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Arquitectura gótica francesa



La arquitectura gótica francesa y arte francés designa un estilo arquitectónico de la segunda parte de la Edad Media que surgió en lo que hoy es Francia como evolución de la arquitectura románica. El gótico apareció hacia 1130/1140 en las regiones de la Île-de-France y Haute-Picardie bajo el nombre de opus francigenum —en latín, que significa 'obra franciliana', por Île-de-France— y se difundió rápidamente: primero, al norte del río Loira y luego al sur: después llegó a toda Europa occidental y siguió en uso hasta mediados del siglo XVI, e incluso hasta el siglo XVII en algunos países. Su fuerte identidad, tanto filosófica como arquitectónica, representa probablemente uno de los mayores logros artísticos de la Edad Media.

Las técnicas y la estética góticas se perpetuaron en la arquitectura francesa más allá del siglo XVI, en pleno período clásico, en algunos detalles y modos de reconstrucción. En el siglo XIX también tuvo lugar una verdadera recuperación con la ola de los historicismos, que llegó hasta principios del siglo XX, un estilo revival que fue denominado neogótico y que en Francia apareció algo más tarde que en otros países europeos.

El gótico francés se considera dividido en cuatro estilos, que no periodos, ya que a veces se superpusieron cronológicamente:

Aparte de estos estilos, hay otros góticos regionales como el gótico angevino —por la ciudad de Angers, con fachadas no tripartitas y bóvedas angevinas, de un perfil muy abombado, destacando la catedral de Saint-Maurice de Angers y el antiguo hôpital Saint-Jean—, el gótico normando —con la presencia sobre el transepto de una torre central, como en las catedrales de Coutances, Notre-Dame de Rouen, Notre-Dame d'Évreux— y el llamado «gótico meridional» (a diferencia del gótico septentrional o gótico del Norte). Este último estilo se caracteriza por una gran nave y no tiene ningún transepto. Los ejemplos de esta arquitectura gótica podrían ser la catedral de Santa Cecilia de Albi, Notre-Dame-de-Lamouguier en Narbona y la catedral de Nuestra Señora de Saint Bertrand de Comminges.

Catedral de Notre-Dame de Chartres (clásico)

La Sainte-Chapelle, París (radiante)

Iglesia abacial de la Trinidad de Vendôme (flamígero)

Catedral de Albi (meridional)

La arquitectura llamada «gótica» apareció inicialmente en Île-de-France bajo el nombre «opus francigenum» (o opus modernum), que significa literalmente «obra franciliana», por Île-de-France. Tres siglos más tarde, fueron los italianos del Renacimiento quienes llamaron «gótico» a este estilo arquitectónico de origen francés. El término «gótico» fue, al parecer, utilizado por primera vez por el pintor Rafael Sanzio hacia 1518 en un informe al papa León X sobre «la conservación de los monumentos antiguos»: Rafael consideraba que los arcos en ojiva de la arquitectura gótica recordaban a la curvatura de los árboles que formaban las chozas primitivas de los habitantes de los bosques germánicos —un mito que retomarán los románticos— e hizo referencia, de forma neutra, al arte gótico del siglo V, designando en cambio el «arte francés» medieval bajo el término tudesco.[1]​ El término «gótico» fue tomado después en un sentido peyorativo por el crítico de arte Giorgio Vasari en 1530, al hacer referencia al saqueo de Roma por los «bárbaros» godos. El arte gótico era entonces, para los italianos renacentistas, la obra de los bárbaros que habría resultado del olvido de las técnicas y cánones estéticos greco-romanos.

El arte gótico fue también criticado posteriormente por algunos autores franceses como Boileau (1636–1711), La Bruyère (1645–1696) o Rousseau 1712–1778), antes de ser plenamente rehabilitado por arquitectos como Borromini (1599–1667) o Jan Blažej Santini-Aichel (1677–1723), inventor del estilo barroco gótico.

La mayoría de los arqueólogos e historiadores del arte de hoy refutan la sentencia anterior y demuestran que, en comparación con la arquitectura románica que la precedió, la arquitectura gótica no fue tanto una ruptura como una evolución.

Aunque es común resumir la arquitectura gótica por el uso del arco apuntado (la «ojiva» de los antiguos anticuarios), no se puede reducir un estilo arquitectónico específico, o cualquier otro arte o disciplina, a sus características técnicas. Oponer el románico al gótico por el uso del arco medio punto o la ojiva, además no tiene sentido históricamente ya que tanto el arco apuntado como la bóveda de crucería se utilizaron mucho antes de la aparición de los edificios góticos.[Nota 1][Nota 2]

El gótico también se caracteriza por el uso de muchos otros recursos arquitectónicos o decorativos: la alternancia de pilares fuertes y pilares débiles, que ritmaban las naves y reforzaban la impresión de longitud, de horizontalidad; el manejo de la relación altura/anchura de las naves que acentuaba o disminuía la sensación de altura de las bóvedas; las forma de los pilares, la decoración de los capiteles, la proporción de las plantas (grandes arcadas, triforio, ventanas altas). Así, los elementos arquitectónicos se pusieron al servicio de la elección y la investigación estética y fueron solo herramientas para lograr los efectos deseados: para levantar unas naves cada vez más altas, fue necesario mejorar la técnica de los arbotantes; para aumentar la luz y ahuecar los muros, era más adecuado el uso del arco apuntado; y las pilastras fasciculadas permitieron homogeneizar el espacio y dar una sensación de lógica a los volúmenes.

