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Juan D. Perón



Juan Domingo Perón (Lobos, 8 de octubre de 1895-Olivos, 1 de julio de 1974) fue un político, militar y escritor argentino, tres veces presidente de la Nación Argentina y fundador del peronismo, uno de los movimientos populares más importantes de la historia de la Argentina. Fue la única persona en ser elegida tres veces presidente de su país y el primero en ser elegido por sufragio universal masculino y femenino.

Participó en la Revolución del 43, que dio por terminada la llamada Década Infame. Luego de establecer una alianza con las corrientes sindicales socialista y sindicalista revolucionaria, ocupó la titularidad del Departamento Nacional de Trabajo, la Secretaría de Trabajo y Previsión, el Ministerio de Guerra y la vicepresidencia de la Nación. Desde los dos primeros cargos tomó medidas para favorecer a los sectores obreros y hacer efectivas las leyes laborales: impulsó los convenios colectivos, el Estatuto del Peón de Campo, los tribunales del trabajo y la extensión de las jubilaciones a los empleados de comercio. Estas medidas le ganaron el apoyo de gran parte del movimiento obrero y el repudio de los sectores empresariales, de altos ingresos y del embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden, por lo que se generó a partir de 1945 un amplio movimiento en su contra. En octubre de ese año, un golpe palaciego militar lo forzó a renunciar y luego dispuso su arresto, con lo que se desencadenó, el 17 de octubre de 1945, una gran movilización obrera que reclamó su liberación hasta que la obtuvo. Ese mismo año se casó con María Eva Duarte, quien desempeñó un papel político importante durante la presidencia de Perón.

Se presentó como candidato a presidente en las elecciones de 1946 y resultó triunfador. Tiempo después fusionó los tres partidos que habían sostenido su candidatura para crear primero el Partido Único de la Revolución y luego el Partido Peronista; tras la Reforma Constitucional de 1949, fue reelegido en 1951 en las primeras elecciones realizadas con participación de mujeres y varones en Argentina. Además de continuar con sus políticas en pos de favorecer a los sectores más postergados, su gobierno se caracterizó por implementar una línea nacionalista e industrialista, sobre todo en lo tocante a la industria textil, siderúrgica, militar, de transporte y comercio exterior. En política internacional sostuvo una tercera posición ante la Unión Soviética y los Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría. En su último año de gobierno se enfrentó con la Iglesia católica, acrecentando el enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas, por lo que el Gobierno endureció su persecución hacia grupos terroristas y golpistas, a la oposición y a los medios de prensa opositores. Tras una serie de hechos de violencia por parte de grupos civiles y militares antiperonistas, y especialmente del bombardeo de la Plaza de Mayo a mediados de 1955, Perón fue derrocado en septiembre de ese mismo año.

La dictadura subsiguiente proscribió al peronismo de la vida política y derogó la reforma constitucional, la cual incluía medidas de resguardo de los sectores sociales más bajos y la igualdad jurídica de varones y mujeres. Tras su derrocamiento Perón se exilió en Paraguay, Panamá, Nicaragua, Venezuela, República Dominicana y finalmente en España. Viudo desde 1952, durante su exilio se casó con María Estela Martínez, conocida como Isabel. En su ausencia, surgió en Argentina un movimiento conocido como la resistencia peronista, integrada por diversos grupos sindicales, juveniles, estudiantiles, barriales, religiosos, culturales y guerrilleros, que tenían como fin común la vuelta de Perón y la convocatoria a elecciones libres y sin proscripciones.

Intentó retornar al país en 1964, pero el presidente Arturo Illía lo impidió solicitando a la dictadura militar gobernante en Brasil que lo detuviera y lo enviara de regreso a España. Retornó finalmente al país en 1972 para radicarse definitivamente en 1973. Con Perón aún proscrito, el peronismo ganó las elecciones en marzo de 1973, abriendo el período conocido como tercer peronismo. Sectores internos del movimiento se enfrentaron políticamente y por medio de actos de violencia: tras la llamada masacre de Ezeiza, Perón dio un amplio respaldo a los sectores «ortodoxos» de su partido, algunos de los cuales a su vez crearon el comando parapolicial conocido como la Triple A, destinado a perseguir y asesinar militantes calificados «de izquierda», peronistas y no peronistas. Un mes y medio después de asumir, el presidente Cámpora renunció y se convocaron nuevas elecciones sin proscripciones. Perón se presentó junto a su esposa como candidatos a presidente y vicepresidenta respectivamente en septiembre de 1973 y logró un amplio triunfo, asumiendo el Gobierno en octubre de ese mismo año. Falleció a mediados de 1974, dejando la Presidencia en manos de la vicepresidenta, la cual fue derrocada sin haber terminado su mandato. El peronismo continuó existiendo y ha logrado varios triunfos electorales.

Juan Domingo Perón nació a fines del siglo XIX en la localidad de Lobos, Provincia de Buenos Aires como «hijo natural», debido a que su madre y su padre no estaban casados en el momento de su nacimiento, cosa que hicieron posteriormente.

Debido a las insuficiencias documentales de la época y el alto grado de mestizaje de la sociedad argentina, los antecedentes familiares y étnicos de Juan Domingo Perón, así como la fecha y el lugar preciso de su nacimiento, han estado sometidos a debate histórico. En el año 2000, Hipólito Barreiro publicó sus investigaciones sobre el nacimiento y la infancia de Perón en un libro titulado Juancito Sosa: el indio que cambió la historia,[2]​ mientras que en 2010 y 2011 el abogado historiador Ignacio Cloppet publicó las suyas sobre los registros genealógicos relacionados de Perón y Eva Duarte, rastreándolos en algunos casos hasta cientos de años atrás.[3]​ Las dos investigaciones no parecen ser excluyentes, ya que la de Barreiro se enfoca sobre los hechos no registrados oficialmente y la de Cloppet sobre las constancias de los registros oficiales.

La madre de Juan D. Perón fue Juana Salvadora Sosa (1874-1953), una argentina nacida en el área de Lobos (provincia de Buenos Aires). Su primer hijo y hermano mayor de Juan Domingo, Mario Avelino, lo tuvo a los 17 años, cuando todavía era soltera. El padre de Juan Domingo Perón fue Mario Tomás Perón (1867-1928), un argentino nacido en Lobos (provincia de Buenos Aires) que trabajaba como oficial de justicia.[4]

Tuvieron tres hijos juntos sin estar casados:

Juan Domingo fue inscrito con ese nombre el 8 de octubre de 1895 en el registro civil de Lobos por su padre y en su partida de nacimiento se indica que había nacido el día anterior y era «hijo natural del declarante», sin mencionar el nombre de la madre. En 1898 fue bautizado en la Iglesia católica sin indicar el nombre del padre y quedando registrado bajo el nombre de Juan Domingo Sosa.[6][7]​ La madre y el padre de Juan Domingo se casaron en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1901.

Los abuelos maternos de Juan Domingo fueron Juan Ireneo Sosa Martínez y María de las Mercedes Toledo Gaona, ambos argentinos. El abuelo materno era albañil y había nacido en la provincia de Buenos Aires, mientras que la abuela materna había nacido en Azul (provincia de Buenos Aires).

El abuelo paterno de Juan Domingo fue Tomás Liberato Perón (1839-1889), un argentino nacido en Buenos Aires que fue médico y tuvo un mandato como diputado provincial mitrista, profesor de Química y de Medicina Legal, vocal del Consejo de Higiene Pública y consejero de la Facultad de Ciencias Físico-Naturales de la Universidad de Buenos Aires. La abuela paterna de Juan Domingo fue Dominga Dutey Bergouignan (1844-1930), una uruguaya nacida en Paysandú.

Los padres de su abuelo paterno fueron Tomás Mario Perón (1803-1856) un genovés nacido en Cerdeña que inmigró a la Argentina en 1831 y Ana Hughes McKenzie (1815-1877), una británica nacida en Londres. Los padres de su abuela paterna fueron Jean Dutey y Vicenta Bergouignan, ambos vascofranceses, oriundos de Baigorry.

La posición oficial establecida por ley n.º 25 518 de 2001, considera que Juan Domingo nació el 8 de octubre de 1895, aun cuando la partida de nacimiento realizada ese día indica que el alumbramiento había sucedido el día anterior.[6]​ El lugar de nacimiento oficial es Lobos,[5]​ una pequeña localidad en el centro-norte de la provincia de Buenos Aires, y a su vez, en el centro-este de la República Argentina, pero que hasta poco antes de su nacimiento había sido un fortín militar en la línea de frontera entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el territorio de los pueblos tehuelche, ranquel y mapuche.[8]​ La eventual pertenencia de Juan Domingo Perón al pueblo tehuelche por línea materna es materia de debate entre los historiadores.[9][2][10][11]

Más allá de los debates, él mismo se refirió varias veces a su pertenencia étnica en privado y en público:

En el año 2000, el historiador Hipólito Barreiro publicó sus investigaciones sobre el nacimiento de Perón, según las cuales su anotación en el registro civil podría haberse realizado dos años después de su nacimiento y que el lugar exacto pudo haber sido la zona de Roque Pérez, cercana a Lobos y Saladillo.[13]​ Con similares resultados, los historiadores Óscar Domínguez Soler, Alberto Gómez Farías y Liliana Silva de la Universidad Nacional de La Matanza publicaron sus investigaciones en 2007 en el libro Perón ¿cuándo y dónde nació?.[14]​ En sentido contrario y sobre la base de sus investigaciones registrales de 2010 y 2011, el abogado Ignacio Cloppet ha sostenido que sus investigaciones sobre los registros jurídicos relacionados con el nacimiento de Perón, indican que nació el 8 de octubre de 1895, en la ciudad de Lobos.[15]​ Pero ambas líneas de investigación no parecen ser excluyentes ya que aquella se refiere a hechos no registrados oficialmente, y este a las constancias de los registros oficiales.

Juan Domingo se criará durante sus primeros cinco años en las zonas rurales de Lobos y Roque Pérez: "soy de los que aprendieron a andar a caballo antes que a caminar", le dirá a su amigo y biógrafo Enrique Pavón Pereyra.[16]​ Sobre su madre, Juana, dice:

En 1900, cuando Juan Domingo contaba con cinco años, la familia Perón-Sosa se embarcó en el vapor Santa Cruz con rumbo a la costa marítima de la Patagonia Argentina, a unas estancias de los alrededores de Río Gallegos: Chaok-Aike, Kamesa- Aike y Coy-Aike, o sea en los inicios de un caserío que se ubicaba en antiguos asentamientos tehuelches.[5][18]

En 1902 se mudaron más al norte, primero al pueblo chubutense de Cabo Raso, en donde sus parientes lejanos apellidados Maupás tenían propiedades en La Masiega, y posteriormente, en febrero de 1904 se trasladaron a la localidad de Camarones, con motivo de la designación de Mario Tomás para desempeñarse interinamente como juez de paz, el 19 de diciembre de 1906.[5]​ Poco después volvieron a trasladarse, esta vez a la finca de su propiedad que denominaron La Porteña, ubicada en la sierra Cuadrada, a 175 km de la ciudad de Comodoro Rivadavia, y más tarde fundaron otra que se llamó El Mallín.[5]

Entre 1904 los padres de Juan y Mario decidieron enviar a sus hijos a vivir a Buenos Aires para que pudieran iniciar estudios formales, quedando al cuidado de su abuela paterna, Dominga Dutey, y las dos medias hermanas del padre, Vicenta y Baldomera Martirena, que eran maestras. Los dos niños por primera vez veían la gran ciudad y solo verían a sus padres durante los veranos. La casa de la abuela paterna de los niños se encontraba en pleno centro de la ciudad, en la calle San Martín 580. Estudia primero en la escuela que quedaba al lado de su casa, donde sus tías eran maestras y luego en diversas escuelas hasta completar su educación primaria, para realizar luego estudios secundarios politécnicos en el Colegio Internacional de Olivos, dirigido por el profesor Francisco Chelía.[5][19]

Juan Domingo era llamado «Pocho» en su círculo íntimo, apodo que luego se divulgó y fue el sobrenombre con el que era mencionado en distintos ámbitos.[20]

Perón tuvo tres esposas: el 5 de enero de 1929 contrajo matrimonio con Aurelia Gabriela Tizón (18 de marzo de 1902-10 de septiembre de 1938), hija de Cipriano Tizón y Tomasa Erostarbe, y quien falleció de cáncer uterino. Descansan sus restos en el Cementerio de Olivos, provincia de Buenos Aires, en la bóveda de la familia Tizón.

El 22 de octubre de 1945 se casó en Junín con la actriz Eva Duarte (1919-1952), pocos días después del 17 de octubre.

Según testigos de la época, fue precisamente mientras estaba en cautiverio que habría pensado en casarse. Ya en libertad, en un encuentro informal, Eva Duarte le presentó a fray Pedro Errecart, quien sorprendió a Perón por su habilidad para relacionarse con uno de sus perros al que nadie se le acercaba, y por la sinceridad con la que le dijo: "si no se casa por Iglesia no puede ser presidente".[21]

La frase fue un impulso más para Perón y fray Errecart, que ya contaba con la simpatía de Eva Duarte, en poco tiempo se ganó su confianza. Habían programado para fines de noviembre una ceremonia austera con no más de unas doce personas, pero la información se filtró y cuando llegaron a La Plata se encontraron con una multitud que los esperaba y que los hizo desistir de la idea hasta dos semanas después.

