x
1

Rosa Luxemburgo



Rosa Luxemburgo (en inglés y alemán: Rosa Luxemburg,[1][2]​ en polaco: Róża Luksemburg;[3]Zamość, Zarato de Polonia, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919) fue una teórica marxista polaco-alemana de origen judío, posteriormente ciudadana alemana activa en Polonia y en Alemania.[1]

Una de los líderes del Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia, también militó en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD),[2]​ hasta que en 1914 se opuso a la aprobación de los socialdemócratas a los créditos para financiar la Primera Guerra Mundial.[4]​ Integró, desde entonces, el grupo internacional que, en 1916, se convirtió en la Liga Espartaquista, un grupo marxista que será luego el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico Die Rote Fahne (La Bandera Roja), junto con el alemán Karl Liebknecht. Sus libros más conocidos, y traducidos al castellano, son Reforma o revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del capital (1913) y La revolución rusa (1918), en el cual, si bien apoyándola, realiza una crítica a la misma, al sostener que la vía soviética no puede generalizarse a otros países.

Tomó parte en el frustrado Levantamiento Espartaquista[5]​ en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus propios consejos.[6]​ La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los Freikorps o 'cuerpos libres' (grupos de paramilitares reclutados por el Gobierno entre los combatientes recién desmovilizados de la Primera Guerra Mundial), en colaboración con el sector mayoritario del partido socialdemócrata entonces en el poder.[7]​ A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por dichos grupos.

Tanto Rosa Luxemburgo como Karl Liebknecht poseen una gran carga simbólica para el marxismo, especialmente en Alemania. Actualmente, el segundo o tercer domingo de enero de cada año, se celebra en Berlín el día de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, en recuerdo del asesinato de los dos dirigentes comunistas, ocurrido el 15 de enero de 1919.

Rosa Luxemburg nació el 5 de marzo de 1871, en Zamość, cerca de Lublin, en la Polonia entonces controlada por el Imperio ruso, en el seno de una familia de origen judío. Su padre fue Eliasz Luksenburg III, un comerciante maderero, y su madre Line Löwenstein, Rosa fue la quinta hija del matrimonio.[8]

Cuando tenía cinco años, le diagnosticaron, por error, una tuberculosis ósea (probablemente fuera una dislocación) y permaneció en cama con la pierna enyesada un año entero; al quitar el yeso descubrieron que una de sus piernas era más corta que la otra. A causa de esto fue afectada por una cojera permanente.[9][10]

Al mudarse a Varsovia, Rosa asistió a un liceo femenino (Gymnasium) desde 1880. Incluso a esa edad tan temprana, Rosa aparece ya como miembro del partido polaco izquierdista «Proletariat» desde 1886. Este partido se fundó en 1882, 20 años después de la aparición de los partidos obreros en Rusia, e inició su andadura política con la organización de una huelga general, tras la cual el partido fue desbaratado y cuatro de sus líderes condenados a pena de muerte. Algunos de sus miembros consiguieron reagruparse en secreto, uniéndose Rosa a uno de estos grupos.

En 1887 Rosa terminó la educación secundaria con un buen expediente, pero tuvo que huir a Suiza en 1889 para evitar su detención. Allí asistió a la Universidad de Zúrich junto a otras figuras socialistas, como Anatoli Lunacharski y Leo Jogiches, estudiando filosofía, historia, política, economía y matemáticas de forma simultánea. Sus áreas de especialización fueron la teoría del Estado, la Edad Media y las crisis económicas y de intercambio de existencias.

En 1890, la ley de Bismarck que prohibía la socialdemocracia fue derogada, lo cual permitió que un legalizado Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) consiguiera escaños en el Reichstag. En 1893, junto a Leo Jogiches y Julian Marchlewski (alias Julius Karski), fundaron el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza), oponiéndose a las políticas nacionalistas del Partido Socialista Polaco. Rosa Luxemburgo creía que una Polonia independiente solo podía surgir tras una revolución socialista en Alemania, Austria y Rusia. Mantenía que la lucha debía focalizarse en contra del capitalismo, y no en la consecución de una Polonia independiente, negando por lo tanto el derecho de autodeterminación de las naciones bajo el socialismo, lo cual causaría su posterior enfrentamiento con Lenin.

