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Tenencia de Puerto Viejo



La Tenencia, Provincia o Partido de Puerto Viejo, a partir de la conquista del Perú en el llamado Reino de Quito y de lo que significó el Imperio Español en América del Sur fue una entidad gubernamental costera con categoría de feudo pertenencia, organizada a través de la dirigencia política, judicial y tributaria de un cabildo colonial regido por las leyes del Derecho indiano con sede administrativa residente durante las estancias temporales y definitiva de la ciudad de San Gregorio de Puerto Viejo. La jurisdicción de la tenencia estuvo subordinada automáticamente a la Gobernación de la Nueva Castilla desde 1529, también a la Gobernación de Quito y en integración definitiva a la Real Audiencia de Quito, dentro de la cual hacia 1552 se unificó con la antigua Tenencia de Santiago para conformar un corregimiento; en el cual pasó a formar parte como la segunda tenencia más importante, cuyo ayuntamiento quedaba definitivamente subyugado solo en materia judicial y fiscal en dependencia anexa con la ciudad de Santiago de Guayaquil, que por esto tuvo la sede privilegiada sucesivamente dentro de las instancias superiores de los virreinatos del Perú y de la Nueva Granada. Desde la fundación de Portoviejo ocurrida el 12 de marzo de 1535 por Francisco Pacheco su máxima autoridad la ejerció el Teniente de Gobernador hasta 1552 cuando fue sustituido el cargo en Lugarteniente de Corregidor o Teniente General de Corregidor, asimismo esta entidad padeció un sinnúmero de reiteradas modificaciones, cercenaciones y desmembraciones territoriales previstas por el interés socioeconómico de los primeros gobernadores de Quito para encontrar una salida fácil con acceso de un Camino Real hacia la Mar del Sur que prontamente se consolidó por la ubicación estratégica de Guayaquil. En sus inicios se verifica una extensión primitiva desde la Bahía de San Mateo inclusive por el septentrión que lindaba con territorios de la entonces Villa de Pasto, hasta incluir por el mediodía todo la banda costanera de la Provincia de Santa Elena, excluyendo a la isla Puná y a las vías fluviales que rodeaban la ciudad de Santiago de la Nueva Castilla; empero manteniéndose un acostumbrado contacto comercial y burocrático con la Villa de San Miguel. En el levante colindaba con la antigua Tenencia de Quito y en el poniente el mar; aunque hacia 1570 ocurren imprecisiones de sus límites al norte que se aproximaban a extenderse sus dominios mediante la existencia exclusive por los Ríos Carrizal y Chone, los cuales demarcaron la diferenciación con los Gobiernos de Caráquez, teniendo como referente de frontera hipotética a la llamada encomienda de Charapotó que era una institución jurídica interna dependiente y originaria en la administración de la tenencia. Mediante la creación de la Gobernación de Guayaquil en 1764 se denominaría oficialmente Partido y tras ocurrir la Independencia de Guayaquil en 1820 se formaliza la separación de la Monarquía Española son abolidas sus instituciones siendo anexados sus territorios a la breve República de Guayaquil, para que sucesivamente desde 1824 conformara el eje de la actual Zona Centro-Sur en la Provincia de Manabí.

