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Agricultura en Argentina



La agricultura en Argentina es una de las bases de su economía. La producción de alimentos agropecuarios es, tradicionalmente, uno de los puntales de las exportaciones argentinas, principalmente la producción de granos (cereales y oleaginosas) y la cadena de la soja en conjunto (porotos, semillas, aceite, pellets alimenticios, harina y biodiésel), uno de los principales encadenamientos productivos del país.[3]​ Argentina es uno de los líderes en el mercado mundial de granos, aceites y subproductos.[4]

Es el primer productor mundial de yerba mate, es uno de los 5 mayores productores del mundo de soja, maíz, limones, pera y semilla de girasol, uno de los 10 mayores productores del mundo de uva, cebada, alcachofa, tabaco y algodón, y uno de los 15 mayores productores del mundo de trigo, caña de azúcar, sorgo y pomelo.[5]

En 2018, Argentina fue el tercer productor más grande de soja en el mundo, con 37 700 000 t (treinta y siete millones setecientas mil toneladas) producidas (solamente por detrás de Estados Unidos y Brasil); el cuarto mayor productor de maíz en el mundo, con 43 500 000 t (cuarenta y tres millones quinientas mil toneladas) producidas (solamente por detrás de Estados Unidos, China y Brasil); el duodécimo productor de trigo en el mundo, con 18 500 000 (dieciocho millones quinientas mil toneladas) producidas; el undécimo mayor productor mundial de sorgo, con 1 500 000 (un millón quinientas mil toneladas) producidas; el décimo productor más grande de uva en el mundo, con 1 900 000 (un millón novecientas mil toneladas) producidas; además de haber producido 19 000 000 t (diecinueve millones de toneladas) de caña de azúcar, principalmente en la provincia de Tucumán.[6]​ Argentina produce cerca de 2 000 000 t (dos millones de toneladas) de azúcar con la caña producida. En el mismo año, Argentina produjo 4 100 000 t (cuatro millones cien mil toneladas) de cebada, siendo uno de los 20 mayores productores de este cereal en el mundo.[7]​ El país también es uno de los mayores productores mundiales de semillas de girasol: en 2010, fue el tercer productor mundial, con 2 200 000 t (dos millones doscientas mil toneladas).[8]​ En 2018, Argentina también produjo 2 300 000 t (dos millones trescientas mil toneladas) de patata, casi 2 000 000 t (dos millones de toneladas) de limón, 1 300 000 t (un millón trescientas mil toneladas) de arroz, 1 000 000 t (un millón de toneladas) de naranja, 921 000 t (novecientas veintiún mil toneladas de maní, 813 000 t (ochocientas trece mil toneladas) de algodón, 707 000 t (setecientas siete mil toneladas) de cebolla, 656 000 t (seiscientas cincuenta y seis mil toneladas) de tomate, 565 000 t (quinientas sesenta y cinco mil toneladas) de pera, 510 000 t (quinientas diez mil toneladas) de manzana, 491 000 t (cuatrocientas noventa y un mil toneladas) de avena, 473 000 t (cuatrocientas setenta y tres mil toneladas) de frijoles, 431 000 t (cuatrocientas treinta y un mil toneladas) de mandarina, 302 000 t (trescientas dos mil toneladas) de yerba mate, 283 000 t (doscientas ochenta y tres mil toneladas) de zanahoria, 226 000 t (doscientas veintiséis mil toneladas) de melocotón, 194 000 t (ciento noventa y cuatro mil toneladas) de mandioca, 174 000 t (ciento setenta y cuatro mil toneladas) de aceitunas, 174 000 t (ciento setenta y cuatro mil toneladas) de plátano, 148 000 t (ciento cuarenta y ocho mil toneladas) de ajo, 114 000 t (ciento catorce mil toneladas) de pomelo, 110 000 t (ciento diez mil toneladas) de alcachofa, además de producciones menores de otros productos agrícolas.[9]

En ganadería, Argentina fue, en 2019, el 4.º productor mundial de carne de vacuno, con una producción de 3 millones de toneladas (solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y China), el 4.º productor mundial de miel, el 10.º productor mundial de lana, el 13.er productor mundial de carne de pollo, el 23.er productor mundial de carne de cerdo, el 18.º mayor productor de leche de vaca y el 14.º productor mundial de huevo de gallina. [10]

Argentina es uno de los 10 productores de vino más grandes del mundo (fue el quinto productor más grande del mundo en 2018).[11]​ A lo largo de los años, la producción de vinos finos ha dado grandes saltos de calidad. Mendoza es la región vinícola más grande, seguida de San Juan. [12]

La agricultura y ganadería en Argentina son intensivas en capital y en 2018 el sector representaba el 6,14 % del PIB.[13]​ Hacia julio de 2016, el sector agrario empleaba, junto a la silvicultura, la caza y la pesca, a 337 196 personas,[14]​ sobre una fuerza laboral de 17,47 millones de personas, lo que representaba a menos del 2 % del total.[15]​ Al 2018, el 8,13 % de la población argentina vivía en áreas rurales, uno de los porcentajes más bajos del mundo.[16]​ El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca es la organización del gobierno nacional a cargo de la supervisión de la agricultura.

