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Latinoamericanas



América Latina o Latinoamérica es un concepto étnico-geográfico aparecido en el siglo XIX para identificar una región del continente americano con habla mayoritaria de lenguas derivadas del latín (principalmente español o portugués y en menor medida francés).

La delimitación precisa de la región es variable. En todos los casos, agrupa a países cuya lengua oficial es el español o el portugués (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela). Algunos incluyen a países francófonos como Haití sin tomar en cuenta aspectos culturales, pero por esa misma razón también se debate[3]​ la inclusión de Belice (país de habla inglesa, pero con una fuerte presencia del idioma y cultura españolas), la región francófona de Canadá, los estados y posesiones hispanohablantes de Estados Unidos, en especial Puerto Rico e Islas Vírgenes de los Estados Unidos y las posesiones francesas en América y Caribe (Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica, San Bartolomé y San Martín).

De los tres idiomas que definen a América Latina, el español y el portugués son los predominantes, quedando el francés como idioma de solo un 3% de la población de la región. Derivado de la expresión se ha extendido el gentilicio «latino» para hacer referencia a personas de cultura latinoamericana.

La región comprende más de veinte millones de kilómetros cuadrados de superficie, que corresponden aproximadamente al 13,5% de la superficie emergida del planeta. Por su extensión, América Latina presenta una gran diversidad geográfica y biológica. En ella se encuentran prácticamente todos los climas del mundo y es el hogar de numerosas especies animales y vegetales. Cuenta también con algunos de los mayores ríos del mundo e importantes recursos alimenticios, energéticos y minerales, entre los que destacan sus yacimientos de petróleo, cobre, litio y plata.[cita requerida]

El término "latino" desde el punto de vista cultural se refiere a los pueblos europeos cuyo idioma y civilización derivan de la Romania, el área bajo dominio romano y que mantuvo el uso de lenguas romances (España, Francia, Italia, Portugal, Rumanía y algunas regiones de Bélgica y Suiza)[4][5]​y por extensión a los pueblos de otros continentes que comparten dicha herencia cultural. En el caso del continente americano, las regiones que estuvieron bajo el dominio colonial de España, Portugal y Francia son aquellas en las cuales se instaló esta cultura latina, mestizándose con influencias indígenas y del África subsahariana.[6]​ Tras la independencia, las corrientes migratorias de los siglos XIX y XX aportaron millones de inmigrantes españoles, portugueses e italianos que sumaron más elementos al carácter latino (en especial en Argentina, Uruguay y Brasil). No obstante, hubo también un importante movimiento migratorio de individuos portadores de otras culturas europeas, asiáticas o africanas.[cita requerida]

A partir de lo reseñado, se puede establecer que la identidad cultural de América Latina está compuesta por diversas procedencias: indígena, ibérica y subsahariana en su origen, a la cual se sumaron europeos (tanto latinos como del ámbito germánico, céltico, eslavo y anglosajón) junto con influencias del mundo árabe, en especial el Levante, Asia Oriental, con China y Japón de manera predominante.[cita requerida]

La raza de la América Latina,
al frente tiene la sajona raza,
enemiga mortal que ya amenaza
su libertad destruir y su pendón.

El concepto de una América culturalmente «latina» por oposición a otra América «anglosajona» fue introducido por el político y economista francés Michel Chevalier en Cartas sobre América del Norte,[7]​ un libro que publicó en 1836 tras viajar por los Estados Unidos, México y Cuba, aunque sin usar la expresión «América Latina». Los hispanoamericanos comenzaron a utilizar el adjetivo «latino» en el mismo sentido a comienzos de la década de 1850, prefiriéndolo al más acotado adjetivo «hispano»[8]​ debido a la connotación colonialista que este término tenía para los americanos de la época.

El primer autor que combinó las palabras "América" y "Latina" en un mismo término fue el filósofo y político chileno Francisco Bilbao, el 22 de junio de 1856, en una conferencia en París en la que leyó su texto «Iniciativa de la América: Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas». En el texto propone la creación de una confederación de repúblicas de la región como alternativa para buscar un modelo de desarrollo que tenga en cuenta las características propias de su población y su geografía, además de poder hacer frente a proyectos imperialistas foráneos.[9]​ Un año más tarde, el escritor colombiano José María Torres Caicedo también usó el término en el poema «Las dos Américas», publicado en la revista El Correo de Ultramar, de París, el 15 de febrero de 1857, donde afirma que los países de la región debían unirse en un frente común para preservar su territorio y de su modelo democrático.[10]

En ese sentido, resulta importante destacar que la expresión "América Latina" nace como término específico para diferenciar una región del mundo ubicada en América que ha sido frecuentemente objeto de proyectos expansionistas y coloniales estadounidenses y europeos, por lo que es preciso tener los eventos históricos específicos que Bilbao y Torres Caicedo mencionan para entender la genésis del término. No en vano los historiadores que rastrearon los primeros usos del término "América Latina", el uruguayo Arturo Ardao y el chileno Miguel Rojas Mix, afirmaron que desde su origen mismo la expresión "Latinoamérica" ha tenido connotaciones anti-imperialistas y anti-colonialistas.[11]​ Entre otros eventos históricos contemporáneos a los autores que tanto Bilbao como Torres Caicedo mencionan como argumento central de sus propuestas, el más evidente y recurrente en ambas obras es la Intervención estadounidense en México, donde este último país perdió más de la tercera parte de su territorio. Ambos autores también hablan del peligro de perder el istmo de Panamá. Torres Caicedo también hace mención expresa de la invasión de Nicaragua, donde el filibustero estadounidense William Walker trató de crear una colonia de habla inglesa y reinstaurar la esclavitud, abolida hacía ya tres décadas en ese país. Seis años después de "Iniciativa de la América", Bilbao continuaría además con su proyecto anti-colonialista al escribir La América en peligro (1862),[12]​ donde se opuso tajantemente a la invasión francesa de México. En ese sentido, Miguel Rojas Mix afirma que "Bilbao no solo antecede a otros pensadores en la utilización de la expresión 'América latina', también es precursor en la significación que este concepto va a adquirir más tarde en el lenguaje de las izquierdas latinoamericanas. En él, el concepto se acuña en un pensamiento anticolonialista, antiimperialista y de un proyecto de sociedad socialista".[13]

Como derivación de la expresión «América Latina», se ha extendido mundialmente el uso del término «latino» (una abreviación del término "latinoamericano" aceptada como adjetivo y sustantivo por el Diccionario de la lengua española de la ASALE y la RAE)[14]​ para referirse a personas o pertenencias de la región con una apelación específica que, a diferencia de "hispanoamericano", también incluye a los habitantes de Brasil y Haití, donde se hablan otras lenguas romances y habita la tercera parte de la población de América Latina.

La expresión América Latina o Latinoamérica tiene varios usos y connotaciones divergentes:[15]

Las expresiones Latinoamérica y América Latina, a pesar de ser comúnmente aceptados por la población de los países a los que se refiere, tienen sus detractores, en especial entre los grupos hispanistas, indigenistas y antirracistas: los primeros por dar prioridad a la influencia española y los dos últimos por considerar que se trata de un término eurocentrista impuesto por los colonizadores, ya que jamás podrían considerarse de origen latino ni los indígenas, ni los afroamericanos, decisivos cuantitativa y cualitativamente en la composición de la población.[18]​ Incluso en muchos casos los indígenas no hablan idiomas europeos. Como concesión ante estas críticas, en la actualidad se utilizan otras palabras como Hemisferio, Hemisferio Occidental o las Américas, en plural. También se cuestiona el uso del término «hemisferio», pues puede referirse a cualquier parte del mundo y también porque, como sucede con «hemisferio occidental», implica una disolución de la propia identidad americana.[cita requerida] Adicionalmente, las naciones y pueblos no latinos del Caribe consideran que la expresión «América Latina» no los abarca, porque no hablan una lengua romance.[cita requerida] De hecho, incluso autores brasileños como Nélida Piñón dudan de que el nombre abarque a su país, por no ser hispano.[19]

El uso mismo del nombre «América» ha sido históricamente controvertido. A principios del siglo XIX, el líder independentista Simón Bolívar quiso llamar a toda la región «Colombia», en honor a Cristóbal Colón.[20]​ Según el parecer del Libertador, Colón tenía más mérito que Américo Vespucio para dar nombre al continente («América» se hizo popular en Europa por las cartas geográficas de Mercator, primeros planos de América que salían de España hacia el resto de Europa). Antiguamente, se utilizaba el término «Indias Occidentales» para nombrar al continente. El subcontinente sur también era llamado «América Meridional» o «América del Mediodía». En cuanto al subcontinente norte, la Nueva España era también conocida como la «América Septentrional», México se declaró independiente con ese nombre durante el Congreso de Anáhuac en 1813.

El término latinoamericano también es criticado en cuanto a que, según muchos estudiosos, parece integrar de manera forzada a las colonias francesas que en poco se parecen histórica y culturalmente al resto de las regiones hispanoamericanas, debido a la política de Napoleón III durante la segunda intervención francesa en México (1862–1867), que según él justificaba el establecimiento de un "Imperio Latinoamericano" bajo la influencia francesa.[21]​ El escritor mexicano Carlos Fuentes, por su parte, acuñó la variante "Indo-Afro-Ibero América" en su libro Valiente mundo nuevo (1990). Sin embargo, apuntar contemporáneamente a la península ibérica (España y Portugal) como único integrador de la población de estos países americanos excluye a la gran población de inmigrantes originarios de otros países y continentes, como Europa (en particular Italia y Alemania), África y Asia (Armenia, Líbano, Oriente Medio, China, India, Japón). Una vez obtenida la independencia de España y Portugal durante el siglo XIX, nuevos grupos de inmigrantes pasaron a conformar la población de muchos de estos países y se mezclaron con los grupos de población existentes en las diferentes regiones de América. Además, hoy existe un gran número de inmigrantes en la población procedentes tanto de Canadá como de los Estados Unidos u otros países de América. No obstante toda esta población inmigrante se integra, por término general, de una forma mayoritaria en el contexto de la cultura hispanoamericana receptora.

