio al norte del Uixó, y el gobernador de Valencia que tenía jurisdicción entre el Júcar y el Uixó, además de la supervisión de sus lugartenientes en Játiva y Castellón.

En 1520, manteniendo las gobernaciones, que perdieron gran parte de su importancia política, se estableció el virreinato de Valencia con el nombramiento de Diego Hurtado de Mendoza y Lemos, que fue el detonante de la Guerra de las Germanías.

Los diferentes ataques que manifestaban la debilidad de la defensa del litoral hizo crear en 1594 el Batallón de la Milicia Efectiva del Reino de Valencia, un ejército defensivo del reino, con diez mil hombres destinados a responder a cualquier ataque; pero con la expulsión de los moriscos en 1609 y el apoyo e información que daban los asaltantes, la cantidad y virulencia de los ataques bajó, y el batallón fue también reduciendo su tamaño con los años.


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