Aunque la Villa en sí ya estaba planificada fundarse desde antes de 1534, y fue durante las estancias efímeras de Francisco Pizarro por el territorio que ya era conocida la comarca como Puerto Viejo (desde Coaque por el norte, hasta Tosagua por el Este y la Isla de la Plata al sur hacia 1527), se había pensado en reducir la población de indígenas rebeldes sin que haya escogido el lugar apropiado en su trayecto hacia la conquista del Perú, y tampoco sin haberse dado el adecuado trato con los Caciques que habían declinado su puesta al yugo como un proyecto prioritario. Fue Diego de Almagro, que inicialmente había hecho mejores recorridos al interior de los valles, yacía descubierto diversos caminos hasta la sierra determinando muchos accesos fluviales por el lado Este, puesto que meses antes de marzo de 1535 inicialmente era ya vox populi entre la élite conquistadora y burocrática que había pensado llamarla Villa Nueva de Almagro, en honor a la villa castellana de Almagro, de la que era oriundo, atraído por los vientos frescos que se daban alrededor del actual río Portoviejo en verano y queriendo dejar una sencilla huella que le recuerde como conquistador. Pero era evidente que la jerarquía de Pizarro para autorizar la fundación de una villa estaba sobre la de él. Además los intereses de Almagro estaban molestando a los de Pizarro para ese tiempo, una vez que había desaparecido la preocupación por la presencia de Pedro de Alvarado. Esto se lo afirma según el estudio que la historiadora Dora León Borja hace sobre los sucesos anteriores y posteriores al proceso fundacional de Guayaquil; y entre ello ubicando a los relacionados con la fundación de Portoviejo. Por lo que aquel nombre no fue aceptado, le molestó a Pizarro en silencio aquel alardeo, y para contrariarlo debido a las primeras diferencias de pareceres que surgieron entre la lejanía de ambos conquistadores antes de iniciarse la conquista de Chile y una vez consolidada la del Reino de Quito en esos meses la denominación de Almagro quedó abolida y desechada, puesto que Pizarro ya le había tenido una ligera antipatía con lo sucedido en la fundación de Santiago de Quito que llegó a evidenciar desconfianza. Además Pizarro sabía de la amplia simpatía que tenía con muchos capitanes y la increíble habilidad que Almagro poseía para recorrer los caminos de los actuales territorios del Ecuador continental que Pizarro apenas superficialmente recorrió. Ímpetu que le llevaría a Almagro a descubrir pero no conquistar Chile. Almagro era el único mariscal de Francisco Pizarro que estaba en el norte de la costa de la Gobernación de Nueva Castilla, y a pesar de haberse encaprichado por la fundación anteriormente no pudo estar ajeno a ella y era la única personalidad militar que podía ratificar órdenes, que se la transmitieron a Francisco Pacheco. Por lo que la ciudad fue fundada el 12 de marzo de 1535 por el Capitán Francisco Pacheco, bajo las órdenes de Diego de Almagro y con el nombre sugerido y modificado por parte de Francisco Pizarro de Villa de Villa Nueva de Puerto Viejo jurándose fidelidad al rey Carlos I de España, quien después supo que la villa había sido fundada en nombre suyo. Sorprende saber que en el contexto de su fundación fue curiosamente la villa que no conservó íntegro ni el nombre de su localidad indígena, el del cacique donde se asentara la población o el de alguna deidad famosa que lod indígenas adoraran. A diferencia de Quito con Guayaquil con Santiago del Quito, Pasto, Cali, Piura, Arequipa, Lima y otras tantas. La denominación Puerto Viejo era castellanísima, pero de orígenes navieros y coloquiales, que se habían vuelto oficiales. Su fundación estaba resuelta desde la consolidación del primer descuido al que se acudió Francisco Pacheco, pacificando a la autoridad de los Caciques que fueron engañados por los primeros Regidores nombrados para el Cabildo, y de quienes no queda registro porque los primeros Libros de Cabildo de Puerto Viejo desaparecieron en el mismo siglo que se escribieron.

Documento sobre el estado legal de la Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo que data del 1 de julio de 1539, dedicado al Rey Don Carlos I de España sobre el estado de la ciudad y sus autoridades, en la que relata la aceptación popular hacia el capitán Gonzalo de Olmos como Teniente de Gobernador y se exige su presencia como garantía del merecido tratamiento protocolario con los privilegios que la urbe adquirió desde su fundación, además se dan a conocer las primeras expediciones en la búsqueda del supuesto País de las Esmeraldas que nunca habría de encontrarse:

A vuestra Sacra Cesarea Católica Magestad umildes criados e vasallos que los rreales pies e manos de vuestra magestad besamos. (f) Francisco Gutiérrez. (f) Francisco Flores. (f) Cristóbal Rodríguez. (f) Francisco Pérez. Por mandato de los señores Justicia regidores. (f) Pedro Álvarez

Todas las ciudades fundada alrededor de franjas costaneras como Portoviejo nunca debían ubicarse en situaciones exactas colindantes al mar sino más bien entrometidas en un valle adyacentes a un puerto seguro. Siguiendo esta premisa histórica al igual que las articulaciones urbanas entre el Callao con Lima, el de la Isla de la Puná con Guayaquil, el de Paita a Piura, el de Buenaventura con Cali comprueba que el eje desde Manta a Portoviejo era la entrada y salida oficial de todos los productos que salían de la Tenencia de Puerto Viejo.