Va cobrando fuerza en ámbitos internacionales una nueva postura teórica sobre la «América Latina», que se vincula más a aspectos antropológicos y sociológicos que al lingüístico, y parte del concepto «horizonte cultural».[20]​ Se entiende por este último al espacio geográfico y temporal en el que prevalecen pautas culturales comunes, las cuales pueden incluir la utilización de una lengua determinada. En este sentido, los partidarios de esta postura entienden que países del Caribe, Centro y Sudamérica como Jamaica, Surinam, Barbados o Belice son parte de América Latina, ya que las pautas culturales de la población de los mismos poseen similitudes con otros países iberoamericanos, diferenciándose de las prácticas de las naciones de América Anglosajona, a la que ven como otro horizonte cultural. Asimismo, la región francófona de Canadá (pese a que el francés es una lengua latina) la incluirían en la América Anglosajona, por los mismos motivos anteriormente expuestos. Entre los partidarios de esta postura encontramos a reconocidos estudiosos, como Miguel Rojas Mix, Ricardo Méndez, Pedro Cunill Grau, John Cole, Rodolfo Bertoncello, Diego M. Ríos y Andrea Salleras.

El término «Latinoamérica» tiene un sentido de supra-nacionalidad respecto de los estados-nación. Dicho sentido supra-nacional confluye en diferentes iniciativas comunes que tienden a la formación de organismos políticos que lo articulen, como la Comunidad Sudamericana de Naciones actualmente constituida en UNASUR/UNASUL y en pleno proceso de aprobación a nivel de tratado por los congresos respectivos. La Unidad Latinoamericana es un concepto político-cultural extendido por América Latina anterior a los tiempos de la independencia, y que debe ser distinguido claramente del panamericanismo. Partidos políticos, sectores sociales, intelectuales y artistas de las más diversas extracciones han expresado reiteradamente su adhesión a las más diversas formas de unidad latinoamericana, desde organizaciones supranacionales como la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) hasta instancias de coordinación política como la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPAL), culturales como la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL) o sectoriales que adoptan la forma de uniones latinoamericanas.

Las similitudes históricas y culturales de los pueblos latinoamericanos han llevado a crear la idea de América Latina como una patria grande común.[22]​ El plan de regularización de inmigrantes procedentes de países fronterizos iniciado por Argentina en 2006 lleva el nombre, precisamente, de Patria Grande.[23][24]

Derivado de la idea genérica de unidad latinoamericana se han desarrollado proyectos e instancias políticas de integración de las naciones latinoamericanas. Estos proyectos han tomado cuerpo principalmente en la ALADI, pero también en diversos proyectos de integración física, logística y cultural y se han expresado en un cuerpo teórico particular acerca del proceso de integración. En el marco de la integración latinoamericana se han desarrollado también experiencias más o menos exitosas de integración subregional, como el Mercosur, la Comunidad Andina, o el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), que ha llevado a la teoría de la integración latinoamericana a sostener distintos modelos de interrelación entre los procesos de integración subregional, latinoamericano y continental. En Norteamérica, México es el único miembro latinoamericano del TLCAN y es observador en las 3 principales agrupaciones latinoamericanas de Centro y Sudamérica.

Países:

Se mencionan además los territorios que harían parte de América Latina según la connotación literal del término (territorios donde se hablan lenguas romances): las provincias de Quebec y Nuevo Brunswick en Canadá; los estados de Luisiana, Florida, California, Texas, Arizona y Nuevo México en Estados Unidos más Puerto Rico una de las dependencias estadounidenses; y los territorios franceses de Guyana Francesa, Clipperton, Guadalupe, Martinica, San Bartolomé, San Martín y San Pedro y Miquelón.

Dependencias:

Cabe destacar que ciertas regiones latinoamericanas dependen de ciertos países.

Uno de ellos es Puerto Rico desde 1898, que tras una guerra entre España y Estados Unidos pasó a depender de este país norteamericano. Pues este país no logró encontrar su independencia, como lo habían logrado Cuba y Filipinas, que también pertenecieron a la soberanía española y que pasó también al dominio de los Estados Unidos. Puerto Rico es una isla hispanohablante. Jurídicamente es bilingüe, en el sentido de que tanto el español como el inglés son idiomas oficiales, siendo el español el idioma vernáculo hablado por la totalidad de la población. El inglés se enseña como segunda lengua, aunque menos de un 5 % de la población es totalmente bilingüe.

El 23 de julio de 1965, los puertorriqueños acudieron a las urnas a votar por las opciones presentadas por los movimientos estadolibristas, estadistas e independentistas, solo el 0.6 % de los votos fue para los independentistas. La reafirmación del Estado Libre Asociado establecido por común acuerdo bajo los términos de la Ley 600 de 1950 y la Resolución Conjunta 447 de 1952 del Congreso de Estados Unidos como comunidad autónoma permanentemente asociada a Estados Unidos de América gana por un 60.4 % de los votos. Mientras que un 39 % vota para solicitar del Congreso de Estados Unidos de América la admisión de Puerto Rico en la unión americana como estado federado.

Sin embargo, el Partido Independentista Puertorriqueño promueve la independencia completa de la isla. Aunque en cuanto la independencia entró en agenda de la ONU y se concluyó que solo dependerá de los ciudadanos la independencia de la isla o no del país.

La Guayana Francesa, Guadalupe y Martinica no son colonias de Francia, sino que forman parte de Francia, como departamentos de ultramar (DOM, Départements d'outremer). En cambio, las áreas insulares de Saint-Pierre y Miquelon, San Bartolomé y San Martín, son colectividades de ultramar (Collectivités d'outremer) de Francia.

En el caso de la Guayana Francesa, algunos intelectuales miembros de la Unasur, conocidos como la emancipación socialismo del siglo XXI han tenido algunas ideas aspiracionistas para que este territorio pueda lograr su total y completa independencia. Según el pensamiento es completar una América del Sur, sobre una plena soberanía propia de este departamento ultramarítimo algo similar como ocurre en Nueva Caledonia en Oceanía.[27]

La idea de «América Latina» apareció en el siglo XIX y presupone que la región debe definirse a partir de categorías europeas, en particular "lo latino". Por lo tanto, en rigor, no puede haber una historia de América Latina anterior al 12 de octubre de 1492. Adicionalmente y debido a la naturaleza étnico-geográfica de la noción, tanto las culturas indígenas como afroamericanas no están incluidas en el concepto. Finalmente, desde 1492 hasta el presente, la presencia latina en el continente ha ido cambiando geográficamente y continúa cambiando, de modo tal que territorios que hace unos siglos pertenecían a América Latina, hoy ya no pertenecen y viceversa.

Pedra Furada, en Brasil, yacimiento arqueológico de entre 12.000 a 32.000 años de antigüedad.

Pintura rupestre en Cueva de las Manos, Argentina, fechadas en el 7350 a.e.c.

Machu Picchu, en Perú, ícono de la arquitectura del imperio incaico.

Tikal, en Guatemala, una de las principales urbes del imperio maya.

Tenochtitlán, capital del imperio azteca.

En la América precolombina se desarrollaron cientos de culturas y decenas de civilizaciones originales a lo largo de todo el continente. Las consideradas altas culturas precolombinas surgieron en Mesoamérica y los Andes. De norte a sur podemos nombrar las culturas Mexica, Tolteca, Teotihuacana, Zapoteca, Olmeca, Maya, Muisca, Cañaris, Moche, Nazca, Chimú, Inca y Tiahuanaco entre otras. Todas ellas elaboraron complejos sistemas de organización política y social y son notables por sus tradiciones artísticas y sus religiones.

En el resto del continente el desarrollo cultural no fue menos importante, desarrollándose avanzados sistemas de gestión ambiental como en el Amazonas, en Beni e incluso en una de las primeras sociedades democráticas constitucionales como Haudenosaunee.[28]

En los asentamientos humanos no alcanzaron un nivel cultural tan elevado como en las civilizaciones antes señaladas, en parte por su menor densidad de población y, sobre todo, por sus actividades seminómadas (caza de varios animales, etc.). Podemos citar entre los grupos étnicos preponderantes de Norteamérica a los yaquis, seris, apaches, mohicanos, navajos, cheyennes, iroqueses, esquimales, siuxs, chichimecas, etc.

Las civilizaciones americanas descubrieron e inventaron elementos culturales muy avanzados como calendarios, complejos sistemas de mejoramiento genético como el que generó el maíz y la papa, sistemas de construcción antisísmicos, así como un dominio en el trabajo de la piedra, sistemas de gestión ambiental de amplias zonas geográficas, sistemas de riego, nuevos sistemas de escritura, nuevos sistemas políticos y sociales, una avanzada metalurgia y producción textil.

Las civilizaciones precolombinas también descubrieron la rueda, que no resultó de utilidad productiva debido en parte a las cordilleras y selvas donde se encontraban, pero fue utilizada para la fabricación de juguetes.

Otro de los elementos comunes de las culturas precolombinas que alcanzó un alto grado de desarrollo fue la edificación de templos y monumentos religiosos, siendo claros ejemplos las zonas arqueológicas de Teotihuacan, Templo Mayor, Tajín, Palenque, Tulum, Tikal, Chichén-Itzá, Monte Albán, en Mesoamérica y Caral, Chavín, Moche, Pachacámac, Cuzco, Machu Picchu y Nazca, en los Andes Centrales.

Los chavines representaron a sus dioses en grandes monolitos. Los más conocidos son el lanzón monolítico, la Estela Raimondi, la Estela de Yauya y el Obelisco Tello. Cada uno de ellos es un wanka, que en quechua significa piedra de poder y tienen un carácter eminentemente sagrado.

