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Perro salvaje africano



Lycaon pictus lupinus (Thomas, 1902)
Lycaon pictus manguensis (Matschie, 1915)
Lycaon pictus pictus (Temminck, 1820)
Lycaon pictus sharicus (Thomas & Wroughton, 1907)
Lycaon pictus somalicus (Thomas, 1904)

El licaón (Lycaon pictus) (en griego antiguo: Λυκάων < λύκος [Lykáōn < lykos] Licaón, lobo) (en latín: pintado) es una especie de mamífero carnívoro de la familia Canidae (cánidos) y de la subfamilia Caninae (caninos). En inglés también es conocido vulgarmente como perro salvaje africano, lobo pintado, perro hiena o perro cazador de El Cabo.[2]

Es el único representante vivo del género Lycaon. Es endémico del continente africano, se encuentra en ambientes sabanoides. Se distingue del género Canis por una dentición altamente especializada para una dieta hipercarnívora y falta de espolones. Se estima que alrededor de 6400 adultos, incluidos mil cuatrocientos individuos maduros viven en treinta y nueve subpoblaciones que están todas amenazadas por la fragmentación del hábitat, la persecución humana y los brotes de enfermedades. Dado que la subpoblación más grande probablemente consta de menos de doscientos cincuenta individuos, el perro salvaje africano figura en peligro de extinción en la Lista Roja de la UICN desde 1990.[2]

Su nombre científico significa; lobo pintado, haciendo referencia a su pelaje tricolor de manchas negras, blancas y óxido distribuidas irregularmente, salvo la parte delantera de la cara y la garganta, que siempre son negras y de la última mitad de su cola, que siempre es blanca. Resulta característico de la especie que no haya dos individuos con el mismo patrón de manchas. Las hembras suelen ser de un 3 a un 7% más pequeñas que los machos y es la única especie de cánido que posee cuatro dedos en los pies anteriores y posteriores.[3]​ Puede llegar a medir hasta 75 cm de altura en la cruz y superar los 30 k de peso. Los machos son más corpulentos que las hembras. Tienen grandes orejas redondeadas y enhiestas. Posee fuertes mandíbulas y su fórmula dental es la siguiente:.[4]

El perro salvaje africano es un animal muy social, que vive en manadas con jerarquías de dominio separadas para machos y hembras. Excepcionalmente entre los carnívoros sociales las hembras, en lugar de los machos, se dispersan del grupo natal una vez que alcanzan la madurez sexual. A las crías se les permite alimentarse primero de los cadáveres de sus presas. Los perros salvajes son cazadores diurnos especializados en la caza de antílopes, que capturan persiguiéndolos hasta el agotamiento. Como otros cánidos, el perro salvaje africano regurgita comida para sus crías, pero esta acción también se extiende a los adultos, hasta el punto de ser central en su vida social.[5][6][7]​ Sus enemigos naturales son los leones y las hienas: los primeros matan a los cánidos siempre que les sea posible, mientras que las hienas son cleptoparásitos frecuentes.[8]

Aunque no es tan prominente en el folclore o la cultura africana como otros carnívoros africanos, ha sido respetado en varias sociedades de cazadores-recolectores, en particular las de los egipcios predinásticos y el pueblo San.

La primera referencia escrita a la especie parece ser de Opiano de Anazarba, quien escribió sobre el thoa, un híbrido entre el lobo y el leopardo, que se parece al primero en forma y al segundo en color. En Collea rerum memorabilium de Cayo Julio Solino del siglo III d.C. describe un animal multicolor parecido a un lobo con una melena nativa de Etiopía. [9]

La especie fue descrita científicamente por primera vez en 1820 por Coenraad Temminck, después de haber examinado un espécimen tomado de la costa de Mozambique. Llamó al animal Hyaena picta, clasificándolo erróneamente como una especie de hiena. Posteriormente fue reconocido como un cánido por Joshua Brookes en 1827, y lo rebautizó como Lycaon tricolor. La palabra raíz de Lycaon proviene del griego λυκαίος (lykaios), que significa "parecido a un lobo". El epíteto específico pictus (latín para "pintado"), que deriva de su forma original picta, fue puesta nuevamente de conformidad con las Normas Internacionales de Nomenclatura Taxonómica. [10]

