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Sagrada Congregación del Índice



La Sagrada Congregación del Índice (en latín; Sacra Congregatio Indicis), fue la institución oficial de la Iglesia católica dedicada a la revisión y censura de libros u otras publicaciones impresas, entre los siglos XVI y XX. Su nombre se debe a que su principal acto público era la difusión regular y actualizada del Índice de Libros Prohibidos, listado de obras escritas repudiadas por el catolicismo. Organizada eclesiastícamente como una congregación de la curia romana (instancia equivalente a un ministerio en un estado laico), en la práctica era una junta de cardenales y otros altos prelados de la jerarquía central de la Santa Sede, que evacuaba decretos autorizando o prohibiendo la publicación y lectura de diferentes impresos, que normalmente eran denunciados a la congregación por jerarcas locales, como obispos y arzobispos. Las resoluciones iban de la prohibición absoluta de lectura y difusión (donec expurgetur), a la prohibición acompañada de una orden de modificación de los textos originales, denominada en lenguaje de la institución "corrección" (donec corrigatur).

El papado comenzó a preocuparse recurrentemente en el tema de la censura desde que surgiera la imprenta en Alemania (hacia finales de la década de 1440). Así, los papas Inocencio VIII y Alejandro VI comenzaron a enviar instrucciones a los obispos de la Maguncia para que controlaran los contenidos impresos. El Concilio de Letrán V (mayo de 1512 a marzo de 1517) estableció formalmente la censura eclesiástica, entregando la potestad a las autoridades diocesanas.[1]​ Pero las autoridades católicas sobre todo comenzaron a elaborar numerosos listados de obras prohibidas desde que surgiera el movimiento de reforma (a partir de octubre de 1517). En 1542 el papa Pablo III creó la Inquisición romana ("Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición"), que desde un principio tenía entre sus atribuciones oficiales la prohibición de libros.[2]

Estos esfuerzos de censura comenzaron pronto a ser secundados por autoridades civiles católicas y la jerarquía religiosa local. Así, por ejemplo, en 1558 Felipe II de España, a imitación de un encargo similar que había hecho su padre (Carlos V) a la Universidad de Lovaina, había mandado a Inquisición Española elaborar un "memorial" o "expurgatorio"[3]​ de obras repudiables desde el punto de vista católico, con el fin de prohibirlas en su reino.

Prácticamente al mismo tiempo, el papa Pablo IV (antes el primer inquisidor general, Gian Pietro Carafa) publicó el primer índice pontificio (llamado comúnmente Index Paulino) en el último año de su reinado (1559). Su índice establecía tres categorías: obras completas de determinados autores (principalmente protestantes, pero también católicos como Erasmo de Róterdam), obras determinadas de algunos autores, y obras anónimas. Y además condenó a 59 impresores con cualquier obra que saliera de sus instalaciones.[4]

Su sucesor, Pio IV, junto con publicar el llamado Index Tridentino (que revisaba el anterior), estableció una norma para la prohibición de obras escritas en la constitución Divini Gregis, del 24 de marzo de 1564,[5]​ que originalmente debía ser aplicado por la Inquisición romana, que venía centralizando el ejercicio de la censura y persecución de opiniones heterodoxas, en el marco de la lucha ideológica y teológica relanzada por el papado con el Concilio de Trento.

El siguiente papa, San Pio V (cuya carrera eclesiástica también había consistido primordialmente en labores de inquisidor), estableció la repartición especial dedicada a la censura: la Congregación del Índice (1571), encargada de la publicación sucesiva del listado de textos "prohibidos y expurgados". Con todo, en los siglos siguientes la congregación de la Inquisición romana siguió conservando atribuciones respecto de la censura de obras escritas, anexando sus propias prohibiciones a las decretadas por la Congregación del Índice.