La edad de oro de los mayas comenzó alrededor del año 250, con las últimas dos grandes civilizaciones, las de los mexicas y los incas, emergiendo en la prominencia posteriormente a principios del siglo XIV y mediados del siglo XV, respectivamente. Hacia el final de periodo precolombino los mexicas sometían a numerosos pueblos, por ejemplo a los totonacas, a una brutal tiranía secuestrando a jóvenes para sacrificarlos o esclavizarlos, exigiéndoles altos tributos y en ocasiones abusando de las mujeres. Ello propició que muchos se unieran a los españoles a su llegada para sacudirse el yugo mexica.[29][30][31]

Numerosos pueblos precolombinos practicaban sacrificios humanos,[32][33]​ la tortura ritual e incluso canibalismo,[34]​ como entre los olmecas,[35][36][37]​teotihuacanos,[38][39]​ mayas,[40]​ toltecas,[41]​ totonacas,[42][43]​ aztecas,[42][44][45]​ mochicas, amaras, incas y otros; por ejemplo se muestra en el arte, como las cerámicas pintadas mayas que representan la extracción de corazones de niños. Con la llegada de los españoles en los siglos XV y XVI quedaron prohibidos aunque siguieron practicándose clandestinamente durante un tiempo en zonas remotas.[46]

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, en 1492.

Primer encuentro entre el militar español Hernán Cortés y el emperador mexica, Moctezuma II, en 1519.

Captura de Atahualpa, en la coquista española del imperio incaico en 1532.

Ouro Preto, fundado en 1711, asentamiento minero de extracción de oro por parte del imperio portugués en Brasil.

Imperios español y portugués en 1790.

La colonización europea de América comenzó a finales del siglo XV después de que Cristóbal Colón llegara en 1492 con el mecenazgo de la Corona de Castilla. A partir de ahí, el Imperio español, el Imperio portugués, el Imperio británico, Francia y Holanda, conquistaron, saquearon y colonizaron algunos territorios y poblaciones que ya habitaban el continente.

El Imperio español y el Imperio portugués fueron los primeros en realizar la conquista, y se asentaron principalmente en Norteamérica, Centroamérica y en el área andina de Sudamérica (imperios Azteca e Inca, respectivamente). España fue la potencia que mayor presencia colonial impuso en América. Conquistó los dos grandes imperios existentes en América en ese momento: en América del Norte llegó a apropiarse del Imperio azteca, en el actual México, estableciéndose en sus ciudades y a partir de ahí controló una gran parte de América Central.

Mientras en América del Sur el Imperio español luego de asesinar al Inca Atahualpa en Cajamarca en 1532 llegó a apropiarse del Imperio inca, en los actuales Perú, Panamá, Colombia, Ecuador, Bolivia y Chile estableciéndose en sus ciudades.

Desde la capital del Imperio inca, Cusco, Perú, los españoles conquistaron y controlaron toda la zona andina y la franja costera del Pacífico de América del Sur desde la ciudad de Panamá hasta Santiago de Chile la zona central del actual Chile. En el Caribe, dominó sobre todo Cuba, La Española, Puerto Rico, Jamaica, incluyendo a la península de Florida dentro de sus posesiones caribeñas.

Portugal se apropió de la mayor parte de la franja costera atlántica de la parte norte de América del Sur, que más tarde originaría el Estado de Brasil. Inglaterra estableció trece colonias en la franja costera atlántica norteamericana, además de algunas islas caribeñas. Francia ocupó la actual Guayana Francesa en Sudamérica (aún bajo su dominio), Luisiana en el Golfo de México, algunas islas del Caribe, y la región canadiense de Quebec. Holanda estableció colonias en América del Sur (Guayana holandesa hoy Surinam) y algunos asentamientos en islas caribeñas (Antillas Neerlandesas y Aruba).

Retrato de Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la independencia de México.

Simón Bolívar, líder de la emancipación en el norte sudamericano.

José de San Martín, líder de la emancipación en el sur sudamericano.

Pedro I de Brasil, proclamó la independencia brasileña en 1822.

Fechas de independencia de los distintos países latinoamericanos.

La mayor parte de las poblaciones bajo dominio europeo de América Latina lograron independizarse de España, Portugal y Francia en el curso del siglo XIX, siguiendo el movimiento independentista anticolonial que se originó en los Estados Unidos en 1776. En 1805 Haití se independizó de Francia; en 1809 y 1810 comenzaron las guerras independentistas en los territorios de ultramar españoles; en tanto que Brasil obtuvo su independencia de manera relativamente pacífica creando una monarquía soberana en 1821.

Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas en una operación conjunta contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.[47]

Los movimientos independentistas de la América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 mientras que la élite limeña se dividió en 1808 por un lado temiendo perder con la independencia el monopolio comercial vía el puerto del Callao, de América del Sur con Europa y por el otro acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio y por estos motivos se opuso firmemente a la revolución de Independencia del Perú en 1820 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró a el movimiento del libertador argentino Don José de San Martín».[48]

La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre la España europea y los territorios americanos se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos virreinales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles.

La independencia de América del Sur logra consolidarse luego de la derrota del Imperio español en la batalla de Ayacucho, Perú en 1824. La batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809–1826) y significó el final definitivo del dominio virreinal español en América del Sur. La batalla se desarrolló en la actual Pampa de la Quinua en la Región Ayacucho,[49]Perú, el 9 de diciembre de 1824. La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú.

Luego de la Batalla de Ayacucho algunos gobiernos independientes debieron enfrentar guerrillas realistas, por ejemplo en 1823–1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.

Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo, España solo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española.[50][51][52][53]

Después de la batalla de Ayacucho en 1824 no hubo otra operación militar española en las Américas por espacio de 40 años hasta 1863, cuando España intentó reimplantar el dominio de ultramar en la República Dominicana por medio de la Guerra de la Restauración, que terminó con una nueva derrota del Imperio español en 1865.

Casi simultáneamente, en 1864, España ocupó militarmente las Islas Chincha en el mar peruano, de gran importancia por su riqueza en guano, desatando la llamada Guerra contra España en el Perú, Guerra hispano-sudamericana en Chile y Guerra del Pacífico en España, conflicto bélico que se desarrolló principalmente en las costas peruanas y chilenas, en el que se enfrentaron la Armada de España, contra las repúblicas americanas de Chile y Perú, principalmente, y Bolivia y Ecuador, secundariamente —ya que estos dos últimos países no participaron militarmente de manera activa en la contienda—. Las hostilidades terminaron en 1866 y se logró un armisticio en 1871. Los tratados de paz se firmaron de forma bilateral entre cada país sudamericano y España en 1879 (Perú y Bolivia), 1883 (Chile) y 1885 (Ecuador).

En 1868 Cuba inició su primera guerra de independencia, que resultó derrotada en 1878. Finalmente en 1895 se produjo la Guerra de Independencia cubana o Guerra del 95, logrando instalar el primer gobierno independiente en 1898. Ya avanzado el conflicto independentista, Estados Unidos decidió intervenir a través de lo que se conoce como Guerra hispano-estadounidense, que le permitió desplazar a España de sus territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ocupándolos militarmente en 1899. En 1902 se establece la República de Cuba, pero incluyendo en la constitución la Enmienda Platt, que facultaba a Estados Unidos a intervenir militar y políticamente a Cuba. Estados Unidos mantuvo un sector de la isla de Cuba, Guantánamo, como posesión hasta el presente.

A principios de siglo, Estados Unidos continuó su actitud intervencionista, la cual estaba directamente dirigida a defender sus intereses en la región. Esta actitud era oficialmente articulada a través de la conocida como doctrina de Palo Grande de Theodore Roosevelt, que modificaba la antigua Doctrina Monroe, la cual sencillamente pretendía disuadir la intervención europea en el hemisferio. A la conclusión de la Guerra hispano-americana, el nuevo gobierno de Cuba y Estados Unidos firmaron la Enmienda Platt de 1902, la cual autorizaba a Estados Unidos a intervenir en asuntos cubanos cuando lo considerase necesario. En Colombia, Estados Unidos buscó la concesión de la territorio en Panamá para construir un gran canal a través del istmo. El gobierno colombiano se opuso al plan, pero una insurrección panameña proporcionó a Estados Unidos con una oportunidad. En las primeras décadas del siglo, hubo varias incursiones militares en América Central y el Caribe, por la defensa de intereses comerciales, las cuales se denominaron como las "Guerras bananeras".

Argentina fue el país con el PIB per cápita más alto del mundo en 1895 y 1896. Uruguay lo fue en 1902.

Inmigrantes europeos desembarcando en Argentina, a fines del siglo XIX.

Convención de Aguascalientes, tras la revolución mexicana, en 1914.

Revolucionarios a caballo en 1959, tras la revolución cubana.

Bombardeo del Palacio de La Moneda, Santiago de Chile, en 1973.

Con la obtención de sus independencias y la consolidación de sus estructuras republicanas, los países latinoamericanos se volcaron a la apertura económica y social con el resto del mundo, al no estar ya sujetos a un monopolio colonialista. Se contempló así por un lado el aprovechamiento de los recursos y ventajas comparativas que poseía la región desde la época colonial, y su atractivo para las economías de otros continentes, considerando también y como novedad, la captación de inversiones de capital privado internacional. Ello trajo por un lado una incipiente mejora económica, pero a la vez la replicación del modelo económico de provisión de materias primas. En este contexto, y dada la prosperidad económica, a pesar de la importante desigualdad que arrastraba la región, se produjo una atracción masiva de inmigrantes económicos europeos, que buscaban mejores oportunidades fuera de la sobrepoblada Europa, y que se acentuó tras la primera y segunda guerra mundial, debido al conflicto bélico en dicho continente, y la neutralidad de facto de los países latinoamericanos en tales conflictos.

