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Fiestas de moros y cristianos



Los Moros y Cristianos (en valenciano Moros i Cristians) son una festividad popular española que se celebra principalmente en el sur de la Comunidad Valenciana y otras zonas del sureste de España. Según la tradición, estas fiestas conmemoran las batallas que se libraron durante la Reconquista, durante la cual los cristianos de los reinos de España conquistaron los dominios ocupados por los musulmanes (llamados "moros"). Asimismo, se conmemora todo el período de rebeliones sarracenas, los ataques de piratas berberiscos, y la expulsión de los moriscos, que tiene lugar en el siglo XVII, época en la que, en algunos casos, tienen ya su origen los albores de esta celebración.

Estas fiestas se celebran fundamentalmente en el este y sureste de España, teniendo su epicentro en la provincia de Alicante y sur de la provincia de Valencia. En esta área se encuentran los municipios donde se celebran las fiestas más masivas y multitudinarias. También se celebran en la Región de Murcia, la provincia de Albacete, el este de Andalucía y algunas otras zonas limítrofes con la Comunidad Valenciana.

Muchas de estas festividades tienen diversas catalogaciones de interés turístico, siendo los nombramientos más relevantes los de Fiestas de Interés Turístico Internacional, concedidos tan solo a cinco ciudades: Almansa, por su Embajada Mora Nocturna (entre otros actos), Alcoy, por su antigüedad, Villajoyosa por su desembarco, Caravaca de la Cruz, por su ligadura con la fiesta de los Caballos del vino, y Crevillente.[1]

En el año 711 los árabes, en plena expansión mediterránea, aprovechan una guerra civil entre dos reyes de la Hispania visigoda para invadir la península ibérica. Encontraron poca resistencia y en pocos años, los musulmanes se habían hecho con el control de casi toda la región. Toda la península, a excepción de una estrecha franja en el Cantábrico, quedó bajo dominio del Califato de Damasco.

En el 722, Don Pelayo lidera a las tropas cristianas, que ganan a los musulmanes su primera batalla en Covadonga, tras lo cual funda el Reino de Asturias. Este hecho, se toma como punto de partida de la Reconquista, un largo periodo de tiempo, entre los años 722 y 1492, en el que los sucesivos monarcas hispánicos fueron conquistando por fases el control de las tierras ocupadas por los mahometanos. El Reino de Asturias evolucionó en el Reino de León, y se fundaron asimismo los reinos de Castilla, Portugal, Navarra y Aragón.

Para finales del siglo XI ya se había alcanzado la línea del Tajo, pero fue el siglo XIII el más relevante. Tras la Batalla de las Navas de Tolosa, las tropas del Fernando III el Santo cruzaron Sierra Morena y se hicieron con el control de toda Andalucía bética. El mismo siglo, colaborando mano a mano entre los reyes Jaime I de Aragón y Alfonso X el Sabio, se reconquistaron las tierras de levante, Valencia y Murcia. El último reducto en caer fue el Reino de Granada, que sobrevivió hasta 1492, cuando fue tomado por los Reyes Católicos.

El problema de la convivencia entre moros y cristianos, tomó además tintes políticos cuando el Imperio Turco empezó a expandirse por el Mediterráneo y el este de Europa. Los moriscos eran considerados una quinta columna, y se temía que una alianza de estos con el turco pusiera en peligro nuevamente la supervivencia de los reinos cristianos. De ese modo, siglos después, el problema fue atajado en el año 1609, cuando el rey Felipe III decretó la Expulsión de los moriscos. Estos eran embarcados en los puertos mediterráneos, fundamentalmente Denia, Alicante, Valencia, y Cartagena, entre otros. Algunos moriscos fueron realojados en el sur de Italia, pero fundamentalmente, las galeras desembarcaban en el puerto de Orán, desde donde eran repartidos en poblaciones de la Berbería.

