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Vicente Zaspe



Monseñor Vicente Faustino Zazpe Zarategui (*15 de febrero de 1920 –† 24 de enero de 1984) fue arzobispo de la Iglesia católica de Argentina.

Monseñor Zazpe (a veces escrito incorrectamente Zaspe) nació en Buenos Aires en el seno de una familia procedente de Navarra, España. Fue hijo único de Miguel Zazpe y Rosario Zarategui.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Tuvo una actuación destacada como joven laico comprometido de la parroquia de San Francisco Javier en el barrio de Palermo Viejo (Jorge L. Borges 1855). Estudió Medicina hasta el tercer año en la Universidad de Buenos Aires y formó parte de Acción Católica en la década de 1940. El 2 de marzo de 1942 ingresó al Seminario Metropolitano de Buenos Aires (en Villa Devoto), donde cursó el itinerario de la formación sacerdotal.

Vicente Zazpe fue ungido presbítero el 28 de noviembre de 1948. Fue designado vicario de la basílica de Santa Rosa de Lima, donde tuvo como guía y maestro pastoral el presbítero Rodolfo Carboni, titular de esa parroquia.

Fue asesor arquidiocesano de la Juventud de la Acción Católica, asesor nacional del Consejo Superior de los Estudiantes Secundarios desde su creación, y viceasesor de la Acción Católica de la Facultad de Medicina donde había cursado estudios.

En la década de 1950 creó y puso en marcha una campaña de predicación callejera que se desarrolló en lugares y paseos porteños como Plaza Italia, Parque de los Patricios y Parque Rivadavia, en la cual promovió la participación de los jóvenes. Además participó en la fundación del Movimiento Familiar Cristiano en la Argentina.

En 1959 fue nombrado párroco de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en el barrio de Belgrano, y al año siguiente de Nuestra Señora de Luján, un santuario porteño ubicado en el barrio de Flores.

El Papa Juan XXIII lo nombró primer obispo de la recién creada diócesis de Rafaela, el 12 de junio de 1961. Fue ordenado obispo el 3 de septiembre de 1961, siendo su consagrador principal el cardenal Antonio Caggiano. Participó en carácter de padre conciliar de las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II, formando parte del bloque de padres progresistas. Fue uno de los cuarenta obispos firmantes del Pacto de las catacumbas de Domitila, por el que se comprometieron a caminar con los pobres asumiendo un estilo de vida sencillo y renunciando a todo símbolo de poder.[1]

El 3 de agosto de 1968 fue nombrado arzobispo coadjutor del arzobispado de Santa Fe, con derecho a sucesión. A la muerte de su antecesor, monseñor Nicolás Fasolino, el 13 de agosto de 1969 se hizo cargo de la arquidiócesis a la cual dirigió hasta su muerte en 1984. Se convirtió así en el tercer obispo y segundo arzobispo de la Archidioecesis Sanctae Fidei Verae Crucis (Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz).

Zazpe produjo desde el arzobispado una notable renovación eclesial según el espíritu del Concilio Vaticano II, al promover la creación de nuevos organismos pastorales, la mayor participación del laicado y de nuevos movimientos apostólicos.

Actuó como verdadero padre de los pobres, concibiéndolos como los primeros destinatarios del mensaje de Jesús, por lo que fue tildado por algunos de socialista. Conforme a sus ideas, optó por llevar una vida austera. Como expresión de su estilo pastoral, inició en 1971 el ciclo Habla el arzobispo, charlas dominicales transmitidas por la radio y la televisión locales, y luego replicadas por los medios gráficos y radiofónicos de todo el país. La gran repercusión mediática provocó una corriente eclesiástica en su contra, la cual consideraba que sus ideas tenían un matiz demasiado socialista. Zazpe contestó a sus detractores mediante críticas a la administración del llamado Movimiento Sacerdotal del Tercer Mundo. Muchas de sus charlas, de lenguaje directo y llano, fueron censuradas por el gobierno argentino debido a su contenido.

Desde que alcanzó su plenitud como obispo, su figura tuvo peso propio en la Conferencia Episcopal Argentina, de la que fue vicepresidente en varios períodos (1973-1983) por el voto de sus pares. Representó a dicha Conferencia en dos sínodos de obispos convocados por Pablo VI en Roma (1971 y 1974), y también en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia (1968), y en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México (1979). Integró también numerosas comisiones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), entre otros, en el departamento de Pastoral cuya presidencia ejerció en 1969 y en el de Religiosos en 1978.

En 1976, en el marco de una reunión de pastoral latinoamericana en Riobamba (Ecuador), fue arrestado junto a 17 obispos y 38 personas más por la policía ecuatoriana y llevado a Quito, acusado de marxista y de participar en una conspiración para derrocar las dictaduras de América Latina.[2]Adolfo Pérez Esquivel, premio nobel de la paz en 1980, lo llamó «mi compañero de prisión en Ecuador»,[3]​ y expresó ese episodio en una carta: estando sentados juntos, habiendo sido presos, monseñor Zazpe reflexionó: "Si a nosotros nos pasa esto, ¿qué es lo que no les pasará a estos pobres indígenas y campesinos?"[4]

En 1973 viajó a la provincia de La Rioja en calidad de auditor designado por la Santa Sede, a fin de informar sobre la actuación de Enrique Angelelli. Fue recibido por un millar de personas, si bien su llegada fue cuestionada por algunos sectores. El profesor Luis María de La Fuente dijo en su discurso de bienvenida: «...nos alegramos de vuestra presencia, aunque por los datos que tenemos, dudamos de su imparcialidad». Tal cual lo encomendado por la Santa Sede, Zazpe realizó el seguimiento de Angelelli en la diócesis lo cual provocó una revuelta violenta por parte de la población. Zazpe concluyó su labor con una misa conjunta con Angelelli y expresó su pleno apoyo a su trabajo pastoral y a la doctrina que enseñaba: «porque el Papa deposita su confianza en él». «El obispo no quiere ni puede servir al pueblo desde una ideología, sino que lo hace a partir del Evangelio», fueron las palabras de Zazpe al concluir su tarea en La Rioja.