El paleontólogo George G. Simpson colocó al perro salvaje africano, el cuón (Cuon alpinus) y el perro venadero (Speothos venaticus) juntos en la subfamilia Simocyoninae sobre la base de que las tres especies tienen muelas carniceras igualmente mordaces. Esta agrupación fue cuestionada por Juliet Clutton-Brock, quien argumentó que, además de la dentición, existen muy pocas similitudes entre las tres especies para justificar su clasificación en una sola subfamilia. [11]

El perro salvaje africano posee las adaptaciones más especializadas entre los cánidos para el color del pelaje, la dieta y para perseguir a su presa a través de su habilidad cursorial (correr). Posee un esqueleto elegante, y la pérdida del primer dedo de sus patas delanteras aumenta su paso y velocidad. Esta adaptación le permite perseguir presas a través de llanuras abiertas durante largas distancias. Los dientes tienen generalmente forma de muelas carniceras y sus premolares son los más grandes en relación con el tamaño corporal de cualquier carnívoro vivo, excepto la hiena manchada (Crocuta crocuta). En las muelas carniceras inferiores (primeras molares inferiores), el talónido ha evolucionado hasta convertirse en una cuchilla para cortar carne, con reducción o pérdida de los molares poscarnasiales. Esta adaptación también ocurre en otros dos hipercarnívoros: el cuón (Cuon alpinus) y el perro venadero (Speothos venaticus). El perro salvaje africano exhibe uno de los colores de pelaje más variados entre los mamíferos. Los individuos difieren en patrones y colores, lo que indica una diversidad de genes subyacentes. El propósito de estos patrones de pelaje puede ser una adaptación para la comunicación, el camuflaje o la regulación de la temperatura. En 2019, un estudio indicó que el linaje de lycaon divergió de Cuon y Canis hace un millón setecientos mil años a través de este conjunto de adaptaciones, y estas ocurrieron al mismo tiempo que los grandes ungulados (sus presas) se diversificaron.[12]

El fósil de L. pictus más antiguo data de hace doscientos mil años y fue encontrado en la cueva HaYonim, Israel. [13][14]​ La evolución del perro salvaje africano es poco conocida debido a la escasez de fósiles. Algunos autores consideran al extinto subgénero de Canis, Xenocyon como ancestral tanto del género Lycaon como del género Cuon,[15][16][17][18]​ que vivió en Eurasia y África desde el Pleistoceno temprano hasta el Pleistoceno medio temprano. Otros proponen que Xenocyon debería ser reclasificado como Lycaon.[14]​ La especie Canis (Xenocyon) falconeri compartía el primer metacarpiano ausente (rocío) del perro salvaje africano, aunque su dentición todavía estaba relativamente poco especializada. [14]​ Esta conexión fue rechazada por un autor porque que a C. (X.) falconeri le faltara el metacarpiano era una mala indicación de la cercanía filogenética al perro salvaje africano y la dentición era demasiado diferente para implicar ascendencia.[19]

Otro candidato ancestral es el L. sekowei del Plio-Pleistoceno en Sudáfrica, basándose en de distintas cúspides accesorias en sus premolares y caninos accesorios anteriores en sus premolares inferiores. Estas adaptaciones se encuentran solo en el género Lycaon, que muestra las mismas adaptaciones a una dieta hipercarnívora. L. sekowei aún no había perdido el primer metacarpiano ausente en L. pictus y era más robusto que las especies modernas, con dientes un 10% más grandes.[19]

En 2018, se utilizó la secuenciación del genoma completo para comparar al cuón (Cuon alpinus) con el perro salvaje. Había una fuerte evidencia de una antigua mezcla genética entre los dos. Hoy, sus rangos están alejados entre sí; sin embargo, durante la era del Pleistoceno, el cuón se podía encontrar tan al oeste como Europa. El estudio propone que la distribución del cuón pudo haber incluido alguna vez el Medio Oriente, desde donde pudo haberse mezclado con el perro de caza africano en el norte de África. Sin embargo, no hay evidencia de que el cuón haya existido en el Medio Oriente o África del Norte.[20]