La fecha de comienzo de estas fiestas no se sabe con exactitud. Hay datos documentados que demuestran la antigüedad de las mismas, llegando a celebrarse incluso antes de la total Reconquista de la península ibérica (en 1426 en Murcia [cita requerida] y en 1463 en Jaén). [cita requerida] Aunque en su origen las fiestas no tenían el mismo formato que hoy en día, sí solían guardar ciertas similitudes, en cuanto a la conmemoración militar y religiosa de la victoria sobre los moros, con escenificaciones de batallas, uso de pólvora en las celebraciones, etc. No obstante, algunas nacen como otro tipo de manifestaciones (las de Lérida son danzas de moros y cristianos, que los mercantes españoles extienden por prácticamente todo el Mediterráneo y de las que hoy en día solo se celebra la Danza Moreska en la isla Kórchula en Croacia).

Las celebraciones seguirán propagándose, bien de modo excepcional (eventos conmemorativos), o de un modo más continuado y con una estructura básica asociándose a los actos de la Soldadesca. A lo largo de los siglos XVI y XVII se documentan las primeras celebraciones: en 1496 en Valverde de Júcar, en 1579 en Orihuela, en 1586 en Valencia, en 1588 en Caudete, en 1599 en Alicante, en 1600 en Calasparra, en 1614 en Jumilla, en 1614 en Petrel, en 1638 en Villena, en 1668 en Alcoy, en 1754 en Elda,[2]​ etc.

No obstante, es a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando en algunas poblaciones empiezan a celebrarse de forma oficial las fiestas de Moros y Cristianos, con el mismo formato y estructura con el que las conocemos hoy. Es especialmente durante el siglo XX cuando el fervor por estas celebraciones se extiende rápidamente y de forma generalizada por numerosas poblaciones del Levante, y especialmente, en la mitad sur de la Comunidad Valenciana, donde estas fiestas tienen un gran arraigo y tradición, y se viven con una especial intensidad. Esta expansión, más reciente, tiene dos focos bien diferenciados que influirían de forma distinta en las nuevas fiestas, distinguiéndose así el modelo del Vinalopó, orientado a lo popular y festivo, manteniendo los orígenes militares; y el de la Hoya de Alcoy, más restrictivo (en lo económico), centrado en la ostentación y en la pretensión de recreación histórica.[3]

La fiesta de Moros y Cristianos es una de las celebraciones más genuinas dentro del amplio y rico compendio de celebraciones festivas de gran arraigo y tradición en toda España.

Esta fiesta tiene un origen y una base profundamente religiosa, que se ha ido enriqueciendo a la vez con un claro componente lúdico, existente en cualquier festividad. Sin embargo, es su componente teatral y representativo de la Historia lo que la hace única en su género. La invasión y dominación musulmana en la península ibérica durante varios centenares de años dejó una gran huella en la sociedad medieval española, que no terminó con el final de la Reconquista de los reinos cristianos a finales del siglo XV. Con el paso de los siglos, las poblaciones que celebraban Moros y Cristianos fueron enriqueciendo y moldeando esta representación histórica adaptándola a hechos históricos locales o a otros hechos históricos acaecidos a lo largo de los siglos pasados de especial relevancia social, como las campañas contra los piratas turcos o berberiscos en los siglos XV, XVI y XVII en las costas valencianas o la toma de Tetuán por parte del ejército español a mediados del siglo XIX, que supuso un renacimiento de la cometida histórica y cultural en relación con el mundo árabe, dando lugar a un renacer de distintas e interesantes nuevas tradiciones y costumbres alrededor de esta fiesta, que contribuyeron a expandirla todavía más por gran parte del territorio español y a considerarla cada vez más como una fiesta de referencia cultural en toda España.

Es, quizá, el siglo XX el que dará testimonio de una mayor expansión de la Fiesta, especialmente tras la Guerra Civil. La expansión geográfica y la imitación de los modelos de fiesta de referencia en el mundo morocristiano hará que algunas de las poblaciones con mayor tradición y pujanza en la fiesta se afiancen como referentes nacionales e incluso internacionales.

