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María de Zayas y Sotomayor



María de Zayas Sotomayor (Madrid, 12 de septiembre de 1590 - después de 1647), fue una escritora española del Siglo de Oro. Sus novelas cortas tuvieron gran éxito y se siguieron reimprimiendo hasta que en el siglo XVIII la Inquisición decidió prohibirlas. Fue, junto a Ana Caro de Mallén y sor Juana Inés de la Cruz, una de las tres grandes escritoras del siglo XVII español. Está considerada como una de las representantes del feminismo premoderno en España.[1]

Fue bautizada en la parroquia de San Sebastián en Madrid el 12 de septiembre de 1590; sus padres pertenecían a la baja nobleza: Fernando de Zayas y Sotomayor y María Catalina de Barrasa. Él era capitán de infantería y en 1628 obtuvo el hábito de la Orden de Santiago.[2]​ Por estar al servicio del conde de Lemos, la familia se vio sometida a continuos traslados que se reflejaron en la obra de María. Estuvieron en Nápoles cuando el conde desempeñó allí el cargo de virrey. Existen pocos datos más sobre su vida.

Tuvo amistad con la también escritora Ana Caro de Mallén, con quien se especula pudo residir en Madrid.

Aunque tenía su residencia habitual en Madrid, se ha especulado sobre otros lugares de residencia en relación con la publicación de sus obras. Es posible que residiera en Zaragoza, pues allí publicó la primera parte de sus Novelas ejemplares y amorosas (1637); diez años después, en Madrid, se publicó Parte segunda del sarao y entretenimiento honesto (desengaños amorosos). También es posible que residiera en alguna ocasión en Sevilla o Granada, o incluso en Barcelona, según Kenneth Brown, pues este encontró alusiones a la autora en el Vexamen de 15 de marzo de 1643 del poeta barcelonés Francesc Fontanella, así que es muy posible que residiera allí en 1643. Otros datos relativos a la reimpresión de algunas de sus obras le llevan a afirmar que, o bien regresó a Barcelona hacia 1647, o bien nunca se marchó de allí.[3]

Por su parte, María José Martínez indica la posibilidad de que María de Zayas y Madame de Sévigné se hubiesen conocido porque

Pero esta opinión no es muy plausible: Paul Scarron plagió a casi todos los autores relevantes del barroco español.

Los restantes datos son aún más dudosos y se fundan en las presuntas alusiones autobiográficas de los textos publicados por la autora, con particular predilección por su feminismo, que es completamente real y cierto. Un feminismo premoderno, como solo era posible entonces. Unos deducen que lo impulsa un mero desengaño personal y se trata de simple antimachismo,[5]​ y otros, más centrados en la genealogía del feminismo, señalan su denuncia de la opresión que sufren las mujeres y del trato que reciben por parte de los hombres.[6]

A partir de 1647 no hay datos sobre ella, ni nuevas publicaciones, solo reimpresiones. No hay certeza respecto al lugar y fecha de su fallecimiento pues, aunque existen dos partidas de defunción a nombre de María de Zayas, una del 19 de enero de 1661 y la otra de 26 de noviembre de 1669, pero ninguna corresponde a la novelista.[7]

En 2019 se publicó un estudio firmado por Rosa Navarro Durán[8]​ donde afirma que la autora es solo un heterónimo de Alonso Castillo Solórzano. Este hipótesis, sin embargo, ha sido rechazada por otros investigadores, como José Manuel Fradejas,[9]​ a través del análisis estilométrico muy concluyente de la obra de la autora en comparación con textos de Castillo Solórzano con parámetros estandarizados realizados en estudios similares para clarificar casos de autoría (MFW, culled 0 %, culled 50 % - 100 %, 1-gram, 2-gram).

La primera parte de sus Novelas amorosas y ejemplares o Decamerón español (Zaragoza, 1637) está formada por diez novelas cortesanas en que analiza los estratos sociales superiores de su época, con visible influencia de Miguel de Cervantes.[10]

Del Decamerón de Giovanni Boccaccio toma la fórmula del marco narrativo: la reunión por culpa de una enfermedad (en vez de la peste, unas cuartanas de Lisis) de unos personajes que, a lo largo de cinco noches narran en cada una de ellas dos novelas de gran crudeza.

Frente a otros novelistas contemporáneos, no pretende exhibir su ingenio cortesano complicando el estilo con expansiones y ornamentos culteranos, ni se hace pasar por moralista sermoneando a la manera de Mateo Alemán: le interesan más la amenidad narrativa y la descripción psicológica de los personajes y de los ambientes en que se mueven. Además, hay un fuerte componente de denuncia social: su revelación de injusticias indignantes reflejan una fuerte independencia y un recio orgullo femenino, sin ahorrar crudeza en las escenas escabrosas. Además refleja como nadie los efectos demoledores y opresivos de la pasión.

La segunda serie lleva el título de Novelas y saraos (Barcelona, 1647) y Parte segunda del Sarao y entretenimientos honestos (1649), reeditados bajo el título de Desengaños amorosos. Solo se diferencia de la primera en que aumenta la truculencia y escabrosidad de los argumentos.