Finalmente el 10 de diciembre de 1945 pudieron concretar el casamiento con una ceremonia privada que quedó inscrita el folio 2397 del libro de Matrimonios de la parroquia San Francisco. Juan Domingo Perón tenía 50 años y Eva Duarte 26. Después de la ceremonia los invitados compartieron con ellos una comida en una casona ubicada a pocas cuadras del templo.

Los vecinos más viejos de barrio recuerdan que tanta fue la gratitud del General que hasta le propuso construir una nueva iglesia en el predio del parque Saavedra, pero ante la cerrada negativa del sacerdote, asignó los fondos para arreglar la parroquia, que terminó de remozarse en el año 1946.[21]

Conocida como Evita, Eva Perón colaboró en la gestión de su esposo con una política de ayuda social y apoyo a los derechos políticos de la mujer, a la que se concedió por primera vez el derecho al voto. El 26 de julio de 1952, mientras Perón ejercía por segunda vez la presidencia, Evita murió después de una larga lucha contra el cáncer uterino.

Después de la muerte de Evita, Perón mantuvo una relación amorosa ilegal durante dos años con Nelly Rivas, una joven de 15 años que estudiaba en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios). Más tarde, la joven fue perseguida por la Justicia y fue enviada a un asilo para adolescentes que habían cometido el delito de estupro.

El 15 de noviembre de 1961 se casó en España con María Estela Martínez Cartas, conocida como Isabelita, que luego lo acompañó como vicepresidenta en las elecciones de septiembre de 1973 y le sucedió en el cargo a su fallecimiento, hasta el 24 de marzo de 1976, en que fue derrocada por un golpe militar.

Juan Perón no tuvo hijos, por lo que sus descendientes más cercanos fueron sus sobrinos, hijos de su hermano Avelino Mario Perón y de Eufemia Jáuregui: Dora Alicia, Eufemia Mercedes, María Juana (nacida en 1921), Mario Alberto, Olinda Argentina, Lía Vicenta, Amalia Josefa, Antonio Avelino y Tomás Perón.

El 1 de marzo de 1911 ingresó en el Colegio Militar de la Nación, gracias a la beca que le consiguiera Antonio M. Silva, íntimo amigo de su abuelo paterno, quien lo asistió en la enfermedad hasta su fallecimiento.[22][5]​ Se graduó el 18 de diciembre de 1913 como subteniente de infantería.[23]

En 1914 fue destinado al Regimiento 12 de Infantería con asiento en Paraná, Entre Ríos, donde permaneció hasta 1919.[24]​ En 1915 ascendió al grado de teniente.[24]

En 1916 evidenció públicamente por primera vez una postura política. En ese año se realizaron en Argentina por primera vez elecciones con voto universal y secreto, aunque solo para hombres, en las que triunfó Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical, en lo que se considera el primer gobierno democrático. Perón votó en esa elección por primera vez, optando por Yrigoyen y la UCR, en abierta confrontación con los sectores conservadores y oligárquicos organizados en el Partido Autonomista Nacional de ideología roquista, que había gobernado sin alternancia los 36 años anteriores. Durante los gobiernos radicales (1916-1930) Perón iría asumiendo una postura cercana a los militares nacionalistas legalistas (como las que ejemplificaban Enrique Mosconi o Manuel Savio),[25]​ y al mismo tiempo crítica hacia el gobierno radical, principalmente a causa de la masacre obrera conocida como Semana trágica de 1919 y lo que consideraba «inoperancia» ante los graves problemas sociales del país.[26]

Ya con el grado de teniente Perón integró el Regimiento 12 de Infantería con asiento en Paraná al mando del general Oliveira Cézar, que fue enviado en 1917 y 1919 por el gobierno de Yrigoyen a intervenir militarmente en las huelgas obreras que se realizaban en los obrajes forestales que la empresa inglesa La Forestal tenía en el norte de la provincia de Santa Fe. Su postura y la de otros militares de la época fue que en ningún caso el Ejército debía reprimir a los huelguistas.[25][27]

Le otorgó gran importancia al deporte: practicó boxeo, atletismo y esgrima. En 1918 se consagró campeón militar y nacional de esgrima.[24]​ Redactó varios textos deportivos para el entrenamiento militar. El 31 de diciembre de 1919 ascendió al grado de teniente primero y en 1924 al de capitán.[24]​ En 1926 ingresó a la Escuela Superior de Guerra.

En esos años redactó varios textos que resultaron impresos como materiales de estudio en las academias militares, como Higiene militar (1924), Moral militar (1925), Campaña del Alto Perú (1925), El frente oriental en la guerra mundial de 1914. Estudios estratégicos (1928), entre otros trabajos.[24]​ El 12 de enero de 1929 obtuvo su diploma como oficial de Estado Mayor y el 26 de febrero fue destinado al Estado Mayor del Ejército como ayudante del coronel Francisco Fasola Castaño, subjefe del Estado Mayor.[24]

Su paso por la Escuela de Suboficiales le proporcionaría el contacto con los humildes aspirantes y cadetes de la escuela. Durante esta época Perón educó a los cadetes en la más estricta disciplina militar, pero también les enseñó desde modales de convivencia, hasta moral y ética. Durante esta etapa Perón también destacó como deportista, siendo campeón de espada del ejército y nacional entre 1918 y 1928, recibiendo un reconocimiento generalizado de superiores y subalternos por la tarea que desarrolló en la práctica de los deportes.[28]

En 1920 fue transferido a la Escuela de Suboficiales «Sargento Cabral» en Campo de Mayo, donde sobresalió como instructor de tropas. Ya entonces se distinguía entre otros colegas por su especial interés y trato para con sus hombres, lo que prontamente lo convirtió en un militar carismático. Por aquellos años publicó sus primeros trabajos en forma de contribuciones gráficas a la traducción del alemán de un libro de ejercicios para soldados y algunos capítulos de un manual destinado a aspirantes a suboficial.

A comienzos de 1930 fue designado profesor suplente de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, y asumió la titularidad a fin de año.[24]​ Ese año se produjo el golpe de Estado del 6 de septiembre, liderado por el general José Félix Uriburu que derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. El golpe contó con el apoyo de un amplio espectro que incluía a radicales, socialistas, conservadores, organizaciones patronales y estudiantiles, el Poder Judicial, así como los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido.

Perón no ocupó ningún cargo en el gobierno dictatorial de Uriburu, pero participó marginalmente en la preparación del golpe formando parte de un grupo autónomo, de tendencia «nacionalista legalista»,[25]​ liderado por los tenientes coroneles Bartolomé Descalzo y José María Sarobe, que criticaba al grupo «conservador oligárquico» que rodeaba a Uriburu.[25]​ Este grupo pretendía darle un amplio sustento popular al movimiento y evitar la instalación de una dictadura militar, hecho que finalmente ocurrió. Perón formó parte de una columna que desalojó pacíficamente la Casa Rosada, donde grupos civiles estaban realizando saqueos y destrozos.[29]

Luego del golpe, el grupo militar de los tenientes coroneles Descalzo y Sarobe, del que participaba Perón, fue desmantelado por la dictadura militar, enviando a sus integrantes al exterior o a posiciones lejanas en el interior del país.[25]​ El propio Perón sería asignado a la Comisión de Límites, debiendo trasladarse a la frontera norte.[25]

La dictadura de Uriburu (1930-1932) organizó elecciones en las que proscribió a Hipólito Yrigoyen y restringió las posibilidades de actuación del radicalismo yrigoyenista, facilitando así el triunfo electoral de una coalición de radicales antiyrigoyenistas, conservadores y socialistas, llamada la Concordancia, que gobernaría en sucesivos turnos electorales fraudulentos hasta 1943. Esa etapa es conocida en la historia argentina como la Década Infame.

El 31 de diciembre de 1931 Perón ascendió al grado de mayor. En 1932 fue designado ayudante de campo del ministro de Guerra y publicó el libro Apuntes de historia militar, premiado al año siguiente con medalla y diploma de honor en Brasil.[24]​ Realizó nuevas publicaciones como Apuntes de historia militar. Guerra ruso-japonesa de 1904-1905 (1933) y Toponimia araucana (1935).

El 26 de enero de 1936 fue designado agregado militar en la embajada argentina en Chile, cargo al que pocos meses después sumó el de agregado aeronáutico. Retornó a Argentina a comienzos de 1938, siendo destinado al Estado Mayor General del Ejército.

Tras la muerte de su mujer en septiembre de 1938, Perón trató de distraerse ayudando a su amigo, el padre Antonio D’Alessio, en la organización de competencias atléticas para los niños del vecindario. Poco después emprendió un viaje hacia la Patagonia. Recorrió miles de kilómetros en automóvil y regresó a principios de 1939. Fruto de aquel viaje y de prolongadas charlas con los caciques mapuches Manuel Llauquín y Pedro Curruhuinca, fue su Toponimia patagónica de etimología araucana.[30]

A comienzos de 1939 fue enviado a Italia a seguir cursos de capacitación en diversas disciplinas, como economía, alpinismo, esquí y alta montaña. Visitó también Alemania, Francia, España, Hungría, Yugoslavia, Albania y la Unión Soviética.[24]​ Volvió a Argentina dos años después, el 8 de enero de 1941. Dictó una serie de conferencias sobre el estado de situación bélica en Europa ―en el marco de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)―, tras lo cual fue ascendido al grado de coronel a fin de año.

El 8 de enero de 1941, Perón fue destinado a una unidad de montaña en la provincia de Mendoza, para alejarlo de los focos conspirativos porteños, que estaban demasiado activos desde el comienzo de la guerra y habían acelerado sus actividades al conocerse el carácter terminal de la enfermedad del presidente Roberto M. Ortiz. Allí publicó un artículo e instrucciones sobre los comandos de montaña. El 18 de mayo de 1942 se dispuso los traslados de Perón y Domingo Mercante a la Capital Federal.

En 1942 y 1943 murieron los dos principales líderes de la Argentina durante la Década infame, el expresidente Marcelo T. de Alvear (referente del principal partido popular de oposición, la Unión Cívica Radical) y el expresidente Agustín P. Justo (referente de las Fuerzas Armadas y de los partidos que integraban la Concordancia oficialista). La súbita ausencia de líderes, tanto en el ámbito político como militar, tendría mucha influencia en los hechos militares y políticos que se desencadenarán al año siguiente, en los que Perón desempeñará un papel cada vez más importante.

El 31 de mayo de 1946 el presidente Edelmiro Farrell lo reincorporó al Ejército y lo ascendió a general de brigada.[31]​ El 1 de mayo de 1950, el Congreso Nacional aprobó la ley 13896 por la cual ascendió a Perón a general de división ―no obstante que había manifestado su oposición― con efecto al 31 de diciembre de 1949; la ley quedó promulgada de hecho.[32][33][34]

El 6 de octubre de 1950 accedió a la jerarquía de general de ejército (luego redenominada «teniente general»).[35][36]​ El 10 de noviembre de 1955 se publicó en el Boletín Oficial de la República Argentina el decreto ley N° 2034/55 -fechado al 31 de octubre- que oficializó la condena del Tribunal de Honor Militar por Descalificación por falta gravísima en el cual se lo privó del grado militar, condecoraciones y derecho a vestir uniforme.[37]​ Esta situación se mantuvo hasta la publicación de la ley 20.530 -aprobada por el Congreso el 29 de agosto de 1973 y promulgada el 10 de septiembre- en la cual se declaraba la total nulidad de las leyes, decretos leyes, reglamentos, decretos y demás disposiciones a partir del 21 de septiembre de 1955 que privaron al exmandatario de sus bienes, estado y jerarquía militar, derecho de uso de uniforme, distinciones y condecoraciones.[38]

Durante su carrera militar recibió numerosas condecoraciones y distintivos:

El 4 de junio de 1943 se produjo un golpe de Estado que derrocó al gobierno del presidente conservador Ramón Castillo. El gobierno de Castillo fue el último de una serie de gobiernos conocidos en la Historia argentina como la Década infame, impuestos por la dictadura del general José Félix Uriburu (1930-1931) y sostenidos por el fraude electoral. En 1943 asumió el general Arturo Rawson, pero tres días después fue a su vez destituido por el general Pedro Pablo Ramírez.