Las guerras mundiales también trajeron consigo nuevas formas de pensamiento en el ámbito ideológico, político y económico, que se cristalizaron en el plano internacional en el período conocido como guerra fría, que enfrentó al capitalismo con el comunismo. Este nuevo panorama favoreció cierta inestabilidad al interior de los países latinoamericanos, produciéndose revueltas, revoluciones y golpes de Estado en favor de uno u otro bando. Un precedente de esto ocurrió en 1908, con la revolución mexicana, cuando el presidente Porfirio Díaz prometió abandonar la presidencia y el empresario Francisco I. Madero lanzó una campaña presidencial en 1910. Díaz cambió su elección e, impidiendo una revolución socialista, arresta a Madero el mismo día de la elección y el propio Díaz es declarado ganador. Estos acontecimientos provocaron revueltas, las cuales marcaron el inicio de la revolución mexicana. El ejemplo por antonomasia fue la revolución cubana, de corte comunista, y en consecuencia, la crisis de los misiles en Cuba, un punto de alta tensión entre ambos bloques en el panorama mundial de la guerra fría, y que pudo haber ocasionado una tercera guerra mundial. De igual manera se sucedieron una serie de gobiernos autoritarios y regímenes militares a lo largo del continente, hasta el fin de la guerra fría a nivel mundial, tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1991, y que coincide en América Latina con el fin del gobierno militar de Augusto Pinochet en Chile, en 1990.

Reunión de mandatarios de Mercosur en 2012.

Reunión de mandatarios de la Alianza del Pacífico en 2012.

Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula Da Silva, presidentes del giro regional hacia la izquierda.

Sebastián Piñera y Mauricio Macri, presidentes del giro regional hacia la derecha.

Crisis migratoria venezolana.

Con el fin de la guerra fría el mundo se abrió a una época de importantes cambios en el plano internacional, favoreciendo la integración económica y cultural a través de la globalización y el avance de las telecomunicaciones. En América Latina se constituyen bloques político-económicos tales como Mercosur en 1991, Unasur en 2006, la Celac en 2010 y la Alianza del Pacífico en 2011, que se unieron a los antecedentales Sela (1975) y Aladi (1980). Como un remanente de la guerra fría regional, en esta época surge el socialismo del siglo XXI, principalmente impulsado por el gobierno de Hugo Chávez desde Venezuela, e influenciado por Cuba, y que tuvo principalmente acogida en países como Ecuador, en el gobierno de Rafael Correa, y Bolivia, con el gobierno de Evo Morales, entre otros, enmarcado en el giro temprano de la política latinoamericana hacia la izquierda, hasta su debilitamiento a partir de 2015, con la crisis migratoria bolivariana, y el contra giro político regional hacia la derecha.

Las economías de Latinoamérica marcan una notoria diversidad en lo que se refiere a las políticas económicas existentes, siendo una región diversa en lo referente a lo político y económico, y así mismo inestable, por el continuo cambio de enfoque en lo que se refiere a políticas monetarias en los países de la región, lo cual ha generado constantes conflictos internos como externos con distintos desenlaces en la historia latinoamericana.

En la actualidad, podemos reconocer 3 tipos de sistemas económicos en Latinoamérica, que si bien pueden mantener contenidos generales y mantener espectros de simbiosis, sus economías siguen una línea predeterminada, en esto reconocemos los netamente capitalistas, economías abiertas, los cuales se basan en el modelo del libre mercado y tratados de libre comercio.

Estos países son Perú, Chile, México y Colombia, países fundadores de la Alianza del Pacífico así como Panamá y Costa Rica, que siguen los modelos económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea.

Mientras que por otro lado, existen los países que si bien, sostienen una estructura de apertura al mundo, son claramente proteccionistas, modelos más enfocados a la Economía social de mercado o de economías mixtas en diferentes magnitudes, el caso de Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador, Bolivia y Paraguay.

Finalmente existen aquellos países que sostienen economías cerradas, o con muy poca relación de libre mercado, manteniendo relaciones económicas con países exclusivos de sus bloques, con clara tendencia al modelo económico marxista, el caso de Cuba y en menor medida Venezuela y Nicaragua que a pesar de sostener modelos económicos semi-cerrados, mantienen relaciones comerciales con las potencias del capitalismo Estados Unidos y Europa. [cita requerida]

Las economías de mayor tamaño en Latinoamérica basado en el PIB PPA (poder paridad adquisitivo) están encabezadas por Brasil con 2.393.954 millones de dólares, seguido por México con 1.943.474 millones, Argentina con 964 279 millones,[54]Colombia con 733.576 millones de dólares y Venezuela con 396.848 millones de dólares,[55]​ mientras que las economías más desarrolladas en términos de PIB per cápita PPA, el líder es Chile con (19.474US$), seguido por Argentina con (18.709US$) y Panamá con (16.993US$),[56]​ mientras que las cinco naciones con mejor IDH según la PNUD ONU en su último informe de índice de desarrollo humano son Chile (0,843), Argentina (0,825), Uruguay (0,804), Costa Rica (0,793) y Panamá (0,789).[57]

El 1 de julio de 2013, el Banco Mundial catalogó a las economías de Chile y Uruguay como economías de ingresos altos siendo la primera vez en la historia de América Latina donde países de la región comparten ese estatus, el Banco Mundial agrupa a los países en base al PIB per Cápita Método Athlas del 2013.[58]

Naranja en Sao Paulo. En 2018 Brasil fue el mayor productor mundial, y América Latina abarcó el 30% de la producción global de esta fruta.

Industria agrícola de soja en Paraguay. La soya es principalmente cultivada en las cuencas del Paraná y Río de La Plata.

Valle de Colchagua, Chile. El cultivo de vid es importante para la producción de vinos, piscos y espumantes. Es tradicional en países templados y semiáridos de la región.

Aguacates o paltas, uno de los cultivos característicos de América Latina, y tradicional en México y Centroamérica.

Plantaciones de café en Bolívar, Colombia. El café es cultivado en Centroamérica y el Cononorte de Sudamérica.

Los cuatro países con mayor agricultura en América del Sur son Brasil, Argentina, Chile y Colombia. Actualmente:

En Centroamérica, se destacan los siguientes:

México es el mayor productor mundial de aguacate, uno de los cinco principales productores mundiales de pimiento, limón, naranja, mango, papaya, fresa, pomelo, calabaza y espárragos, y uno de los 10 productores más grandes del mundo de caña de azúcar, maíz, sorgo, frijol, tomate, coco, piña, melón y arándano.[60]

Botes pesqueros en Perú. La pesca es un rubro importante en la costa Pacífico.

Ganadería de vacuno en Argentina, 1903. La ganadería de vacuno tiene una larga tradición en la cuenca del Río de La Plata.

Argentina, México y Brasil están entre los diez países que más miel producen en el mundo.

Camión de una empresa cárnica en Brasil. América Latina produce el 25% de la carne de res y pollo del mundo.

Acuicultura del salmón en Chiloé, Chile.

Brasil es el mayor exportador mundial de carne de pollo: 3,77 millones de toneladas en 2019.[61][62]​ El país es el poseedor del segundo rebaño de ganado más grande del mundo, el 22,2% del rebaño mundial. El país fue el segundo mayor productor de carne de res en 2019, responsable del 15,4% de la producción mundial.[63]​ También fue el tercer mayor productor de leche del mundo en 2018. Este año, el país produjo 35,1 mil millones de litros.[64]​ En 2019, Brasil fue el 4º productor de carne de cerdo del mundo, con casi 4 millones de toneladas.[65]

En 2018, Argentina fue el cuarto productor mundial de carne de vacuno, con una producción de 3 millones de toneladas (solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y China). Uruguay también es un importante productor de carne. En 2018, produjo 589 mil toneladas de carne vacuna.[66]

En la producción de carne de pollo, México se encuentra entre los 10 mayores productores del mundo, Argentina entre los 15 más grandes y Perú y Colombia entre los 20 más grandes. En la producción de carne de res, México es uno de los 10 mayores productores del mundo y Colombia es uno de los 20 mayores productores. En la producción de carne de cerdo, México se encuentra entre los 15 mayores productores del mundo. En la producción de miel, Argentina se encuentra entre los 5 mayores productores del mundo, México entre los 10 más grandes y Brasil entre los 15 más grandes. En términos de producción de leche de vaca, México se encuentra entre los 15 mayores productores del mundo y Argentina entre los 20.[67]

México es el primer productor mundial de plata.

Chile es el primer productor mundial de cobre.

Perú es el segundo productor mundial de cobre, de plata y de zinc.

La Puna de Atacama entre Argentina, Bolivia y Chile, concentra el 85% de las reservas mundiales de litio.

México, Chile y Brasil están entre los diez países productores de sal en el mundo.

Chile es el mayor productor mundial de cobre, aporta alrededor de un tercio de la producción global de este metal. En 2018, Perú fue el segundo productor mundial de plata y cobre y el sexto productor de oro (los 3 metales que generan más valor), además de 'ser el tercer productor mundial de zinc y estaño y el cuarto de plomo. Brasil es el segundo exportador mundial de mineral de hierro, tiene el 98% de las reservas conocidas de niobio en el mundo y es uno de los 5 mayores productores mundiales de bauxita, manganeso y estaño. Bolivia es el quinto productor de estaño, el séptimo productor de plata y el octavo productor de zinc en el mundo.[68][69]

México es el mayor productor de plata en el mundo, representa casi el 23% de la producción mundial, produciendo más de 200 millones de onzas en 2019. También tiene importantes minas de cobre y zinc y produce una cantidad significativa de oro.[70]

En cuanto a las piedras preciosas, Brasil es el mayor productor mundial de amatista, topacio, ágata y uno de los principales productores de turmalina, esmeralda, aguamarina, granate y ópalo. También hay producción de amatista en Uruguay y Bolivia. En la producción de esmeralda, Colombia es el mayor productor mundial. Guyana es un productor considerable de diamante.[71][72][73][74][75][76]

Refinería de petróleo en Amuay, Venezuela. Este país es miembro de OPEP desde 1960.

Sede central de Ecopetrol, empresa petrolera de Colombia.

Estación de combustibles de Petroecuador, empresa petrolera de Ecuador. Este país ha sido miembro fluctuante de OPEP por 32 años.

Petrobras, principal empresa petrolera de Brasil.

Refinería de Tula, de la empresa mexicana Pemex.