Ante mí;

Valltazar de Velasco.


Puerto Viejo, era heredera legítima de una administración edilicia propia. Lo que se desconoce en el contexto histórico del presente, es que todas las poblaciones que se fundaron en América, para inaugurarse no solamente requirieron de una voluntad conquistadora, guerrera, pacificadora y evangelizadora, sino también mediante la redacción de trámites burocráticos ejercidos en la Corte. Es muy cierto que esas nacientes poblaciones reducidas o pueblos de indios escogidos para obtener una categoría de Villa o Ciudad debían adquirir el derecho de compra a la Corona. Anteriormente los historiadores colonialistas del siglo XX reflexionaban que estos tratamientos exclusivos y rangos de papel eran pactados de acuerdo al incremento de tributos enviados a la Corte y a la par con el crecimiento poblacional; pero esto es un factor que en nada influía en la titulación formal dada a muchísimas poblaciones indianas, que tenían un aspecto urbano, más relacionado con una aldea, cacerío o de pueblo, que a una urbe europea. Por ello, muy pocos investigadores se limitaron a deducir que la complicidad de solo nominarse representativamente debía como cualquier otro negocio de la época tranzarse. De hecho en contexto, llamarse e intitularse como una Villa o una Ciudad no era cómodamente fácil, puesto que aquellos privilegios simbólicos también eran comprados por los cabildos al Rey vía Consejo de las Indias de una manera más discreta, para obtener así mediante las cédulas reales, el permiso de llamarse auténticas Villas o Ciudades. Así, todos los cabildos tenían también Agentes en la Corte de Madrid o de Valladolid que gestionaron por prolongado tiempo este tipo de pretensiones capitulares. No tenemos noticias ni idea de cuánto le pudo costar a Puerto Viejo, su villazgo o su posterior civitazgo, en miras a que se ha contemplado confusamente la igualdad de ambas categorías como idénticas o sinónimas, debido a la narración histórica contemporánea latinoaméricana decimonónica que a sólido confundir los ceremoniales administrativos de la Casa de Trastámara y la de Austria y no llegó a ser docta en el conocimiento de la espacialidad académica correspondiente al modus vivendi y mentalidad gubernamental en éstas épocas. En el siglo XVI y XVII, el Régimen polisinodial castellano creó toda una articulación de rangos urbanos comprables, siendo evidentes fuentes de ingresos para la corona, aunque excepcionalmente estos recursos sirvieron para obras pías o infraestructura de obras públicas, en la península. No se puede verificar con exactitud cuando Puerto Viejo dejó de ser una Villa para metamorfosísticamente transformarse en una Muy Leal y Muy Noble Ciudad, en la cual todos los documentos posteriores a 1570 lo aprueban y coordinan en un promedio cronológico. El Cabildo estaba compuesto; en representación del Corregidor y Justicia Mayor, por el Teniente General de Corregidor. Había dos Alcaldes Ordinarios, cuatro Regidores Perpetuos, dos Alcaldes de la Santa Hermandad, un Alguacil Mayor, un Fiel Ejecutor, un Alférez Real, un Procurador General que actuaba como Letrado del Cabildo en todas las áreas judiciales, un Escribano Público y Cabildo, un Mayordomo de Propios quién recaudaba las rentas del Cabildo, un Comisario de la Santa Cruzada. Además a su cargo estaban los Alcaldes Mayores de Pueblos de Indios, que por lo general eran descendientes de Caciques que fueron leales a la causa conquistadora, entre ellos el Alcalde Mayor de Indios del Puerto de Manta, a su vez Cacique de Manta, Jaramijó y Jipijapa.

