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Derechismo



En política, la derecha es el segmento del espectro político que afirma que determinados órdenes sociales y jerarquías son inevitables o deseables, apoyándose por lo general sobre la naturaleza humana, el derecho natural, la economía o la tradición.[1][2][3][4][5][6][7][8][9]​ Estas jerarquías son vistas por la derecha como producto natural de la competencia en las economías de mercado o simplemente como una consecuencia inevitable de las diferencias en la personalidad de los individuos.

No existe una definición unívoca de derecha aunque dadas un conjunto de dicotomías como el individualismo frente a colectivismo, confesionalidad frente a laicismo, propiedad privada frente a propiedad pública de ciertas actividades económicas, igualdad de oportunidades frente a igualdad de resultados, tradicionalismo frente a reformismo social, conservadurismo frente a progresismo, liberalismo frente al comunismo, la derecha se decanta estadísticamente por las primeras componentes de cada una de ellas en mayor proporción que la izquierda. Actualmente, el discurso político de la mayor parte de fuerzas de derecha habla favorablemente de la riqueza a través de la libre competencia.[10]

El término derecha política tiene muchas connotaciones e ideas conflictivas en la actualidad.[11]​ Engloba por tanto a corrientes ideológicas muy diversas cuya separación puede ser tajante, aunque también pueden ser compatibles, que ante todo busquen el mantenimiento del orden social establecido (tradicionalismo, conservadurismo). En oposición a la izquierda política, el sector más liberal enfatiza el libre mercado por encima del intervencionismo de las administraciones públicas y busca potenciar valores y derechos individuales, frente a posiciones colectivistas, redistributivas o estatistas, mientras que el sector más conservador es partidario del encuadramiento colectivo en estructuras rígidamente jerarquizadas y disciplinadas.

El término Derecha política, como el de Izquierda política, tiene su origen formal en la votación que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa en la que se discutía la propuesta de un artículo de la nueva Constitución en la que se establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, que suponía el mantenimiento de hecho del poder absoluto del monarca, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y defendían que el rey sólo tuviera derecho a un veto suspensivo y limitado en el tiempo poniendo por tanto la soberanía nacional por encima de la autoridad real, se situaron a la izquierda del presidente.[12][13][14]​. Así el término "izquierda" quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y social, mientras que el término "derecha" quedó asociado a las que se oponían a dichos cambios.[15]

El significado de la derecha "varía según las sociedades, las épocas históricas y los sistemas e ideologías políticas".[16]​ En las democracias liberales, la derecha política se opone al socialismo y la socialdemocracia. Los partidos de derecha incluyen conservadores, demócratas cristianos, liberales clásicos y nacionalistas.[17]​ Roger Eatwell y Neal O'Sullivan dividen la derecha en cinco tipos: reaccionaria, moderada, radical, extrema y nueva.[18]

En filosofía política, se denomina conservadurismo al conjunto de doctrinas y movimientos políticos que favorecen el uso del poder político o la fuerza del Estado para conservar o restaurar tradiciones —creencias o costumbres— de un pueblo o nación que pueden ser de tipo religiosas, sociales o políticas (en estos casos el término conservadurismo es entendido como un tradicionalismo en política o mantener intacto un orden político presente —quizá el significado más extendido— o como reaccionarismo o restauración de un orden político perdido), o para —aun estando a favor de una reforma en políticas de gobierno, sociales o económicas— impedir que el cambio sea radical y solo permitir el cambio gradual (por ello para algunos grupos políticos el término conservadurismo puede ser más equivalente a reformismo o gradualismo que a tradicionalismo o reaccionarismo).[19]​ El conservadurismo puede tomar o rechazar elementos de otras ideologías políticas —como el liberalismo o el socialismo— con el propósito de conservar o restaurar o reformar moderadamente determinado statu quo, un statu quo que evoluciona y con ello hace evolucionar al conservadurismo que lo defiende. Dado que conservar, restaurar y reformar moderadamente un statu quo al mismo tiempo son propuestas mutuamente excluyentes, y que el statu quo no es el mismo en todo tiempo, lugar y comunidad, el conservadurismo tiene un contenido ideológico movedizo y relativista y la identificación de las ideas concretas sobre el orden político que propone el conservadurismo suele ser confusa e inclusive contradictoria entre autores y movimientos conservadores. En el espectro político, por la valoración favorable que los conservadores tienen del orden jerárquico con frecuencia se considera que están dentro de la derecha política, sin embargo dado que los conservadores también tienen una valoración favorable del orden comunitario y defienden algún grado de colectivismo político también pueden encontrarse conservadores en la izquierda política. Por la valoración favorable a la moderación que existe en la tradición conservadora varios grupos conservadores están organizados dentro del centro político (visto este como una «política de consensos» entre una «derecha-liberal» y una «izquierda-socialista»); la equivalencia entre centrismo y conservadurismo es la forma mayoritaria de conservadurismo en los países de mayoría católica de Europa continental y América Latina desde el final de la Segunda Guerra Mundial,[20]​ países donde los partidos conservadores que estaban tutelados por la Iglesia católica evolucionaron —por recomendación de la Iglesia— del integrismo hacia el democristianismo entre las décadas de 1930 a 1950.[20][21][22]