Varios historiadores vinculan a Perón al GOU, siglas de una logia militar que podrían corresponder a Grupo Obra de Unificación o Grupo de Oficiales Unidos, o al ATE (Asociación de Tenientes del Ejército), integrados por oficiales del Ejército de mediana y baja graduación. Se le atribuye a este o estos grupos haber tenido una gran influencia en el golpe y el gobierno militar. Sin embargo, varios historiadores de importancia, como Rogelio García Lupo y Robert Potash han sostenido que el GOU nunca existió como tal o que si hubiera existido tuvo escaso poder.[39]​ El historiador Roberto Ferrero sostiene que el dúo Farrell-Perón intentaba conformar un polo «nacionalista popular» que llevara hacia una salida democrática del régimen, confrontando con el sector «nacionalista elitista» no democrático que había sostenido a Ramírez como presidente.[40]

Perón no ocupó ningún cargo del gobierno de Rawson ni inicialmente en el de Ramirez. El 27 de octubre de 1943, asumió como jefe del Departamento Nacional de Trabajo, en ese entonces un pequeño organismo del Estado de escasa importancia política.[41]

Perón se desempeñó como secretario privado del general Edelmiro Farrell quien había quedado a cargo del Ministerio de Guerra desde el 4 de junio de 1943. Pocos días después del golpe, la CGT N.º 2 conducida por el sector socialista de Francisco Pérez Leirós y Ángel Borlenghi y los comunistas, se entrevistaron con el ministro del Interior de la dictadura para ofrecerle el apoyo sindical mediante una marcha a la Casa Rosada. El gobierno rechazó el ofrecimiento y poco después disolvió la CGT N.º 2, encarcelando a varios de sus dirigentes.[42]

En agosto de 1943 el movimiento obrero intentó un nuevo acercamiento con la dictadura militar, esta vez a raíz de una iniciativa del poderoso sindicato Unión Ferroviaria de la CGT N.º 1, al tomar conocimiento que uno de sus dirigentes, era hermano del teniente coronel Domingo Mercante. Esas conversaciones prosperaron y poco a poco a ellas se fueron sumando otros dirigentes sindicales y a petición de Mercante, el coronel Juan Domingo Perón. Hasta ese momento los sindicatos habían desempeñado un papel menor en la vida política del país y estaban conducidos por cuatro corrientes: socialismo, sindicalismo revolucionario, comunismo y anarquismo. Los dos principales sindicatos eran la Unión Ferroviaria, liderada por José Domenech y la Confederación de Empleados de Comercio, liderada por Ángel Borlenghi.

En las primeras reuniones, caracterizadas por la desconfianza, los sindicalistas propusieron a Mercante y a Perón realizar una alianza que se instalara en el pequeño Departamento Nacional de Trabajo, para desde allí impulsar la sanción y sobre todo la aplicación efectiva de las leyes laborales reclamadas largamente por el movimiento obrero, así como el fortalecimiento de los sindicatos y del propio Departamento de Trabajo. El poder y la influencia creciente de Perón provino de su alianza con un sector del sindicalismo argentino, principalmente con las corrientes sindicales socialista y sindicalista revolucionaria.[43]

En 1944 creó la Dirección Nacional de Salud, dependiente del Ministerio del Interior, que pasó a administrar el Fondo de Ayuda Federal destinado a compensar los desequilibrios de las jurisdicciones en materia sanitaria, y por medio de las Delegaciones Regionales ejerció influencia sobre la salud pública de las provincias y gobernaciones del país. Mediante la resolución 30 655/44 por el cual se impulsó la atención médica gratuita en las fábricas con responsabilidad de la empresa, se apoyaron políticas para que los sindicatos desarrollaran el seguro social como complementario de la acción estatal y se crearon servicios hospitalarios bajo control de los gremios de la industria azucarera, ferroviarios y vidrio, entre otros.[44]

A partir de esa alianza y secundado por Mercante, Perón maniobró dentro del gobierno para que se lo designara al frente del Departamento Nacional del Trabajo, que era poco influyente entonces, hecho que sucede el 27 de octubre de 1943. Perón designó a los líderes sindicales en los principales cargos del departamento y desde allí pusieron en marcha el plan sindical, adoptando inicialmente una política de presión sobre las empresas para que resolvieran los conflictos laborales por medio de convenios colectivos de trabajo. La vertiginosa actividad del Departamento de Trabajo y el creciente apoyo a su gestión por parte de dirigentes sindicales de todas las corrientes (socialistas, sindicalistas revolucionarios, comunistas y anarquistas), y a su vez incorporando a otros socialistas como José Domenech (ferroviario), David Diskin (empleados de comercio), Alcides Montiel (cervecero) y Lucio Bonilla (textil); sindicalistas revolucionarios provenientes de la Unión Sindical Argentina, como Luis Gay (telefónico) y Modesto Orozo (telefónico); incluso a algunos comunistas como René Stordeur (gráficos) y Aurelio Hernández (sanidad)[45]​ y hasta trotskistas como Ángel Perelman (metalúrgico).[46]

El 27 de noviembre de 1943, un decreto ―redactado por José Figuerola y Juan Atilio Bramuglia― creó la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación; el mismo decreto nombraba a Perón secretario de Trabajo.[47][48]

El nuevo organismo incorporaba en su organigrama las funciones del Departamento de Trabajo y a otras reparticiones, tales como la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones, la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, la Junta Nacional para Combatir la Desocupación, la Cámara de Alquileres, entre otras. Dependía directamente del Presidente, de modo que tenía todas las atribuciones de un ministerio; su función consistía en centralizar toda la acción social del Estado y fiscalizar el cumplimiento de las leyes laborales, para lo cual contaba con delegaciones regionales en todo el país.[49]​ Se transfirieron a la Secretaría, además, los servicios y facultades de carácter conciliatorio y arbitral, así como las funciones de policía del trabajo, los servicios de higiene industrial, los de inspección de asociaciones mutualistas y los relacionados con el trabajo marítimo, fluvial y portuario.

Como reflejo de la jerarquización administrativa de la nueva Secretaría, Perón trasladó las oficinas del antiguo Departamento ―que estaban en un pequeño edificio en Perú esquina Victoria, actual Hipólito Yrigoyen― a la sede del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

A fines de 1943, el sindicalista socialista José Domenech, secretario general de la poderosa Unión Ferroviaria, le propuso a Perón participar personalmente de las asambleas obreras. La primera asamblea sindical a la que asistió fue el 9 de diciembre de 1943 en la ciudad de Rosario donde Domenech lo presentó como «el Primer Trabajador de la Argentina». La presentación de Domenech tendría consecuencias históricas ya que ese título sería uno de los argumentos para que, dos años después, se aceptara la afiliación de Perón al nuevo Partido Laborista y aparecería también como uno de los versos más destacados de la Marcha Peronista.

En febrero de 1944 el dúo Farrell-Perón desplazó a Ramírez de la presidencia, y fue designado Perón para el estratégico cargo de ministro de Guerra el 24 de febrero de 1944 y al día siguiente Farrell en la Presidencia de la Nación, primero interinamente y definitivamente a partir del 9 de marzo.[50]

Como Secretario de Trabajo Perón realizó una obra notable, haciendo aprobar las leyes laborales que habían sido reclamadas históricamente por el movimiento obrero argentino (generalización de la indemnización por despido que existía desde 1934 para empleados de comercio, jubilaciones para empleados de comercio, Estatuto del Peón de Campo, creación de la justicia laboral, aguinaldo, dando más eficacia a la policía de trabajo ya existente para garantizar su aplicación e impulsando por primera vez la negociación colectiva, que se generalizó como regulación básica de la relación entre el capital y el trabajo. También dejó sin efecto el decreto-ley de asociaciones sindicales sancionado por Ramírez en las primeras semanas de la revolución, que era criticado por todo el movimiento obrero.[cita requerida]

De la mano con esta actividad Perón, Mercante y el grupo inicial de sindicalistas que concretaron la alianza (los socialistas Borlenghi y Bramuglia, principalmente), comenzaron a organizar una nueva corriente sindical que iría asumiendo una identidad laborista-nacionalista

Durante 1944 Farrell impulsó decididamente las reformas laborales que proponía la Secretaría de Trabajo. Ese año el gobierno convocó a sindicatos y empleadores a negociar convenios colectivos, un proceso que no tenía precedentes en el país. Ese año se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 1,4 millones de obreros y empleados, y al año siguiente (1945) se firmarían otros 347 convenios que cubrirían a 2,2 millones de trabajadores.[51]

La Secretaría de Trabajo y Previsión comenzó a hacer realidad el programa histórico del sindicalismo argentino: se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo a todos los trabajadores las indemnizaciones por despido que ya tenían los empleados de comercio; se sancionó el Estatuto del Periodista; se creó el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohibieron las agencias privadas de colocaciones y se crearon escuelas técnicas orientadas a obreros. El 8 de julio de 1944 Perón fue designado vicepresidente de la Nación, manteniendo los cargos de ministro de Guerra y secretario de Trabajo.

El 18 de noviembre de 1944 se anunció la promulgación del Estatuto del Peón de Campo (Decreto-Ley n.º 28.194) sancionado el mes anterior, modernizando la situación semifeudal en que aún se encontraban los trabajadores rurales, alarmando a los grandes estancieros (latifundistas) que controlaban las exportaciones argentinas. El 30 de noviembre se establecieron los tribunales de trabajo, resistidos por el sector patronal y los grupos conservadores.[52]​ Esta normativa fijó por primera vez, para todo el territorio de la república, condiciones de trabajo humanitarias para los asalariados rurales no transitorios, entre ellas: salarios mínimos, descanso dominical, vacaciones pagas, estabilidad, condiciones de higiene y alojamiento. Este decreto fue ratificado por la ley 12.921 y reglamentado por el decreto 34.147 del año 1949. De esta forma se fortaleció el poder de negociación de los sindicatos rurales, estableció el Estatuto del Tambero-Mediero, respaldó públicamente y se comprometió a mantener la rebaja obligatoria del precio de los arrendamientos y la suspensión de los desalojos, y trasladó al Consejo Agrario Nacional al ámbito de la STyP, desde donde se llevaron adelante algunas expropiaciones. Perón sostendrá: “La tierra no debe ser un bien de renta, sino un bien de trabajo”.[53]

El 4 de diciembre se aprobó el régimen de jubilaciones para empleados de comercio que fue seguido por la manifestación sindical de apoyo a Perón, la primera en su apoyo y en la que habló en un acto público, organizada por el socialista Ángel Borlenghi, secretario general del sindicato, reuniendo una enorme multitud estimada en 200.000 personas.[54]

Paralelamente aumentaba la sindicalización de los trabajadores: mientras que en 1941 había 356 sindicatos con 441.412 miembros, en 1945 esa cantidad había aumentado a 969 sindicatos con 528.523 miembros,[55]​ en su mayoría "nuevos" trabajadores, étnicamente distintos de los inmigrantes de las décadas anteriores, provenientes de la migración masiva que estaba sucediendo desde el interior del país y países limítrofes a las ciudades, especialmente al Gran Buenos Aires. Se los empezó a llamar despectivamente "morochos", "grasas", "negros", "negras"y "cabecitas negras" por las clases medias y altas, y también por algunos de los trabajadores industriales "viejos", descendientes de la inmigración europea.

La Secretaría de Trabajo con el apoyo de un sector cada vez más importante de sindicalismo estaba reconformando masivamente la cultura que sostenía las relaciones laborales, caracterizada hasta ese momento por el predominio del paternalismo característico de la estancia. Un exponente del sector patronal opuesto a las reformas laborales "peronistas" sostenía por entonces que lo más grave de las mismas era que los trabajadores habían «comenzado a mirar a los ojos» a sus empleadores.[56]

En ese contexto de transformación cultural referido al lugar de los trabajadores en la sociedad, la clase obrera se ampliaba constantemente debido a la industrialización acelerada del país. Esta gran transformación socio-económica fue la base del nacionalismo laborista que tomó forma entre la segunda mitad de 1944 y la primera mitad de 1945 y que adoptaría el nombre de peronismo.[57]​ Jugó un rol central en la sanción del decreto-ley 1740/45 fijando el régimen de vacaciones para los obreros industriales y la creación de la Justicia Nacional del Trabajo. Por decreto N.º 33.302 del 20 de diciembre de 1945 se crea el "Instituto Nacional de Remuneraciones", se otorga un aumento salarial y se instituye, por primera vez, el sueldo anual complementario o aguinaldo.[58]​ Perón representaba a la línea de mayor apertura ante los problemas sociales. A través de la Secretaría de Trabajo y Previsión, creada por iniciativa de Perón, produjo cambios fundamentales tendientes a establecer una relación más fuerte con el movimiento obrero, se sancionaron una serie de reformas en la legislación laboral como el Estatuto del Peón, que estableció un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales. El establecimiento del seguro social y la jubilación que benefició a 2 millones de personas. La creación de Tribunales de Trabajo, cuyas sentencias, en líneas generales, resultaron favorables a las demandas obreras.*La fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores.El reconocimiento de la asociaciones profesionales, con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición en el plano jurídico. También otorga nuevos derechos como indemnizaciones, vacaciones pagas, licencias, prevención de accidentes de trabajo, capacitación técnica, etc. Asimismo, entre los años 1936 a 1940 los sindicatos habían firmado solo 46 convenios colectivos de trabajo, y tan solo entre los años 1944 y 1945 rubricaron más de 700. El 2 de octubre del 45 se dicta la Ley de Asociaciones Profesionales. Los sindicatos son declarados entidades de bien público. Los trabajadores obtienen así el reconocimiento de sus derechos, se les da apoyo legal y cuentan con el estado como respaldo.[59]

1945 fue uno de los años más trascendentes de la historia de la Argentina.[60]

Se inició con la obvia intención de Farrell y Perón de preparar el ambiente para declarar la guerra a Alemania y Japón, el rol de Perón en esta decisión debe ser señalado. El 26 de enero de 1944, el Gobierno argentino había roto las relaciones diplomáticas con Alemania y Japón ―Italia estaba ocupada por los aliados―: «Declárase el estado de guerra entre la República Argentina y el Imperio del Japón», y recién en el artículo 3 se le declaraba la guerra a Alemania. El 20 de marzo, el encargado de negocios británico Alfred Noble se reunió con Perón para subrayar la necesidad de dar aquel paso. Pero existía oposición dentro del Ejército y la opinión pública se encontraba dividida en torno a declarar la guerra o no, sin embargo tomó medidas tendientes a mejorar su imagen: cese total del intercambio comercial con los países del Eje, cierre de publicaciones pronazis, intervención de empresas alemanas, arresto de un número importante de espías nazis o sospechosos de serlo.[61]

Ya en octubre del año anterior Argentina había solicitado una reunión a la Unión Panamericana para considerar un rumbo de acción común. Seguidamente, la alianza de Perón con los sindicatos, fue desplazando al sector nacionalista de derecha que estaba instalado en el Gobierno desde el golpe de 1943: el ministro de Relaciones Exteriores Orlando L. Peluffo, el interventor de Corrientes David Uriburu, y sobre todo el general Juan Sanguinetti, desplazado del crucial cargo de interventor de la provincia de Buenos Aires que, luego de un breve interregno, fue asumido por Juan Atilio Bramuglia; el abogado socialista de la Unión Ferroviaria, integrante del sector sindical que inició el acercamiento del movimiento obrero a Perón.