Doce ciudades tienen la declaración de Fiestas de Interés Turístico Nacional. Villena, Almansa,[4]Caudete,Bocairente, Bañeres, Callosa de Ensarriá, Cocentaina, Crevillente, Elda, Petrel, Onteniente, Peñíscola , Murcia y Albaida

Con grandes o pequeñas diferencias, esta fiesta se compone de distintos actos, entre los que invariablemente se encuentran las Entradas (o Desfiles), Embajadas y la Procesión (suelen estar ligadas a la festividad del patrón de la ciudad o población correspondiente).

Los participantes se dividen en dos bandos, moros y cristianos, vestidos de forma que parece la correspondiente a la época medieval de cada cultura, dejando, sin embargo, gran espacio a la ornamentación de fantasía. De esta norma se suelen desligar comparsas o "filaes".

Más tarde se formaron agrupaciones que tomaron otra identidad diferenciatoria de las primeras, tales como Almogávares, "Templarios", Labradores o Maseros, Contrabandistas o Andaluces, Bandoleros, Mirenos, Pescadores o Marineros, Bucaneros o Piratas, Corsarios, Cíngaros, etc. Estas comparsas o filaes visten de acuerdo a la indumentaria con la que habitualmente se les asocia. En algunas localidades si originariamente existían sólo comparsas de "Cristianos" y de "Moros", en el caso de Villena o Bañeres la de "Moros" posteriormente se desdobló en Moros Viejos y Moros Nuevos. En el bando cristiano destacaba la comparsa de los "Cristianos", que también se encuentra en poblaciones como Biar o Bocairente.

Aunque las fiestas de cada localidad —como se ha comentado anteriormente— tienen sus propias peculiaridades, en líneas generales y sobre todo en las que se realizan en las localidades de la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia y Castilla-La Mancha, cada uno de los bandos toma simbólicamente la ciudad un día. Es lo que se denomina Entrada Mora y Entrada Cristiana, desfiles separados al hacerse los desfiles de la Entrada más numerosos. Son muy pocas las poblaciones que conservan un único desfile de la Entrada original. Se acaba la fiesta con la reconquista de la ciudad por parte de los cristianos. Esto sucede en una batalla final en la que se producen disparos de avancarga como arcabuces, espingardas y trabucos, dependiendo del bando. En esta batalla se toma el castillo de la localidad y si no lo tiene se toma un castillo artificial. Esta toma se realiza representando los antiguos textos de las Embajadas, que varían según la población, en las que un embajador intercambia unas palabras amenazantes con el defensor del castillo, para después tomarlo.

Cada bando está formado por peñas, llamadas por lo general comparsas o filaes. Las comparsas cristianas suelen tener nombres como Fontanos, Navarros, Almogávares, Cruzados, Cristianos, Mirenos, Andaluces, Labradores o Maseros, Caballeros del Cid, Caballeros de la Baronía, Templarios, Montañeses, Astures, Leoneses, Aragoneses, Castellanos, Mozárabes, etc. Los moros, por su parte tienen nombres como Almorávides, Moros Viejos, Moros Nuevos, Nazaríes, Almohades, Beduinos, Sauditas, Abenzoares, Magenta, Judíos, Bereberes, Tarik, Tuaregs, Marruecos, Turcos, La Llana, Zegríes, Almanzárabes, Abencerrajes, Almorávides, etc. Cada comparsa tiene su propio cuartel, maset, Kábila, capitanía o local de reunión, donde se realizan las celebraciones.