En el año 2002, el Censo Nacional Agropecuario realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos estimó que en las explotaciones agropecuarias residen 1 233 589 personas, siendo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Misiones y Santa Fe las que concentran la mayor cantidad de establecimientos agropecuarios.[17]

Una parte sustancial de la producción agrícola se exporta sin manufacturación en forma de granos (soja, maíz, trigo y girasol), representando el 15% de las exportaciones totales.[18]​ El resto se destina como materia prima, principalmente a la industria de la alimentación. La soja se diferencia sustancialmente del resto de los productos agropecuarios por el hecho de que no se consume en el mercado interno y por lo tanto prácticamente la totalidad se exporta. Por el contrario, los cereales, lácteos y la carne vacuna constituyen la base de la dieta alimentaria de la población, razón por la cual una parte considerable se destina al consumo en el mercado interno.

Si bien Argentina se ha caracterizado lo largo de todo el siglo XX por ser uno de los principales exportadores de carne vacuna del mundo, a partir de 2009 comenzó una caída en las exportaciones cárnicas, motivadas en especial debido al tipo de cambio.[cita requerida] A partir de 2015, se comenzó a trabajar nuevamente para liderar el sector,[cita requerida] asimismo la carne argentina sigue siendo reconocida como la de mejor calidad en el mundo.[19]

Fuera de la economía agro-ganadera de la región pampeana, la economía argentina cuenta con las denominadas economías regionales, sistemas productivos locales generalmente apoyados en la producción especializada de un grupo limitado de cultivos. Entre ellas se encuentran la economía cuyana apoyada en la vid y la industria del vino derivada; la ganadería ovina en la Patagonia, los valles patagónicos dedicados a la manzana y la pera; la región noroeste, dedicado al azúcar, cítricos y tabaco; la provincia de Misiones y nordeste de Corrientes orientadas a la yerba mate, y la madera; el algodón en la región chaqueña; el arroz, principalmente en Corrientes; el olivo en las zonas áridas de montaña; y el ganado ovino en la Patagonia. Por el clima subtropical de muchas de las zonas del país, Argentina también produce sus propios cultivos tropicales, tales como banana,[20]ananá,[21]mango,[22]maracuyá,[23]palta, papaya[24]​ y café,[25]​ aunque la mayoría de lo producido de estos cultivos es para el consumo interno, ya que no son fáciles de producir en el país.

Previo a la colonización existían culturas agroalfareras en el territorio de la actual Argentina civilizaciones originarias de América caracterizadas por el sedentarismo y por el desarrollo de la agricultura.

Estos pueblos de cultura neolítica habían comenzado a instalarse en la actual Argentina durante el primer milenio antes de nuestra era, y en la época de la conquista habían alcanzado su máximo desarrollo autónomo, que se vería truncado por la invasión europea, con sus secuelas de transculturación, cambios en los modelos productivos y despoblamiento.

Entre las culturas aborígenes agrícolas más tempranas se destacan las andinas que establecieron simultáneamente varias aldeas en distintas localidades de la región andina: algunas ubicaciones de la Puna; los valles calchaquíes; el valle de Tafí y otros .cultivaban legumbres, calabazas, papas y maíz.[26]

Dos terceras partes de su territorio actual estuvieron ocupadas durante el período colonial, mientras que el otro tercio era el correspondiente a la meseta patagónica, que continúa escasamente poblada. La agricultura y ganadería del sector era principalmente para el consumo de los mismos productores y para el mercado local. Únicamente se asoció con los comerciantes extranjeros a finales del siglo XVIII. El período entre el siglo XVI y el final del siglo XVIII se caracterizó por la existencia de la auto-suficiencia económica regional, A finales del siglo XVIII, comenzó una etapa en la cual las diferentes regiones comenzaron a intercambiar crecientes flujos de capital, trabajo y bienes de manera significativa, dando inicio a una forma de desarrollo económico incipiente basado en las actividades agrícolas.

En la región pampeana la principal actividad económica era la ganadera. El origen de la explotación ganadera en las pampas, se remonta a 1536 cuando Pedro de Mendoza introdujo los primeros equinos y a 1580 cuando Garay introduce entre 300 y 500 vacas. En el Interior en Tucumán y Salta supuso por su parte la cría de mulas, también de caballos y asnos, la vid en Mendoza. La zona de las Misiones y el Paraguay fue sede de cultivos de yerba mate, cultivos iniciados por guaraníes y jesuitas. La yerba mate abastecía a casi todo el virreinato. Otros cultivos alimenticios surgieron merced a la demanda altoperuana: vinos (en Salta, Cuyo, Córdoba), aguardientes y singanis; e incluso plantaciones de olivo, principalmente en La Rioja y Catamarca.

En 1776, España decide la creación del Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay y gran parte de la actual Bolivia, con la intención de evitar el establecimiento de los portugueses en el Río de la Plata.[27]​ El Reglamento de libre comercio de 1778 fue promulgado por el rey Carlos III de España el 12 de octubre de 1778, en el marco de las reformas borbónicas, se aprobó con el fin de permitir el librecambio comercial entre España e Hispanoamérica,[28]​ para lo cual se habilitaron al comercio 13 puertos en España y 24 en América, entre ellos el puerto de Buenos Aires.[29]​ La necesidad de una agricultura intensiva se reconoció ya en 1776, pero, aparte de la cosecha de la yerba mate en el noreste.