En la producción de petróleo, Brasil fue el décimo productor de petróleo más grande del mundo en 2019, con 2.8 millones de barriles / día. México fue el duodécimo más grande, con 2.1 millones de barriles / día, Venezuela fue el vigésimo primer lugar, con 877 mil barriles / día, Colombia en el puesto 22 con 886 mil barriles / día, Ecuador en el 28 con 531 mil barriles / día y Argentina. 29 con 507 mil barriles / día. Como Venezuela y Ecuador consumen poco petróleo y exportan la mayor parte de su producción, forman parte de OPEP. Venezuela tuvo una gran caída en la producción después de 2015 (donde produjo 2,5 millones de barriles / día), cayendo en 2016 a 2,2 millones, en 2017 a 2 millones, en 2018 a 1,4 millones y en 2019 a 877 mil, por falta de inversiones.[77]

En la producción de gas natural, en 2018, Argentina produjo 1524 bcf (miles de millones de pies cúbicos), México produjo 999, Venezuela 946, Brasil 877, Bolivia 617, Perú 451, Colombia 379.[78]

El gobierno brasileño ha emprendido un ambicioso programa para reducir la dependencia del petróleo importado. Las importaciones anteriormente representaban más del 70% de las necesidades de petróleo del país, pero Brasil se volvió autosuficiente en petróleo en 2006–2007. Brasil fue el décimo mayor productor de petróleo del mundo en 2019, con 2,8 millones de barriles/día. La producción logra abastecer la demanda del país. A principios de 2020, en la producción de petróleo y gas natural, el país superó por primera vez los 4 millones de barriles de petróleo equivalente por día. En enero de este año se extrajeron 3,168 millones de barriles de petróleo por día y 138,753 millones de metros cúbicos de gas natural.[79][80]

Represa de Itaipu, obra hidroeléctrica compartida entre Paraguay y Brasil.

Planta fotovoltaica en Copiapó, Chile.

Energía eólica en Parnaíba, Brasil.

Sala de control de la Central Nuclear Atucha, Argentina.

Complejo solar Pirapora, en Brasil.

Brasil es uno de los principales productores mundiales de energía hidroeléctrica. En 2019, Brasil tenía 217 centrales hidroeléctricas en operación, con una capacidad instalada de 98.581 MW, el 60,16% de la generación energética del país. En la generación total de electricidad, en 2019 Brasil alcanzó los 170.000 MW de capacidad instalada, más del 75% de fuentes renovables (la mayoría, hidroeléctricas).[81][82]

En 2013, la Región Sudeste utilizó alrededor del 50% de la carga del Sistema Integrado Nacional (SIN), siendo la principal región consumidora de energía del país. La capacidad instalada de generación de electricidad de la región totalizó casi 42.500 MW, lo que representó alrededor de un tercio de la capacidad de generación de Brasil. La generación hidroeléctrica representó el 58% de la capacidad instalada de la región, correspondiendo el 42% restante básicamente a la generación termoeléctrica. São Paulo representó el 40% de esta capacidad; Minas Gerais en aproximadamente un 25%; Río de Janeiro en 13,3%; y Espírito Santo representó el resto. La Región Sur es propietaria de la Represa de Itaipu, que fue la mayor central hidroeléctrica del mundo durante varios años, hasta la inauguración de la Represa de las Tres Gargantas en China. Sigue siendo la segunda hidroeléctrica en funcionamiento más grande del mundo. Brasil es copropietario de la Planta de Itaipu con Paraguay: la presa está ubicada en el Río Paraná, ubicado en la frontera entre países. Tiene una capacidad de generación instalada de 14 GW para 20 unidades generadoras de 700 MW cada uno. Región Norte tiene grandes centrales hidroeléctricas, como Represa de Belo Monte y Represa de Tucuruí, que producen gran parte de la energía nacional. El potencial hidroeléctrico de Brasil aún no se ha explotado por completo, por lo que el país aún tiene la capacidad para construir varias plantas de energía renovable en su territorio.[83][84]

En 2019, se estimó que el país tenía un potencial de generación estimado energía eólica de alrededor de 522 GW (esto, solo en tierra), energía suficiente para satisfacer tres veces la demanda actual del país. A febrero de 2021, según ONS, la capacidad instalada total fue de 19,1 GW, con un factor de capacidad promedio del 58%.[85]​ Si bien el factor de capacidad de producción eólica promedio mundial es del 24,7%, hay áreas en el norte de Brasil, especialmente en el estado de Bahía, donde algunos parques eólicos registran un factor de capacidad promedio superior al 60%; el factor de capacidad promedio en la Región Nordeste es de 45% en la costa y 49% en el interior. En 2019, la energía eólica representó el 9% de la energía generada en el país.[86][87][88]​ En 2020 Brasil fue el octavo país del mundo en términos de potencia eólica instalada (17,2 GW). [89]

La energía nuclear representa alrededor del 4% de la electricidad de Brasil. El monopolio de la generación de energía nuclear es propiedad de Eletronuclear (Eletrobrás Eletronuclear S / A), una subsidiaria de propiedad total de Eletrobrás. La energía nuclear es producida por dos reactores en Angra. Está ubicado en la Central Nuclear Almirante Álvaro Alberto (CNAAA) en la Praia de Itaorna en Angra dos Reis, Río de Janeiro. Consta de dos reactores de agua a presión, Angra I, con una capacidad de 657 MW, conectado a la red eléctrica en 1982, y Angra II, con una capacidad de 1.350 MW, conectado en 2000. Un tercer reactor, Angra III, con un se espera que sea de 1.350 MW, debería estar terminado.[90][91]

A febrero de 2021, según ONS, la capacidad instalada total de energía solar fotovoltaica era de 8,5 GW, con un factor de capacidad promedio del 23%.[92]​ Algunos de los estados brasileños más irradiados son MG (Minas Gerais), BA (Bahía) y GO (Goiás), que en realidad tienen récords mundiales de irradiación. En 2019, la energía solar representó el 1,27% de la energía generada en el país.[93][94]​ En 2020, Brasil fue el decimocuarto país del mundo en términos de energía solar instalada (7,8 GW). [95]

Según el BID, los ingresos provenientes del turismo internacional son una importante fuente de divisas para varios de los países de América Latina, y representa un porcentaje importante del PIB y de las exportaciones de bienes y servicios, así como una importante fuente de empleo.[96]

En la lista de destinos turísticos mundiales, en 2018, México fue el séptimo país más visitado del mundo, con 41.4 millones de turistas internacionales (y ingresos de U $ 22.5 mil millones),[97][98]​ una buena parte de los cuales por frontera con los Estados Unidos. Argentina fue el 47º país más visitado, con 6,9 millones de turistas (y ingresos de U $ 5.5 mil millones); Brasil fue el 48º más visitado con 6,6 millones de turistas (y ingresos de U $ 5.9 mil millones); República Dominicana en el puesto 49 con 6.5 millones de turistas (y ingresos de U $ 7.5 mil millones); Chile en el puesto 53 con 5,7 millones de turistas (y ingresos de U $ 2.9 mil millones); Perú en el puesto 60 con 4,4 millones de turistas (y ingresos de U $ 3.9 mil millones); Colombia 65º con 3,8 millones de turistas (y ingresos de U $ 5.5 mil millones); Uruguay 69º con 3,4 millones de turistas (y ingresos de U $ 2.3 mil millones); Costa Rica 74º con 3 millones de turistas (y ingresos de U $ 3.9 mil millones). Tenga en cuenta que la cantidad de turistas no siempre refleja la cantidad monetaria que obtiene el país del turismo. Algunos países realizan turismo de nivel superior, obteniendo más beneficios. El turismo en América del Sur aún está poco evolucionado: en Europa, por ejemplo, los países obtienen valores turísticos anuales como U $ 73,7 mil millones (España), recibiendo 82,7 millones de turistas, o U $ 67,3 mil millones (Francia) recibiendo 89,4 millones de turistas. Mientras que Europa recibió 710 millones de turistas en 2018, Asia 347 millones y América del Norte 142,2 millones, América del Sur recibió solo 37 millones, Centroamérica 10,8 millones y el Caribe 25,7 millones.[99]

Según la evaluación realizada por el Foro Económico Mundial (FEM) varios de los países de América Latina todavía presentan deficiencias en las áreas de infraestructura y el marco jurídico, pero son muy competitivas en los aspectos relativos a recursos culturales y naturales, factores por los que resulta atractivo realizar inversiones o desarrollar negocios en el sector de viajes y turismo de los países de la región.[100]

La mayoría de las naciones latinoamericanas utilizan sus recursos naturales y la buena hospitalidad para atraer a los turistas. También cuentan con políticas de visas internacionales muy abiertas. Los países de la región conocen de la importancia del turismo en la creación de empleo (10 % del PIB mundial) y muchos apoyan activamente al sector turístico. Al mismo tiempo, la región comparte algunas áreas de desarrollo, como la infraestructura terrestre y la oportunidad de valorar mejor los recursos culturales. Los siguientes son los 10 países latinoamericanos más competitivos para el turismo internacional: México es el país mejor clasificado de la región, seguido de Brasil, Panamá, Costa Rica, Chile, Argentina, Perú, Ecuador, Barbados y Colombia.[101]

A continuación se resumen las principales estadísticas sobre el turismo internacional de los 20 países de América Latina, incluyendo los indicadores que reflejan la importancia que esta actividad tiene para sus economías y el índice de competitividad turística de cada país.

Embraer, empresa industrial de fabricación aeronáutica brasileña.

Fábrica de microprocesadores de la estadounidense Intel en Costa Rica.

Láminas de acero fabricadas por Techint, de Argentina, una de las principales empresas del rubro a nivel mundial.

Sede central del Grupo Bimbo, empresa mexicana fabricante de productos alimenticios procesados.

México y Brasil se encuentran entre los 10 mayores productores de vehículos del mundo, y Argentina entre los 30 más grandes.