Junto con Leo Jogiches fundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia (SDKP), que posteriormente se convertiría en el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL) al unirse a la organización socialdemócrata de Lituania. A pesar de vivir durante la mayoría de su vida adulta en Alemania, Rosa Luxemburgo permanecía como la principal teórica de la socialdemocracia polaca, liderando el partido junto a Jogiches, su principal organizador.

En 1898, Rosa Luxemburgo obtuvo la ciudadanía alemana, al casarse con Gustav Lübeck, y se mudó a Berlín. Allí participó activamente con el ala más izquierdista del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), definiendo claramente la frontera entre su fracción y la teoría revisionista de Eduard Bernstein, atacándole en 1899 en un folleto titulado ¿Reforma Social o Revolución? La habilidad retórica de Rosa pronto la convirtió en una de las líderes portavoces del partido. Denunció repetidamente el creciente conformismo parlamentario del SPD frente a la cada vez más probable situación de guerra. Rosa insistió en que la crítica diferencia entre capital y trabajo solo podía ser contrarrestada si el proletariado tomaba el poder y se producía un cambio revolucionario en todo el contexto de los medios de producción.

Desde 1900, Rosa Luxemburgo expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa. Sus ataques al militarismo alemán y al imperialismo se volvieron más insistentes conforme vislumbraba la posibilidad de la guerra, e intentó persuadir al SPD de pronunciarse en la dirección opuesta. Rosa Luxemburgo quería organizar una huelga general que uniera solidariamente a todos los trabajadores y evitar la guerra, pero el líder del partido se opuso, lo que provocó su ruptura con Kautsky en 1910.

Entre 1904 y 1907 su trabajo se vio interrumpido a causa de tres encarcelamientos por motivos políticos. En 1904 estuvo presa dos meses por hacer propaganda contra los planes de guerra del gobierno alemán. En plena revolución en Rusia, Rosa viajó en diciembre de 1905 desde Alemania, donde residía, hasta Varsovia (en Polonia, que en ese entonces formaba parte del Imperio Ruso), donde también se desarrollaba la revolución. Fue detenida en marzo de 1906 y estuvo presa hasta junio. Se estableció hasta septiembre en Kuokkala (hoy Repino, Finlandia), desde donde se le facilitaba ir a San Petersburgo. Durante este período escribió el libro Huelga de masas, partido y sindicatos. Por su viaje a Rusia, cumplió condena de cárcel entre junio y agosto de 1907.

Sin embargo, Rosa Luxemburgo mantuvo su actividad política. En 1907 tomó parte en el V Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en Londres, donde se entrevistó con Lenin. En el Segundo Congreso Socialista Internacional en Stuttgart, presentó la resolución —que fue aprobada— de que todos los partidos obreros europeos debían unirse para evitar la guerra.

Por esos años, Rosa comenzó a enseñar marxismo y economía en el centro de formación del SPD en Berlín. Uno de sus alumnos fue el que más tarde se convertiría en líder del SPD y primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert.

En 1912, su cargo de representante del SPD la llevó a los congresos socialistas europeos como el que tuvo lugar en París. Ella y el socialista francés Jean Jaurès propusieron que, en el caso de que estallara la guerra, los partidos obreros de Europa debían declarar la huelga general. Al ocurrir el atentado de Sarajevo contra el archiduque Francisco Fernando y su mujer, el 28 de junio de 1914, a partir del cual la guerra ya parecía inevitable, organizó varias manifestaciones —por ejemplo en Fráncfort— llamando a la objeción de conciencia en el servicio militar y a no obedecer las órdenes. A causa de esto, fue acusada de «incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades» y sentenciada a un año de prisión. Su detención, sin embargo, no se produjo inmediatamente, lo que le permitió tomar parte en una reunión de la dirección socialista en julio, en la que confirmó que el sentimiento nacionalista de los partidos obreros era más fuerte que su conciencia de clase.

El 28 de julio, cuando el Imperio austrohúngaro le declaró la guerra a Serbia, comenzó la Primera Guerra Mundial. El 3 de agosto de 1914, el Imperio alemán entró en el conflicto, al declararle la guerra a Rusia. Al día siguiente, el Reichstag aprobó por unanimidad financiar la guerra con bonos de guerra. Todos los representantes socialdemócratas votaron a favor de la propuesta, e incluso el partido llegó a declarar una tregua con el gobierno, prometiendo abstenerse de declarar huelgas durante la guerra. Para Rosa Luxemburgo todos estos hechos fueron una catástrofe personal, que incluso la llevaron a considerar la posibilidad del suicidio: el revisionismo, al cual se había opuesto desde 1899, había triunfado y la guerra estaba en marcha.