En febrero Perón realizó un viaje secreto a Estados Unidos para convenir la declaración de guerra, el cese del bloqueo, el reconocimiento al gobierno argentino y la adhesión de este a la Conferencia Interamericana de Chapultepec prevista para el 21 de febrero.[62]​ Poco después renunció el nacionalista de derecha Rómulo Etcheverry Boneo al Ministerio de Educación y fue reemplazado por Antonio J. Benítez, un hombre del grupo de Farrel-Perón.

El 27 de marzo, al mismo tiempo que la mayor parte de los países latinoamericanos, Argentina le declaró la guerra a Alemania y Japón y una semana después firmó el Acta de Chapultepec quedando habilitada a participar en la Conferencia de San Francisco que fundó las Naciones Unidas el 26 de junio de 1945, integrando el grupo de los 51 países fundadores.[63]

Simultáneamente el gobierno comenzó un giro para la realización de elecciones. El 4 de enero el ministro del Interior almirante Tessaire, anunció la legalización del Partido Comunista. Se prohibieron los diarios pronazis Cabildo y El Pampero, y se ordenó el cese de los interventores universitarios para volver al sistema reformista de autonomía universitaria, a la vez que se restituía a los profesores cesados.

La característica principal del año 1945 en la Argentina sería la radicalización de la situación política entre peronismo y antiperonismo, impulsada en gran medida por Estados Unidos, por medio de su embajador, Spruille Braden. En adelante la población argentina quedaría dividida en dos bandos frontalmente enfrentados: los partidarios de Perón que eran mayoría en la clase obrera y los no peronistas, que eran mayoritarios en la clase media (sobre todo porteña) y la clase alta.

El 19 de mayo llegó a Buenos Aires Spruille Braden, el nuevo embajador estadounidense que se desempeñaría en el puesto hasta noviembre del mismo año. Braden era uno de los dueños de la empresa minera Braden Copper Company de Chile, partidario de la política imperialista dura del «Gran Garrote»; tenía una posición abiertamente antisindical y se oponía a la industrialización de la Argentina.[64]​ Con anterioridad había desempeñado un papel relevante en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, preservando los intereses de la Standard Oil[65]​ y en Cuba (1942) operando para que rompiera relaciones con España.[66]​ Con posterioridad se desempeñó como Subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos y comenzó a trabajar como lobbista pagado de la United Fruit Company impulsando el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954.[67]

Según el embajador británico, Braden tenía «la idea fija de que había sido elegido por la Providencia para derrocar al régimen Farrell-Perón».[68]​ Desde un primer momento, Braden comenzó públicamente a organizar y coordinar a la oposición, exacerbando el conflicto interno. El historiador radical Félix Luna dice que la aparición del antiperonismo fue previa a la aparición del peronismo.[69]​ La Bolsa de Comercio y la Cámara Argentina de Comercio lanzan Manifiesto del Comercio y la Industria junto con 321 organizaciones patronales, criticando la política laboral del Secretario de Trabajo, ya que estaba creando «un clima de recelos, de provocación y de rebeldía, que estimula el resentimiento, y un permanente espíritu de hostilidad y reivindicación».[70]

El movimiento sindical, en el que aún no predominaba el apoyo abierto a Perón,[71]​ reaccionó rápidamente en defensa de la política laboral y el 12 de julio la CGT organizó un multitudinario acto bajo el lema «Contra la reacción capitalista».[72]​ Según el historiador radical Félix Luna esa fue la primera vez que los trabajadores comenzaron a identificarse como «peronistas».[69]

El antiperonismo adoptó la bandera de la democracia y criticó duramente las que llamaba actitudes antidemocráticas del peronismo; este por su parte tomó como bandera la justicia social y criticaba duramente el desprecio por los trabajadores de sus adversarios. El movimiento estudiantil expresaba su oposición con la consigna «no a la dictadura de las alpargatas»[73]​ y el movimiento sindical respondía con «alpargatas sí, libros no».[74]​ Las manifestaciones obreras que apoyaban las leyes laborales que iba promoviendo Perón, contestaban "alpargatas sí, libros no".[75]

El 19 de septiembre de 1945 la oposición apareció unida en una enorme manifestación de más de 200 000 personas,[76]​ denominada la Marcha de la Constitución y la Libertad, que se dirigió del Congreso al barrio de la Recoleta, encabezada por cincuenta personalidades de la oposición, entre ellos los radicales José P. Tamborini, Enrique Mosca, Ernesto Sammartino y Gabriel Oddone, el socialista Nicolás Repetto, los radicales antipersonalistas José M. Cantilo y Diógenes Taboada, el conservador (PDN) Laureano Landaburu, los demócratas cristianos Manuel Ordóñez y Rodolfo Martínez, el filocomunista Luis Reissig, el demócrata progresista Juan José Díaz Arana, el rector de la UBA Horacio Rivarola.

Se ha dicho que la manifestación estaba mayoritariamente integrada por personas de clase media y alta, lo que resulta históricamente indiscutible,[69]​ pero ello no invalida el significado histórico de su amplitud social y su pluralidad política. La marcha impactó de lleno en el poder de Farrell-Perón y desencadenó una sucesión de planteos militares contra la permanencia de Perón en el gobierno que se concretaron el 8 de octubre cuando ante una votación adversa de los oficiales de Campo de Mayo, que estaba al mando del general Eduardo J. Ávalos ―uno de los líderes del GOU―, con apoyo del radicalismo a través de Amadeo Sabattini, Perón presentó la renuncia a todos sus cargos. El 11 de octubre Estados Unidos le pidió a Gran Bretaña que dejara de comprar bienes argentinos durante dos semanas para producir la caída del gobierno.[77]

El 12 de octubre Perón fue detenido y llevado a la Isla Martín García. En ese momento los líderes del movimiento opositor tuvieron el país y el gobierno a su disposición. «Perón era un cadáver político»[78]​ y el gobierno, presidido formalmente por Farrell, estaba en realidad en manos del general Ávalos quien asumió como ministro de Guerra en reemplazo de Perón y sólo pretendía entregar el poder a los civiles lo antes posible.

Perón fue reemplazado en la vicepresidencia por el ministro de Obras Públicas general Juan Pistarini quien mantuvo los dos cargos y el jefe de la Marina contralmirante Héctor Vernengo Lima asumió la titularidad del Ministerio de Marina. La tensión llegó a un punto tal que el líder radical Amadeo Sabattini fue abucheado por nazi en la Casa Radical, un gigantesco acto civil atacó el Círculo Militar (12 de octubre) y un comando paramilitar llegó a planear el asesinato de Perón.[79]

La Casa Radical de la calle Tucumán en Buenos Aires, se había convertido en el centro de deliberaciones de la oposición. Pero los días pasaron sin que se tomara ninguna resolución llegando muchas veces impulsar el revanchismo patronal. El día martes 16 de octubre era día de pago:

Organizaciones como la Federación Universitaria de Buenos Aires, la Federación Universitaria Argentina y el Colegio de Abogados, en algunos casos participaron en actividades golpistas y terroristas.[81][82]

El miércoles 17 de octubre se produjo una masiva movilización entre 300 000 manifestantes (Félix Luna) y 500 000 personas.[84]​ de trabajadores y sectores muy humildes que ocuparon la Plaza de Mayo exigiendo la libertad de Perón. En la misma jugaron un papel decisivo los dirigentes sindicales, los metalúrgicos Ángel Perelman y Patricio Montes de Oca, Alcides Montiel del gremio cervecero, Cipriano Reyes del gremio de la carne, dirigentes de base de la CGT que iban recorriendo las fábricas incitando a los trabajadores a abandonar el trabajo para marchar coreando consignas en favor de Perón por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal y activistas como la escritora uruguaya Blanca Luz Brum.[85][86][87]​ Previamente en la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios y de los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores. Fue muy importante el número de trabajadores que salió de Berisso, localidad cercana a La Plata La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que mientras marchaban retroalimentaban el movimiento.

El presidente Edelmiro J. Farrell mantuvo una actitud prescindente. Los sectores más antiperonistas del gobierno, como el almirante Vernengo Lima propusieron abrir fuego contra los manifestantes. El nuevo hombre fuerte del gobierno militar, el general Eduardo Ávalos, se mantuvo pasivo esperanzado en que la manifestación se disolviera sola, y se negó a movilizar las tropas. Finalmente, ante la contundencia de la presión popular, negociaron con Perón y pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran y por otra parte el gabinete renunciaría en su totalidad y Ávalos solicitaría su retiro; Perón también se retiraría y no volvería a detentar ningún cargo pero a cambio exigía que el gobierno debía convocar a elecciones libres para los primeros meses de 1946.[88]

A las 23:10 Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno y habló a los trabajadores mientras celebraban el triunfo. Anunció su retiro del Ejército, celebró la «fiesta de la democracia» y antes de pedir que volvieran pacíficamente a sus casas con cuidado de no dañar a las mujeres presentes dijo:

Cinco días después Perón se casaba con Evita y su amigo Mercante asumía la conducción de la Secretaría de Trabajo y Previsión, finalmente sería electo presidente en las elecciones del 24 de febrero de 1946.[88]

Tras un corto lapso de descanso, durante el cual contrajo matrimonio con Eva Duarte en Junín (provincia de Buenos Aires), el 22 de octubre, Perón comenzó su campaña política. El sector de la Unión Cívica Radical que le apoyaba formó la UCR Junta Renovadora, a la cual se sumaron el Partido Laborista y el Partido Independiente; organización radical FORJA se disolvió para sumarse al movimiento peronista.

Un rol activo en la campaña cumplirá la Sociedad Rural Argentina (SRA) contando con el respaldo activo de Spruille Braden, embajador de Estados Unidos en Argentina. Durante la campaña se produjeron dos hechos que afectaron profundamente el resultado, por un lado el descubrimiento de un importante cheque entregado por una organización patronal como contribución a la campaña de la Unión Democrática. El segundo fue el involucramiento en cuestiones internas del Departamento de Estado de los Estados Unidos ―a instancias del embajador Braden― en la campaña electoral a favor de la fórmula Tamborini-Mosca.[89]

Al mismo tiempo salió a la luz que Raúl Lamuraglia un hombre de negocios había financiado la campaña de la Unión Democrática, a través de millonarios cheques de Bank of New York que habían tenido como destino sostener el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y a sus candidatos José Tamborini y Enrique Mosca. Posteriormente, en 1951, el empresario aportaría recursos para apoyar el golpe de Estado fallido del general Benjamín Menéndez contra Perón, y en junio de 1955 financiaría el bombardeo de Plaza de Mayo.[90]

En 1945, la embajada de Estados Unidos dirigida por Spruille Braden promovió la unificación de la oposición en un frente antiperonista, que incluyó a los partidos Comunista, Socialista, Unión Cívica Radical, Demócrata Progresista, Conservador, la Federación Universitaria Argentina (FUA), la Sociedad Rural (terratenientes), la Unión Industrial (grandes empresas), la Bolsa de Comercio, y los sindicatos opositores. Durante su breve gestión como embajador, y valiéndose de un excelente dominio del idioma castellano, Braden actuó como un líder político de la oposición, en una evidente violación del principio de no intervención en los asuntos internos de un país extranjero. Braden propició en 1946, pocos días antes de las elecciones, la publicación de un informe denominado "El Libro Azul", acusando al gobierno militar como al anterior ―la presidencia de Castillo― de colaborar con las potencias del Eje, de acuerdo a documentos recopilados por el Departamento de Estado estadounidense.[91]​ Como respuesta los partidos políticos que sostenían la candidatura presidencial de Perón, publicaron un libro de respuesta que se tituló "El Libro Azul y Blanco" que instaló hábilmente la consigna Braden o Perón.[92]

En medio de la campaña electoral de 1946 sectores ligados a la Sociedad Rural Argentina, la sección local de la Unión Cívica Radical y el Partido Liberal de Corrientes planearon un atentado contra su vida en Corrientes, el día 3 de febrero de 1946 este grupo ante la marcha de Perón por las calles de Goya se posicionaron sobre los techos con armas. Desde un vehículo en el que viajaban los liberales Bernabé Marambio Ballesteros, Gerardo Speroni, Juan Reynoldi y Ovidio Robar, dispararon con armas de fuego a la gente que desde el puerto enterada de la noticia marchaba hacia el centro para repudiar el intento de asesinato.[93]

La Unión Democrática apoyó el Libro azul y la inmediata ocupación de Argentina por fuerzas militares lideradas por Estados Unidos; adicionalmente exigió la inhabilitación legal de Perón para ser candidato. Esto sin embargo, no sucedió y solo sirvió para destruir las posibilidades de triunfo de la Unión Democrática. Perón a su vez publicó el Libro azul y blanco y haciendo público un eslogan que establecía una disyuntiva contundente, «Braden o Perón», que tuvo una fuerte influencia en la opinión pública al momento de votar.[76]

El apoyo popular, organizado por el Partido Laborista y la UCR Junta Renovadora, le dio la presidencia a Perón.[94]​ en las elecciones del 24 de febrero de 1946, siendo derrotado únicamente en Córdoba, Corrientes, San Juan y San Luis. Perón se impuso con un 52.84% de los votos mientras que Tamborini se colocó en segundo lugar con el 42.87% de los votos, diez puntos por debajo del peronismo. En el Colegio Electoral (no existía el voto directo), Perón recibió 299 votos electorales contra solo 66 de Tamborini. La Unión Democrática colapsó al momento de su derrota y nunca volvió a unirse, mientras que los partidos aliados de Perón se unificaron en el Partido Peronista a finales de ese año.