Ante my; (f) Joan de Molina Çambrana.

Pedro de Ledesma.

Anterior a la vigencia de esta cédula, el nombramiento de Teniente General de Corregidor en esta Ciudad le competía personalmente al Virrey, por lo que tácitamente a pesar de estar sujeto a la jurisdicción del corregimiento de Guayaquil, le daba como tal a la persona cierta autonomía de autoridad política y judicial directamente con las autoridades virreinales desde la época de Blasco Núñez Vela. Mientras, que con la revisión de esta Cédula, de ahora en adelante los Tenientes Generales de Puerto Viejo serían elegidos localmente por el Corregidor entrante, oportunidad inaudita que aprovecharon muchos Vecinos acaudalados de Guayaquil para controlar políticamente a Portoviejo; y que a su sumisión política, militar y judicial se sume a ello el aspecto tributario. Aunque por revisión de las Actas del Cabildo sobrevivientes muchos Corregidores realizaban las visitas a toda la jurisdicción anualmente, donde en ambos cabildos tomaban posesión de sus cargos. Inicialmente llegaban primero a Guayaquil siendo recibidos en la Isla Puná y meses después por el golfo zarpaban hasta el puerto de Manta donde eran recibidos por una comitiva que los dirigía hasta la pequeña Ciudad colonial de Portoviejo. A pesar de ello, los Corregidores pasaban la mayor parte del tiempo en Guayaquil cuidando los intereses de la Corona porque allí empezaba el Camino Real de la Presidencia de Quito. Esta cédula hizo dependiente a la única institución que Portoviejo conservaba hasta la fecha autónoma, pero, con la vigencia del documento, Puerto Viejo pasó directamente a depender en todo los aspectos secundarios como comerciales, mercantiles, judiciales y en última instancia tributario de Guayaquil y ya no de la persona del Virrey. El correo de la Audiencia de Quito entre Portoviejo y Quito fue controlado por los capitulares de Guayaquil y se le impidió a los Vecinos sucesivamente el permiso de abrir un camino como ya se lo haría con Bahía de Caráquez en 1616. De hecho, muchas de las generaciones de conquistadores acaudalados de Portoviejo que habían recibido mercedes regias en el pasado de a poco fueron abandonando el Vecindario y debido a su ruina económica, a la falta de tecnología, instituciones educativas, médicos, y a establecimientos que germinaran conocimiento lograron dependencia e inmigraron a otras Ciudades que crecieron precozmente como Lima, Barbacoas, Quito, Santiago de Cali, Trujillo, Piura, Anserma, Cartago, Buga, Santa Fe de Antioquia, Provincia del Chocó, Ciudad de Panamá, Cartagena de Indias y hasta el propio Guayaquil. Oportunidad vinculante que aprovecharon muchos Vecinos Feudatarios y Principales de Guayaquil para abrir nuevos negocios y rutas monopólicas regionales en la lejana urbe primitiva y para hacerse con ello de un control sumadamente directo desde Guayaquil. Empero, en el siglo XVII, toda la documentación trataba equitativamente importante en el sentido literal Escribano a ambas Ciudades, ya que el título oficial era el de Corregidor y Justicia Mayor de Santiago de Guayaquil y San Gregorio de Puerto Viejo. Fue en el siglo XVIII, cuando la mentalidad mercantilista de los Borbones reemplazó a los solemnes y ceremoniosos hidalgos pertenecientes a la generación de los austeros y supersticiosos Austrias, lo que convirtió a la Ciudad de Guayaquil en la principal de la Costa en la Audiencia de Quito. Los Borbones interinamente restaron poder a los Virreyes y dieron mucha prioridad a los administradores de jerarquía media, asimismo entraron al servicio militares y burgueses, reemplazándose la nobleza que había gobernado en el tiempo de los Austrias, y cuyo recelo provocaría que estallase de a poco un resentimiento de desconfianza muy común entre las autoridades impuestas con las que por costumbre y tradición habían ostentado el poder, produciéndose allí la primera herida que de a poco quebrantaría el colonialismo español en Sudamérica. El siglo XVII