El Banco Mundial hace anualmente una lista de los principales países fabricantes por el valor total de la fabricación. Según la lista de 2019, México tendría la duodécima industria más valiosa del mundo (U $ 217.8 mil millones), Brasil tiene la decimotercera más grande (U $ 173.6 mil millones), Venezuela la trigésima más grande (U $ 58.200 millones, sin embargo, que dependen del petróleo para obtener este valor), Argentina el 31 más grande (U $ 57,7 mil millones), Colombia el 46 más grande (U $ 35,4 mil millones), Perú el 50 más grande (U $ 28,7 mil millones) y Chile el 51 más grande (U $ 28,3 mil millones).[106]

En América Latina, pocos países logran proyección en la actividad industrial: Brasil, Argentina, México y, menos prominentemente, Chile. Iniciada tardíamente, la industrialización de estos países recibió un gran impulso de la Segunda Guerra Mundial: esto impidió que los países en guerra compraran los productos que estaban acostumbrados a importar y exportar lo que producían. En ese momento, beneficiándose de la abundante materia prima local, los bajos salarios pagados a la mano de obra y una cierta especialización que traen los inmigrantes, países como Brasil, México y Argentina, además de Venezuela, Chile, Colombia y Perú, pudieron implementar importantes parques industriales. En general, en estos países existen industrias que requieren poco capital y tecnología simple para su instalación, como las industrias de procesamiento de productos alimenticios y textiles. Destacan también las industrias básicas (acero, etc.), además de las industrias metalúrgica y mecánica.

Los parques industriales de Brasil, México, Argentina y Chile, sin embargo, presentan una diversidad y sofisticación mucho mayor, produciendo artículos de tecnología avanzada. En el resto de países latinoamericanos, principalmente en Centroamérica, predominan las industrias procesadoras de productos primarios para la exportación.

Las características generales de la composición industrial y productiva de las economías exportadoras de Latinoamérica son, la extracción de recursos naturales, mayoritariamente las industrias mineras y petrolíferas, manufactura y agrícola.

Brasil es el líder industrial en América Latina. En la industria alimentaria, en 2019, Brasil fue el segundo mayor exportador de alimentos procesados ​​del mundo.[107][108][109]​ En 2018, el país fue el tercer productor de cerveza más grande del mundo. [110]​ En 2016, el país fue el 2º productor de celulosa en el mundo y el 8º productor de papel.[111][112][113]​ En la Industria del calzado, en 2019, Brasil ocupó la 4a posición entre los productores mundiales.[114][115][116][117][118]​ En 2019, el país fue el 8º productor de vehículos y el 9º productor de acero del mundo.[119][120][121]​ En 2018, la industria química de Brasil fue la 8ª del mundo.[122][123][124]​ En Industria textil, Brasil, aunque estaba entre los 5 mayores productores mundiales en 2013, está muy poco integrado en el comercio mundial.[125]​ En la industria de la aviación, Brasil tiene Embraer, el tercer fabricante de aviones más grande del mundo, solo detrás de Boeing y Airbus.

En 2019, México fue el 6º productor mundial de vehículos, el 15º productor de acero, y el 4º productor de cerveza, entre otros productos industriales. Argentina fue el 31º productor mundial de acero, el 28º productor de vehículos, el 22º productor mundial de cerveza y el 4º productor mundial de aceite de soja, entre otros productos industriales. [126][127][128][129]

Los países en donde la industria agrícola es la de mayor importancia son Brasil (20%)[130][131]​ siendo el mayor productor mundial de naranja y café verde,[132]Argentina (27%)[133][134]​ y Paraguay (55%),[135]​ mientras que en Uruguay es el ganadero con un (19%) seguido del agrícola con (16%),[136]​ el único país latinoamericano en donde el sector manufacturero es la principal industria, es en México con un (37%) seguido del petróleo,[137]​ con respecto a la industria petrolífera esta es la principal en Venezuela con (63%)[138]​ de sus exportaciones, Ecuador (46%),[139]Colombia (40%)[140]​ y Bolivia con sus exportación de gas de petróleo con un (37%),[141]​ los países en donde la industria minera es la principal son Chile (51%)[142]​ siendo el mayor productor mundial de cobre,[143][144]litio[145]​ y yodo,[146][147]​ y Perú (58%).[148]​ En el caso de Panamá[149]​ y Costa Rica, éstos basan sus economías netamente en el área servicios.

Según el Banco Mundial la economía de Latinoamérica a precios de mercado (Paridad de poder adquisitivo), llega a ser la 3.ª más grande y potente a nivel mundial con 6,06 billones de dólares. Está basada mayoritariamente en una economía secundaria y/o terciaria. En los últimos años se han producido grandes avances a nivel político, económico y social, produciendo un desarrollo acelerado en prácticamente todos sus países. La región tiene acceso a créditos menor en comparación con otras regiones (30%), sin embargo, tiene un sistema financiero estable, con bancos relativamente pequeños, pero bien saneados.

La economías latinoamericanas de mayor crecimiento al 2012 fueron Panamá con un crecimiento del 10.5%, Perú, Colombia, Chile, Venezuela y Bolivia entre 6,9% a 4,0%.[150]

La crisis económica de Estados Unidos y Europa recién golpeó a Latinoamérica a finales de 2008, pues ha habido una disminución del comercio mundial y una disminución de los flujos de capital. La región se contrajo 1.9% en 2009, y registrará un alza de 4.9% en 2010, siendo una de las regiones de mayor crecimiento en el mundo. Además, varios organismos multilaterales invertirían cerca de $90 000 millones entre 2009 y 2010. Así, el Banco Mundial invertiría $35 600 millones; el BID, $29 500 millones; la Corporación Andina de Fomento, $20 000 millones, el Banco Centroamericano de Integración Económica, $4 200 millones; y el Banco de Desarrollo del Caribe, $500 millones. Los organismos multilaterales financiarán proyectos de infraestructura, programas sociales y créditos comerciales, además de apuntalar la liquidez de los bancos, entre otros usos.[151]

El transporte en América del Sur se realiza básicamente en la modalidad carretera, la más desarrollada de la región. También hay una infraestructura considerable de puertos y aeropuertos. El sector ferroviario y fluvial, aunque tiene potencial, suele ser tratado de forma secundaria.

Brasil tiene más de 1,7 millones de kilómetros de carreteras, de los cuales 215.000 km están pavimentados, y unos 14.000 km son carreteras divididas. Las dos carreteras más importantes del país son BR-101 y BR-116.[154]​ Argentina tiene más de 600.000 km de carreteras, de los cuales unos 70.000 km están pavimentados y unos 2.500 km son carreteras divididas. Las tres carreteras más importantes del país son Ruta 9, Ruta 7 y Ruta 14 .[154]​ Colombia tiene alrededor de 210.000 km de carreteras y unos 2.300 km son carreteras divididas.[155]​ Chile tiene cerca de 82.000 km de carreteras, 20.000 de las cuales están pavimentadas, y aproximadamente 2.000 km son carreteras divididas. La carretera más importante del país es la Ruta 5 (Carretera Panamericana)[156]​ Estos 4 países son los que cuentan con la mejor infraestructura vial y con el mayor número de carreteras de doble carril.

La red vial en México tiene una extensión de 366,095 km, de los cuales 116,802 km están pavimentados; De estos, 10,474 km (6,508 millas) son autopistas de varios carriles: 9,544 km (5,930 millas) son carreteras de cuatro carriles y el resto tiene 6 o más carriles.[157][158]

Debido a la Cordillera de los Andes, Río Amazonas y Selva Amazónica, siempre ha habido dificultades para implementar carreteras transcontinentales o bioceánicas. Prácticamente la única ruta que existía era la que conectaba Brasil con Buenos Aires, en Argentina y luego con Santiago, en Chile. Sin embargo, en los últimos años, con el esfuerzo conjunto de los países, han comenzado a surgir nuevas rutas, como Brasil-Perú (Carretera Interoceánica), y una nueva carretera entre Brasil, Paraguay, norte de Argentina y norte de Chile (Corredor Bioceánico).

Hay más de 2.000 aeropuertos en Brasil. El país tiene el segundo mayor número de aeropuertos del mundo, solo detrás de Estados Unidos. El Aeropuerto Internacional de São Paulo, ubicado en la Región Metropolitana de São Paulo, es el más grande y concurrido del país - el aeropuerto conecta São Paulo con prácticamente todas las principales ciudades del mundo. Brasil tiene 44 aeropuertos internacionales, como los de Río de Janeiro, Brasilia, Belo Horizonte, Porto Alegre, Florianópolis, Cuiabá, Salvador, Recife, Fortaleza, Belém y Manaus, entre otros. Argentina cuenta con importantes aeropuertos internacionales como Buenos Aires, Córdoba, Bariloche, Mendoza, Salta, Puerto Iguazú, Neuquén y Ushuaia, entre otros. Chile cuenta con importantes aeropuertos internacionales como Santiago, Antofagasta, Puerto Montt, Punta Arenas y Iquique, entre otros. Colombia cuenta con importantes aeropuertos internacionales como Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali y Barranquilla, entre otros. Perú cuenta con importantes aeropuertos internacionales como Lima, Cuzco y Arequipa. Otros aeropuertos importantes son los de las capitales de Uruguay (Montevideo), Paraguay (Asunción), Bolivia (La Paz) y Ecuador (Quito). Los 10 aeropuertos más transitados de América del Sur en 2017 fueron: São Paulo-Guarulhos (Brasil), Bogotá (Colombia), São Paulo-Congonhas (Brasil), Santiago (Chile), Lima (Perú), Brasilia (Brasil), Río de Janeiro. (Brasil), Buenos Aires-Aeroparque (Argentina), Buenos Aires-Ezeiza (Argentina) y Minas Gerais (Brasil).[159]

Hay 1,834 aeropuertos en México, el tercer mayor número de aeropuertos por país en el mundo.[160]​ Los siete aeropuertos más grandes, que absorben el 90% de los viajes aéreos, son (en orden de tráfico aéreo): Ciudad de México, Cancún, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Acapulco y Puerto Vallarta. Considerando toda América Latina, los 10 aeropuertos más transitados en 2017 fueron: Ciudad de México (México), São Paulo-Guarulhos (Brasil), Bogotá (Colombia) , Cancún (México), São Paulo-Congonhas (Brasil), Santiago (Chile), Lima (Perú), Brasilia (Brasil), Río de Janeiro (Brasil) y Tocumen (Panamá).[159]