De forma resumida, la estética de la arquitectura gótica se caracterizó por:

El estilo gótico apareció principalmente en la Alta Picardía[3]​ y en la Île-de-France, aunque todos los primeros edificios protogóticos se erigieron en la región francígena (de Île-de-France). La principal hipótesis para explicar esto es que en esa época eran numerosos en la región los monumentos paleocristianos, especialmente catedrales de delgados muros, perforados y armados con numerosos huecos. La región estaba ya preparada para las nuevas elecciones técnicas y estéticas del gótico. Coincidió con la llegada al poder de los Capetos y con la consolidación del Estado que, a medida que se anexionaba dominios de los señores feudales, imponía como símbolo del poder real la renovación de esos edificios. Por último, la zona limitaba con dos regiones dinámicas en términos de invenciones arquitectónicas: Borgoña —que inventó el arco apuntado en la abadía de Cluny y los arbotantes en Cluny y Vézelay— y Normandía —que importó la bóveda de cruceria de Inglaterra (abadía de Jumièges, abadía Lessay—. Picardía y la Île-de-France, lugares de paso y de mezcla, vieron como los primeros maestros góticos sintetizaron todas esas influencias.[4]

El estilo fue evolucionando en Francia con el tiempo: al llamado gótico «primitivo» (siglo XII), le sucedieron el gótico «clásico» (1190-1230 aproximadamente), después el gótico «radiante» (rayonnant, ca. 1230-ca. 1350), y finalmente el gótico «flamígero» (flamboyant, siglos XV y XVI). En el Renacimiento, el estilo gótico francés evolucionó hacia un estilo híbrido, que aunaba unas estructuras góticas con una decoración renacentista (iglesia de Saint-Étienne-du-Mont de París).

Su expansión geográfica fue principalmente en Europa occidental y declinó en muchas variantes locales: gótico angevino, gótico normando, gótico perpendicular...


Desde el final del siglo X en Francia las iglesias ya eran construidas en el estilo románico común en una gran parte de Europa occidental: las naves se cubrían a menudo con una bóveda de cañón; los muros eran gruesos y se estabilizaban con macizos contrafuertes situados en el exterior. El número y tamaño de las ventanas estaba limitado y el interior de los edificios estaba decorado con frescos de colores vivos.

Los historiadores del arte actuales tienden a reducir la ruptura entre los estilos románico y gótico, mostrando que la herencia antigua no fue olvidada completamente en el estilo gótico y que escultores y arquitectos a menudo se inspiraron en los conocidos métodos románicos.[5]

Aunque los elementos técnicos utilizados por los maestros de obras de la época ya existían desde hacía muchos siglos (ojiva), la construcción del coro y de la fachada de la basílica de Saint-Denis y de la catedral de Saint Etienne de Sens se consideran generalmente como los primeros hitos mayores en la génesis de la estética gótica en arquitectura.[6]

Los primeros edificios góticos aparecieron hacia los años 1130-1150 en la Île-de-France y especialmente en Picardía. En esa época, el aumento de la población, consecuencia del crecimiento agrícola y comercial, requería también el aumento del tamaño de los edificios religiosos. Las catedrales de Trier y de Ginebra, en el siglo IV, ya habían sido enormes en relación a su población, fiel reflejo de otra motivación: el orgullo de los obispos o abades por la construcción de estos primeros edificios góticos y después del «patriotismo urbano».[7]​) La religión, el culto de las reliquias, ya eran un componente esencial de la vida de los fieles.

La difusión de las innovaciones técnicas hacía que los trabajos de construcción fuesen más productivos. Y el desarrollo de las ciudades y del comercio dieron lugar a la aparición de una rica burguesía que quería liberarse del poder de los señores feudales del siglo XI mediante las cartas comunales, con la obtención de franquicias (derechos de impuestos, de justicia ...) y la exención de los derechos señoriales precisados en dichas cartas. Esta burguesía deseaba emanciparse también del poder eclesiástico, celebrando sus consejos ya no en las iglesias, sino en los ayuntamientos de la ciudad cuyos beffrois —torres cívicas con campanas— competían con los campanarios religiosos. Según las circunstancias, estos tres poderes compitieron o se aliaron para financiar las nuevas iglesias y catedrales: incluso hubo competencia entre el clero de la catedral y el de otras iglesias parroquiales, cuya responsabilidad en la colecta y administración de los fondos para su construcción estaba garantizada por el consejo de fábrica (conseil de fabrique) .

Estas fuentes de financiación fueron principalmente los propios ingresos del obispo (que participó siempre en la iniciativa de los primeros edificios góticos), el capítulo de canónigos (que tomará el relevo a mediados del siglo XIII, a medida que los canónigos vayan jugando un papel más importante), las donaciones de los nobles (donaciones en «pura, perpetua e irrevocable dádiva» («pure, perpétuelle et irrévocable aumône») o de solicitud de misas) y de los burgueses (especialmente por peticiones sobre su salud), las corporaciones (haciéndose representar en los vitrales a cambio) o por las contribuciones de todos los fieles (peticiones, indulgencias, transporte de reliquias...).[8]

Aunque no fue consagrada hasta 1163, la obra de la catedral de Saint-Étienne de Sens se inició en 1135 y, de hecho, se considera como la primera de las catedrales góticas. Sin embargo, los primeros ensayos del nuevo estilo no concernieron a las catedrales.