Es importante distinguir entre el conservadurismo entendido como una filosofía política, y usar el término «conservador» para señalar una estimación personal o cultural favorable de ciertos valores y hábitos familiares, religiosos o comunitarios. Este «conservadurismo moral» no es un elemento exclusivo ni determinante del conservadurismo entendido políticamente —para que el «conservadurismo moral» se convierta en conservadurismo en política usualmente se considera que necesita plantear sus inquietudes como un tema que demanda la intervención del Estado. El «conservadurismo moral» puede hallarse también en ideologías no-conservadoras (como es el caso de algunas formas de libertarismo) que le dan a esos valores y hábitos un reconocimiento favorable como virtudes de la sociedad civil, sin por ello imponer restricciones jurídicas a las libertades civiles. Otra confusión que debe evitarse es identificar el conservadurismo en filosofía política como una propuesta del sector «cristiano conservador» de las iglesias evangélicas con origen en los Estados Unidos, sector que si bien puede tener opiniones políticas en temas puntuales no plantea una ideología política en particular ni es un movimiento político —los cristianos conservadores pueden no ser conservadores políticos y en cambio estar alineados con la tradición liberal clásica norteamericana de separación de la Iglesia y el Estado—, sino que básicamente es un movimiento de interpretación teológica literalista de la Biblia que toma el nombre «conservador» dado que defiende una «teología conservadora» enfrentada a la denominada «teología liberal» (interpretación no-literalista) de otro sector de las iglesias evangélicas de origen norteamericano.

En lo económico, los conservadores históricamente se posicionaron como proteccionistas y mercantilistas, en oposición al libre mercado y al libre comercio. El conservadurismo histórico no es, en general, adverso por principio al intervencionismo económico (generalmente para promover o defender la industria «nacional» o el desarrollo de actividades que se ven como esenciales para lo que consideran el bien o interés nacional) ni al Estado de bienestar (casos representativos son las corrientes del socialismo conservador y algunas formas de socialcristianismo), a la vez que tiende a expresar alguna preferencia por la propiedad privada pero con importantes restricciones del Estado, junto con la prudencia fiscal en el gasto estatal. De hecho, algunos conservadores ven el mercado libre como intrínsecamente opuesto al conservadurismo.[23]​ Esa tradición de economía estatizante o anti-libre mercado del conservadurismo se manifiesta por ejemplo en las propuestas de Estado social del conservadurismo alemán del siglo XIX, el paternalismo estatal one-nation del conservadurismo británico del siglo XIX, el corporativismo católico de gremios dirigiendo el Estado y regulando la economía propuesto por el papa Leon XIII (1891), o el dirigismo estatal de la economía nacional del conservadurismo francés del siglo XX. Sin embargo, durante el siglo XX algunos de los partidos conservadores renunciaron a una parte de sus políticas económicas y adoptaron posiciones económicas más cercanas a los liberales al fusionarse con partidos de esta tendencia —ejemplo paradigmático es el Partido Conservador Británico, gran entusiasta del consenso de posguerra keynesiano hasta que emergió en su interior el thatcherismo en los 1980— aliados en la defensa del sistema socioeconómico capitalista —que promovían los liberales y que había triunfado en buena parte de Occidente frente al orden tradicional precapitalista defendido por los conservadores originales— en oposición al socialismo y el comunismo. Consecuentemente, en la actualidad dentro del conservadurismo político coexisten diversas posturas sobre lo económico. A la fusión entre ambas posturas se la denomina comúnmente como liberalismo conservador, si bien tal término también alude a que el liberalismo ha de aplicarse gradualmente tomando en cuenta las tradiciones sociales.