Desde 2005 Mammal Species of the World (MSW) reconocen las siguientes subespecies:[21][22]

IUCN realizó una evaluación en el año 2012 sobre una población específica de Licaón en África del Norte:[23][24]

Sin embargo, aunque la especie es genéticamente diversa, estas designaciones específicas no son universalmente aceptadas. Alguna vez se pensó que las poblaciones de perros salvajes de África Oriental y meridional eran genéticamente distintas, según un pequeño número de muestras. Estudios más recientes con un mayor número de muestras mostraron que en el pasado se ha producido una mezcla extensa entre las poblaciones de África oriental y de África meridional. Algunos alelos nucleares y mitocondriales únicos se encuentran en poblaciones de África meridional y del noreste de África, con una zona de transición que abarca Botsuana, Zimbabue y el sureste de Tanzania entre los dos. La población de perros salvajes de África occidental puede poseer un haplotipo único, por lo que posiblemente constituya una subespecie verdaderamente distinta.[26]

Los licaones cazan en manadas. Es el mejor cazador del mundo con un porcentaje de éxito de entre un 70 y un 89 % según diversas fuentes: de diez cacerías hasta nueve se saldan con éxito. Junto al guepardo, son los únicos predadores de gran tamaño diurnos que habitan en África. Su presa preferida es el impala, así como otros ungulados similares de tamaño medio. Son conocidos por su resistencia y por ser astutos cazadores. Se les ha observado cazando presas por relevos, o incluso bloqueando una vía de escape potencial de una presa, a la que finalmente vencen por agotamiento. Emiten sonidos característicamente chillones o chirriantes, parecidos a los de un pájaro. Se ha observado que las poblaciones de esta especie en el delta del Okavango se reúnen antes de salir a cazar, no todas las reuniones dan como resultado una cacería, las cacerías se vuelven más probables cuando más de un licaón "estornuda". Estos estornudos se caracterizan por una exhalación corta y aguda a través de las fosas nasales. Cuando las parejas de apareamiento dominantes estornudan primero, es mucho más probable que el grupo salga a cazar. Si un licaón dominante inicia, alrededor de tres estornudos garantizan la salida. Cuando un licaón no dominante estornuda primero, se necesita que alrededor de unos diez miembros del grupo también estornuden para salir a cazar. Los investigadores afirman que los perros salvajes en Botsuana "usan una vocalización específica (el estornudo) junto con un mecanismo de respuesta variable en el proceso de toma de decisiones [para ir a cazar en un momento en particular]".[27]

Aunque no es considerada una especie estrictamente territorial, sí que ocupan enormes áreas de campeo que pueden abarcar de 50 a 200 kilómetros cuadrados. Es frecuente que se solapen las áreas de campeo de diferentes manadas. Son normalmente esquivos, y a diferencia de otros cánidos, son extremadamente difíciles de domesticar.

El licaón tiene un complejo sistema social de tipo matriarcal. A menudo regurgitan comida para otros miembros de la manada: los individuos viejos, los cachorros o los jóvenes y los adultos que se han quedado cuidando de las crías durante las salidas de caza. El tamaño de sus manadas es muy variable, desde las formadas únicamente por los progenitores y su camada hasta agrupaciones de más de treinta individuos. El periodo de gestación oscila entre sesenta y tres y setenta y dos días y paren de cinco a ocho cachorros por camada.[3]

Los perros salvajes africanos rara vez se observan, incluso cuando son relativamente comunes, y parece que las poblaciones siempre han existido en densidades muy bajas. Los perros salvajes africanos han desaparecido de gran parte de su área de distribución anterior. Su población se estima actualmente en aproximadamente 6.600 individuos adultos en treinta y nueve subpoblaciones, de las cuales solo 1400 son individuos maduros. El tamaño de la población continúa disminuyendo como resultado de la fragmentación constante del hábitat, el conflicto con las actividades humanas y las enfermedades infecciosas. Dada la incertidumbre que rodea a las estimaciones de la población y la tendencia de la especie a las fluctuaciones, las subpoblaciones más grandes bien podrían tener menos de 250 individuos maduros, por lo que se justifica la inclusión como especie en peligro de extinción.