Las iglesias y abaciales de la abadía de Señora de Morienval (crucero de ojivas de aproximadamente 1125), de Saint-Martin de Paris (coro de 1130) y de Saint-Germer-de-Fly (1135) ya presentan algunas características góticas. Son anteriores a la abacial de Saint-Denis, pero esta fue uno de los primeros edificios religiosos aún en pie que se desmarcaron claramente del estilo románico.[4]

Vista del crucero de la nave de la iglesia abacial de Señora de Morienval

Coro de Saint-Martin de Paris

Interior de Saint-Germer-de-Fly

Triforio de Saint-Germer, dibujado por Viollet-le-Duc

La abadía benedictina de Saint-Denis fue un establecimiento prestigioso y rico, gracias a la acción de Suger de Saint-Denis, abad de la misma de 1122 a 1151. Suger deseaba renovar la antigua iglesia carolingia para resaltar las reliquias de Saint Denis con un nuevo coro: para ello quería hacer una elevación importante y disponer huecos que dejasen entrar la luz. Suger decidió terminar la construcción de su nueva abadía inspirándose en el nuevo estilo ya vislumbrado en la catedral de Saint-Étienne de Sens. En 1140, hizo edificar una nueva fachada occidental del tipo «armónico» (harmonique), inspirándose en los modelos románicos normandos —como la abadía de Saint-Étienne de Caen que ofrece un buen ejemplo de fachada armónica normanda—, y rompiendo con la tradición carolingia del macizo occidental. En 1144, la consagración del coro de la basílica marcó el advenimiento de la nueva arquitectura. Retomando el principio del deambulatorio con capillas radiantes y duplicándolas, innovó tomando partido por la yuxtaposición de las capillas, antes aisladas, separándolas por un único contrafuerte. Cada una de las capillas va a disponer de amplios huecos gemelos equipados con vitrales que filtran la luz; el abovedamiento adoptó la técnica de la bóveda de crucería para distribuir mejor las fuerzas hacia los pilares.

El primer arte gótico se extendió durante la segunda parte del siglo XII en el norte de Francia. El clero secular fue entonces tentado por un cierto fasto arquitectónico. Saint-Denis va a ser el prototipo pero esa dirección, muy audaz, no será inmediatamente comprendida y seguida: fachada armónica, doble deambulatorio, bóvedas de crucería. La catedral de San Esteban de Sens fue otro ejemplo iniciador de este movimiento, aunque menos atrevido que Saint-Denis: alternancia de soportes (pilares fuertes y pilares débiles), bóvedas sexpartitas, muros que se mantienen relativamente gruesos —el uso de arbotantes no se generalizó hasta el período clásico (aunque su primera aparición estuviese datada en la década de 1150 en Saint-Germain-des-Prés,[9]​ hasta el descubrimiento de ese elemento arquitectónico en 1130 en la abadía de Cluny.[4]​) Sin embargo, se pueden constatar innovaciones, como la ausencia de transepto que unifica el espacio y permite una iluminación más abundante. Las aportaciones de Sens fueron comprendidas más rápidamente que las de Saint-Denis y tendrán un mayor impacto: pronto muchos edificios seguirán su ejemplo, en un primer momento al norte del Loira.

La catedral de Laon todavía presenta una forma «arcaica» conservando un alzado en cuatro pisos, incluidas las tribunas. El contraempuje de la nave, a pesar de las bóvedas sexpartitas y de la alternancia de pilares fuertes/débiles, no está aún resuelto totalmente.

Catedral de Saint-Étienne de Sens

Catedral de Notre-Dame de Noyon

Catedral de Notre-Dame de Senlis

Catedral de Notre-Dame de Laon

Catedral de Saint-Gervais-et-Saint-Protais de Soissons

Desde la época de Philippe-Auguste, a finales del siglo XII, la monarquía francesa se afirmó con una expansión de su poder y territorio: a raíz de su rivalidad con los Plantagenet, las regiones de Aquitania y Normandía quedaron incorporadas a Francia desde el comienzo del siglo XIII, y la finalización de la cruzada albigense, en 1229, terminó con la anexión del condado de Toulouse en 1271.[10]​ El Sacro Imperio Romano Germánico también perdió su prestigio en favor del rey de Francia después de la batalla de Bouvines. Así, Francia se consolidó como la primera potencia del Occidente cristiano, que se manifestará por las dos cruzadas del reinado de san Luis y la fundación en París de la primera universidad en Europa.

El gótico clásico abre lo que se llamará en el siglo XIII, el Siglo de las catedrales: corresponde a la fase de maduración y de equilibrio de formas (finales del XII-aprox. 1230). Se construyeron en ese momento las principales catedrales —Reims, Bourges, Amiens, etc— y también cientos de iglesias, nuevas o modificadas, en ciudades y pueblos, o para los monasterios, siguiendo los nuevos principios de finales del siglo XII. En las catedrales, el ritmo y la decoración se simplificaron; el impulso vertical fue cada vez más pronunciado; y la arquitectura se uniformizó. Mientras, el arbotante, que franquea los pasillos laterales para transmitir el empuje de la bóveda central se convierte en un órgano esencial. Su uso sistemático permitió a Chartres la creación regular gracias a la bóveda sexpartita y el abandono del principio de la alternancia de pilares muy marcada en Sens. Fue en el dominio real de la dinastía de los Capetos donde este estilo encontró su expresión más clásica.[11]

En este período se empiezan a conocer los nombres de los arquitectos, especialmente gracias a los laberintos (como en Reims). Los maestros de obra racionalizaron la producción utilizando progresivamente el recurso a la prefabricación de piedras talladas en cantera, y a la estandarización[12]​ de módulos de mampostería.[13]​ El desarrollo de los arbotantes permitió suprimir las tribunas que anteriormente desempeñaban ese papel. El monumento prototipo es la catedral de Chartres, un proyecto ambicioso con un alzado de tres pisos que pudo ser posible gracias al perfeccionamiento de los contraempujes (contrebutement). Otros países europeos están empezando a abordar esta nueva forma arquitectónica como en Inglaterra —catedrales de Canterbury y Salisbury— o en España —catedrales de Toledo y Burgos.

Notre-Dame de Chartres (1194-1230)

Saint-Étienne de Bourges (1195-1230)

Notre-Dame de Amiens (1220-1269)

Notre-Dame de Reims (1211-1275)

Saint-Étienne de Toul (1210-1497)

Los historiadores del arte consideraron demasiado pronto el ambicioso proyecto de la catedral de Chartres como el prototipo del gótico clásico: el modelo chartreano donde se va a buscar el equilibrio entre las líneas verticales y las líneas horizontales, así como la planeidad de los muros.

