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Legión Extranjera Española



La Legión Española, o también conocida popularmente como la Legión, es una fuerza militar de élite dirigida y creada en 1920 por José Millán Astray, encuadrada dentro de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra Español. Actualmente consta de los tercios «Gran Capitán», 1.º de la Legión, y «Duque de Alba», 2.º de la Legión, y de la Brigada «Rey Alfonso XIII» II de la Legión, una BOP compuesta a su vez por los tercios «Don Juan de Austria», 3.º de la Legión, y «Alejandro Farnesio», 4.º de la Legión, más otras unidades de maniobra y de apoyo logístico. La brigada forma parte de la División «Castillejos», Fuerzas Ligeras hasta 2015, mientras que los Tercios «Duque de Alba» y «Gran Capitán» pertenecen a las comandancias generales de Ceuta y de Melilla respectivamente.[2][3]

La Legión o Tercio de Extranjeros, como se denominó en su origen, fue resultado del esfuerzo del entonces comandante de Infantería José Millán-Astray. El resultado desfavorable a las armas españolas en las guerras coloniales del norte de África creaba además disturbios en el país. Millán-Astray llegó a la conclusión de que España necesitaba un cuerpo de soldados profesionales, no de reemplazo, con una moral y espíritu de cuerpo que fueran equiparables a los de la Legión extranjera francesa. La Legión es la culminación de ese proyecto personal.

Tras su intervención en la guerra de Marruecos y la restauración de la legalidad del alzamiento contra el gobierno democrático de la República, llamado Revolución de Asturias de 1934, la Legión participó junto al bando sublevado (con el General Franco) en la guerra civil española. Posteriormente intervino en la Guerra de Ifni de 1957-58 y en la crisis por la descolonización del Sahara Español (1972-1975).

Tras una importante reestructuración en la década de 1990, ha cubierto desde entonces varias misiones internacionales de mantenimiento de la paz en distintas zonas del mundo como Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán, Congo y el Líbano.[4]

La Legión fue creada mediante el Real Decreto del 28 de enero de 1920, por el ministro de la Guerra José Villalba Riquelme, con el nombre de «Tercio de Extranjeros». El objetivo era hacer frente, como ya había hecho Francia, a la dureza de los combates en la Guerra del Rif (Marruecos), para los que no estaban preparadas las tropas de reemplazo, así como reducir el clamor popular por las bajas recibidas. No obstante, se considera como fecha de fundación oficial la del alistamiento del primer legionario, un hombre de treinta años llamado Marcelo Villeval Gaitán, el 20 de septiembre de 1920.[5]

Su primera base fue la posición A en Ceuta, situado sobre un monte desde el que se controla todo el estrecho de Gibraltar, y que el ejército español comenzó a ocupar en 1860. La primera expedición de legionarios ocupó el cuartel a finales de 1920, manteniéndose en el mismo hasta el 2008.[6]

Su primer comandante fue el teniente coronel de infantería José Millán-Astray, que tras su experiencia en Filipinas al mando de nativos Tagalos, en Marruecos al mando de los Regulares indígenas y habiéndose trasladado desde su anterior puesto en el regimiento Príncipe n.º 3 (sucesor del Tercio de Lombardía), le daría a la nueva fuerza su peculiar estilo y mística. Esta unidad encuadraba a los españoles y extranjeros que voluntariamente se alistaban para luchar en Marruecos. Inicialmente el Tercio constaba de una plana mayor de mando y administrativa, y cuatro banderas (unidad equivalente a un batallón). Cada bandera constaba de una compañía de Plana Mayor, dos compañías de fusileros y otra de ametralladoras.

El entonces comandante Francisco Franco fue el jefe de la Primera Bandera y lugarteniente de Millán-Astray. Los siguientes jefes del Tercio fueron los tenientes coroneles Valenzuela (1922–1923), Franco (1923–1935, posteriormente como coronel) y de nuevo el coronel Millán Astray.

El «Tercio de Extranjeros», que posteriormente se llamó «Tercio de Marruecos», «Tercio» y finalmente «la Legión» (nombre que ha llegado hasta la actualidad), participó en la Guerra del Rif desde su fundación en 1920 hasta su término, en 1927, siendo la acción más destacada en ese tiempo el conocido como «desembarco de Alhucemas».