En Buenos Aires, la sanción del Reglamento de Libre Comercio, junto con el "Auto de Internación" establecido en 1777, provocó un brusco incremento en las exportaciones ganaderas, pasándose de 150 000 (ciento cincuenta mil) cueros anuales en 1778 a 800 000 (ochocientos mil) en 1801 según algunos autores o valores sustancialmente menores pero de fuerte tendencia creciente, según otros investigadores.[30][31]

En 1825, en tiempos de Rivadavia, el país exportaba principalmente carne y se importaban artículos extranjeros por valor de ocho millones de pesos fuertes , exportándose productos nacionales tan solo por cinco millones de la misma moneda, lo cual dejaba un saldo de tres millones de déficit. [32]​ En esa etapa de Rivadavia se sancionó la Ley de Enfiteusis que dejó como consecuencia la concentración de la tierra; entre 1822 y 1830, 538 propietarios obtuvieron en total 8 656 000 ha (ocho millones seiscientas cincuenta y seis mil hectáreas). Muchos colaboradores directos del propio régimen de Bernardino Rivadavia fueron los enfiteutas más beneficiados, entre ellos las familias Anchorena, Alvear, Ortiz Basualdo, Bernal, Bosch, Braun Menéndez, Bullrich, Díaz Vélez, Blanco Vilegas, Larreta, Lezica, Lynch, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Vidal, Sáenz Valiente y otras.[33]​ En general, los arrendatarios y enfiteutas no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia. Esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas decenas de familias.[34][35]

Ya durante la etapa rosista con la expansión de la frontera agrícola y a partir de la ley de Aduana de 1835 las exportaciones primarias van a ir subiendo vertiginosamente, mientras las importaciones lo harán en una proporción inferior. En las décadas de 1830 y 1840 se acentuó la expansión agrícola. Las exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus productos lograron duplicarse entre 1837 y 1852. Los cueros vacunos representaron más del 60 % de las exportaciones del período y sus dos terceras partes eran producidas en Buenos Aires. En 1851, en las vísperas de Caseros, Argentina importaba 8 550 000 (ocho millones quinientos cincuenta mil) artículos extranjeros, contra 10 633 525 (diez millones seiscientos treinta y tres mil quinientos veinticinco) productos nacionales exportados. La balanza comercial había sido supervitaria aunque basada en productos agrícolas.[32]

Ya en la segunda mitad del siglo XIX, el país siguió un modelo de exportación agrícola y ganadera de desarrollo con gran concentración de cultivos en las fértiles llanuras pampeanas, particularmente en la provincia de Buenos Aires y la región del Litoral. En gran medida limitada a las actividades ganaderas y centrada alrededor de la exportación de pieles de ganado vacuno y lanar. A partir de 1850, comenzó el auge del ganado ovino: ese año, la exportación total de lanas alcanzó la cifra de 7681 t (siete mil seiscientas ochenta y un toneladas); en 1855, llegó a 12 454 t (doce mil cuatrocientas cincuenta y cuatro toneladas), y, un año más tarde, a 14 972 t (catorce mil novecientas setenta y dos toneladas). Al promediar la década de 1860, las estancias dedicadas al ganado lanar en la provincia de Buenos Aires comprendían una superficie de 16 000 000 ha (dieciséis millones de hectáreas); estando una cuarta parte de ellas en manos de inmigrantes irlandeses y escoceses, y una gran proporción bajo control de inmigrantes vascos. El total de ovinos en la provincia llegó a la cifra de 40 000 000 (cuarenta millones). Gracias a ello, Buenos Aires vivía una notable expansión económica sustentada por el ciclo lanar y las rentas de la aduana.[36]

Ya en el período de Organización Nacional, en 1868 se creó el primer Instituto de Agronomía de la Argentina.[37]​ El arribo en 1875 del primer cargamento de granos intactos a Gran Bretaña, desató una ola de inversión local en cultivos y en silos e inversiones británicas en ferrocarriles y finanzas. El desarrollo del transporte marítimo de carne congelada, en 1876, llevó a la modernización de ese sector.[cita requerida] El maíz y el trigo, para ese entonces, eclipsaron la producción y exportación de carne.

En 1914 más del 60 % de la tierra en las cinco provincias de la pampa, y el 80 % de toda la tierra en la Argentina, se concentraba en unidades de más de 1000 ha (mil hectáreas). También en ese año, estancias gigantescas de más de 5000 ha (cinco mil hectáreas) abarcaban, la mitad de las tierras del país. En total 29 familias concentraban el 38 % del total de las tierras agrícolas y otras 200 más de 41 %.[38]

Estos avances estuvieron acompañados por una ola de inmigración europea y las inversiones en educación e infraestructura. Las exportaciones agrícolas dejaron siempre al Tesoro argentino con excedentes generosos durante las dos guerras mundiales

La creación del IAPI por el presidente Juan Perón produjo resultados mixtos.[cita requerida] Los beneficiados con las inversiones en infraestructura de control, maquinaria y plagas, durante esta época el sector agropecuario se modernizó: a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[39]​ Políticas favorables a la inversión industrial durante el mandato de Arturo Frondizi estimulando una mayor modernización.