Junto con Karl Liebknecht, Clara Zetkin y Franz Mehring, creó el grupo Internacional el 5 de agosto de 1914, el cual se convertiría posteriormente el 1 de enero de 1916 en la Liga Espartaquista. Escribieron gran cantidad de panfletos ilegales firmados como «Espartaco», emulando al gladiador tracio que intentó la liberación de los esclavos de Roma. Incluso la misma Rosa Luxemburgo adoptó el apodo de «Junius», tomado de Lucius Junius Brutus, el cual se considera fundador de la República de Roma tras deponer al último rey romano (509 a. C.).

El nuevo grupo rechazó el «alto el fuego» entre el SPD y el gobierno alemán del káiser Guillermo II por la cuestión de la financiación de la guerra, luchando vehementemente en su contra e intentando provocar una huelga general. Como consecuencia de ello, el 28 de junio de 1916 Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron sentenciados a dos años y medio de prisión. Durante su estancia en la penitenciaría fue trasladada dos veces, primero a Posen y posteriormente a Breslavia. Durante este tiempo escribió varios artículos usando el seudónimo de «Junius», los cuales fueron sacados clandestinamente de la cárcel y publicados ilegalmente. En ellos se incluía el titulado «La Revolución rusa», en el cual criticaba, pero comprendía, la toma del poder por los bolcheviques y prevenía acerca del peligro de una dictadura de partido único; sin embargo, continuó utilizando el concepto de dictadura del proletariado, importante en la tradición marxista, como sinónimo de control del estado por parte de la clase obrera cuyo objetivo es expandir la democracia.[11]

Fue en este contexto en el que escribió su famosa frase: «Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden» («La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente»). Otra publicación de la misma época —junio de 1916— fue La crisis de la socialdemocracia. En 1917, cuando los EE. UU. intervinieron en el conflicto, la Liga Espartaquista se afilió al Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), compuesto también por antiguos miembros del SPD opuestos a la guerra, fundado por Karl Kautsky. El 9 de noviembre de 1918 el USPD llegó al poder como gobernante de la nueva república junto con el SPD, tras la abdicación del káiser Guillermo II y tras el levantamiento conocido como la Revolución de Noviembre alemana, la cual comenzó en Kiel el 4 de noviembre de 1918, cuando 40 000 marineros e infantes de marina tomaron el control del puerto en protesta, porque el Alto Mando Naval Alemán planeaba un último enfrentamiento con la Real Marina Británica, cuando parecía sin embargo bastante evidente que la guerra ya se había perdido. El 8 de noviembre, los comités de trabajadores y soldados controlaban la mayor parte del oeste de Alemania, dando lugar a la formación de la República de Consejos (Räterepublik), basados en el sistema de sóviets ruso desarrollado en la revolución rusa de 1905 y 1917.

Rosa Luxemburgo salió de la cárcel de Breslavia el 8 de noviembre; Liebknecht lo había hecho poco antes y había ya comenzado la reorganización de la Liga Espartaquista. Juntos crearon el periódico La Bandera Roja, en uno de cuyos primeros artículos Rosa reclamó la amnistía para todos los prisioneros políticos, abogando por la derogación de la pena de muerte. Sin embargo, el frente unido se desintegró a finales de diciembre de 1918, cuando el USPD abandonó la coalición en protesta por los compromisos adquiridos con el statūs quo capitalista por el SPD. El 1 de enero de 1919 la Liga Espartaquista junto a otros grupos socialistas y comunistas —incluyendo la Internacional Comunista Alemana (IKD)— crearon el Partido Comunista de Alemania (KPD), principalmente gracias a la iniciativa de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Esta última apoyó que el KPD se involucrara en la asamblea constitucional nacional —la que finalmente acabaría fundando la República de Weimar— pero su propuesta no tuvo éxito.