Cada año es una de las comparsas moras y cristianas las que aportan un capitán o rey (dependiendo del lugar) a cada uno de los bandos. En algunos pueblos como Bañeres y Sax, todas las comparsas tienen un capitán. También existen otras figuras, como el alférez, el embajador, el sargento (propio y único de la localidad de Sax, que abre cada comparsa), el volante, el abanderado o la dama de la comparsa. Cabe destacar la figura del Primer Trueno, que en lugares como Onteniente, tienen una importancia muy alta, en otros, como en Alcoy, es el nombre que tiene el presidente.

En cuanto a las figuras femeninas cabe destacar a la "Rodela", endémica de la población alicantina de Petrel. Se trata de una niña pequeña que desfila junto al resto de cargos festeros, y adquiere un papel relevante dada las diversas tradiciones que envuelven a esta figura de las fiestas en dicha población. También la figura de la Abanderada es característica de las fiestas de diversos municipios, cuya primera aparición data de 1905 en Petrel, cuando según cuenta la tradición y está registrado en los documentos, la Tía Ramona "se bajó la bandera" de los Moros Viejos. Actualmente, la Abanderada se ha exportado a gran cantidad de festividades de Moros y Cristianos de toda España, siendo muy relevante en aquellas festividades en las que se ostenta este cargo. Otra figura es la de las Madrinas, característica de Villena, que ataviada con el traje regional, adquiere también un papel relevante.

Los desfiles, principalmente en los sitios de más tradición y localidades más grandes se caracterizan por su espectacularidad, no solo por los trajes, sino también por la participación de carrozas y animales montados, como caballos, elefantes y dromedarios, por sus boatos, sus grupos de dulzainas y percusión o por la gran cantidad de pólvora empleada, convirtiéndose en un gran espectáculo visual. Cada año, justo seis meses antes se celebra en muchos lugares el Ecuador Festero o mig any que en valenciano quiere decir ‘medio año’. Destacan las fiestas de la Reliquia, que se celebran el primer fin de semana de septiembre en Banyeres, en las que se conmemora la llegada de la reliquia de San Jorge a este pueblo.

Los desfiles constan esencialmente de escuadras o filas de 10 a 14 festeros, dirigidos por un cabo de escuadra (en ocasiones acompañado por un cabo batidor, a caballo), o bien por un bloque de varias escuadras con un cabo al frente. El ritmo del desfile y la forma de ejecutarlo varía según suene un pasodoble (ligero y alegre), una marcha mora (cadenciosa y alzando cada paso) o una marcha cristiana (contenida y vigorosa).

A partir de la década de 1950, se inicia un intento generalizado de dar a las fiestas un enfoque más historicista, acorde con la Reconquista, en detrimento de los trajes originales de las comparsas (basados en los militares de las guerras del norte de África de los siglos XVIII y XIX). Así se llegan a perder estos trajes comunes y hasta se llega a prohibir en ciertas poblaciones las comparsas consideradas como "anacrónicas" (estudiantes, contrabandistas, marineros...). En su lugar, se comienza a competir por mostrar cada año trajes distintos, acorde con la historia, cada vez más vistosos y fantasiosos. Esta tendencia supondría el florecimiento de la llamada Industria de Artesanía Festera, especialmente importante en Villena, ciudad que confecciona, alquila y vende los trajes a la mayoría de poblaciones festeras.

La música siempre ha acompañado a las Fiestas de Moros y Cristianos desde sus inicios. Está documentada en Alcoy la utilización de tamboriles y atabales, pífanos, dulzainas o castañuelas en los siglos XVI y XVII y de tambores y trompetas —músicas de retreta— en el siglo XVIII.

La música es unos de los aspectos que también destacan en esta fiesta, sobre todo el famoso pasodoble español Paquito el Chocolatero escrito por Gustavo Pascual Falcó, compositor de Cocentaina, así como el también contestano Manuel Ferrando González que compuso en 1864 el primer pasodoble para las fiestas de Moros y Cristianos llamado El Moro Guerrero.