El presidente que comenzó con el achicamiento fue Arturo Frondizi, cuando en 1961 decidió suprimir gran parte de la red ferroviaria: 11 089 (once mil ochenta y nueve) cesanteados, 44 978 (cuarenta y cuatro mil novecientos setenta y ocho) obreros rebajados de categoría, 237 (doscientas treinta y siete) estaciones, lo que produjo que pueblos rurales quedaran aislados, encareciéndose el costo de traslado de la producción rural.[40]​ liderado por las exportaciones agrícolas y, en particular, el auge repentino en el cultivo de soja, que desplazo a las oleaginosas.[cita requerida] En la década de 1960, el régimen de Juan Carlos Onganía ordenó el cierre de 11 ingenios azucareros, lo que no funcionó y agravó aún más los problemas de aquella provincia.[41]​ El ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena (1967 y 1969) aplicó diferentes medidas económicas de corte liberal. La supresión de medidas proteccionistas perjudicaron a productores regionales del Chaco, Tucumán y Misiones. Consecuentemente, el PIB cayó un 1,2 % y aumentaron los precios mayoristas y minoristas.

El uno a uno del peso argentino con el dólar de Estados Unidos implementado por el economista Domingo Cavallo en 1991 redujo un poco la competitividad de las exportaciones. Estas tendencias fueron acompañadas por la aprobación federal de los cultivos transgénicos en 1995.[cita requerida]

Una devaluación del peso en 2002 y un aumento sostenido de los precios de los productos básicos ya que también ha animado al sector, lo que lleva a registrar la producción y las exportaciones, una pieza clave de Néstor Kirchner y las políticas económicas Cristina Fernández de Kirchner. Respecto al sector agropecuario, la soja, que se constituyó en el principal cultivo de Argentina, alcanzó en la temporada 2009/2010 una cosecha récord de 52 000 000 t (cincuenta y dos millones de toneladas), la producción de maíz pasó de 23 700 000 t (veintitrés millones setecientas mil toneladas) producidas en la temporada 2010/2011 al récord de 25 000 000 t (veinticinco millones de toneladas) para la temporada 2012/2013. Este crecimiento en el sector agropecuario también se vio replicado en cultivos menores, como el arroz y la cebada, que alcanzaron producciones cercanas a los 2 000 000 t (dos millones de toneladas) en el primer caso, y de 5 000 000 t (cinco millones de toneladas) en el segundo.[42]​ Se observa una fuerte tecnificación en el sector: la venta de maquinaria agrícola aumentó un 97,3 % en 2013 respecto del año anterior.[43]

En el período 2001-2002 a 2012-2013 se alcanzó la mayor cosecha de la historia (hasta entonces), con 105 800 000 t (ciento cinco millones ochocientas mil toneladas), un incremento del 53 % en relación con el inicio de la década. Hubo varios aumentos récord durante la última década: la cebada (900 %), el maní (181 %), el algodón (149  %), el arroz (120 %) y el maíz (99 %).[44]

En la temporada 2009/2010, se logró una cosecha récord de 52 000 000 t (cincuenta y dos millones de toneladas). La producción de maíz pasó de 23 700 000 t (veintitrés millones setecientas mil toneladas) producidas en la temporada 2010/2011 al récord de 25 000 000 t (veinticinco millones de toneladas) para la temporada 2012/2013. Este crecimiento en el sector agropecuario también se vio reproducido en cultivos menores, como el arroz y la cebada, que alcanzaron producciones cercanas a los 2 000 000 t (dos millones de toneladas) en el primer caso, y de 5 000 000 t (cinco millones de toneladas) en el segundo.[45]​ Para 2014, la cosecha creció a 55 000 000 t (cincuenta y cinco millones de toneladas).[46]

Entre 2003 y 2011, hubo un crecimiento del 260 % en las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI), un crecimiento de exportaciones de productos primarios del 212 % y un crecimiento de 182 % en las exportaciones de las manufacturas de origen agropecuario.[47]​ También se observa una fuerte tecnificación en el sector, la venta de maquinaria agrícola aumentó en 2013 un 97.3 % respecto del mismo período del año anterior.[43]

En 2011, Argentina era el tercer exportador mundial de lana, con exportaciones por $300 000 000 (trescientos millones de dólares).[48]​ En ese año, contaba con 16 000 000 (dieciséis millones) de cabezas, una de las mayores del mundo.[49]

De 2003 a 2013, el sector avícola mostró una fuerte consolidación y expansión. Con un crecimiento de la producción en un 170 %, se pasó de producir 710 000 t (setecientas diez mil toneladas) a 1 900 000 t (un millón novecientas mil toneladas) en 2013. En cuanto a las exportaciones, se pasó de vender al mundo 60 600 t (sesenta mil seicientas toneladas) en 2003, a 366 000 t (trecientas sesenta y seis mil toneladas) en 2013, lo que significa un aumento de más del 500 %.[50]

Por su parte, la ganadería bovina, que aporta la materia prima para la industria frigorífica, es un sector de gran importancia, con 55 000 000 (cincuenta y cinco millones) a 60 000 000 (sesenta millones) de cabezas. La carne vacuna es un componente principal de la dieta de la población, y el país es además el sexto productor mundial de carne vacuna.[51]​ De 2003 a 2013, la producción avícola creció un 170 %, la porcina un 109 % y la láctea un 43 %.[52]​ En 2013, las exportaciones de leche entera en polvo fueron de 213 349 t (doscientas trece mil trescientas cuarenta y nueve toneladas), por un precio FOB total de $958 400 000 (novecientos cincuenta y ocho millones cuatrocientos mil dólares), incrementándose respecto a los $706 300 000 (setecientos seis millones trescientos mil dólares) del año 2012.[53]