La construcción de la catedral de Chartres se enmarca desde 1194 en un contexto de emulación general hecha de intercambios y transferencias de experiencias.[14]​ Fue posible gracias al perfeccionamiento de los contraempujes y de una mejor maestría de la bóveda de crucería, sacrificándose las tribunas tan características de los años 1140-1180. La gran nave adopta ahora el alzado en tres pisos: grandes arcadas, triforio y ventanas altas. Dada la puesta en escena en un solo plano, se obtiene una planeidad nueva de la pared mural.

La base de los pilares se reduce con relación a la catedral de Noyon y el toro inferior más aplastado comienza a desbordar el plomo de la base. El establecimiento de un nuevo tipo de pilastra de cuatro columnas adosadas será capaz de crear una repetición sin fin al tiempo que aumenta visualmente el empuje vertical. Las grandes arcadas en arcos apuntados se amplían y se perfilan con un méplat (parte plana) dispuesto entre dos molduras que apoyan sobre columnas de soportes adosados. Para no romper el impulso de las líneas verticales, los ganchos de los capiteles se sustituyen ahora por anillos de follaje aplicados al ábaco. El abandono de la bóveda sexpartita a favor de una bóveda cuatripartita llamada barlong [oblonga] fue una gran innovación que crea un orden regular obtenido por la supresión definitiva de la alternancia de soportes. Sin embargo, se recuerda sutilmente como patrón decorativo, variando el diseño de los pilares que son alternativamente circulares y octogonales.[15]​ El triforio de cuatro arcadas apuntadas, enfatizadas por dos bandas de perfil almendrado, se convierte aquí en "continuo", creando una pujante horizontal.[16]​ Otra novedad es que los muros aligerados ya no se consideran solamente como soportes, sino más bien como una vestimenta, en la que las ventanas altas pueden ocupar ahora toda la anchura de la pared y ampliar el espacio reservado para las vidrieras:[17]​ compuestas de dos lancetas geminadas sistemáticamente apuntadas, estas ventanas alcanzan entonces la misma altura las grandes arcadas, llevando más luz al edificio. Están coronadas por una gran rosa de ocho lóbulos que permiten el florecimiento de la técnica del vitral.[18]

Este alzado en tres pisos aún no se reconoce como un acto fundador del gótico clásico. Será más bien la transformación de la percepción de los volúmenes y del espacio interior por la planitud de muros y por ese nuevo equilibrio entre las líneas verticales y las líneas horizontales lo que marcara un avance real. La estética definida tendrá una gran posteridad. El modelo de Chartres no solo será retomado en Reims (1211) y Amiens(1221), sino también en el extranjero, primero en Inglaterra, en las catedrales de Canterbury y Salisbury, seguida de España en la catedral de Burgos y más tarde en el Sacro Imperio Romano Germánico en la catedral de Colonia.

Catedral de Chartres

Coro restaurado

Bóveda barlonga

Contrafuertes

Frente al modelo de Chartres, la catedral de Bourges, desde 1195, representa otra estética, siendo los efectos deseados principalmente los juegos de volúmenes con una perspectiva longitudinal y un perfil piramidal.

Henri de Sully, arzobispo de Bourges, hizo una donación al capítulo de la catedral de Bourges para la construcción de un nuevo edificio. El arzobispo era el hermano de Eudes de Sully, obispo de París, de donde hay una similitud de planta y alzado con catedral de Notre-Dame de París. Aunque se retoma la idea de un doble deambulatorio, desaparece el transepto, lo que contribuye a la sensación de unidad de espacio y de longitud del edificio, completamente desprovisto de la axialidad que caracterizaba el modelo chartriano. Novedad en ese momento, todas las molduras y capiteles tienen la misma altura, con solo dos diámetros de columnillas, cualquiera que sea su posición en el edificio.[19]​ Si, como en Chartres, las tribunas se sacrifican por un alzado en tres niveles, sigue siendo fiel, como en París, a la bóveda gótica sexpartita, lo que entraña en la nave central, la adopción de la alternancia de pilastras fuertes y débiles que será hábilmente disimulada por la presencia de ocho columnillas adosadas en un cilindro. Esta plasticidad también se mantiene en Borgoña, en la catedral Saint-Etienne de Auxerre o en la iglesia de Nuestra Señora de Dijon.

El efecto obtenido es sorprendente tanto por la ausencia de transepto como por la abertura visual sobre el doble pasillo que se prolonga alrededor del coro: resulta de ello una perspectiva longitudinal con una impresión de inmenso espacio interior, liberado de límites y cuyos volúmenes se abren unos en otros, en marcado contraste con el modelo de Chartres que se centra principalmente en la altura y el eje que lleva al coro.[20]​ Esto conduce al perfil piramidal de la sección transversal, teniendo las cinco naves alturas respectivas de 9,0 m, 21,30 m y 37,50 m[20]​ desde las naves exteriores a la nave central. Además, el modelo de Bourges ofrece una nueva búsqueda de luz: las colaterales internas, dotadas de triforios, tienen un alzado en tres pisos y la disposición de naves, cada una con ventanas altas, permite aportar una iluminación lateral que se añade a la de la parte superior de la nave central y del coro.

A pesar de todas estas innovaciones, el modelo de Bourges será poco seguido: solo será retomado en San Julián de Le Mans, rediseñado en Saint-Pierre de Beauvais y no se encontrará en el extranjero más que en la catedral de Santa María de Toledo.