A diferencia de las elecciones celebradas durante la Década Infame, las elecciones de febrero de 1946 fueron reconocidas como absolutamente limpias por los propios dirigentes y diarios opositores.[95]

Algunos medios opositores se negaron a publicar el resultado, una vez realizado los comicios presidenciales. El diario La Prensa no dio a conocer la noticia de que Perón había resultado elegido presidente. Tardó más de un mes en imprimir la novedad, de modo indirecto, publicando una cita del New York Times que daba por hecho que Perón había ganado las elecciones presidenciales. Al transmitirse el poder, el diario realizó la crónica del hecho sin mencionar ninguna vez a Perón.[96]

El primer período presidencial de Juan Domingo Perón se extendió entre el 4 de junio de 1946 y el 4 de junio de 1952. Entre las acciones más destacadas se encuentra la conformación de un extenso Estado de Bienestar, con eje en la creación del Ministerio de Trabajo y Previsión Social y la Fundación Eva Perón, una amplia redistribución de la riqueza a favor de los sectores más postergados, el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, una política económica que impulsó la industrialización y la nacionalización de sectores básicos de la economía y una política exterior de alianzas sudamericanas apoyada en el principio de la tercera posición. En el mismo período se realizó una reforma constitucional que sancionó la llamada Constitución de 1949.

En el ámbito partidario se unificaron los tres partidos que habían sostenido su candidatura ―Laborista, UCR-JR e Independiente― en el Partido Peronista y apoyó la fundación del Partido Peronista Femenino en 1949.

Durante el gobierno de Perón se profundizó la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria ligera que se venía impulsando desde la década anterior. Perón también invirtió fuertemente en la agricultura, especialmente en la siembra de trigo. Durante esta época el sector agropecuario se modernizó, a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se incrementó la producción y eficiencia agropecuaria.[97]

Los cuatro pilares del primer discurso económico peronista fueron: «mercado interno», «nacionalismo económico», «rol preponderante del Estado» y «papel central de la industria». El Estado cobró creciente importancia como regulador de la economía en todos sus mercados, incluido el de bienes, y también como proveedor de servicios.

En 1946, con Perón ya convertido en presidente electo, se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina, mediante el decreto ley 8503/46.[98]​ Simultáneamente, tuvo lugar una política de asignación discrecional del crédito, mediante la conformación de bancos oficiales especializados: el recién creado Banco de Crédito Industrial apoyó la actividad de la «industria y la minería», el Banco Nación lo hizo con el «agro y el comercio», el Banco Hipotecario Nacional financió la «construcción de viviendas», y la Caja Nacional de Ahorro Postal los «créditos de consumo». La Caja fue además el organismo al que se asignó el impulso de la «captación del pequeño ahorro» surgido de las nuevas políticas distributivas.

El valor de la tasa activa difería según el destino de los créditos y era resorte discrecional y único del Estado Nacional. Todos los depósitos de los bancos públicos y privados fueron nacionalizados. Con esta medida, sumada al «control absoluto de la emisión monetaria» (en virtud de la nacionalización del BCRA), el Estado obtuvo la hegemonía de las fuentes de creación de dinero del sistema. Asimismo y, en contrapartida, asumió la garantía total de los depósitos bancarios.

La activa participación del Estado en la actividad económica, sumada a la política salarial distributiva y a la recapitalización de la industria que, más por problemas de oferta que de regulaciones, había estado imposibilitada de equiparse durante todo el periodo de guerra, presionaron sobre la demanda global, que creció a una tasa desproporcionadamente más alta que la oferta, provocando un explosivo aumento de las importaciones. Este hecho implicaría el nacimiento de la alta inflación en la Argentina.[cita requerida]

El conjunto de medidas tomadas denota claramente un fuerte estímulo al consumo, en detrimento del ahorro, para este subperiodo. Pese a la aparición de una incipiente inflación, la demanda de dinero permanece alta durante toda la etapa, aunque con tendencia declinante a partir de 1950.

Ante la falta de divisas, producto del estancamiento del sector primario, con las que se importaban los bienes de capital e insumos necesarios para el proceso de industrialización, en 1946 Perón nacionalizó el comercio exterior mediante la creación del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) que significaba el monopolio estatal del comercio exterior.[99]​ Este le permitió al Estado obtener recursos que utilizó para redistribuir hacia la industria. Dicho intercambio intersectorial del sector agrario a la industria, provocó conflictos con algunas asociaciones patronales agropecuarias, en especial la Sociedad Rural Argentina.

En 1947 anunció un Plan Quinquenal para fortalecer las nuevas industrias creadas, y comenzar con la industria pesada (siderurgia y generación de energía eléctrica en San Nicolás y en Jujuy). Perón afirmaba que la Argentina había obtenido en 1810 la libertad política, pero no la independencia económica. La industrialización diversificaría y complejizaría la matriz productiva (Scalise, Iriarte, s.d) y esto, a su vez, permitiría a la Argentina trascender al rol asignado en la División Internacional del Trabajo. El Plan buscaba transformar la estructura socio-económica; reducir la vulnerabilidad externa (disminuyendo la deuda y nacionalizando los servicios públicos); mejorar el nivel de vida (mediante redistribución y obras públicas en sanidad, educación y vivienda); acelerar la capitalización industrial y desarrollar el sistema financiero local (para estabilizar la balanza de pagos). Así, el Estado asume una participación activa en la economía.

Ese mismo año creó la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (Somisa), designando a su frente al general Manuel Savio[100]​ y la empresa Agua y Energía Eléctrica.[101]​ En 1948 el Estado nacionalizó los ferrocarriles, en su mayoría propiedad de capitales ingleses, y creó la empresa Ferrocarriles Argentinos. También en 1948 creó la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel). En 1950 creó Aerolíneas Argentinas, la primera empresa argentina de aviación.[102]

En el área del desarrollo de la ciencia y tecnología inició el desarrollo de energía nuclear con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950, con científicos como José Antonio Balseiro y Mario Báncora, que desbarataron el fraude de Ronald Richter y luego sentaron las bases del plan nuclear argentino.[103]

En el sector aeronáutico se dio gran impulso a la producción nacional a través de la Fábrica Militar de Aviones, creada en 1927 por el presidente radical Marcelo T de Alvear, destacándose el desarrollo de aviones de reacción mediante el Proyecto Pulqui dirigido por el ingeniero alemán Kurt Tank. En Europa se contrató a unos 750 obreros especialistas, dos equipos de diseñadores alemanes Reimar Horten, un equipo italiano (a cargo de Pallavecino) y al ingeniero francés Emile Dewoitine. Estos equipos, junto con ingenieros y técnicos argentinos, serían los encargados de proyectar los aviones de reacción Pulqui I y Pulqui II, el bimotor Justicialista del Aire, luego rebautizado I.Ae. 35 Huanquero, alas volantes Horten, etc. Asimismo, San Martín gestionó el ingreso al país de un importante grupo de profesores del Politécnico de Turín, con los cuales se creó la Escuela de Ingeniería de la Fuerza Aérea Argentina. Este personal académico también formó parte del claustro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Córdoba. También se fabricaron los aviones I.Ae. 22 DL de entrenamiento avanzado, el I.Ae. 24 Calquín de bombardeo y ataque, el I.Ae. 23 de entrenamiento primario, el bimotor de caza I.Ae. 30 Ñancú. Completan ese período el planeador de asalto I.Ae. 25 Mañque, el motor de aviación «El Gaucho», el cohete teledirigido AM-1 Tábano[104]​ y aeronaves de instrucción elemental y de uso civil: el Colibrí, el Chingolo, y el F.M.A. 20 Boyero. La concreción de estos proyectos aeronáuticos motivó la formación de una importante red de proveedores de partes de alta calidad, y como consecuencia, la creación del parque industrial que fue la base del posterior desarrollo y despegue industrial de Córdoba.

Cumplidos los tres primeros años de gobierno, se agota la fase clásica del proceso de sustitución de importaciones y concluye la fase expansiva de la política económica apoyada en el crecimiento de la demanda global y la redistribución del ingreso. La crisis política se extenderá hasta 1952, año en donde el gobierno decide adoptar un nuevo rumbo político-económico.

La crisis política que comienza en este período tiene sus orígenes en el sector externo, con la caída de las importaciones y exportaciones en un 33 %, y apoyada en la estrepitosa caída de las reservas que descendieron a 150 millones de dólares cuando al comienzo de la gestión habían alcanzado niveles de 1500 millones de dólares. Este escenario tenía un gran atenuante: "El estrangulamiento de la capacidad productiva" fruto de la insuficiente capitalización de la estructura productiva en un largo periodo, que se sumaba a la menor disponibilidad de bienes debido a la contracción en las importaciones. Además, es importante destacar la caída en la producción agropecuaria de los años 1951-1952 generada por los efectos de las sequías.

El Gobierno sostiene su política monetaria, fiscal y salarial expansiva, pero la presión de la demanda global sobre una economía con menor cantidad de bienes y servicios disponibles enerva las presiones inflacionarias hasta que en el año 1951, se llega a un récord inflacionario en nuestro país para lo que iba del siglo XX. El costo de vida se elevó un 37 % y los precios mayoristas un 48 %.

Durante el gobierno peronista el número de inscriptos en las escuelas primarias y secundarias creció a tasas superiores a la de los años anteriores, mientras que en 1946 hubo 2 049 737 alumnos inscriptos en las escuelas primarias y 217 817 en las secundarias, para el año 1955 fueron 2 735 026 y 467 199 respectivamente.[105][106]

Se produjo el acceso a la educación secundaria de la mayor parte de los hijos de clase media y de una parte significativa de los estratos altos de la clase trabajadora, especialmente en la enseñanza comercial y técnica.[107]

La enseñanza religiosa en las escuelas primarias y secundarias que venía de la presidencia de Ramírez fue abolida el 16 de diciembre de 1954 en el marco del conflicto con la Iglesia católica.[108]

Uno de los motivos de irritación de los opositores fue la introducción en los textos escolares de dibujos, fotografías y textos laudatorios de Perón y Evita tales como «¡Viva Perón! Perón es un buen gobernante. Perón y Evita nos aman» y otros similares.[109][110]​ En la escuela secundaria se introdujo la materia «Cultura Ciudadana» que en la práctica era un medio de propaganda del gobierno, sus protagonistas y sus realizaciones, el libro La razón de mi vida de Eva Perón fue obligatorio en el nivel primario y secundario.[110]

El crecimiento más rápido de la escuela secundaria respecto de la primera indica que se produjo el acceso a la educación secundaria de la mayor parte de los hijos de clase media y de una parte significativa de los estratos altos de la clase trabajadora, lo que se ve confirmado por la circunstancia de que el mayor aumento se dio en la enseñanza comercial y técnica.[111]​ En 1954, el Congreso con mayoría peronista derogó la enseñanza religiosa en las escuelas públicas (no así en las privadas). El Congreso aprobó el Estatuto para el Personal Docente de los Establecimientos de Enseñanza Privada y el Consejo Gremial de Enseñanza Privada que igualaba los derechos de los docentes de escuelas privadas a losque gozaban los públicos.

Respecto a los Jardines de Infantes fue aprobada la ley Simini en 1946, que establece los lineamientos para la enseñanza preescolar destinada a los párvulos de tres a cinco años. En 1951, se sancionó la Ley de Estabilidad y Escalafón número 5651 que, fue aprobada por todos los sectores. En lo que respecta al salario docente, establecía que estaría determinado por la ley del presupuesto y que las bonificaciones periódicas corresponderían tanto a los titulares como a los suplentes. Sobre los ascensos, especificaba que los cargos superiores a vicedirector de primera categoría se designarían a través de concurso de oposición. A su vez, los docentes consiguieron integrar el tribunal de clasificaciones docentes.