En 2013, Argentina era el primer exportador mundial de harinas,[54]​ aceite de girasol, aceite de soja, limones, peras y yerba mate;[55]​ el segundo exportador mundial de maíz, sorgo, miel; el tercero de soja,[56]​ el cuarto de carne bovina, algodón y vinos; y el quinto de lácteos,[57]​ trigo y aceitunas.[58]

Para 2016, la industria láctea cayo un 22,3 % interanual, y acumuló en el primer semestre una pérdida de producción del 14 %, junto con una caída en la producción de azúcar con el 14,4 % mientras que las carnes rojas que disminuyeron un 11,5 %.[59]​ Según datos del Indec, en el primer trimestre 2016 la agricultura, ganadería, caza y silvicultura registraron una baja de puestos de trabajo de 16 496 al pasar de emplear a 353 692 personas a 337 196, lo que representó una reducción de 4,7 %.[14]​ Argentina enfrenta a 2018 importantes problemas en el campo, sumado a una fuerte sequía en los campos de oleajinosas, bajando la producción. De los 57 000 000 t (cincuenta y siete millones de toneladas) de soja previstos en el momento de la siembra, se cosecharán unos 37 000 000 t (treinta y siete millones de toneladas). De los 40 000 000 t (cuarenta millones de toneladas) de maíz se pasará a 32 000 000 t (treinta y dos millones de toneladas). Las pérdidas ascenderán a $4 600 000 000 (cuatro mil seiscientos millones de dólares), equivalentes al 0,7 % del PIB (producto interno bruto).[60]

En 1828, la oligarquía terrateniente que domina la Legislatura consiguió modificar la Ley de Enfiteusis. Esta ley dejó como consecuencia una gran concentración de la tierra de 1822 a 1830, 538 propietarios en total obtuvieron 8 656 000 ha (ocho millones seiscientas cincuenta y seis mil hectáreas). Siendo los enfiteutas más beneficiados muchos colaboradores del propio régimen de Bernardino Rivadavia, entre ellos las familias Anchorena, Alzaga, Alvear, Azcuénaga, Basualdo, Bosch, los Díaz Vélez, Echeverría, Escalada-Ezcurra, Lacarra, Larreta, Lezica, Lynch, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Sáenz Valiente y otras.[61]​ la Enfiteusis puso más de ocho millones de hectáreas a disposición de un centenar de grandes arrendatarios y enfiteutas, quienes, en general, no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia. Esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad en unas pocas decenas de familias.[62]

Tal situación empeoró tras la llamada Conquista del Desierto. Entonces los territorios patagónicos y pampeanos arrebatados al indígena fueron repartidos entre un puñado de familias bonaerenses: los Luro, los Menéndez, los Pereyra Iraola, los Martínez de Hoz, los Álzaga- Unzué, los Anchorena, Amadeo, Leloir, Ramos Mejía, Lavallol, Miguens, Arana, Señorans y otros vinculados la Sociedad Rural Argentina. Los Martínez de Hoz, antiguos comerciantes llegados a estas pampas en el siglo XVIII, dedicados al contrabando y opositores a la Revolución de Mayo que intentaba abrir el comercio, recibieron 2 500 000 ha (dos millones quinientas mil hectáreas).[63]​ Durante la presidencia de Julio Argentino Roca, el Estado repartió 41 787 023 ha (cuarenta y un millones setecientas ochenta y siete mil veintitrés hectáreas) a 1113 terratenientes,[64]​ pertenecientes a 37 familias, vinculadas estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los gobiernos consevadores.[65]

En total la producción rural incluido el sector forestal, representaba en 2007 el 5,61 % del PIB total.[66]

Según el censo agropecuario de 2008, en Argentina existen 248 022 superficies agropecuarias con límites definidos, 25 568 sin límites definidos que da un total de 273 590 explotaciones agropecuarias que ocupan 153 153 822 ha (ciento cincuenta y tres millones ciento cincuenta y tres mil ochocientas veintidós hectáreas). En 2002, existían 333 533 establecimientos. El censo 2008 del sector señala una mayor concentración del negocio rural, que llevó a que entre 2002 y 2008 desaparecieran casi 60 000 explotaciones agropecuarias, siendo los más perjudicados los productores pequeños y medianos, que perdieron 444 416 ha (cuatrocientas cuarenta y cuatro mil cuatrocientas dieciséis hectáreas), mientras que los grandes dueños de la tierra aumentaron, ocupando 51 454 ha (cincuenta y un mil cuatrocientas cincuenta y cuatro hectáreas) más.[67][68]

La sojización es el nombre con el que se conoce al proceso de re-conversión agrícola de ciertos países de América Latina (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia) para el cultivo de porotos de soja, con el objetivo de exportarlos en los mercados internacionales, particularmente hacia China.[70]​ Es un proceso comenzado en la década de los '90, en el cual actividades agrícolas tradicionales como la ganadería y el cultivo de maíz, trigo y algodón[71]​ fueron desplazadas por la soja. Esto fue acompañado por un proceso de expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja, con características de monocultivo.

La sojización es un proceso impulsado por varios factores, incluyendo el aumento internacional del precio de la soja en los mercados internacionales, cambios en los patrones de consumo y demanda de los países asiáticos, particularmente China e India, y cambios en el modo de producción y organización en la agro-industria.