Catedral de Saint-Étienne de Bourges

Alzado de Bourges

Bóvedas sexpartitas

Coro

Una vez más, este estilo nació en Saint-Denis, con la rehabilitación de las partes altas del coro de la iglesia abacial en 1231. Se impulsó realmente a partir de la década de 1240; los edificios aún en obras toman de inmediato en cuenta esta nueva moda y cambian parcialmente su planes. El gótico radiante crecerá gradualmente hasta alrededor de 1350 y se extenderá por toda Europa con una cierta homogeneidad. Arquitectos y maestros de obra franceses aparecen empleados hasta en Chipre o Hungría.[21]

Las iglesias se vuelven cada vez más altas. Técnicamente, lo que permitió construir edificios tan grandes y con ventanas también muy grandes, fue la utilización de una armadura de hierro (técnica de la "piedra armada").[22]​ Las ventanas se ampliaron hasta hacer desaparecer los muros: los pilares formaron un esqueleto de piedra y el resto será de cristal, dejando entrar una abundante luz. La superficie iluminada se incrementó aún más por la presencia de un triforio calado como en la catedral de San Esteban de Châlons. En la catedral de Saint-Étienne de Metz, la superficie del vidrio alcanzó 6496 m2. Las ventanas se caracterizaron además por una tracería de gran finura que no obstruía la luz. El rosetón, ya utilizado antes, acabó convirtiéndose en un elemento clave de la decoración (transepto de Notre-Dame de Paris; fachada de la catedral de Estrasburgo).

Se amplió el espacio de la catedral —multiplicación de las capillas laterales— y también se aprecia una cierta unidad espacial —los pilares pasan a ser todos idénticos—. Los pilares eran a menudo fasciculado, es decir, estaban rodeados de varias columnillas agrupadas en facetas. En contraste con la tendencia del pilar fasciculado, todo un grupo de catedrales y grandes iglesias, sin embargo, adoptaron los pilares cilíndricos, a imitación de la catedral de Châlons.


Basílica de San Urbano de Troyes

Tracería y triforio acristalado en la nave de San Denis (las propias ventanas fueron reemplazadas en el XIX)

Catedral de Estrasburgo

Priorato de Saint-Thibault

El gótico flamígero, a veces mal llamado gótico tardío, nació en la década de 1350 y, especialmente, en París —capilla de Notre-Dame-de-Bonnes-Nouvelles (ya desaparecida), que dependía de los hospitalarios— y en RiomSainte-Chapelle edificada de acuerdo los planes de Guy de Dammartin para el palacio de Jean de Berry—.[23]​ Se desarrolló hasta el siglo XVI en algunas regiones, como la Lorena o Normandía (véanse por ejemplo la basílica de Saint-Nicolas-de-Port o la abacial de Saint-Ouen). Sus últimos fuegos no se apagarón hasta el siglo XVII, como por ejemplo en la iglesia de Saint-Samson de Trégastel —cuya construcción se inició a finales del siglo XVI y no se completó hasta alrededor de 1630—, o en la catedral de la Santa Cruz de Orleans —que fue destruida por los hugonotes en 1599 y que fue reconstruida en el estilo gótico flamígero de origen—. Incluso se puede citar, a principios del siglo XVIII, un proyecto de iglesia para los celestinos de Orleans de Guillaume Hénault, en gótico flamígero. En la antigua provincia de Champagne llegó después de 1450 con maestros albañiles como Florent Bleuet, activo en Troyes y en la basílica de Nuestra Señora de L'Épine.

El calificativo «flamígero» (flamboyant ) habría sido utilizado por primera vez por Eustache-Hyacinthe Langlois, anticuario normando, para describir los motivos en forma de llamas (soufflets[24]​ y mouchettes[25]​) que se pueden ver en las tracerías de los huecos, rosetones o en los gabletes, por ejemplo.

La estructura de los edificios sigue siendo la misma que en el período anterior, pero tendrán una ornamentación exuberante, caracterizada por un gran virtuosismo en la estereotomía (corte de la piedra). La técnica de la piedra armada del período radiante dio paso a la piedra tallada: esto explica, por ejemplo, que los rosetones sean de dimensiones más modestas,[22]​ incluso aunque sean más aéreos al reposar sobre estructuras más ligeras, como en la Sainte-Chapelle de Vincennes. Las fachadas también se tallan en varios planos. En el interior de los edificios, las bóvedas de crucería cada vez son más compleja, convirtiéndose, en algunos edificios, en un elemento decorativo; este es el caso en la catedral de San Vito de Praga. La clave o culo de lámpara pendiente, verdadera proeza técnica, es más común (abacial de Saint-Ouen, portal de los Marmousets).

En este período surgen estilos distintos en diferentes partes de Europa: en Francia, la elevación se simplifica un poco y con frecuencia se elevan a dos niveles (Saint-Germain l'Auxerrois), o bien con un alzado en tres pisos, pero con un triforio ciego; los pilares se extienden de forma continua, sin interrupción, desde el suelo hasta la clave de bóveda; las múltiples columnillas que les flanquean son reemplazadas por nervaduras. Las bases del gótico flamígero toman muchas formas: buticular, trenzada, frasco prismático... Los arcos apuntados de los portales son sobrealzados por llaves. Los capiteles quedan a veces reducidos a anillos decorativos, o desaparecen cuando las molduras penetran sin interrupción desde la ojiva en la columna que la soporta.

Téngase en cuenta que el gótico flamígero es más un estilo que un periodo, y que esa apelación se refiere a la arquitectura gótica en la que dominan los motivos curvilíneos, los arabescos desarrollados en curvas y contra-curvas, y en la que las tracerías recubren las superficies con motivos que evocan «llamas, corazones o lágrimas», como dijera Jules Michelet. Pero que este estilo es solo una de las formas que adopta la arquitectura gótica de la mitad de siglo XIV. Inglaterra conoce entonces el gótico perpendicular, que aparece particularmente en el claustro de Gloucester, obra probable de Thomas de Cambridge. Algunas regiones alemanas ven desarrollarse un estilo gótico particularmente sobrio, de superficies blancas sutilmente fragmentadas en formas geométricas poligonales, como en el Albrechtsburg de Meissen, de Arnold de Westfalia, así como en muchos edificios de la ciudad de Slavonice, en la actual República Checa.