significó para Puerto Viejo la dependencia definitiva de la persona del Corregidor y uno de los Alcaldes Ordinarios del cabildo de Guayaquil como en las instancias de los documentos consta, puesto que los esfuerzos por considerar el peso histórico de la Ciudad en la región dejó de primar por el interés netamente de nivel comercial, que a Lima le interesaba. La debacle económica de las rentas de la más antigua ciudad manabita no solo fue con la disminución de su población criolla, quienes ejercían el control, sino por la desorganización efectiva de las Encomiendas, muchas de ellas abandonadas; y de un sistema de rentas que no benefició más que a la pretensión de Vecinos de otras ciudades cercanas, los cuales tributaban aquellas rentas en sus respectivos cabildos de origen. Además los Vecinos de Puerto Viejo optaron por invertir sus ganancias; es decir la acumulación de riqueza líquida en negocios que resultaron prósperos en otras latitudes, lo que produjo un considerable abandono presencial de los hidalgos y el deterioro de la representatividad institucional; lo corroboran los documentos reflejando que continuaron recibiendo las pensiones de sus encomiendas hasta la cuarta o tercera generación que las reclamó y las vendió en tiempos de la República como legado de familia. Este fenómeno se siguió repitiendo hasta lacerarse cuasi por completo el erario que producía la ciudad de una manera notoria. Al no estar dentro del Camino Real lastimosamente no podía ser partícipe de un comercio más dinámico; y al encontrarse la ciudad bloqueada de su comercio que privilegiaba a comerciantes y mercaderes piuranos, trujillanos, guayaquileños, limeños y provenientes del sur de la Audiencia de Santa Fe, sumando ello a la reabsorción de sus rentas tributarias por las Cajas Reales de otros cabildos cercanos; ya que muchos Vecinos cobraban anualmente el arrendamiento de sus sementeras. La manera en que la ciudad perdía cada vez menos interés por parte de los Virreyes hasta ser casi invisible institucionalmente, al encontrarse ya lejana de las supuestas inmediaciones a orillas del mar que la acogiera en su fundación y haberse visto atacada numerosas veces por el asalto de piratas, entre ellos muchos del bando de Tomás Candi, a la calamidad de las terribles anegaciones y catástrofes naturales, sucedidas en el valle del río que llevaba puesto el mismo nombre de la Ciudad, o a la casi imposibilidad de arribarla en el invierno. Los únicos privilegios a los que no podía renunciar fue el de conservar la legitimación de su tratamiento como Ciudad y todas las primeras cédulas que la Reina Juana, Carlos V y Felipe II firmaron a favor suyo y de la presencia obligatoria de autoridades que estipularon se elijan perpetuamente como cualquier otra ciudad de Castilla.

Célebre descripción general sobre Portoviejo Colonial, según la obra Nueva Crónica y Buen Gobierno del cronista peruano Felipe Guamán Poma de Ayala:

La Villa de Puerto Viejo se fundó un día, mes y año en que gobiernan como Papa Clemente y como Emperador don Carlos, a nombre de Dios, del Papa, de la Santísima Madre Iglesia de Roma y de la fe cristiana, siendo su creación ordenada por el mismo Emperador, por ser la primera villa fundada en este reino, antes que ninguna otra ciudad, villa o aldea. Como fue el primer puerto cristiano en este Reino, se le llamó Puerto Viejo por su antigüedad, o viejo como se expresaría en Castilla. Desde un principio se estableció la salida por la Villa de Puerto Viejo, de los tesoros y riquezas que se enviaban de este Reino a España. La gente de este lugar es muy buena, humilde y cristiana, grandes servidores de Dios y de su Majestad, por cuya circunstancia se puede decir: “Castilla es Castilla, Roma es Roma, la Santa Fé socorrida y la Santa Madre Iglesia obedecida; por esta Villa es su Majestad Monarca del mundo por eso todos los Reyes, Príncipes, Emperadores le sirven y obedecen”.





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