Entre 1990 y 2004, Argentina y Brasil incrementaron la tierra destinada al monocultivo de soja en un 236%, según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.[72]​ En 2019, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay estuvieron entre los principales exportadores de soja a nivel mundial.[73]

Las oleaginosas (soja y girasol) llegaron a ser importante ya que su precio internacional aumentó durante el siglo XX. De los aproximadamente 52 000 000 t (cincuenta y dos millones de toneladas) producidas anualmente, alrededor del 92 % son soja, y el 7 % son semillas de girasol. La superficie total cultivada de semillas oleaginosas es de alrededor de 41 000 km² (cuarenta y un mil kilómetros cuadrados).

El cultivo de las oleaginosas en Argentina se ha destacado desde el siglo XX, cuando el país era el exportador principal de lino (linaza) del mundo. El colapso de ese mercado en la década de 1930 y cualidades del cultivo del suelo, sin embargo, pusieron fin a la posición dominante del país en el sector.

El cultivo de soja en Argentina es uno de los principales cultivos en la economía argentina. La expansión del cultivo de soja en Argentina forma parte del proceso de «sojización» y del boom de las materias primas que tuvo lugar a comienzos de la década del 2000.

El cultivo de soja ha desplazado a otros actividades agrícolas tradicionales. Por ejemplo, ha reducido el número de cabezas de ganado vacuno de 65 millones a 48,6 millones y el lanar de 60 millones de cabezas en 1970 a 12,5 millones.

A partir del comienzo del siglo XXI, hubo un notable crecimiento en el sector agropecuario también se vio replicado en cultivos menores, como el arroz y la cebada, que alcanzaron producciones cercanas a las 2 000 000 t (dos millones de toneladas) en el primer caso, y de 5 000 000 t (cinco millones de toneladas) en el segundo.[42]​ El arroz y la cebada producidos son principalmente para el consumo nacional.

Argentina también destaca a nivel mundial por la producción de frutas y hortalizas, que constituyen un 3 % de las exportaciones totales. Tiene importantes centros de producción en los valles patagónicos, dedicados a la manzana y la pera, y en la región Noroeste productora de azúcar, cítricos y tabaco. En los últimos 20 años, la producción de azúcar registró un importante crecimiento, pasando de 1 500 000 t (un millón quinientas mil toneladas) anuales en promedio en la década de 1990, a 2 300 000 t (dos millones trescientas mil toneladas) en el período 2006-2010.[82]

El país es uno de los grandes países frutícolas del mundo, siendo el primer productor del hemisferio sur en frutas de pepita, de carozo y cítricos. Actualmente, exporta a todo el mundo más de 20 tipos de frutas y sus subproductos. El mayor crecimiento exportador se dio en los últimos 20 años: se cuadruplicó el volumen y se sextuplicó el valor exportado.[83]​ La Mesopotamia es también productora de cítricos, y la región de Cuyo, donde a su vez se destaca una considerable producción agroindustrial del olivo y la uva, es el primer productor de vinos de América Latina y el quinto productor del mundo, con 16 000 000 hL (dieciséis millones de hectolitros) por año.[84]​ Existen los oasis de las provincias de Mendoza y San Juan. Otros cultivos importantes son los melocotones y cítricos. Con una superficie de alrededor de 6000 km² (seis mil kilómetros cuadrados), la producción de fruta es de alrededor de 18 000 000 t (dieciocho millones de toneladas) anuales. En los últimos diez años, el país alcanzó un récord de producción y exportaciones en legumbres, peras, manzanas, algodón, tabaco, cítricos, miel, ajo, cebolla y uva de mesa. En el período 2003-2011, las ventas al exterior de las economías regionales aumentaron 212 %.[85]​ Las manzanas y las peras son las cosechas de frutas de carozo más importantes, producidos principalmente en los valles fluviales de Río Negro y Neuquén. En 2016 la producción de peras y manzanas fue la peor de los últimos 10 años y un 15,5 % menor al promedio de la última década. En materia de exportaciones, se comerciaron un 9,6 % menos de frutas en 2016. Alguna de las mermas más significativas de las economías regionales son las ventas de ciruelas de San Juan (−96,4 %), duraznos de Neuquén (−73,2 %), peras de Mendoza (−46,7 %) y manzanas de Río Negro (−18,2 %).

Argentina es el mayor productor mundial de limón, con el 22 % de la producción global, en 2012 se produjeron alrededor de 1 800 000 (un millón ochocientas mil toneladas), el doble que en 1990.[86]​ Es el mayor productor y exportador de uvas,[87]​ el mayor productor y exportador mundial de peras, concentrando el 40 % de la producción del hemisferio sur,[88]​ el mayor exportador y segundo productor mundial de miel, concentrando un cuarto de las exportaciones mundiales de dicho producto,[89]​ y el cuarto exportador de vinos.[90]​ también es el mayor productor sudamericano de trufas negras.[91][92]

Además es el primer productor de ciruela del hemisferio sur.[93]​ El país exportó, en 2012, 817 090 t (ochocientas diecisiete mil noventa toneladas) de hortalizas y legumbres, como ajo, cebolla, garbanzos, papas, lentejas, calabaza, entre otras, teniendo como destino a más de 89 países.[94]