Calcular el número de “individuos maduros” es un desafío, porque los perros salvajes africanos son criadores cooperativos obligados: dentro de una manada, el macho y la hembra alfa son los padres de la mayoría de los cachorros supervivientes (Girman et al. 1997). Las Directrices para el usuario de la Lista Roja de la UICN (UICN 2010) definen a los individuos maduros como “individuos que se sabe, se estima o se infiere que son capaces de reproducirse”, pero no especifican el período de tiempo dentro del cual se considera posible la reproducción. Las pautas para el usuario continúan diciendo que “en muchos taxones hay un grupo de individuos no reproductivos (por ejemplo, suprimidos) que rápidamente se volverán reproductivos si un individuo maduro muere. Estos individuos pueden considerarse capaces de reproducirse”.[2]

En los perros salvajes africanos, una alta proporción de individuos sufren de supresión reproductiva, pero estos animales no siempre se vuelven reproductivos "rápidamente" si un individuo alfa muere. En una manada madura, la mayoría de los miembros de la manada son descendientes del par alfa; para estos animales, la muerte de un alfa generalmente no abriría una oportunidad de reproducción porque no habría parejas no relacionadas disponibles dentro de la manada. La muerte de un alfa a menudo conduce a la desintegración de la manada, sin reproducción hasta que se forman nuevas manadas. Dadas estas complejidades, y de acuerdo con el espíritu de capturar una “instantánea” de las condiciones actuales, se ha optado por definir a los individuos maduros como aquellos considerados capaces de reproducirse dentro de la temporada de reproducción actual. El número de individuos maduros comprende, por tanto, el número de machos y hembras alfa y el número de animales subdominantes (es decir, no alfa) que se reproducen con éxito.[2]

Las estimaciones aproximadamente dan iguales en número de machos alfa y hembras alfa. No se dispone de una estimación publicada de la proporción de adultos y de un año que se reproducen con éxito como subdominantes. Sin embargo, Girman et al. (1997) informan las proporciones de cachorros supervivientes con madres y / o padres subdominantes.[2]

Se comprenden un total de treinta y nueve subpoblaciones distintas que se estima que varían en tamaño de dos a doscientos setenta y seis individuos maduros. Se han monitoreado sistemáticamente pocas subpoblaciones de perros salvajes y estas estimaciones están sujetas a una considerable imprecisión.[2]

Los datos sobre el tamaño de la población mundial anterior de los perros salvajes africanos se tomaron de Ginsberg y Woodroffe (1997). Pocas de estas estimaciones de población se basan en un seguimiento sistemático y todas deben considerarse con cautela. La evaluación de los cambios en el tamaño de la población se complica por el hecho de que en 1997 se disponía de un conjunto de datos menos completo que en 2012. Como resultado de estos datos mejorados, la estimación mundial del tamaño de la población de perros salvajes africanos es de hecho más alta para 2012 que para 1997. Sin embargo, esta diferencia refleja la mayor superficie encuestada en 2012.[2]

Las causas del declive de los perros salvajes africanos se comprenden razonablemente bien e incluyen una sensibilidad extrema a la Fragmentación de hábitat como consecuencia de un comportamiento de amplio espectro, conflictos con el ganado y los criadores de caza, muertes accidentales por personas en trampas y accidentes de tráfico y enfermedades infecciosas. Todas estas causas están asociadas con la invasión humana del hábitat del perro salvaje africano y, como tal, no han cesado y es poco probable que sean reversibles en la mayor parte del rango histórico de la especie.[2]

