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Chilihueque



Lama peruana

La llama (Lama glama) es un mamífero artiodáctilo doméstico de la familia Camelidae, abundante en la Puna o Altiplano de los Andes de Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina[1]​ y Colombia.[2]​ Fue domesticada por los pueblos andinos nativos mediante selección artificial a partir del guanaco. Según recientes estudios de ADN,[cita requerida] esto ocurrió en principio de manera independiente en tiempo y espacio, en sectores del sur del Perú, norte de Chile, oeste de Bolivia y el norte de Argentina.[3]​ Fue aprovechado al máximo por el imperio Inca: se obtenía carne y lana de él, y era usado también como animal de carga (el único antes de la llegada de los españoles a América, con excepción de los perros de los trineos inuit).[1]

La llama, taxonómicamente, es una subespecie del guanaco. La especie completa considera a los siguientes:[1]

La cama es un híbrido entre una llama y un dromedario, demostrando la cercanía genética entre ambas tribus en que está subdividida la subfamilia Camelinae.

Antes de la presencia española, las llamas fueron representadas en la cerámica Mochica (200-600 d. C.) y constituyeron los únicos animales ungulados domésticos del Imperio inca. Fueron apreciados no solamente como bestias de carga, sino también por su carne y lana. Hasta la llegada de los españoles, las llamas fueron utilizadas en lugar del caballo, del buey, de la cabra y de las ovejas, animales originarios del Viejo Mundo, pero su escasa eficiencia[4]​ hizo que fueran rápidamente desplazadas a un segundo plano por estas especies tras la conquista.[5]

Eran usadas por todos los pueblos andinos desde Ecuador hasta el archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile. Su población antes de la conquista se estima en treinta a cincuenta millones de animales;[6]​ eran el principal ganado de estas tribus y naciones, gozando de gran consideración —en cambio, había pocos guanacos y alpacas, y la caza de la vicuña estaba prohibida bajo pena de muerte por orden del mismo Sapa Inca.[7]​ En comparación, Fernand Braudel estimaba que en la segunda mitad del siglo XVIII había en toda Europa sólo treinta y ocho millones de animales de labor, uno por cada cuatro habitantes.[8]

Después de la conquista su población se redujo marcadamente, al igual que la de los indígenas;[9]​ estos decayeron a un quinto de su población en un siglo y las llamas aún más, a apenas una décima parte.[5]​ A inicios del siglo XXI hay aproximadamente siete millones de llamas en Sudamérica, otras ciento cincuenta y ocho mil en Estados Unidos y Canadá.[10]

La llama sigue siendo utilizada por los pobladores andinos por su lana, carne y como transporte de mercancías. Su fibra se usa para tejer abrigos, su excremento sirve como guano para las cosechas de los andinos . Aún hoy, en el Perú y en las zonas andinas de Bolivia y del norte de Argentina, su lana, de buena calidad, es producida y comercializada.

El jesuita José de Acosta escribe un libro llamado La Historia Natural y Moral de las Indias donde intenta explicar el origen de los camélidos. En el capítulo titulado: «Como sea posible haber en Indias animales que no hay en otra parte del mundo» da una versión evolucionista revolucionaria para la época, en la cual plantea que el problema que resolver es saber si estos animales difieren específica y esencialmente del resto de los animales o si su diferencia es accidental. Dice de las llamas que «es el animal de mayores provechos y menores gastos de cuantos se conocen» y afirma que Dios unió en la misma especie ovejas y burros.

Para los integrantes del Imperio inca la creación de las llamas se explica mediante un mito muy especial: el hijo de Manco Cápac y Mama Ocllo (los fundadores míticos del imperio inca, en una de sus leyendas), se enamoró de una de sus hermanas menores que estaba destinada a ser una Virgen del Sol. Obviamente el emperador inca prohibió el matrimonio y los jóvenes desobedeciéndolo huyeron al campo, con lo que su padre los condenó a muerte. La madre pidió clemencia al dios Viracocha, quien se apiadó de ella convirtiéndolos en una pareja de llamas. Un día Manco Cápac oyó hablar de la existencia de dos animales que vagaban con una mirada humana en sus ojos y ordenó que los capturasen y llevasen al Cusco y cuando los tuvo delante, los reconoció y los mandó sacrificar. Los espíritus emprendieron viaje por la vía láctea a la morada de Viracocha. Se dice que cuando las llamas lleguen a su destino, recuperarán su forma humana y regresarán al mundo para un nuevo reino con armonía entre los hombres.

El Chilihueque, Chilliweke,[11]​o Hueque fue una variedad o especie de guanaco en América del Sur que existió en el centro y sur-centro de Chile en la época prehispánica y colonial. Hay dos hipótesis sobre su estado entre los camélidos de Sudamérica: el primero sugiere que son guanacos domesticados localmente y el segundo que son una variedad de llamas traídas del norte al centro-sur de Chile. La alpaca también se ha sugerido como su posible identidad. [12]

Según Juan Ignacio Molina, el capitán neerlandés Joris van Spilbergen observó el uso de chilihueques por los mapuches de la isla Mocha como animales arados en 1614. [13]

Las poblaciones de Chilihueques disminuyeron hacia la extinción en los siglos XVI y XVII, siendo reemplazadas por ganado europeo. Las causas de su extinción no están claras, pero se cree que la introducción de ovejas causó competencia entre ambas especies. A fines del siglo XVIII el chilihueque había desaparecido del territorio nacional; y según Tomás Guevara, solo los mapuches de Mariquina y Huequén junto a los de Angol criaron a los últimos ejemplares. [14]

La llama es el símbolo patrio boliviano que representa al reino animal o fauna autóctona de Bolivia y se encuentra representada en el Escudo de Bolivia desde el año 2004, al sustituir a la alpaca.[15]​ También aparecía en el primer escudo del Perú de 1821, si bien luego fue reemplazada por una vicuña. Cabe destacar que la llama también está presente en el escudo comunal de la ciudad chilena de Calama y de Putre. La llama también significa características como la resistencia, la supervivencia, el equilibrio, y la comunidad.

Escudo del Perú (1821-1825)

Escudo de Bolivia.

Escudo de Calama.

Escudo de Putre.



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