Catedral de Tours

Palacio de justicia de Rouen

Abadía de San Ricario

Abadía de la Trinidad de Vendôme

Catedral de Évreux

Colegial Saint-Vulfran, Abbeville (1488–siglo XVII)


Los humanistas del Renacimiento querían un retorno a las formas heredadas de la Antigüedad clásica, consideradas como un modelo de perfección. En este periodo fue cuando el término «gótico» se utilizó por primera vez por Giorgio Vasari en 1550 para designar el arte medieval, con una connotación peyorativa: se refiere a los godos, bárbaros, cuyos ejércitos habían invadido Italia en particular y saqueado Roma en 410.

El desprecio por este arte era tal que incluso se planteó destruir la catedral de Notre-Dame de París y sustituirla por un nuevo edificio. Este proyecto no pudo llevarse a cabo, sin embargo, porque estalló la Revolución. La venta o el abandono de los bienes de la Iglesia llevó a la desaparición de muchas obras maestras de la arquitectura gótica, en su mayoría abadías, pero también de varias catedrales, como Arras, Cambrai o Lieja (Bélgica).

A pesar de este desprecio declarado, el gótico siguió experimentando éxitos en la primera mitad del siglo XVIII.[27]​ Las formas góticas van desapareciendo gradualmente, mezclándose con las formas renacentistas, como en la iglesia de San Eustaquio de París, donde una decoración renacentista viste una estructura gótica.[22]​ Algunas iglesias góticas de finales del siglo XVI se sometieron a las influencias del arte del Renacimiento en su arquitectura, como la catedral de Nuestra Señora de Le Havre.

La construcción de edificios característicos de la arquitectura gótica no había cesado por completo en el siglo XVI, tanto en Francia (en Tours) como en Inglaterra (en Oxford) o e Italia (en Bolonia). En Inglaterra el arquitecto barroco Christopher Wren construyó la Torre de Tom para el College Christ Church (Oxford) y su estudiante Nicholas Hawksmoor añadió las torres occidentales de la abadía de Westminster, todo en estilo gótico en 1722. Cuando a finales del siglo XVIII nació el movimiento romántico, se desarrolló un interés por el conjunto de la Edad Media, incluyendo la arquitectura gótica, y el término gótico perdió su connotación negativa. Amateurs como Horace Walpole crearon mansiones con detalles góticos. Las innovaciones técnicas permitieron que las construcciones superaran ciertas limitaciones que constreñían su forma, y una nueva arquitectura reinterpretaba su patrimonio histórico: después del neoclásico, apareció el estilo neogótico, sobre todo en Inglaterra, seguido por los Estados Unidos en los años 1840. Este estilo fue empleado en nuevos edificios como estaciones (Estación de St. Pancras de Londres), museos (Museo de Historia Natural de Londres, Instituto Smithsoniano) y el Palacio de Westminster. Siguiendo a Oxford, este estilo conoció un gran éxito en las universidades de Estados Unidos, como en Yale.

Francia aparece bastante tarde en la escena neogótica debido a las guerras napoleónicas, que movilizaron todas las fuerzas de la nación francesa, y del gusto del emperador Napoleón I por el estilo Imperio neoclásico. La novela de Victor Hugo, Notre-Dame de Paris (1831) revivió el interés por las catedrales de Île-de-France. La Restauración de los Borbones permitió a los jóvenes arquitectos volver a conectar con el pasado artístico del reino de la Francia medieval, en especial con el estilo gótico francés del siglo XIII. El arquitecto Jean-Baptiste-Antoine Lassus[28]​ fue uno de los precursores de esta renovación arquitectónica. Eugène Viollet-le-Duc trabajó con Lassus en varios proyectos —en particular en Notre Dame y la Sainte Chapelle, ambas en la isla de la Cité de París— y le deberá muchos de sus puntos de vista que aplicó en sus restauraciones de la ciudad amurallada de Carcasona, en el castillo de Roquetaillade y de manera aún más característica a través del ejemplo «pedagógico» del castillo de Pierrefonds y del castillo de Pupetières.[29]

Inspirándose en los trabajos de investigación de Lassus y Viollet-le-Duc, muchos edificios, especialmente religiosos, imitaron el estilo medieval: en París, un ejemplo famoso fue la iglesia de Sainte-Clotilde. Desde 1840, basílica de Nuestra Señora de Bonsecours, cerca de Rouen, inauguró la era de las iglesias neogóticas, seguida de cerca en Nantes por la iglesia de San Nicolás. Siguieron, entre otras, el Sagrado Corazón de Moulins, en Allier, la iglesia de San Vicente de Paúl (o de los Reformados, en Canebière) en Marsella, la iglesia de San Pablo de Estrasburgo, etc., sin olvidar, especialmente, la terminación de catedrales jamás acabadas como en Moulins y, especialmente, en Clermont-Ferrand, con sus altas flechas.

El éxito del neogótico se prolongó hasta principios del siglo XX en muchos rascacielos, especialmente en Chicago y Nueva York. En Europa, el monumento más celebre que se inspiraba en la herencia gótica mientras se desmarcaba claramente del estilo orgánico propio de Gaudí, fue probablemente la Sagrada Familia de Barcelona (España).