En enero, una segunda ola revolucionaria sacudió Alemania, aunque algunos de los líderes del KPD —incluida Rosa Luxemburgo— no deseaban promoverla. En respuesta al levantamiento, el líder socialdemócrata Friedrich Ebert, temeroso ante la inestabilidad política y sus consecuencias, accedió a que la milicia nacionalista, los «Cuerpos Libres» (Freikorps), lo sofocaran, desatando el Terror blanco". Tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue derribada a culatazos por el soldado Otto Runge (1875-1945), luego recibió un disparo en la cabeza por parte del teniente Kurt Vogel (1889-1967) o del teniente Herman Souchon (1894-1982); su cuerpo fue lanzado al Landwehr Canal en Berlín. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados, y los comités suprimidos.[12][13]

En sus memorias, Baldur von Schirach narra la confesión del almirante de la Marina alemana (Kriegsmarine) durante la Segunda Guerra Mundial, Erich Raeder, mientras ambos permanecieron reclusos en la prisión de Spandau tras ser juzgados en los juicios de Núremberg. Según Raeder, Wilhelm Canaris, quien llegó a ser el jefe máximo de la Abwehr (la oficina de inteligencia militar durante el régimen nazi) y acabó en la horca tras el fallido intento de asesinato de Hitler en la Operación Walkiria, fue quien en ese tiempo, como enérgico anticomunista y organizador de los Freikorps, habría planeado el asesinato de los dirigentes espartaquistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht:

Un elemento central de su pensamiento es la dialéctica de la espontaneidad y la organización, en la cual debe considerarse la espontaneidad como a un acercamiento radical (o incluso anarquista), y la organización como un acercamiento más burocrático o institucional a la lucha de clases. De acuerdo con esta dialéctica, la espontaneidad y la organización no son dos operaciones separadas o separables, sino diferentes momentos del mismo proceso, de forma que uno no puede existir sin el otro. Esta visión teórica surge de la lucha de clases elemental y espontánea; y gracias a estas perspectivas es como la lucha de clases se desarrolla hacia un nivel superior.

La espontaneidad está siempre mediatizada por la organización, así como la organización debe ser vitalizada por la espontaneidad. No existe espacio en el pensamiento de Luxemburgo para la idea de un espontaneísmo abstracto. La Dialéctica de la Espontaneidad y la Organización se desarrolla dentro del contexto y bajo la influencia de una ola de huelgas masivas en Europa, especialmente durante la Revolución rusa de 1905. En contra de la ortodoxia socialdemócrata de la Segunda Internacional, no consideraba la organización como el producto de la investigación científico-teórica del imperativo histórico, sino como el producto de la lucha de las clases trabajadoras.

También sostiene que son los mismos obreros quienes han de liberarse a sí mismos.

En un artículo publicado justo antes de la Revolución de Octubre, Rosa Luxemburgo caracterizó la Revolución rusa de febrero de 1917 como una revolución proletaria, afirmando que la burguesía liberal tuvo que ponerse en movimiento a causa de la demostración de fuerza del proletariado. La tarea del proletariado ruso era entonces acabar con la guerra imperialista (la Primera Guerra Mundial), además de luchar contra la burguesía imperialista. La guerra mundial imperialista maduró a Rusia para la revolución socialista. Así, «al proletariado alemán... se le ha plantado también una cuestión de honor, ciertamente fatídica».

Su aguda crítica a la Revolución de Octubre y a los bolcheviques disminuyó en la medida en que ella explicó los errores de la revolución y de los bolcheviques como «un completo fracaso del proletariado internacional» (Sobre la Revolución rusa). A pesar de toda su carga crítica, dejó claro como credencial de los bolcheviques que al menos ellos se habían atrevido a hacer la revolución.

Tras la Revolución de Octubre, hacer ellos mismos una revolución se convirtió en una «responsabilidad histórica» de los obreros alemanes, y por tanto acabar con la guerra (La Responsabilidad Histórica). Cuando estalló la revolución en Alemania en noviembre de 1918, Rosa Luxemburgo inmediatamente comenzó a agitar para provocar una revolución social:

La revolución social demanda que el poder recaiga en las masas, en las manos de los consejos de trabajadores y soldados. Este es el programa de la revolución. Existe, sin embargo, un gran trecho entre un soldado —desde un «Guardia de la Reacción»— y un proletario revolucionario.