En materia de política universitaria, durante su primera presidencia Perón impulsó medidas que tendieran a acercar a los sectores populares a la universidad pública. En 1948 envió al Congreso un proyecto de ley para crear la Universidad Obrera Nacional ―actualmente denominada UTN―, que fue creada por Ley 13 229 y puesta en funcionamiento en 1952, con centros en Buenos Aires, La Plata, Bahía Blanca y Avellaneda. El objetivo de la Universidad Obrera fue orientarla hacia la ingeniería productiva con regímenes de estudios gratuitos y que facilitaran el acceso de los jóvenes trabajadores.Las principales medidas de su gobierno fueron el ingreso irrestricto, la gratuidad y las becas, a fin de abrir la Universidad al pueblo, lo cual representaba toda una revolución socio cultural para la época. La gratuidad fue receptada en el decreto 29337 de 1949 (Broches, 2009). Durante el primer gobierno de Perón se coordinaron los planes de estudio, se unificaron las condiciones de ingreso a la Universidad, se crearon 14 nuevas universidades, se elevó el presupuesto desde 48 millones (1946) a 256 millones (1950). La gratuidad universitaria permitió que de 49 000 alumnos en 1946 se llegase a 96 000 en 1950. Se estableció la dedicación exclusiva para permitir a los profesionales investigar.[112]​ Además, por primera vez se instauró un sistema de becas para estudiantes de bajos recursos a partir de un impuesto del 2 % sobre los sueldos establecido en los artículos 87 y 107 de la Ley n.º 13.013. Esto posibilitó que para el año 1956, Argentina fuera el país con mayor cantidad de estudiantes universitarios en toda América Latina.[113]

En 1949 decretó la gratuidad de la enseñanza pública universitaria (Decreto 29.337/1949); para 1955 la cantidad de estudiantes universitarios se triplicó.[114][115]

Al anunciar el decreto Perón declaró:

Durante su mandato se construyó también el edificio de la nueva Facultad de Derecho y se crearon las de Arquitectura y de Odontología, siempre de la Universidad de Buenos Aires. Ya en su segunda presidencia Perón creó el Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (CONITYC) antecedente inmediato del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y se abrió una nueva sede regional de la Universidad Obrera en Tucumán. La creación del Instituto de Minería y Geología de la UNT en la Provincia de Jujuy, a lo que le seguirían la creación de institutos en el campo de las artes, el derecho, la economía y la investigación científica. De este modo, también planificó la construcción de la Ciudad Universitaria en la Sierra de San Javier, cuyas obras comenzaron en 1949. En el norte expandió la Universidad en la región, creando el Instituto de Geología y Minería, el Instituto de Biología de Altura y el Instituto de Medicina Popular, en Jujuy; la Escuela Técnica de Vespucio y el Instituto de Humanidades, en Salta; la Escuela de Agricultura en El Zanjón, en Santiago del Estero, por ejemplo. Incorporó a la UNT la Universidad Salesiana del Trabajo y creó el Servicio Médico Universitario.[116]

Tras 15 años de democracias restringidas e intervenciones militares sobre los gobiernos civiles, en 1946 el Congreso sancionó una nueva Ley de Educación Superior que puso a las universidades bajo la órbita de las reglas de una democracia sin proscripción. Para eso, y marcando un hito en la historia de la legislación sobre educación superior, el peronismo dictó en 1947 la Ley N.º 13 031, denominada Ley Guardo, en honor al diputado justicialista creador de su articulado. Esta legislación puso punto final a la larga vigencia de los cuatro artículos de la reducida Ley N.º 1597 de 1885, «Ley Avellaneda», que ofició de marco legal hasta entonces.

En 1949 con la intención de atender a algunos planteamientos de los universitarios e incorporar avances de la ley sancionada en 1947 y sentar las bases para una nueva Ley, se incorpora un artículo en la Constitución Argentina de 1949. En el año 1954 se sanciona una nueva Ley, la 14 297. En ella se incorporan algunos otros postulados de la Reforma Universitaria, como la definición de la extensión y la participación directa de los estudiantes, esta ley profundiza la participación estudiantil en el gobierno de las Facultades, otorgándoles el derecho al voto.[117][118]​ En la Universidad Nacional de Tucumán se realizó profunda transformación, a través de múltiples creaciones y una vasta expansión regional, como la construcción de la Ciudad Universitaria, en el cerro San Javier; la fundación del Gymnasium Universitario, en 1948.[119]​ La creación en 194 del Instituto de Minería y Geología de la UNT en la Provincia de Jujuy. Se planificó la construcción de la Ciudad Universitaria en la Sierra de San Javier, cuyas obras comenzaron en 1949.[120]​ Expandió la Universidad en la región, creando el Instituto de Geología y Minería, el Instituto de Biología de Altura y el Instituto de Medicina Popular, en Jujuy; la Escuela Técnica de Vespucio y el Instituto de Humanidades, en Salta; la Escuela de Agricultura en El Zanjón, en Santiago del Estero, por ejemplo. Incorporó a la UNT la Universidad Salesiana del Trabajo y creó el Servicio Médico.[116]​ En 1946, bajo la presidencia de Perón, y debido a la creciente industrialización de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, se creó la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional (CNAOP) y se fundaron escuelas-fábricas destinadas a la capacitación de operarios. De esta manera, por medio de la Ley 13 229 del año 1948 se creó la Universidad Obrera Nacional (UON). Hacia 1955 ya tenía institutos en Capital federal, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Rosario, Bahía Blanca, La Plata y Tucumán. Los planes de estudio privilegiaban especialidades tales como las construcciones mecánicas, los automóviles, la industria textil, y las instalaciones eléctricas.[121]

En 1946 Ramón Carrillo fue designado secretario de Salud Pública y en 1949 al crearse nuevos ministerios pasó a ser ministro del área. Desde su cargo trató de llevar a cabo un programa sanitarista que se dirigía hacia la creación de un sistema unificado de salud preventivo, curativo y de asistencia social de carácter universal en el cual el Estado cumpliría un papel preponderante. En cuanto a la política sanitaria se caracteriza por la expansión de centros hospitalarios y la implementación de estrategias sanitarias a nivel nacional dirigidas por la Secretaría de Salud Pública. Carrillo decidió dedicarse a atacar las causas de las enfermedades desde el poder público a su alcance. Bajo una concepción ideológica que privilegiaba lo social sobre el lucro individual permitió avanzar en planos como la mortalidad infantil que del 90 por mil en 1943 bajó al 56 por mil en 1955. En tanto que la tuberculosis de 130 cada cien mil en 1946 a 36 cada cien mil en 1951. Desde la gestión se comenzaron a cumplir normas sanitarias incorporadas en la sociedad argentina como las campañas masivas de vacunación y la obligatoriedad del certificado para la escuela y para realizar trámites. Se implementaron campañas masivas a nivel nacional contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos. Al frente de la Secretaría de Salud llevó a cabo una campaña exitosa para erradicar el paludismo, dirigida por los doctores Carlos Alberto Alvarado y Héctor Argentino Coll; la creación de EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos; y el apoyo a los laboratorios nacionales por medio de incentivos económicos para que los remedios estuviesen disponibles para toda la población. Durante su gestión se inauguraron casi quinientos nuevos establecimientos sanitarios y hospitales.[122]

La acción gubernamental comportó un mejoramiento sustantivo en las condiciones de la salud pública. También el periodo se caracterizó por la constitución o el afianzamiento de las obras sociales de los sindicatos, especialmente aquellos con mayor número de afiliados tales como los ferroviarios y los bancarios. El número de camas en hospitales que era de 66.300 en 1946 (4 cada 1000 habitantes) pasó en 1954 a 131.440 (7 cada 1000 habitantes). Se hicieron campañas para combatir enfermedades endémicas como el paludismo, la tuberculosis y la sífilis utilizando a gran escala los recursos del DDT para el primero y la penicilina para las últimas y se acentuó la política sanitaria en las escuelas al hacer obligatoria la vacunación en su ámbito. Aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954. Erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas. Creó 234 hospitales o policlínicas gratuitos. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. Redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil.[122]

En 1942 unos 6,5 millones de habitantes tenían provisión de agua corriente y 4 millones, servicios cloacales, y en 1955 los beneficiarios eran 10 millones y 5,5 millones respectivamente. La mortalidad infantil que era de 80,1 por mil en 1943 bajó a 66,5 por mil en 1953 y la esperanza de vida que era de 61,7 años en 1947 subió a 66,5 años en 1953.[123]

Durante su gobierno el deporte alcanzó un alto grado de desarrolló, se lanzó los Torneos Nacionales Evita, la unificación en 1947 de la Confederación Argentina de Deportes (CAD) con el Comité Olímpico Argentino (COA), la presencia de centenares de deportistas en el exterior compitiendo en diferentes disciplinas, la promoción de deportes no tradicionales, la organización del mundial de básquet de 1950, de los Juegos Panamericanos de 1951, del auspicio estatal a Juan Manuel Fangio, fueron los primeros eslabones de una política deportiva a nivel nacional.El piloto Juan Manuel Fangio ganó cinco campeonatos mundiales en fórmula 1. La Selección argentina de básquetbol masculino se adjudicó el primer Campeonato Mundial y el boxeador Pascual Pérez, se convirtió en el primer campeón mundial argentino, iniciando una larga saga de campeones, que harían de Argentina una potencia en el boxeo profesional. En la misma época, la pelota paleta argentina, ganó las dos medallas de oro en juego de esa especialidad en el primer Campeonato del Mundo de Pelota Vasca, dominando la disciplina desde entonces hasta la actualidad. Los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 marcaron la mayor época de esplendor de los Juegos Olímpicos para la Argentina, luego de estos juegos Argentina no volvería a ganar tantas medallas de oro hasta los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, para 1956 la delegación presentó sólo 28 deportistas, la cantidad más reducida de la historia del país y fueron los primeros juegos que Argentina no ganó ninguna medalla de oro.[124]

El gobierno de Perón fue el primero en realizar una política acerca de los medios de comunicación.

En opinión de Sergio Arribas el Estado conformó un monopolio de la información y un monopolio de los medios de comunicación para consolidar su influencia en las masas, favoreció una conformación oligopólica del sistema de medios de radiodifusión fundado en un conjunto articulado de normas y restringió tres libertades básicas del individuo: a) libertad de expresión y sus dos variantes, libertad de pensamiento y libertad de opinión. b) libertad de imprenta. c) libertad de prensa. Y por otro lado, el gobierno posibilitó"[125][126][127]​ Datos desmentidos por otros historiadores, por ejemplo entre el 27 de enero hasta el 19 de marzo, Evita pronunció seis discursos por radio exigiendo la sanción de la ley del voto femenino,[128]​ cuyos discursos con la excepción del diario Clarín, fueron silenciados por los principales periódicos de entonces, como La Prensa y La Nación, ambos de tendencia antiperonista.[129]

La cinematografía se vio beneficiada por la puesta en marcha de tres medidas: la obligatoridad de la exhibición de películas argentinas en todo el país (Ley 1299/47), la reglamentación de la ley de protección a la industria cinematográfica (Decreto 16688/50) y la protección a la industria cinematográfica (Decreto 11731/52).[126]​ logrando como resultado que en 1950 se producen 58 películas; todo un récord de producción, expandiéndose a otros países de habla hispana Dios se lo pague, que batió récords de audiencia en buena parte del planeta. En el período 1946-1955, se reformulan tradiciones culturales populares, se integran influencias de los realismos europeos, pero básicamente se modalizan las propuestas del cine clásico de Hollywood. Estas políticas beneficiaron de distintas maneras a la industria cinematográfica, el proceso favorecido además por las medidas distribucionistas que garantizaron un aumento del caudal de espectadores y posicionaron al cine como uno de loa entretenimientos populares de mayor repercusión. Esta legitimación del sector se había acentuado, además, con la realización, en Mar del Plata, del primer Festival de Cine Argentino en el mes de marzo de 1948.[130][131]

La prensa gráfica se favoreció con la ratificación de la ley del Estatuto del Periodista Profesional declarada en 1946.[126]

En cuanto a la televisión, la primera transmisión se realizó desde Canal 7 el 17 de octubre de 1951 con la emisión de un acto político, el «Día de la Lealtad», realizado en Plaza de Mayo.

Se dictó la primera Ley de Radiodifusión del país (14241/53) en 1953, la cual define al servicio como de «interés público», crea el Ministerio de Comunicaciones, establece la necesidad de 70 % de capital nacional a los licenciatarios, decreta las licencias por 20 años con la posibilidad de prórroga sujeta a la aprobación del Ministerio de Comunicaciones, obliga a la promoción de la acción de gobierno, educación y cultura nacional, y no restringe la publicidad. En el artículo 24 de la ley se establecía que el llamado debía realizarse en el término de 45 días desde su promulgación.[126]

En junio de 1954, mediante el Decreto 9967/54 se realizó la licitación de las licencias de las tres cadenas de radio que existían en el país (LR1 y "Red Azul y Blanca", LR3 y "Primera Cadena Argentina de Broadcasting" y LR4 y "Red Argentina de Emisoras Splendid") y la licencia para Canal 7 y otras dos licencias para canales de televisión.[126]​ La adjudicación de las licencias, a través del Decreto 17959/54 se realizó "a licenciatarios que cumplieran con una condición implícita en el llamado: corresponder a una estructura política estatal/familiar que fuera incondicional a Perón":[132]​ LR1 fue adjudicada a la Editorial Haynes, presidida por Oscar Maroglio (expresidente del Banco de Crédito Industrial, de propiedad del Estado), LR3 a la Asociación de Promotores de Teleradiodifusión, gerenciada por Jorge Antonio, amigo personal de Perón, y LR4 a La Razón, presidida por Miguel Miranda, expresidente del Consejo Económico y Social.[133]

En 1946, a pocos meses de finalizar la Segunda Guerra Mundial que encumbró a Estados Unidos como máxima potencia mundial. Entre las causas del enfrentamiento de Estados Unidos con la Argentina durante el gobierno de Perón se encuentran la histórica prioridad que Argentina daba a las relaciones con Gran Bretaña, la tradicional política de neutralidad que Argentina mantuvo casi toda la Segunda Guerra Mundial y las economías competitivas de ambos países, a las que se agregaron la política nacionalista y la fuerte incidencia sindical en el gobierno peronista. Como consecuencia de estas muestras del gobierno argentino de cumplimiento de los compromisos interamericanos, los Estados Unidos, en julio de 1946, liberaron el oro y los fondos argentinos del Banco Nación y del Banco Provincia bloqueados desde 1944. Además, la convocatoria a la Argentina para participar de la Conferencia de Río de Janeiro celebrada en 1947 fue acompañada por un cambio de actores diplomáticos relacionados con la política exterior estadounidense hacia nuestro país. Truman anunció la renuncia de Braden, para acercar posiciones con Argentina.