En 1976 viajó a Cuba por mandato del papa Pablo VI para dictar ejercicios espirituales a los obispos, presbíteros y seminaristas de aquel país,[2]​ pero debió concluir su visita precipitadamente tras la llegada de una misiva desde La Rioja informándole sobre detenciones e interrogatorios que se estaban realizando en la diócesis. Angelelli había pensado en renunciar al obispado de La Rioja para evitar el sufrimiento por el que estaba pasando la diócesis.

Luego de la muerte de Angelelli el 4 de agosto de 1976, Vicente Zazpe presidió su sepelio y leyó el telegrama de condolencias del papa Pablo VI.

Junto con Enrique Angelelli (obispo de la diócesis de La Rioja), Carlos Horacio Ponce de León (obispo de la diócesis de San Nicolás de los Arroyos), Miguel Hesayne (obispo emérito de la diócesis de Viedma), Jorge Novak (primer obispo de la diócesis de Quilmes), Jaime de Nevares (arzobispo de la diócesis de Neuquén), y Alberto Pascual Devoto (obispo de la diócesis de Goya), Vicente Zazpe formó parte del grupo de obispos que no se alineó con la dictadura militar iniciada en la Argentina en 1976, conocida como Proceso de Reorganización Nacional y denunció las violaciones a la dignidad humana por ella realizadas.[3]​ Zazpe visitó permanentemente las cárceles y realizó numerosos pedidos por los «desaparecidos».

Conforme a la lógica del terror de estado instaurado en 1976, los ciudadanos carecían de interlocutores en instancias estatales, y recurrían usualmente a las autoridades eclesiásticas para efectuar sus reclamos, entre quienes se contaba el por entonces arzobispo de Santa Fe, Monseñor Vicente Zazpe, tal como lo evidencia la variedad de solicitudes recibidas por él. Entre ellas se encuentra la siguiente carta, dirigida a Zazpe por dos particulares, y recogida por una investigadora del CONICET:

En el retrato que de él realizó Olga Wornat, rescató una serie de características que acompañaron a Vicente Zazpe en el período 1976-1983:

(...) Estudiantes, trabajadores, amas de casa, niños huérfanos, todos se congregaban para escuchar a aquel pastor que era duro e implacable con los poderosos y tierno y comprensivo con los desposeídos.

Las posiciones tomadas por Zazpe lo llevaron a tener que convivir con el recelo que le deparaban algunos miembros del episcopado argentino.

Las declaraciones de Vicente Zazpe referidas al Proceso de Reorganización Nacional fueron cada vez más explícitas y duras.

Los medios de comunicación recogieron algunas de aquellas aseveraciones de Zazpe, extraordinariamente duras si se tiene en cuenta que fueron hechas todavía bajo el Proceso Militar. Decía Zazpe:

Zazpe participó además de la redacción de numerosos documentos, particularmente Iglesia y Comunidad Nacional (1981) que contribuyó a la recuperación de la democracia.

Con motivo del comienzo de las operaciones de la guerra de las Malvinas, Zazpe expresó: «Debemos comprobar con tristeza y decepción una Europa con signos evidentes de desubicación histórica y carente de una comprensión básica hacia la América latina a la que todavía considera como realidad primitiva y poco menos tribal».

Zazpe condenó la guerra y tuvo expresiones duras para quienes «...juraron por Dios, los Evangelios y la Patria y no cumplieron su palabra y para aquellos que improvisaron la guerra de Malvinas sin considerar su locura ni pensar en las consecuencias».[8][9]

La autoridad de monseñor Zazpe llegó a ser tal en su época que en una oportunidad desafió incluso al jefe policial públicamente ante acusaciones de incitar a la violencia contra varios sacerdotes de su arquidiócesis, en especial Osvaldo Catena y Atilio Espinosa.[2]

El 3 de septiembre de 2011, con motivo del 50º aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Vicente Zazpe, los obispos argentinos reunidos en Pilar evocaron su figura. José María Arancedo se refirió a monseñor Zazpe de esta manera:

Pedro Ziwak definió a Vicente Zazpe como «el pastor que habló cuando muchos callaban».[11]​ Guillermo Dozo consideró a Zazpe «una de las mentes más brillantes de su época», al tiempo que recordaba la caracterización que de él dio Ernesto Luna:

En Santo Tomé, se designó a un barrio con el nombre «Monseñor Vicente Zazpe», en reconocimiento al ex arzobispo.

En la localidad de Suardi, el Instituto Terciario Particular Incorporado N° 4050 lleva el mismo nombre.

En la ciudad de Santa Fe, una calle recibió el nombre de «Monseñor Vicente Zazpe» en su homenaje, al igual que la escuela de nivel primario N° 1298 (ubicada en el N° 4491 de la calle homónima).

También lleva su nombre el «Centro de Estudio, Difusión y Realización de Doctrina Social de la Iglesia», y la biblioteca de la «Universidad Católica de Santa Fe», entre otros.



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