Así, dentro de la misma corriente algunos buscan mantener las condiciones presentes (el «orden» establecido, tanto social como jurídico, lo que se expresa en el orden público) o un progreso paulatino dentro de un orden social heredado, otros buscan volver a situaciones anteriores, por lo que existe una cierta confusión —incluso dentro de la misma cultura política— acerca de quiénes serían, en un momento dado, conservadores. Martín Blinkhorn, por ejemplo, pregunta: "¿Quiénes son los conservadores en la Rusia de estos días? ¿Son los estalinistas irredentos o los reformadores que han aceptado las visiones políticas de derecha de los conservadores modernos, tal como Margaret Thatcher?". Por otra parte, Michael Oakeshott exalta la ausencia de propuestas políticas claras y específicas del conservadurismo contemporáneo.[24]

También se ha alegado que "el conservadurismo moderno a menudo se disuelve en una forma de liberalismo", encarando la paradoja de que, lo que es llamado conservadurismo, en un sentido importante, no es conservadurismo. "En su compromiso con el progreso, la derecha persigue prosperidad económica y poder nacional a desmedro de las preocupaciones tradicionales por la autoridad y la comunidad, perdiendo de vista algunos puntos centrales de la visión conservadora: autoridad, deber y sentido de lugar, lo que lleva a pensar que estos son tiempos para ser conservador".[25]

En las palabras de Chris Patten, quien fue uno de los políticos conservadores más importantes en el gobierno de políticas liberales clásicas de Margaret Thatcher: "¿Cómo deberíamos definir el papel del Estado sin asumir que el Estado mismo debe hacerlo todo? ¿Cómo restauramos un argumento acerca de valores al debate político, usualmente es solo acerca de costos y beneficios utilitarios? ¿Cómo haremos que los jóvenes se interesen por la política, dada la forma en que la presente generación de dirigentes ha desprestigiado lo que una vez fue una carrera honorable?".[26]

El liberalismo económico es el pensamiento económico del liberalismo, promueve la libertad económica y está en contra de la intervención del Estado de la Economía, surgió en Europa y fue desarrollada durante la Ilustración desde finales del siglo XVIII como una reacción a la intervención de los estados en materias económicas. Este pensamiento fue llamado librecambismo y tuvo entre sus principales ideologos al economista escocés Adam Smith (1723-1790). Su obra fue de gran importancia para el pensamiento económico moderno, pues planteaba que era necesario reducir las barreras a la producción y el comercio.

Esta doctrina se halla en las antípodas del socialismo (que persigue la igualdad antes de nada; y cree que para lograrla, se necesita la intervención del estado). Teóricos como Karl Marx criticaron el capitalismo por las desigualdades sociales que comportaba.

El anticomunismo es una corriente ideológica históricamente opuesta de manera activa al comunismo. A través del tiempo, la palabra comunismo ha sido usada para referirse a varios tipos de organización social y sus partidarios, pero, desde mediados del siglo XIX, la corriente dominante del comunismo en el mundo ha sido el marxismo. El comunismo marxista consiguió muchos más seguidores y oponentes que todas las demás formas de comunismo juntas. Asimismo, el término anticomunismo se emplea principalmente para referirse a la oposición activa a tal movimiento político.

El marxismo, y la forma de comunismo asociado a él, alcanzó su apogeo en el siglo XX. El anticomunismo organizado se desarrolló como reacción a la creciente popularidad del movimiento comunista, y adoptó muchas formas a lo largo del siglo XX. Los monárquicos conservadores europeos se opusieron a las primeras oleadas de revoluciones comunistas desde 1917 a 1922. El fascismo y el nazismo se basaron en una forma violenta de anticomunismo; incitaban el miedo a la revolución comunista para obtener poder político, e intentaron destruir el comunismo en la Segunda Guerra Mundial. Los nacionalistas conservadores lucharon contra los comunistas en numerosas guerras civiles por todo el mundo. Tanto el conservadurismo como el liberalismo clásico conformaron gran parte de las políticas exteriores anticomunistas de las potencias occidentales, y dominaron el pensamiento intelectual anticomunista en la segunda mitad del siglo XX. Actualmente, buena parte de la crítica al comunismo viene de los sectores libertarios y anarquistas de libre mercado.