Las poblaciones de perros salvajes africanos son propensas a marcadas fluctuaciones en una variedad de escalas temporales y geográficas que probablemente aumentarán los riesgos de extinción y socavarán la precisión de las estimaciones de población. A escala local, una combinación de alta mortalidad, alta fecundidad y dispersión por ambos sexos significa que el tamaño de la manada fluctúa sustancialmente en períodos cortos, aunque la fluctuación en el número de individuos maduros sería menos dramática. Debido a que los perros salvajes africanos son criadores estacionales en la mayor parte de su rango geográfico restante, las fluctuaciones pueden sincronizarse entre manadas.[2]

Las mismas características demográficas (alta mortalidad, alta fecundidad y dispersión a larga distancia) también conducen a fluctuaciones en la escala de la población. Este patrón se ve aún más exagerado por la susceptibilidad de la especie a las enfermedades infecciosas que pueden causar una rápida extinción. Las extinciones locales no son infrecuentes y, a menudo, son rápidas e imprevistas.Hay datos de tres casos relativamente bien documentados de extinción local que involucran pequeñas subpoblaciones de perros salvajes afectadas por la rabia.[2]

Se han documentado muertes similares en poblaciones más grandes de perros salvajes africanos. Por ejemplo, se ha informado que cinco de las doce manadas de estudio en Botsuana (Alexander et al. 2010) y tres de las ocho manadas de estudio en Kenia (Woodroffe 2011) murieron en períodos cortos de tiempo durante los brotes de enfermedades. Aunque estas poblaciones de estudio relativamente grandes se recuperaron, se estima que la mayoría de las subpoblaciones de perros salvajes africanos comprenden menos de veinte individuos maduros y podrían verse gravemente comprometidas por brotes de este tamaño.[2]

A modo de comparación, en buenas condiciones, las poblaciones de perros salvajes africanos también pueden crecer con relativa rapidez. La capacidad de los perros salvajes africanos para la dispersión a muy larga distancia significa que las subpoblaciones a veces reaparecen inesperadamente y crecen rápidamente; los ejemplos incluyen recuperaciones naturales en los distritos de Samburu y Laikipia en Kenia (Woodroffe 2011), Savé Valley Conservancy en Zimbabue (Pole 2000) y el ecosistema de Serengeti en Tanzania (Marsden et al. 2011). Como ejemplo de la velocidad de recuperación, la subpoblación en el distrito de Laikipia, Kenia, creció de cero en 1999 a diecisiete adultos y añales en dos manadas en 2000, y en 2006 se había multiplicado por diez a ciento setenta adultos y añales (Woodroffe 2011).[2]

Sobre la base de esta evidencia, se llegó a la conclusión de que los perros salvajes africanos muestran fluctuaciones sustanciales de la población, pero es posible que no experimenten fluctuaciones extremas en el tamaño de la subpoblación como se describe en las pautas de la Lista Roja. No obstante, las fluctuaciones sustanciales que se producen contribuyen a aumentar la incertidumbre sobre el tamaño de las subpoblaciones.[2]

Los perros salvajes africanos alguna vez se extendieron por gran parte del África subsahariana, y solo estaban ausentes en las regiones desérticas más secas y los bosques de tierras bajas. La especie ha sido exterminada en gran parte en el norte y oeste de África, y se ha reducido considerablemente en número en África Central y noreste de África. La mayoría de la población de la especie ahora se encuentra en el sur de África y el sur de África Oriental; más específicamente en países como Botsuana, Namibia y Zimbabue. Sin embargo, es difícil rastrear dónde están y cuántos hay debido a la pérdida de hábitat.[2]

La especie es muy rara en África del Norte, y las poblaciones restantes pueden tener un alto valor de conservación, ya que es probable que sean genéticamente distintas de otras poblaciones de L. pictus.[23]

A la especie le está yendo mal en la mayor parte de África Occidental, y la única población potencialmente viable se encuentra en el Parque nacional Niokolo-Koba de Senegal. Los perros salvajes africanos se ven ocasionalmente en otras partes de Senegal, así como en Guinea y Malí.[23][28]​ Los datos históricos indican que los perros salvajes africanos se distribuían anteriormente por todo el África subsahariana, desde el desierto hasta las cumbres de las montañas, y probablemente estaban ausentes solo en la selva baja y el desierto más seco. Han desaparecido de gran parte de su área de distribución anterior. La especie está prácticamente erradicada de África Occidental y sobrevive solo en Senegal y en el Complejo W de áreas protegidas en Benín, Burkina Faso y Níger.[29]