El partido, la guardia de asalto de la clase trabajadora, solo tiene que dar a las masas de trabajadores la visión de que el socialismo es el medio que les liberará de la explotación, y promover la revolución socialista. Las contradicciones internas del capitalismo, el antagonismo entre capital y trabajo, mantendrá ocupada a la revolución. La revolución, así, educará a las masas, haciéndolas revolucionarias:

El deber del partido consiste solamente en educar a las masas no desarrolladas para llevarlas a su independencia, hacerlas capaces de tomar el poder por sí mismas. Lo que el partido debe asumir es la educación en el elemento subjetivo de la Revolución, que es inculcar la importancia de su misión histórica en la consciencia de la clase trabajadora. La revolución misma solo puede ser llevada a cabo por la clase trabajadora. Un partido que hable por los trabajadores, que los represente —por ejemplo en el Parlamento— y actúe en su nombre, se enfangará y se convertirá él mismo en un instrumento de la Contrarrevolución.

En Women's suffrage and class struggle (1912) Luxemburgo toma una postura crítica con sectores capitalistas del feminismo:

En The Proletarian Woman (1914) Luxemburgo, como parte de una continuación del escrito de 1912 más detallado, exige separar a la mujer proletaria de la mujer burguesa:

Para la mujer burguesa propietaria, su casa es el mundo. Para la mujer proletaria, el mundo entero es su casa, el mundo con su tristeza y alegría, con su crueldad fría y su tamaño crudo. La mujer proletaria marcha con los trabajadores del túnel desde Italia a Suiza, campamentos en cuarteles y silbidos mientras seca pañales junto a los acantilados que explotan en el aire con explosiones de dinamita. Como trabajadora agrícola estacional, se sienta en primavera en medio de la conmoción de las estaciones de tren en su modesto bulto, una bufanda que cubre su cabello despeinado, y espera pacientemente a ser transportada de este a oeste. Entre las masas multilingües de proletarios hambrientos en la cubierta central de un transatlántico, ella migra de Europa a América con cada ola que elimina la miseria derivada de la crisis. De esta manera, si una crisis estadounidense surgiera como contracorriente en la dirección de su miseria original en Europa, ella volverá, a nuevas esperanzas y decepciones, a una nueva búsqueda de trabajo y pan.

La mujer burguesa no tiene ningún interés real en los derechos políticos, porque no ejerce ninguna función económica en la sociedad, porque disfruta de los productos terminados de la dominación de clase. El llamado a la igualdad de las mujeres, cuando se desarrolla bien entre las mujeres burguesas, es la ideología pura de unos pocos grupos débiles sin raíces materiales, un fantasma del antagonismo entre el hombre y la mujer, una peculiaridad. Por lo tanto, la naturaleza farsa del movimiento sufragista.

La mujer proletaria necesita derechos políticos porque ejerce la misma función económica, esclaviza el capital de la misma manera, mantiene el estado de la misma manera, y es desangrado y reprimido por él de la misma manera que el proletario masculino. Ella tiene los mismos intereses y toma las mismas armas para defenderlos. Sus demandas políticas están arraigadas profundamente en el abismo social que separa la clase de los explotados de la clase de los explotadores, no en el antagonismo entre hombre y mujer sino en el antagonismo entre capital y trabajo.

En un nivel formal, los derechos políticos de las mujeres se ajustan bastante armoniosamente al estado burgués. Los ejemplos de Finlandia, de estados estadounidenses, de algunos municipios, muestran que una política de igualdad de derechos para las mujeres aún no ha anulado el estado; no invade el dominio del capital. Sin embargo, dado que los derechos políticos de las mujeres de hoy son en realidad una simple demanda de clase proletaria, para la Alemania capitalista de hoy, es similar al último triunfo. Al igual que la república, como la milicia, como la jornada laboral de ocho horas, el sufragio femenino solo puede tener éxito o fracasar junto con la lucha de clases proletaria en su conjunto; solo puede defenderse con métodos de lucha proletarios y medios forzados.

Las últimas palabras conocidas de Rosa Luxemburgo, escritas la noche de su muerte, fueron sobre su confianza en las masas, y en la inevitabilidad de la revolución:


Rosa Luxemburg (1883)

Rosa Luxemburg (1895)

Rosa Luxemburg (Berlín, 1907)

Rosa Luxemburg y Kostja Zetkin (1909)

Rosa Luxemburg y Luise Kautsky (1909)

Clara Zetkin y Rosa Luxemburg (1910)

Rosa Luxemburg (1915)

Rosa Luxemburg (1918)



Escribe un comentario o lo que quieras sobre Rosa Luxemburgo (directo, no tienes que registrarte)


Comentarios
(de más nuevos a más antiguos)


Aún no hay comentarios, ¡deja el primero!