Al inicio de la Segunda República se aprobó en las Cortes la reforma del Ejército (también conocida como Ley Azaña) con la que se ofrecía el pase a la segunda reserva —prácticamente el retiro— a cualquier oficial que lo solicitase en un plazo inferior a treinta días. Asimismo, el fin de la guerra colonial en Marruecos permitió reducir los efectivos de la Legión. Posteriormente es enviada, conjuntamente con los regulares, en 1934 para sofocar las rebeliones que se producen contra la Segunda República en la Revolución de Asturias.

Participa también en la Guerra Civil, entre 1936 y 1939, período en el que alcanza el máximo de sus efectivos, con 18 Banderas (unidad tipo Batallón), siendo muy importante su participación junto con las tropas de regulares indígenas (ambas unidades constituían el núcleo más combativo del curtido Ejército de África),[7]​ y su participación fue decisiva para la victoria del bando sublevado. En 1943 se da nombre a los tres Tercios con los que contaba entonces la Legión:

En 1950, y con la denominación de Tercio Alejandro Farnesio, se creó el cuarto Tercio en Villa Sanjurjo, antiguo Tercio General Sanjurjo asesinados por los sublevados al ser fieles a la República, actual Alhucemas.

En 1956, España otorga a Marruecos la independencia, en virtud del Acuerdo de Rabat, aunque los territorios de Ifni y Sáhara Occidental seguían siendo españoles. Para enfrentarse a las bandas armadas marroquíes y reforzar a la guarnición allí destinada, llega a Ifni la I Bandera Paracaidista y al Sáhara Español la XIII Bandera de la Legión, formada por una compañía de cada tercio, desembarcando en la playa de Huisi Aotman, para trasladarse en una marcha a pie hasta El Aaiún, capital del Sáhara, el 1 de julio de 1956.[8]

En junio de 1957, se incrementa la presencia de la Legión, desplegando en Villa Cisneros la IV Bandera. En noviembre de 1957, son atacadas las dos capitales: Sidi Ifni y El Aaiún, e inmediatamente se planifican y ejecutan operaciones de socorro a los puestos cercados y de control de los atacantes. Para ello, desembarcan en Villa Bens la II Bandera; en El Aaiún, la VI Bandera y en Villa Cisneros, la IX Bandera.

El 13 de enero de 1958, cuando la XIII Bandera se dirigía a Edchera en misión de reconocimiento, fue sorprendida por el enemigo estableciéndose un combate en cuyo transcurso fue rodeada una Sección, y en el intento de recuperarla se producen más de 20 bajas, entre las que se encuentran el Brigada Caballero Legionario Francisco Fadrique Castromonte y el Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga, últimos laureados de la Legión y del Ejército Español.

El 14 de enero de 1958, el territorio de Ifni se había convertido en provincia española. Las hostilidades duraron hasta el 30 de junio, y en ese intervalo las tropas españolas, bien solas en Ifni o en colaboración con unidades francesas en el Sáhara, lograron vencer a las partidas de insurgentes.

Terminadas las hostilidades, en agosto de 1958, las Banderas de la Legión desplazadas al Sáhara aportaron los hombres y la experiencia adquirida para formar los Tercios Saharianos «Don Juan de Austria» y «Alejandro Farnesio», III y IV de la Legión, respectivamente, y compuestos cada uno de: dos Banderas, un Grupo Ligero Blindado de Caballería (posteriormente Grupo Ligero Sahariano a partir de 1966) y una Batería de Artillería Transportada.

En febrero de 1961, como consecuencia de la entrega del Protectorado, finalizan su repliegue, siendo las últimas unidades que lo efectúan, los Tercios 1.º «Gran Capitán» y 2.º «Duque de Alba» sobre Melilla y Ceuta, respectivamente. En junio de 1969, Ifni es entregado a Marruecos pacíficamente mediante un tratado firmado en Fez y la XIII Bandera, que había sido trasladada a este territorio en agosto de 1958, es disuelta.

A principios del decenio de los 1970, los vientos descolonizadores de África llegan al Sáhara Español. El 20 de mayo de 1973 se produce el primer ataque del Frente Polisario: un asalto al puesto de la policía territorial del Pozo de Janquel Quesat. El aumento de estas acciones hostiles y la amenaza de Marruecos de ocupar el Sáhara movilizan a la Legión, que no solo tiene que proteger la frontera frente a posibles agresiones de Marruecos, sino que está sometida a inseguridad en su retaguardia frente a las acciones del Polisario.

A partir del 21 de agosto de 1974 se envían unidades del 4.º Tercio al sector norte del Sáhara, y el 18 de diciembre se produce el combate de Tifariti, en el que falleció el Sargento Caballero legionario José Carazo Orellana.