En la primera década del siglo XXI, el área sembrada con kiwis, bananas y mangos en la Argentina tuvo un gran crecimiento con el apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Su superficie se duplicó en 10 años (2005-2015): entre ananá, papaya, palta, banana y mango, el total de producción en esas regiones es de 115 350 t (ciento quince mil trescientas cincuenta toneladas), con el requerimiento de una importante mano de obra durante todo el año por el volumen de crecimiento registrado.[95]​ Sin embargo, en el año 2017 la producción anual de bananas en Argentina fue la menor en 40 años.[96]

Argentina es el mayor productor mundial de yerba mate, con alrededor de 700 000 t (setecientas mil toneladas) al año (entre 56 y 62 % de la producción mundial), seguida de Brasil, con unas 500 000 t (quinientas mil toneladas) al año (entre 34 y 36 % de la producción mundial), y de Paraguay, con 50 000 t (cincuenta mil toneladas) al año (un 5 % de la producción mundial).[97][98][99][100][101]

También se producen verduras, principalmente papas, cebollas y tomates, que se cultivan en todo el país, casi exclusivamente para el mercado interno. Otros productos importantes son el camote, calabazas, zanahorias, judías, pimientos y ajo. Un área aproximada de 3000 km² (tres mil kilómetros cuadrados) produce más de 5 000 000 t (cinco millones de toneladas) de vegetales cada año.

Los cultivos tropicales en Argentina son las producciones a campo en el territorio argentino de especies vegetales originadas en las regiones intertropicales del globo, las cuales exhiben sensibilidad a las bajas temperaturas, sufriendo daños de consideración y hasta la muerte del ejemplar frente a la ocurrencia de heladas agronómicas.[102]​ Este rubro constituye un importante ítem económico para el sector agropecuario de las provincias septentrionales del país. Son especies perennes, es decir, no incluye las especies delicadas anuales, las que son cultivadas en una determinada época del año libre de heladas.

El vino argentino, bebida nacional de Argentina [105]​ que se produce principal y tradicionalmente en las provincias de Mendoza (75,31%), San Juan (18,45%), La Rioja (3,06%), Salta (1,76%), Córdoba (0,55%), Catamarca (0,53%) y en las últimas décadas han comenzado a elaborarse en Neuquén (0,49%), Río Negro (0,24%), Entre Ríos (0,001%), Chubut (0,003%), Buenos Aires (0,005%), Jujuy (0,003%) y San Luis (0,15%). Conforme datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Argentina produjo en 2018 un total de 14.521.510 Hl (hectolitros) de vino, representando este valor un incremento del 22,8% respecto al año 2017.

El 24 de noviembre se celebra el "Día del Vino Argentino Bebida Nacional".[106][107]​ La Argentina es el sexto mayor productor en todo el mundo,[108]​ así como el noveno exportador a nivel global.[109]

En el país, la caña de azúcar ocupa una superficie de 350 000 (trescientas cincuenta mil hectáreas, 2014).[114]​ El cultivo de la caña de azúcar y sus derivados se lleva a cabo en en un área de 3000 km² (tres mil kilómetros cuadrados), principalmente en la provincia de Tucumán. Los rendimientos son de alrededor de 19 000 000 t (diecinueve millones de toneladas) al año. Existe también la caña de azúcar para la producción de azúcar y celulosa.

Se comenzó a investigar e invertir para producir bioetanol, estimando que en el año 2020 la producción de etanol procederá, en un 80 %, de la caña de azúcar. En el país, la caña de azúcar ocupa una superficie de 350 000 ha (trescientas cincuenta mil hectáreas, 2014).[115]

En 2007, con 393 000 ha (trescientas noventa y tres mil hectáreas), se produjo 174 000 t (ciento setenta y cuatro mil toneladas) netas de algodón, de las cuales 7000 t (siete mil toneladas) se exportan. La zona de producción principal es la provincia del Chaco y, aunque la cosecha está siendo reemplazada en muchos aspectos con la soja debido a los costos de producción, la producción se ha más que duplicado desde el mínimo de 2002.

La producción de leche es de alrededor de 10 000 000 000 L (diez mil millones de litros) anuales, y los huevos, unos 650 000 000 (seiscientos cincuenta millones) de docenas. Su producción, así como el de las industrias lácteas afines (medio millón de toneladas de queso, sobre todo), se vio favorecido por la devaluación de 2002 del peso argentino, ya que esta producción puesta cuesta muy por debajo del precio internacional. Este aumento de la leche y las exportaciones de productos lácteos, pero también ha aumentado sus precios locales. Durante 2016 la producción láctea cayó un 3 %, siendo el peor trimestre en cuanto a desempeño exportador del complejo lácteo en ocho años. La combinación de megadevaluación y reducción de derechos de exportación a la soja y el maíz empeoró sensiblemente la ecuación de costos de los tamberos y su competitividad.[116][117]​ hablándose de una crisis lechera en 2016.[118]

La producción lechera en el país pasó de los 6 600 000 000 L (seis mil seiscientos millones de litros) en 1992 a los 10 330 000 000 L (diez mil trescientos treinta millones de litros) en 1999. Continuando un crecimiento sostenido del orden del 5,03 % anual durante la década 2003-2013 llegando a los 14 311 000 000 L (catorce mil trescientos once millones de litros) en 2014.[119][120]​ En 2015, la producción lechera creció un 3 %.[121]​ En cambio, ya en el primer trimestre de 2016, el total producido cayó un 3 %, el primer trimestre de 2016: fue el peor en cuanto a desempeño exportador del complejo lácteo de los últimos ocho años. La combinación megadevaluación y reducción de derechos de exportación a la soja y el maíz no empeoró sensiblemente la ecuación de costos de los tamberos y su competitividad.[122]​ En 2016, se cerraron 460 tambos; la producción de leche en 2016 habría arrojado una caída del 11 %, totalizando unos 10 100 000 000 L (diez mil cien millones de litros de leche).[123]

Siendo favorecidos con la política económica del Gobierno, el sector destruyó empleo durante el primer trimestre, en comparación con el mismo período del año anterior.