Por otra parte, las relaciones bilaterales mejoraron gracias a un nuevo cambio de gabinete en el gobierno de Estados Unidos, donde el presidente Truman nombró Secretario de Estado al General Marshall. Con Marshall se logró la consolidación en la burocracia estadounidense de funcionarios partidarios de la cooperación y del equilibrio militar en todo el continente.

En cuanto a la definición de la zona de seguridad, el delegado argentino, Pascual La Rosa, pidió que se incluyera a las Islas Malvinas y la Antártida dentro de esta zona, cediendo tal vez a las presiones de los sectores nacionalistas civiles y militares. El comité militar especial formado por Argentina, Chile y los Estados Unidos, aceptó la propuesta argentina de incluir a las Islas Malvinas y a la Antártida dentro de la zona de seguridad del tratado TIAR.

Las relaciones diplomáticas entre Argentina y la Unión Soviética estuvieron interrumpidas por más de treinta años desde la Revolución Rusa de 1917. Ya durante el año 1945, cuando Perón era vicepresidente, ya como Presidente se establecieron oficialmente las relaciones diplomáticas, consulares y comerciales entre Argentina y la Unión Soviética.

El primer Ministro de Relaciones Exteriores que designó Perón fue el abogado sindical de formación socialista Juan Atilio Bramuglia, uno de los fundadores del peronismo. La primera misión que le encargó fue la de revertir la situación de aislamiento de la Argentina.[cita requerida] En ese contexto se desarrolló la tercera posición justicialista, una postura filosófica, política e internacional que tomaba distancia tanto del mundo capitalista como del mundo comunista. El propio Perón esbozó por primera vez el contenido de la tercera posición justicialista en un Mensaje a Todos los Pueblos del Mundo pronunciado el 16 de julio de 1947, cuando a la Argentina le tocó presidir el Consejo de Seguridad durante la primera crisis de la Guerra Fría (Bloqueo de Berlín). El mensaje de Perón fue transmitido por más de mil radioemisoras todo el mundo, incluida la BBC de Londres:

Más adelante en el Mensaje de apertura de sesiones del Congreso Nacional pronunciado el 1 de mayo de 1952 ampliaría el concepto:

La tercera posición argentina fue llevada adelante por Bramuglia primero y los cancilleres posteriores con un sentido pragmático, que evitaba confrontar con Estados Unidos.[134]

En 1946 Argentina se negó a apoyar la independencia de Indonesia y condenar la intervención neerlandesa, no apoyo la creación del Estado de Israel en 1948,[135]​ aunque si lo haría el 14 de febrero de 1949, y estableció de inmediato relaciones diplomáticas.[136]​ Argentina se negó reiteradamente a votar la proposición de la India sobre el racismo sudafricano (primero, tercero, quinto, sexto y octavo periodos de sesiones); votó en contra de todas las resoluciones censurando la anexión del territorio de África Sudoccidental por Sudáfrica (segundo, cuarto y séptimo periodos de sesiones), voto en contra de la moción tendiente a investigar la acción del colonialismo francés en Marrucos (noveno periodo); se abstuvo a investigar la acción del colonialismo francés en Marruecos (noveno periodo); se abstuvo (hasta el quinto periodo); voto a favor de Chiang-Kai-Shek (desde entonces) al tratarse el problema chino; voto todos los proyectos norteamericanos en relación con la guerra de Corea (quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno periodos); se abstuvo ante las mociones en favor de Puerto Rico (octavo periodo); se abstuvo cuando se reclamo la independencia de algunas colonias holandesas (décimo periodo). En cambio en la décima conferencia panamericana reunida en Caracas, se abstuvo a votar la condena del régimen de Jacobo Arbenz que gobernaba Guatemala: en ese punto.[135]

A poco de asumir Perón envió al Congreso para su ratificación el Acta de Chapultepec (alianza panamericana antecedente directo de la OEA) y el tratado de creación de la Organización de las Naciones Unidas. La Cámara de Senadores Senado aprobó la ratificación por unanimidad,[137]​ pero en la Cámara de Diputados la oposición radical propuso rechazar ambos tratados, absteniéndose en la votación al igual que siete diputados del oficialismo, siendo fuertemente criticada por Ernesto Sanmartino, Luis Dellepiane y Arturo Frondizi.[138]

En Naciones Unidas, Argentina llegó a presentar 28 reservas en defensa de su soberanía sobre las Islas Malvinas.[139]​ Asimismo, las declaraciones a favor de la soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y las tierras del sector Antártico, se repitieron en el marco de las Conferencias Interamericanas en Río de Janeiro de 1947 y Bogotá en 1948. En esta última se creó la Comisión Americana de Territorios Dependientes. La misma distinguía entre territorios “bajo tutela colonial” —Groenlandia, las Antillas, Bahamas, Jamaica, y Trinidad y Tobago, entre otros— y los territorios “ocupados”. Entre estos últimos se encontraban las Islas Malvinas, Islas Sandwich del Sur, islas Georgias del Sur, la zona americana de la Antártica y Belice (Lanús, 1984 (b): 190).

En 1950 Argentina declaró formalmente su soberanía sobre las Islas Malvinas. Mientras tanto, la corona británica expandía los límites de su soberanía sobre las islas, al incluir ese mismo año bajo su dominio la plataforma submarina, el fondo marino y el subsuelo contiguo a las islas.

Especialmente a partir del año 1953, Argentina buscó y logró firmar numerosos acuerdos de integración sudamericana.

En primer lugar, en febrero de 1953 Perón visita al presidente chileno Ibáñez y firma el acta de Santiago. Ambos países establecieron, en esta ocasión, los fundamentos de la complementación económica. Se comprometían a la ampliación del intercambio comercial, a eliminar paulatinamente los derechos de aduana, y a impulsar la industrialización de las dos naciones, entre otras cosas. Cuatro meses más tarde, Ibáñez devolvería la visita a Perón, y ambos firmarían el tratado de Unión Económica Chileno-Argentina, más tarde Perón invitó a Brasil a participar de la unión económica.

Rápidamente Argentina firmaría otros acuerdos de unión económica con Chile, Paraguay, Ecuador y Bolivia, en los que se proponía la apertura de las fronteras. En 1946 se firmaron convenios con Brasil para el aprovechamiento del río Uruguay, con Chile sobre cooperación económica, financiera y cultural y con Bolivia sobre cuestiones comerciales y financieras. Más tarde se reforzó esta tendencia con varias iniciativas complementarias, a como la firma de un Acta de Unión con Chile, en febrero de 1953, con el fin de coordinar la política de desarrollo de ambos países; las propuestas de integración latinoamericana realizadas por la delegación argentina en la V reunión de la CEPAL en abril de 1953; el Tratado de Unión Económica firmado con Paraguay en agosto de 1953; d) el Convenio de Complementación con Nicaragua, en diciembre del mismo año; el Acta de Unión Argentino-Ecuatoriana, acordada en la misma fecha que el anterior; el Convenio de Unión Económica con Bolivia firmado en septiembre de 1954; los convenios sobre intercambio comercial y sistema de pagos alcanzados con Colombia y Brasil.[140]

En 1947 la Argentina suscribió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). En 1947 Argentina obtuvo un éxito internacional al ser elegida para integrar por dos años el Consejo de Seguridad de la ONU, llegando incluso en 1948 a asumir la presidencia del mismo para tratar el conflicto generado por el Bloqueo de Berlín, gestión que quedó a cargo de Bramuglia, quien adoptó una activa gestión mediadoras entre los dos bandos. El 3 de junio de 1947 en un gesto sin precedentes el presidente Truman invitó al embajador argentino Oscar Ivanissevich a concurrir a la Casa Blanca, donde departió amablemente con la visible ausencia de Braden que dos días después renunciaba. En forma inmediata Argentina estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y a continuación inició tratativas comerciales y cerró acuerdos comerciales con Rumania, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia y Hungría.[141]

América Latina jugó un rol muy importante en la política exterior de Perón, porque fue vista como una carta de negociación frente al mundo. Era necesario mejorar y perfeccionar los lazos en el subcontinente para tener una mejor posición de negociación. Perón contribuyó para mejorar y consolidar las relaciones con los países vecinos. Uno de los mayores logros de la diplomacia argentina de esta época fue la firma del Pacto ABC con Brasil y Chile el 1 de noviembre de 1951, para fomentar la cooperación exterior, la no agresión y arbitraje. Fue una forma de contrarrestar la influencia estadounidense en la zona y establecer un equilibrio y mecanismos de consulta entre los tres países firmantes.

Pese a todo ello Estados Unidos siguió actuando en perjuicio de la Argentina, llegando a prohibir que las divisas del Plan Marshall fueran utilizadas para comprar granos y carnes argentinas. El embajador estadounidense en Argentina Bruc envió al presidente Truman una misiva donde reveló parte de este plan contra el país...: "Fitzgerald... declaró que iba a utilizar la ECA para 'poner a los argentinos de rodillas'… Fitzgerald dio instrucciones al ejército para que compren carne en cualquier país, menos en la Argentina, sin que importe cuánto más alto sea el precio.[142]

La tercera posición adoptada por la Argentina fue considerada "desfavorable" para los intereses de Estados Unidos. Un memorándum del Departamento de Estado de los Estados Unidos del 21 de marzo de 1950 dice:

Otra polémica fue el ingreso a la Argentina y otros países sudamericanos, de numerosos nazis prófugos durante y después de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos, Adolf Eichmann, Joseph Mengele, Erich Priebke, Dinko Sakic, Josef Schwammberger, Gerhard Bohne, Walter Kutschmann, Ante Pavelic.[144]

La Jewish Virtual Library escribió que «Perón expresó también simpatía por los derechos de los judíos y estableció relaciones diplomáticas con Israel en 1949. Desde entonces, más de 45 000 judíos emigraron a Israel desde Argentina».[145]

En ese período Argentina acogió a varios exiliados políticos provenientes de Bolivia tras el derrocamiento del coronel Gualberto Villarroel en julio de 1946, como Víctor Paz Estenssoro, Augusto Céspedes, Carlos Montenegro y el general Alfredo Pacheco Iturri.

A través de la Fundación Eva Perón, el país brindó asistencia también a otros países, como Bolivia, Chile, Croacia, Egipto, España, Francia, Honduras, Israel, Japón, Paraguay y Uruguay,

Durante el primer gobierno de Perón se produjo un cambio histórico en lo que respecta al reconocimiento de los derechos de la mujer. Se incorporaron al máximo texto jurídico los nuevos derechos sociales como también el voto femenino, que había sido aprobado en 1947, y que reivindicaba a la mujer hasta entonces marginada de la vida política argentina.

Perón fue el primer jefe de Estado argentino que puso el tema femenino en la mesa. Perón y Evita abrieron el camino para la participación política de las mujeres. Los avances fueron rápidos. En los años cincuenta, ningún país tenía la cantidad de mujeres en el Congreso que tuvo Argentina.[147]

En 1947 se sancionó la ley reconociendo a todas las mujeres mayores de 18 años el derecho a votar y ser votadas (sufragio femenino), existiendo recién entonces sufragio universal en la Argentina. El derecho ya había sido reconocido en San Juan por la reforma constitucional de 1927. A nivel nacional, el derecho al voto venía siendo reclamado por las mujeres desde 1907, cuando Alicia Moreau y otras mujeres fundaron el Comité Pro Sufragio Femenino. Sin embargo ni la Unión Cívica Radical ni los conservadores apoyaron institucionalmente el reclamo y los proyectos presentados fueron sistemáticamente rechazados. En 1945 Juan Domingo Perón impulsó el voto femenino y corrió la versión de que el mismo sería habilitado por decreto, pero la iniciativa fue rechazada por varios grupos y finalmente no sucedió. Durante la campaña para las elecciones de 1946, la coalición peronista incluyó en sus plataformas el reconocimiento del sufragio femenino.