Basílica de Nuestra Señora de Bonsecours (1840-1844)

Basílica Notre-Dame de Niza (1864-1868)

Iglesia de San Ambrosio (París) (1863-1869)

Basílica de San Evre (Nancy) (1864-1874)

Iglesia de San León de Nancy (1860-1877)

Iglesia de San Pablo (Estrasburgo) (1892-1897)


El gótico angevino, también llamado gótico Plantagenêt, que se desarrolló en el oeste de Francia —en Anjou, en Touraine, en Limousin, en Poitou, en Aquitania, Maine y en los reinos angevinos de Nápoles y de Sicilia[30]​— se distingue por las fachadas diferentes de las de la Île-de-France que no comportan tres portales. Sus cabeceras tampoco tienen necesariamente arbotantes (como en la catedral de Saint-Pierre de Poitiers, cuya cabecera es un simple muro vertical).

Pero lo que caracteriza al gótico angevino son sobre todo las bóvedas: la bóveda angevina presenta un perfil muy abombado —clave significativamente más alta que los arcos apuntados y los arcos formeros—, mientras que la bóveda de la Isla de Francia es más plana —clave de bóveda al mismo nivel que los arcos apuntados y los arcos formeros—.

Este sistema, típico de mediados del siglo XII, es una combinación de influencias del renovado gótico (bóveda de ojivas) y de la arquitectura románica del oeste de Francia (iglesias de filas de cúpulas, como la catedral de Saint-Front de Perigueux o la catedral de Saint-Pierre de Angulema). Se caracteriza por una sola nave, es decir, sin naves laterales, y por las bóvedas de aristas muy abombadas que crecen con muy poca pendiente y que no requieren de arbotantes.

Entre los ejemplos más bellos de bóvedas angevinas se pueden mencionar la catedral de Saint-Maurice de Angers y el antiguo hôpital Saint-Jean de Angers, actual museo Jean-Lurçat.


Bóvedas de la capilla del castillo de Angers.

Bóvedas de la abadía de Fontevraud.

Antiguo palacio de los duques de Aquitania, en Poitiers.

Nave de la colegiata Notre-Dame de Puy-Notre-Dame

Bóvedas de la catedral de Angers

Bóvedas de la catedral de Le Mans

El ducado de Normandía de los Plantagenêts, con sus prelados normandos, se asocia muy temprano con el movimiento gótico francés cuyo primer ejemplo aparece en la nave de la catedral Saint-Pierre de Lisieux (1167-1174). Esta precocidad es explicada por el patrocinador de la obra, obispo Arnulfo (1141-1181). Prelado prominente, descubrió las novedades arquitectónicas del gótico temprano cuando fue a la consagración de la abadía de Saint-Denis[31]​ el 11 de junio de 1144. Sus buenas relaciones con el abad Suger, seguramente lo incitaron a llamar a un maestro de obras francés.

Después de sus victorias sobre Juan sin Tierra, Felipe Augusto anexionó el territorio al dominio real en 1204: la influencia del arte gótico de la Ile-de-France surgió rápidamente en la arquitectura militar: desde París, la fortaleza medieval del Louvre inspiró no solo los donjons de Ruan y de Lillebonne sino también las torres Talbot de Falaise y del Prisionero de Gisors.

Sin embargo, los elementos tradicionalmente normandos resisten en la arquitectura religiosa, especialmente en la Baja Normandía, donde a menudo se contentan con adaptar los nuevos procesos arquitectónicos a los edificios del período románico. De hecho, hasta el segundo cuarto del siglo XII, un gran número de iglesias tenían sus naves cubiertas de carpintería. Fue entonces cuando recibieron abovedamientos góticos basados en el uso de bóveda de crucería. Heredados de este período, las plantas de las iglesias a menudo tienen una amplitud notable con un transepto muy destacado, mientras que el uso de un tipo de bóveda rebajada, enmarcada por arcos de medio punto, hacía que el empuje fuese tan fuerte que requería muros muy gruesos.[32]

El coro de la iglesia abacial de Saint-Etienne de Caen fue el primer edificio construido después del final del ducado (1204). Sin embargo, las supervivencias normandas aún son visibles en la nave: la coursière (galería de circulación al nivel del claristorio) y el ancho de la nave central son típicamente normandas.[32]​ La reconstrucción del coro de la catedral de Bayeux (alrededor de 1230) también respeta esta tradición normanda: arcos quebrados muy agudos, tímpanos calados de tréboles, volutas, ausencia de estatuas, luz.

El claustro de la Maravilla de la abadía de Mont Saint-Michel reconstruido en el estilo arquitectónico normando, con capiteles con ábacos circulares, enjutas de piedra de Caen y motivos vegetales, fue terminado en 1228.

En Coutances, la reconstrucción de la nave precede a la del coro (alrededor de 1220-1235). Estas dos partes del edificio son de estilo normando: los capiteles con ábacos circulares huecos, los delgados arcos y sus acentuadas molduras son signos evidentes de resistencia al estilo gótico francés. Del mismo modo, el cimborrio era una especificidad normanda desde la época románica: en el siglo XIII, las iglesias de Saint-Pierre-sur-Dives, Fécamp, Lisieux, Ruan, Langrune, Rots, Norrey-en-Bessin y Étretat disponían de uno. El estilo regional también aparece en la fachada de la catedral, que ofrece líneas verticales vertiginosas.

Nave de la iglesia de la abadía de Fécamp (1187-1228).

Coro de la catedral de Coutances (1180-1270).

Catedral de Lisieux (ca. 1223).

Iglesia de San Martín de Langrune-sur-Mer (1298).