Según datos del INDEC, en el primer trimestre la agricultura, ganadería, caza y silvicultura registraron una baja de puestos de trabajo de 16 496, al pasar de emplear a 353 692 personas a 337 196, lo que representó una reducción de 4,7 %.[14]

La producción de té tiene como destino principal la exportación, ya que se coloca en los mercados externos más del 90 % del total obtenido. En 2012, las exportaciones argentinas de té alcanzaron las 76 700 t (setenta y seis mil setecientas toneladas), y facturaron $104 000 000 (ciento cuatro millones de dólares).[124]

Para 2013, Argentina se había convertido en un importante exportador de maní. Ese sector registró un volumen de exportación de 519 210 t (quinientas diecinueve mil doscientas diez toneladas), lo que representó una suma total de $719 800 000 (setecientos diecinueve millones ochocientos mil dólares).[125]

La producción forestal y maderera, principalmente pinos y eucaliptos, se ha venido expandiendo, con centro en las provincias mesopotámicas, superando el 2 % del total exportado. En los últimos 8 años, la industria maderera incrementó en 132 % su producción, y la de muebles en 115 %.[126]​ Es desde el año 2012 el mayor productor latinoamericano de pulpa y celulosa.[127]​ El país posee 20 000 000 ha (veinte millones de hectáreas) aptas para la actividad forestal: las condiciones de clima y el suelo permiten lograr altas tasas de crecimiento de los bosques implantados y reducidos turnos de corte, que se ubican entre los mejores del mundo.[128]​ Este sector produjo en 2013 casi $11 000 000 000 (once mil millones de dólares).[129]

La agricultura en Argentina es una de las principales contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero del país. Esto se debe fundamentalmente a la cría de ganado y a la deforestación. El cultivo de granos de exportación utiliza grandes cantidades de plaguicidas, que generalmente son aplicados mediante fumigación aérea a poca distancia de emplazamientos semi-urbanos, ocasionando grandes problemas de salud.

La deforestación (o "desmontes") en Argentina es el proceso de destrucción o agotamiento de la superficie forestal de los bosques de Argentina. La deforestación en Argentina contribuye al cambio climático,[131]​ mediante el aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero,[132]​ produce un incremento en la desertificación,[133][134]​ la salinización de las cuencas acuíferas,[135][136]​ y el aumento de las precipitaciones.[131]​ La deforestación es una de las principales causas de degradación, disminución y extinción de especies nativas[137][138][139]​ y de pérdida de biodiversidad en Argentina. Es uno de los conflictos ambientales más importantes del país, que tiene su origen en la gran concentración de la propiedad de la tierra por un grupo de terratenientes y la postergación de las comunidades indígenas de Argentina.[140][141][142]

La reducción de la masa forestal de Argentina se estima en un 66% en el lapso de 75 años (1930-2005),[143]​ debido a las actividades de la industria maderera, la producción de celulosa para el papel, y fundamentalmente de la agricultura.[144]​ Las prácticas de estos sectores no incluyen técnicas de conservación y regeneración, por lo que su estrategia es talar y deforestar hasta agotar el recurso.[145]

Según estimaciones de la FAO, la tasa de deforestación en Argentina es una de las más altas de América del Sur, con un 0,8% de deforestación anual.[146]​ El avance de la frontera agrícola es la principal causa de deforestación en Argentina,[147]​ sobre todo para el cultivo de soja y la agricultura ganadera.[148][149]​ Estas actividades han ocasionado que en el período 2000-2010 se deforestaran en la Argentina un promedio de 300.000 hectáreas por año.[150]​ La tasa de deforestación es actualmente de un promedio de 1,1 millones de hectáreas anuales.[151]​ El 80% de la deforestación en Argentina se concentra en cuatro provincias: Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco.[152]​ Santiago del Estero es la provincia argentina donde más se ha deforestado.[153]​ Durante 2020, a pesar de la pandemia por el coronavirus, la tasa de deforestación aumentó con respecto al 2019.[154]

La región chaqueña, que incluye a las provincias de Chaco y Santiago del Estero, es la más afectada por la deforestación.[142][148]:305 El 85% del total del bosque subtropical chaqueño fue deforestado entre 1969 y 2004.[155]​ Entre 2002-2013 el promedio de emisiones anuales brutas por deforestación fue de 101.141.848 de toneladas de CO2 equivalente (tCO2e),[156]:9y en 2017 se calculaba que la deforestación había aportado, junto con la agricultura, el 44% de las emisiones totales del país.[157]

En Argentina, la aplicación aérea se encuentra prohibida totalmente en la provincia de Misiones,[165]​ mientras que algunas provincias restringen la aplicación aérea en un radio determinado.



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