Será en el siglo XIX cuando las bandas de música se unen a las Fiestas, a partir de 1817, año en que la Filá Llana de Alcoy contrató a la Banda de Milicianos Nacionales, la única banda que existía en la ciudad, germen de la Corporación Musical Primitiva.

En pocos años, el resto de filaes también se hicieron acompañar por su respectiva banda de música, contratadas en Alcoy o en los pueblos cercanos, favorecida por una época de expansión y florecimiento de las bandas civiles de música. Las propias Fiestas motivaron una música adecuada, un ritmo propio para acompasar los desfiles, a partir del pasodoble, una variedad musical dentro de la forma marcha. Las marchas son obras musicales que entran dentro de las composiciones definidas por el movimiento o por el ritmo. Las marchas regulan el paso de un cierto número de personas. Los pasodobles son marchas ligeras, adoptadas como paso reglamentario de la infantería, con una característica especial que hace que la tropa pueda llevar el paso ordinario de desfile.

A finales del siglo XIX, el compositor alcoyano Juan Cantó Francés escribe los pasodobles La Primers Diana (1880) y Mahomet (1882), creados expresamente para los Moros y Cristianos de Alcoy. Estos presentaban una estructura, forma y ritmo que los diferenciaban del resto de pasodobles hasta entonces conocidos, iniciando de este modo la música festera alcoyana, con personalidad propia.

Desde finales del siglo XIX y sobre todo, con el inicio del siglo XX, la Entrada de Moros cobra una espectacularidad inusitada, denominándose en los programas de actos de la época como el más llamativo y pintoresco acto de las fiestas. Por supuesto, la música se adaptará a dicho acto, apareciendo un nuevo género musical festero: la marcha mora. La composición A-Ben-Amet, del autor alcoyano Antonio Pérez Verdú, estrenada en las Fiestas de 1907, está catalogada como la primera de este tipo, aunque bien es cierto que ya existían otras composiciones denominadas marchas árabes, expresamente escritas para la Entrada de Moros, que nos hacen pensar en una evolución paulatina del pasodoble, con la incorporación de elementos de percusión, hasta consolidar dicho género musical. Cabe destacar la obra de Moros Españoles compuesta en 1944 por el músico valenciano José Pérez Ballester.

En 1958 con la obra Aleluya, el gran creador alcoyano Amando Blanquer Ponsoda desarrollará una música específica para el acto de la Entrada de Cristianos: la marcha cristiana, abriendo un nuevo camino en el devenir de la música de las Fiestas de Moros y Cristianos. La última aportación a este género vino nuevamente de Alcoy en 2005 con una marcha Cristiana cantada, con música de Ángel Lluis Ferrando y letra de Jordi Grau, para banda y coral, con la obra titulada “Temporada Belli”

Así pues, los tres grandes géneros musicales de las Fiestas de Moros y Cristianos son el pasodoble, la marcha mora y la marcha cristiana. Su diferenciación está marcada por el ritmo que se les imprime a cada uno de ellos:

La música para la Fiesta de Moros y Cristianos ha desarrollado además de los géneros citados, otras composiciones como las marchas de procesión —entre las cuales cabe destacar la marcha 23 de abril, de José María Valls Satorre—, himnos de fiestas, himnos al patrón, ballets, música incidental para boatos, etc. Un caso significativo sería el de la Misa festera, destacando la Misa a San Jorge de Amando Blanquer Ponsoda, obra de carácter litúrgico para la celebración religiosa del día dedicado al Patrón San Jorge (en Alcoy).

Algunas de las poblaciones que celebran fiestas de Moros y Cristianos son:

En los dos fines de semana anteriores el grupo de Recreación Histórica "Gran Comendador Fernán Pérez" pone en escena la célebre "Vela de Armas" en la Capilla de Palacio y en el Torreón del Gran Prior y en la que se desarrollan escenas de la vida medieval de Alcázar y de la historia de la Orden de San Juan de Jerusalén.[1]



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