Tras la Revolución de Octubre en Rusia, el comunismo marxista quedó principalmente asociado a la Unión Soviética en la imaginación pública (aunque había muchos marxistas y comunistas que no apoyaban a la misma).[27]​ Como resultado, el anticomunismo y la oposición a la Unión Soviética se hicieron prácticamente indistinguibles, especialmente en política exterior. El anticomunismo fue un elemento importante en la política exterior de las Potencias del Eje durante los años treinta (Pacto Antikomintern) y de los Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá, Israel y otros países capitalistas durante la Guerra Fría.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo se convirtió en un fenómeno global y el anticomunismo se convirtió en una parte integral de las políticas internas y externas de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. El conservadurismo en la era de la posguerra abandonó sus raíces monárquicas y aristocráticas, centrándose en cambio en el patriotismo, los valores religiosos y el nacionalismo. A lo largo de la Guerra Fría, los gobiernos coloniales de Asia, África y América Latina recurrieron a los Estados Unidos para obtener apoyo político y económico. Estados Unidos hizo del anticomunismo la máxima prioridad de su política exterior y muchos conservadores estadounidenses trataron de combatir lo que vieron como influencia comunista en casa. Esto condujo a la adopción de una serie de políticas nacionales que se conocen colectivamente bajo el término "macartismo". Mientras que tanto los liberales como los conservadores eran anticomunistas, los seguidores del senador McCarthy fueron llamados de derecha.[28]

El populismo de derecha es una ideología política que combina la derecha política con retórica y temas populistas. De acuerdo con la definición de Cas Mudde, el populismo es una ideología política que divide a la sociedad en dos entes homogéneos y antagonistas: el pueblo y las élites, argumentando que la política debe ser la expresión de la voluntad general del primero.[29]​ La retórica a menudo consiste en sentimientos anti-elitistas, oposición al establishment y hablar acerca de las masas.

En Europa el populismo de derecha es una expresión que se usa para describir a grupos, políticos y partidos políticos generalmente conocidos por su oposición a la inmigración,[30]​ principalmente del mundo islámico,[31]​ y que en la mayoría de los casos tienen una postura euroescéptica.[32][33]​ El populismo de derecha en el mundo occidental está generalmente, aunque no exclusivamente, asociado con ideologías como el neonacionalismo,[34][35]​ la antiglobalización,[36]​ el nativismo,[37][38]​ el proteccionismo[39]​ y la oposición a la inmigración.[40]​ Las ideas y sentimientos anti-musulmanes y el antisemitismo sirven como los "grandes unificadores" entre las formaciones políticas de derecha en todo Estados Unidos y Europa.[41]​ Las opiniones tradicionales de la derecha, como la oposición a un mayor apoyo al estado de bienestar y un esquema de "gasto social interno más lujoso, pero también más restrictivo", también se describen bajo el populismo de la derecha y, a veces, se las denomina "chauvinismo de bienestar".[42][43][44]

A partir de la década de 1990, los partidos populistas de derecha se establecieron en las legislaturas de varias democracias, entre ellas Australia, Brasil, Canadá, República Checa, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Rumania y Suecia; y entraron en gobiernos de coalición en Austria, Bélgica, Bulgaria, Chile, Finlandia, Grecia, Italia, Israel, Letonia, Lituania, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Eslovaquia y Suiza; y gobiernos mayoritarios en India, Turquía, Hungría y Polonia.[45]​ Si bien los movimientos de extrema derecha en los Estados Unidos se han estudiado por separado, donde normalmente se la llama "derecha radical", algunos escritores los consideran parte del mismo fenómeno.[46]​ El populismo de derecha en los Estados Unidos también está estrechamente vinculado al paleoconservatismo.[47]​ El populismo de derecha es distinto del conservadurismo, pero varios partidos populistas de derecha tienen sus raíces en los partidos políticos conservadores.[46]​ Otros partidos populistas tienen vínculos con movimientos fascistas fundados durante el período de entreguerras, cuando el fascismo italiano, alemán, húngaro, español y japonés subió al poder.