Compuso además una comedia, La traición en la amistad, y se conservan algunas poesías suyas en diversas antologías (Botello, Montalbán, Cuevas, Del Castillo) así como en la Fama Póstuma donde Juan Pérez de Montalban recogió elogios del mundo de la cultura al recién fallecido fénix Lope de Vega. No son testimonios suficientes para hacerse una idea de a qué grado habría podido llegar su teatro ni sobre todo su poesía, pues temas tan baladíes como los de circunstancias vedan la conjetura. El valor esencial de Zayas se centra en la fuerza de sus creaciones narrativas y su flexible prosa, absolutamente libre de los usuales elementos morales que lastran a los demás novelistas de su época, con el solo precedente de Miguel de Cervantes, de forma que se le puede llamar con justicia la segunda mejor narradora "pura" de su época en frescura y novedad, y como el gran alcalaíno no tendrá tampoco epígonos. De su época extrae el gusto morboso por la violencia, la crueldad, la magia y los encantamientos, pero se separa de ella en la interpretación moral que hace de los hechos y que en ella no es tanto moraleja como el escarmiento derivado de los hechos mismos. Este distanciamiento, y sus virtudes de escritora, constituyen lo sustancial de su eficacia literaria.

Se aproxima a veces a la narrativa picaresca con una crudeza que no desmerece del Buscón de Quevedo; tampoco queda atrás cuando cultiva el género de la novela bizantina cervantesca en La fuerza del amor o El prevenido engañado. Pero quizás lo que más sorprende en ella es la insólita desenvoltura con que se comportan los personajes femeninos en el aspecto sexual y amatorio: desde la que persigue a un hombre que ve por el balcón hasta la que guarda un amante negro en el establo hasta devorarlo sexualmente «antes de infinitos adulterios». No en vano, en el siglo XVIII la Inquisición prohibió reimprimir sus novelas.

Aunque hay mujeres que terminan mal por la liberalidad con que se entregan, no son todas. Es también notable cuán poco contemplan su decoro personal o familiar cuando siguen sus impulsos, que es casi siempre: sus personajes son absolutamente pasionales. Al hilo de diálogos sobre los distintos narradores en torno a la discreta Lisis, María de Zayas critica (con la misma libertad que muestran sus personajes) todas las ideas de la época sobre la honra y la virtud que, en su opinión, tanto perjudicaban a las mujeres. Así, en una frase que recuerda las de sor Juana Inés de la Cruz, dice Lisis a un galán que proclamaba su deseo de encontrar mujer tonta y honrada:

De la burla picaresca abonada al tremendismo en la primera serie novelesca pasa en la segunda al motivo barroco por excelencia: el desengaño, que expresa a veces la injusta burla de las mujeres por los hombres y otras refleja una frustración casi metafísica por la imposibilidad de que los sexos puedan vivir lealmente y en armonía: tan distintas son las fuerzas que los gobiernan. En La esclava de su amante, La inocencia castigada, El verdugo de su esposa o Mal presagio casar lejos existe una pura fatalidad, un hado siniestro que domina las vicisitudes amorosas. De la carcajada en El castigo de la miseria se pasa a la honda melancolía y pesar de Estragos que causa el vicio, última narración y despedida aparente de la autora. No hay dignidad en el amor:

Lisis entra en un convento al final de las novelas y por ello muchos de sus críticos y editores han supuesto que ese fue el destino último de doña María de Zayas. Azorín se la imaginaba en una buhardilla madrileña, mirando los tejados lluviosos y los gatos vagabundos.

El estilo de María de Zayas rehúye los excesos retóricos propios del culteranismo, tal como declara en la última novela de Desengaños amorosos:

Lope de Vega

Lope de Vega la elogia en la silva VIII de su El laurel de Apolo, a lo que ella correspondió homenajeándolo en un soneto.

Alonso Castillo Solórzano

«Sibila de Madrid» la llama en La Garduña de Sevilla Alonso de Castillo Solórzano:

Francesc Fontanella

Francesc Fontanella, poeta barroco catalán, leyó un Vexamen o sátira literaria en verso en la Academia de Santo Tomás de Aquino de Barcelona. Siguiendo la costumbre, el poeta debía crear un mundo fantástico que facilitara las pullas contra socios e invitados. En esta ocasión, los ridiculizados fueron los poetas contemporáneos de Fontanella, María de Zayas entre ellos.[11]​ Kenneth Brown asegura que el poeta

En Desengaños, además de tratar la belleza conforme a los cánones del preciosismo, María de Zayas hará decir a una de las narradoras, Lisis:

Emilia Pardo Bazán

Durante largo tiempo oscurecida por la crítica, Emilia Pardo Bazán reivindicó su obra definiéndola como la picaresca de la alta sociedad del Siglo de Oro y resaltó algunos pasajes en que apercibió su feminismo:

Para María de Zayas, "las almas no son hombres ni mujeres". Era muy aficionada a la lectura, como dice en el prólogo "Al que leyere" de Novelas amorosas y ejemplares:

El feminismo premoderno es, en la genealogía del feminismo, un primer bloque histórico en el aparecen las “primeras polémicas feministas” y se articulan, tanto en la teoría como en la práctica, un conjunto coherente de reivindicaciones para cuyo logro se organizan las mujeres.[13]​ Ya en 1922 Lena E. V. Sylvania escribía todo un capítulo sobre feminismo en su estudio de María de Zayas.[14]​ En 1976 Frederick A. de Armas, incluyó a María de Zayas entre las escritoras feministas que utilizaron el mito de la mujer invisible.[15]Andrea Blanqué, citando a Sandra Foa,[16]​ sitúa la obra de María de Zayas en la polémica “misoginia-feminismo premoderno". Las denuncias que hacen las protagonistas de sus novelas tienen una finalidad de cambio social para lo que no es suficiente entretener. Zayas insiste en que son verdades lo que se relata, en la segunda parte de su obra que llama "Desengaños". Son verdades para el desengaño.[17]​ En el mismo sentido, María José Martínez Girón, que considera que María de Zayas es una feminista apasionada, afirma que pretende llamar la atención sobre las limitaciones que la sociedad de su tiempo imponía a las mujeres.

Rosa Navarro Durán[18]​ analiza en la obra de María Zayas, las descripciones de la belleza y hermosura femenina en relación a cómo se ha atribuido a esta belleza la causa de todos los males sociales. No obstante, Zayas se esfuerza por un lado en advertir a las mujeres que son víctimas de los engaños de los hombres y por otro, a través de otra de las narradoras de sus novelas, Zayas afirma respecto a los afeites de las mujeres que:

En opinión de Rosa Navarro Durán, la hermosa Filis, narradora del "Desengaño cuarto", encarna la voz apasionada de María de Zayas cuando dice:

Rosangela Schardong, citando a De Lara, afirma que Zayas es la primera feminista teorizante que conscientemente comenta la situación del sexo femenino en España.[19]​ Sin embargo, autores como Salvador Montesa advierten contradicciones en el feminismo de María de Zayas, pues defiende la igualdad entre los sexos, pero no a las mujeres y hombres oprimidos por la clase social a la que pertenecen. Melloni hace otra crítica al feminismo de Zayas por considerar que divide a las mujeres en dos estereotipos: buena y mala. Montesinos, además, está en la línea de quienes afirman que “todo es inventado”, que la pretendida verdad es un tópico más propio del género literario que mezcla lo mágico y lo sobrenatural presentándolo como real. Ambas críticas son contestadas por Andrea Blanqué indicando los sesgos derivados del cronocentrismo y aplicando la hermenéutica de la sospecha en ese interés “demasiado agudo” por negar la veracidad de los relatos. Insiste Blanqué en que esas verdades las cuenta María de Zayas para mostrar el engaño de la versión oficial de los hechos, que culpa de todos los males a la mujer.

Por su parte, Oliva Blanco Corujo[20]​ resalta en la obra de María de Zayas los aspectos en los que se adelanta a la defensa de las mujeres planteada por Benito Jerónimo Feijoo en su Discurso en defensa de las mujeres. La autora del Decamerón español denunció la injusticia de que a las mujeres no se les dieran estudios:

Según Nieves Baranda, Zayas era "plenamente consciente de su condición de mujer y escritora, obtuvo el reconocimiento de los círculos literarios de su tiempo y animó a las mujeres a reclamar el derecho a la cultura. Las protagonistas de sus novelas (cultas, valerosas, activas, inteligentes) cuestionan todos los estereotipos negativos habituales en la literatura de la época". Con Ana Caro de Mallén son los mejores ejemplos de escritoras profesionales en el Siglo de Oro. Por querer publicar escoge el género mejor para ello, el de la novela. Era muy popular entre las mujeres, asiduas lectoras y en dichas novelas les propone una visión del mundo que les haga reflexionar y tomar conciencia. Las múltiples voces que aparecen se prestan a que la autora haga su propia reflexión oculta tras una de ellas. Así sus mujeres son valientes, capaces e inteligentes [10]

Anna Caballé en su obra sobre "El feminismo en España. La lenta conquista de un derecho" señala que el prólogo de la primera colección de novelas cortas publicada en 1637 podría considerarse el primer manifiesto feminista en España por ser "claramente" un texto reivindicativo del derecho de la mujer al conocimiento. Compara su obra con las pioneras del feminismo universal y considera que "la diferencia radical entre estas autoras y Zayas estriba en la falta de cohesión, en la inmadurez que todavía presentan las ideas de la escritora madrileña".[1]

En los años 80, Televisión Española emitió una serie, El jardín de Venus, con algunos episodios basados en cuentos eróticos de María de Zayas. La historia principal se ambientaba en el siglo XIX o principios del XX: unas personas que descansaban en un balneario se reunían cada tarde en un jardín y disfrutaban de una sesión de cuentos, éstos sí, ambientados en otras épocas.



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