El aislamiento internacional que encuentra España en la resolución del conflicto, para el que busca y defiende la autodeterminación de sus habitantes, y el delicado momento interno que vive ante el precario estado de salud del Jefe del Estado, el General Franco, son aprovechados por Marruecos para organizar la denominada «marcha verde».

El 6 de noviembre de 1975, la marcha verde corta las alambradas y cruza la frontera, y su avance es vigilado por la Caballería de la Legión. Cerca de 50 000 civiles marroquíes se detienen frente a los campos de minas y posiciones defensivas situadas 10 km tierra adentro de la frontera. La situación fuerza al Gobierno de España a entablar negociaciones que finalizan con el acuerdo de repartir la administración del Sáhara Español entre Marruecos y Mauritania.

Los cerca de 5000 legionarios desplegados en el Sáhara apoyan la complicada evacuación y abandonan el territorio, habiendo de entregar sus acuartelamientos a las fuerzas marroquíes y mauritanas.

El 27 de noviembre, la VII Bandera entregaba Smara. El 11 de diciembre, la VIII Bandera y el GLS I dejan Sidi Buya. La IX y X Banderas abandonan el amplio acuartelamiento de Villa Cisneros el 16 del mismo mes. Tan sólo quedan en el Sáhara los dos Grupos Ligeros Saharianos, que se repliegan: el 4 de enero el 1.er Grupo Ligero Sahariano y el 11 el 2.º Grupo Ligero desde Villa Cisneros (siendo la última unidad militar española en abandonar la provincia española del Sáhara).

En 1975, con el abandono español del Sáhara, el 3.er Tercio pasó a constituir la guarnición de la isla de Fuerteventura, continuando el 1.º y 2.º en Melilla y Ceuta, respectivamente. Tras el repliegue, surgieron problemas de adaptación, frustración y depresiones en una época en que no existían las bajas por motivos psicológicos. Los legionarios se vieron implicados en numerosos delitos en la isla e incluso en el secuestro de dos aviones, en agosto de 1979 y junio de 1982.[9][10]​ Tal fue la situación que el Cabildo de Fuerteventura llegó a solicitar la disolución de la Legión, tras el asesinato de tres turistas.[11]

El 4.º Tercio fue desactivado, pero en 1981 se volvió a crear, quedando de guarnición en Ronda (Málaga).

En los años 1985 peligraba la continuidad de la unidad, que finalmente fue mantenida a costa de sufrir grandes cambios en su forma de reclutamiento, y la eliminación de aspectos singulares del Cuerpo, como la desaparición de su Escala Legionaria de Suboficiales.

En 1995 se creó la Brigada de infantería ligera Rey Alfonso XIII II de la Legión, en las instalaciones de la extinta Brigada de Infantería Motorizada XXIII, con sede en Viator (Almería).

Tras un periodo en el que se prohibió la recluta de extranjeros, comenzó la admisión, al igual que en otras unidades del Ejército, de soldados hispanoamericanos y ecuatoguineanos. A partir de los años 1990 la Legión ha intervenido en diferentes misiones de paz de la ONU, la OTAN, la OSCE y la Unión Europea en distintas zonas en conflicto:[4]

Las primeras mujeres ingresaron en la Legión en 1990, en el cuerpo médico, la primera de ellas María del Pilar Hernández Frutos, teniente coronel de la Brigada de Sanidad del Ejército de Tierra en 2020.[12]​ En 2009 eran 265 las damas legionarias.[13]​ En 2012, el 9% de los legionarios eran mujeres, incluyendo a muchas de ellas en unidades, aunque no puestos, de combate, con participación en misiones al exterior.[14]​.En 2020 de los 5000 soldados en activo, 279 son mujeres.[15]

El equipamiento de un soldado básicamente consta de un uniforme adaptado al entorno y las botas. Para la protección del combatiente en caso de ataque lleva puesto un chaleco antibalas y un casco. Normalmente el soldado lleva de 4 a 5 cargadores y equipado con el fusil alemán H&K G36E, también cubiertos de campaña, navaja, 2 granadas de mano, red mimética, linterna, cantimplora y gabata, brújula, botiquín, pistola USP de 9mm y 2 cargadores (en algunos casos), equipo de comunicación,gafas de visión nocturna AN/PVS-14. En la mochila de combate un soldado siempre tiene que llevar raciones de comida, otra cantimplora, poncho impermeable, manta americana y 1 muda interior.