Acerca de puertos, Brasil tiene algunos de los puertos más activos de América del Sur, como Puerto de Santos, Puerto de Río de Janeiro, Puerto de Paranaguá, Puerto de Itajaí, Puerto de Rio Grande y Puerto de Suape. Argentina tiene puertos como Puerto de Buenos Aires y Puerto de Rosario. Chile tiene importantes puertos en Valparaíso, Caldera, Mejillones, Antofagasta, Iquique, Arica y Puerto Montt. Colombia cuenta con importantes puertos como Buenaventura y Bahía de Cartagena. Perú tiene puertos importantes en Callao, Ilo y Matarani. Los 15 puertos más activos de América del Sur son: Puerto de Santos (Brasil), Puerto de Bahía de Cartagena (Colombia), Callao (Perú), Guayaquil (Ecuador), Buenos Aires (Argentina), San Antonio (Chile), Buenaventura (Colombia), Itajaí (Brasil), Valparaíso (Chile), Montevideo (Uruguay), Paranaguá (Brasil), Rio Grande (Brasil), São Francisco do Sul (Brasil), Manaus (Brasil) y Coronel (Chile).[161]

Los cuatro principales puertos marítimos que concentran alrededor del 60% del tráfico de mercancías en México son Altamira y Veracruz en el Golfo de México, y Manzanillo y Lázaro Cárdenas en el Océano Pacífico. Considerando toda América Latina, los 10 puertos más grandes en términos de movimiento son: Colón (Panamá), Santos (Brasil), Manzanillo (México), Bahía de Cartagena (Colombia), Pacífico (Panamá), Callao (Perú), Guayaquil (Ecuador), Buenos Aires (Argentina), San Antonio (Chile) y Buenaventura (Colombia).[161]

La red ferroviaria brasileña tiene una extensión de unos 30 000 kilómetros. Se utiliza básicamente para transportar minerales.[162]​ El ferrocarril argentino La red, con 47.000 km de vías, fue una de las más grandes del mundo y sigue siendo la más extensa de Latinoamérica. Llegó a tener unos 100.000 km de raíles, pero el levantamiento de vías y el énfasis puesto en el transporte motorizado lo redujeron gradualmente. Tiene cuatro senderos diferentes y conexiones internacionales con Paraguay, Bolivia, Chile, Brasil y Uruguay. Chile tiene casi 7000 km de vías férreas, con conexiones a Argentina, Bolivia y Perú. Colombia tiene solo unos 3500 km de vías férreas.[163]

Entre las principales vías navegables brasileñas destacan dos: Hidrovía Paraná-Tieté (que tiene una longitud de 2.400 km, 1.600 en el río Paraná y 800 km en el río Tietê, drenando la producción agrícola de los estados de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás y parte de Rondônia, Tocantins y Minas Gerais) e Hidrovia do Solimões-Amazonas (tiene dos tramos: Solimões, que se extiende desde Tabatinga hasta Manaus, con aproximadamente 1600 km, y Amazonas, que se extiende desde Manaos a Belém, con 1650 km. Casi en su totalidad el transporte de pasajeros desde la llanura amazónica se realiza por esta vía fluvial, además de prácticamente todo el transporte de carga que se dirige a los principales centros regionales de Belém y Manaus). En Brasil, este transporte todavía está infrautilizado: los tramos de vías navegables más importantes, desde el punto de vista económico, se encuentran en el sureste y sur del país. Su pleno aprovechamiento aún depende de la construcción de esclusas, grandes obras de dragado y, principalmente, de puertos que permitan la integración intermodal. En Argentina, la red de vías navegables está conformada por los ríos La Plata, Paraná, Paraguay y Uruguay. Los principales puertos fluviales son Zárate y Campana. El puerto de Buenos Aires es históricamente el primero en importancia individual, pero el área conocida como Up-River, que se extiende a lo largo de 67 km de la porción Santa Fe del río Paraná, aglutina 17 puertos que concentran el 50% de las exportaciones totales del país.

El mayor acuerdo o bloque comercial de la región es el UNASUR conformado por el Mercosur y el CAN, se intenta la integración económica a nivel continental a través del CELAC, la Aladi y el SELA. México forma parte del TLCAN con los Estados Unidos y Canadá. Por su parte, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana tienen vigente un tratado de libre comercio con los Estados Unidos (DR-CAFTA), y otros tratados con Canadá y México a través del CARICOM. También Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela tienen su propio bloque, llamado en este caso la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe. En América del Sur existe un bloque predominante, el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, y Venezuela con Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Guyana y Suriname como miembros asociados. En el sur del continente, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú conforman la Comunidad Andina de Naciones, de la que los países vecinos son miembros asociados y recientemente Chile, Colombia, México y Perú conformaron la Alianza del Pacífico que creara un área de integración profunda entre los países integrantes[164]​ que buscará conquistar el mercado asiático.[165]

Fuera del ámbito continental, Argentina, Brasil y México son los únicos países de la región que forman parte del Grupo de los 20 (países industrializados y emergentes); mientras que Chile, México y el Perú forman parte de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico). Finalmente, Chile y México son los únicos que forman parte de la OCDE.

La recepción de inversión extranjera directa (IED) en América Latina marcó una tendencia al alza sobre todo a partir de 2000. En 2012 la IED entrante según el organismo económico CEPAL fue de 173,361 Millones de dólares,[166][167]​ un verdadero récord, considerando que la inversión extranjera directa entrante entre 2000 y 2006 sumaron tan solo 68,183 millones de dólares.[168]

Las mayores economías receptoras y exportadoras de inversiones continúan siendo lideradas por Brasil, seguido por México y Chile, aunque la tendencia es a la desaceleración en las economías de Brasil y México, con una variación negativa de su ingreso de inversiones de hasta un -34,9%;[169]​ por el contrario, Chile muestra una acelerada y creciente captación de inversiones registrando una variación positiva de 32,2 % en 2012,[170]​ y es así la segunda economía latinoamericana en captación de inversión en 2012, y la primera economía con más inversiones relativas como porción del PIB y per cápita.

Además, la creciente llegada de inversiones foráneas a América Latina no solo se ha capitalizado en las 3 mayores economías receptoras de inversiones Brasil, México y Chile; países como Colombia han logrado a su vez cifras históricas en lo que se refiere a captación de inversiones, mientras que Perú ha sido el país que más aumento su porcentaje de inversiones, pues registra un aumento del 49 % con respecto a 2011.[171]

Por otro lado, en lo que se refiere a IED de salida, las mayores economías que lideran la recepción de inversión extranjera directa, Brasil, México y Chile, también lideran las inversiones hacia el exterior mediante las empresas multinacionales latinas, en este aspecto México es el líder de exportaciones de capitales en 2012 sumando 25.597 millones de dólares, seguido por Chile con 21.090.[172]

La inversión directa de las economías de América Latina y el Caribe en el exterior creció 17 % en 2012 hasta alcanzar los 48 704 millones de dólares, lo que representa un máximo histórico. Los flujos de IED desde la región se han mantenido en niveles altos durante los tres últimos años. Estas inversiones provinieron principalmente del Brasil, Chile y México, si bien en 2012 se concentraron casi exclusivamente en México y Chile. Las empresas trans-latinoamericanas se han beneficiado durante estos tres últimos años de un buen nivel de crecimiento económico y de la confianza de los inversores en la región, lo que ha favorecido su acceso al crédito. En 2012, en un contexto de contracción de la IED mundial, las empresas trans-latinoamericanas se expandieron, en algunos casos, a partir de oportunidades de negocios generadas por el repliegue de firmas europeas. En efecto, siete de las diez mayores adquisiciones realizadas por las trans-latinas en 2012 correspondieron a compra de activos a empresas europeas. América Móvil fue la principal protagonista de este proceso al expandir sus actividades hacia Europa. Las empresas chilenas invirtieron 21 090 millones de dólares en el extranjero en 2012, lo que representó un nuevo récord, y concentraron su expansión en América del Sur, principalmente en el comercio minorista, la industria forestal y el transporte. Por su parte, las empresas brasileñas continuaron su expansión en el exterior y realizaron 7 de las 20 mayores adquisiciones efectuadas por trans-latinas en 2012.

Notas:

Notas:

En términos de niveles de pobreza, según CEPAL en su último informe publicado el 2020, los países latinoamericanos con menos personas en esta situación son, Uruguay con un 3,0%; Chile con 10,7% y Panamá con 14,6%, mientras, hay países que todavía poseen una mayoría de su población en la pobreza, como en dicho informe es el caso de Honduras, con un 52,3%,[185]​ o como en la base de datos del Banco Mundial lo son —además de HondurasGuatemala y Haití, estos dos últimos con un respectivo 49% y 79% de su población que viven con menos de 5,5 dólares diarios.[186]

La desigualdad social y la pobreza siguen siendo los principales desafíos de toda la región: según informes de la CEPAL América Latina es la región más desigual del mundo.[187]​ En América Latina el 31 % de la población vivió bajo la línea de la pobreza durante 2011,[188]​ cifra que es el menor índice de pobreza que ha tenido la región desde hace varias décadas. Unos 170 millones de latinoamericanos vivieron debajo de la línea de la pobreza para ese año.[189]​ Durante el período 2000–2011, los tres países más igualitarios, basándose en el Coeficiente de Gini, fueron: Uruguay (0,397), Perú (0,415) y Bolivia (0,416)[190]​. Los más desiguales en igual período, basados en el mismo coeficiente, fueron Haití (0,595), Colombia (0,585) y Honduras (0,577).[191]