Abadía de Saint-Pierre-sur-Dives (siglo XIII)

El extremo del coro de la catedral de Lisieux, construido en el siglo XIII, también revela un cambio en relación a la nave de style francilien. El maestro constructor, diferente del de la época de Arnulfo , impuso el estilo gótico normando: las columnas que componen los arcadas son dobles, los ábacos tienen forma circular o poligonal, los tréboles perforan los muros. Sobre todo, el estilo gótico parece mucho más evolucionado y esbelto: un triforium reemplaza a las falsos Tribunas de la nave, las arcadas se aprietan, las columnas se afinan, las molduras se perfeccionan. En conjunto, todas las catedrales normandas están construidas según una misma planta que incluye una nave, unas naves laterales simples, un transepto y capillas radiantes que se abren al deambulatorio. La capilla de la Virgen, dispuesta en el eje de la iglesia, es una verdadera pequeña iglesia anexa a la grande (abadía de la Trinidad de Fécamp). Las iglesias rurales están compuestas por una nave terminada por una cabecera plana como se puede encontrar en Inglaterra. La característica más llamativa de este estilo de arquitectura es la rotura muy pronunciada de los arcos en lancetas, especialmente en los coros, portales y campanarios, mientras que las bóvedas de arista se hacen casi siempre en un planta barlonga. Estas disposiciones se conservarán en los monumentos del gothique rayonnant al que pertenecen la iglesia abacial de Saint-Ouen, Saint-Pierre de Caen (aunque el coro es del siglo XVI) y en los edificios del gothique flambloyant: San Maclou de Ruan, Caudebec-en-Caux, Notre-Dame de Saint-Lô, el coro de la iglesia abacial del Monte Saint-Michel, Saint-Jacques de Lisieux, Saint-Jacques de Dieppe, Notre-Dame d'Alençon, las dos iglesias de Saint-Martin y Saint-Germain de Argentan.

Las diferencias se relacionan con detalles de ejecución, como la construcción de capillas laterales entre los contrafuertes de la nave o los pilares en forma de diamante con nervaduras que continúan las de la nave, los arbotantes dobles y de doble vuelo (Saint-Ouen) o incluso el arco de cinco puntos encontrado en el siglo XVI en la piscina de la abadía de Saint-Wandrille. Lo que caracteriza especialmente a la escuela de Normandía en todas las épocas del gótico, son los campanarios, destacables por la altura de las flechas y los clochetones; las flechas más bellas son las de Saint-Étienne de Caen, de Notre-Dame de Coutances, de Bayeux, de Secqueville-en-Bessin, de Saint-Pierre-sur-Dives, de Langrune, de Bernières y de Saint-Pierre de Caen.

Todas estas grandes iglesias tienen un característica común: desde el crucero del transepto se levanta casi siempre un cimborrio (tour-lanterne) muy perforado y a menudo ricamente ornamentado. Si bien esas torres estaban muy extendidas en Europa desde la época románica, es realmente con el gótico normando y anglo-normando cuando tomaron una mayor escala y donde su presencia fue la más regular. Casi siempre diseñados para ser la torre más alta de la iglesia, en la mayoría de los casos superaron a las dos torres de la fachada armónica occidental, aunque el estado de terminación de algunos edificios no siempre ha permitido alcanzar ese objetivo (a menudo falta la parte de la cubierta). Se encuentran en el siglo XIII, en muchas iglesias normandas como Saint-Martin de Langrune-sur-Meret, Saint-Ouen de Rots, Nuestra Señora de Etretat y Nuestra Señora de las Labores de Norrey-en-Bessin, y en muchas abadías, incluidas la de la Trinité de Fécamp y la de Saint-Pierre-sur-Dives, y en casi todas las catedrales de la provincia, incluidas las catedrales de Lisieux, de Coutances, de Notre-Dame de Ruan o de Évreux. La catedral de Notre-Dame de Sées no tiene ninguno, pero fue originalmente planeado. A veces, esa torre central es una torre campanario, no abierta sobre el crucero.

Esta arquitectura ha influido mucho en el arte gótico de Inglaterra, donde la presencia de una torre central es la regla. También se encuentran en España, en la catedral de Burgos, en Suiza, en la catedral de Lausana o en el gótico escaldino de Flandes. En Francia, Picardía y Artois parecen ser las regiones más permeables a la influencia normanda, en particular por la adopción de la cabecera plana y del cimborrio en Notre-Dame de Laon, mientras que las catedrales ahora desaparecidas de Cambrai o de Arras (no terminada) estaban ornadas con una torre central en la intersección de sus cruceros.

Iglesia de San Martín de Langrune-sur-Mer

Cimborrio de la catedral de Coutances

Catedral de Lisieux (1170-1230)

Abadía de Saint-Pierre-sur-Dives

Abadía de la Trinidad de Fécamp

Iglesia Notre-Dame de Étretat

Cimborrio de la abacial de Fécamp (65 m)

Cimborrio de la catedral de Coutances (1180-1270)

Cimborrio de la catedral de Évreux (siglo XIII)

Cimborrio de la catedral de Ruan (siglo XIII)

El gótico meridional, tolosano o languedociano, designa una corriente desarrollada en el sur del país, que se caracteriza por la austeridad de los edificios, por el uso de contrafuertes en lugar de arbotantes y por las escasas y estrechas aberturas (ejemplos: catedrales de Santa Cecilia de Albi, San Fulcran de Lodève o San Pedro de Montpellier). Además, muchos edificios de este estilo no tienen naves laterales y están cubiertos por carpinterías que descansan sobre arcos diafragma. Tenía un aspecto un tanto militar, fortificado, diseñado para mostrar el poder de la Iglesia.

Durante el auge de la herejía cátara, el lujo de la Iglesia católica fue constantemente socavado por los perfectos eclesiásticos cátaros. Después de la erradicación política de la aristocracia cátara durante la cruzada contra los albigenses (1209-1229),volvió a reconquistar los espíritus. Además el establecimiento de la Inquisición puso el énfasis en un estilo arquitectónico más austero y despojado.[33]


Catedral de Santa Cecilia de Albi

Catedral de San Pedro de Condom

Jacobinos de Toulouse

Matacanes, Agustinos de Toulouse

Torre-campanario de la catedral de San Alain de Lavaur.



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