A la especie le está yendo mal en África Central, siendo clasificado como en peligro crítico. Está extinta en Gabón, la República Democrática del Congo y la República del Congo. Las únicas poblaciones viables se encuentran en la República Centroafricana, Chad y especialmente Camerún.[23]​ Históricamente, Lycaon pictus sharicus vivió en el norte del República del Congo, Chad, la República Centroafricana, Níger, sur de Argelia, Libia y este de Sudán.[31]

El rango de distribución del perro salvaje africano en el Este de África es irregular, ya que ha sido erradicado en Uganda y gran parte de Kenia. Una pequeña población ocupa un área que abarca el sur de Etiopía, Sudán del Sur, el norte de Kenia y probablemente el norte de Uganda. La especie todavía puede encontrarse en pequeñas cantidades en el sur de Somalia y es casi seguro que está extinta en Ruanda, Burundi y Eritrea. Sin embargo, sigue siendo algo numeroso en el sur de Tanzania, particularmente en la Reserva de caza Selous y el Parque nacional de Mikumi, los cuales están ocupados por lo que podría ser la mayor población de perros salvajes africanos de África.[23]

El Sur de África contiene numerosas poblaciones viables de perros salvajes africanos, una de las cuales abarca el norte de Botsuana, el noreste de Namibia y el oeste de Zimbabue. En Sudáfrica, se encuentran alrededor de cuatrocientos especímenes en el Parque nacional Kruger del país. Zambia tiene dos grandes poblaciones, una en el Parque nacional Kafue y otra en el Valle de Luangwa. Sin embargo, la especie es rara en Malaui y probablemente esté extinta en Mozambique.[23]

El licaón se encuentra catalogado dentro de las Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como "especie en peligro de extinción". Se estima que alrededor de seis mil seiscientos adultos, incluidos 1400 individuos maduros, viven en treinta y nueve poblaciones que se encuentran amenazadas por la persecución directa del ser humano, la transformación y fragmentación de hábitat y la propagación de enfermedades infecciosas como la rabia, muchas veces transmitidas por perros domésticos y asilvestrados. Además, su tamaño relativamente pequeño los hace vulnerables a la depredación por león, hienas, cocodrilos y leopardo raramente, especialmente en el caso de manadas reducidas. Se calcula que en el año 2007 quedan menos de seis mil individuos repartidos por una serie de enclaves a lo largo y ancho del África subsahariana, ocupando una reducida porción de su área histórica de distribución.[2]

La principal amenaza para los perros salvajes africanos es la fragmentación de hábitat, que aumenta su contacto con las personas y los animales domésticos, lo que resulta en un conflicto entre los seres humanos y la vida silvestre y la transmisión de enfermedades infecciosas. El importante papel que desempeña la mortalidad inducida por el hombre tiene dos implicaciones a largo plazo. Primero, hace que sea probable que, fuera de las áreas protegidas, los perros salvajes africanos no puedan coexistir con poblaciones humanas en aumento a menos que se implementen planes de uso de la tierra y otras acciones de conservación. En segundo lugar, el comportamiento de alcance de los perros salvajes africanos conduce a un "efecto de borde" muy sustancial, incluso en grandes reservas. La geometría simple dicta que una reserva de 5000 km² no contiene ningún punto a más de 40 km de sus fronteras, una distancia dentro del rango de distancias recorridas por una manada de perros salvajes africanos en su comportamiento de rango habitual. Por lo tanto, desde la perspectiva de un perro salvaje africano, una reserva de este tamaño (bastante grande para la mayoría de los estándares) sería una ventaja. A medida que las poblaciones humanas aumentan alrededor de las fronteras de la reserva, es probable que también aumenten los riesgos para los perros salvajes africanos que se aventuran al exterior. En estas condiciones, solo las reservas no cercadas más grandes podrán proporcionar algún nivel de protección para los perros salvajes africanos. En Sudáfrica, las cercas "a prueba de depredadores" alrededor de pequeñas reservas han demostrado ser razonablemente efectivas para mantener a los perros confinados en la reserva, pero tales cercas no son 100% efectivas (Davies-Mostert et al. 2009) y es poco probable que sean beneficiosas a largo plazo para las comunidades de vida silvestre.[2]