Sin embargo las resistencias al sufragio femenino no estaban ausentes tampoco en el peronismo.[cita requerida] En ese sentido Eva Perón (Evita) jugó un papel importante. Luego del 17 de octubre de 1945, a propuesta de Evita, Perón ―desde su cargo de vicepresidente―, intentó sancionar la Ley del Voto Femenino. Sin embargo las resistencias tanto dentro de las Fuerzas Armadas en el gobierno, como de la oposición, que alegaba intenciones electoralistas, frustraron el intento.[148]​ También influyó el hecho de que la influencia de Evita dentro del peronismo era relativamente débil antes del 24 de febrero de 1946.[149]​ Entre el 27 de enero hasta el 19 de marzo, Evita pronunció seis discursos por radio exigiendo la sanción de la ley del voto femenino,[128]​ que con la excepción del diario Clarín, fueron silenciados por los principales periódicos de entonces, como La Prensa y La Nación, ambos de tendencia antiperonista.[129]

Luego de las elecciones de 1946, Evita comenzó a hacer abierta campaña por el voto femenino, a través de mítines de mujeres y discursos radiales, al mismo tiempo que su influencia dentro del peronismo crecía. El proyecto de ley fue presentado inmediatamente después de asumido el gobierno constitucional (1 de mayo de 1946). A pesar de que era un texto brevísimo en tres artículos, que prácticamente no podía dar lugar a discusiones, el Senado dio media sanción al proyecto el 21 de agosto de 1946, y finalmente fue aprobado en Cámara de Diputados el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, estableciendo la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres.[150]​ El Partido Peronista Femenino logró obtener 23 diputadas, tres delegadas de territorios nacionales y 6 senadoras ―las únicas mujeres presentes en el Congreso Nacional―,[151]​ y 80 legisladoras provinciales.[152]

La igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la «igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad» compartida que garantizó el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949.[153]

En 1955 la Constitución fue derogada, y con ella la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer.[154]

La reforma constitucional de 1957 tampoco reincorporó esta garantía constitucional, y la mujer argentina permaneció discriminada legalmente hasta que se sancionó la ley de patria potestad compartida en 1985, durante el gobierno de Raúl Alfonsín. La Constitución fue una constitución incluida en la corriente del constitucionalismo social que incorporó los derechos de los trabajadores (decálogo del trabajador), los derechos de la familia, de la ancianidad, de la educación y cultura;la protección estatal para la ciencia y el arte; la enseñanza primaria obligatoria y gratuita. Además de la igualdad de hombres y mujeres en las relaciones familiares; la autonomía universitaria; la función social de la propiedad; la elección por voto directo para diputados, senadores y presidente; y la reelección inmediata del presidente.[155]

Entre otras reformas sociales y políticas, durante su primer gobierno Perón derogó la ley que establecía la discriminación entre hijos legítimos e ilegítimos y se desarrolló un amplio plan de viviendas para trabajadores. En 1951 comenzó a transmitir LR3 Televisión Radio Belgrano, actualmente llamado Canal 7.

Durante el primer gobierno peronista «el componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la Historia, a la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra. En 1948 aquel ascendía a 53 % contra 47 % de éste, lo que se comparaba favorablemente con la situación imperante sólo un lustro atrás, cuando los trabajadores percibían 44,4 % y los empresarios, capitalistas y rentistas recibían 55,6 %».[156]​ Se amplió el sistema de jubilaciones beneficiando a trabajadores independientes, empresarios y profesionales. Se estableció en 1948 el fondo de pensiones para personas sin recursos no acogidas en el sistema jubilatorio y se legisló sobre la pensión para viudas. En 1946 se incorporó como derecho el pago del aguinaldo. Se crearon y se pusieron en funcionamiento los primeros juzgados laborales, se estableció el Estatuto del Peón Rural y se reglamentaron las convenciones colectivas de trabajo.[157]​ En la década de 1950 con el eminente crecimiento del movimiento obrero, las obras sociales se convirtieron en una de las principales áreas de los sindicatos. Durante el gobierno de Perón se sancionó la Ley 23 852 Asociaciones Profesionales y la Ley 33 302 que crea el Instituto Nacional de Remuneraciones, y establece el Aguinaldo. Ambas leyes fortalecieron la economía sindical. La independencia y autonomía en el manejo de los recursos posibilitaron el crecimiento y colocaron a los gremios en una posición privilegiada.[158]​ Las OSS (obras sociales sindicales) representaron una parte mayoritaria de la población económicamente activa (entre el 70 y el 80 % del total). Nació el seguro de salud en la Argentina con aportes desde el salario, de manera voluntaria, por rama de actividad y con criterios de equidad y solidaridad. De esta manera, los mejores salarios colaboraban con sus aportes con los de menores ingresos en un fondo solidario administrado por los trabajadores a través de sus propias organizaciones.[158]

En 1947 proclamó los 10 derechos básicos de los trabajadores y logró que el Congreso Nacional los sancionara con fuerza de ley: el derecho al trabajo, a una justa distribución, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo y de vida, a la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de la familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales. Estos derechos fueron formalizados a través de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional, bajo el número 4865, y luego fueron incorporados en el artículo 37 de la Constitución de la Nación Argentina, sancionada por la Convención Constituyente, el 11 de marzo de 1949.[159]

El 15 de noviembre de 1950 comenzó la huelga ferroviaria de 1950 en Argentina por reclamos salariales. Finalizó ocho días después con un «acuerdo de caballeros» entre huelguistas y el Juan Francisco Castro (ministro de Trabajo), conforme al cual retornarían al trabajo al día siguiente, 24 de noviembre de 1950. Se les concedería un aumento salarial y se dejarían sin efecto las sanciones aplicadas a los huelguistas.

En la primera semana de diciembre de 1950, el Gobierno dejó sin efecto el convenio alcanzado. El 16 de enero de 1951, Perón hizo renunciar a al ministro Castro. Comenzó una nueva huelga para reclamar la libertad de los dirigentes presos. El Gobierno declaró ilegal el conflicto. En un discurso pronunciado el 24 de enero de 1951, Perón afirmó, refiriéndose a los trabajadores ferroviarios: «El que vaya a trabajar, estará movilizado, y el que no vaya será procesado e irá a los cuarteles para ser juzgado por la justicia militar, de acuerdo con el código de justicia militar». Cerca de dos mil trabajadores fueron detenidos y unos trescientos quedaron en prisión, produciéndose el retorno al trabajo de los huelguistas tres días después.[160]​ El 20 de junio de 1951 Perón indultó a 611 obreros procesados, quedando alrededor de 24 en prisión.

Entre 1945 y 1948 los salarios reales de los empleados públicos tuvieron un alza del 35 % y los de los obreros industriales subieron en un promedio del 50 %. En el mismo período, el consumo ―tanto en el sector público como en el privado― subió alrededor del 20 %. Las cajas de jubilaciones pasaron de 300 000 afiliados en 1944 a 3 500 000 en 1949. Y se estableció por ley un fondo para otorgar pensiones a toda persona de escasos recursos mayor de 60 años no amparada por ningún sistema jubilatorio.

A esta realidad se sumaron los beneficios del salario indirecto:

Juan Domingo Perón retomó la política energética de corte nacionalista que había impulsado Yrigoyen con la creación de YPF, mediante la nacionalización de los hidrocarburos que quedó respaldada gracias al artículo 40 de la Constitución de 1949. En seis años de gobierno se llegó a aumentar en un 50 % la producción de petróleo, llegando a tener el 84 % del total de la extracción de crudo, con una política de subsidios al consumo. Sin embargo, no llegó a alcanzar el autoabastecimiento. Resultó nacionalizada la ANSEC, que tenía la explotación del servicio eléctrico en la mayor parte del país. Perón nacionalizó otras grandes empresas como la Standard Oil, la Royal Dutch Shell, las grandes empresas latifundistas, Bunge y Born, etc. Creó la empresa estatal Agua y Energía Eléctrica y fomentó el desarrollo de usinas populares cooperativas.[161][162]​ El plan aprobado por Perón en materia energética, incluía asimismo la electrificación rural ―abandonada por los trusts internacionales―, y la prohibición de nuevas concesiones de energía y gas, que quedarían a cargo del Estado, salvo razones excepcionales.[162]​ Desde el primero de enero de 1946 había quedado estructurado el mecanismo de la Dirección Nacional de Energía, dando nacimiento a cuatro entidades: Gas del Estado, Combustibles Sólidos y Minerales; Centrales Eléctricas del Estado y Combustibles Vegetales y Derivados. En 1943, el país tenía una potencia instalada en centrales hidroeléctricas de 45 000 kW; para 1952, la empresa nacional Agua y Energía tenía siete veces más: 350 000 kW.[163]​ A esto debe agregarse una cartera de estudios y proyectos por valor de 6 millones de kilovatios.[164]​ De esta manera el gobierno consolidó un sistema energético integrado que junto a la producción de combustibles por parte de YPF se articulaban de forma estratégica. En este modelo, las empresas del Estado eran la punta de lanza de un sistema energético integrado y centralizado, en el que la producción de energía y agua se consolidaron como un «bien público» y la producción de petróleo y acero bienes estratégicos para abastecer el entramado industrial. En los años cincuenta se crea también la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica).

Durante el Gobierno de Perón, se realizaron en el marco del Primer Plan Quinquenal (1947-1952), grandes obras de infraestructura en todo el país: se interconectaron las Centrales Puerto Nuevo (CADE) y Nuevo Puerto (CIADE) con lo que se logró un sistema interconectado de generación en el ámbito de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, al que se sumarían 14 provincias. Además a través del Primer Plan Quinquenal se llevaron a cabo un conjunto de importantes obras públicas, en el área energética y las industrias pesada y minera, acompañándolos con un mejoramiento en la infraestructura, es decir en los transportes, caminos y obras hidroeléctricas, destinadas a modernizar la infraestructura del país, necesaria para el proceso de industrialización acelerado que su gobierno desarrollista promovía.[165]​ La producción de energía eléctrica entre 1946 y 1955 (en millones kWh y considerando la autoproducción) pasó de 3.84 en 1946 a 7.20 millones en 1952.[166]

El Primer Plan Quinquenal (1947-1952) había dado como resultado la iniciación de obras de 41 centrales hidroeléctricas en todo el país. Las más importantes por su potencia instalada eran:[167]

En lo concerniente a las líneas de transmisión se habían finalizado importantes tramos tales como Río Tercero-Córdoba (100 km), Escaba-Tucumán (100 km) y Concepción del Uruguay-Rosario (92 km), y existían diversas líneas en construcción en diversos puntos de la Argentina.[168]

También hubo un vertiginoso aumento de producción de acumuladores, lámparas eléctricas, motores eléctricos, pilas, baterías y discos fonográficos. La venta de heladeras entre 1950 y 1955 aumentó más de 4 veces y las máquinas de coser en los mismos años creció 50 veces.[169]

Para el Segundo Plan Quinquenal (1952-1957) se inició la construcción de 11 centrales térmicas y 45 hidroeléctricas más. También para la distribución de aguas para regado se inició la construcción de 29 embalses, 59 diques y otras obras. (En 1955, la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu ―la Revolución Libertadora― descontinuó todas las obras públicas del Segundo Plan Quinquenal, que solo llevaba tres años).[170]

Perón también impulsó la diversificación energética. En 1948, el gobierno peronista proyectó el desarrollo de los biocombustibles. Esta visión innovadora en materia energética se completaría en 1950 con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Se interconectaron las centrales Puerto Nuevo (CADE) y Nuevo Puerto (CIAE).

Se construyeron 41 centrales hidroeléctricas en todo el país, aumentando la potencia hidroeléctrica instalada de 45 000 kW (kilovatios) en 1943, a 350 000 kW en 1952.[162][167]​ Firmó un contrato el 11 de diciembre de 1947 entre YPF y la empresa petrolera estadounidense Drilexco, para la exploración de cuarenta pozos de petróleo, ya que los recursos que tenía el Estado no eran suficientes para logar por sí solo el autoabastecimiento. El presidente mandó al Congreso una ley para inversiones en el rubro petrolero. La ley fue sancionada con éxito en 1953.[171]

Comenzado el segundo mandato de Perón en 1952, la Argentina se encontraba en una aguda crisis energética: YPF se encontraba muy lejos de autoabastecer de combustible al país, importaba un 60 % y en 1954 tuvo su primera crisis en la balanza de pagos.[172]​ Ante esta situación, Perón decide ir a fondo con el objetivo del autoabastecimiento y plantea la firma del contrato con la Standard Oil de California, reconociendo la imposibilidad operativa de YPF para alcanzar este objetivo, la compañía explotararía una extensa área del sur argentino con yacimientos.[173]​ El contrato establecía una explotación de carácter mixto (joint venture), mediante el cual la California produciría en forma conjunta con YPF los 9.000.000 de metros cúbicos que la Argentina importaba, anulando un gasto extra de casi 300 millones de dólares en concepto de importación de combustible. Por medio de este acuerdo, Perón buscaba incrementar la producción petrolera en los años sucesivos con el fin de mantener el abastecimiento interno y e incluso comenzar la exportación de petróleo y sus derivados, para poder aumentar así la disponibilidad de divisas.[174]

Existía el temor de que se produjeran concesiones abusivas a las petroleras extranjeras bajo la nueva reglamentación, el legislador John William Cooke fue un notable opositor de la misma,[175]​ y el mismo quedó sin efecto tras el golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955.[176][177]​ también se opondría fuertemente el futuro presidente Frondizi.

Se creó la empresa distribuidora Gas del Estado, para la distribución de aquel recurso. Se puso en marcha el primer gasoducto que conectó la ciudad de Comodoro Rivadavia con la Ciudad de Buenos Aires, de una longitud de 1600 km. Fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949,[178][179]​ siendo el primero de su especie en Sudamérica y el más largo del mundo para ese momento, se construyó además sin financiamiento externo.[175]​ Pero tras el golpe de Estado de 1955 no se llegaron a construir las válvulas y terminales para que el gasoducto fuera capaz de transportar gas a los hogares.[180]​ A su vez, la reforma constitucional nacionalizó los yacimientos petroleros, haciendo así de YPF un monopolio estatal.[176]



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