Esta congregación finalmente, en tiempos de Clemente VIII (1596), publicó un índice que duplicaba el número previo de libros prohibidos, agregando 1.100 nuevos títulos a la lista. En total, solo durante el siglo XVI las autoridad pontificias condenaron 2.200 obras.[6]

Entre fines del siglo XVI (1590) y mediados del siglo XX (1948) se publicaron 30 índices de libros prohibidos: 3 en el siglo XVI, 3 en el XVII, 7 en el XVIII, 6 en el XIX y 11 en el XX.[8]​ De este índice romano se imprimieron alrededor de 300 ediciones, hasta su eliminación en 1966. En ellos se prohibió la lectura de las obras completas de autores como Balzac, D'Annunzio, Anatole France, David Hume, Emile Zola, Stendhal y Voltaire; además de obras capitales de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Blas Pascal, Rabelais, Montaigne, Maquiavelo, Samuel Richardson (Pamela o la virtud recompensada), Jean-Jacques Rousseau (El contrato social), Immanuel Kant, John Stuart Mill (Principios de Economía Política) y Victor Hugo (Los miserables).[9]​ También se prohibió libros anónimos como El Lazarillo de Tormes y obras colectivas de consulta como la Enciclopedia Larousse[10][11]​ Además, se prohibió la lectura de la Biblia traducida del latín a las lenguas maternas de los fieles ("lenguas vernáculas" en los documentos vaticanos), salvo en casos excepcionales en que hubiese una autorización especial.

En 1917, continuando el proceso iniciado por San Pío X de reunir y eliminar dependencias de la compleja administración vaticana, Benedicto XV disolvió la Congregación del Índice y entregó (o devolvió) sus funciones de censura a la Inquisición romana,[12]​ que había sido rebautizada como "Congregación del Santo Oficio" en 1908. Esta congregación cambió de nombre en 1965, ocasión en que Pablo VI le conservó su función de "prohibir libros",[13]​ llamándose hasta la actualidad Congregación para la Doctrina de la Fe.[14]​ Pero al año siguiente, 1966, se consideró poco práctico seguir con la elaboración de la lista y -frente al creciente caudal de publicaciones- fue eliminado el Índice de Libros Prohibidos, a contrapelo de la opinión del cardenal Ottaviani (prefecto de la Doctrina de la Fe y principal voz del bando conservador en el Concilio Vaticano II), quien en una entrevista poco antes de se adoptara la extinción del Index descartaba cualquier cambio futuro sobre el particular.[15]

La tradición cristiana de la "expurgación" de libros es más antigua. Como resultado del primer Concilio de Nicea, el emperador Constantino I decretó en 325 que los escritos de Arrio (por ejemplo la Thalia, hoy desaparecida) fuera quemados y quienes encubrieran el texto fueran sentenciados a muerte.[16]​ En el año 400, Teófilo de Alejandría promulgó ya un decreto emanado como autoridad religiosa, ordenando que nadie en Egipto conservara los escritos de Orígenes "o los leyera". En el año 446 el papa León Magno ordenó quemar los escritos de los maniqueos. El primer sínodo que ordenó directamente la quema de textos, en 681, fue el Concilio de Constantinopla III.

Antes de todo eso, de acuerdo al texto Hechos de los Apóstoles en el siglo I se habría producido la primera quema de libros cristiana en Éfeso, durante una visita de Pablo de Tarso. En esa ocasión, según el relato, algunos habitantes "que practicaban la magia", impresionados por los exorcismos cristianos, habrían incendiado una pila con sus libros, equivalentes a un valor que el autor estima en "cincuenta mil monedas de plata". A diferencia de los ejemplos anteriores, en esta narración los libros habrían sido quemados voluntariamente por sus dueños.[17]

La congregación era dirigida por un cardenal-prefecto, quien muchas veces coincidía (aunque no necesariamente) también en el rol de Penitenciario mayor de la Santa Sede.

En Latinoamérica, durante el período colonial, además de regir las prohibiciones de la Congregación del Índice, estaba vigente la censura adicional de la Inquisición Española y la Inquisición Portuguesa, que era las instancias a la que habitualmente elevaban sus denuncias las autoridades católicas locales en ese período.

Pero aunque la Congregación del Índice, en la inmensa mayoría de los casos, centró su atención en obras europeas y de tema europeo (sobre todo escritas en italiano y francés) hubo textos relativos a Latinoamérica o escritos por autores latinoamericanos que fueron prohibidos por la institución, permaneciendo muchos de ellos en el Index Librorum Prohibitorum hasta su extinción en 1966. La mayoría de estas obras, antes de la independencia de los países latinoamericanos, solo concitaron la atención de la Congregación del Índice al ser publicadas en Europa.

Las siguientes son algunas obras latinoamericanas[20]​ o relativas a Latinoamérica que se pueden encontrar en el Index, ordenadas cronológicamente de acuerdo a su fecha de prohibición:[21]



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