Incluso en reservas grandes y bien protegidas, o en poblaciones estables que permanecen en gran parte independientes de las áreas protegidas (como en el norte de Botsuana), los perros salvajes africanos viven en densidades de población bajas. La depredación por parte de los leones, y quizás la competencia con las hienas, contribuyen a mantener el número de perros salvajes africanos por debajo del nivel que podría soportar su base de presas. Una densidad de población tan baja trae sus propios problemas. Las áreas más grandes contienen solo poblaciones de perros salvajes relativamente pequeñas; por ejemplo, se estima que la reserva de caza de Selous, con un área de 43 000 km² (aproximadamente el tamaño de Suiza), contiene alrededor de ochocientos perros salvajes africanos. La mayoría de las reservas, y probablemente la mayoría de las poblaciones de perros salvajes africanos, son más pequeñas. Por ejemplo, es probable que la población del Parque nacional Niokolo-Koba y las zonas de amortiguamiento (unos 25 000 km²) no supere los cincuenta y los cien perros. Poblaciones tan pequeñas son vulnerables a la extinción. Los eventos "catastróficos", como los brotes de enfermedades epidémicas, pueden llevarlos a la extinción cuando las poblaciones más grandes tienen una mayor probabilidad de recuperación; un evento de este tipo parece haber llevado a la extinción local de la pequeña población de perros salvajes africanos en el ecosistema del Parque nacional Serengueti en Kenia y la frontera con Tanzania. Los problemas de pequeñas poblaciones se agravarán si, como parece probable, se producen pequeñas poblaciones en pequeñas reservas o zonas de hábitat. Como se discutió anteriormente, los animales que habitan tales áreas sufren un fuerte "efecto de borde". Por tanto, cabría esperar que las poblaciones pequeñas sufrieran una mortalidad desproporcionadamente alta como resultado de su contacto con los seres humanos y la actividad humana.[2]

En la mayor parte de su área de distribución geográfica, la utilización de esta especie es mínima. Existe evidencia de uso tradicional localizado en Zimbabue (Davies y Du Toit 2004), pero es poco probable que esto amenace la persistencia de la especie. También hay algunos informes de comercio de animales en cautiverio y capturados en la naturaleza en el sur de África. Actualmente se está evaluando el posible impacto de dicho comercio.[2]

Las encuestas en el área de Chinko en la República Centroafricana revelaron que la población de perros salvajes africanos disminuyó de ciento sesenta individuos en 2012 a veintiséis individuos en 2017. Al mismo tiempo, pastores trashumantes de la zona fronteriza con Sudán se trasladaron a la zona con su ganado. Los guardabosques confiscaron grandes cantidades de veneno y encontraron varios cadáveres de leones en los campamentos de pastores de ganado. Los acompañaban comerciantes armados que también se dedican a la caza furtiva de grandes herbívoros, la venta de carne de animales silvestres y el comercio de pieles de león.[39]

Se han desarrollado estrategias de conservación para la especie en todas las regiones de África (Sillero-Zubiri et al. 2004, Woodroffe et al. 1997) (IUCN SSC 2008, 2009, en preparación), y muchos estados del área de distribución han utilizado estas estrategias como plantillas para sus propios planes de acción nacionales (Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales 2008, Servicio de Vida Silvestre 2010). Aunque cada estrategia regional se desarrolló de forma independiente a través de un proceso participativo separado, las tres estrategias tienen una estructura similar, que comprende objetivos destinados a mejorar la coexistencia entre las personas y los perros salvajes africanos:[2][40]

Se necesitan varios datos para permitir una conservación más eficaz de los perros salvajes africanos. Estos incluyen:[2]



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