El nacionalismo es una ideología y movimiento sociopolítico que surgió junto con el concepto moderno de nación, propio de la Edad Contemporánea, en las circunstancias históricas de la llamada Era de las Revoluciones (Revolución industrial, Revolución burguesa, Revolución liberal) y los movimientos de independencia de las colonias europeas en América, desde finales del siglo XVIII.[57][58]​ También puede designar al sentimiento nacionalista y a la época del nacionalismo.[59]

Según Ernest Gellner, «el nacionalismo es un principio político que sostiene que debe haber congruencia entre la unidad nacional y la política» o dicho con otras palabras «el nacionalismo es una teoría de legitimidad política que prescribe que los límites étnicos no deben contraponerse a los políticos».[60]​ Por su parte Liah Greenfeld define el término «nacionalismo» en un sentido general como el «conjunto de ideas y de sentimientos que conforman el marco conceptual de la identidad nacional», esta última considerada como la «identidad fundamental» en el mundo moderno frente a otras identidades en cuanto que «se considera definidora de la esencia misma del individuo».[61]​ Para Ricardo Rojas el nacionalismo es la «conciencia... del yo colectivo» de una nación».[62]

En el análisis del nacionalismo se han configurado dos paradigmas contrapuestos y excluyentes, cada uno de los cuales implica una determinada concepción de la naturaleza y el origen de la nación y una definición de la misma: el modernista o constructivista, que define la nación como una comunidad humana que detenta la soberanía sobre un determinado territorio por lo que antes de la aparición de los nacionalismos en la Edad Contemporánea no habrían existido las naciones —la nación sería una «invención» de los nacionalismos—; y el perennialista o primordialista que define la nación sin tener en cuenta la cuestión de la soberanía y que defiende, por tanto, que las naciones existieron antes que los nacionalismos, hundiendo sus raíces en tiempos remotos —así sería la nación la que crea el nacionalismo y no a la inversa—.[63][64][65]

Es una ideología política que busca aplicar los principios del cristianismo (a menudo el catolicismo en particular) a las políticas públicas. Esta ideología surgió en el siglo XIX en Europa, y continúa teniendo influencia en Europa y Latinoamérica.

En la práctica política, la Democracia cristiana es considerada de derecha en asuntos morales, económicos y culturales y de izquierda en temas laborales.[cita requerida]Aunque en muchas ocasiones la democracia cristiana ha aceptado posicionamientos del liberalismo, compartiendo la idea de la reducción de impuestos con la intervención social, con la intención de acabar con la injusticia social. Por esa razón es frecuente encontrar partidos democristianos en la centro-derecha.[cita requerida]

Es una actitud adoptada por un estado para pretender colocarse por encima de otros estados o comunidades. Existen diversas variantes ideológicas de imperialismo, desde la exaltación de valores nacionales, religiosos y étnicos más frecuentemente alineados con la derecha política, al imperialismo soviético que pretendía extender la revolución proletaria a otras partes del mundo. El imperialismo moderno suele referirse a la actitud de algunas potencias, principalmente europeas además de los Estados Unidos de América, desde la Edad Moderna hasta el proceso de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial; y más específicamente, incluso con el nombre Era del Imperialismo, utilizado por la historiografía, al periodo que va de 1871 a 1919, en que se produjo una verdadera carrera para construir imperios, principalmente con el llamado reparto de África.[cita requerida]

A ese período se refieren dos de los textos más importantes que fijaron el concepto: Imperialism, a study, de J. A. Hobson, y El imperialismo, fase superior del capitalismo, del ideólogo marxista y líder bolchevique Lenin. Hay que mencionar que imperialismo y colonización son términos parecidos pero no iguales, ya que pueden ser confundidos, y tomarse como sinónimos. En el proceso histórico se puede advertir que no son lo mismo.

Las diferencias entre las distintas corrientes de derecha no permiten un tratamiento homogéneo, ya que abarcan un espectro muy amplio, tanto en lo social como en lo político, con gran cantidad de ideologías políticas: desde posturas liberales y laicas a actitudes religiosas integristas, desde el apoyo firme a Israel a la crítica de raíz antisemita, desde posturas nacionalistas a otras globalizadoras. La derecha moderada es conocida por coincidir en su crítica al multiculturalismo y al relativismo moral, su defensa de la democracia liberal y de la civilización occidental. En los países de tradición judeocristiana (Occidente), la derecha moderada también se caracteriza por su defensa de los preceptos judíos o cristianos, si bien suelen asumir con naturalidad la separación entre Iglesia y Estado. La derecha es muy extensa, con gran cantidad de ideologías políticas variadas y diferentes.[cita requerida]



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