En la última década, de acuerdo a un informe del Banco Mundial, y como resultado del boom económico de los últimos años y la creación de empleos, la clase media creció a niveles históricos en América Latina, aproximadamente un 50%, llegando a totalizar un 30% de la población total de la región. Casi un tercio de las familias latinoamericanas se consideran ahora clase media, hecho que ha reducido la proporción de pobres a un porcentaje similar, un 30 % de la población, habiendo abandonado unos 73 millones de personas la situación de pobreza.[192]​ También la desigualdad disminuyó. A pesar de esto, la situación en América Latina continúa siendo muy dispar en los distintos países: la Argentina logró entre 2003 y 2009 el mayor de crecimiento de clase media en toda Latinoamérica, duplicando la cantidad de personas en ese segmento poblacional.[193]​ Otros países como Brasil y Colombia han conseguido éxitos en integrar grandes porciones de población a este segmento. Otros continúan sin poder trasladar el crecimiento económico en mejoras sociales.[194]

La mayor parte de la población en América Latina está compuesta por jóvenes, menores de 25 años, aunque cada vez más crece la población adulta o de tercera edad, el país más envejecido de América Latina es Cuba, seguido por Puerto Rico, Uruguay, Chile, Argentina, Brasil y Costa Rica, donde hay un fuerte proceso de colapso de la población infantil y juvenil, además en Colombia, Ecuador, México, Panamá, Venezuela, Perú, El Salvador, República Dominicana, Nicaragua, Paraguay, Belice, Guatemala y Bolivia la tasa de niños y jóvenes ya empieza a declinar, por otra parte en Honduras y Haití se estiman que la tasa de niños y jóvenes comenzaran a decrecer en algunos años, ya que aún son países muy jóvenes.[199]​ Las esperanzas de vida media varía entre los 70 y 80 años de edad en la mayoría de los países, como por ejemplo Costa Rica (79,7 años), Chile (79,57 años), Cuba (79,07 años), Panamá (77,37 años), México (77,14 años) y Uruguay (76,91 años), siendo los países de América Latina en los que se vive más años, según datos del Banco Mundial del 2012.[200][201]

América Latina se caracteriza por ser una de las zonas más urbanizadas del mundo, donde el 82% de la población vive en contextos urbanos, solo por detrás de América Anglosajona y Europa,[202]​ en particular en países como Venezuela, Uruguay, Argentina, Colombia y Chile, donde cerca del 90% de la población es urbana. Sin embargo, es importante considerar que los criterios para determinar lo urbano difieren de un país a otro, así por ejemplo, mientras en Venezuela y México se considera urbana a toda aglomeración de población con 2500 o más habitantes, en países como Argentina, Colombia o Bolivia es considerada urbana una aglomeración de 2000 habitantes; en Ecuador y Costa Rica se considera urbano a los centros administrativos de provincias y cantones, y en Nicaragua, El Salvador y Guatemala con aglomeraciones de 1.000 habitantes, siempre que cuenten con características urbanas como electricidad y comercio.[203]

La población urbana latinoamericana se caracteriza por concentrarse en grandes áreas metropolitanas, como por ejemplo, la Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires, Río de Janeiro, Bogotá, Lima, Santiago, Guadalajara, Caracas, las cuales han experimentado grandes flujos migratorios desde las áreas rurales y desde las ciudades menores, al menos desde comienzos del siglo XX. En contra parte, en algunos países, como Honduras o Haití, más de la mitad de la población es rural.[203]

A continuación se muestra una tabla con las diez ciudades más pobladas de América Latina:

América Latina es una de las zonas del planeta con mayor diversidad étnica y ofrece una amalgama de pueblos cuya presencia y porcentaje varía de un país a otro dependiendo de los movimientos migratorios recibidos a lo largo de su historia. Brasil es el país más grande de América Latina, tanto en población como en extensión por lo que puede poseer mayor población de cada raza o etnia entre estos países. En esta región se pueden distinguir cuatro grupos predominantes:[205][206][207][208]amerindios, mestizos, criollos y afroamericanos (negros, mulatos y zambos).

Fuentes:

La siguiente tabla muestra cómo responden los latinoamericanos a la pregunta ¿A qué raza te consideras que perteneces? En la encuesta del latinobarómetro.[209]

Se denomina indígena u originarios a los pueblos y naciones existentes a la llegada de los europeos a América. Poblaciones provenientes de Asia entraron a través del estrecho de Bering durante la última glaciación, hace unos 25 000 años, y colonizaron los cuatro subcontinentes. El único país donde el porcentaje de indígenas es el mayor componente de la población es Bolivia, mientras en Perú y Guatemala componen entre el 40-45% aproximadamente. Existen significativas comunidades indígenas en Ecuador y México. Hay minorías entre el 5-10% en Belice, Honduras, Panamá, Chile y Nicaragua. Por último, hay minorías muy reducidas (menos del 4%) en Colombia, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Argentina y Brasil.[210]

Mestizo o mestiza es un término dentro del sistema de razas y castas o cruzas utilizado por el Imperio español e Imperio portugués para clasificar a la población americana y atribuirle privilegios y deberes según la pertenencia de cada persona. Dentro de ese sistema racista la denominación de mestizo se aplicó a la persona que era resultado de la cruza entre la "raza blanca" (por europea) y la "raza india" (por indígena). La Real Academia Española recoge la palabra definiéndola como el que nace de padre y madre de razas diferentes, en especial de hombre blanco e indígena, o de hombre indígena y mujer blanca, a pesar de que en el último siglo el término raza ha caído en desuso en ámbitos académicos, siendo sustituido por el concepto de etnia.[211]​ A pesar de la condena universal al racismo la categoría sigue siendo utilizada por algunas personas y algunos estudios, en muchos casos sin rigor alguno. La utilización de la categoría "mestizo" y otras categorías provenientes de clasificaciones racistas de la población como "zambo" o "mulato" ha sido cuestionada como racismo por varios estudios.[212]

En el término mestizo hay cierta imprecisión, ya que en castellano se ha aplicado en especial para los individuos resultado del mestizaje entre españoles y amerindios. Se olvida con este uso que una considerable parte del mestizaje en la América hispánica se hizo entre blancos con negros, negros con amerindios o el mestizaje secundario de mestizos con amerindios y negros. Los indomestizos, adquirían tal denominación por exhibir un fenotipo, que indicaba que eran la mezcla de un mestizo y una india, en el caso del zambo, de un negro y un amerindio, así como un blanco con negro en el caso del mulato o pardo, y de un mestizo al resultado de un blanco con amerindio, y de este resultado con otro amerindio, resulta un indomestizo. Los países con mayor predominio de población mestiza son por orden: Honduras, El Salvador, Paraguay, República Dominicana, México, Panamá, Nicaragua y Ecuador.[213][214]​ También existe cifras significativas de población mestiza aunque no mayoritaria en países como Venezuela, Colombia, Guatemala, Chile, Perú, Brasil, Bolivia, y la provincia canadiense de Quebec.

Criollo fue en su origen un término utilizado en los virreinatos españoles en América para distinguir a las personas que habían nacido ahí pero eran descendientes de europeos, de aquellas que habían nacido en los virreinatos americanos pero eran descendientes de indígenas o africanos. Luego el término fue utilizado para diferenciar a las personas de "raza europea" cuyos antepasados ya se encontraban en América a comienzos del siglo XIX, de las personas de los nuevos inmigrantes.[215]

Debido a las presiones racistas, tanto antes como después de la época virreinal, muchas personas con antepasados indígenas o africanos, ocultaron esas raíces con el fin de ser clasificados como "blancas" o "criollas". En sentido opuesto, algunos sectores sociales de ascendencia europea, oponen "criollo" a "civilizado" o "europeo", asignándole a la condición criolla una carga desvalorizadora y despectiva.[216]

La emigración europea hacia América Latina ha albergado un número considerable de personas procedentes de diferentes países principalmente a Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Venezuela, Cuba y México donde se concentraron el mayor número de personas procedentes de los países europeos.[217][218]​Las principales diásporas europeas hacia América Latina fueron especialmente españoles en Argentina, Chile, Venezuela, Cuba, Brasil y México, portugueses a Brasil y Venezuela, italianos en Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, alemanes en Argentina, Brasil, Chile,[219]​ franceses en Argentina, Brasil, México, Uruguay,[219]​ irlandeses en Argentina, México y Chile, ingleses en Argentina, Chile,[219]​ y por último croatas en Argentina y Chile.[220]

Recientes estudios genéticos han establecido que grandes sectores de la población tradicionalmente clasificados como "europeos", "blancos" o "criollos", tienen en realidad uno o más antepasados indígenas o africanos. En Argentina por ejemplo, donde se llegó a establecer censalmente en 1947 que más del 95% de su población era blanca, recientes estudios genéticos han establecido que más de la mitad de la población tiene al menos un antepasado indígena o africano, generalmente por vía materna.[221][222]

En contra de estos estudios, otras fuentes sostienen que en países con predominio de esta ascendencia, como Uruguay, Argentina y Costa Rica superan el 80% de la población.[223][224][225][226][227][228]

En Puerto Rico (Estados Unidos) y San Pedro y Miquelón (Francia) -territorios dependientes- también hay absoluta mayoría criolla, que representan entre el 70-80% de esos países. En países como Cuba, la población blanca llega a representar el 65%, mientras que en Chile y Brasil un poco más del 50%, y por último en Venezuela y Colombia tiene porcentajes del 35-47%.[223]

Otros países que se presentan como minoría pero visibles son Paraguay, Guatemala y Nicaragua que tienen porcentajes que son entre el 17-20%, en México no existe un número determinado de cuanto exactamente es el porcentaje de la población criolla se da un número de no superior de 9%, 15% o 20%,[229]República Dominicana y Perú con más de 15%, El Salvador y Bolivia 12% aproximadamente y por último Panamá 10%.[223]​ Por otra parte en países como Ecuador, Haití, Belice y Honduras son bajas minorías de la población.

En cantidad, los países con mayor número de personas de origen criollo son Brasil (aproximadamente 91 millones), Argentina (aproximadamente 38 millones), México (20 millones),[230][231]Colombia (aproximadamente 16 millones), Venezuela (más de 13 millones) Chile (más de 12 millones), Cuba (más de 7 millones) y Perú (más de 4.6 millones). En Argentina la población clasificada como "blanca" en muchos casos no se corresponde con la clasificada como "criolla", debido a que se trata de descendientes de inmigrantes llegados entre 1850 y 1950, mayoritariamente italianos.



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