Desde sus orígenes, la Legión ha promovido siempre un culto al combate y una disminución de la relevancia de la muerte. Se pretende con ello minimizar el miedo natural a morir, favoreciendo los actos heroicos necesarios para su misión inicial como tropas de choque profesionales. Gran parte de ese objetivo se cubre mediante un adoctrinamiento de la tropa, que incluye la llamada «mística legionaria», simbolizada de forma definitiva en el Credo legionario.

Algunos de sus lemas identificativos desde sus inicios, aún empleados hoy día, son «¡Viva España!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva la Legión!», «¡A mí la Legión!» y «¡Legionarios a luchar, legionarios a morir!».[19][20][21]

La canción del legionario

Soy valiente y leal legionario
soy soldado de brava legión;
pesa en mi alma doliente calvario
que en el fuego busca redención.

Mi divisa no conoce el miedo,
mi destino tan solo es sufrir;
mi bandera luchar con denuedo
hasta conseguir
vencer o morir.

Legionario, legionario
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar.
Legionario, legionario
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte,
tendrás siempre por sudario,
legionario,
la bandera nacional.
¡Legionarios a luchar,
legionarios a morir!

Somos héroes incógnitos todos,
nadie aspire a saber quién soy yo;
mil tragedias, de diversos modos,
que el correr de la vida formó.

Cada uno será lo que quiera,
nada importa su vida anterior,
pero juntos formamos bandera,
que a la Legión da
el más alto honor.

Legionario, legionario
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar.
Legionario, legionario
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte
tendrás siempre por sudario,
legionario,
la bandera nacional.
¡Legionarios a luchar,
legionarios a morir!

El novio de la muerte

Nadie en el Tercio sabía
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
mas la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.
Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y rudeza le contestaba:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera».

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo a su bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.
Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera».

Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Aquella carta decía:
«...si algún día Dios te llama,
para mí un puesto reclama
que a buscarte pronto iré».
Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba:
«Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera».

El Credo Legionario consiste en una lista de doce máximas redactadas por José Millán-Astray, fundador de La Legión Española, poco después de la creación de la unidad en 1920. La intención de Millan Astray era la de plasmar en sentencias simples que definió como base espiritual de La Legión, ayudando así a conformar y que todo caballero legionario debía saber de memoria el credo y aplicarlo en todas las facetas de su vida.

Los doce espíritus que forman el Credo Legionario son:

Aunque no son exactamente parte del credo, se le incluyen siempre los tres vivas que se lanzan en todo acto ceremonial legionario desde su fundación: "¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!". Los vivas se gritan por parte de todos los legionarios presentes en el acto, al unísono, a modo de clausura y a la voz del oficial superior legionario presente, quien siempre los demanda con la misma frase con que lo hacía Millán Astray, hoy tradicional: "Con el gorrillo en la mano izquierda y el brazo en alto, gritad conmigo:[...]".

Creada el 28 de enero de 1920, y aunque ya había participado en acciones de guerra, la Legión  no empezó a ser conocida entre la ciudadanía española hasta su precipitado traslado en auxilio de Melilla tras el Desastre de Annual. En 1923, con la unidad ya plenamente establecida y necesitada de mantener el flujo inicial de reclutas, así como buscando incrementar la publicidad sobre la misma, el entonces teniente coronel José Millán Astray redactó y editó un libro titulado La Legión, en el cual aparece públicamente la primera forma conocida del Credo. No obstante, este ya existía prácticamente desde la fundación de la unidad, y era enseñado a las tropas con tanta insistencia y tesón como si se tratara de un nuevo catecismo.

El texto del Credo Legionario se mantuvo inalterado durante los años de existencia de la Legión, excepto por un detalle del 11º espíritu: la edición original publicada por Millán Astray rezaba La Bandera de La Legión será la más gloriosa [...]. La forma en futuro fue modificada a su redacción actual, en presente, en un acto con gran ceremonia tras la entrega de la primera bandera nacional a La Legión el 5 de octubre de 1927 por parte de la entonces reina Victoria Eugenia, al considerarse que las bajas legionarias hasta la fecha lo hacían merecedor de tal modificación.

En los años 80, cuando se cuestionaba la continuidad de La Legión, el Ministerio de Defensa de España promovió una nueva redacción del Credo, por considerar que la tradicional era anacrónica y políticamente incorrecta, aunque no prosperó.



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